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viernes, 13 de noviembre de 2020

Ray Bradbury: La feria de las tinieblas


Idioma original: inglés

Título original: Something Wicked this Way Comes

Año de publicación: 1962

Traducción: Joaquín Valdivieso Navarro

Valoración: sin duda, recomendable



El pasado 23 de octubre me sumé a una iniciativa tuitera que consistía, sencillamente, en ponerse a leer esa misma noche y cuanta más gente a la vez mejor, esta novela de Ray Bradbury, La feria de las tinieblas, sin más razón que el que la acción de la misma comienza, justamente, la tarde-noche de un 23 de octubre, en una pequeña ciudad norteamericana, cuando dos chavales , de 13 años, amigos y vecinos, Will y Jim, reciben la visita de un curioso vendedor de pararrayos... Esa misma noche tormentosa, una feria de aire misterioso se establece a las afueras de la ciudad. Tal feria, dirigida por los inquietantes señores Cooger y Dark -a.k.a. El Hombre Ilustrado, por estar cubierto de tatuajes, no por saberse de memoria la Enciclopedia de D'Alambert- cuenta con toda una serie de "monstruos" o "extraños": el Hombre Esqueleto, la Bruja del Polvo, Cabeza de Alfiler, etc. además de con otras atracciones típicas, como el consabido Laberinto de Espejos o, sobre todo, un peculiar tiovivo que acaba por revelarse como el eje alrededor del que gira, y nunca mejor dicho, toda la trama... Por resumir ésta sin desvelar demasiado, diré que los chicos se enteran de cierto escabroso secreto relacionado con la feria, lo que les pone en grave peligro y acaban recurriendo al señor hathaway, padre de Will y conserje de la Biblioteca pública -comento esto porque ese lugar tiene cierta importancia en la historia y además creo que fue un bonito detalle y sin duda un guiño de Bradbury hacia su propia infancia y juventud lectora-; no contaré más, pero sí os aseguro que la novela está llena de momentos de suspense, y de imágenes de lo más sugestivas, de las que cuesta borrarse de la memoria...

No he frecuentado demasiado a Ray Bradbury y cuando comencé a leer esta novela recordé el motivo: el estilo de su prosa me resultaba excesivamente enfática, poética cuando no hacía falta y elusiva o elíptica cuando menos aún... o al menos así me lo pareció al comienzo del libro, cuando lo que se narran son hechos cotidianos, "normales" dentro de un orden; sin embargo, la sorpresa para mí ha sido que, cuando la trama del libro comenzaba a comenzaba a acelerar el ritmo, hasta llegar a ser trepidante y el trasfondo, completamente fantástico, este estilo, que yo había pensado que no serviría para contar semejante tipo de historias, funciona a las mil maravillas y no chirría las metáforas, símiles, hipérboles y demás recursos esdrújulos que despacha el autor con no poca generosidad. Ni tampoco el lirismo que hace presencia a lo largo de casi toda la narración... Ya digo, una sorpresa de lo más agradable, sin duda.

Aparte de ser una estupenda historia de aventuras juveniles y una refrescante variación en el género del terror (al menos, seguro que lo fue en su momento), se le puede encontrar algún otro significado a esta novela. Por supuesto, es una representación  de la sempiterna lucha entre el bien y el mal o, más sutilmente, entre la firmeza en hacer lo correcto y la tentación de sucumbir a la debilidad, que quien más quien menos, todo el mundo  sufre en su interior... Pero el verdadero tema de fondo, me parece a mí, es el tiempo y sus servidumbres; el transcurrir del tiempo que, por lento o por rápido, obsesiona a varios de los personajes de la novela -para empezar, el padre de Will, a quien, por insólito que nos pueda parecer ahora, aunque no lo fuera tanto en 1963, se le considera ya viejo a sus 54 años-; el avance inexorable de un enemigo, de una amenaza mayor y más cierta que cualquiera que se pueda esconder en la Feria de las Tinieblas.

Nota: Esta novela fue llevada al cine al menos en 1983 (creo que hay otra versión más reciente o se pretendía hacerla, al menos), con guion del propio Bradbury y del británico John Mortimer, quien, como curiosidad, se parecía bastante físicamente al escritor norteamericano, lo que supongo provocaría muchas chanzas y confusiones divertidas (o no, yo qué sé)... También es fácil rastrear la influencia de esta novela en otras películas como Big, El circo de los extraños (basado en una saga de libros de Darren Shan) o en algún episodio que otro de Expediente X.

Otros títulos de Ray Bradbury reseñados en Un Libro Al Día: Fahrenheit 451Crónicas marcianas

sábado, 22 de mayo de 2010

Colaboración: Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, de Tim Hamilton

Idioma original: inglés
Título original: Ray Bradbury’s Farenheit 451. The Authorised Adaptation.
Año de publicación: 2009
Valoración: Muy recomendable

Es posible que muchos de vosotros hayáis participado en la última encuesta de ULAD. Sus resultados, vuestros votos, muestran claramente que la novela sigue reinando en vuestras mesillas de noche, en los trayectos en metro a la universidad o al trabajo, en las soporíferas esperas en las consultas médicas, en la vida del lector standard. Está bien, seguimos leyendo novelas. Seguimos leyendo, a secas, lo cual es todo un logro en esta sociedad-web 2.0 repleta de imágenes y de “cortaypegas wikipédicos”.

Es por ésta y por alguna otra razón escondida que me vino a la cabeza la obra de Ray Bradbury Farenheit 451. Pero no la novela. Pensé en el cómic, que anda un poco a la zaga en esta encuesta pero que apunta maneras. Y es que Tim Hamilton, cuya carrera en el mundo del tebeo se remonta a la década de los ochenta, ha adaptado recientemente esta obra icónica y siempre reveladora, eso si, con el consentimiento del autor original, que nos la describe así: “lo que el lector tiene ante sí es el rejuvenecimiento de un libro que una vez fuera una novela corta que una vez fuera un relato corto que una vez fuera un paseo por una manzana, un muerto viviente en un cementerio y la caída final de la casa Usher”. En fin, si este canto de sirena no os atrapa, poco me resta decir, sinceramente.

El caso es que Hamilton, quien por cierto también acaba de adaptar La Isla del Tesoro de R.L. Stevenson en forma de novela gráfica, plasma en imágenes magníficamente este libro, del que supongo baste decir que tiene como tema el replanteamiento vital que sufre un bombero que se dedica a provocar incendios con libros en lugar de apagarlos. Un espíritu libre, encarnado en el personaje de Clarisse, le hará caer en una crisis ontológica tremenda, llevándole a cuestionarse los cimientos de la sociedad censuradora y coercitiva en la que viven estos zombies a los que asusta tremendamente pensar por sí mismos.

Como suele ocurrir en el sempiterno debate en torno a las novelas convertidas en películas, en casos como éste pasa algo similar. Comparar el trabajo de Hamilton con el original es una golosa tentación en la que irrevocablemente caeremos todos. ¿Capta este cómic la grandeza del original? ¿Es suficientemente evocador y a la vez gráfico como para despertar las mismas emociones? ¿Es su deber hacerlo? ¿Ha de ser fiel o puede permitirse licencias? ¿Entenderá bien el lector la novela gráfica sin haber pasado por el training de Bradbury y/o las imágenes de Truffaut? No sé a vosotros, pero este tipo de cuestiones me aburren soberanamente. Sobre todo, cuando tengo claro lo esencial: que me gusta. Y así es en este caso.

Ver en imágenes lo que mi imaginación esbozó en su momento ha sido una sensación preciosa. No sé reseñar tebeos, como no sé poner palabras a la música, pero sí puedo transmitiros una invitación que el mismo Bradbury nos lanza en la introducción que ha escrito a estas páginas: “me gustaría sugerir que todo aquel o aquella que lea esta introducción se tome un tiempo para escoger el libro que más le gustaría memorizar y proteger de cualquier censor o ‘bombero’. Y no sólo escogerlo, sino dar las razones de por qué querría memorizarlo y de cuál es el valor por el que debería recitarse y recordarse en el futuro. Creo que si mis lectores se reúnen y hablan de los libros que han escogido y memorizado pueden producirse encuentros muy entretenidos”. Autores de ULAD, creo que en estas palabras tenéis el tema de la siguiente encuesta…

¿Os imagináis un mundo sin libros?

Firma invitada: Naiara

Reseña del libro original de Bradbury, aquí.

martes, 11 de agosto de 2009

Ray Bradbury: Crónicas marcianas

Idioma original: inglés
Título original: The Martian Chronicles
Fecha de publicación: 1946
Valoración: imprescindible

Hace poco se han cumplido 40 años desde que el ser humano pisó la Luna por primera vez. Una carrera armamentística apenas sublimada terminaba así, y convertía nuestro satélite en terreno de conquista. La Luna, que había perdido hace tiempo el favor de los ritos, perdió también entonces la atención de los poetas románticos. Sólo la relativa lejanía la salva hoy de la especulación inmobiliaria. A cambio, le destinan su cháchara torpe los amantes conjurados del monstruo del Lago Ness.

