Mostrando las entradas para la consulta Oscar Wilde ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta Oscar Wilde ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

viernes, 10 de septiembre de 2010

Oscar Wilde: De profundis


Título original: De profundis
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1897
Valoración: muy recomendable

Hay autores en los que recaes una y otra vez, casi devorando cada obra que encuentras unida a su nombre. Eso me pasa con Oscar Wilde. Después de leer El retrato de Dorian Gray he seguido buscando sus publicaciones. La que reseñamos hoy me llamó la atención al tratarse de una epístola real escrita desde la cárcel.

Oscar Fingal O'Flahertie Wills Wilde fue condenado a dos años de cárcel y trabajos forzosos cuando se encontraba en el clímax de su carrera y de su fama. Era invitado a Estados Unidos, Cánada, Londres, etc, para dar conferencias sobre esteticismo, del que era ferviente precursor y defensor. Sin embargo, fue acusado de sodomía e indecencia por un tribunal británico, en época victoriana, tras ser denunciado por el padre de su último amante. Este joven, lejos de respaldar a Wilde y defenderlo, dejó que su padre se ensañase con él y Oscar fuese encarcelado.

En prisión, el autor se dedicó a escribir esta larga carta dirigida a Lord Alfred Douglas (Bosie), su amante, en la que le explica lo que siente y lo que piensa sobre lo ocurrido. No pudo enviarla mientras cumplía condena, pero sí le dejaron conservar los manuscritos mientras tanto, hasta que pudo entregárselos a un amigo suyo editor. Cuando salió, se marchó a París y no volvió a pisar suelo británico.

Magnífica, llena de frases contundentes y reflexiones sumamente interesantes. Una obra que nos aporta esa visión que nos gustaría conocer de los autores que nos marcan.

"Detrás de la alegría y la risa, puede haber una naturaleza vulgar, dura e insensible. Pero detrás del sufrimiento, hay siempre sufrimiento. Al contrario que el placer, el dolor no lleva máscara.”

También de Oscar Wilde en ULAD: La importancia de llamarse Ernesto, El retrato de Dorian Gray, La esfinge sin secreto, El fantasma de Canterville, El crimen de Lord Arthur Savile

domingo, 11 de mayo de 2025

Oscar Wilde: El crimen de Lord Arthur Savile

Idioma original: inglés

Título original: Lord Arthur Savile´s Crime

Traducción: Colectivo Wilde BdL

Año de publicación: 1887

Valoración: Muy recomendable


Si bien hay excepciones, por lo general es gratificante volver a los clásicos. Aunque ninguno sepamos bien lo que son, digo yo que Oscar Wilde merece el calificativo sin lugar a dudas. Con una obra no muy extensa, y lo más celebrado ya reseñado en ULAD, hacemos una incursión en un pequeño relato con el que se podrá valorar si, como ocurre en algunos casos, el brillo se pierde en cuanto nos alejamos de los títulos más sobresalientes.

No, no se pierde. Lord Arthur Savile es un joven de buena posición que tiene a la vista la boda con Sibyl Merton, quien por su parte es una especie de novia perfecta. La cosa se tuerce cuando, en una de esas fiestas cursis de la época victoriana, un quiromante (quiromancista, en una traducción un poco dudosa) lee la mano a Lord Arthur y encuentra algo horrible que ni se atreve a desvelar hasta que se ve presionado a ello. La escena es todo potencia y misterio. El espanto visto en su futuro hace temer al joven por la relación con su novia, y se pone manos a la obra para corregir el desatino.

Lo que se presentaba como un relato de misterio o un thriller psicológico adquiere sin embargo una coloración diferente, porque si algo tiene Wilde es una capacidad pasmosa para fundir lo trágico con lo cómico e ingenioso, algo que se parece un poco al humor negro sin serlo. En ningún momento se pierde la tensión insoportable del joven noble que ve su vida resquebrajarse, pero se presenta al lector con la destreza necesaria para sacarle una sonrisa y hacerle disfrutar con pequeñas agudezas muy británicas. Una especie de mezcla de dulce y salado en la proporción exacta para apreciar los dos sabores al mismo tiempo, disfrutando igualmente de la mezcla.

Al mismo tiempo, las escasas ochenta páginas del libro nos conducen por disparatadas peripecias que hacen pensar en cierta literatura policiaca también muy british, y situaciones ingeniosas que obligan a no perder de vista el punto de partida para que la narración no se nos quede en un simple divertimento. 

Esa sensación de ligereza puede restarle algo de empaque al relato pero es quizá también uno de los puntos más interesantes. Porque lo que de verdad me resulta más admirable es precisamente la capacidad para reunir elementos tan dispares de forma tan perfecta: el misterio de lo desconocido, el humor y la sutileza, la tensión por lo inesperado, la ingenuidad de los amores juveniles, y tal vez reflexiones más profundas sobre lo inexorable del destino, que sería quizá la interpretación digamos seria del conjunto. ¿Cómo hacer que toda esta amalgama funcione en un texto tan breve mientras deleita con el lenguaje y entretiene al lector? Claro, para eso hay que ser un grande de la literatura, y por eso los que lo fueron perduran a través del tiempo, y a veces los etiquetamos como clásicos.

P.D. Creo que ya lo comenté en otras ocasión: me gusta esta serie de Nórdica que no recuerdo si tiene un nombre, pero no acabo de entender lo de las ilustraciones. Hay que admitir que en este caso el libro tiene un sesgo humorístico indudable, pero tampoco creo que merezca dar la impresión de deslizamiento hacia la frivolidad.  


Unas cuantas obras de Oscar Wilde reseñadas en ULAD: aquí

viernes, 27 de enero de 2012

Oscar Wilde: El fantasma de Canterville

Idioma original: inglés
Título original: The ghost of Canterville
Fecha de publicación: 1888
Valoración: Recomendable

El nombre del autor del relato largo que hoy reseñamos bien podría ser una pregunta de Trivial, ya que El fantasma de Canterville se trata de una de las obras más célebres del susodicho pese a su escasa longitud. Y eso que el escritor de esta historia cultivó con éxito prosa, poesía, ensayo y teatro.

Para los que aún no lo sepan, diré ya que Oscar Wilde es la respuesta a la cuestión planteada. Así es: el controvertido escritor británico de origen irlandés fue el artífice de esta divertida e ingeniosa historia con la que es posible pasar un divertidísimo rato a la vez que se lee buena literatura de finales del siglo XIX, algo que a algunos quizás pueda resultarles incompatible.

El fantasma de Canterville, que tiene un título que bien podría servir para presentar una terrorífica obra de cualquier autor macabro de la época, es en realidad una pieza cómica pese a que sí, en efecto, deambule por sus páginas un fantasma de pasado más oscuro que el fondo de un pozo. Dicha ánima en pena no es otra que Lord Canterville, del que se dice que asesinó a su esposa hace 300 años y que cuando murió de forma horrorosa, en vez de ir al otro mundo, se quedó rondando por su magnífico castillo de Inglaterra. Sin embargo, esta pavorosa leyenda no frena en absoluto a Hiriam B. Otis, un decidido y entusiasta señor norteamericano que junto con su familia (esposa, hijo mayor, otros dos hijos que son un par de traviesos gemelos e hija pequeña) se instala en el castillo Canterville.

