Mostrando entradas con la etiqueta religión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta religión. Mostrar todas las entradas

viernes, 31 de octubre de 2025

Ray Bradbury: El árbol de las brujas

Idioma: inglés

Título original: The Halloween Tree

Año de publicación: 1972

Traducción: Matilde Horne

Valoración: entre recomendable y está bien

Sé que para muchos de vosotros/as la fiesta de Halloween es ya algo tan tradicional como la de la patrona de vuestro pueblo (esto no va por vosotros, amigos/as de  México; no es de extrañar, después de décadas viendo en películas y series de televisión cómo los norteamericanos se los pasaban pirata, mientras que en España la costumbre era ir a ver una representación del tenorio y, al día siguiente, al cementerio a limpiar las tumbas de los parientes fallecidos (evidentemente, no hay color, no le estoy recriminando a nadie la adopción de costumbres foráneas, teniendo en cuenta, además que la hibridación cultural puede producir resultados de lo más interesante). Vale, ya sabemos, por tanto, lo de los disfraces, las calabazas y los caramelos, pero, ¿de dónde viene, exactamente, la fiesta de Halloween, el Día de los Muertos, la Noche de Brujas, Todos los Santos o como queramos llamarla? Pues eso es lo que trata de enseñarnos Ray Bradbury con esta novelita. O enseñar a los chavales, más bien, puesto que se podría decir que es una novela eminentemente juvenil.

Resumen resumido: un grupo de chicos de un pueblo de Illinois salen a pedir dulces la noche del 31 de octubre. Se queda, sin embargo, el más popular de todos ellos, llamado Joe Pipkin, que no se encuentra bien y les cita para más tarde en un caserón de las afueras con pinta de casa encantada. Allí, además de encontrarse el fabuloso Árbol de las Brujas que da título al libro,  reside el enigmático y asombroso señor Mortajosario quien les llevara en un viaje a través del tiempo para conocer los orígenes de la celebración de esa noche, además de buscar al desaparecido Pipkin. Un viaje fantástico y, por momentos, aterrador que puede considerarse como iniciático o de crecimiento, aunque en la novela los protagonistas pasen de ser niños a... seguir siendo niños (aunque más conscientes). Por eso el libro podría entrar en la categoría de "categoría juvenil", sin que ello impida que cualquier adulto pueda disfrutar sobremanera con su lectura.

Algo que también sucede, aparte de la originalidad de la trama, elementos supranaturales, etc., por el estilo de la prosa de Bradbury, bastante reconocible por su enfatismo, su gusto por las metáforas a todo trapo, por el toque poético incluso en párrafo más anodino... un estilo, que, en principio, no me atrae demasiado. He de reconocer, sin embargo, que a esta pequeña novela, seguramente debido a su carácter fantástico y alegórico, le queda como un guante y en ningún momento se siente como exagerado o extemporáneo -y eso que el señor Mortajosario... es decir, Carapacho Clavícula Mortajosario, que ahí es ná, hace todo lo que puede para que sea así- e incluso ese lirismo que en otros textos puede parecer algo fuera de lugar,aquí  resulta incluso conmovedor. Los capítulos, además son bastante cortos y ágiles, llenos de acción, lo que facilita que el libro se lea en un plis-plás y, aunque no resulte una novelette redonda, (quizás porque hoy en día nos resulte todo ya un poco visto, no así, supongo en 1972), me parece perfecta para leer hoy, esperando a que llegue la noche y se abra el pasaje entre el mundo de los vivos y el de los muertos, como toca en esta fecha señalada. Tened cuidado, que la medianoche no os pille en el otro lado...

Más libros de Ray Bradbury reseñados en este blog: La feria de las tinieblas, Crónicas marcianas,Fahrenheit 451

viernes, 18 de abril de 2025

Agustina Bazterrica: Las indignas

Idioma: español

Año de publicación: 2023

Valoración: bastante recomendable

Lo que ocurre dentro de los muros de un convento siempre ha dado mucho juego en la ficción: luchas por el poder, fanatismos, humillaciones, pasiones prohibidas... en fin, salseos varios, que se dice; ello se puede comprobar en novelas como, por mencionar sólo dos reseñadas en este inimitable blog, La abadesa de Crewe o Extramuros. El que sale en Las indignas no es un convento católico; ni siquiera un beguinaje -si bien está situado en un antiguo monasterio-, pero tanto da. O incluso mejor así para quien lea esta novela, porque el culto que siguen las protagonistas de la misma, aunque inspirado, al menos en cuanto a las formas, en la Iglesia católica, permite, e incluso está fundado, sobre el sacrificio, el castigo corporal, la dominación jerárquica y hasta el sadomasoquismo... elementos totalmente ajenos al cualquier variante del cristianismo, como sabemos todos , sin ninguna duda. Pero que son de lo más sabrosos para aderezar cualquier narración de terror religiosos, que, al fin y al cabo, es lo que encontramos en esta novela.

Convento, pues (permitidme denominarlo así, por comodidad), llamado por sus moradoras la Casa de la Hermandad Sagrada -tal es su "congregación"- y que para ellas es un refugio en medio de un mundo asolado por los desastres medioambientales, el envenenamiento de la Naturaleza, las guerras por los recursos básicos como el agua, las enfermedades contagiosas mutantes, la violencia generalizada y el hambre, más generalizada aún. Es decir, una distopía post-apocalíptica a la que, por otro lado, parecemos dirigirnos sin demasiada preocupación. Así, multitud de chicas van llegando a ese refugio e integrándose en una comunidad religiosa jerarquizada de una forma muy rígida: en lo más alto se encuentra Él, el único hombre del lugar, una suerte de profeta siempre oculto y que deja la organización y, sobre todo, la administración de la disciplina a la férrea e inclemente -o directamente sádica- Hermana Superior (a la que yo imagino como una especie de Lady Dimitrescu, lo confieso). Ésta gobierna sobre un número indeterminado de Indignas -las que podríamos considerar novicias- de entre las cuales son escogidas, de vez en cuando, las Elegidas, -Auras Plenas, Diáfanas de espíritu y Santas menores-, con supuestos poderes pero que son mutiladas para potenciarlos y las perfectas y clarividentes Iluminadas. Todas tienen como criadas a las impuras e incluso deformes Servidoras, la casta más baja dentro de este particular microcosmos femenino cerrado -o casi- sobre sí mismo, en el que, como cualquiera puede suponer, menudean las envidias, las rencillas y las jugarretas, castigadas, cuando se atrapa a las responsables -o a las no responsables, que eso parece dar un poco lo mismo- con una saña y crueldad desorbitada, pero muy adecuada para regir la comunidad con mano de hierro y terror.

Todo esto lo vamos conociendo a través de una indigna que escribe a escondidas su historia, en ocasiones usando su propia sangre, una narradora sin nombre y, si bien no me atrevo a decir que poco fiable, desde luego parcial y subjetiva. No es una santa; pese a que empaticemos con ella, no deja de compartir malos sentimientos, peores propósitos y deleznables actos. Algo la salva, no obstante (no diré qué) de convertirse en la mala de la historia o una de ellas en una narración en la que no escasean. Con no poca justificación, si se quiere, dadas las difíciles circunstancias. Lo otro que salva a la narradora-protagonista de caer en la mezquindad inherente a la supervivencia es el aura lírica que envuelve toda la narración -recordemos que está contada en primera persona-, esa forma de contar la historia con la que Bazterrica consigue dotarla de una poesía un tanto mórbida pero conmovedora, una singularidad que distingue a esta novela de los obvios referentes a los que puede recordarnos: desde La carretera (o cualquier otra narración postapocalíptica al uso) a Hellraiser u -obviamente- cualquier chaladura del marqués de Sade, en el caso de los momentos más terroríficamente BDSM. También tiene algo que recuerda a El cuento de la criada, en la rígida jerarquización de las mujeres y de las funciones que deben cumplir y, por supuesto, de toda la narrativa de terror más gótico-religiosa, que no es escasa, precisamente... O incluso, si tenemos en cuenta referencias no literarias, un toque de Mad Max. Fury Road (a ver, sí, cada cual tiene sus filias), aunque claro está que sin camiones de guerra ni guitarristas de rock lanzando llamas. Da igual, las referencias son múltiples pero el resultado es inequívoco: una novela intensa y perturbadora, impregnada de un aroma entre mágico y alucinógeno, también quizás algo tóxico, que ayuda a que su lectura deje una huella difícil de borrar.  Habrá quien prefiera olvidarla, claro, pero sospecho que le va a resultar difícil...


También de Agustina Bazterrica en Un Libro Al Día: Cadáver exquisito

miércoles, 4 de diciembre de 2024

Alejandro Sawa: Criadero de curas

Idioma original: Español 
Año de publicación: 1888
Valoración: Está bien (recomendable para interesados)

Criadero de curas es una «historia individual» que pretende referirse a algo más amplio. Es, también, «la inmolación cruenta de un niño a los fanatismos de sus padres» (y, añadiría yo, a los de un Estado confesional).

Narra la breve existencia de Manuel (o Manolito), un joven internado según el designio de sus difuntos progenitores en un seminario. La severidad de la vida religiosa, así como la indiferencia de los curas que se encargan de él, lo impelen a huir. Desgraciadamente, es localizado y castigado.

