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viernes, 16 de agosto de 2019

Graham Greene: El ídolo caído y otros relatos

Idioma original: inglés
Título original: The Fallen Idol
Traducción: Julio Fernández-Yáñez
Año de publicación: Edición española de 1964 (escritos en la década de los 30)
Valoración: Muy Recomendable

Aunque Graham Greene es un autor que conozco desde hace relativamente poco tiempo, no ha dejado de sorprenderme en cada lectura, y de forma muy especial en esta última que intentaré comentar. Parece ser que el propio Greene reconocía escribir dos tipos de obras: las digamos ‘serias’, de pretensiones literarias, y las que llamaba ‘de entretenimiento’, en lenguaje llano diríamos alimenticias. Aparte de que esta pequeña confesión ya le honra por su honestidad, lo cierto es que los títulos más conocidos de Greene pertenecerían al segundo de los grupos. Aunque se trata de libros en general bastante estimables, su popularidad proviene en gran parte de su traslación al cine, casi siempre vinculadas a historias de espionaje, misterio y ciertos rasgos de novela negra. Por el contrario, esta colección de relatos breves  entiendo que no tuvieron vocación mayoritaria, aunque el que justamente encabeza la lista sí fue llevado al cine, con guión del propio autor.

El ídolo caído es una pequeña historia protagonizada por un niño que durante una breve ausencia de sus padres queda al cuidado del matrimonio Baines, mayordomo y gobernanta  de la casa. El pequeño siente admiración por Mr. Baines, y entre los dos reina una agradable complicidad, todo lo contrario que ocurre con su mujer, hacia la que siente miedo y desprecio, y de la que recibe frialdad y trato severo. De manera fortuita el chaval descubrirá el gran secreto del mayordomo y se verá envuelto en un enorme enredo de consecuencias trágicas. En un principio ajeno por completo a la situación, el niño va tomando conciencia del problema que afecta a la pareja, pero se resiste a entenderlo, no es algo que pertenezca a su mundo y se niega a incorporarlo a su vida. Desconozco si Greene tenía trato con niños cuando escribió el relato, pero en todo caso retrata a la perfección la reacción infantil. Los niños son conscientes de mucho más de lo que aparentan, pero si no les gusta, simplemente fingen ignorarlo y lo apartan de sí. 

El problema de nuestro protagonista es que los adultos quieren utilizarlo para sus intereses. El niño quiere defender a Baines, pero sabe que este ha traicionado también su confianza. Y se resiste a ayudar a la ceñuda señora, soportando artimañas y amenazas para no perjudicar a su amigo, porque su sentimiento sigue siendo puro. Esa lucha inconsciente para preservar la inocencia, y el muro que la separa de los planteamientos de los adultos, constituyen el eje del relato, que deja flotando los daños, las heridas ocultas que el combate ha dejado en el niño. Todo ello, como siempre en este autor, medido con precisión, mezclado y dosificado con maestría, expuesto con limpieza y elegancia. 

Se puede pensar que la recopilación –que no sigue un orden cronológico- busca a propósito una lógica a partir de la edad de los protagonistas, porque los siguientes relatos siguen girando en torno a figuras infantiles. El espía cuenta una travesura con atmósfera de novela de intriga, mostrando de nuevo el choque entre mundos que se ignoran en una fantasmagórica última escena. El final de la fiesta se introduce como una sonda en los prejuicios y miedos que se entrecruzan con los juegos, realidades incomprensibles para los adultos. Esos mismos lugares explora El inocente, una historia ingeniosa en torno a los silencios, los malos entendidos y el paso del tiempo. Y en Una excursión campestre entramos en el mundo de la adolescencia, el ansia de amor, la irresponsabilidad y el peligro.

Abandonamos la juventud, y el mundo de los adultos se presenta en Al otro lado del puente, con escenario mexicano, un estafador que escapa de la justicia y su sufrido perro construyendo un relato alegórico; El jubileo y El hermano trabajan también la metáfora, bien sea en torno a la vejez de un dandy arruinado, o a los sentimientos frente al poder del dinero. 

Son estos últimos los relatos quizá menos brillantes, aun dentro del dignísimo nivel que siempre mantiene Greene. Porque los dos que rematan la selección, ambos con protagonista anciano, son sencillamente soberbios: Prueba decisoria se desarrolla íntegramente en una conferencia en un club privado, e introduce un elemento fantástico bastante insólito en el autor, pero manejado con destreza y convicción. Y Una oportunidad es la historia lacerante de un hombre que lucha hasta el límite de sus fuerzas contra el tiempo y la adversidad.

Buena parte de los relatos tienen cierto aire teatral, mientras el resto se aproximan más a los entornos abiertos de las novelas más conocidas del autor. Esta variedad, junto con la de tipos humanos que protagonizan las historias, demuestran una versatilidad inesperada, de mayor valor si se tiene en cuenta que el nivel en ningún momento flojea. Greene mantiene siempre esa combinación de elegancia y naturalidad, su prosa es inteligente y limpia, y tiene sobre todo una virtud especial para no contarlo todo, dejando en blanco exactamente lo debido, y en el momento exacto.

Otras obras de Graham Greene en ULAD: aquí

lunes, 24 de agosto de 2020

Graham Greene: El revés de la trama

Idioma original: inglés
Título original: The heart of the matter
Año de publicación: 1948
Traducción: Jaime Zulaika
Valoración: Recomendable

«La virtud, la vida buena, le tentaban en la oscuridad como un pecado»

Para disfrutar en profundidad esta lectura hay que tener muy presente lo que supone el peso del pecado en la moral cristiana, porque ese será el conflicto del protagonista y el motor de la historia. También porque el propio Graham Greene se convirtió al catolicismo, y ello le supuso no pocas desgarraduras espirituales que trató de exorcizar a través de los personajes de sus novelas. 

Resumen resumido: El intachable comandante de policía Henry Scobie lleva varios años destinado en una remota colonia británica en África Occidental. A diferencia de su entorno y de su propia esposa Louise, él sobrevive estoicamente sin caer en el desánimo o en la corrupción material o moral, hasta que la joven y desamparada Helen se cruza en su camino. 

Es mi primera experiencia lectora con Graham Green y, ya en las primeras páginas, me llueven las subjetividades: (1) siento lo mismo que cuando leo a Henry James —signifique eso lo que signifique—, y digo yo que será la certeza de estar ante una factura de gran calidad literaria y (2) los diálogos escuetos, efectivos y mordaces me recuerdan tantísimo a los que mantiene Rick Blaine con el capitán Renault en Casablanca que acabo investigando si Graham Greene participó en el guión. Que no. 

El revés de la trama es la historia de un cerco que se va estrechando poco a poco alrededor del protagonista, Henry Scobie, un personaje introvertido, de gran hondura psicológica y un sentido del deber y de la verdad por encima de la media. Para sobrevivir al entorno asfixiante y sin horizontes de la colonia, Scobie ha desarrollado un sofisticado cinismo que lo hace inaccesible para aquellos que le rodean, incluida su esposa. No obstante, sus tribulaciones sí quedan al alcance del lector gracias a la focalización del narrador en tercera persona. Scobie es, al fin y al cabo, un mero instrumento del que se sirve el autor con el objetivo de sembrar la duda: ¿merece Scobie la salvación? Y, sobretodo ¿Dios es justo o injusto? 
«(…). Si Tú me creaste, creaste este sentimiento de responsabilidad que he transportado siempre como un saco de piedras». 
Más allá del conflicto principal, la novela se integra de una serie de elementos que contribuyen en su atractivo y su solidez narrativa: 
  • El tratamiento de otros temas periféricos al principal, no menos trascendentes: el amor, la fe, el sacrificio, el fracaso y la traición a los demás y a uno mismo. 
  • La ironía que subyace en todos diálogos (al estilo de Casablanca, como he dicho) y también en las reflexiones de los personajes. 
«Scobie le creyó. La historia era lo bastante irracional para ser cierta. Hasta en tiempos de guerra hay que ejercitar de vez en cuando la facultad de creer, para que no se atrofie» 
  • Las descripciones, precisas y hermosas de ese escenario tan singular y remoto para el lector. La creación minuciosa de una atmósfera asfixiante. 
Así que Recomendable porque es una novela muy bien escrita capaz de trasladarnos a un lugar y una época remotos y contagiarnos su atmósfera asfixiante y desoladora. También —y sobre todo— por su capacidad para explorar con tanto acierto y sensibilidad en los claroscuros del alma humana.
 