Parece que no hay remedio: el hombre hace poesía mientras sólo puede mirar; en cuanto toca el objeto de sus deseos, empieza a hacer prosa, y de la peor. Algo así tenía en mente Ray Bradbury cuando escribió este clásico de la ciencia ficción. Lo hizo recién acabada la Segunda Guerra Mundial, cuando la fe en la humanidad se hallaba por los suelos. Quizá lo que más sorprende y cautiva de las Crónicas marcianas sea precisamente su desesperanza, su bella desesperanza. Mi edición cuenta con un prólogo escrito por Borges, que hace notar la peculiaridad de este libro: el autor narra la conquista de Marte por los seres humanos, un tema sin duda destinado a la épica, y, sin embargo, lo que escribe es una elegía.

Bradbury cuenta cómo Marte es conquistado por una humanidad que escapa de la estupidez y la injusticia que colman la Tierra. No obstante, el primer empeño de los hombres que pisan el planeta rojo consiste en reproducir al detalle su vida terrícola. Una marea de puestos de salchichas, letreros de neón y casitas adosadas hace retroceder los últimos restos de la sutil civilización marciana hacia el silencio de sus ciudades muertas. Los marcianos, que se muestran amenazadores en los primeros relatos, se van revelando como seres delicados y sabios a medida que avanza el libro. Sus facultades hipnóticas y telepáticas, por ejemplo, sirven al autor para deparar un fin espeluznante a la tercera expedición de terrícolas y, hacia el final, para narrar con tristeza el destino cruel de uno de los últimos nativos supervivientes.

El libro depara algunos pequeños placeres al lector contemporáneo. Bradbury sitúa el comienzo de las expediciones en 1999 y la fecha ha resultado demasiado temprana. En otros puntos, en cambio, la técnica ha dejado atrás las esforzadas fantasías del autor. Uno no puede dejar de sonreír ante su ingenua visión de una vivienda domótica, a base de fuelles, bobinas y carretes. O no podría, al menos, si la narración no estuviera impregnada de una punzante belleza melancólica. Valga este pasaje como muestra:

Noche tras noche, año tras año, la mujer, sin ningún motivo, sale de la casa y mira largamente el cielo con las manos en alto, mira la Tierra, la luz verde y brillante, sin saber por qué mira, y después entra y echa al fuego un trozo de leña, y el viento sigue soplando y el mar muerto sigue muerto.
1946 fue sin duda un mal año para la épica. Pero no creo que nuestro tiempo sea más propicio a este género: hemos perdido la fe y el orgullo necesarios. La obra de Bradbury mantiene, por eso, toda su actualidad.

También de Ray Bradbury en ULAD: Fahrenheit 451

viernes, 31 de octubre de 2025

Ray Bradbury: El árbol de las brujas

Idioma: inglés

Título original: The Halloween Tree

Año de publicación: 1972

Traducción: Matilde Horne

Valoración: entre recomendable y está bien

Sé que para muchos de vosotros/as la fiesta de Halloween es ya algo tan tradicional como la de la patrona de vuestro pueblo (esto no va por vosotros, amigos/as de  México; no es de extrañar, después de décadas viendo en películas y series de televisión cómo los norteamericanos se los pasaban pirata, mientras que en España la costumbre era ir a ver una representación del tenorio y, al día siguiente, al cementerio a limpiar las tumbas de los parientes fallecidos (evidentemente, no hay color, no le estoy recriminando a nadie la adopción de costumbres foráneas, teniendo en cuenta, además que la hibridación cultural puede producir resultados de lo más interesante). Vale, ya sabemos, por tanto, lo de los disfraces, las calabazas y los caramelos, pero, ¿de dónde viene, exactamente, la fiesta de Halloween, el Día de los Muertos, la Noche de Brujas, Todos los Santos o como queramos llamarla? Pues eso es lo que trata de enseñarnos Ray Bradbury con esta novelita. O enseñar a los chavales, más bien, puesto que se podría decir que es una novela eminentemente juvenil.

Resumen resumido: un grupo de chicos de un pueblo de Illinois salen a pedir dulces la noche del 31 de octubre. Se queda, sin embargo, el más popular de todos ellos, llamado Joe Pipkin, que no se encuentra bien y les cita para más tarde en un caserón de las afueras con pinta de casa encantada. Allí, además de encontrarse el fabuloso Árbol de las Brujas que da título al libro,  reside el enigmático y asombroso señor Mortajosario quien les llevara en un viaje a través del tiempo para conocer los orígenes de la celebración de esa noche, además de buscar al desaparecido Pipkin. Un viaje fantástico y, por momentos, aterrador que puede considerarse como iniciático o de crecimiento, aunque en la novela los protagonistas pasen de ser niños a... seguir siendo niños (aunque más conscientes). Por eso el libro podría entrar en la categoría de "categoría juvenil", sin que ello impida que cualquier adulto pueda disfrutar sobremanera con su lectura.

Algo que también sucede, aparte de la originalidad de la trama, elementos supranaturales, etc., por el estilo de la prosa de Bradbury, bastante reconocible por su enfatismo, su gusto por las metáforas a todo trapo, por el toque poético incluso en párrafo más anodino... un estilo, que, en principio, no me atrae demasiado. He de reconocer, sin embargo, que a esta pequeña novela, seguramente debido a su carácter fantástico y alegórico, le queda como un guante y en ningún momento se siente como exagerado o extemporáneo -y eso que el señor Mortajosario... es decir, Carapacho Clavícula Mortajosario, que ahí es ná, hace todo lo que puede para que sea así- e incluso ese lirismo que en otros textos puede parecer algo fuera de lugar,aquí  resulta incluso conmovedor. Los capítulos, además son bastante cortos y ágiles, llenos de acción, lo que facilita que el libro se lea en un plis-plás y, aunque no resulte una novelette redonda, (quizás porque hoy en día nos resulte todo ya un poco visto, no así, supongo en 1972), me parece perfecta para leer hoy, esperando a que llegue la noche y se abra el pasaje entre el mundo de los vivos y el de los muertos, como toca en esta fecha señalada. Tened cuidado, que la medianoche no os pille en el otro lado...

Más libros de Ray Bradbury reseñados en este blog: La feria de las tinieblasCrónicas marcianas,Fahrenheit 451

sábado, 27 de febrero de 2010

Libros sobre libros: Fahrenheit 451 de Ray Bradbury

Título original: Fahrenheit 451
Idioma original: inglés
Año de publicación: 1953
Valoración: imprescindible

Entrevista a las cenizas de un ejemplar quemado de Fahrenheit 451.

Reportera Paula: Discúlpeme, pero... no tiene usted muy buena pinta. ¿Ha dolido mucho?

Libro Quemado: Sí, chata, sí que duele, sí. La explosión en sí, no; sólo es triste. Lo malo es el llegar hasta el 451, "la temperatura a la que se inflama y arde el papel": los grados 448, 449 y 450 te chamuscan los bordes y te arrancan los números de las páginas, y...

RP: ...y ¡menos mal que eso sólo ocurre en la ficción, en la novela distópica Fahrenheit 451 del escritor estadounidense Ray Bradbury!

LQ: Sí, ya, ¡que te crees tú eso, querida! ¿Acaso te crees que Ray se sacó la novela de la manga? ¿Te suena de algo el senador McCarthy?

RP: Sí, pero ahora mismo no sé de qué... Espere, ¿tiene algo que ver con una "caza de brujas"?

LQ: Sí, aunque en realidad fue de comunistas. Da igual. Lo que importa es que el mundo de ficción en el que yo muero no está muy lejos de la realidad en la que vivía mi creador.

RP: Entiendo. Lo que no entiendo es que a usted lo quemara un bombero. ¡Pero si ellos apagan fuegos!

LQ: Ay, maja, eso será en tu mundo, porque en el mío ellos los provocan. Menos mal que todavía queda alguno decente. Cómo se llamaba éste... Mmm... Montas... Montan...

RP (consulta sus notas): ¿Montag? ¿Guy Montag?

LQ: ¡Ése! Menos mal que todavía quedan hombres como él, que arriesgan sus vidas por salvar las nuestras... (las cenizas se oscurecen momentáneamente, húmedas de lágrimas).

RP: ¡Qué valiente! Pero... ¿acaso no tenía él libros en casa?

LQ: Pero vamos a ver, bonita, ¿tú te has leído el libro o no te lo has leído?

RP (sonrojándose): Pues... la verdad es que no. A mí sólo me han encargado que escriba esta reseña.

LQ: Pues nada, en resumen: el bombero siente que hay algo que marcha mal en su mundo; su mujer -como el resto de la población- es adicta a la televisión (un mega circuito totalmente politizado que está día y noche en marcha) y él, un día, conoce a una niña "diferente" que habla con naturalidad de cosas que los demás ni recuerdan ni se atreverían a mentar si lo hicieran. Cuando salve su primer libro ya no habrá vuelta atrás: perseguido por el Sabueso, tendrá que huir de la ciudad justo cuando empieza a ser bombardeada (¿te recuerda a algo? ¿Hiroshima, Nagasaki...?).

RP: Mmm... ¿Japón?