Como habréis podido intuir, Criadero de curas es rabiosamente anticlerical. Sawa acomete contra los curas sin darles tregua. «¡Bah! ¿Es por ventura que un sacerdote pueda querer sino a la sotana que lleva puesta?», inquiere despectivamente en la página 55. En la 57 se muestra todavía más implacable al afirmar que: «Es que eran malos. El amor a los santos les había absorbido y agotado el amor a la humanidad. Eran malos hasta ser peligrosos.» En las páginas 69 y 70 les acusa sin miramientos de ser «monstruosos» y «bestias carniceras».

Hay muchas similitudes entre Criadero de curas y Noche. Ambas novelas son de Alejandro Sawa, fueron escritas en 1888 y se adscriben al naturalismo. En ambas se arremete con virulencia contra la religión, la fe y, sobre todo, los representantes de éstas en la Tierra. Ambas tienen idénticas virtudes y acusan los mismos defectos.

El argumento de Criadero de curas, al igual que sucedía con el de Noche, está al servicio de las ideas de Sawa. Así pues, las ideas están en primer plano, y todo lo demás en el segundo. Es por eso que la historia es sumamente lineal, los personajes son bastante sencillos y el rol de éstos en el relato es a menudo más anecdótico de lo que sería menester (pienso, por ejemplo, en la nula participación que Federico, el amigo de Manolito, tiene en la trama).

La prosa de ambas novelas es muy parecida. Una prosa rica y expresiva en su forma, aunque a ratos algo reiterativa, grandilocuente y proclive a diluir la acción o el ritmo a causa de varias disertaciones.

En resumen: Criadero de cura es, al igual que lo era Noche, una novela imperfecta. Aun así, resulta sumamente atractiva como ejemplo paradigmático del naturalismo literario (con su cientifismo, su determinismo y su bestialización de ciertos personajes); también cumple en tanto que ficción contundente y reivindicativa, pese a la irregularidad de su ejecución y su mensaje.


También de Alejandro Sawa en ULAD: Aquí

jueves, 7 de noviembre de 2024

Philip Fracassi: Los chicos del valle

Idioma original: inglés 

Título original: Boys in the Valley

Año de publicación: 2021

Traducción: José Ángel de Dios

Valoración: recomendable 

Por alguna razón (quizás porque los tiempos políticos que estamos viviendo parecen llenos de endemoniados), las historias de posesiones diabólicas gozan últimamente de gran popularidad, tanto en el cine como en la literatura. Tal es el caso de dos narraciones que tuvieron un considerable predicamento el año pasado (sí, ya sé que voy con retraso) entre los aficionados al género del terror, al menos en España: Acércate de Sara Gran y esta Los chicos del valle de Philip Fracassi, autor cuyo apellido no debe llevaros a engaño, porque su novela ha sido todo un éxito (vale, un chiste penoso. Prometo que no lo haré más...).

Resumen resumido: el valle del título es uno casi aislado en el estado de Pennsylvannia en el que, a principios del siglo XX, se erige el orfanato de San Vicente, llevado por curas católicos y los chicos en cuestión son, como es de suponer, los huérfanos acogidos allí. La historia de un orfanato llevado por curas ya sería bastante terrorífica de por sí y, en parte, Los chicos del valle va por ahí, pero, no pareciéndole suficiente, Fracassi mete un elemento ya definitivo: la aparición del maligno o de uno de sus adláteres, cuando menos -de muchos, porque ya se sabe que son legión-; una noche, cuando el invierno ya amenaza el valle, llegan al orfanato un grupo de hombres que traen a alguien digamos, un poco perjudicado... (aviso que a partir de aquí puede haber spoilers, pero es que resulta difícil explicar el libro sin ellos). A partir de ahí la "infección" se extiende rápidamente por el orfanato, como era de prever y la cosa acaba como el rosario de la aurora... y nunca mejor dicho.

La narración alterna los episodios contados en primera persona, desde el punto de vista de chicos como Peter -el protagonista de la historia, en gran medida- o David y la del clásico narrador omnisciente. Además de un estilo que busca la eficacia, sin caer en el simplismo, cabe destacar la panoplia de estupendos personajes que nos ofrece el autor: aparte de los huérfanos ya mencionados, marcados, sobre todo en el caso de Peter, por la tragedia, la dureza devsu situación y la lucha interna de cada cual,  tenemos a los curas -el tiránico Poole, el comprensivo padre Andrew- o al Hermano Johnson, un ex-convicto convertido en el brazo ejecutor de Poole...

La novela resulta eficiente y contundente. Como novela de terror, obviamente (y sin duda satisfará a los aficionados al género que no la hayan leído aún, como ya lo ha hecho a los que sí), pero no sólo, de hecho, es un terror que puede ser desagradable en algún momento, pero no más que el que aparece en muchas películas mainstream, sin ir más lejos; además de que la historia particular de algunos personajes tiene más profundidad de lo que puede parecer. Sin embargo, en mi opinión no resulta demasiado sorprendente; de hehcho discurre por caminos ya transitados y previsibles. Es cierto (y a partir de aquí, insisto, va a haber SPOILERS) que en cierto momento abandona la senda de El exorcista para transcurrir por lo que podría ser de igual modo una novela de zombies o infectados, u otras como El juego de los niños (clásico español del terror que se adelantó a Los chicos del maiz y que habría que reseñar algún día) o incluso El señor de las moscas... pero, aún así, no creo que haya alguien que se pueda llamar a engaño sobre lo que va a pasar en San Vicente. Para empezar, porque situar una historia de posesiones diabólicas en un orfanato aislado ya predispone bastante al lector sobre lo que se va a encontrar y después la narración discurre no sólo por los cauces habituales del terror y sus tropos, sino también del thriller en general. Por último, y quizá sea lo más interesesante de la novela, podemos considerar a ésta como profundamente cristiana; católica, de hecho. No sé si porque refleja las creencias de su autor o porque es necesario que sea así para contar una historia con presencia demoníaca convincente. pero tranquilo todo el mundo: no es necesario ser creyente en la fe católica para disfrutar de la lectura de este historia que, también hay que decirlo, de transcurrir en un orfanato laico resultaría mucho menos verosímil.

En suma, una novela de terror satisfactoria, aunque menos original de lo que las expectativas (hablo de las mías, claro está) prometían. Buena lectura, pues, para pasar un rato inquietante y entretenido, pero tampoco para hacerse popó de miedo; al alcance de todos los públicos, por decirlo así...

sábado, 12 de octubre de 2024

Joseph Roth: Job. Historia de un hombre sencillo

Idioma original: Alemán
Título original: Hiob 
Traducción (al catalán): Judith Vilar
Año de publicación: 1930
Valoración: Entre recomendable y está bien

Job, de Joseph Roth, es una novela formidable. Una que cuenta una historia sencilla pero emotiva con una prosa también sencilla pero expresiva y vigorosa, cuyos temas, tono y argumento me han recordado poderosamente a los de varias obras de mi admirado Isaac Bashevis Singer.

Su primera mitad transcurre sobre todo en Zuchnov, una villa miserable de Rusia; la segunda parte, en cambio, sucede Nueva York, Estados Unidos. La protagonizan Mendel Singer, un judío devoto, su mujer y sus tres hijos.

Cada uno de los personajes del elenco principal está adecuadamente caracterizado. Incluso algún secundario desfila con la cabeza bien alta, pese al escaso foco que se le da; es el caso, por ejemplo, de Sameschkin, que tiene unas dinámicas muy interesantes con Deborah, la mujer de Mendel, y comparte una escena conmovedora con éste último.

Muchísimos temas se barajan en Job: el sufrimiento del desgraciado, el distanciamiento conyugal, el envejecimiento, la ambivalencia hacia los hijos, la melancolía del apátrida, el choque con la idiosincrasia americana, el desencanto con Dios... Dichos temas se tratan con humildad, pero sin subestimarlos, y se abordan desde la siempre cambiante perspectiva de los personajes, así como en función del tono que impregna la novela en cada momento (sobre todo agridulce o trágico).

El estilo narrativo de Roth es, como adelantaba más arriba, muy potente. Engañosamente sencillo, emplea varios recursos a su favor (como el de la repetición) y regala pasajes, descripciones o reflexiones de gran calado.

Quizá, eso sí, Job sea una obra ligeramente inferior a otras similares. Como estudio de personaje centrado especialmente en Mendel es menos completo y matizado de lo que podría haber sido. Como ficción que gira en torno a lo judío tampoco acaba de alcanzar toda la profundidad posible. Sea como fuere, esto no impide que estemos ante una novela formidable que hace gala de una prosa magnífica, un elenco sólido y unas reflexiones maduras.


También de Joseph Roth en ULAD: Aquí

sábado, 30 de marzo de 2024

Upton Sinclair: Lo que hizo Dídimus

Idioma original: Inglés
Título original: It happened to Dydimus
Traducción: Rafael Accorinti
Año de publicación: 1954
Valoración: Se deja leer < Está bien
 
¿Sabéis esas novelas que os gustan pese a que podrían ser mucho mejores? ¿Alguna vez os ha cautivado una premisa que, sin embargo, no ha sido exprimida del todo? ¿Creéis posible encariñarse de unos personajes a los que falta cocción? 