No puedo acabar esta reseña sin entrar en la cuestión del título de la novela o en este caso, su traducción. No hay que ser angloparlante nativo para dilucidar que The heart of the matter es algo así como El fondo/corazón del asunto o Lo importante del asunto. Sin embargo, cuando yo leo la expresión «revés de la trama» no puedo evitar pensar en un giro de trama argumental; y teniendo en cuenta que cualquier historia que se precie debe tener no uno si no al menos tres giros, me preguntaba qué giro debía ser el de esta historia para que figurase en el título. Menudo lío… Después llegué a la conclusión de que se refería al reverso de una trama textil, un tapiz o una tela bordada en cuyo revés —en el que no se perciben los detalles ni la imagen final del mismo— hallamos las hebras maestras que lo rigen y sustentan, lo que verdaderamente transcurre, lo que subyace. ¿Y acaso lo que subyace en una historia no es el subtexto? ¿Acaso no estamos ante un relato en el que no vemos más que apariencias pero lo que define (trágicamente) el destino de los personajes es lo que fluye entre las sombras? Deseos, pecados, pensamientos… Al final, el revés de la trama es lo importante del asunto o sea que aunque de forma indirecta, la traducción hace hincapié en el mismo concepto. 
«Se detuvo de nuevo frente a la casa de descanso. De no haber sabido lo que iluminaban, las luces del interior hubieran dado una impresión de paz extraordinaria, del mismo modo que las estrellas de aquella noche clara proporcionaban impresión de lejanía, seguridad y libertad. Si uno supiera, se preguntó, si uno alcanzara lo que llamaban “el revés de la trama”, ¿tendría que compadecer incluso a los planetas?»

 

Unas cuantas obras de Graham Greene reseñadas en ULADaquí 

jueves, 27 de mayo de 2010

Graham Greene: El Dr. Fischer de Ginebra

Idioma original: inglés
Título original: Dr Fischer of Geneva or The Bomb Party
Año de publicación: 1980
Valoración: está bien

Confieso que tengo debilidad por Graham Greene, de quien ya reseñé hace tiempo El americano impasible. Me parece que Greene es un narrador excelente: sus obras tienen una ligereza, un suspense y un humor irónico difícil de encontrar en otros autores de primera fila. Ahí está, por ejemplo, Nuestro hombre en La Habana o El Ministro del Miedo para demostrarlo; y sin embargo, el novelista tampoco duda en atacar tramas más trágicas, con resonancias épicas muy bien resultas (sin melodrama, pero también sin concesiones facilonas), como en El décimo hombre o El revés de la trama (un título magnífico, ¿no creéis?).

El Dr. Fischer de Ginebra o (La fiesta de la bomba en su subtítulo original) es una obra que se acerca más bien al primer tipo de obra: una novelista lúdica, breve, escrita con soltura y un sentido del humor bastante ácido. Aunque el personaje que mueve los hilos de la trama es el que da título a la novela (un millonario misántropo y cruel que se divierte humillando a un grupo de aduladores avarientos), la historia nos llega distorsionada a través de los ojos de Alfred Jones, su yerno, mucho más pobre que él pero también mucho más digno (al menos, en su propia opinión), a quien tanto Fischer como sus secuaces le resultan patéticos e incomprensibles.

No voy a desvelar mucho más del argumento (que tampoco tiene mucho más que contar, en realidad), pero sí añadiré que en esta obra pasa como en otras de Greene: que lo que comienza siendo una simple farsa (la escena de la primera cena a la que asiste Jones es terriblemente cruel y divertida), se va convirtiendo luego en algo más oscuro y más trágico; la segunda cena que se nos describe ya no provoca risa, sino incomodidad. Para mi gusto, la primera parte está más lograda que la segunda, que termina resultando algo inverosímil. Como retrato y ridiculización de una clase acomodada corrupta y avariciosa, que no se detiene ante nada para conseguir más riqueza (¿de qué me suena a mí eso?), la obra resulta interesante, aunque algo excesiva, más válida como caricatura que como retrato.

Otras obras de Graham Greene en ULAD: El tercer hombreEl americano impasibleEl poder y la gloriaEl factor humanoEl revés de la tramaEl ídolo caído y otros relatos

domingo, 15 de mayo de 2011

Graham Greene: El tercer hombre

Título original: The Third man
Idioma: inglés
Fecha de publicación: 1950
Valoración: Recomendable

Presentamos hoy un libro escrito para ser disfrutado. Quizás esta afirmación les resulte a algunos demasiado contundente, pero es que en mi opinión, El tercer hombre es un libro que está impecablemente escrito y sabiamente armado para que el lector disfrute con cada una de sus líneas.

No quiero decir con esto que El tercer hombre posea un estilo especialmente depurado, agitador o preciosista, no: lo que lo hace digno de ser recomendado es la deliciosa tensión que mantiene en todo momento. No en vano, su escritor, el célebre británico Graham Greene, creador de obras como El fin del romance o Nuestro hombre en la Habana (ambas adaptadas al cine), gestó este libro pensando en la película que posteriormente haría Carol Reed. De ahí el ritmo cinematográfico que tiene esta novela negra que devoré durante un viaje en autobús de seis horas y de la que me ha quedado un grato recuerdo.

El argumento nos lleva a una Viena que se lame las heridas que la recientemente finalizada Segunda Guerra Mundial le ha dejado. Ocupada por las cuatro potencias victoriosas, la bella y decadente ciudad es escenario de toda clase de trapicheos y estraperlos. Pues bien, un buen día aparece por ahí un norteamericano feliz dotado del estrafalario nombre de Rollo Martins que desea reunirse con un amigo suyo de la infancia, Harry Lime. Pero en cuanto pone un pie en la ciudad, Martins descubre horrorizado que su amigo acaba de morir en un misterioso atropello lleno de incógnitas e incoherencias.

No daré muchos detalles de las extrañezas que rodean a la muerte de Lime para no despellejar la apasionante trama de Greene, sólo mencionaré que Martins comenzará enseguida a jugar a los detectives y a entrevistarse con un puñado de personajes peculiares (la atractiva novia de Lime inclusive) para comprender que su amigo era un pájaro de mucho cuidado...

Aún no he visto la película que Reed rodó con este impecable guión novelizado. Tengo ganas...

También de Graham Greene: El americano impasible; El Doctor Fischer de GinebraEl poder y la gloriaEl factor humanoEl revés de la tramaEl ídolo caído y otros relatos

viernes, 22 de enero de 2016

Graham Greene: El poder y la gloria

Idioma original: inglés
Título original: The Power and the Glory
Traducción: Guillermo Villalonga
Año de publicación: 1.961
Valoración: Muy recomendable 


Continúa todavía existiendo una parte de la población que ha (hemos) recibido una educación de raíz católica. Laxa, sí, de perfil bajo, o de colegio concertado, llámese como se quiera, pero más o menos vinculada con lo religioso. Y, claro, por mucho que luego nos hayamos hecho librepensadores o cosas peores, las ficciones relacionadas con curas agitan viejos fantasmas y despiertan nuestro interés –cierto que algo malsano, sobre todo cuando se plantean escenarios de duda trágica o persecución. 

Y aquí tenemos algo de eso. Resulta que en el México de principios del siglo XX (años veinte) tuvo lugar un potente movimiento anticlerical, que derivó en la represión de todo lo relacionado con la religión católica. Así que nos situamos en un país sumamente pobre y desde luego desigual, sumido en un largo y algo descontrolado proceso revolucionario, donde florece el rechazo a los estamentos privilegiados y, en algunos Estados, desemboca en feroz persecución contra la Iglesia oficial.

En este interesante escenario, Greene (católico confeso) va construyendo, con sutileza y equilibrio, un relato en principio fragmentado, con hilos argumentales sujetos a diversos personajes, principalmente un dentista americano, un teniente de policía, y dos sacerdotes con diferentes trayectorias frente a las prohibiciones. Estamos por tanto en una historia de fugitivos y perseguidores, donde los personajes son apenas un esbozo, pero esa misma indefinición los hace atractivos y suscita nuestro interés.

