martes, 8 de mayo de 2012

Carlos Fuentes: La muerte de Artemio Cruz

Idioma original: español
Año de publicación: 1962
Valoración: Recomendable

Estaba yo el otro día dando clase de literatura hispanoamericana, explicando precisamente El otoño del patriarca (que, como ya saben los lectores habituales de este blog, no es precisamente una de mis novelas favoritas), y un alumno preguntó: "Bueno, pero toda esta experimentación, todo este barroquismo, ¿para qué?" Y yo contesté, no sé si acertadamente, que lo que estos autores intentaban era llevar al lenguaje y a la narrativa hasta sus mismos límites, y expresar una realidad específicamente americana empleando las técnicas literarias más vanguardistas. Pero tengo que reconocer que yo mismo a veces me pregunto: ¿para qué tanta perfección técnica y formal, tanto barroquismo estilístico, tanta experimentación? ¿Para darnos de comer a cuatro críticos y satisfacer el enorme ego de los escritores?

Por supuesto, estoy haciendo de abogado del diablo (al menos en parte): es indudable el valor histórico de obras como Rayuela, El Señor Presidente o Conversaciones en La Catedral, lo mismo que es indudable que sus autores están entre los mejores narradores del siglo XX, o que limitar programáticamente la narrativa a su función de "contar historias" sin prestar atención a cómo se cuentan esas historias es un empobrecimiento gigantesco (un empobrecimiento que afecta, creo yo, a gran parte de la literatura española actual). Lo cierto es que ya no se escriben novelas así. Ni siquiera los autores del boom que siguen vivos escriben novelas así: todos ellos han evolucionado hacia formas más sencillas, más clásicas, de narrar en los últimos años.

Todo este enorme prólogo sirve para introducir una de aquellas novelas propias del boom, con todo lo grandioso y todo lo cuestionable que ello conlleva. La muerte de Artemio Cruz es una indagación sobre el pasado mexicano, desde la Revolución hasta mediados del siglo XX, narrada a través de la voz (de las voces) de un anciano hombre de negocios que en su lecho de muerte rememora episodios de su vida y reflexiona sobre sus relaciones familiares (un recurso, por cierto, que Chico Buarque ha "copiado" en Leche derramada): una mujer que no lo ama, una hija que lo desprecia, viejos amores apasionados, un hijo muerto en la Guerra Civil española... A lo largo de la novela, Artemio Cruz se muestra como un hombre desilusionado, cobarde, traicionero, manipulador, sin escrúpulos, sin verdaderos afectos: su familia solo se preocupa por encontrar su testamento y él solo se preocupa por dejar bien atados sus negocios.

Pero lo que destaca en la novela es la experimentación narrativa: el texto alterna fragmentos narrados en primera persona y en presente/futuro (referentes a las últimas horas de vida del protagonista); fragmentos en segunda persona (los debates que transcurren en la mente torturada de Artemio) y fragmentos en tercera persona y en pasado, situados en un momento que se indica mediante una fecha, y que van desde el momento del nacimiento de Artemio Cruz en 1889 hasta su muerte en 1959. Para que la cosa quede clara, cada uno de los fragmentos se inicia con el pronombre correspondiente ("Yo", "Tú", "Él"). La suma de estos fragmentos dispersos de personalidad  y de historia dan una imagen desencantada del México contemporáneo, en el que cualquier ideal que pudiera albergar la Revolución se ha visto sustituido por la ambición, la corrupción y el mercantilismo.

Esta no es, realmente, la más compleja de las novelas que se escribieron durante la época del boom. El propio Carlos Fuentes alcanzó, en Terra Nostra, un nivel de complejidad narrativa, estilística y simbólica aún mayor. De hecho, esta novela casi podría considerarse un paso adelante en el aprendizaje del autor, en busca de su madurez expresiva. Tiene, en mi opinión, algo de desfasado en su exhibicionismo formal, pero también mantiene mucha fuerza en la construcción del personaje y en la representación de la realidad mexicana, por lo que sigue siendo una lectura recomendable, sobre todo para degustadores de la técnica narrativa.

Curiosamente, La muerte de Artemio Cruz es contemporánea de otra obra de Fuentes, Aura, que no tiene nada que ver, ni temática ni estilísticamente: aquella es una novela corta de género fantástico, cuya mayor experimentación consiste en estar narrada en segunda persona y en futuro. De hecho, Aura parece ser un divertimento escrito para "descansar" de la enorme exigencia de Artemio Cruz. En palabras del propio Fuentes: "Pues bien, Aura y Artemio Cruz son novelas escritas a la misma vez. Tuve que alejarme de Artemio Cruz. Estaba muy cansado de escribirla, así que escribí Aura. Y son novelas complementarias: Artemio Cruz es una novela de la muerte de la vida, y Aura es una novelita de la vida de la muerte". Lo cierto es que las dos, casi sin parecer del mismo autor, son obras que conviene leer. Y eso les concede un mérito especial.

3 comentarios:

Nicolás Flamel dijo...

Aura la tengo pendiente; Artemio Cruz lo leí en una época en la que no acostumbraba leer y "por obligación" ademas, y aunque varias partes me gustaron, en general su lectura se me hizo pesada; quizá ahora que veo con mejor ojos los libros, debería darle un 2da oportunidad,aun recuerdo varios aspectos interesantes que tiene, y que no se encuentran tan a menudo en las novelas de hoy en día.

Nicolás Flamel dijo...

Acaba de fallecer este gran escritor, su cuerpo muere pero su legado vivira por siempre, descanse en paz!!! :-(

Anónimo dijo...

"...Lo cierto es que ya no se escriben novelas así. Ni siquiera los autores del boom que siguen vivos escriben novelas así..."

Leíste esa obra maestra llamada "la fiesta del chivo"?

no me puedes decir que eso es un clásico decimonónico.

"Conversación en la Catedral" tiene tanto valor histórico como lo puede tener "el ruido y la furia" en ámbitos geográficos que les correspondan y sin embargo los leo y releo con fruición y seducido por esa "legibilidad compulsiva"

Solo sé que Faulkner va sobrevivir a todo movimiento y Vargas Llosa no necesita volver a escribir esa maravilla de novela "la ciudad y los perros" para demostrar que esas formas de narración han dejado de ser una simple moda u objeto de museo