Todas estas sensaciones me ha provocado la lectura de Lo que hizo Dídimus. Porque a la novela de Upton Sinclair la empañan una irregularidad en la ejecución, una indefinición en el propósito, algunos cabos sueltos en lo que respecta al argumento, falta de relieve de los protagonistas y ciertas reiteraciones. Aun así, se lee con interés, parte de una idea prometedora y ha sido ejecutada con el oficio propio de un escritor ya maduro.

La obra sigue los pasos de Tom Strawn, un joven ignorante al que le han sido otorgados poderes. Tanto Tom como el narrador, un académico a quien Tom estaba arreglando el jardín, deberán averiguar, en la medida de lo posible, cuál se supone que es la misión divina que les ha sido encomendada. 

Lo que hizo Dídimus es una sátira bastante lograda que reflexiona sobre la incompatibilidad de la espiritualidad elevada y las figuras mesiánicas con un ser humano demasiado egoísta, mezquino y materialista. Sólo le reprocharía a su humor que rara vez se ceba con Tom, personaje que incluso con sus defectillos resulta demasiado perfecto.

Hablando de personajes, ya he adelantado que a los de esta novela les falta cocción. Apenas llegamos a conocerlos íntimamente, pues son demasiado esquemáticos. Incluso Tom y el narrador, que son quienes vemos con más frecuencia, se antojan excesivamente simples; encima, a partir de cierto punto (cuando Tom se vuelve más culto) cuesta diferenciarlos entre ellos, pues hablan y, más o menos piensan, igual.

En cuanto al argumento de Lo que hizo Dídimus, se podría decir que no acaba de explorar todas las posibilidades. De hecho, mientras que en algunos apartados aporta conceptos estimulantes, en otros se queda frustrantemente corto o se atasca en situaciones ya planteadas con anterioridad. A eso hay que añadir varias incoherencias en la lógica interna de la ficción, y algunas repeticiones.

Sea como fuere, la novela de Sinclair es, insisto, obra de un escritor competente. Quizá carece de memorabilidad y ostenta un gran margen de mejora, pero no por ello su lectura deja de despertar nuestro interés y un puñado de reflexiones. ¿Qué más se puede pedir?


También de Upton Sinclair en ULAD: Aquí

sábado, 16 de marzo de 2024

Raimon Casellas: Las cañadas indómitas

Idioma original: Catalán
Título original: Els sots feréstecs
Año de publicación (por entregas): 1899
Año de publicación (íntegra): 1901
Valoración: Está bien

Raimon Casellas (1855-1910) fue crítico de arte, periodista y narrador. Els sots feréstecs, su única novela, es la primera en aplicar los preceptos estéticos del modernismo catalán. 

Sigue los pasos del padre Llàtzer, un capellán exiliado a una iglesia de la zona del Figueró y Montmany por las autoridades católicas. Su pecado: «la dèria de fer reviure un savi dels segles morts, (...) furgar la sepultura dels seus llibres, (...) dir que la veritat del món era allí dins, (...) voler d'un hertge fer-ne un sant» (pg. 159). 

Llàtzer, hombre idealista, intentará redimir a los lugareños, gente pobre y  taciturna embrutecida por su mísera existencia. Sin embargo, el ambiente claustrofóbico de su nuevo entorno, la hostilidad de su parroquia y la llegada de una prostituta llamada La Rodasoques provocarán al religioso una crisis de valores e incluso un fatídico desenlace.

Clásico catalán por antonomasia, traducido incluso al español e inglés, Els sots feréstecs supone a la postre una lectura deliciosa, sobre todo para interesados. Sin embargo, presenta múltiples defectos, debido a que originalmente se publicó por entregas, a que supuso la primera (y última, recordemos) incursión de Casellas en la narrativa larga y a que la estética modernista ha quedado totalmente desfasada a día de hoy.

Listemos brevemente los defectos antes mencionados:

  • Su prosa es lenta, espesa y excesivamente descriptiva.
  • Su argumento es tan lineal como esquemáticos los conflictos que lo salpican. La lucha entre el bien y el mal, el individuo y la multitud o el hombre y la naturaleza se suelen explorar actualmente con mayor grisalla.
  • Los personajes representados acusan cierto maniqueísmo y obran de manera exagerada (por ejemplo, el padre Llàtzer es dado a emitir parlamentos).
  • El conjunto se antoja repetitivo. Entiendo que Casellas quiera que calen sus ideas, y que la narrativa de entonces era más enfática que la contemporánea. Sin embargo, tanto volver constantemente sobre los mismos acontecimientos o reflexiones llega a abrumar al lector e incluso provoca que pasajes genuinamente potentes pierdan efectividad.
  • Hay episodios que no aportan gran cosa a la trama, pese al foco engañoso que les dan algunos capítulos enteramente dedicados a ellos. Sucede con el pasado de los criados del rector, con la caída del porquero de l'Ensulcida y, sobre todo, con la introducción de l’Aleix de les Tòfones. 
  • Los personajes antes mentados son bastante superfluos e incluso, en algunos casos, contraintuitivos. L'Aleix, de hecho, tras el primer capítulo, desaparece y no vuelve a hacer acto de presencia hasta prácticamente el clímax, donde emerge de forma esporádica. ¿Acaso hacía falta para encarnar el embrutecimiento de su gente? Entiendo que la Rodasoques, la prostituta que llega a la zona y consigue influenciar a los lugareños, sea diferenciada del resto; sin embargo, que l'Aleix se distinga de una masa que Casellas trata de representar como homogénea me chirría sobremanera.

Por otro lado, las virtudes que le he encontrado a Els sots feréstecs serían las siguientes: 

  • Resulta un documento valiosísimo en lo que a la literatura modernista catalana respecta, dado que se puede considerar una obra fundacional.
  • Pese a su factura totalmente añeja y su desalentadora repetitividad, una vez se le coje el truco se lee en una sentada.
  • Pese a que emplea un léxico completamente anticuado («cabòria», «bosquerols», «rònega», «pollancre», «bagassa»...), además de onomatopeyas y ruralismos varios, resulta fácil de comprender gracias al contexto que dan las oraciones.
  • Su simbolismo es bastante nítido. La naturaleza funciona como telón de fondo a la par que ilustra los diversos temas de la novela. Por otra parte, La Rodasoques es retratada adecuadamente como una amenaza a la salvación espiritual de la parroquia de Llàtzer.
  • La plasticidad de sus imágenes es asombrosa. Me gustan, por ejemplo, aquéllas empleadas para retratar paisajes, atmósferas o fenómenos meteorológicos. Aunque mis favoritas, por su creatividad y precisión, se limitan a describir colores. Cito un par de ellas: «La pols, la humitat, la terra, que ho cobrien tot, donaven a les imatges i als trofeus el to descolorit i fastigós de les coses enterrades... Les retorçades columnes, esculturades de raïms i de caps d’àngel, que un dia foren tot d’or, ara ensenyaven un pam de floridura, com malaltes d’un mal lleig.» (pg. 46) / «Quasi tots duien uns trajos balders, fets d’una roba de vellut obscura, fosca, però destenyida pel frec de la brossa i dels terrossos, així… com d’un to dubtós, que primer hagués sigut negre i després s’hagués tornat d’ala de mosca i hagués acabat per ser de color de gos quan fuig…» (pg. 52)

En resumen: vale la pena descubrir Els sots feréstecs en tanto que obra fundacional del modernismo catalán. Ciertamente, no es el clásico de la época que mejor ha envejecido, pero afrontarlo tampoco supone un tormento. Creo que incluso lo hubiera disfrutado de joven, de haberlo tenido como lectura obligatoria en la asignatura de Lengua y Literatura.

Ah, sabed que la edición que yo he catado, de Lapislàtzuli, tiene una ilustración de cubierta estupenda. Aunque me sorprende que en ella aparezca l’Aleix, personaje que, como he comentado antes, me parece bastante prescindible.

domingo, 14 de enero de 2024

Bethany Moreton: Entre Dios y el capital

Idioma original: inglés

Traducción: Cristina Lizarbe Ruiz

Año de publicación: 2022

Valoración: Está bien


Cuando uno ha tenido cierto contacto, desde varios frentes pero casi siempre indirecto, con la Obra, que nos venga a hablar del asunto una autora norteamericana produce un efecto extraño. Porque el Opus Dei (el Opus, para los amigos) parecía algo muy local que yo al menos ubicaba bastante cerca, en la Universidad de Navarra y en los ganchos que pretendían atraer estudiantes aquí y allá, en esos conocidos un poco raritos que saludaban a mis padres con sonrisas e invitaciones sospechosamente generosas, o en esos episodios de la historia del franquismo relacionados con los tecnócratas, los planes de estabilización y esas cosas. Hasta he visto con mis propios ojos, lo juro, un ejemplar de Camino, el libro-guía del factótum del invento, Josemaría (sic) Escrivá. Pero bueno, tampoco es raro que estudiosos extranjeros como nuestra autora de hoy indaguen en nuestras cosas domésticas.