Sin embargo, el foco pronto pasa a situarse sobre uno de los religiosos. La autoridad civil ha prohibido el ministerio sacerdotal, se han suprimido los oficios y los curas se han visto obligados a casarse para eludir la cárcel (algo me recuerda a las novicias de Lerroux). Pero así como el Padre José se ha sometido a la norma para salvar el pellejo, este otro religioso –al que Greene priva hasta del nombre- opta por la clandestinidad y la huida. El hombre parece que llevase la desgracia pegada al cuerpo, dejando tras de sí un rastro de muerte y penalidades.

Este cura innominado es un personaje realmente interesante. Más que un sacerdote perseguido es, por encima de todo, un hombre, con profundas contradicciones que no residen tanto en el plano espiritual, sino en sus propios actos: es un hombre obviamente asustado, que no plantea dudas sobre su fe (nada que ver con el Manuel Bueno de Unamuno), pero arrastra una buena colección de infracciones a sus propias normas, se sabe imperfecto y seguramente indigno de su función. Le remuerde su pasado y su debilidad pero, sin saber él mismo porqué, tampoco se achanta ante la autoridad. Es de hecho un rebelde, pero tampoco da el perfil de mártir, quizá es sólo un hombre confuso que parece buscar la penitencia en su condición de perseguido.

Aunque la figura del cura absorbe la mayor parte de la narración, los personajes secundarios no carecen de interés, y aportan interesantes matices. El relato acusa cierta irregularidad, decayendo a ratos cuando el ritmo de los acontecimientos se apaga. Greene parece mejor dotado para los momentos de acción más intensa (era también un famoso guionista y autor de novelas de intriga), pero aun así nos deja una interesante perspectiva humana para una narración que parecía propicia a mensajes más estereotipados.

jueves, 9 de mayo de 2019

Graham Greene: El factor humano

Idioma original: inglés
Título original: The Human Factor
Traducción: Iris Menéndez y Enrique Sordo
Año de publicación: 1978
Valoración: Recomendable

Casualidades: siendo más bien poco aficionado a los relatos de intriga y espionaje, muy poco antes de ponerme con este libro había terminado otro de asunto teóricamente similar. Como la reseña se publicó hace poco, no volveré sobre aquella lectura, pero sí me complace dejar constancia de la diferencia. Moviéndose también por terrenos más o menos próximos (tramas de espionaje), la novela de Greene es justo la antítesis de la otra: argumento muy sencillo, solo un puñado de personajes pero interesantes, profundidad psicológica, el punto de humor justo. Todos los ingredientes bien manejados y ensamblados con inteligencia. En realidad, tampoco creo que El factor humano se deba considerar un libro sobre espías. Efectivamente hay espías, el relato se monta en torno a ellos y su trabajo, pero ese mundo opaco es solo una de las capas del relato, y no necesariamente la más importante. 

En un oscuro departamento de cierto servicio de inteligencia inglés se descubren unas filtraciones que, como puede suponerse, es lo peor que puede ocurrir en un lugar así. Como en este entorno todo debe ser necesariamente sutil, se inicia una investigación discreta y el problema se focaliza en dos únicas personas. Aquí empezamos a descubrir a algunos de esos ricos perfiles que iremos encontrando. Los dos funcionarios sobre los que recaen las sospechas son aproximadamente antagónicos: uno es un veterano servidor del Estado, curtido en distintas misiones, con familia y ganas de colgar la chapa. El otro, un joven soltero, algo derrochador (ay, esas apuestas) y con una vida un poquillo disoluta. Ambos tienen en común un elemento omnipresente en la novela: el alcohol. Más concretamente el whisky, que trasiegan como la cosa más normal en dosis, momentos y frecuencias que llegan a dar un poco de grima. Quizá no llega a ser una adicción, pero sí una costumbre digamos demasiado arraigada, que terminará con la aparición de cierto hígado bastante triturado. Como para extrañarnos.

Subiendo en la escala administrativa nos encontramos con un coronel, entregado a la tarea con empeño castrense, y de una integridad moral irreprochable. Y, ya en las alturas, aparecen esos sujetos de responsabilidades nebulosas, que flotan entre lo político y las prácticas mafiosas, individuos socialmente intachables, encantados de concebir y ordenar operaciones de limpieza mientras despachan una trucha ahumada en el comedor del club. Tipos sin escrúpulos cuando se trata de alcanzar los objetivos o, mejor dicho, con niveles de escrúpulos muy bajos, aunque no siempre equivalentes: dentro de ese mundo de ‘los malos’, Greene define con finura a unos y otros, porque en definitiva esta es una novela de personajes, donde lo que hacen importa solo para definir cómo son.

Es también notable la imagen que tenemos del trabajo de los espías. El autor, que por lo visto trabajó un tiempo para el MI6, parece empeñado en desmitificar ese mundo, y se vuelca en su vertiente más burocrática. Sin rastro de heroicidad, lo que vemos son funcionarios que en una oficina polvorienta tramitan informes recibidos de distintas partes del mundo, muchos de ellos irrelevantes. Un ambiente gris y aburrido en el que ejercen más de chupatintas que de urdidores de oscuras tramas internacionales. 

Probablemente Greene ha querido degradar a propósito la épica de los servicios secretos para poner de manifiesto con más rotundidad la perspectiva que va en el mismo título: lo que importa en este caso no serán las peripecias de espías y agentes dobles, ni las maniobras de los Gobiernos para mantener o alterar los equilibrios geopolíticos. Lo que interesa esta vez es contemplar ese mundo desde la posición de sus protagonistas, individuos que trabajan en una oficina como otros tantos millones, aunque lo que manejen sea material sensible y estén sometidos a controles y obligados a mantener secretos que personalmente les importan bien poco. Hablamos de tipos que en definitiva se mueven por estímulos no muy diferentes de cualquier otro, básicamente llevarse un sueldico a casa y, según los casos, tener lo suficiente para apostar a los caballos y alguna juerga, o simplemente mantener a su familia con algo de decencia. Estos currelas de los servicios de espionaje -nos dice Greene- no son superhéroes de cine de acción, ni se dejan llevar por raptos de patriotismo pensando en Su Graciosa Majestad. 

Con esta perspectiva, cuando aflora la traición tampoco encontraremos a un culpable atrapado entre dos lealtades, ni a alguien atormentado o vengativo con algún terrible secreto que justifique su conducta imperdonable, sino alguien corriente, consciente de su falta pero que simplemente actúa como considera correcto. El personaje recuerda un poco al cura de El poder y la gloria que, sin ser un héroe ni un gran traidor, se salía del carril para seguir su propio camino, asumiendo con naturalidad  las consecuencias de su conducta. Pero no sólo el protagonista, la mayoría del reparto tiene también su dibujo, su pequeña historia y su personalidad, y de todo ello deriva su forma de proceder.

En definitiva, lo que Greene presenta, más que un relato de espías, es un conflicto en el que las circunstancias individuales y las convicciones chocan con (y prevalecen sobre) las obligaciones, como queriendo dejar claro que por mucho que esos servicios de inteligencia se diseñen con toda la frialdad y las cautelas para asegurar su eficacia e impermeabilidad, no dejan de estar formados y manejados por personas, cuyas debilidades o fortalezas, según se mire, pueden terminar por hacer vulnerable el sistema.

Como apenas hay acción hasta bastante cerca del final, cabría pensar si una novela de estas características no se hará aburrida: pues en absoluto. El autor tiene indudable destreza para componer una narración fluida, dosificada a la perfección y con un tono equilibrado, que se mueve cerca de lo oscuro sin desdeñar lo íntimo ni la pincelada humorística, medida y colocada exactamente donde debe. Y es que cuando se tiene talento y las ideas claras, con lo más sencillo es suficiente para construir algo inteligente e interesante.


domingo, 10 de enero de 2010

Graham Greene: El americano impasible

Idioma original: inglés
Título original: The Quiet American
Año de publicación: 1955
Valoración: Muy recomendable

Recuerdo que leí este libro por primera vez inmediatamente antes -o después- de Nada y así sea, de Orianna Fallaci, y entre las dos obras me ofrecieron un díptico interesantísimo sobre la Guerra de Vietnam, o Guerra de Indochina, desde la época de colonialismo francés, hasta la guerra civil abierta con los Estados Unidos como invitados indeseados; de hecho, el trasfondo de El americano impasible es precisamente el momento en el que los Estados Unidos pasan de ser meros observadores a implicarse diplomática y militarmente en el conflicto, con las consecuencias que todos conocemos.