LQ: Olvídalo. Allí se une a un grupo de vagabundos que en realidad son... Pero espera, hasta aquí puedo leer. ¡Casi destripo el final! Viejo papanatas...

RP: Pero ¿acaba bien o no acaba bien?

LQ: Bueno... bien bien, tampoco. Pero digamos que el final simboliza e invita a la lucha por un futuro mejor.

RP: ¡Vale! Entonces igual me lo leo.

LQ: Deberías.

RP: Para terminar, ¿podría animar a nuestros lectores a que lean la novela? ¿Qué es lo que la convierte en imprescincible?

LQ: Pues Fahrenheit 451 es una novela valiente que jamás pasará de moda porque jamás estará la sociedad exenta del peligro de "quemar" la sabiduría en favor de los dioses de la apariencia y la frivolidad. Ray es claro y conciso -la novela no tiene más de 200 páginas, aunque todo depende de la edición- y es ciertamente accesible para todo tipo de público. De hecho, es la novela favorita del hijo de la sobrina de mi vecina del cuarto, y el muchacho apenas ha leído tres libros en su vida. El ritmo es trepidante y la ambientación está magistralmente conseguida. En dos palabras, im-prescindible.

Otros libros de Ray Bradbury: Crónicas marcianas.

jueves, 8 de marzo de 2012

Respuestas al Quiz

Con motivo del tercer cumpleaños del blog el pasado 1 de marzo, preparamos este quiz literario para que vosotros, fieles lectores para los que publicamos una reseña al día, pudierais comprobar cuánto habéis aprendido sobre libros, sobre el propio blog y sobre los autores del blog en estos tres años (¡¿TRES AÑOS!?)... o el tiempo que llevéis siguiéndonos.

Como lo prometido es deuda, a continuación encontraréis las respuestas a las preguntas y un baremo uladiense con el que medir el éxito de vuestra participación en el concurso (sí, al más puro estilo Super Pop o Bravo).


RESPUESTAS:

1. ¿En qué obra de teatro isabelina se la lía parda el Correos de la época a una pareja de jóvenes amantes? Romeo y Julieta, de William Shakespeare.

2. ¿Con qué colección de ¿poemas? nos muestra su lado más pícaro un autor que normalmente escribía fábulas sobre cigarras y hormigas? El jardín de Venus, de Félix María Samaniego.

3. ¿Para qué distopía bibliófoba nos vendría bien ir entrenando la memoria, por si las moscas? Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.

4. ¿En qué obra de teatro resulta de vital importancia el nombre del protagonista? La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde.

5. ¿Qué libro canónico, poblado de seres verdes y morados y catalogado como "repugnante", confesamos haber reseñado sin leerlo? El Libro de Urantia.

6. ¿Qué novela resulta, debido a la inapropiada -o, ejem, ilegal- relación entre sus protagonistas, repulsiva a la par que deliciosa? Lolita, de Vladimir Nabokov.

7. ¿Qué novela corta, ambientada en una travesía de barco, se articula en torno al ajedrez? Novela de ajedrez, de Stefan Zweig.

8. ¿En qué novela se nos va por las ramas el aristocrático protagonista? El barón rampante, de Italo Calvino.

9. ¿Y en qué novela el autoculpabilizado personaje principal no sale de debajo de las ramas? La higuera, de Ramiro Pinilla.

10. ¿Qué autor es reseñado asiduamente por Jaime, como parte de un taimado plan para dominar el mundo? Jorge Luis Borges.

11. ¿Cuál es el género cuya principal reseñadora es Izas? Cómic / novela gráfica.

12. ¿Qué novela de García Márquez amenaza con provocar un duelo a florete entre Jaime y Santi? El otoño del patriarca.

13. ¿Qué autor portugués usa el nombre de un animal acuático (pero no un pez) para hacer una metáfora del Portugal salazarista? Cardoso Pires (El delfín).

14. ¿Con qué reseña empezamos el blog hace tres años yparecequefueayercómopasaeltiempo? La tregua, de Mario Benedetti.

15. ¿Cuál fue el título español de la novela húngara cuyo título original significa "Las velas ardieron hasta el final"? El último encuentro, de Sandor Márai.

16. ¿En qué afamada y tochácea novela algunos de sus protagonistas llegan al monte de su destino? El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien.

17. Y, puestos a hablar de montes, ¿en qué otra novela el protagonista dice haber llegado "a la cumbre de su buena fortuna"? El Lazarillo de Tormes.

18. ¿Cuál es la novela en la que una roca es la que se encarga de contarnos la historia? Sueño en el pabellón rojo (también llamado Memorias de una roca), de Cao Xueqin y Gao E.

19. ¿Qué gran amor hindú resulta frustrado a causa de la división social en castas? El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy.

20. ¿En qué novela valenciana cuyo asunto es la corrupción inmobiliaria se inspira una serie de TV? Crematorio, de Rafael Chirbes.

21. ¿Cómo se llama la adolescente que, por sacar conclusiones precipitadas, cambió el rumbo vital de toda una familia y el suyo propio, y tuvo por ello que expiar su culpa? Briony en Expiación, de Ian McEwan.

22. ¿Qué autor imaginó lo que hubiese ocurrido si EEUU no hubiese participado en la Segunda Guerra Mundial? Philip Roth en La conjura contra América.

23. ¿Qué ensayo, reseñado en este blog con cierto distanciamiento, se considera la "biblia" de los activistas del 15 M? ¡Indignaos!, de Stephan Hessel.

24. ¿En qué serie de libros el invierno parece uno de los protagonistas? Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin.

25. ¿Cuál es la obra en la que el veneno vertido en un oído provoca toda la trama? Hamlet, de Shakespeare.


BAREMO DE SABIDURÍA ULADIENSE:

  • 21-25 respuestas acertadas: "¡SOY EL QUE MÁS SABE DE ULAD DEL MUNDO!".
  • 16-20 respuestas acertadas: "Mi nivel de frikismo uladiense ha llegado a límites inconfesables".
  • 11-15 respuestas acertadas: "Si ULAD fuera El Señor de los Anillos, yo sería Sam. Pero quiero llegar a ser Frodo. O Gandalf. ¡O Sauron!"
  • 6-10 respuestas acertadas: "Que no cunda el pánico: aún soy joven -si no de cuerpo, de mente- y tengo mucho tiempo para ponerme al día con el blog".
  • 1-5 respuestas acertadas: "Bueno, no está mal: sé lo que es un libro. Ahora tengo que averiguar qué son esos bichitos negros que hay en todas las páginas"
  • 0 respuestas acertadas: "Estoy haciendo algo mal con mi vida: debería dejar el trabajo, abandonar a mi pareja, dar en adopción a mis hijos y a mis mascotas y encerrarme en una biblioteca pública hasta el fin de mis días. O hasta que acierte al menos cinco respuestas en el próximo quiz ULAD".

... ¿Y bien? ¿Qué tal os ha ido? ¿Qué respuestas habéis acertado y de cuáles no teníais ni repajolera idea? ¿Os pareció demasiado fácil o difícil el quiz? ¡Contádnoslo en los comentarios!

sábado, 7 de enero de 2023

Gonzalo Suárez: La musa intrusa

Idioma original:
español
Año de publicación: 2019
Valoración: está bien

Pocas presentaciones debe necesitar Gonzalo Suárez, una de las figuras más originales del panorama cultural español: tan escritor como director de cine, con una trayectoria cinematográfica siempre muy vinculada a la literatura (con películas como Remando al viento o Don Juan en los infiernos, o adaptaciones fílmicas de La Regenta o Los Pazos de Ulloa), es uno de esos creadores de los que se puede decir que tiene un mundo y un estilo propios, inconfundibles. En el caso de Gonzalo Suárez, se trata de un mundo marcado por la imaginación y la libertad, y la capacidad para reutilizar, reconstruir y remezclar la tradición y la propia vida. 

Estas características aparecen, en diferente grado, en las dos partes de La musa intrusa, tan diferentes entre sí que cabe pensar si de hecho se pensar para ser publicadas conjuntamente, o si simplemente Gonzalo Suárez le mandó al editor lo que tenía escrito en ese momento, y el editor se lo publicó porque, en fin, cuando eres Gonzalo Suárez puedes permitirte esas cosas.

La primera parte de La musa intrusa, que humorísticamente se presenta casi com un larguísimo preámbulo a la segunda, es una caótica narración memorística del autor, con recuerdos de su infancia, de su trayectoria como escritor o como director, con cameos o apariciones estelares de figuras históricas como Sam Peckinpah, Ray Bradbury, Helenio Herrera o Julio Cortázar, en localizaciones que van de Madrid a París o a Hollywood. Podemos naturalmente jugar al juego de pensar que todo lo que se nos narra es verídico, y teniendo en cuenta la amplia y variada trayectoria vital y profesional del autor nada es imposible, aunque probablemente haya tanto de fabulación como de recuerdo en estas páginas.