Pero, para variar, no será esta familia (indómita y de férreos ideales patrióticos y energía agotadora) la que tiemble al chocarse con el, en teoría, temible fantasma de Canterville: más bien serán ellos los que torturen al pobre espíritu. Especialmente los gemelitos Otis, que no tendrán piedad a la hora de burlarse y hacer faenas al ser. Y es que los Otis, genios y figuras del Nuevo Mundo, encuentran soluciones de todo tipo para enfrentarse a su cansino inquilino, desde borrar la mancha de sangre de la difunta señora Canterville que aparece a diario en el castillo a base de detergente, hasta engrasar las cadenas del pobre espectro para que no dé tanta guerra.

Así, Wilde consigue que los lectores de su obra le tengan verdadera lástima al que en teoría debería ser el villano de la función, y cojan mucha manía a los prepotentes Otis, tan pagados de sí mismos y seguros de pertener al país más bravo y progresista del mundo, y que representan el pragmatismo y la falta de romanticismo y temores ancestrales que trae consigo el progreso humano en todos los sentidos. Menos mal que la dulce Virginia, la menor de los Otis, ayudará a nuestro pobre fantasmita de la Vieja Europa a alcanzar la paz eterna...

En fin, paro, que destrozo esta pequeña maravilla. Lean y disfruten. Y recuerden que Wilde es un autor de finales del XIX, ¡imagínense qué harían los horrorosos gemelos Otis del siglo XXI al pobre y atrabiliario Lord Canterville!

También de Oscar Wilde en ULAD: La importancia de llamarse Ernesto, El retrato de Dorian Gray, La esfinge sin secreto, De profundis, El crimen de Lord Arthur Savile

miércoles, 19 de mayo de 2010

Zoom: La esfinge sin secreto, de Oscar Wilde

Título original: The sphinx without a secret
Idioma original: inglés
Fecha de publicación: 1887
Valoración:
Muy recomendable

Bienvenidos de nuevo, queridos niños míos, al rincón del tío Ian, un lugar donde encontraréis cosas sorprendentes y epatentes...

Hoy os presento otro de mis relatos preferidos, La esfinge sin secreto, que si hubiera sido firmado por el señor Allan Poe, no habría sido de locos pensar en una historia sobre una maldición macabra achacada a cierta reliquia egipcia. Pero el caso es que este cuento es de la autoría del genial Oscar Wilde, el excéntrico irlandés que hace siglo y medio, desafiando a los cantamañanas puritanos de su entorno, puso todo (y a todos) patas arriba con su irrepetible personalidad, mezcla imposible de dandy irredento, gay de lengua viperina, y escritor talentoso y novedoso.

Si queréis adentraros en el personaje, además de leer su obra, no os perdáis la exquisita y rigurosa interpretación de Wilde que hizo para la gran pantalla el talentoso actor Stephen Fry en una película aceptable de 1997. Pero vamos al argumento tratando, como siempre, de escapar de los canes de los Caza Spoilers, lo cual, en esta ocasión, es una misión imposible, ya que el sorprendente final de La esfinge sin secreto es la pieza maestra de esta herramienta literaria que le deja a uno de piedra cuando la termina.

Entonces, ¿cómo lo hacemos, queridos? ¿Cómo os animo a leer este relato sin hacer girar mis palabras de admiración en torno a su genial conclusión? Bueno, pues os diré que está muy bien escrito, sin chuminadas ni prosas floridas; y que el personaje femenino de la historia es el prototipo de dama decimonónica: lánguida, atractiva, depresiva, escurridiza e intrigante; y que, de nuevo, el lector se sentirá atraído por un enigma que hasta el final no se resuelve; y que cuenta una historia efectiva en poco espacio con las palabras justas.

¿Crítica insulsa la mía? Ya lo siento, queridos niños, pero vuestro tío Ian, que vela por vuestra felicidad literaria, hasta aquí puede escribir...De lo contario, os desvelaría en su modesto habitat un secreto que se disfruta más cuando se descubre por uno mismo.

Ya me contaréis, pequeños.

Dulces sorpresas. Que os guarden los ángeles...

También de Oscar Wilde en ULAD: La importancia de llamarse Ernesto, El retrato de Dorian Gray, De profundis, El fantasma de Canterville

sábado, 9 de mayo de 2009

Oscar Wilde: El retrato de Dorian Gray

Idioma original: inglés
Título original: The Picture of Dorian Gray
Fecha de publicación: 1890-91
Valoración: Muy recomendable

Probablemente, El retrato de Dorian Gray es junto con Los viajes de Gulliver uno de los libros que más ha distorsionado su paso a la cultura popular. Porque si preguntas por ahí qué tipo de libro es, mucha gente (no sabría decir qué porcentaje) dirá que es una novela de terror. Porque así es como ha llegado a la cultura popular: como la aterradora historia de un noble inglés que vende su alma al diablo a cambio de que su edad y sus horribles crímenes se reflejen en su retrato, y no en su cuerpo. Y aunque ese resumen cubre de manera aproximada el argumento de la novela, quien la lea con esa imagen en la cabeza se aburrirá como una ostra, porque El retrato..., sobre todo en su primera mitad, es una mezcla de alta comedia victoriana y de reflexión sobre la belleza, la moral y el arte, y sólo en su último tercio adopta más estrictamente la forma de un relato gótico con reminiscencias de Fausto.

La novela, en realidad, se desarrolla como el retrato psicológico de la evolución de su protagonista, Dorian Gray, un joven efebo, hedonista y maleable, dividido entre otros dos hombres que quieren atraer su atención: el pintor Basil Hallward, cautivado por su belleza y su juventud, y el cínico Lord Henry Wotton, quien se propone transmitir al joven Dorian sus ideas hedonistas y decadentes. Seducido por la creencia de que el placer y la belleza son la única moral aceptable, Dorian se sumerge en el vicio y la depravación (o en lo que la sociedad inglesa de la época calificaba como "vicio y depravación").

En el momento de su publicación, El retrato de Dorian Gray fue recibido con críticas y con escándalo. Los críticos creyeron ver en la novela una exaltación del decadentismo y dela inmoralidad que iba más allá de lo aceptable; en concreto, la obra contenía insinuaciones acerca de posibles relaciones homosexuales (de Dorian Gray con Basil y con otros personajes secundarios) que fueron difuminadas aún más por Wilde en la segunda edición de la obra, publicada en 1891.

Mención aparte merece el prólogo de la obra, añadido también en la segunda edición para defenderse en cierta medida de las críticas recibidas. En este prólogo -todo un manifiesto esteticista-, Wilde afirma la independencia de arte y moral, la superioridad de la belleza sobre cualquier otra consideración o la amoralidad (que no inmoralidad) de toda obra literaria.

También de Oscar Wilde en ULAD: La importancia de llamarse Ernesto, La esfinge sin secreto, De profundis, El fantasma de Canterville, El crimen de Lord Arthur Savile

lunes, 21 de febrero de 2011

Oscar Wilde: La importancia de llamarse Ernesto

Idioma original: inglés
Título original: The Importance of Being Earnest
Año de publicación: 1895
Valoración: Recomendable
Mi queridísimo Bunbury:
Te escribo desde el profundísimo sopor que el campo y mis entrañables vecinos me producen. Como siempre he dicho, cuando uno está en la ciudad se divierte a sí mismo, pero cuando uno está en el campo uno divierte a los demás.