Pero El americano impasible, a diferencia de Nada y así sea, no es un ensayo documental, sino una novela de ficción, centrada en un triángulo amoroso (quizás simbólico) entre una bella muchacha asiática, Phuong, y dos occidentales de caracteres opuestos: el veterano reportero británico Thomas Fowler, y el imberbe funcionario estadounidense Alden Pyle. El contraste de formas de ser y de ver la vida entre los dos personajes masculinos da lugar a escenas memorables: en una de ellas, Pyle se interna cientos de kilómetros en el frente de guerra para poder contarle a Fowler que está enamorado de Phuong; en otra, probablemente la más memorable del libro, Pyle intenta declarar su amor por Phuong, pero como no habla francés, y ella no habla inglés, se ve forzado a usar al propio Fowler como intérprete...

Algo que sorprende de la novela, teniendo en cuenta el origen de su autor y el contexto histórico en que se escribió -no mucho después de la Segunda Guerra Mundial- es que es una obra claramente anti-americana: los yanquis aparecen como seres arrogantes, libidinosos y egocéntricos (como Joe o Granger) o bien idealistas, bienintencionados pero desinformados, como el propio Pyle, quien podría ser la personificación de una nación joven, voluntarista pero inconsciente de su propio poder. Tampoco los franceses salen muy bien parados. Sólo Fowler, con su veteranía, su cinismo y su renuncia a implicarse en la realidad, parece sobrevolar por encima del resto de personajes.

Lo mejor, diría yo, de esta novela de Graham Greene (y de casi todas las suyas) es la suavidad con la que transcurre todo: la acción fluye constante y con naturalidad, transportada por un estilo sencillo y, podríamos decir, cinematográfico: El americano impasible ha sido adaptada al cine en dos ocasiones, la última de ellas en 2002 con Michael Caine y Brendan Frazer.

Otras obras de Graham Greene en ULAD: El Dr. Fischer de GinebraEl tercer hombreEl poder y la gloriaEl factor humanoEl ídolo caído y otros relatosEl revés de la trama

lunes, 15 de marzo de 2010

Zoom: Después, de Edith Wharton

Idioma original: inglés
Título original: Afterwards
Fecha de publicación: entre 1893 y 1935
Valoración: Muy recomendable

Incluido en el libro Relatos de fantasmas (The Ghost-feeler).

"¿Qué le da al cuento de terror su emoción característica? En primer lugar creo que su sentido físico y, en segundo, un giro moral".

Así reflexionaba Graham Greene para The Spectator en 1937, y así reza la cita que abre esta colección de Relatos de fantasmas de la autora estadounidense Edith Wharton.

Sus palabras son perfectamente aplicables al cuento que ahora nos ocupa, en el que a los personajes les trae de cabeza la no-presencia de un fantasma de cuya existencia les han avisado que no se percatarán "hasta mucho tiempo después". Como la historia está narrada desde el punto de vista de Mary, la esposa -continua y simbólicamente descrita como "corta de vista"-, tampoco el lector tiene todas las claves para descubrir quién es ese fantasma que ronda la vieja casa de campo inglesa sin que los sucesivos dueños sean capaces de descubrirlo.

Y el lector se vuelve paranoico -o, al menos, esta lectora lo ha hecho-, e, impelido por ridículas ambiciones detectivesca de hallarlo antes de que la narración concluya, rastrea a tientas cada página en busca de indicios que le lleven a descubrir quién y dónde y cómo se esconde el escurridizo fantasma sobre el que murmuran las leyendas. Poco a poco, las sombras del matrimonio Boyle van saliendo a la luz; como Mary comenta proféticamente la primera vez que le hablan del evasivo espectro, "De repente, mucho tiempo después, te dices a ti misma: ¡Eso era!".

El "giro moral" del que hablaba Graham Greene se encuentra, por partida doble, en el desenlace. Para no desvelarlo, sólo diré que tiene que ver con el hecho de que "en teoría, [Mary] despreciaba la falta de interés de la esposa americana por los intereses profesionales de su marido, pero en la práctica siempre había encontrado difícil fijar su atención en los informes sobre las transacciones de su esposo".

Otra vuelta de tuerca a las historias de fantasmas, que va tejiendo el suspense efectivamente de principio a fin y obliga al lector a ejercitar sus dotes de sabueso.

También de Edith Wharton en ULAD: La edad de la inocenciaLa solterona, Ethan Frome, Estío

martes, 13 de septiembre de 2022

John le Carré: El espía que surgió del frío

Idioma original: inglés

Título original: The spy who came in from the cold

Traducción: Nieves Morón

Año de publicación: 1963

Valoración: Recomendable alto


Espías los ha habido siempre, pero a mediados del siglo pasado se llegó a consolidar una especie de subgénero literario basado en aventuras de ese mundo, seguramente tan oscuro y complejo como parece desde fuera.  Recién terminada la Segunda Guerra mundial (incluso podría decirse que antes de terminar) ya estaban configurados los dos bloques antagónicos que se enfrentarían durante los cincuenta años siguientes. En ese momento esos dos bloques comparten frontera en la Alemania ocupada y, de forma muy significativa, en el propio Berlin, de inmediato dividida, donde los nuevos enemigos literalmente se rozaban. El famoso Checkpoint Charlie, con toda su leyenda, es el símbolo de la guerra fría y el espionaje.

Por allí anda el espía británico Alec Leamas, responsable del tinglado en la República Democrática alemana, hasta que pierde a su último hombre justo cuando iba a cruzar la frontera. Parece que el trabajo de Leamas no ha sido demasiado provechoso, y el alto mando (todo lo dirige un tipo enigmática y muy apropiadamente conocido como Control) le manda un tiempo a la nevera. El agente, ya bastante bregado y un poco harto de todo, termina sin un céntimo, con un trabajillo de circunstancias, hasta que se le encomienda una última misión, que será al mismo tiempo una oportunidad para redimirse de su derrota.

La perspectiva del mundo del espionaje es muy diferente de la que proponía Graham Greene, por ejemplo en El factor humanoEn Greene interesa sobre todo la subjetividad, el espía como individuo cuyo trabajo es ese como podía ser cualquier otro. Para Le Carré, sin perder de vista el lado humano, es más importante la intriga, cómo funcionan los mecanismos del engaño y la simulación, qué leyes gobiernan ese entramado político-militar que hoy llamaríamos Inteligencia, en definitiva descubrir el juego oculto del adversario, anticiparse a sus movimientos, conocerle para debilitarle y destruirle. Y lo que encontramos es que no hay en realidad ninguna ley, nada tiene valor, incluida la vida, al margen del éxito de una misión, eso es lo único que importa.

Las redes de espionaje son realmente una gran trituradora que va destruyendo a todos los que, voluntariamente o no,  se acercan a ella, los destruye física o mentalmente, o ambas cosas. No a todos: solo pueden salvarse los que realmente conocen el sistema, quienes carecen de escrúpulos como el sistema exige, y saben mantenerse a flote a cualquier precio. Así vamos distinguiendo entre ese puñado de personajes bien dibujados (idealistas, desengañados, funcionariales) quiénes serán capaces de sobrevivir y quiénes sucumbirán en esa criba inexorable y muy descriptiva.

Según se dice, las novelas de John le Carré, y ésta en concreto, son el canon de la literatura de espionaje, el modelo que muchos otros copiaron después y que se llevó al cine una y otra vez. Y es que realmente el libro está estupendamente escrito, tiene el ritmo perfecto, el grado adecuado de complejidad para no frustrar al lector y que su esfuerzo resulte gratificante, integra ciertos elementos emocionales (la relación entre Leamas y la joven Liz, pero también la envidia de Fiedler, por ejemplo) en la justa medida para no deshumanizar del todo la trama. Y no falta el tanto de literatura forense (ya saben, la larga escena del juicio en donde se dilucidan cosas fundamentales), que tal vez no sea tan novedosa, bien llevada aunque intuyo que con un sesgo anglosajón que puede no ser del todo adecuado. 

Un conjunto brillante, donde tiene también cabida la sutileza para describir situaciones de forma que el leguaje digamos literario no es un adorno, sino que esté realmente al servicio de la narración:

‘En todas partes, ese aire de conspiración que se produce entre la gente que está levantada desde el amanecer, casi de superioridad, nacido de la experiencia común de haber visto desaparecer la noche y llegar la mañana.’

Es decir, captando las atmósferas necesarias para contextualizar el relato de forma impecable.