Pero es que además, esa impresión de cercanía resulta ser bastante errónea porque, por ejemplo, en su día Juan Pablo II convirtió a la Obra en una prelatura personal, que aparte de ser una de esas clasificaciones extrañas que saturan el entramado institucional de la Iglesia católica, debe ser algo de cierta importancia (aunque a su vez Francisco ha vuelto a degradarles, en fin). Y, más aún, y sobre esto nos ilustra el libro, parece ser que el Opus adquirió una importancia relevante en Latinoamérica, hasta el punto de influir notablemente en la trayectoria de diversos regímenes autoritarios (el de Pinochet, el más conocido). De modo que sí, que todo esto tenía un alcance mucho más amplio de lo que uno pensaba.

En cuanto a sus señas de identidad, subraya el texto las que quizá son más conocidas:

  • El férreo conservadurismo en materia sexual: los miembros seglares de la secta orden son en principio célibes, para más adelante abrirse el círculo a hombres casados con familias tradicionales (las mujeres encontraron su hueco más tarde gracias a una revelación divina que tuvo Josemaría, y no es broma). Por supuesto, el vínculo sexo/procreación es irrenunciable, por lo que proliferan las familias numerosas
  • La asunción de los métodos de disciplina monástica (siempre bajo la mirada del director espiritual), aplicada tanto en la esfera privada como en la profesional
  • Su carácter elitista. A la Obra solo le interesa captar personas de alto nivel económico o, como mucho, profesionales brillantes o cerebritos que destaquen en distintas materias. Se requieren individuos capaces de liderar distintas áreas para conducirlas por el buen camino
  • Lo más curioso, su vinculación con el mundo de la economía y la empresa. Alguien dice en el libro algo así como ‘tu altar es tu mesa de trabajo’. A través del trabajo se santifica, y siendo uno escrupuloso e impecable se da a conocer la Obra de Dios. De paso, digo yo, se mantiene una buena relación con el capital, que siempre es buena cosa, y con cierto tipo de gobernantes con los que tenemos cosas en común, que también.

Todo esto lo explica el libro, lógicamente profundizando en asuntos colaterales: la doctrina social de la Iglesia procedente del Vaticano II, la teología de la liberación, las relaciones del Opus con ciertas corrientes neoliberales, su contribución al sostenimiento (o al nacimiento) de regímenes autoritarios, la curiosa coincidencia con Harvard en el uso de la casuística tomista… bastantes cuestiones sobre las que Moreton divaga a lo largo de buen número de páginas, y de las que hay que ir extrayendo, sintetizando y organizando los datos.

Porque efectivamente, todavía no lo había dicho, estamos ante un texto un tanto extraño, sin un orden cronológico ni temático con sentido, donde falta información sobre el origen de la Obra y, por ejemplo, sobre su incidencia en la política franquista (dice la autora que ‘muchos lectores españoles  tendrán unos conocimientos mucho mayores’ sobre el tema, vaya hombre), mientras se alarga sin motivo entendible sobre la evolución de la Iglesia incluso desde antes del Vaticano II, o sobre complicados matices del neoliberalismo y su influencia en las escuelas de negocios. Vamos, algo que parece bastante descompensado con lo que se suponía el objeto del trabajo. En realidad, teniendo en cuenta la amplísima bibliografía que se maneja, da la impresión de ser una especie de trabajo preparatorio de algo de mayor envergadura, o una especie de auto-recensión de materiales muy voluminosos o, no sé, un encargo puntual para publicar algo acerca de esta organización.

Algo que, como digo, obliga a reciclar la información y sistematizarla, tarea aún más complicada si tenemos delante, como es el caso, una prosa a veces innecesariamente rebuscada (tendencia muy americana a adornarse con megaconceptos técnicos algo absurdos) y una sintaxis muy cuestionable que la traducción no ha sido capaz de corregir. Es una lástima toda esta serie de obstáculos, que dificultan la comprensión de un texto que parece contar con una muy sólida base argumental, pero que por algún motivo, o quizá varios acumulados, no es capaz de transmitir todas esa información de un modo eficaz.


jueves, 20 de julio de 2023

ULAD hace Historia #4 El queso y los gusanos de Carlo Ginzburg

Idioma original: italiano

Título original: Il formagio e i vermi

Año de publicación: 1976

Traducción: Francisco Martín

Valoración: bastante recomendable (aunque quizá algo ríspido para quien no sea lector habitual de Historia)

Pese a lo que tal vez alguien pueda pensar,  debido a su curioso título (enseguida voy con eso), éste es un libro de Historia comme il faut, con su excelente contextualización, sus -muchas- notas a pie de página y su abundante bibliografía. Es más, se trata de la obra señera de la corriente historiográfica conocida como "microhistoria", escrita por su más conspicuo practicante, el prestigioso historiador italiano Carlo Ginzburg. Tal microhistoria es una tendencia o rama de la Historia social que consiste en centrarse en algún acontecimiento o personaje del pasado, en principio secundario o incluso marginal y analizarlo, como si se estudiars con una lupa o microscopio, hasta poder extraer conclusiones  y generalizaciones que se puedan relacionar con los grandes procesos y cambios históricos; de esta forma, el estudio de los sucesos individuales ayudan a entender la verdadera dimensión del desarrollo de los sucesos históricos. Es una tendencia que ha tenido (aunque no sólo y en esta semana en la que ULAD hace Historia os vamos a mostrar más de un ejemplo), especial predicamento en Italia,hasta el punto de que incluso la cultivaron, en cierto modo, escritores de narrativa o ensayo, como Leonardo Sciascia en La bruja y el capitán.

En el caso de este célebre estudio, quizás el más emblemático de esta modalidad historiográfica, Carlo Ginzburg se centró en la figura de Domenico Scandella, alias Menocchio, un molinero del pueblo friulano de Montereale, que en 1584 fue procesado por el Santo Oficio debido a una denuncia -tal vez del párroco del pueblo- por haber pronunciado "palabras heréticas impías sobre Cristo". Durante este proceso y el que tuvo de nuevo lugar en 1599 , cuyas actas el historiador analiza pormenorizadamente, punto por punto, los inquisidores asistieron, atónitos, al despliegue cosmogónico y religioso que Menocchio -cuya aspiración era poder debatir con papas y emperadores, pero se conformaba con los doctos miembros del Tribunal- hacía ante ellos: una mezcla de, más que elementos luteranos, como se temía los inquisidores, anabaptistas, más panteísmo, universalismo, lecturas religiosas -o no- interpretadas según su libre albedrío, razonamientos propios más o menos coherentes y, al fondo del todo, según código Ginzburg, la presencia de una religión secular campesina, fuertemente materialist y transmitida por medio de la tradición oral, al menos hasta la aparición de la Contrarreforma, en los países católicos. Sirva como ejemplo del resultado -ya llego, por fin-, la imagen del queso y los gusanos: según Menocchio, Dios no había creado el mundo, sino que éste se habría generado a partir deun caos primigenio, semejante a la leche cuajada que da lugar al queso y del que habrían surgido el propio Dios y los ángeles, como los gusanos que aparecen en este queso. Imaginemos por un momento la cara que pusieron los señores inquisidores...

Quizás lo más interesante para nosotros, amigos y amigas bibliófilos y hasta bibliómanos, sea que buena parte de estas ideas, de su "corpus teológico", por así decirlo, proviniera de sus, si no abundantes, sí recurrentes lecturas, pues resulta que Menocchio era un lector voraz de los libros que caían en sus manos; sobre todo, el muy cristianó Florilegio de la Biblia, pero también el medieval libro de los Viajes de John Mandeville y el Decamerón. Y, probablemente, según Ginzburg, puede que también la Divina Comedia, De Trinitatus erroribus de Serveto (es decir, Miguel Servet) y hasta el Corán.  De esta heterogénea lista de lecturas y otras ( es notable, por cierto, la relativa abundancia de libros que circulaban por esa zona rural en aquella época si bien se encuentra cercana a Venecia), según el bueno de Menocchio había extraído sus ideas,"que habían nacido del aislamiento, por el solo contacto con los libros". Es decir lo mismo que le pasó a un famoso personaje de ficción  contemporáneo suyo, sólo que a don Alonso Quijano sus lecturas le impelieron a convertirse en caballero andante, mientras que al molinero friulano las suyas le sugirieron la aspiración de ser un profeta, nada menos.

De todas formas, el autor de este libro le resta importancia a la influencia de esas lecturas en el pensamiento de Menocchio, y considera que "(...) como hemos visto, él proyectaba sobre la página impresa elementos extraídos de la tradición oral"; es decir, de ese sustrato de creencias populares a las que Ginzburg concede la mayor importancia: "Es esa tradición, profundamente enraizada en la campiña europea, lo que explica la tenaz persistencia de una religión campesina intolerante ante dogmas y ceremonias, vinculada a los ritmos de la naturaleza, fundamentalmente precristiana. Era frecuentemente un auténtico extrañamiento del cristianismo (...)". Es más, para ilustrar esta tesis, también nos presenta dos casos contemporáneos al de Menocchio y más o menos análogos de otras regiones de Italia: el del poeta popular de Lucca llamado Scolio y el de otro molinero, Pighino Baroni, de la Romaña.