Mi muy querido Ernesto:
Difícilmente consigo arrancar estas líneas a la monotonía de la vida urbana. Mi tía se empeña en que busque esposa y yo me empeño en buscar excusas que me permitan escapar al campo. No consigo hacerle comprender que la esencia misma del romance es la incertidumbre. Si algún día me caso, intentaré sin lugar a dudas olvidar este dato.
***

Lo que acaban ustedes de leer son extractos de la correspondencia privada entre Mr John 'Jack' Worthing y Mr Algernon Moncrieff, protagonistas de esta enrevesada pieza teatral.

Es necesario aclararle al lector de esta reseña que no nos encontramos ante cuatro personajes diferentes: Bunbury y Ernesto son los alter egos creados, respectivamente, por los respetables amigos Algernon Moncrieff y Jack Worthing para escapar de la asfixiante rutina de sus vidas de jóvenes ejemplares y distinguidos. Así, la presencia de Mr Moncrieff es periódicamente requerida junto al lecho de su inventado amigo Bubury, inválido, mientras que los excesos de su ficticio hermano Ernesto obligan a Mr Worthing a viajar a la ciudad con más frecuencia de la que aconseja el decoro.

La trama se complica cuando Algernon, movido por ciertas inclinaciones amorosas, decide visitar la casa que tiene Jack en el campo haciéndose pasar por el crápula de Ernesto precisamente cuando Mr Worthing había decidido "matarlo" de un repentino y oportuno resfriado...

Esta obrita de apenas 60 páginas divididas en tres actos es un magistral derroche de ingenio verbal que a buen seguro provocará las carcajadas de los lectores/espectadores y, muy especialmente, de los amantes del incisivo humor británico. Wilde no solo hace una feroz sátira social (da un repaso a la aristocracia, a las clases bajas, al arte contemporáneo, a las costumbres de la época...), sino que se ríe hasta de sí mismo. Todo esto, aliñado con un generoso chorro de surrealismo.

Hay película con elenco de lujo: Rupert Everett, Colin Firth, Frances O'Connor, Reese Witherspoon y Judy Dench.


- Pincha aquí para ver el tráiler en castellano.
- Pincha aquí para ver el tráiler en inglés.



Nota curiosa: el cantante Enrique Bunbury tomó su apellido artístico de esta obra.



viernes, 19 de abril de 2019

VV.AA. Ojos de aguja

Idioma original: varios
Año de publicación: 2000
Valoración: Recomendable (sobre todo para fans del género)

El microrrelato, ya saben, una página o dos, incluso menos, de narración comprimida al máximo, apenas un flash, un impacto. Algo que hay que saber hacer muy bien para que no quede en una simple ocurrencia. Podríamos discutir sobre si es un subgénero, o sobre dónde ubicarlo, hay quien lo considera un formato de segunda división, propicio para quien no es capaz de construir algo de mayor empaque, o para verter una idea aislada que a alguien le parece redonda y autosuficiente. A mí me parece algo quizá más próximo a la poesía que al relato breve, una especie de Twitter donde los límites de la extensión lo son todo: no hay espacio para desarrollar casi nada, sólo debe contener lo imprescindible, y todo ello. 

Ojos de aguja es una recopilación elaborada por José Díaz, y desde luego maestros del género no le faltan, no sé si en el ámbito del microrrelato, pero desde luego sí en el mundo de la literatura en general: Cocteau, Bioy Casares, Kafka, Rubén Darío, Oscar Wilde, Benedetti, Max Aub, y así un montonazo de nombres de esos que impresionan, incluyendo por supuesto a Monterroso, Cortázar y Borges, que se suponen más habituales en este campo, además de otros muchos, menos conocidos. Mayoría absoluta de autores españoles y latinoamericanos. Y claro, hay de todo.

Como tampoco voy a dedicar más espacio de lo que ocupan los propios relatos, dejaré solo unas pinceladas sobre algunos que me han llamado más la atención:
- La preciosa moralina de los hermanos Grimm en El pobre campesino, en el cielo
- El humor negro de García Márquez en la historia de un fusilamiento (sin título)
- La sutileza de un par de relatos de Bioy Casares y Monterroso
- La imaginación de Jose María Merino (Ecosistema) y Ángel Guache (Las apariencias del pintor)
- El experimento interactivo de Luis Britto (Subraye las palabras adecuadas)
- Los relatos que versan sobre estatuas de Juan Eduardo Zúñiga o de Oscar Wilde

Y así podríamos seguir un buen rato, porque tenemos más de cien pequeñas obras (no sé cuántas, porque no hay un índice) visitando el mundo de la fábula, la metáfora, la imagen mínima transformada en historia, el aroma oriental, el juego de palabras o el poder de la página en blanco. Todo lo cual constituye un compendio que recomiendo claramente a los amantes del género, y del que se desprende alguna reflexión sobre esta forma de expresión literaria.

En general, el microrrelato viene a ser una forma literaria sintética en la que prima sobre todo el ingenio, y que en un buen número de casos, seguramente una amplia mayoría, tiene un desarrollo lineal que podríamos llamar tramposo, que lleva al lector por un terreno más o menos convencional hasta que le descoloca mediante un quiebro, el elemento sorpresa que sobreviene muy cerca del final. Es con frecuencia un golpe irónico o una última línea, muchas veces metafórica, que sorprende al lector atacando por donde menos lo espera, alterando de repente la perspectiva o simplemente redondeando con una frase brillante, que parece constituir el objetivo, la esencia misma de lo que se pretendía contar. Por eso, aparte de a la poesía, como decía antes, el formato me recuerda muchas veces a un chiste, dicho sea con el debido respeto a los creadores. 

Aunque no soy lector habitual de microrrelatos, creo que el libro que estoy comentando es un muestrario bastante amplio y entiendo que también de un nivel apreciable como para considerarlo significativo, y aun encontrando textos muy estimables, algunos realmente brillantes, otros divertidos y casi todos sorprendentes, me queda la sensación de que pocos autores escapan de ese esquema al que me refería. Son magníficos los relatos de Borges, de Italo Calvino, de Onetti o de Rubén Dario, por no extenderme más, pero apenas unos pocos se salen de la fórmula y exploran otros terrenos, el Luis Britto que citaba antes, Ana María Shua y quizá alguno de los varios que tiene Cortázar. En este sentido puede que me haya quedado una pequeña decepción. 

Y, como poco menos que profano en el género, me planteo si será que la recopilación en concreto puede haber pecado de conservadora dejando fuera ejemplos más arriesgados, o si a lo mejor estaba esperando cosas que sencillamente no existen.

jueves, 6 de febrero de 2020

Escritores de película (resopón de la Semana del Cine)

Cine y literatura siempre han tenido una relación estrechísima, no sólo porque muchos autores se han dedicado también a escribir guiones (y guionistas, libros) o porque muchísimas películas, antes del aluvión actual de adaptaciones de videojuegos o series de televisión, están basadas en novelas o relatos; también porque la figura del escritor o escritora ha sido siempre muy atractiva para la cinematografía, puede que incluso más que la de los propios cineastas, y desde luego , mucho más que profesiones como fontanero, tallador de fruta o quiromántico (aunque mucho menos que soldados, policías, gángsters, bibliotecarias de Texas o cualquiera que vaya por la vida con un arma en la mano).