No sé si una historia de espías da como para hablar de literatura de gran calibre pero, si no perdemos la perspectiva de lo que estamos leyendo, hay que decir que el libro se cerca bastante a lo perfecto y desde luego merece ser conocido.


También de John le Carré en ULADEl sastre de PanamáUn hombre decente

sábado, 22 de septiembre de 2012

Patricia Highsmith: Los cadáveres exquisitos

Título original: Les cadavres esquis
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: Relatos de entre 1960 y 1990. Primera edición de febrero de 1991
Valoración: Recomendable

Fue el célebre escritor Graham Greene el que dijo de Patricia Highsmith: "Uno no cesa de releerla. Ha creado un mundo original, cerrado, irracional, opresivo, donde no penetramos sino con un sentimiento personal de peligro y casi a pesar nuestro, pues tenemos enfrente un placer mezclado con escalofrío". Y tras haber leído varias obras de la oscura dama, no puedo por menos de estar de acuerdo con las palabras que Greene le dedicó a su amiga.

En esta ocasión, lo que traigo de la Highsmith (los buenos ULADianos sabrán que la autora ya ha sido reseñada por aquí)  es un compendio de doce de los numerosos relatos que escribió durante su carrera reunidos bajo el sugerente título de Los cadáveres exquisitos. El mismo está tomado del nombre de un popular juego llamado en su idioma original, francés, Le cadavre esquis, y que fue inventado y utilizado por los surrealistas del país vecino allá por 1920 para crear historias en cadena. La primera pieza que les salió decía que “el cadáver exquisito beberá el vino nuevo”, de ahí el nombrecito. Y vamos, que aunque fuera fruto de un “accidente”, le va ni que pintado a esta selección de cuentos que serían convertidos en una serie de películas para la televisión en los 90, coproducidas por Inglaterra y Francia y presentadas por el perturbador actor Anthony Perkins (sí, sí, el trastornado de Psicosis).

Bueno, pues doce son doce los relatos del compendio, a cada cual más negro, pero de no de una negrura pegajosa o ahumada, como puede ser la de otros especialistas en el género, sino aséptica, casi clínica, objetiva, dura y cortante. Sin anestesia estilística o salvoconducto amable que valga…

No voy a desmembrar (nunca mejor dicho) las tramas de los doce, pero sí mencionar un poco de qué va(n) la(s) cosa(s): dos amantes que han asesinado al marido de ella intentan matarse mutuamente; enamorado despechado suplanta la identidad del amante poco constante de una enamorada que espera ansiosamente carta; colérico hombre de negocios retirado al campo idea una terrible (e ingeniosa) manera de ocultar el cadáver de un enemigo al que ha asesinado; mujer atracada en su casa le da una buena lección a su agresor; caída en desgracia de una familia que tiene una granja de pollos; bribón que sale con dos chicas virtuosas y no sabe por cuál decantarse; gato con maneras cuasi humanas aparece un día por casa con un manojo de dedos de un hombre en la boca; esposo harto de esposa aficionada a disecar a sus queridas mascotas; antiguos enemigos por culpa del amor de una mujer se reúnen muchos años después y el que salió perdiendo decide vengarse; peculiar tipo aficionado a robar pequeños objetos a mujeres de éxito; pobre hombre que se gasta buena parte de su sueldo en pagarle la residencia a su vieja madre descubre un terrible secreto, y el que más me ha gustado y que, en mi opinión, roza la genialidad de la Casa tomada de Julio Cortázar, es el que cuenta cómo un matrimonio relativamente joven adopta a un matrimonio de ancianos que acaban convirtiéndose en una auténtica pesadilla…

En fin: relatos de la tonalidad noir más depurada y efectiva, aunque como crítica he de decir que algunas cosas de los mismos, al igual que me pasó con ciertas partes de El talento de Mr Ripley, pecan de increíbles o de difíciles de creer. Vamos, que a veces la coherencia dentro de la trama se tambalea un poco debido a personajes demasiado guiados y condicionados por sus instintos, y víctimas muy pero que muy ingenuas y vulnerables. Pero en fin, qué se le va a pedir a la Highsmith, mujer de extremos, para bien y para mal…

También de Patricia Highsmith en ULAD: Aquí



domingo, 4 de mayo de 2025

David McCloskey: Estación Damasco


Idioma original:
inglés

Título original: Damascus Station

Año de publicación: 2021

Traducción: Jofre Homedes

Valoración: indigesto

Si hubiera una lista  standard de ticks para marcar que encajaran con la definición de best seller, subgénero "novela de espías", Estación Damasco las cumpliría a rajatabla. Desde su extensión y formato, tan adecuado para despacharlo en un corto período de vacaciones en algún sitio con un moderado bullicio, hasta su estructura, con capítulos cortos que parecen escenas y que siempre podrían saciar el ego del autor traduciéndose en jugosos contratos si algún directivo de cadena de streaming poco exigente decidiera sacarle algún provecho audiovisual. Por supuesto, referencias como John Le Carré o Graham Greene o una larga lista de autores de esos que basan sus libros en sus experiencias previas - militares, policiales, en cuerpos de élite, etc - son rápidamente identificables.

En este punto, por eso, habría que empezar a poner en duda que esto sea suficiente para que uno se convierta en escritor, más allá de la apelación constante al morbo y a una narración estereotipada hasta la saciedad, consistente en un amontonamiento de clichés tan obvio como algunos de los aderezos promocionales (el elogio de un ex-director de la CIA, en la portada, su definición en la contratapa como "novela atmosférica y trepidante"). Y aquí ya hay que ponerse serios: quinientas treinta páginas de idas y venidas constantes por los consabidos escenarios globales - Siria, Italia, Francia, Estados Unidos - en torno a la figura de Samuel Joseph, un miembro de la CIA que, sediento de venganza por la muerte de otra agente a manos de un sanguinario torturador sirio del gobierno de Al Asad, intenta captar a Mariam, agente siria que tantea y presiona a disidentes, para convertirla en colaboradora, lo que vendría a ser el agente doble de toda la vida, pero, ay, a pesar de que ambos son profesionales de alto rango capaces de manejarse en armas, pelea cuerpo a cuerpo, resistencia mental y física a las torturas más crueles, surge la pasión entre ellos, algo bastante curioso y desaconsejable en un entorno tan agitado como Damasco en medio del inacabable revuelo posterior a la Primavera Árabe.  

Surge, uno tras otro, cada uno de los enemigos favoritos clásicos, desde la Yihad en sus múltiples formas, hasta Rusia o incluso la propia burocracia que impide a los especialistas resolver las cosas a su manera. Todo precipitado, turbulento y lleno de estampas que enlazaríamos visualmente con cosas como Homeland o The Americans. La narración, dejadme recordaros que son más de 500 páginas, se enrevesa para tantear al lector con posibles traiciones, lealtades ambiguas, truculencia, diálogos confusos entremezclados con casualidades casi risibles (¿se puede hablar de un ataque con armas tóxicas a gritos en un lavabo? oh yes), todo en un contexto que se pretende apuntalar con siglas, nombres en clave, terminología para que el autor saque pecho de su profundo conocimiento de la "Agencia", lo cual convierte el libro en una aventurilla de superhéroes algo trasnochada y ya muy vista. Con escenarios, tecnología y enemigos actualizados, por supuesto, pero sin la mínima intención de profundidad o sutileza.

De ahí a  considerarlo literatura o algo que pretenda más allá de un algo farragoso entretenimiento  insustancial...

jueves, 10 de marzo de 2016

John Banville: El intocable


Idioma original: inglés
Título original: The Untouchable
Año de publicación: 1997
Traducción: José Antonio Molina Foix
Valoración: muy recomendable



He de decir que a punto he estado de etiquetar este libro como "biog vez de como "novela", porque el "intocable" del título, el personaje alrededor de la cual gira la historia, está basado, sin apenas algún disimulo, en el espía británico Anthony Blunt, ex-caballero de la Corona Real británica, crítico e historiador del arte experto en Poussin, profesor universitario, conservador de la colección real inglesa de pinturas -y asesor de la reina-, espía a favor de los servicios secretos soviéticos desde los años 30, formando parte de los llamados "cinco de Cambridge", y desenmascarado públicamente como tal por Margaret Thatcher en 1979 (aunque ya había sido descubierto quince años antes). Aparecen también, con otros nombres, personajes célebres de la época -o basados en ellos- como el también espía Guy Burgess, el novelista Graham Greene o el "padre" de la inteligencia artificial, Alan Turing... entre otros cuya auténtica identidad sin duda se me escapa.