En cualquier caso y también independientemente de lo delirantes que nos puedan parecer estas u otras ideas religiosas (o todas), Menocchio  no deja de ser un mártir de la libertad de pensamiento y expresión. Porque -y  lamento si alguien considera esto como spoiler, pero, después de todo, hablamos de un caso que es Historia- y pese a haberse retratado y pasar unos años en prisión, nuestro molinero volvió a las andadas, expresando de nuevo en público sus heréticas opiniones, de forma que volvió a ser detenido y procesado por la Inquisición en 1599. Con la mala fortuna, esta vez, de ser condenado a muerte y ejecutado, casi a la vez que otro pensador heterodoxo mucho más conocido, Giordano Bruno, lo era en Roma. Y todo por tener unas ideas más o menos extravagantes, pero propias, consideradas heréticas y peligrosas por el poder, pero que hoy no llamarían la atención en las redes sociales entre tanto terraplanista, conspiranoico e illuminati varios (e incluso serían consideradas un ejemplo de mesura). Por suerte, en nuestra sociedad occidental ya no existe el peligro de ser procesado ni encarcelado por leer libros y sacar nuestras propias conclusiones es sobre la religión, por ejemplo, y expresarlas en público, y es es algo que ya no va a volver a pasar, ¿verdad? ¿VERDAD?

miércoles, 5 de julio de 2023

Esquilo: Prometeo encadenado

Idioma original:
 Griego
Título original: Προμηθεὺς Δεσμώτης
Traducción: Marcelino Menéndez y Pelayo
Año de publicación: Siglo V a.C.
Valoración: ¿Está bien?

Prometeo encadenado es una tragedia griega atribuida al dramaturgo clásico Esquilo. Se especula que podría formar parte de una trilogía teatral cuyas entregas restantes no se han conservado. 

Supongo que todos sabéis, más o menos, de qué trata; a fin de cuentas, se basa en un mito archiconocido. Aun así, resumámosla por si hay despistados en la sala: 

Prometeo da el fuego a los hombres, gracias a lo cual los mortales consiguen desarrollar sus artes y ciencias. Pero a los dioses (en especial a Zeus) les ofende su acción, y deciden castigarlo severamente, haciendo que Hefesto, pariente del titán, lo encadene a una roca. Cada día, un ave de rapiña devorará las entrañas de nuestro héroe, y estas se regenerarán después para que su martirio se repita.
 
Varios personajes aconsejan a Prometeo que se disculpe con Zeus, muestre sumisión y suplique clemencia, sin querer considerar que el castigo puede ser desproporcionado e incluso injusto. No obstante, el titán se niega en rotundo a claudicar; en parte, porque sabe que eso no le garantizará el perdón, y en parte porque sabe que en realidad no ha cometido ninguna falta.

En este sentido, Prometeo recuerda al orgulloso (que no necesariamente arrogante) Satanás de John Milton. A los lectores se nos impele a simpatizar con él. ¿Acaso no demostraba su desafío a los dioses un afán desinteresado y democratizador? De igual modo, Zeus remite al Dios bíblico del Paraíso perdido, en el sentido que es igual de despótico y vengativo, aunque todavía más arbitrario.

En definitiva, Prometeo encadenado es una obra que, como todas las tragedias griegas, habla tanto de dioses como del ser humano. Habla de la soberbia, del rencor, de la venganza, del dolor y de la injusticia. Habla del Poder, de sus abusos y excesos, amén de la dignidad irreductible de aquel que se sabe justo y está dispuesto a aceptar cualquier castigo que se le imponga a cambio de no tener que bajar la cabeza ante el déspota de turno. 

A su manera es bastante amena (especialmente si se lee en una versión cuyo lenguaje ha sido modernizado), pero tiene rasgos que pueden alejarla del público contemporáneo. Por ejemplo, su formato teatral, carente de acotaciones y repleto de diálogos redundantes o llenos de exposición. O su pertenencia a una narrativa más amplia (la de la mitología griega), lo cual presupone que el lector conoce a previamente un contexto panorámico y un elenco de personajes (Hefesto, Océano, Ío, etc...) que se introducen sin presentación alguna. 

En mi opinión, suscita reflexiones valiosas, pero como clásico ha envejecido bastante mal por culpa de su formato y tema, y en tanto que texto de ficción deja mucho que desear porque no ubica ninguno de los elementos que presenta.


También de Esquilo en ULAD: La Orestíada

jueves, 20 de abril de 2023

Paul Tremblay: La cabaña del fin del mundo

Idioma original: inglés 

Título original: The Cabin at the End of the World 

Año de publicación: 2018

Traducción: Manuel de los Reyes 

Valoración: recomendable 

A una cabaña perdida en los bosques de Nuevo Hampshire donde pasan unos días la pequeña Wen y sus padres llegan cuatro extraños portando unas no menos extrañas armas, comandados por el enorme y aparentemente benévolo Leonard, con el objeto de hacerles una insólita y aterradora propuesta. O con el objetivo de que la acepten de una manera u otra, en realidad, pues no dudarán en recurrir a la violencia para conseguirlo... Así comienza esta singular novela de home invasion en la que los asaltantes pondrán sus vidas en juego en la misma medida que los asaltados y... bueno, no debo contar más para no desvelar las sorpresas que guarda esta historia, aunque sí puedo decir que en ella destacan un ritmo y una organización narrativa que mantienen al lector pegado a sus páginas desde el comienzo al final.

Lo que sí puedo decir es que no sé hasta que punto podemos considerar ésta como una novela "de terror", por más que su autor sea uno de los más eximios representantes del género, a día de hoy. Desde luego que La cabaña... sabe crear inquietud y, sobre todo, tensión, incluso cómo causar cierta impresión con el recurso a una violencia casi -bueno, sin casi- gore, pero no estoy seguro de que los aficionados más acérrimos o puristas al terror queden totalmente satisfechos tras su lectura. Por otro lado, y aunque ya sea un tópico mencionar la influencia de Stephen King al hablar de esta clase de novelas (yo mismo, al menos, ya lo he hecho en varias ocasiones), pero en esta ocasión resulta inevitable, pues ésta es la que más me ha recordado a las novelas del Rey en mucho tiempo. Quizás no a uno de sus grandes libros de terror, los que le han servido para convertirse en el principal referente del género y, en gran medida, quien ha establecido un nuevo canon en el mismo (o, cuando menos, un nuevo patrón a la hora de contar este tipo de historias), pero sí una de sus obras "menores", de ésas que incluso han acabado siendo más populares, a raíz de su adaptación cinematográfica (ya veremos que ocurre, en este caso). Más allá de la ambientación en Nueva Inglaterra, la atención a los detalles cotidianos o domésticos y la introspección psicológica de los protagonistas son herencia suya, sin duda.

Releyendo los párrafos anteriores, temo dejar una impresión desdeñosa sobre esta novela, cuando en realidad ocurre todo lo contrario: no sólo me parece un thriller muy bien llevado, sino además una novela una novela que puede mover a la reflexión (si se quiere, claro) sobre ciertos temas que han devenido desinterés en este siglo XXI que muchos esperábamos de otra manera, como la prevalencia creciente de una visión religiosa e incluso agónica del mundo, frente a la racionalidad agnóstico, la importancia que debemos concederle a los conspiranoicos e illuminati varios sin que nos arrastren tras ellos a su marasmo de estulticia o el papel de la libertad e incluso el interés individual frente al colectivo, corresponda éste a una realidad o no...

No quiero acabar la reseña sin comentar un par de aspectos de la novela que, en cierto modo, quizás puedan ser considerados como spoilers, así que quien no quiera conocerlos tal vez debería detener su lectura aquí: por una parte, la forma de narrar de Tremblay, que no sólo va cambiando el punto de vista, según los personajes, sino que, en la última parte de la historia, alterna la tercera persona del narrador omnisciente con la primera del plural, incluso en el mismo párrafo. Esto puede parecer una elección arriesgada, más o menos vanguardista y que también obtiene un resultado más o menos logrado, hasta que al final de la novela se entiende la razón.

Algo parecido ocurre con la elección de los protagonistas, una pareja homosexual, Andrew y Eric, que puede que alguien interprete como una mera concesión al convencionalismo woke. Sin embargo, a mi modo de ver es una elección muy acertada por parte de Tremblay y según transcurre la narración y, sobre todo, al final de la novela, se entiende el por qué. Y ya está, no os doy más la brasa ; )

viernes, 18 de noviembre de 2022

Catriona Ward: La pequeña Eve

Idioma original: inglés

Título original: Little Eve

Año de publicación: 2018

Traducción: María Cristina Macía Orio

Valoración: recomendable si no esperas una historia de terror (aunque si la esperas, también)

Tremenda la novela que publicó Catriona Ward en 2018 (antes que La casa al final de Needless Street, aunque en España haya aparecido más tarde); tremenda la historia en sí y tremenda la forma de contarla, con una intensidad que hacía tiempo que no encontraba en una novela. De hecho, y aunque, sin duda, el libro me ha gustado, no podría precisar hasta qué punto, si mucho o poco, tan embebido de esa intensidad he quedado con su lectura, emborrachado, por decirlo así, de imágenes, giros narrativos, metáforas... En fin, toda una experiencia que resulta imposible que deje indiferente al lector.