Revirando, pues, el sabio aserto que aconseja no leer libro protagonizados por escritores -misión imposible- ni ver películas sobre cineastas, hago notar que existen un montón de films que tienen a escritores de protagonistas, ya sean como personajes reales o de ficción (mejor dicho: más o menos de ficción). la variante más obvia de este tipo de películas son las llamadas "biopics", es decir, películas biográficas que retratan toda o una parte sustancial de la vida de algún personaje conocido; aunque, ciertamente, en ocasiones resulta difícil saber de antemano quién es la figura biografiada: Capote, Wilde, Tolkien, Dovlatov, Yesenin, Mary Shelley, La joven Jane Austen, Las hermanas Brontë, Mishima, una vida en cuatro capítulos... Se lo han currado a tope, ¿eh? Incluso Miss Potter, encarnada por la simpática Renée Zellweger, resulta fácil de identificar para el público anglófono como la madre de Harry... perdón, de Peter Rabbit. Hay que fijarse un poco más, eso sí, cuando el título de la película es tan sólo un nombre de pila: Iris (Murdoch), Enid (Blyton), Colette... bueno, éste no tanto. Resulta más sugerente -aunque el contenido no tiene por qué ser más interesante- cuando el título es menos obvio: Antes que anochezca, sobre Reinaldo Arenas haciendo de Javier Bardem, Tierras de penumbra, sobre C. S. Lewis o la inefable Ábrete de orejas, acerca del malogrado dramaturgo Joe Orton. Rebelde en el centeno, ni os digo sobre quién trata...

Otras películas también se encuadran dentro del biopic, pero circunscribiéndose a un periodo concreto de la vida de los biografiados (a menudo la época en la que estaban escribiendo una determinada obra):

-Shakespeare in love: El joven William se enamora, escribe Romeo y Julieta, afronta con gallardía contratiempos y peligros -como una reina Isabel que bien podría ganar el certamen de drags de Tenerife- para al final encontrarse con que su amada se ha ido con el multimillonario Richard Stark, que además es un superhéroe y mola mil.

-Historia de un crimen: James Bond cae en una trampa de Spectra y es encerrado en una cárcel de Kansas, adonde el MI6 envía a sus agentes Ruiseñor y Gorrión -a.k.a. Harper Lee y Truman Capote- para liberarlo. No lo consiguen y Bond es ejecutado, con lo que ahora se encuentran en el brete de tener que elegir a un nuevo 007.

-The End of the Tour: Precuela de Bienvenidos a Zombieland en la que David Foster Wallace con  sempiterna bandana en la cabeza y un (aún más) imberbe Columbus tratan de sobrevivir juntos al estallido del apocalipsis zombie. Sólo uno lo consigue.

-Remando al viento: Cómo hubiera sido Cuatro bodas y un funeral a principios del siglo XIX en una villa a orillas de un lago suizo, cuando la gente se aburre porque se acaba el bebercio y no disponen aún de Netflix.

-Las horas: Virginia Woolf mete mano en la caja de la editorial Hogarth Press para amueblar a su gusto su habitación, pero cuando le miente al respecto a su socio y marido, le crece la nariz de forma insospechada.



Bueno, vale, lo dejo ya; no hace falta que sigáis enviando más anónimos amenanzantes... Tan sólo dejadme mencionar La importancia de llamarse Oscar Wilde, sobre los últimos días de este escritor; Gringo viejo, sobre la desaparición en México de Ambrose Bierce; Descubriendo Nunca Jamás , con Johnny Depp (con un peinado normal, aunque ya había difrutado lo suyo como Hunter S. Thompson en Miedo y asco en las Vegas) haciendo de J. M. Barrie, el autor de Peter Pan o Carrington, acerca del enamoramiento (fallido) de esta artista hacia el escritor Lytton Strachey. Si se me permite, mi película favorita de esta categoría es una acerca de un escritor mucho menos conocido: La gran estafa (The Hoax), sobre el intento de vender unas falsas memorias de Howard Hugues que hizo Clifford Irving.

Por último, una modalidad igualmente interesante (o más) es la de la ficción con escritores inventados y aasumiendo todo tipo de roles: desde villanos de diferente pelaje -El resplandor, La mitad oscura, Balas sobre Broadway, Insomnio- a víctimas en mayor o menor grado -Misery, Barton Fink, Basada en hechos reales...- pasando por, como no podía ser de otra manera, el papel de testigo de los hechos o de su realidad circundante: La gran belleza, Medianoche en el jardín del bien y del mal... o incluso una mezcla de todo lo anterior, como ocurre en esa película , basada en una novela de Robert Harris y protagonizada por la curiosa figura del escritor "negro o "fantasma": El escritor. Tenemos también al escritor "señor Miyagi" en Descubriendo a Forrester, al aquejado de una curiosa forma de bloqueo consistente en no poder dejar de escribir de Jóvenes prodigiosos y, por fin, al escritor que ha llegado al que se supone es el culmen de su profesión, como Paul Newman en la deliciosa El premio (quizás mi película favorita sobre escritores, NEVER EVER).


Porque curiosamente (y tranquis, que ya acabo) es en el género de comedia donde encontramos gran catidad de películas con escritor incorporado: autores de best-sellers en La selva esmeralda, Mi testigo preferido o Mejor imposible -recordemos al impagable personaje interpretado por Jack Nicholson-; patosos remedadores de Extraños en un tren: Tira a mamá del tren, con Danny de Vito y un Billy Cristal como escritor aquejado, también él , de bloqueo (esta circunstancia aparece mucho en el cine) o enredados en curiosas tramas metaliterarias: Desmontando a Harry o Más extraño que la ficción (en este caso y aunque el escritor sea un guionista, no puedo dejar de mencionar  Adaptation (El ladrón de orquídeas), de Spike Jonze, con un Nicholas Cage que por fin sacó partido a su cara de acelga). Y no puedo dejar de mencionar aquí al auténtico Rey de la Comedia, al escritor/actor que más risas nos ha heho pasar en el cine y que seguro que aún nos deparará monmentos deliciosos: Michel Houellebecq, estrella absoluta -con permiso de Depardieu- de El secuestro de Michel Houellebecq y Thalasso.


Amigos para siempre, lailo-lailo-lailo-lá...


Nota: los títulos de las películas son los que han tenido en su estreno en España, por lo que pueden diferir con respecto a los de otros países y, desde luego, respecto a los originales... Así, por ejemplo, Historia de un crimen es, en realidad, Infamous, y The Happy Prince se tradujo como La importancia de llamarse Oscar Wilde, para sonrojo de todos o al menos del que suscribe.

viernes, 8 de octubre de 2010

Grandes villanos literarios en el archivo ULAD

Durante esta semana hemos hablado de algunos grandes villanos literarios de hoy y de siempre (Satán, Daniel Quilp, Heathcliff, Briony), pero sería injusto no hacer mención a otros, a los que no hemos dedicado una entrada por el simple hecho de que ya hemos hablado de los libros en los que aparecen. Estos son algunos de nuestros "malos favoritos":

-El Capitán Garfio, en Peter Pan, de James Barrie. Uno de esos villanos a los que es imposible odiar. Torturado por Peter Pan y sus Niños Perdidos, perseguido por el cocodrilo y su reloj, el Capitán Garfio es un malvado carismático que despierta nuestra simpatía y nuestra comprensión; sobre todo por contraposición con el niño-eterno, que es sencillamente insoportable.