Ya la seguda parte, titulada propiamente "La musa intrusa", es una especie de novela corta pseudopoliciaca que recrea, con tintes absurdos, la trama de Hamlet: sus incestos, asesinatos, enterradores, fantasmas, venganzas y mujeres enloquecidas por amor. Es una versión juguetona y retorcida, con momentos divertidos (particularmente en los diálogos), aunque también confusa y algo repetitida por momentos. Lo más original, sin duda, es mezclar la archifamosa trama de Shakespeare con una textura de novela detectivesca, aunque sea en tono de parodia. 

El conjunto, como se puede prever por estos breves resúmenes, es una obra desigual y sorprendente, que se lee con placer en muchas páginas, porque Gonzalo Suárez es Gonzálo Suárez, pero que sin duda no pasará a la historia de la literatura, ni siquiera al canon personal de su autor. Es, por decirlo así, una lectura de vacaciones de un escritor que en cualquier caso sigue sin parecerse a ningún otro.

martes, 16 de noviembre de 2010

Philip Hoare: Leviatán o la ballena


Idioma original: inglés
Título original: Leviathan: Or, the Whale
Fecha de publicación: 2008
Valoración: Muy recomendable

Después de ser miembro del movimiento punk de los años 70 en Londres, de trabajar para Virgin y de crear su propia discográfica, Philip Hoare se reinventó como escritor. En apenas veinte años de profesión y con diez títulos a la espalda (y amplia experiencia como conferenciante y colaborador de varios documentales de la BBC), ha recibido excelentes críticas y sus libros son en general garantía de éxito. Y eso que no es el típico autor de superventas que se ventilan en una tarde. Su último libro (ganador además del premio Samuel Johnson de No Ficción en 2009), Leviatán o la ballena, es un buen ejemplo de ello.

En él, Hoare nos adentra en un mundo que le apasiona: el de las ballenas (o, para ser más concretos, los cetáceos, pues aquí nos encontramos cachalotes, delfines, orcas, marsopas, narvales, etc.). Como si fuera un ensayo compuesto por múltiples ensayos, el autor comienza este viaje hacia el objeto de su obsesión explicando lo que en biología sabemos hoy de estos animales (lo cual, sorprendentemente, tampoco es mucho) y seguidamente pasa a hablar de literatura. Tras seguir las huellas que estos mamíferos marinos han dejado en ella (que son muchísimas), Hoare nos presenta otra de sus obsesiones: Moby Dick. El libro, el cachalote que le da título, el capitán Ahab y su autodestructiva, absurda y terca caza… todo es objeto de la disección de Hoare. Incluso su autor, Herman Melville, que plasmó en esa gran obra sus experiencias como marinero, y otros tantos escritores de la época (como Nathaniel Hawthorne, Thomas Beale, Ray Bradbury, D. H. Lawrence…) que también sucumbieron a la fascinación por estos animales.

Por último, Hoare describe de forma exhaustiva la historia de la industria ballenera y cómo el ser humano ha explotado de forma salvaje estos mamíferos (pues de ellos se aprovecha todo: la carne, los dientes, el semen, las barbas, la grasa, la piel, los huesos…) y los ha llevado al borde de la extinción. Pero también, como un leve brillo de esperanza, habla de pueblos que han evolucionado venerando y respetando las ballenas y de los tímidos esfuerzos que hoy en día se hacen para que puedan volver a reinar los mares.

Y todo ello lo hace con un gran lirismo, entretejiendo su experiencia personal con los hechos históricos y conocimientos literarios con una prosa rica y amena que no se hace pesada en ningún momento (a pesar de la ingente cantidad de datos, nombres, fechas, etc. que maneja) y que nos lleva a un mundo completamente desconocido y fascinante. Y nos entretiene, nos enseña y nos hace pensar. Y eso no ocurre todos los días.

También de Philip Hoare en ULAD: El mar interior

viernes, 21 de diciembre de 2012

Libros para el fin del mundo

Por algún motivo, la idea del "Fin del Mundo" parece atraer a la imaginación humana. Hoy, 21 de diciembre de 2012, es uno de esos días en los que dicen que vamos a dar nuestro último aliento, solo porque hace un porrón de años a los mayas se les acabó el espacio en la piedra para meter más años. Pero esta confusión anecdótica revela una atracción intemporal por el destino final de la humanidad, del planeta o del universo, que se presenta al mismo tiempo como un momento de destrucción, sufrimiento y caos, pero también como un restablecimiento del orden cósmico: el juicio final en el que la humanidad en su conjunto, y cada ser humano en particular, paga por sus pecados.

De hecho, los mitos sobre el fin del mundo (o "escatológicos") están presentes en todas las grandes religiones: el hinduísmo, por ejemplo, cree que estamos en la última fase del ciclo o Kali Yuga (la más impura e infiel de todas, faltaría más), después de la cual Vishna disolverá y regenerará el universo; el "sermón de los siete soles" de Buda describe la destrucción del universo, después, también, de una fase de decadencia, inmoralidad y crimen. En las religiones de la tradición judeo-cristiana e islámica, el fin del mundo toma la forma de "Juicio Final" en que Dios resucitará y juzgará a los muertos por sus actos; por supuesto, no podemos hablar del Apocalipsis sin hablar del Apocalipsis, el último libro de la Biblia y uno de los más poéticos y simbólicos.

Pero no solo los textos religiosos se han ocupado del "final de los tiempos": la literatura también, con especial recurrencia en los últimos doscientos años. De hecho, una de las primeras obras modernas en plantear la desaparición de la raza humana es El último hombre (1826) de Mary Shelley (sí, la autora de Frankenstein), en el que la culpa la tiene una enfermedad incurable que se extiende por el mundo. O cómo no, La máquina del tiempo (1895), de H. G. Wells, en que el viajero temporal termina cayendo en un futuro lejano en que la civilización ha desaparecido y la humanidad ha degenerado en dos especies distintas: los refinados Eloi y los brutales Morlocks (en otro salto hacia el futuro, el viajero temporal llegará a ver el momento de destrucción de la Tierra, a causa de un sol gigante y abrasador).

El siglo XX ha sido pródigo en ficciones apocalípticas, que han reflejado los sucesivos miedos dominantes: una epidemia incurable, la guerra nuclear, el calentamiento global... La ficción literaria o cinematográfica sobre la capacidad devastadora de las armas atómicas inundó la imaginación del siglo XX. Ray Bradbury, por ejemplo, incluyó en varios relatos de sus magistrales Crónicas marcianas (1950) un escenario de guerra nuclear de efectos devastadores sobre la Tierra.

En la rama epidémica se sitúa una de las novelas más influyentes del género, Soy leyenda de Richard Matheson (1954), que ha sido llevada al cine en varias ocasiones; aunque no es la primera: además de la obra de Shelley de la que ya hemos hablado, Jack London había escrito medio siglo antes una novela titulada La peste escarlata (1898) en que la humanidad es destruida por un virus. Una supergripe es también la causa del fin de la humanidad en Apocalipsis (título original, The Stand, 1990), de Stephen King.

Entre los relatos apocalípticos de origen ecológico se impone mencionar El rebaño ciego (1972) de John Brunner, una novela terible en que la polución y la sobreexplotación del planeta causan todos los males imaginables a los seres humanos. J. G. Ballard, otro autor clave del género de ciencia-ficción del siglo XX, jugó a imaginar distintos finales para el planeta tierra: el exceso de agua en El mundo sumergido (1962); la falta de agua en La sequía (1964), o un extraño fenómeno que transforma la materia en cristal en El mundo de cristal (1966). En Ciudad (1952) de Clifford D. Simak los humanos también son culpables de su propio final, pero por puro agotamiento y decadencia de sus estructuras sociales.

En otros casos, el origen del desastre proviene del espacio exterior: de nuestros amigos los marcianos. H. G. Wells, de nuevo, marcó la senda con su novela La guerra de los mundos (1898), creando una tradición que llega hasta el Mecanoscrito del segundo origen (1974) de Manuel de Pedrolo; mientras que en El día de los trífidos de John Wyndham, una extraña lluvia de meteoritos verdes y unas misteriosas plantas asesinas se reparten la destrucción del planeta. Philip Wylie y Edwin Balmer, por su parte, fueron pioneros al plantearse lo que ocurre Cuando chocan los mundos (1933), una novela que también ha sido adaptada varias veces adaptada al cine. La tierra también es destruida, por medios más burocráticos, en la Guía del autoestopista galáctico de Douglas Adams; pero ya sabéis, Don't panic.


El siglo XXI comenzó con su propio mito apocalíptico (el famoso "efecto 2000", que se suponía que iba a freír todos nuestros sistemas informáticos); así que no es de extrañar que la ficción (post)apocalíptica siga ocupando un lugar en nuestras librerías, televisiones y salas de cine: The Walking Dead, Los juegos del hambre, Soy leyenda, la saga Terminator... De hecho, la ficción distópica o post-apocalípstica ha atraído la atención de escritores consagrados como Cormac McCarthy (La carretera, 2006) o Margaret Atwood (Oryx y Crake, 2003).


