Idioma: inglés
Título original: Brideshead revisited
Año de publicación: 1945
Traducción: Caroline Phipps
Valoración: Muy recomendable
Evelyn Waugh destacó como escritor de entretenidos libros de viaje y, sobre todo, divertidas novelas satíricas, pero también sabía ponerse serio (si es que no consideramos como tal escribir libros de humor) y mostrar todas sus capacidades como novelista, como hizo en esta célebre -y hace cosa de 30 años, celebérrima-
Retorno a Brideshead, escrita durante una convalecencia, en plena guerra mundial. La novela cuenta la relación del narrador, el joven Charles Ryder, con la noble familia Flyte (o Marchmain o Brideshead... no sé cómo debe decirse, pero es que yo sólo soy un pobre plebeyo, y
dago, por añadidura): primero, con el disoluto Sebastian y luego con su hermana Julia, aunque en realidad, todos los componentes de la peculiar familia pasan bajo la mirada escrutadora de tan privilegiado observador, que va componiendo para nosotros todo un cuadro -más aún, porque Ryder es pintor- en el que contemplamos la fragmentación y decadencia de esta familia, se supone que además reflejo de la decadencia y final de toda una época, la del máximo esplendor del Imperio Británico.
Crónica familiar, pues, retrato de lo que hoy en día llamamos una familia "desestructurada" (aunque tampoco es para tanto: la propia familia del narrador lo es más aún, por casi inexistente. Dejando aparte que ciertas cosas ocurren en los mejores hogares... si no, que se lo cuenten a la familia Real española... y ahí siguen, tan panchos). Familia singular, además, porque a su condición de nobles, ricachos y decadentes, se une la de católicos, que en la Gran Bretaña de aquellos años -los del período de entreguerras- era aún una circunstancia peculiar y hasta delicada. De hecho, suele remarcarse la intensa presencia de la religión católica en esta novela. Es cierto, sobre todo a partir de un determinado momento, pero casi se diría que, en la mayoría de las ocasiones, Waugh, que pertenece al curioso y selecto grupo de escritores británicos convertidos al catolicismo (integrado también nada menos que por
Chesterton,
Graham Greene y
Muriel Spark, que yo conozca), aprovechó la ocasión para ajustar cuentas y señalar las contradicciones y sinsentidos de la religión que había abrazado (de hecho, las páginas más abiertamente jocosas de la novela son las de la conversión del inexpugnable Rex). Claro, que también puede tratarse de una treta del viejo y astuto Evelyn: deja en evidencia él mismo los aspectos más endebles de su fe para que así resalten con más fuerza y autenticidad aquellos que le parecen esenciales.
Algo parecido ocurre respecto a la relación homoerótico-sentimental entre Charles y Sebastian -no sé si resulta afinado calificarla de homosexual-, apenas disimulada por la figura de su hermana Julia: está latente, por no decir "implícitamente explícita", en buena parte del libro, pero de una manera tal que uno sospecha que los pensamientos de Waugh fueron: "como ya sé que de todos modos vais a pensar que aquí hay tomate, os lo voy a dejar claro como el agua, pero insinuándolo lo justo para que os penséis que se os ha ocurrido a vosotros". En suma, es otro señuelo.
El verdadero tema de la novela, creo yo, es el de la felicidad o, mejor dicho, la imposibilidad de alcanzarla pese a contar con todas las condiciones favorables para ello (el propio Waugh, en un prólogo de 1959 lo explicaba de una forma algo más jesuítica, aunque socarrona: "El tema -la influencia de la gracia divina en un grupo de personajes muy diferentes entre sí, aunque estrechamente relacionados- era quizá de una ambición inmoderada, pero no voy a pedir disculpas por ello"): todos los personajes principales son desgraciados, de una u otra forma. El propio Charles, que es el único que parece conocer la dicha en algún momento, nos describe ese estado a través del ejercicio de la nostalgia, con lo que nos deja en la duda de si era el recuerdo de algo real o estaba modificado por alguno de los personajillos que habitan dentro de nuestros cereb... uy, lo siento, es que he visto hace poco Inside Out... je.
No puedo acabar esta ya demasiado larga reseña sin mencionar la excelente calidad de la prosa de Evelyn Waugh: La novela resulta ser una exquisitez, no sólo por los refinados ambientes y personajes que aparecen (como es de suponer, se desenvuelve en un mundo bastante pijo, me temo, aunque el peor de todos, en mi opinión, es el esteta Charles): lo que produce esa sensación es la maestría y, sobre todo, inteligencia -e ironía- con que está escrita.
Aún así, me resisto un poco a otorgarle ese preciado galardón que es un "imprescindible" de ULAD. Quizá sea un prejuicio mío, pero cuando un libro parece destinado a tal valoración desde la primera página, me cuesta dársela; me gusta que me sorprendan. Y eso que Retorno a Brideshead está muy cerca, sin duda, de ser una novela imprescindible. Al borde, pero que muy al borde... a falta tan sólo de un empujoncito...