-Jean-Baptiste Grenouille, en El Perfume de Patrick Süskind. Con su nariz todopoderosa, su espíritu de supervivencia y su absoluta falta de escrúpulos, este perfumista/asesino es uno de los personajes más originales e inquietantes de la narrativa del siglo XX.

-Domingo, en El hombre que fue jueves, de G. K. Chesterton. Pero ¿es Domingo verdaderamente un villano? ¿Es un héroe? ¿Es un diablo? ¿Es un semidiós? Es necesario leer la novela para poder contestar a esa pregunta. E incluso, después de leerla...

-Eso en It, de Stephen King. No sabemos qué es, cómo nació, de qué está hecho. Lo conocemos sencillamente como "eso", o, en su encarnación de payaso, como "Pennywise". Lo que sí sabemos es que nos da miedo. Mucho miedo. Ah, y que aquí todos flotamos.

-Annie Wilkes, en Misery, por seguir con Stephen King. Una voraz lectora de ideas fijas e higiene difusa: alguien que no quisiéramos tener como vecina. La gran pantalla ha hecho célebres algunos de sus peculiares métodos de enfermería.

-Dorian Gray, en El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. El perfecto dandy inglés seducido por la tentación de la eterna juventud, cuya degeneración moral y física se van reflejando en su retrato y no en su cuerpo, es ya un mito moderno de la literatura universal. Y además, con el incomparable estilo de Wilde.

-Dexter Morgan, en El oscuro pasajero (y los demás de la serie), de Jeff Lindsay. Porque antes de ser una serie de éxito, Dexter fue un personaje literario.

-El Coronel Kurtz en El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Otro de esos villanos enigmáticos, complejos, hipnóticos, capaz de dominar una novela en la que solo aparece en el último tercio, y de despedirse con una de esas frases memorables y mil veces repetidas y parodiadas: "¡El horror! ¡El horror!".

-Sauron, en El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien. Como no necesita presentación, pasemos al siguiente.

-El padre de Kafka, en Cartas al padre, o lo que es lo mismo, esa forma inaprensible y opresiva del poder que torturó al pobre Franz toda su vida, y sin la cual nunca habríamos tenido obras maestras como La metamorfosis, El castillo o El proceso. (Vale, igual es un poco excesivo llamar villano al pobre hombre, pero ya se entiende...)

-Voldemort en la heptalogía de Harry Potter, de J. K. Rowling. El reverso tenebroso del héroe, el lado oscuro de la magia, el-que-no-debe-ser-nombrado, que fue adquiriendo relevancia (y poder) a medida que los libros avanzaban y la serie iba volviéndose más adulta y más oscura. Hasta el gran enfrentamiento final...

Seguro que nos hemos olvidado de muchos otros, pero así os dejamos opción a vosotros, los lectores, para que nos habléis de vuestros "villanos de cabecera". Así que adelante, los comentarios son vuestros: ¿quiénes son vuestros malos favoritos?

jueves, 8 de marzo de 2012

Respuestas al Quiz

Con motivo del tercer cumpleaños del blog el pasado 1 de marzo, preparamos este quiz literario para que vosotros, fieles lectores para los que publicamos una reseña al día, pudierais comprobar cuánto habéis aprendido sobre libros, sobre el propio blog y sobre los autores del blog en estos tres años (¡¿TRES AÑOS!?)... o el tiempo que llevéis siguiéndonos.

Como lo prometido es deuda, a continuación encontraréis las respuestas a las preguntas y un baremo uladiense con el que medir el éxito de vuestra participación en el concurso (sí, al más puro estilo Super Pop o Bravo).


RESPUESTAS:

1. ¿En qué obra de teatro isabelina se la lía parda el Correos de la época a una pareja de jóvenes amantes? Romeo y Julieta, de William Shakespeare.

2. ¿Con qué colección de ¿poemas? nos muestra su lado más pícaro un autor que normalmente escribía fábulas sobre cigarras y hormigas? El jardín de Venus, de Félix María Samaniego.

3. ¿Para qué distopía bibliófoba nos vendría bien ir entrenando la memoria, por si las moscas? Fahrenheit 451, de Ray Bradbury.

4. ¿En qué obra de teatro resulta de vital importancia el nombre del protagonista? La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde.

5. ¿Qué libro canónico, poblado de seres verdes y morados y catalogado como "repugnante", confesamos haber reseñado sin leerlo? El Libro de Urantia.

6. ¿Qué novela resulta, debido a la inapropiada -o, ejem, ilegal- relación entre sus protagonistas, repulsiva a la par que deliciosa? Lolita, de Vladimir Nabokov.

7. ¿Qué novela corta, ambientada en una travesía de barco, se articula en torno al ajedrez? Novela de ajedrez, de Stefan Zweig.

8. ¿En qué novela se nos va por las ramas el aristocrático protagonista? El barón rampante, de Italo Calvino.

9. ¿Y en qué novela el autoculpabilizado personaje principal no sale de debajo de las ramas? La higuera, de Ramiro Pinilla.

10. ¿Qué autor es reseñado asiduamente por Jaime, como parte de un taimado plan para dominar el mundo? Jorge Luis Borges.

11. ¿Cuál es el género cuya principal reseñadora es Izas? Cómic / novela gráfica.

12. ¿Qué novela de García Márquez amenaza con provocar un duelo a florete entre Jaime y Santi? El otoño del patriarca.

13. ¿Qué autor portugués usa el nombre de un animal acuático (pero no un pez) para hacer una metáfora del Portugal salazarista? Cardoso Pires (El delfín).

14. ¿Con qué reseña empezamos el blog hace tres años yparecequefueayercómopasaeltiempo? La tregua, de Mario Benedetti.

15. ¿Cuál fue el título español de la novela húngara cuyo título original significa "Las velas ardieron hasta el final"? El último encuentro, de Sandor Márai.

16. ¿En qué afamada y tochácea novela algunos de sus protagonistas llegan al monte de su destino? El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien.

17. Y, puestos a hablar de montes, ¿en qué otra novela el protagonista dice haber llegado "a la cumbre de su buena fortuna"? El Lazarillo de Tormes.

18. ¿Cuál es la novela en la que una roca es la que se encarga de contarnos la historia? Sueño en el pabellón rojo (también llamado Memorias de una roca), de Cao Xueqin y Gao E.

19. ¿Qué gran amor hindú resulta frustrado a causa de la división social en castas? El dios de las pequeñas cosas, de Arundhati Roy.

20. ¿En qué novela valenciana cuyo asunto es la corrupción inmobiliaria se inspira una serie de TV? Crematorio, de Rafael Chirbes.

21. ¿Cómo se llama la adolescente que, por sacar conclusiones precipitadas, cambió el rumbo vital de toda una familia y el suyo propio, y tuvo por ello que expiar su culpa? Briony en Expiación, de Ian McEwan.

22. ¿Qué autor imaginó lo que hubiese ocurrido si EEUU no hubiese participado en la Segunda Guerra Mundial? Philip Roth en La conjura contra América.