No se prevé, por lo tanto, una falta de interés por el tema apocalíptico en un futuro cercano. Quiero decir, si es que hay futuro más allá del 21 de diciembre. Y si no lo hay, si al final resulta que las profecías tenían razón y hoy se acaba todo, por lo menos que el fin del mundo nos pille leyendo.


lunes, 4 de marzo de 2024

Charles Beaumont: Tal vez soñar

Idioma original: Inglés
Título original: Perchance to dream. Selected stories
Traducción: Óscar Mariscal
Año de publicación: 2015
Valoración: Entre recomendable y está bien

Tal vez soñar, volumen de la editorial el paseo, compila veintitrés de los mejores relatos de Charles Beaumont. Aunque dichos relatos pueden adscribirse a registros y géneros muy variados, ostentan cierta predilección por el humor, la fantasía, la ciencia ficción y el terror pulperos. 

Las cuentos más conocidos de Beaumont son, probablemente, los siete que fueron adaptados en la mítica The Twilight Zone. Algunos de ellos, como ese que da título al conjunto o "Gente guapa", se cuentan entre mis favoritos de esta colección. Sin embargo, también he apreciado otros que nada tienen que ver con la serie americana; por ejemplo "La selva" o "Dr. Silk, mago".

Quizá la mejor cualidad de Beaumont en tanto que escritor es su imaginación. Ésta le permitía desarrollar, a partir de la idea más básica o la premisa más sencilla, narraciones con trasfondos sugerentes o detalles atractivos. 

Además, Beaumont no sólo concebía ficciones entretenidas y variadas, sino que también era capaz de dotarlas, si se terciaba, de factura artística o profundidad temática, demostrando que dentro de los parámetros del pulp se pueden alcanzar impresionantes cotas de calidad. Como muestra de ello tenemos la ambiciosa escala del mundo de "La selva", la lograda sátira agazapada tras "Gente guapa" o la belleza melancólica del acabado formal de "Dr. Silk, mago".

Es verdad que la prosa de Beaumont no es ningún prodigio estilístico. Sin embargo, resulta sencilla de leer y funciona perfectamente a la hora de narrar. Tampoco los argumentos del autor son particularmente audaces o complejos, ni sus personajes memorables. Pero tanto lo uno como los otros cumplen siempre, y holgadamente, unos mínimos. Ya he hablado de historias cuyo argumento me ha cautivado; aprovecho ahora para añadir que personajes como Luther, de "Fritzchen", o el Sr. Aorta, de "Tierra gratis", ostentan caracterizaciones bastante interesantes.

Por último querría destacar el que, a mi juicio, es el punto débil de Beaumont: los finales. Y es que, pese a su eficacia, a menudo sus giros se antojan o bien previsibles o bien excesivos.

Qué más puedo decir. En el emotivo prólogo de Tal vez soñar, el escritor Ray Bradbury, íntimo amigo de Beaumont, lo alaba. Algo parecido hace el actor William Shatner en un evocador epílogo. Y yo, desde mi humilde posición como crítico literario advenedizo, sólo puedo sumarme a ambos.   

lunes, 23 de abril de 2012

¿En qué libro te gustaría vivir?

Iván: Hay que decirlo: la mayor parte de los libros que leemos y que, de alguna manera, nos tocan, son lugares donde vivir está muy caro. O porque la gente sufre durante décadas, o porque muere sin merecerlo, o porque los malvados hacen y deshacen a su antojo. Como en la vida misma, ciertamente. Por eso, elegir un espacio como el que reza el título de esta entrada es una decisión que, en el caso de un lector como yo, cuya aspiración en todo caso sería la de vivir tranquilo, no tiene muchas alternativas: quisiera compartir con Pedro Salinas la felicidad que sintió en San Juan de Puerto Rico, durante aquellos años en los que compuso su poema El contemplado. Vivir, por ejemplo, donde "De tanto mirarte, nos salvemos".

Paula: No solo me gustaría, sino que intento vivir en un rinconcito de un libro: en ese ángulo ciego del que nos habla Luisa Etxenike donde no llegan las balas del miedo ni de la desesperanza, ese refugio de los fantasmas reales e imaginarios donde despojarse de la máscara y sacarle la lengua a la incertidumbre.

Yemila: Pese a que los años pasen más rápido de lo que debieran, y que mi infancia y mi adolescencia queden cada vez más lejos, en ocasiones no puedo evitar desear refugiarme durante una temporada con las hermanas March y su sabia y cariñosa madre. Me refiero a aquellas mujercitas norteamericanas de Louisa May Alcott que vivían en una hermosa casa de dos pisos con su madre y una criada, rodeadas de fantasías, esperanzas, juegos y sueños, y que maduraban a marchas forzadas mientras su padre combatía en la Guerra Civil estadounidense. Lo cierto (y algo triste) es que casi todo el mundo conoce a la intrépida aspirante a escritora Jo, a la bella y maternal Meg, a la dulce y solidaria Beth, y a la repipi y artística Amy, más por las diversas adaptaciones al cine que han tenido sus historias que por las novelas que protagonizan. Y supongo que el ser una mezcla de esos cuatro proyectos de mujer me hace tanto acordarme de ellas en momentos clave: cuando me enfrento a situaciones parecidas a las que vivieron estos personajes entrañables e inolvidables y tejidos con maestría por la señora Alcott, que se inspiró en su vida y en sus tres hermanas para ello.

Santi: A mí más que mudarme a un libro, me gustaría poder hacer turismo literario: pasar unas horas, o unos días, no más, en el Toledo mugriento del Lazarillo o en el París hediondo de El perfume, conocer Baker Street entre la niebla que recorrió Sherlock Holmes, el Congo navegado por Marlowe en busca de Kurtz o el Marte de Ray Bradbury.

Sonia: Pues a mí me gustaría poder pasear por Rivendel y conocer a los elfos que lo habitan, recorrer las minas de Moria intentando no llamar la atención de ningún balrog, admirar el paisaje desde el punto más alto de la blanca e impresionante Gondor o descubrir las habitaciones de Meduseld...encontrarme en lugares mágicos, repleto de árboles que hablan o criaturas de hace muchas edades...y terminar, cómo no, tomando una pinta en la taberna del Pony Pisador.

Montuenga: Desde que lo descubrí, acostumbro a mudarme a él de vez en cuando. No es difícil, de un salto y con lo puesto, me retiro a Castroforte del Baralla, el pueblo mágico y gallego dónde se desarrolla La Saga Fuga de JB, que se ensimisma y levita periódicamente, sin apenas darse cuenta, amenazando con desaparecer para siempre. Allí la gente es pacífica -sólo las lampreas han salido un poco antropófagas - habla mucho, se hace preguntas y, todo aquel que tiene alguna relevancia lleva las iniciales de un whisky. ¿A quién no le gustaría vivir en un mundo tan divertido, irónico y tierno como el que pinta Torrente Ballester, dónde lo legendario alterna con lo vanguardista, la tradición con el intelecto, se satirizan jerarquías y se glorifica el erotismo? Y no olvidemos el material con que lo pinta: una lengua llena de registros, con la que juega, experimenta (y disparata cada vez que le viene en gana) tentándonos, hasta que un día decidamos no movernos de allí jamás.

Crédito de la imagen: Su Blackwell: Book cut sculpture

viernes, 1 de noviembre de 2024

Biblio-necrophiliac Quiz 2024: MAKE ULAD GREAT AGAIN

¡Hola a todos los amigos y amigas de Un Libro Al Día! Os deseamos que paséis un feliz Día Internacional de Visitar las Tumbas de Parientes que No Vamos a Ver en Todo el Año... Bueno, aunque esta denominación ya no es del todo exacta, porque lo de visitar cementerios ha dejado de ser una cosa aburrida y cutre (cuando es por imposición familiar) o turbadoramente creepy (cuando se hace por gusto) para devenir en una tendencia cada vez más cool y apetecible, una alternativa de ocio asequible para todo el mundo y un must cuando viajamos a ciudades cosmopolitas o lugares suficientemente exóticos, aunque se trate de poblachos...  Ya que estamos en un blog de libros, debemos recordar que el auge de esta tendencia se debe también, o al menos en parte, al éxito de títulos más o menos recientes como Una tumba con vistas de Peter Ross o, cómo no, Alguien camina sobre tu tumba de nuestra nunca suficientemente admirada Mariana Enriquez (existe también al menos otro libro sobre el tema, aunque de hace más años, escrito por el neerlandés Cees Nooteboom).

Así pues, para todos aquellos y aquellas que vayáis a pasar vuestras vacaciones o cualquier otro momento de asueto visitando cementerios y, sobre todo, buscando las tumbas de vuestros autores y autoras favoritas y decesas, recuperamos hoy nuestro Bibilionecrophiliac Quiz dedicado a las últimas moradas de los y las juntaletras que ya han pasado a mejor vida. Bueno, mejor menos para los que eran unos borrachos, pichabravas, timadores y sinvergüenzas en general, claro, que de esos ha habido unos cuantos... ¿Todo el mundo listo? ¿Comenzamos ya? ¡Pues a jugar!


1- Empecemos con una facilita: este señor  que parece salir de un viaje al centro de la Tierra parando un taxi es, quién si no, el insigne Jules Verne (Julio para los amigos) y ésa es su tumba. Ahora bien, ¿en qué localidad francesa podemos visitarla y llevarle unas flores o una botella de armagnac o lo que sea?