En realidad, no sé hasta qué punto este libro es lo que llaman un roman à clef; más que nada, porque no he leído las verdaderas memorias de Blunt, que fueron editadas unos años más tarde, en 2001, y cuya autora, Miranda Carter, también aparece en la novela de Banville (de hecho, cabe la sospecha de que éste, al enterarse de que Carter estaba escribiendo también la biografía de Blunt, y con su colaboración, decidiera incorporarla como personaje en su novela). Para empezar, el autor irlandés se lo lleva a su terreno y convierte al espía, aquí llamado Victor Maskell en oriundo del Ulster, aunque hijo de un pastor protestante y emparentado con la reina (me refiero a la madre de Isabel II, no a ésta), lo que le da acceso, junto con su esmerada educación en Malborough y Cambridge a los círculos de la "buena sociedad" británica. Es en esta ciudad universitaria donde, a partir de su preferencia al selecto -y casi secreto- grupo de "Los apóstoles" donde se convierte al marxismo y es reclutado por el espionaje soviético (igual que sucedió con Blunt, en este caso). Tampoco es que Maskell se nos presente como un comunista convencido y mucho menos de las posibles virtudes de la Unión Soviética -de hecho, se confiesa "marxista monárquico"-; eso sí, una vez tomada la resolución de espiar para ésta, es absolutamente leal a su decisión.

Que tampoco espere nadie una trepidante novela de espías, ni siquiera a lo John Le Carré; El intocable es casi una novela intimista, en la que tienen más peso las remembranzas, las sensaciones, las revelaciones... el paso del tiempo (tanto el cronológico como, de forma sorprendente, aunque  en absoluto incongruente, el atmosférico). En realidad, no es una novela -sólo- sobre el espionaje y sus dobleces; ni sobre la homosexualidad y también sus dobleces -sobre todo en la época de la que se habla-; ni sobre la familia y sus... cómo no, dobleces. Ni sobre las relaciones humanas. Ni sobre el amor... Es ante todo, una novela sobre la memoria y sus ingobernables recuerdos; cómo la engañamos o nos engañamos con ella, como la falsificamos hasta no poder discernir lo que ha sido verdad de lo que no, como un cuadro que atribuimos a una mano maestra, aunque esa certeza sólo la tengamos nosotros... o ni siquiera.

He dejado para el final el aspecto más destacable de la novela, tan obvio para quien conozca la obra de Banville que tal vez no debería ni mencionarlo: lo magníficamente que está escrita; de hecho, no creo que se pueda escribir mejor. Quizás sí con más brío, más tripas o más ingenio. Se podrá escribir de manera más "sincera" -espinoso asunto, si hablamos de ficción- o más artificiosa, más cruda o más elíptica; lo que sea que prefiera cada cual. Pero mejor que lo que escribe Banville, no: es imposible.

Otros libros de John Banville/ Benjamin Black reseñados en Un Libro Al Día: El otro nombre de LauraEl marEl lémurEl libro de las pruebasAntigua luzEn busca de AprilLa guitarra azulRegreso a Birchwood

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Muriel Spark: La abadesa de Crewe

Idioma: inglés
Título original: The Abbess of Crewe
Año de publicación: 1974
Traducción: Pepa Linares
Valoración: entre recomendable y está bien

Feliz y para mí reciente descubrimiento -gracias a ULAD- de la escritora británica Muriel Spark, así que, con permiso, aquí va otra reseña de un libro suyo: en esta ocasión, se trata de una breve novela cuya acción se sitúa en un convento de monjas,  en el corazón de Inglaterra. A la muerte de la abadesa Hildegarde se desata una lucha sucesoria, más o menos soterrada -pues las monjas pueden elegir a la nueva abadesa, pero no pedir el voto por ninguna-, entre la hermana Alexandra, inteligente, culta y distinguida, devota del Niño Jesús de Praga y de los poetas ingleses contemporáneos, y la hermana Felicity, por otro lado, de aire más plebeyo -aunque origen no menos aristocrático-, partidaria de la renovación de la regla monástica y aficionada, en su caso, a la costura y a los encuentros nocturnos con el padre Thomas, jesuita. Felicity cuenta con el apoyo de las sediciosas monjas del taller de costura, mientras que Alexandra dispone de la lealtad incondicional de sus acólitas Walburga, Mildred y Winifrede, así como con la ayuda de un sistema de escuchas electrónicas que han escondido por todo el convento. Completa el panorama de la abadía la ausente hermana Gertrude, siempre en alguna misión por distintos lugares del mundo y que, por línea telefónica,  parece aportar la cordura -aunque sea desde el hartazgo-, frente a las intrigas y desvaríos de sus compañeras. 

La novela -no hace falta ni decirlo- tiene un marcado tono humorístico y aun paródico: no olvidemos que se publicó en 1974, en pleno auge del escándalo Watergate, del que en ese momento resultaba imposible sustraerse. No obstante, hoy en día, cuando aquel affaire no es sino parte de la Historia, el libro sigue funcionando a la perfección como una sátira del poder político (aunque no sólo político), de sus operaciones y triquiñuelas,  de los juegos de información y desinformación a los que acostumbra (y recordemos a este respecto que Muriel Spark perteneció durante la II G.M. al servicio de contraespionaje británico, donde se hizo amiga de Graham Greene, otro que tal...), del cínico maquiavelismo -la referencia no es gratuita- de quien considera que el fin está por encima de los medios empleados y que, a poco que se descuide y pierda la perspectiva, acaba conducido al delirio y de ahí,  al ridículo.

También es evidente la crítica a las dinámicas internas de la Iglesia Católica, a las diatribas  de sus distintas facciones y la absurdez de ciertas prácticas (curiosa crítica,  puesto que Muriel Spark se había convertido, ya en la edad bien adulta, al catolicismo. Aunque es verdad que otro converso, como era Evelyn Waugh, también soltaba alguna que otra andanada en sus libros).  Es cierto, por otra parte, que el tema monjil siempre ha dado mucho juego para la ficción; muy en especial, cuando se trata de monjas de clausura (no puedo dejar de recordar aquella divertida película del primer Almodóvar, Entre tinieblas). Supongo que ciertas elucubraciones son inevitables cuando hablamos de recluir juntas a un montón de personas del mismo sexo y especialmente sensibles a su condición de pecadoras; más aún si los únicos entretenimientos que les son permitidos se resumen en el Ora et labora...

Por último -tranquilos, que ya acabo-, también se puede ver en el libro una crítica al archiconocido clasismo británico, al parecer aún bastante vigente en aquella época ( no sé si sigue estándolo todavía, pero es que yo, con ciertas sutilezas, me pierdo); sor Alexandra, en concreto, parece ver en la abadía, más que un espacio consagrado a a mayor gloria del Señor,  uno que lo esté a la preservación de un sistema de castas y regido por una élite más preparada y exquisita -ella misma, básicamente-; una especie de reducto o reserva de los valores propios del Antiguo Régimen... aunque sin desdeñar para su preservación los más modernos métodos de espionaje y control, claro, que una cosa no quita la otra... (¡Caramba!... a ver si va a resultar que estamos todos metidos en la abadía de Crewe, sin saberlo).

Portada deliciosamente ácida de Sara Morante, por cierto.


Más libros de Muriel Spark reseñados en Un Libro al DíaMemento MoriLos solterosEl asiento del conductorLa plenitud de la señorita Brodie

jueves, 20 de julio de 2017

Viet Thanh Nguyen: El simpatizante

Idioma original: inglés
Título original: The Sympatizer
Año de publicación: 2017
Traducción: Javier Calvo
Valoración: muy recomendable

Reluciente pegatina dorada que recuerda el premio Pulitzer obtenido por el libro, y una primera figura, como Javier Calvo, encargado de la traducción. Normal apostar por este libro que, apenas leídas media docena de páginas, ya se hace difícil abandonar. El primer capítulo es impactante: una operación de evacuación realizada en el aeropuerto de Saigón en el justo momento en que la ciudad cae a manos del Viet Cong: los norteamericanos certifican haber perdido la guerra y salen despavoridos acompañados de unos pocos afortunados habitantes locales que quieren librarse de las previsibles represalias del bando ganador. Más que previsibles, seguras, como corresponde a toda Guerra Civil que se precie, y Ho Chi Minh, uncle Ho, no va a ser menos. La escena del embarque del avión, entre sospechas de delación, proyectiles de mortero que destruyen las pistas del aeropuerto, disparos emboscados, no se sabe si de amigos o enemigo, que se cobran víctimas inocentes, acaba tomando otra dimensión, incluso albergando dudas, a la vista del desarrollo de la novela.