23. ¿Qué ensayo, reseñado en este blog con cierto distanciamiento, se considera la "biblia" de los activistas del 15 M? ¡Indignaos!, de Stephan Hessel.

24. ¿En qué serie de libros el invierno parece uno de los protagonistas? Canción de hielo y fuego, de George R. R. Martin.

25. ¿Cuál es la obra en la que el veneno vertido en un oído provoca toda la trama? Hamlet, de Shakespeare.


BAREMO DE SABIDURÍA ULADIENSE:

  • 21-25 respuestas acertadas: "¡SOY EL QUE MÁS SABE DE ULAD DEL MUNDO!".
  • 16-20 respuestas acertadas: "Mi nivel de frikismo uladiense ha llegado a límites inconfesables".
  • 11-15 respuestas acertadas: "Si ULAD fuera El Señor de los Anillos, yo sería Sam. Pero quiero llegar a ser Frodo. O Gandalf. ¡O Sauron!"
  • 6-10 respuestas acertadas: "Que no cunda el pánico: aún soy joven -si no de cuerpo, de mente- y tengo mucho tiempo para ponerme al día con el blog".
  • 1-5 respuestas acertadas: "Bueno, no está mal: sé lo que es un libro. Ahora tengo que averiguar qué son esos bichitos negros que hay en todas las páginas"
  • 0 respuestas acertadas: "Estoy haciendo algo mal con mi vida: debería dejar el trabajo, abandonar a mi pareja, dar en adopción a mis hijos y a mis mascotas y encerrarme en una biblioteca pública hasta el fin de mis días. O hasta que acierte al menos cinco respuestas en el próximo quiz ULAD".

... ¿Y bien? ¿Qué tal os ha ido? ¿Qué respuestas habéis acertado y de cuáles no teníais ni repajolera idea? ¿Os pareció demasiado fácil o difícil el quiz? ¡Contádnoslo en los comentarios!

miércoles, 20 de enero de 2016

Colaboración: En movimiento. Una vida de Oliver Sacks

Idioma original: inglés
Título original: On the move. A life.
Traducción: Damià Alou
Año de publicación: 2015
Valoración: Muy recomendable

En movimiento. Una vida es el título de la biografía del psiquiatra inglés Oliver Sacks, fallecido el mes de agosto del año pasado. Sacks se despidió del mundo en un conmovedor artículo al saber que sufría una metástasis generalizada, agradecido por haber sido "un ser sensible, un animal pensante en este hermoso planeta". Con una serena aceptación de la muerte, redactó sus memorias que comienzan con una cita de Kierkegaard: "La vida hay que vivirla hacia adelante pero solo se puede comprender hacia atrás", aunque podrían comenzar igualmente con la célebre cita de Russell: "Tres pasiones, simples, pero abrumadoramente intensas, han gobernado mi vida: el ansia de amor, la búsqueda del conocimiento y una insoportable piedad por los sufrimientos de la humanidad".

Al igual que Russell, el amor, el conocimiento y la piedad fueron los motores de la vida de Sacks. En su caso, el ansia de amor vino marcada por su homosexualidad y la falta de aceptación de la madre: "Mi padre se lo contó y a la mañana siguiente cuando ella se me acercó con una cara de trueno que no le conocía me dijo: eres una abominación, ojalá nunca hubieras nacido. Luego se fue y no me habló en días. Cuando lo volvió a hacer nunca se habló más del asunto pero algo había cambiado para siempre entre los dos".

El enfado de la madre con un tono de maldición casi bíblica marcó la vida del joven Sacks y le provocó un conflicto entre el deseo innato de aprobación materna y el que ella juzgara la sexoafectividad de su hijo como algo maligno. Oliver Sacks tuvo que alejarse de su país natal, una Inglaterra que seguía manteniendo las leyes que condenaron a Oscar Wilde, para vivir, para ser, para lanzarse durante unos años a una vida nómada de quien no está a gusto en su propia piel y que le llevó a viajar en moto por EE. UU. y Canadá.

Sus primeros escarceos sexuales están narrados con una gran capacidad de impregnar de ternura hasta los recuerdos más sórdidos: sexo mezclado con el alcohol en un bar gay en Ámsterdam, la liberación en San Francisco, masajes con intención erótica a un amigo... No escaquea tampoco su experimentación con las drogas hasta que la situación de casi esquizofrenia de los participantes de una fiesta psicodélica le abrió los ojos sobre los peligros de su consumo.

Junto con el ansia de amor, Oliver Sacks persiguió el conocimiento. Quizá ese interés casi obsesivo por los secretos del universo y por cómo la mente percibe ese universo sean fruto de la sublimación, al igual que su afición al levantamiento de pesas, al submarinismo y a las motos.

Y de la búsqueda del conocimiento a la "insoportable piedad por los sufrimientos de los demás", a la humanización del paciente. Oliver Sacks se identifica con las minorías, ve el mundo desde el ángulo de la marginalidad. Analiza trastornos como el síndrome de Asperger o el síndrome de Tourette no como una tara sino como un privilegio, el privilegio que da una visión no normativa del mundo. Narra los historiales clínicos en la tradición de la mejor literatura científica y divulgativa y los intercala con la teoría y sus reflexiones personales. Las historias de sus pacientes salen del papel y bullen de vida, siguiendo al pie de la letra la máxima de Henry James: "No expliques. Muestra".

Y después de toda una vida dedicada al estudio, a la investigación y a la escritura, el regalo de la vejez, su relación con Billy comenzada con setenta y siete años, que hace comprender a Sacks la paradoja de que el amor nace de la conciencia de nuestra propia mortalidad pero a su vez es quizá lo único que nos hace vencer a la misma muerte: "Fue una época de gran intensidad emocional: mi música preferida, o los rayos inclinados y dorados del sol al atardecer me hacían llorar. No estaba seguro de por qué lloraba pero experimentaba una intensa sensación de amor, muerte y transitoriedad, todo mezclado de manera inseparable".

En movimiento. Una vida es la plasmación de la identidad poliédrica de alguien sediento de conocimientos y de vida. "Soy inmenso. Contengo multitudes", decía Wittman. Varios fueron los que habitaron en Sacks: el humanista, el científico, el investigador, el médico, el devorador de libros, el escritor, el viajero, el estudioso de la identidad y de la conciencia, el doctor afable de bata blanca, el motero con chaqueta de cuero…

Solamente un punto débil del libro, el contrario que el de la película La teoría del todo. Cuando Hawking vio su biopic afirmó que le había gustado porque quizá había sido lo más parecido a un viaje en el tiempo que podría hacer, aunque manifestó que hubiera deseado más ciencia y menos sentimiento. Al acabar En movimiento. Una vida siento la sensación de que, en ocasiones, me hubiera gustado menos ciencia y más sentimiento.

En conclusión, me quedo con la frescura de la primera mitad del libro, la parte más desinhibida y alocada, que por momentos parece una novela de carretera y una crónica de viaje, aunque habrá quienes prefieran la parte reflexiva del final. De lo que no cabe duda es que Oliver Sacks atrapa el momento y lo plasma por escrito, como un entomólogo clava la mariposa en el corcho. En movimiento es el retrato de una mente inquieta que no malgasta ni un momento para aprender y vivir. Y es que eso es la vida, una sucesión de instantes y un aprendizaje continuo.