Pero vamos con una pequeña sinopsis de la historia, para que se me entienda mejor: El segundo día de 1921 el carnicero de Loyal, un pueblo de la costa norte escocesa, descubre con horror los cuerpos de los habitantes del castillo de Altnaharra -menos uno-, mutilados y dispuestos dentro del círculo de un cromlech cercano. El castillo, que domina una isla junto a la costa, es propiedad de John Bearings, donde vive -o vivía- junto a unas mujeres y unos cuantos niños huérfanos que ha recogido de orfanatos cercanos o han sido abandonados allí. Digo niños cuando en realidad son niñas, salvo el joven Abel , de forma que Bearings reina sobre un pequeño gineceo que le adora como a un semidiós y al que ha inculcado unas creencias apocalípticas basadas, en parte, en las leyendas y mitología de las Highlands, hasta configurar un culto propio, que le tiene a él como centro. Vamos, una especie de familia Manson avant-la-lettre, para entendernos. 

La historia, con sus prolegómenos y las consecuencias del crimen, se nos va contando dando saltos temporales a lo largo de treinta años y  alternativamente desde el punto de vista de dos de las moradoras de Altnaharra -también de algún otro personaje-: la hermosa Dinah y su "hermana" Evelyn o Eve -sí, la del título, aunque éste también hace referencia a un ser de las leyendas escocesas, la Eba Muilur, que habita en el mar-; pero cuidado, no todo es lo que parece en un primer momento y quien lea esta novela irá variando su percepción de lo que ocurre a lo largo de la narración (algo que, por otra parte, parece ser el sello literario de Catriona Ward, o al menos resulta muy hábil en ello). Cierto que no es sólo la sorpresa en el desarrollo de la trama lo que convierte en fascinante a esta novela: es, sobre todo, la ambientación gótica en la que se desarrolla, la mezcla entre el género de terror (de aquella manera...  hay pasajes sin duda siniestros o fantásticos, pero no sé hasta  qué punto podemos considerarla una novela de terror al uso), al policiaco y al melodrama victoriano o post-victoriano. Así como a las imágenes perturbadoras que nos ofrecen o la riqueza, versatilidad y sensibilidad del estilo de Ward, de una calidad literaria más que notable.

De esta forma, y aunque reconozco que la trama tiene algunos giros algo forzados y algún que otro personaje que me ha chirriado un poco, creo que a nadie le resultará indiferente esta novela, de una intensidad y capacidad de fascinación mayores de lo habitual. Por mi parte, acabé el pasado año con la siguiente novela de esta escritora, La casa al final... y casi acabo éste con la anterior, La pequeña Eve. Como ya estoy convencido de que es una escritora a la que conviene seguir de cerca, quedo a la espera de que se publique la próxima, Sundial, para que vuelva a deslumbrarme, de forma paradójica, con su facilidad para envolvernos en la oscuridad.


Como me gusta más la cubierta inglesa que la de la edición española, pues os la pongo también...


También de Catriona Ward y reseñado en Un Libro Al Día: La casa al final de Needless Street

lunes, 7 de noviembre de 2022

Joshua Cohen Los Netanyahus

Idioma original: inglés

Título original: The Netanyahus

Año de publicación: 2021

Traducción: Javier Calvo

Valoración: está bastante bien


-¿Los Netanyahus? No sé quienes son esos, pero me suenan de algo...

-Normal, porque se trata de un apellido más que conocido: el del político (ultra)conservador israelí Benjamin "Bibi" Netanyahu, que ha sido en varias ocasiones primer Ministro.

_¿Ah, sí? Pues ni idea... yo es que no veo las noticias...

-Ya me imagino. Pues bien, los "Netanyahus" del título se refiere, en efecto, a  su familia y a él mismo, en este caso cuando era aún un niño y su padre Benzion trataba de ser contratado como profesor de Historia en EEUU.

-Humm, qué interesante... (disimula un bostezo).

-Puede parecer un tema no muy divertido, pero, sin embargo, esta novela sí lo es y mucho. Porque, para empezar, el argumento está basado en una anécdota que contaba Harold Bloom, el autor del controvertido canon literario (al menos en este blog): en cierta ocasión, dadas ciertas complicadas circunstancias, tuvo que hacer de anfitrión de la familia Netanyahu, que había acudido junto al pater familias a que éste impartiera una clase como profesor invitado en la universidad de Bloom... y digamos que la cosa no acabó tan bien como cabía esperar. La historia, al serle referida a Joshua Cohen, le sirvió a este para pergeñar esta novela, protagonizada aquí -y narrada- por el profesor Ruben Blum, historiador económico del Bronx neoyorquino que se ha trasladado con su familia a la pequeña universidad de Corbin, en el norte... no, perdón, en el oeste del estado. Allí es donde, en 1960, también pretende ser contratado el doctor Netanyahu, historiador especializado en la Inquisición ibérica y, puesto que por aquel entonces Blum es el único profesor judío del campus, se le pide que forme parte del comité de contratación y, además, sea el anfitrión del israelí. Lo que se vuelve una gran complicación cuando éste aparece en medio de una gran nevada, junto a su enérgica esposas Tzila y sus tres asalvajados hijos varones (Benjamin es, paradójicamente el del medio).

Como ya he dicho, la novela resulta muy divertida porque el tono empleado por Cohen es, en todo momento -o casi- humorístico. En realidad, más de la mitad del libro se centra en las cuitas del profesor Blum: laborales -pues aún no ha sido hecho profesor titular de la universidad y debe andarse con pies de plomo-; familiares -tanto en lo que se refiere a su tozuda hija adolescente como a la injerencia de sus padres y suegros, judíos neoyorquinos todos, pero de diferentes orígenes y clase social-; pero también "existenciales", por así decirlo. Blum es un tipo modesto e inseguro, quizá incluso un tanto pusilánime y se ve obligado a afrontar con⁹ sus limitados recursos tanto los prejuicios a su condición de judío como su escasa consideración como historiador. Algo que contrasta sobremanera con la arrogancia autoconfianza del doctor Netanyahu, sionista militante e "innovador" en sus estudios históricos -por limitada que fuera su formación-, estudios que él además pone al servicio de la causa sionista y de su concepción de lo que debe ser Israel. Algo que queda más que evidente en la segunda mitad del libro, cuando aparece la familia Netanyahu -aunque anteriormente ya hemos conocido bastante la figura del padre a través de un par de cartas hablando de él que le son enviadas a Blum-; a partir de este momento, la sonrisa que la ironía de Cohen había plasmado en el rostro del lector (de este lector, al menos) deja paso, en más de una ocasión, a la franca risa, cuando comprobamos que el desastre puede acechar en cualquier recodo del camino -más aún si se encuentra cubierto de nieve-... o, como bien expresa cierto dicho, "el diablo está en los detalles".

En resumen, una novela de campus bastante divertida, aunque tal vez podría ser más vitriólica, en la que se da un cierto repaso, entre otras cosas, a las formas que adopta o ha adoptado la "juidicidad" (no sé si existe el palabro), esa circunstancia cultural/religiosa que, no lo olvidemos, ha nutrido la literatura de tantos y tan buenos escritores. De forma más sutil, también quizás más profunda, es una novela sobre cómo ocupamos nuestro lugar en el mundo y, sobre todo, cómo fingimos que merecemos ocupar ese sitio o el que aspiramos a ocupar. Y, sobre todo, sospecho que será un libro que le dificulte a Joshua Cohen la posibilidad de visitar Israel en un futuro, ahora que Bibi ha vuelto a ganar las elecciones. En cualquier caso, yo no me arriesgaría...

viernes, 23 de septiembre de 2022

Reseña + Entrevista: Feminismo e islam. Una ecuación imposible, de Waleed Saleh

Idioma original: Castellano
Año de publicación: 2022
Valoración: Recomendable para interesados (aunque algo obvio)

Feminismo e islam. Una ecuación imposible es un ensayo de Waleed Saleh. Demuestra, recurriendo a las enseñanzas del Corán y la Sunna, cómo el islam considera que la mujer es inferior al hombre. También detalla cómo la cultura islámica, valiéndose de su religión, discrimina, infantiliza, veja y maltrata a las mujeres. 

El libro consta de seis capítulos. Los dos primeros barajan información que ya conocía, mientras que los cuatro restantes ofrecen datos y reflexiones que, en su extensa mayoría, ignoraba. 

Me ha gustado el estilo de Saleh. A veces tiene cierta tendencia a la reiteración, y en ocasiones empaña su argumentación con alguna que otra salida de tono, pero el conjunto está correctamente estructurado, profusamente ilustrado con ejemplos y goza de un saludable sentido del humor.       

Por todo lo dicho, recomiendo Feminismo e islam. Una ecuación imposible. Incluso para las personas que, en líneas generales, ya sabían lo aquí expuesto, me parece que el libro de Saleh supone una aportación valiosa. A fin de cuentas, resume magistralmente todas las injusticias que el islam depara a las mujeres, amén de las múltiples contradicciones e incongruencias que su lógica interna cobija.   