Novela que empieza poniendo las cosas claras, en las tres primeras frases. El Capitán es un infiltrado: un Viet Cong, un topo que huye de ese Saigón que cae, junto a los pro-americanos, y se establece en USA. Que se convierte en el primer apoyo del General, en su hombre de confianza mientras se aposentan y empiezan a organizar algo parecido a una resistencia en el exilio. El Capitán puede dudar en su pensamiento, pero sus hechos son coherentes. No duda en asesinar a quien se le sugiere pues él ha de ser parte activa en la búsqueda del topo que se ha infiltrado, y él sabe que está siendo terriblemente injusto, pero cumple con su deber. Y va informando de esos movimientos a su país de origen, aunque sea a costa de delatar o comprometer a gente a la que aprecia. Incluso cuando es reclutado por el Cineasta (trasunto del Coppola de Apocalypse Now) para enmendar el guion de una película sobre la guerra del Vietnam que se rueda en Filipinas y en la que ningún vietnamita es invitado a intervenir. Uno más de los muchos pasajes excelentes que llenan la novela. Nguyen puede haber escrito uno de los libros del año, aportando esa perspectiva del desplazado que va adaptándose a su país de destino, que va relativizando los vínculos con su origen, que va acortando los párrafos de una teórica bitácora del exiliado porque él está exiliado con una misión, sí, pero no deja de adaptarse, evolución manda, al país en que se encuentra.

No son gratuitas las menciones de la contraportada, a Le Carré o Graham Greene. El simpatizante es una novela brillante, adictiva, muy hábil, perfecta en su estructura (una veintena de capítulos sobre la veintena de páginas que ayudan a administrar perfectamente tanto lectura como golpes de efecto) y que cuesta etiquetar en un género concreto. Del thriller de espías con personajes ambiguos (siempre asoma la duda tras los personajes que le frecuentan, si no son otros agentes dobles vigilando sus pasos) y con alguna trama que queda sin resolverse adecuadamente (su relación con la señorita Mori queda abruptamente inconclusa) para los férreos parámetros de la literatura de intriga, esa que no deja cabos sueltos, puede pasar a esa literatura introspectiva, como un Conrad o un Kafka adaptados a los tiempos que corren, a la necesidad de la definición de un escenario visual.  Sea el curso de un río, sea una sala de tortura, sea el mencionado aeropuerto lleno de cráteres producto del bombardeo. Es la única duda que me ha dejado esta entretenidísima novela. Si Nguyen pretendía construir un enigma y resolverlo, pero aquí (las reflexiones personales e ideológicas tienen mucho que decir sobre la condición de refugiado, la esencia de la política americana de la guerra fría, el choque de culturas y mentalidades) la escritura está claramente por encima de los límites de género. O si, por el contrario, deseaba demostrar su experiencia acerca de la versatilidad del ser humano que evoluciona en un entorno nuevo y deja atrás el pasado, y ha optado por dotarlo de un envoltorio atractivo y casi aventurero. En este sentido, me ha desconcertado un poco la presencia de esos dos capítulos finales, cuando hasta la estructura de la narración se altera (pasamos del bloque del monólogo al ritmo del diálogo casi entrecortado por las circunstancias en que éste se produce) y nos damos cuenta, o ése ha sido mi caso, que Nguyen no quería restringirse a la resolución de una situación, sino intentar algo más (no sé expresarlo de otra manera) universal.

domingo, 23 de abril de 2017

Margaret Atwood: El cuento de la criada

Idioma original: inglés
Título original: The Handmaid's Tale
Año de publicación: 1985
Traducción: Elsa Mateo Blanco
Valoración: muy recomendable

Si consultan ustedes cualquier otra reseña de este libro (¡pero no lo hagan! ¡Sólo ULAD ofrece garantía y satisfacción máximas!), se encontrarán, seguramente, con que esta novela se alinea junto a otras dos famosas y espeluznantes distopías, y sin desmerecer nada de ellas: 1984, de Orwell y Un mundo feliz, de Aldous Huxley. Sí, lo sé, parecen las dos novelas más obvias a la hora de comparar otra de este tipo "distópico-pesadillesco", pero, por esta vez, nuestra "competencia" tiene toda la razón: El cuento de la criada no sólo se encuadra a la perfección junto a las otras dos sino que además, insisto, no les va a la zaga ni en su carácter ominoso ni, por supuesto, en calidad literaria. Con la peculiaridad de que en ésta, la indignidad inherente a la sociedad alternativa creada por Margaret Atwood la sufren,  casi en exclusiva, las mujeres, y dentro de este género, sobre todo un grupo de ellas: las llamadas "criadas".

Me explico: en la novela, tras un golpe de Estado una facción de fanáticos y misóginos -más "bíblicos", seguidores del Antiguo Testamento, que propiamente cristianos, aclaro- han tomado el poder en Estados Unidos o al menos una parte de éstos (¡cómo si fuera posible que los fanáticos religiosos y los misóginos llegaran al poder en EEUU, ¿verdad?!), estableciendo una sociedad rígidamente estratificada y jerarquizada, en la que los hombres ostentan el poder -al menos en apariencia- y las mujeres quedan divididas en varios sub-grupos, según su posición y "función social": las Esposas -de los mandamases, pues los ciudadanos corrientes y molientes disponen de una variante conocida como Econoesposas (sic)-, las Marthas, que son las criadas propiamente dichas, y estas llamadas Criadas quienes, a pesar de tal apelativo y de que cumplen alguna tareas doméstica -ir a la compra-, se encargan en realidad de otra bien distinta: concebir y gestar a los hijos de los mandatarios. Porque resulta que en ese mundo "pasado-futuro", la contaminación, la radiación nuclear o lo que sea -o todo junto- han provocado que la esterilidad sea la norma casi general entre el género humano (sí, lo sé, esto recuerda a otra distopía, Hijos de hombres... sólo que la de Atwood es anterior a la novela de P. D. James...), por lo que la clase dirigente de esa sociedad, conocida como república de Gilead, recurre a las mujeres aún fértiles, que deben copular con los hombres a los que son asignadas hasta quedar embarazadas. Estas "gestadoras" no son propiamente amanes ni concubinas; en realidad, todo este arreglo es casi asexual (excepto el momento del acto en sí, claro), y son consideradas poco menos que cosas, meros vientres alojadores de óvulos. Viven en una casi reclusión muy reglamentada y vigilada, son obligadas a llevar ropajes amplios de color rojo con unas tocas que les impiden la visión general (imagen, por cierto, que se ha convertido en un icono feminista, creo, al menos en Norteamérica)y por no tener, no tienen derecho ni a conservar su nombre anterior, sino que se les llama por el del hombre al que han sido asignadas (vamos, como si existiese algún lugar en el mundo donde las mujeres careciesen de derechos y tuviesen que ir completamente tapadas... ¡qué imaginación la de la autora!). Y todo, bajo el miedo de acabar convertidas en No Mujeres, aquéllas que no casan en ninguna de las categorías anteriores y que al parecer son enviadas a un lugar desolado... o algo peor aún (en realidad, también hay otra clase de mujeres, pero no he de adelantar acontecimientos...).

Claro, que  lo mismo que el musgo se agarra a la más estrecha grieta de un muro de hormigón o un rastrojo puede crecer en medio de un campo de soja transgénica, la disidencia y la resiliencia (como se dice ahora) de las personas es capaz de encontrar un hueco donde anidar y prosperar. El "factor humano", que diría Graham Greene (por no hablar de la corrupción y la disipación, algo también de lo más humano y que incluso podría considerase como una forma de disidencia...). En este caso, encarnado en la protagonista, Defred -es decir "de Fred", que nos ofrece una lección no sólo de como aguantar en las peores circunstancias, las más humillantes y desesperanzadoras, sino además, una reivindicación de la ficción y la palabra -es decir, a la literatura-, como elemento de resistencia. Palabra escrita que, huelga decirlo, le está vedada a las Criadas y, de hecho, a todas las mujeres.