            A/ Nantes.                         
            B/ Amiens.  
            C/ París.        
            D/ Nemours, de donde provenía la familia del Capitán Nemo.

2- Conocida es la costumbre de dejar cositas sobre las tumbas de escritores famosos (o celebridades en general)y sobre todo, por alguna razón que se me escapa, de los enterrados en París: libros, mensajes o cigarrillos en la tumba de Cortázar, bolígrafos y rotuladores en la de Marguerite Duras o besos con pintalabios en la de Oscar Wilde. Por otra parte, muy cercana a ésta, por cierto, ¿qué se acostumbra a dejar sobre la de Marcel Proust

            A/ Obvio, magdalenas.                                            
            B/ Relojes rotos, por lo del "tiempo perdido".
            C/ Cera para las guías del bigote.  
            D/ Nada, porque si os ve dejar basura el guarda del Pére Lachaise, os corre a gorrazos por todo el cementerio.

3- ¿De qué tiene forma la tumba que comparte J.R.R. Tolkien con su esposa Edith, en el oxoniense cementerio de  Wolvercote?

            A/ De anillo gigante, con su nombre y el de su esposa grabados en lengua élfica.
            B/ De libro abierto por la página donde está dibujado el mapa de la Tierra Media.
            C/ Reproduce fielmente la tumba de Balin, hijo de Fundin, Señor  de Moria.
            D/ De jardinera donde plantar hierba de los medianos... digo, flores, quizá en homenaje al oficio de Samsagaz Ganyi.


4- Sus cenizas reposan debajo de un almendro... es decir, de este olivo, por lo que si esperáis a que salgan las aceitunas y te comes alguna, estaréis ingiriendo un cachito de este insigne escritor... y cometiendo, en cierto modo, antropofagia (ojo cuidao, que las olivas no se pueden comer directamente del árbol, hay que apañarlas o curarlas antes). ¿De quién estamos hablando?

            A/ José Saramago.
            B/ Curzio Malaparte.
            C/ Naguib Mahfuz.
            D/ Danilo Kiš.

5- Como todo el mundo sabe, la tumba del poeta Antonio Machado es un lugar de peregrinación para muchos españoles -y no españoles-, que la han convertido casi en un museo de banderas republicanas al aire libre. Pero decidnos, en qué hermosa localidad del Rosellón la podemos encontrar?

            A/ Couilles.
            B/ Collier.
            C/ Colliure.
            D/ Perpignan.

6- ¿Cuál fue el fin de los restos mortales de la escritora Ursula K. Le Guin, fallecida hace pocos años?

        A/ Fue sepultada en el mausoleo del Salón de la Fama de la Ciencia Ficción, situado en Henderson (Nevada), junto a Ray Bradbury y Arthur C. Clarke.
        B/ Fue incinerada y sus cenizas arrojadas al espacio en el primer vuelo comercial de la compañía SpaceX, por gentileza de su propietario, Elon Musk.
        C/ Su cuerpo fue donado a la ciencia, como ella había dejado establecido.
        D/ Sus restos fueron dados de comer a los buitres, como se acostumbra en la religión zoroastrista, de la que era fervorosa creyente..

7- Hasta su caída hace un par de años, el árbol de la fotografía (un fresno, para más señas) se encontraba en el cementerio londinense de St. Pancras, rodeado de lápidas desde que se hizo la reforma del cementerio en 1877. Se dice que una de las lápidas pertenece al autor de El vampiro, Lord By... quiero decir John William Polidori. Ahora bien, al árbol se le conoce con el nombre de otro escritor británico del XIX que trabajó como ayudante del arquitecto encargado de la remodelación. ¿De quién se trataba?

        A/ Thomas Hardy.
        B/ Lewis Carroll.
        C/ Anthony Trollope.
        D/ Robert Louis Stevenson.

8- El insigne Dante Alighieri, padre de las letras italianas, tiene dos tumbas, aunque una en Florencia, vacía, y la otra, en Ravenna, ocupada (por sus restos, se entiende... o al menos la mayor parte de ellos). Pero, dejando aparte aquel episodio en que desde Ravenna enviaron un ataúd vacío para trolear a los florentinos, el poeta tampoco es que haya tenido un descanso eterno, puesto que sus restos han estado en diferentes sepulcros e incluso ocultos durante bastante tiempo, por no mencionar que una parte de sus cenizas se perdieron durante 70 años, guardadas en una bolsa en un estante de la Biblioteca Central de Florencia. Por lo que respecta a sus huesos, durante el último año de la II Guerra Mundial los tuvieron escondidos para preservarlos de un posible saqueo en...

A/ Un cofre impermeabilizado, en la cripta inundada de la basílica de San Francesco de Ravenna, junto a su mausoleo.
B/ El obrador del Caffé Pasticceria Palumbo, cerca de su mausoleo.
C/ Bajo un túmulo de tierra cubierto de hiedra, al lado de su mausoleo.
D/ Una granja del pueblo de Coccolia, junto a la carretera de Forlí.

9- Uno de los escritores más emblemáticos del sur de EE.UU., Mark Twain, murió, sin embargo, en Connecticut y fue enterrado en Elmira, estado de Nueva York. Aún así, hay que recordar que el cementerio donde se encuentra tiene otra conexión indiscutible dixie:

A/ En ese terreno hubo un campo de prisioneros confederados, durante la guerra civil.
B/ Allí se encuentra también enterrado el trompetista de jazz Louis Armstrong.
CEn ese terreno tenía una fábrica Eli Whitney, empresario e inventor de la desmotadora de algodón.
D/ En una vivienda cercana estuvo residiendo una temporada Carson McCullers, antes de que tuviera que trasladarse al hospital de Nyack, también en el estado de N.Y. por sus problemas de salud.

10- Los muchos admiradores de Roberto Bolaño (varios de ellos escribimos en este blog) no podemos ir a presentar nuestros respetos en la tumba de Roberto Bolaño, porque este gran escritor fue incinerado. Ahora bien, ¿qué ocurrió con sus cenizas?

A/ Fueron esparcidas en el Océano Pacífico.
B/ Fueron esparcidas en el Mar Mediterráneo
C/ Fueron esparcidas entre el río Bibío a su paso por Los Ángeles (Chile), el desierto de Sonora, en México y la playa de Blanes (Girona).
D/ Fueron guardadas por su última pareja sentimental hasta el momento en que puedan ser enviadas al espacio para convertirse en una estrella distante.
            

BONUS TRACK (sólo para muy frik... letraheridos):

11- Sabemos que hay muchos "escritores fantasma" (ahora queda mejor que llamarlos "negros") y también escritores que creían en los fantasmas o, cuando menos, que podían comunicarse con los espíritus (caso de Víctor Hugo o Arthur Conan Doyle). No obstante, también ha habido algún escritor/a que tras su muerte, según se dice, se ha convertido en fantasma y se aparece en lugares donde transcurrió algún episodio de su vida. Sería el caso de un/a muy célebre escritor o escritora latinoamericano/a...

        A/ Juan Rulfo
        B/ Alejandra Pizarnik
        C/ Horacio Quiroga.
        D/ Gabriel García Márquez.

  Respuestas correctas:

1- B; 2- D; 3- D; 4- A; 5- C; 6- C; 7- A; 8- C; 9- A; 10- B; 11- C; 

-Entre 0 y 3 aciertos: Incluso un reloj parado da la hora correcta dos veces al día, ¿verdad? Anda pa casa a leer, alma de cántaro...
-Entre 4 y 7 aciertos: No está mal, pero aunque no hace falta que seáis expertos en la vida y milagros de los escritores (o en su muerte, en este caso), no estaría de más salir un poco de los premios Planeta y las novelas románticas de highlanders,  por adictivas que puedan resultar....
-Entre 8 y 10 aciertos: Muy bien, ya sólo os falta pedir ahora las vacaciones en el curro, y aprovecharlo que los modernos llaman la spooky season para ir a visitar cementerios, aunque sea el de vuestro pueblo...
-11 aciertos: Algo me dice que si os tocara la lotería invertiríais el premio en un mausoleo con forma de pirámide en el cementerio de St. Louis, nº 1 en Nueva Orleans, como Nicolas Cage, para estar cerca de la tumba de Anne Rice... (Pues habríais malgastado el dinero, porque está enterrada en el de Metairie).

martes, 1 de noviembre de 2022

Entrevista a la Reina del Terror: MARIANA ENRIQUEZ

Madrid. Martes, 25 de octubre de 2022. 13:30. Esta es la primera entrevista "presencial" de la historia de ULAD. Con los nervios propios de un fan y con el miedo a que las preguntas preparadas sean ridículas, reiterativas o fuera de lugar, a que el móvil no me grabe o a que empiece a sudar como si estuviera subiendo el Tourmalet (en agosto), acudo a la cafetería del Hotel Las Letras para, gracias a la amabilidad de María Teresa Slanzi y Lidia Lahuerta (Anagrama), charlar con la Reina del Terror. Estas son nuestras preguntas y las respuestas de la gran Mariana Enriquez.