***********************


A continuación adjuntamos un pequeño cuestionario que Waleed Saleh ha respondido con suma amabilidad:

ULAD: Algunos críticos del modo en que el islam trata a las mujeres ensalzan, en cambio, al cristianismo. ¿Crees que hay una diferencia significativa en cómo esta última religión percibe a las mujeres? Te lo pregunto pese a saber que, para ti, «El feminismo es un movimiento (...) liberal y laico», y pese a saber que la pensadora Mona el Tahawy asegura que «Todas las religiones monoteístas están atravesadas por el conflicto entre lo divino y lo femenino, pero ninguna tanto como el islam».  

WS: La mujer en las tres religiones monoteístas es considerada inferior al hombre. El Antiguo Testamento así la vio, la Biblia siguió esta tradición y el islam heredó buena parte de esas consideraciones. La diferencia entre el cristianismo y el islam, en cuanto a la mujer se refiere, es que el cristianismo ha dejado en gran medida en la actualidad las enseñanzas bíblicas que limitan los derechos y las libertades de las mujeres. En cambio, en las sociedades musulmanas su discriminación se manifiesta en las costumbres sociales, en las leyes, en los códigos de la familia y en otros muchos ámbitos. Sucede lo mismo en los sectores ortodoxos de las sociedades de religión judía.

ULAD: ¿Consideras que la visión que los países de mayoría musulmana tienen de la mujer puede acabar extendiéndose por otras latitudes? Imagino que sí, pues dices, por ejemplo, que «El territorio europeo tampoco se ha salvado de estas consideraciones», o que el islam intenta «influir en sociedades pertenecientes a otras religiones o simplemente laicas para cambiar su modo de vida».

WS: Los individuos y grupos conservadores, incluso los que se conocen como "comunidades musulmanas" afincadas en países donde no existen mayorías musulmanas, intentan llevar las prácticas y costumbres que marginan a la mujer a los países de acogida. Algunos padres obligan a sus hijas a llevar el hiyab, no permiten que participen en actividades deportivas, especialmente la natación o hacer excursiones con los compañeros de clase. Esta actitud perjudica a la alumna porque la aísla y la excluye del resto de los alumnos y tiene unas consecuencias negativas para su crecimiento y su formación.

ULAD: ¿A qué se debe el desconocimiento occidental de las mujeres relevantes en la lucha contra la tradición islámica?

WS: El mundo occidental, lamentablemente, se ha preocupado por sus intereses en su relación con los países de mayoría musulmana. Intereses políticos y económicos. No ha tenido reparo en aliarse con dictaduras y sistemas antidemocráticos para garantizar estos intereses. El mundo político, incluso el académico, se ha sentido más cómodo con las clases conservadoras del mundo árabe e islámico que con los liberales y librepensadores. Muchos ciudadanos a nivel individual y grupal luchan contra las normas y las leyes injustas en sus países, pero su labor apenas tiene eco en los países occidentales porque o bien son ignorados o tratados con indiferencia.

ULAD: A tu juicio, ¿qué podemos hacer desde Occidente para ayudar a que la igualdad entre sexos se instale en países regidos por el islam? 

WS: Occidente puede hacer mucho. Puede apoyar a las organizaciones civiles, liberales y laicas. A las asociaciones feministas que luchan para conseguir la igualdad entre los sexos y para abolir las leyes que perjudican la vida de la mujer. Los gobiernos pueden actuar regidos por la ética en sus relaciones con los gobiernos de estos países. Pueden presionarlos condicionando su cooperación si no mejoran las condiciones de vida de la mujer. No venderles tecnología o armas antes de introducir los cambios necesarios para la eliminación de todo tipo de desigualdades que afecta seriamente a la mujer y su rol en la sociedad. En definitiva, exigir medidas democráticas porque la situación de la mujer está vinculada intrínsecamente a la democracia.

ULAD: Cito a Sophie Bessis para lanzarte a ti sus inquietudes: «¿Cómo librarse del yugo de una tradición establecida por el discurso religioso que asfixia a todos, hombres y mujeres por igual, aunque los primeros tuvieran el poder? ¿Cómo independizarse de un Dios al que se había privado de espíritu y se había convertido, con el paso de los siglos, en un meticuloso escribano de lamentables prohibiciones?»

WS: Los sistemas políticos en la mayoría de los países árabes y de mayoría musulmana hacen que tanto hombre como mujeres sufran por la falta de libertades, de derechos y de igualdad en las oportunidades. Pero lo cierto es que la mujer sufre más por ser víctima de algunos valores religiosos y sociales que se traducen en forma de trato en el hogar o en la calle, en las leyes y los estatutos personales. El poder de la religión representada por sus guardianes tiene mil y una forma para controlar a la sociedad, explotarla emocional, económica, política y socialmente. Por lo tanto, para liberarse del yugo de todas estas fuerzas solo queda la lucha generalizada y prolongada para conseguir el cambio deseado.

lunes, 29 de agosto de 2022

Andrea Camilleri: La secta de los angéles

Idioma original: italiano

Título original: La setta degli angeli

Año de publicación: 2011

Traducción: Juan Carlos Gentile

Valoración: más que recomendable

Última novela publicada hasta la fecha en España de don Andrea Camilleri -aunque la original es de 2011-, en la que abandona su habitual escenario de la ficticia localidad de Vigatà para ambientar la acción en otra llamada Palizzolo, similar en muchos aspectos, pero con ciertas características propias:

"Pueblo de siete mil habitantes, situado justo en el centro de grandes latifundios, en 1901 Palizzolo presumía de contar con dos marqueses, cuatro barones, un duque de ciento dos años que ya no salía del castillo y un mártir antiborbónico, el abogado Ruggero Colapane, ahorcado en la plaza pública por su adhesión a la República partenopea. 
Pero su mayor orgullo eran las ocho iglesias, cada una provista de un campanario y de campanas tan potentes que cuando sonaban todas juntas era como si hubiera un terremoto."

En este pueblo, en ese principio del siglo XX se desata una curiosa epidemia -no desvelaré los detalles, pero parece afectar sólo a mujeres jóvenes y guapas-, cuya explicación buscará una pareja de peculiares investigadores: el abogado y periodista Matteo Teresi y el capitán Montagnet, de los Reales Carabineros. Ambos, por una causa u otra -por anticlerical y contestatario uno, por piamontés el otro-, ajenos a las fuerzas vivas del pueblo y sus dinámicas de poder, claves en toda esta novela y que Camilleri expone, ridiculiza y deplora, por más que se trate, aparentemente, de una historia de ficción.

Digo que en apariencia porque la novela está basada, de forma más o menos directa, en un suceso similar ocurrido en la localidad de Alia y en el que también tuvo un papel destacado el auténtico Matteo Teresi, farmacéutico, abogado y luego escritor siciliano que acabó emigrando a EEUU y a quien Camilleri pretendió rendir un homenaje con esta novela. Novela que, siguiendo el característico estilo de este autor, mezcla eldrama y la denuncia -en este caso, de los abusos ha cia las mujeres y los chanchulloos propios de las clases dominantes parasortear lalegalidad y que lasrelaciones de poder en la sociedad siciliana no cambiaran-con un gran sentido del humor que hace que el libro se lea con una sonrisa casi permanente y, en más de una ocasión, a carcajada limpia. Cierto que es un sentido del humor que puede bordear lo soez (la mediterraneidad tira mucho) e incluso suena un tanto a señoro de otra época, pero hay que reconocer que eficaz es y, después de todo, supone la "marca de la casa" y un elemento imprescindible para que su narrativa resulte especialmente corrosiva.

Porque, además, a don Andrea, que Dios (o el diablo) tenga en Su Gloria, hay que perdonarle todo y más en una novela como ésta, que resulta ser de las más "sciascianas" de su producción (como dice un amigo mío, Camilleri venía a ser como Sciascia, pero en menos fino); aquí también, como en El consejo de Egipto o A cada uno lo suyo, hay un siciliano bienintencionado y abierto de mente que trata de cambiar o al menos cuestionar la sociedad en la que vive, pero la maquinaria de ésta le pasa por encima. Aquí también, como en El día de la lechuza, hay un representante de la autoridad venido de fuera que parece no entender la idiosincrasia del país, y acaba comprendiéndola demasiado bien... Y, al igual que en los libros de Sciascia, en general, pero también en los del propio Camilleri encontramos todo un panorama casi felliniano (o sorrentiniano, diríamos ahora) de la sociedad en la que nacieron y sus más conspicuos representantes: nobles, burgueses y próceres -reunidos en el Círculo del Hogar y la Familia-, mafiosos, sacerdotes, obispos, jueces, carabinieri, bandoleros, aparceros, criadas, gentes del pueblo llano... todo un sinfín de personajes que giran y se entremezclan en un carrusel, en una danza tragicómica que provoca tanto la risa como el llanto. Y viceversa.