La novela, por supuesto, puede (y debe, quizás) ser leída en clave feminista; de hecho, Atwood se cuidó mucho de que todas las vicisitudes , por no decir perrerías,  que se les hace pasar a las Criadas, las hubiesen sufrido en algún momento y lugar reales, otras mujeres. Pero también es una crítica descarnada de cualquier régimen totalitario, ya sea teocrático (no olvidemos cuando se publicó, a los pocos años de la revolución islámica en Irán), socialista, paramilitar o todo junto... No obstante (y aquí me meto en terrenos movedizos, por desconocidos para mí), también se puede deducir de algún momento concreto, y del tono general de la novela, una crítica hacia algunas corrientes feministas que sacralizan en extremo el rol maternal de las mujeres. En fin, doctores o doctoras tiene la Iglesia para decidir si tengo razón; lo que importa, en todo caso, es que nos hayamos ante una grandísima novela, una narración magníficamente escrita, de dentro afuera y de fuera hacia dentro, y dosificada con sabiduría; capaz de angustiarnos como pocas -sobre todo durante el primer tercio del libro- a poca empatía que sintamos hacia su protagonista, una historia que nos es posible que deje indiferente a nadie y cuyo recuerdo, sin duda, será imborrable para cualquier amante de la literatura, sea mujer u hombre. Porque aquí nos encontramos con literatura de alto octaneje; con una obra que, si no resulta imprescindible, bordea ese calificativo. Y muy de cerca...



jueves, 6 de junio de 2019

Georges Bernanos: Nueva historia de Mouchette

Idioma original: francés
Título original: Nouvelle histoire de Mouchette
Traducción: Jesús Ruiz
Año de publicación: 1937
Valoración: Bastante recomendable 

Georges Bernanos fue un autor un poco especial. No era muy frecuente en las primeras décadas del siglo pasado encontrar fuera de España escritores que hiciesen gala de sus convicciones religiosas, incluso por encima de su ideología más o menos conservadora, y que además las proyectasen en su obra. En Francia, nuestro Bernanos hizo tándem con François Mauriac (siempre se les cita juntos) y algo más lejos en el espacio y en el tiempo tenemos también a Graham Greene, por ejemplo. Es curioso observar cómo con frecuencia cuando esa profesión de fe católica se traslada a la literatura lo hace para plantear dudas o contradicciones, como si fuese necesario ponerla permanentemente a prueba, revisar las certezas, confrontarlas con el entorno. 

Aunque no siempre es así. En concreto Bernanos tiende más bien a plantear conflictos en los que la religión, por sí misma o a través de la Iglesia o alguno de sus ministros, se enfrenta al Mal en alguna de sus formas. En Nueva historia de Mouchette, sin embargo, la cosa es un poco diferente. Si nos ceñimos a este esquema, puede decirse que el Mal está también presente, pero en este caso no solo no habrá cura que lo frene, sino que en una imagen brevísima (apenas un par de líneas) el sacerdote que asomaba por el escenario de la acción sencillamente pasa de largo, un detalle que fácilmente puede pasar inadvertido, pero que seguro que los exégetas de Bernanos valorarán en su justa medida.

Pero como aquí nos interesa más el libro en su conjunto, no nos detendremos más en esos asuntos de conciencia. Nueva historia de Mouchette es la narración de un episodio muy breve, apenas una noche y la mañana siguiente, en el que, enlazando un poco con lo que apuntaba antes, el protagonista absoluto es el Mal. El Mal se encarna en facetas diversas –la miseria, la soledad, la violencia, la mentira- y todas ellas se vierten sobre una chica de catorce años. Tampoco vayamos a creer que la niña es justo el reverso de aquellas calamidades: ni pureza, ni ternura, ni alegría infantil, Mouchette es como un animal perseguido, que en fondo busca cariño y paz, claro está, pero que se muestra huidizo, desconfiado y hasta agresivo con todo lo que le rodea. Como para no. 

La andrajosa Mouchette es objeto de desprecio en el colegio, y su absoluta inadaptación (entre sus compañeras y por supuesto frente a la maestra) se manifiesta con otro pequeño pero impactante detalle: la niña odia la música. Es algo realmente raro, pocos personajes de ficción (y seguramente pocas personas reales) encontraremos que odien la música, más aún en la forma furiosa que muestra Mouchette. Es como otro signo del Mal, parece decir Bernanos, nadie puede sentir de esta forma si no lleva algo muy negro, bien en su interior o bien sobre su espalda.

En el trayecto desde el colegio hasta su casa se inicia el tronco de la narración. Mouchette se ve sorprendida por una tormenta, se pierde en el bosque y se refugia en una cabaña, donde encuentra a Arsène, un joven cazador furtivo que, muy borracho, le confiesa haber cometido un crimen. La noche de la cabaña está narrada casi en su totalidad desde la conciencia de Mouchette. Bernanos apenas cuenta hechos, va describiendo las sensaciones de la muchacha, sus temores, sus dudas, la compasión, el deseo o la desconfianza. Sin llegar a ser un monólogo interior, es ese flujo de sensaciones la principal fuente de información del lector. Aun admitiendo que en la prosa de Bernanos hay una cierta tendencia a la perífrasis, y pese a que la traducción tampoco ayude a una lectura ágil, esta parte de la narración me parece que en general está resuelta de forma soberbia, hay una corriente de tensión que puede tocarse, pero el autor se cuida de no poner las cosas en claro y es el lector quien tiene que sacar sus conclusiones. Al menos, de momento.

En lo que podríamos llamar el segundo acto bajamos todavía un peldaño más, cuando la chica regresa finalmente a su casa y se encuentra el panorama habitual: en la choza miserable, la madre gravemente enferma ni siquiera puede cuidar del más reciente de sus varios vástagos (un bebé cuyos alaridos nadie puede soportar), mientras el padre pasa la noche emborrachándose en la taberna. No se ahorra crudeza Bernanos, lo que antes fue elipsis ahora es una especie de escapada hacia el naturalismo, se revuelca en el barro de la desesperación, como nos cuenta que hace -literalmente- la propia Mouchette. Sabemos de la vida infame de la madre, siempre a la espera del borracho, con quien llegan imprecaciones y a veces golpes. Hay dinero para alcohol pero no para un médico que al menos alivie sus dolores. La relación de la madre con la niña tampoco es fácil: la mujer nunca fue cariñosa ni cercana, y ahora que parece dulcificarse, Mouchette mantiene la distancia y el recelo. Con un registro diferente e impregnada de sordidez, esta segunda secuencia  resulta también impresionante.

No así el tercio restante del libro. Si antes contemplamos cara a cara las miserias que rodean a la adolescente, ahora vamos a contemplar el entorno, el pueblo. Ya se sabe, habladurías y murmuraciones, reproches mezclados con algún destello de piedad, la vieja necrófila que pone a Mouchette frente al espejo del mal que la rodea. Sin embargo, todo esto no termina de ensamblar bien con lo anterior, el relato se desliza por uno y otro camino sin que el autor parezca tener muy claro lo que quiere contar. Hay momentos brillantes, como cuando la protagonista de golpe parece haberse sacudido la infancia, tira de orgullo y planta cara, aunque de forma muy fugaz y seguramente ocultando un sentimiento de derrota; o aquel paso de largo del cura que decía al principio, con el que la religión no será esta vez arma contra el mal que parece triunfar. Pero sorprende la endeblez de la narración, como si Bernanos hubiera perdido el hilo y, aún peor, hubiera desconectado de la historia. Tímidamente se intenta recuperar la tenue trama anterior de los furtivos, sin que sirva para reconducir el argumento ni inyectarle nuevo vigor. Y así se precipita hacia un final estéticamente bien resuelto pero que deja la sensación de oportunidad perdida, de haber abandonado un buen relato con precipitación al no encontrarle otra salida más airosa.

Es en definitiva un libro que, no obstante su brevedad, resulta sumamente irregular, con momentos de una potencia descomunal, registros diversos pero manejados con igual maestría, que termina sin embargo como dejándose llevar, desprendida del brío y la contundencia exhibidos en las páginas anteriores. Es de esas obras que por haber podido ser redondas resultan difíciles de valorar, y que pese a todo creo que merece la pena dedicarle un rato, porque tiene aspectos de verdad muy interesantes.

También de Georges Bernanos en ULAD: Bajo el sol de Satanás