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ULAD: Si ahora saliéramos a la calle y encontráramos a una persona que no ha leído nada tuyo (que lo dudo), ¿cómo le definirías tu obra?

ME: Yo diría que, sobre todo, soy una escritora de ficción en el sentido amplio. Es decir, novelas y cuentos de ficción oscura. No diría especialmente de terror porque “Bajar es lo peor” a mí no me parece, por ejemplo, un libro de terror, sino más bien me parece un libro de ficción oscura con algún elemento muy ambiguamente sobrenatural. Y, después, también una periodista que, sobre todo en los libros, se interesa por temas más bien periféricos o directamente frikis, como el libro sobre cementerios, por ejemplo.

ULAD: ¿Y cuál de tus libros sería el que mejor condensa tu universo?

M.E.: “Nuestra parte de noche” creo que es el que condensa todo porque, de alguna manera, es como que ahí se llega a la constelación de temas. Los otros son como planetas y ahí están todos juntos.

ULAD: Si ahora ese alguien fuera a buscar tu nombre en internet una de las primeras “etiquetas” que encontraría sería la de gótico latinoamericano, cosa que a mí personalmente me parece un poco reduccionista. ¿Te encentras cómoda dentro de esas etiquetas?

ME: Yo entiendo que son etiquetas. Entonces, como tales, son cosas que sé que tengo que aceptar y no frustrarme demasiado o discutirlas demasiado porque son cosas que pasan, pero yo personalmente me considero más una escritora de terror. Incluso si decís terror latinoamericano, me parece más sensato. El gótico no sé bien de qué estamos hablando. A mí me parecen más cuentos de terror. En fin, tampoco me quita el sueño. Bueno, está bien, si quieren poner gótico latinoamericano, adelante. Alguien puso alguna vez realismo gótico, lo que es un disparate, así que prefiero que pongan gótico latinoamericano porque realismo gótico no hay.

ULAD: Para terminar con el tema de las etiquetas… parece que cada vez hay más escritores de “géneros” y que estos son cada vez más tenidos en cuenta a nivel de público y de crítica. ¿Te parece que hay cada vez una mayor hibridación o contaminación entre ellos y con la corriente “central” de la literatura o que es un mundo cada vez más más aislado, tanto a nivel de escritores como de lectores?

M.E.: Yo creo que cada vez más hibridación y también hay un poco más de concentración en ciertos fans del género que les interesa que el género se mantenga puro. Eso pasa siempre, es una cosa absolutamente normal. Pero creo que lo que pasa con cierta generación de escritores que escriben terror o ciencia ficción es que no son solo lectores de ciencia ficción o solo lectores de terror, sino que leen de una manera mucho más amplia y no solo libros. Quiero decir que también miran otras cosas de la cultura: cine, series, arte, música, moda, lo que quieras. Entonces me parece que por eso también se da la hibridación, no solo entre géneros literarios sino entre otras expresiones. Entonces me parece que ahí se produce una sinergia que es muy importante. Y después, como contrafenómeno de eso, está el fan que es el fan del terror, que quiere al terror puro sin la contaminación de la realidad, sin la contaminación de lo social, sin la contaminación de otros géneros, etc. También me parece bien, también me parece honesto. Me parece como el fan de futbol, ¿viste? que dice “soy fan de mi equipo y no de la selección nacional”. Y está bien. No hay problema en eso.

ULAD: Cambiando un poco de tema (o quizá no tanto)… Desde siempre, la literatura latinoamericana ha estado muy influenciada por las vanguardias literarias europeas o de Estados Unidos. En los últimos tiempos, esa influencia se extiende a la cultura de masas a través de la música, del cine, de la televisión o de literatura más “mainstream”. En ese sentido, ¿podemos decir que la literatura latinoamericana tiene más de continuidad que de ruptura con vuestra tradición anterior?

M.E.: Es raro porque yo creo que hay mucho de la literatura latinoamericana que fuera de Latinoamérica no sé no se difunde. Quiero decir que tenemos como como tradiciones muy variadas que, en muchos casos, tienen que ver con las diferentes inmigraciones… Y además que Latinoamérica es un continente, por ejemplo, en el que está Brasil, un país con otra lengua y con otra tradición.

Por poner un ejemplo, en la tradición de la literatura uruguaya tenés cosas muy extrañas como Marosa Di Giorgio, que es una especie de poeta de la metamorfosis del cuerpo, una cosa totalmente rarísima que está en la onda de “Las flores del mal” y Baudelaire, y después tenés a Juan Carlos Onetti, que es como una versión dark de Faulkner, si una cosa así es posible. Y después tenés, por ejemplo, en Argentina a Roberto Arlt, que es un realista medio obsesionado con el ocultismo y está Borges, que es el escritor insignia de la Argentina y es una cosa rarísima porque es un poeta y cuentista (nunca escribió una novela) medio obsesionado con las sagas finlandesas. Y después si te vas a Chile tenés una tradición súper realista pero también escritores que están totalmente chiflados como José Donoso. O en Brasil está Clarice Lispector, que es como una post-surrealista. O Alejandra Pizarnik, que es una poeta surrealista, etc.

Entonces, yo creo que en realidad a cada país hay que pensarlo solo, así como pensamos en la literatura española o literatura francesa y no en literatura europea, digamos. Y que cada uno tiene una tradición donde hay un montón de escritores que, por lo locales que son, a veces no trascendieron incluso entre países. Hay escritores que son tan particulares, que por ejemplo trabajan tanto con la historia argentina o con la historia paraguaya, que no se conocen en otros países. O como el Caribe, que para mi es como otro mundo. ¡Si casi no entiendo ni cómo hablan! Bueno, sí, porque al tener la misma lengua hay como algo de la gramática que funciona y todos nos entendemos, pero desde dónde vienen ciertos temas que a ellos les preocupan es totalmente lejano para mi.

ULAD: Con las influencias no voy a insistir. Ya se ha escrito mucho y bien, pero sí quería preguntarte una cosa sobre “Bajar es lo peor”: Igual no fue una influencia en su momento pero ¿ves algún paralelismo con “Azul casi transparente”, del Murakami bueno (Ryu Murakami).

M.E. Sí, yo era fan y creo que lo leí en esa época y lo sigo leyendo (Los chicos de las taquillas, Sopa de miso), pero “Azul casi transparente” era el único que en ese momento había publicado “Compactos Anagrama” y yo leía eso y Dennis Cooper. En ese momento esos eran mis escritores de lo sórdido.

ULAD: Del otro Murakami mejor ni hablamos…

M.E.: No, bueno…Yo no lo odio. Me aburrió, pero tampoco me molesta. Quiero que le den el Nobel para se pelee 3 días la gente en Twitter y dejen de hablar pavadas.

ULAD: Centrándonos un poco en “El otro lado”… Aunque es algo común a toda tu obra, en “El otro lado” hay 3 pilares: lo terrorífico/terrible/horrible, lo político y lo popular, y eso hace de tu literatura algo perfectamente reconocible. Entonces, en cuanto a la parte terrorífica, ¿es un poco como decía la cabecera de Expediente X: “la verdad está ahí fuera”?

M.E.: Sí. Sí, definitivamente. Yo lo que trato es de lo terrorífico en general. Yo uso mucho lo sobrenatural (y me gusta muchísimo) y me gustan, sobre todo, ciertas cosas en particular como el ocultismo, los fantasmas, etc, más que los monstruos y otras cuestiones, pero creo que lo verdaderamente terrorífico es la realidad. Entonces, lo que yo hago es como recortar algo de la realidad, subirle el volumen y pasarlo a sobrenatural o fantástico. Y a veces, no, a veces hay cuentos que son muy ambiguos que uno no sabe si hubo una intervención o no porque a veces, no sé, yo siento que la realidad es muy endeble y que nunca sé lo que está pasando de verdad.

ULAD: En cuanto a la parte política, ¿puede ser una especie de intento de desactivar el legado que persigue a América Latina desde hace décadas?

M.E.: Siglos, diría yo. Sí hay algo de, digamos, de empezar a aprender. Yo creo que uno de los tantos problemas que tiene América Latina es una especie de disfuncionalidad por ser un continente que se independizó pronto, con mucha fuerza (la Revolución Mexicana, nuestra revolución…) y después algo como “¿y con toda esta riqueza qué hacemos?". Y ahí, en ese momento de debilidad como que empezó la depredación y en esa depredación hubo mucha complicidad de parte de la gente de América Latina porque hay una especie de fascinación… Como si estuvieses huérfano y entonces buscás un padre y viene este padre que te abusa y vos te lo bancás porque decís “bueno, al menos es un padre”

Es una explicación absolutamente absurda del problema sociopolítico de tanto tiempo, pero hay algo de eso. Hay algo de abandono y hay algo de las élites blancas controlando estos países de alguna manera que tiene que ver con racismo estructural del que no nos podemos desprender del todo. Por eso, para mí es tan complejo todo.