Muchos más libros de don Andra reseñados: aquí

sábado, 25 de junio de 2022

Voltaire: Tratado sobre la intolerancia

Idioma original:  francés
Título original: Traité sur la tolerance
Año de publicación: 1763
Traducción: Mauro Armiño
Valoración: recomendable

En 1762, sucedió en Toulouse el caso de Jean Calas: un comerciante éste de religión protestante que tuvo la desgracia de que uno de sus hijos se suicidara; pero además, debido a la acusación de los sectores más católicos de la ciudad, toda la familia Calas fue acusada de haberle asesinado porque el joven quería cambiar de religión (hacia el catolicismo, se entiende).  Al final, el padre, jean, asumió toda la "culpa" para exonerar a su familia y fue ejecutado por ello, para alborozo de la multitud tolosana. En cambio, en la al parecer más laica y moderada París, adónde  se dirigió su viuda para reclamar justicia al monarca, el asunto causó una gran indignación, al menos en los círculos ilustrados a los que pertenecía e incluso podríamos decir que lideraba Voltaire y motivó que redactara este Tratado sobre la tolerancia. (*) 

En su obra, Voltaire, con esa claridad expositiva y estilística que le caracteriza (y de la que no solo deberían haber aprendido muchos de sus contemporáneos, sino también no pocos ensayistas actuales), pasa revista al caso de Jean Calas, se lamenta de la injusticia cometida y critica con dureza a quienes considera responsables. A partir de ahí, Voltaire se lanza a una disquisición sobre el concepto de tolerancia, su pertenencia al derecho natural o divino (según él, pertenece al primero, claro, excepto en el caso del judaísmo), sus posibles peligros, etc. y sobre la evolución de las leyes y costumbres a lo largo de la Historia, examinando la actitud de los antiguos griegos y romanos -en el caso de los mártires cristianos, Voltaire atribuye su persecución más a la actitud exaltada e irrespetuosa de éstos que a la intransigencia romana-, para pasar luego a loar la gran tolerancia que muestran, según él,  los fieles de otras religiones, como los mahometanos y, sobre todo, los judíos (si viviera hoy, a monsieur Arouet le daba un pasmo), en contraste con lo que ocurre entre los cristianos...

Aquí es donde ya Voltaire se suelta y emprende una diatriba sobre la falta de tolerancia de que ha hecho gala el cristianismo (recordemos que un siglo antes su país se había desangrado en las guerras de religión), independientemente de la rama que se profese; muy divertida resulta, por cierto, la fábula sobre un mandarín chino que trata de mediar en las disputas entre un jesuita, un luterano y un reformista holandés. Arremete, de paso, contra las indulgencias papales, las supersticiones populares -"La superstición es a la religión lo que la astrología a la astronomía: la hija muy loca de una madre muy cuerda (...)"-, cualquier dogmatismo -"Cuanto menos dogmas, menos disputas y cuanto menos disputas, menos desgracias; si esto no es verdad, estoy equivocado"-; usa la ironía tanto contra jesuitas como jansenistas, etc. Todo ello echando mano no sólo del razonamiento lógico, sino también deun gran sentido del humor, por medio de ejemplos, anécdotas, aforismos y otros recursos que consiguen hacer aflorar la sonrisa, pese a la gravedad del tema. Para acabar, o casi, con una oración a Dios en la que le pide que los humanos nos ayudemos unos a otros, por encima de nuestras diferencias, respetando las mil formas de adorar a ese dios al que se dirige cada cual.

Como podemos suponer, muchos de los ejemplos y referencias que cita Voltaire no le serán ya familiares a la gran mayoría de sus lectores actuales y tampoco entre nosotros, o al menos es lo que sucede en Europa, tiene tanto peso la religión como antaño (cabe preguntarse hasta cuándo, en todo caso9; aún así, la lectura de este tratado sigue resultando conveniente y sus conclusiones de lo más pertinentes en esta época en la que al integrismo intolerante de algunos existe la tentación de oponer una intolerancia de signo contrario (o no tan contrario... quizás se trate de los mismos perros con distintos collares). pero no perdamos la esperanza: recordemos que este libro tuvo en Francia un inesperado éxito a raíz de los atentados de Charlie Hebdo, multiplicándose por doce suis ventas... ojalá lo leyese todo el mundo sin necesidad de que ocurra algo así.

(*) De la que, por si a alguien le interesa, se publicó una versión reducida en la célebre colección Great Ideas de Penguin, titulada Contra el fanatismo religioso.

También de Voltaire y reseñado en Un Libro Al Día: Cándido o el optimismo

martes, 26 de enero de 2021

Semana del ensayo #2: Las barbas del profeta, de Eduardo Mendoza

Idioma: español

Año de publicación: 2018

Valoración: Está bien

Ya he reseñado en este sacrosanto blog varias obras de Eduardo Mendoza y, tras la última vez que lo hice, con la no demasiado destacable El rey recibe, pensé que ya se había convertido un autor al que, si bien seguiría leyendo, lo haría con menos afán que en otras épocas y sin demasiadas ganas de reseñarlo. No obstante, recientemente se ha publicado en España, en su editorial de siempre y tras haber aparecido hace pocos años en la célebre Fondo de Cultura Económica mexicana (*) este libro que ha despertado de nuevo mi interés. 

En esta ocasión no nos encontramos con otra novela o incluso con una obra de teatro, como alguna que ha escrito Mendoza, sino con un ensayo -más o menos-, repito que publicado hace tres años. El libro, ya de por sí inusual en este autor, trata además, o al menos en apariencia, sobre la religión cristiana, aunque en realidad el tema auténtico del que se ocupa sea la ficción, y no me refiero a que toda religión no deje de ser una ficción (bueno, vale, todas menos una... la que más os guste), sino que para Eduardo Mendoza uno de los primeros contactos que tuvo con la ficción (que luego se convertiría en la materia de su oficio) y según él el único que tuvo en el colegio, fue la clase que entonces se impartía en la enseñanza española, de Historia Sagrada: un compendio de escenas y personajes bíblicos, la mayoría sacadas, ciertamente, de las Sagradas Escrituras, aunque también en algún caso, de textos apócrifos, aunque a los niños de la España nacionalcatólica se les explicaban por igual.

Ya digo que. según Mendoza, esta Historia Sagrada supuso el único contacto y delectación que aquella educación franquista permitía con el mundo de la ficción -desde luego, mucho más que la clase de literatura en sí- y, sobre todo, en lo que se refería al emocionante Antiguo Testamento, pues el Nuevo -o mejor dicho, los Evangelios, puesto que del colorido Apocalipsis, sin embargo, poco se veía- a él le resultaba una sossada, en comparación con los vigorosos personajes, extraordinarias situaciones e imaginativos giros argumentales -no siempre comprensibles, también hay que decirlo- que pueblan el Antiguo Testamento. Mendoza se detiene así en episodios tan conocidos y jugosos para un narrador como los de adán y Eva, claro está; sus hijos Abel y Caín -el primer antihéroe de la Historia... al menos la Sagrada; el diluvio universal; la Torre de Babel (siempre de actualidad, o, si no, miremos lo que ocupa y preocupa a muchos políticos españoles); las vicisitudes de Abraham, su hijo Isaac (vícitmas de la broma más pesada que se recuerde) y su nieto Jacob - sin olvidar al burlado Esaú-,; las desventuras de los judíos en Egipto, con José y Moisés como líderes escogidos por Yahvé; los reyes David y Salomón, una vez establecido el reino de Israel, y también otros personajes igual de sugerentes y que han dado mucho juego narrativo posterior, como el forzudo Sansón, Jonás y su ballena, el profeta Daniel, la casta Susana, etc.

Tampoco es que Mendoza haga aquí un análisis histórico o religiosos -aunque sí, aunque somero, de la iconografía- y mucho menos exhaustivo, de todos estos personajes y pasajes de la Biblia; lo que a él le interesa, ante todo, es su carácter de personajes de ficción, forjadores de arquetipos literarios y del gusto por la narrativa que caracteriza a este escritor. En este sentido, pues, sí que comenta los aspectos más sugerentes y los puntos débiles, las contradicciones de cada una de las historias que componían esta Historia con mayúsculas pero ya he mencionado que no lo hace pormenorizadamente, por lo que quizá sea un poco excesivo calificar a este libro de ensayo, o, en todo caso, lo es de una forma bastante sui géneris (aunque tampoco se me ocurre de que otro modo calificar al libro)... Un ensayo muy ligero y, desde luego, atravesado en todo momento por ese sentido del humor que caracteriza a este autor; eso sí, que tampoco espere nadie partirse de risa con episodios de una comicidad desopilante: lo que hay en este libro es esa ironía con freecuencia camuflada de ingenuidad que tan bien maneja Eduardo Mendoza. Que tampoco es para menos, con semejante tema, aunque podamos pensar, con cierta lástima, que éste le hubiera dado para más, en otro tiempo...


(*) Nota post-reseña: Como puede comprobar quien lea los comentarios a esta reseña, uno de nuestros lectores me ha señalado un error que me he apresurado a corregir; al parecer, este libro no fue publicado por el mítico Fondo de Cultura Económica de México (que ya me parecía algo raro), sino por su filial en España. 


Un porrón de libros de Eduardo Mendoza reseñados: aquí