En Estados Unidos, por ejemplo, si me preguntan “¿sos una escritora de color?”. A ver, para vos que sos caucásico y rubio, sí. Pero si yo voy a Argentina y se enteran de que yo estoy apareciendo en público como persona de color a mí me matan, me linchan, porque en Argentina hay personas de color, que son, en general, la gente descendiente de indígenas, que la pasaron muy mal, que fueron masacrados, que al día de hoy son muy discriminados, de los que se habla despectivamente, etc. Entonces yo no puedo robarles la historia, hay como una imposibilidad de hacerse cargo de estas cuestiones que creo que está en el fondo estructural de los problemas y también en lo fascinante que es el continente en cuanto a contrastes. Es una mezcla de tradiciones que es bastante fascinante. La gente va y te dice “¡qué vivo que está!”. Bueno, está demasiado vivo. Igual un poco de aburrimiento…

ULAD: En cuanto a la parte pop (aunque “odies” a los Beatles) o popular: ¿es un intento de sacar la literatura de cierta burbuja de cristal o simplemente son influencias, sin más?

M.E.: Para mí termina siendo un intento involuntario porque la literatura nunca estuvo en una burbuja de cristal, al menos desde mi experiencia. Mi experiencia era leer Truman Capote, Graham Greene, Shakespeare, Borges, Cortázar, Alan Moore, Gaiman… Para mi todo es lo mismo. Y después me empezó a pasar de encontrar escritores y qué sé yo que te hablan de los haikus…. Yo ya había leído haikus y estaban buenísimos, pero no me parecían… Y como escritora de mi edad siempre digo lo mismo pero un poco es así:. yo crecí con Star Wars, con Twin Peaks , con ET…. Yo creo que mi primer llanto en un cine fue en ET, que me sacaron desmayada, más o menos. No soportaba y no soporto la injusticia. En la realidad convivo con ella, pero en la ficción me enloquece. Es como cuando abandonan a Frankenstein. Yo lloro y digo: “¡Pero no podés ser tan malo de crearlo y abandonarlo! No lo soporto”. O como en “Eduardo Manostijeras” cuando se le muere su creador, lo mismo me agarra como una especie de rebelión. No sé qué es, pero es solo en ficción. En la vida real digo “bueno, la vida es injusta”, pero en la ficción como que no lo soporto.

Entonces, toda esa cuestión emocional….Aprender a leer, más o menos, literatura con Stephen King…. Para mí no había ninguna diferencia, digamos, jerárquica entre Shakespeare y Stephen King. Yo me podía dar cuenta de lo qué había, pero entonces me parece que lo popular, lo oral (en cuanto a las historias que se cuentan oralmente: los Santos populares, las leyendas urbanas…., todo lo que es esa narrativa) y la narrativa también cinematográfica están incorporados en la literatura porque me parece que hoy pensar en la literatura como un compartimento estanco fuera de todas las otras influencias culturales es imposible. Es decir, tendrías que aislarte en una especie de torre, rodearte de libros y pasar de la vida, cosa que a mí me parece una vida muy aburrida. Básicamente, a mi me divierte escribir.

ULAD: Ojalá tuvieras más tiempo, ¿verdad?

M.E.: Sí, claro. No puedo estar con la pipa hablando de escritores, de ideas… Veamos el capítulo blanco y negro de la tercera temporada de Twin Peaks y discutamos sobre ello, si podemos, dos días. ¡Es más literario!

ULAD: Siguiendo con “El otro lado”, el libro que se acaba de publicar en España, hay en el 200000 referencias (musicales, cinematográficas, literarias…). Aparte de cierta fascinación morbosa por ellos o por su muerte, ¿qué nos atrae tanto de figuras como Brian Jones, Kurt Cobain, River Phoenix, Sylvia Plath y toda esta gente?

M.E.: Yo creo que hay algo de la muerte joven y bella que es totalmente imbatible iconográficamente. Desde Rimbaud, si lo pensamos, hasta Ofelia en Hamlet, hasta Romeo y Julieta, pasando por Alejandro Magno, hay algo de la figura de ese talento y de esa belleza congelados. Quiero decir, por ejemplo, como Cobain, que es una persona que no va a hacer un mal disco (te gusten o no los discos de Nirvana). Es decir, que al nivel que estaba es una persona que no la va a cagar, ¿no? Es una persona que quedó congelada en ese momento. 

Brian Jones es distinto porque es como que entra en una decadencia muy pronto, a los 27 años, pero es lo mismo en algún sentido: el joven que cae en desgracia rápido y que no se le da la oportunidad de redención. Entonces siempre queda como congelado en el malditismo. Y hay algo en esa vida interrumpida y congelada que es una especie de foto fascinante que es muy difícil que después no se vuelva iconográfica.

Y después Sylvia Plath es un caso un poco diferente porque, aunque se quita la vida igual que Cobain, el montaje de su suicidio es muy particular, ¿no? Poner la cabeza dentro del horno, dejar ese libro y a los chiquitos, a sus hijitos, en la otra habitación con comidita… Es como muy tétrico. Pero deja ese libro maravilloso, “Ariel”, y entonces como que en eso hay una especie de gesto que tiene tal teatralidad y tal puesta en escena que es muy difícil negarle la potencia que tiene iconográficamente. Si no hubiera dejado ese libro de poemas, no estaríamos hablando en el mismo sentido. Sería solo la puesta trágica y ya, una performance, pero deja “Ariel” . Y es como la muerte de Bowie, más o menos. Solo el sabía que se estaba muriendo y de repente deja un disco y un video ¡¡¡donde se muere en el video!!!. Es como esa esa cosa de arte y vida, ¿no?, de hacer una obra de arte de tu vida y de tu muerte. Me parece muy difícil que no te resulte atractivo y, en todo caso, un poco hipócrita decir “no, no me atrae” porque si te atrae. Y el morbo es parte de la atracción. El morbo es todo. Las cosas nos dan morbo.

ULAD: Y ahora que le han dado el Nobel a Ernaux y que parece que vuelve la autoficción. ¿Podríamos decir que la autoficción de Mariana Enriquez está en “El otro lado” y en “Alguien camina sobre tu tumba”?

M.E.: Sí, en “El otro lado” y en “Alguien camina sobre tu tumba”, si bien este es más honesto. No es que “El otro lado” no lo sea, sino que ahora no soy la misma que cuando escribí esos textos. Revisándolos con Leila Guerriero, en ocasiones ella me preguntaba: ¿Realmente querés incluir esto?. Y sí, claro, esa era yo en aquella época. Es más bien que “El otro lado” funciona más como un registro de lo que voy siendo, como una especie de diario.

ULAD: En “El otro lado” hablas del fenómeno fan y de algunas de las “locuras” que has hecho como fan. Por el lado contrario, ¿cuál es la mayor locura (que se pueda contar, claro) que ha hecho un fan relacionada con tus libros o con tu persona?

M.E.: Sí, sí, claro que se pueden contar. Hay dos que me impresionaron. Una es de una chica que cuando salió “Bajar es lo peor” me llama al diario (entonces era fácil encontrarme porque yo trabajaba en un diario) y me dice que me quería conocer porque se había separado de su mujer (de su chica o de su novia) y que quería regalarme a mí, es decir, presentarme a su mujer como una especie de prenda de reconciliación, digamos. Y si lo podíamos hacer en el bar, como acá, y yo dije que sí y vino con su chica y no sé qué pasó. La chica era súper dura, me dio mala onda. Bueno…

Y hace unos meses, en París, había una chica que tenía una remera de Rimbaud, vino a que le firmara y yo le dije “¡Qué linda remera!” y… ¡¡¡¡se la sacó y me la dio y se quedó como en ropa interior!!! Bastante fuerte el momento. Pero yo la tengo y la uso, sí. Me dijo: “la usé una sola vez. Lavala y ya”. Espero que la vea en fotos o algo porque fue un momento y se fue. Yo le decía “no, no, no no” porque hacía frío pero no la pude parar.

ULAD: “Tantos libros y tan poco tiempo”, pero si tuvieras que decir “Estos tres, por poner un número (o, si son más, más), son mis imprescindibles. Creo que todo el mundo debería leerlos”, ¿cuáles serían?

M.E.: Para mí… tres es difícil. Vamos a decir cinco: “El país de octubre” de Ray Bradbury, “Ficciones” de Borges, “Beloved” de Toni Morrison, “Cementerio de animales” de Stephen King y, posiblemente, los poemas completos de T.S. Eliot.

ULAD: Y ya la última y más importante: ¿por qué Enriquez sin tilde?

M.E.: Eso pasa mucho con los inmigrantes en Argentina. Vos le decías el apellido al tipo que te anotaba y te anotaba como quería. Así que el misterio es solo un error burocrático.

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Paro la grabación. Sigue la charla durante unos 15 minutos: cementerios (si venís alguna vez a Madrid, visitad el de San Isidro), guerra civil, dictadura militar, Argentina 1985... Hay que ir terminando, así que saco los libros de Mariana (soy tan idiota que con las prisas me he dejado en casa los dos libros de cuentos) y, como buen friki y buen fan, le pido unas firmas. Entrevista hecha y libros firmados. ¡Misión cumplida!)