Firmado: Federico Escudero

También de Sacks en ULAD: Musicofilia, Un antropólogo en Marte

sábado, 27 de junio de 2009

John Kennedy Toole: La conjura de los necios

Idioma original: inglés
Título original: The Confederacy of Dunces
Año de publicación: 1981
Valoración: Muy recomendable

"¡Todos somos Ignatius Reilly!" Esta fue una de las perlas que brotó de la boca de un buen amigo mío durante el transcurso de una de esas noches de vino y rosas en las que la ebriedad hace que las lenguas cuajen en palabras todos los pensamientos que logran arrebatar a la mente de forma tan apresurada que, tras su manifiesto, muchas veces sólo queda el arrepentimiento...Pero en aquella ocasión no había de qué arrepentirse porque "¡Todos somos Ignatius Reilly!" fue lo que vociferó mi colega antes de chocar contra un mueble urbano y precipitarse al suelo. Y yo no pude por menos de estar de acuerdo con él, y le felicité mientras le ayudaba a incorporarse y el resto de nuestros compañeros nos miraba sin comprender. No sabían quién era Ignatius Reilly. Para saberlo hay que leer La conjura de los necios.

El título de la obra proviene de una frase de Jonathan Swift: "Cuando un verdadero genio aparece en el mundo, lo reconoceréis por este signo: todos los necios se conjuran contra él". Y si Swift era donatario de una inteligencia claramente malévola, no lo fue menos Kennedy Toole, ya que el "genio" de su conjura no es otro que un treintañero de Nueva Orleans, el amigo Ignatius J. Reilly, un tipo convencido de que la Edad Media fue la mejor era de la historia de la Humanidad, que vive con su madre y que no da palo al agua, mostrando así su rechazo por un mundo capitalista y corrupto que obliga a la gente al calvario del trabajo a cambio de dinero. Pasa las horas sobre el colchón de su cuarto escribiendo sus teorías lapidarias en decenas de cuadernos Gran Jefe, cuyo compendio (está convencido de ello), algún día constituirá su indiscutible obra maestra.

Sin embargo, el bueno de Ignatius no cuenta con que la pérfida diosa Fortuna se trae algo entre manos: empujarle sin miramientos a la cruda realidad del mundo laboral, porque resulta que una deuda contraída por su adorable madre, la viuda Irene Reilly, le obligará a buscar trabajo; lo hará en una industria de jeans judíos primero, como vendedor de salchichas después. Y señalemos que allá donde va el tipo, obeso y tozudo como una mula, no deja indiferente a nadie, porque su inimitable charme le hace involucrarse en las más terribles y penosas situaciones, cómicas desde la perspectiva más amarga de la palabra.

El quijotesco Ignatius es el claro precedente de Chris Peterson, el protagonista de la serie de culto Búscate la vida, en la que muchos han visto el consuelo televisivo por una hipotética película que nunca ha llegado a hacerse sobre La conjura de los necios, pero demos tiempo al tiempo...

Y es difícil no alabar este libro sin mencionar, al menos, a parte de la horda de peculiares personajes que rodean al mostrenco de Ignatius a lo largo de sus aventuras por la mítica Nueva Orleans; permítanme presentarles a mis favoritos: Burma Jones, el hilarante guardián negro de un garito de mala muerte; Darlene, la tierna stripper de dicho local (atentos al show que idea, donde pretende que un loro ayude a desnudarla); el patán agente Mancuso; Dorian Green (acordes de Oscar Wilde en mi oído), un gay del barrio francés, y sobre todo y ante todo, la espléndida y "progre" intelectual de lengua viperina Myrna Minkoff, el amor/odio de Ignatius (son ex amantes), culpable en buena parte de muchas de sus ocurrencias descabelladas, y con la que mantiene una generosa e intensa relación epistolar que ya hubieran querido para ellos Sartre y la Beauvoir.

En definitiva: un crisol de lúcidas locuras que hará pasar momentos irrepetibles al lector, pese a que, como dijo uno de los editores que rechazó el libro, "no trata realmente de nada".

Concluyo con un dato amargo, ya que les cuento que John Kennedy Toole, tras numerosos e infructuosos intentos por ver su libro publicado, acabó sumiéndose en una profunda depresión que le precipitó al abismo del suicidio. Tenía treinta y un años. Once años después, su madre (sin duda, el modelo que utilizó para crear a Irene Reilly), finalmente logró que alguien, el autor Walker Percy ni más ni menos, creyera en la obra de su hijo. El libro fue publicado con gran éxito, y al año siguiente, en 1981, logró el Pulitzer.

Y además, hay una estatua de Ignatius J. Reilly en cierta calle de Nueva Orleans, ciudad que vio nacer a este peculiar siervo de diosa Fortuna y, asimismo, al padre que le dio la vida y que vio la muerte sin poder contemplar jamás la efigie de su héroe posmoderno.

"¡Todos somos Ignatius Reilly!" Pues sí...

También de John Kennedy Toole en ULAD: La Biblia de neón

viernes, 6 de noviembre de 2009

250 entradas - 250 años (I)

Para conmemorar que hemos llegado a las 250 entradas de blog -sin fallar un solo día-, los que hacemos Un libro al día nos hemos propuesto hacer nuestro propio "canon" de los mejores libros escritos en los últimos 250 años. Cada uno de los autores del blog votamos por los libros que quisimos (10 en algunos casos, 25 en otros), y después unificamos las listas.

Como la lista de "nominados" y "premiados" es muy larga, la dividimos en dos partes: publicamos hoy la lista de libros que obtuvieron un solo voto, de alguno de nosotros (los "nominados"). Mañana publicaremos la lista de los 14 libros que obtuvieron más de un voto y que, por lo tanto, se puede decir, son "los 14 mejores libros escritos en los últimos 250 años según Un libro al día". Como veréis, en la lista -la de hoy y la de mañana- hay un poco de todo: mucha literatura consagrada (no es un canon excesivamente rompedor en ese sentido); casi todo novela, con algunas incorporaciones de novela gráfica, ciencia-ficción o novela fantástica; bastante literatura en español (con predominio de Hispanoamérica) y sobre todo una aplastante mayoría de obras del siglo XX.

Esta es, en fin, la lista de nominados:


  • ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick
  • Antología poética, Miguel Hernández
  • Canto a mí mismo, Walt Whitman
  • Cantos de Maldoror, Isidore Ducasse
  • Capitanes de la arena, Jorge Amado
  • De ratones y hombres, John Steinbeck
  • Dune, Frank Herbert
  • El amor en los tiempos del cólera, Gabriel García Márquez
  • El barón rampante, Ítalo Calvino
  • El candor del padre Brown, G. K. Chesterton
  • El color de la magia, Terry Pratchett
  • El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad
  • El lobo estepario, Herman Hesse
  • El marino que perdió la gracia del mar, Yukio Mishima
  • El proceso, de Kafka
  • El profeta, Khalil Gibran
  • El retrato de Dorian Grey, Oscar Wilde
  • El rey se muere, Eugene Ionesco
  • El ruido y la furia, William Faulkner
  • El señor de los anillos, J.R.R Tolkien
  • El tragaluz, Antonio Buero Vallejo
  • El último encuentro, Sandor Marai
  • Esperando a los bárbaros, Coetzee
  • Fausto, Johann Wolfgang von Goethe
  • From Hell, Alan Moore
  • Hojas de hierba, Walt Whitman
  • Inventario Uno, Mario Benedetti
  • Jane Eyre, Emily Bronte
  • Juego de tronos, George R.R Martin
  • La casa de citas, Alain Robbe-Grillet
  • La ciénaga definitiva, Giorgio Manganelli
  • La insoportable levedad del ser, Milan Kundera
  • La montaña mágica, Thomas Mann
  • La naúsea, Jean Paul Sartre
  • La tierra baldía, T. S. Eliot
  • Las amistades peligrosas, Pierre Choderlos de Laclos
  • Libro del desasosiego, Fernando Pessoa
  • Lo bello y lo triste, Yasunari Kawabata:
  • Luces de Bohemia, Valle Inclán
  • Me casé con un comunista, Philip Roth
  • Movimiento perpetuo, Augusto Monterroso
  • Mrs. Dalloway, Virginia Woolf
  • Narraciones extraordinarias, Poe
  • Nieve, Ohran Pamuk
  • Orgullo y prejuicio, Jane Austen
  • Poeta en Nueva York, Lorca
  • Rayuela, Julio Cortázar
  • Relatos, Julio Cortázar
  • Residencia en la tierra, Pablo Neruda
  • Rimas, Becquer
  • Sin destino, Imre Kertesz
  • Todo Mafalda, Quino
  • Un mundo feliz, Aldous Huxley
  • Una soledad demasiado ruidosa, Bohumil Hrabal
  • Una temporada en el infierno, Arthur Rimbaud

domingo, 25 de junio de 2017

Alison Bechdel: Fun Home

Idioma original: inglés
Título original: Fun Home
Año de publicación: 2006
Traducción: Rocío de la Maya
Valoración: Muy recomendable

El apellido de la autora de este libro, Alison Bechdel, quizás sea célebre, sobre todo, por dar nombre al recurrente "test de Bechdel", por el que se determina si una película (o novela o serie de TV...) logra evitar la brecha de género y que apareció en una tira cómica escrita y dibujada por ella, allá por el lejano 1985 (*). Pero también es más que conocida como una de las historietistas que más han aportado para que el cómic, en su variante como "novela gráfica" haya conseguido el reconocimiento e incluso la equiparación con la literatura más convencional y destinada al público lector adulto.

Hace ahora  ya tres años que nuestra compañera Izas reseñó otra obra de Bechdel, ¿Eres mi madre?, en la que la autora indagaba, al parecer con una gran influencia del psicoanálisis, sobre su relación con su madre. En esa reseña Izas recordaba que había una novela gráfica anterior de Bechdel, que consideraba de mayor calidad aún (yo no puedo comparar, pero me fío aojos ciegos) en la que lo que exploraba era la figura de su padre, un tipo de lo más impenetrable, laberíntico y obsesivo; profesor de inglés, funerario, restaurador compulsivo de un pasado idealizado, homosexual oculto y posible suicida. Se trata, claro está. de este libro, Fun Home (que tras habérmelo encontrado mencionado últimamente en diversos lugares, me decidí por fin a leer).

Que nadie se llame a engaño: el título no hace referencia, o sólo de forma irónica, a que en el hogar de los Bechdel se lo pasaran pipa; en realidad, era la manera como llamaban al negocio familiar, una funeraria en un pequeño pueblo de Pennsylvania. Teniendo en cuenta que casa de los Bechdel , de estilo gótico carpintero (sí, ESE gótico...) estaba cuidadosamente restaurada y decorada por Bechdel padre hasta en los más nimios detalles victorianos, no es de extrañar que la pequeña Alice se sintiera dentro de un episodio de La familia Adams. En verdad, parece claro que lo de fun tiene un significado irónico, en este caso: los personajes del libro apenas sonríen  y sólo al final del mismo se les ve más relajados e incluso alguno suelta una carcajada que otra (de ahí, supongo, el epígrafe que sigue: Una familia tragicómica)

Debido al carácter autobiográfico de esta novela gráfica, que, de hecho, abarca desde la primera infancia hasta los años universitarios de la autora, es ella misma la narradora en primera persona, aunque la obra se centra sobre todo en la figura del padre , por más que algunos capítulos estén más dedicados a la madre o la propia Alison (entrañable, para mí, es el que dedica al trastorno obsesivo compulsivo que padeció a los diez u once años, y con lo que no puedo sino identificarme). También hay un paralelismo obvio entre las vivencias de la hija y el padre, puesto que la progresiva asunción que hace ella de su homosexualidad a lo largo de su adolescencia coincide con el descubrimiento por su parte de la homosexualidad de él, que en cambio no la acepta - o a medias- y trata de ocultarla; motivo que, según Bechdel hija, pudo ser la causa -o no- del suicidio -o no suicidio- de Bechdel padre. Debo decir que, de todos modos, el retrato del padre experimenta también una evolución a mejor, pues el irascible cuasi-psicópata de los primeros capítulos acaba presentándose como un a víctima de sus propios secretos y represiones, como un individuo sensible y vulnerable que -y esto es extensible a toda la familia-, sin duda merecía mejor suerte.

Muy interesante resulta el paralelismo que se hace entre la situación del padre -que no en vano también es profesor de inglés- y determinadas obras y figuras literarias. primero, Scott Fitzgerald, el escritor predilecto del padre; luego, Oscar Wilde y su La importancia de llamarse Ernesto (al parecer, una obra que debe interpretarse en clave criptogay) y, sobre todo, la  novela favorita de Bechdel padre, Ulises, a partir de la cual se establecen analogías entre la relación paterno-filial Bloom/Stephen -o Ulises/Telémaco- y la de los Bechdel. Aunque también la autora hace referencia a otra famosa pareja de padre e hijo, Dédalo e Ícaro. La novela resulta, ciertamente, de una complejidad y profundidad más que notables, con una riqueza de análisis excesiva para explicarla aquí de manera pormenorizada  y, desde luego, que acabaría con los prejuicios "intelectuales" que cualquiera pueda tener hacia los cómics o novelas gráficas. Por su parte, el aspecto gráfico de la misma es de lo más detallista y resuelve a la perfección cualquiera de las situaciones narrativas que plantea el guión (cierto es también que han salido de la misma mano). En definitiva, un libro intenso y absorbente -también, en ocasiones, algo deprimente-, y desde luego, de lo más recomendable.

Como colofón a esta reseña, mencionar que a partir de esta novela gráfica (y me maravillo al pensar cómo habrán podido hacerlo) se estrenó en 2013 un musical con el mismo nombre y que en 2015 llegó a ganar un premio Tony. Ahora mismo aún sigue de gira por Estados Unidos, hasta el próximo mes de agosto, por si alguien tiene mucho interés en verlo...

(*) Como curiosidad, hay que decir que este libro de Bechdel sí que pasa el test de Bechdel, aunque, en mi opinión, un tanto por los pelos...




También de Alison Bechdel reseñado en Un Libro Al Día: ¿Eres mi madre?

lunes, 12 de noviembre de 2018

Malditas cubiertas: «Marianela» de Benito Pérez Galdós

En muchas de las reseñas de ULAD se valoran puntualmente las cubiertas de las obras por cuestiones concretas, pero hay casos en los que reflexionar en torno a este asunto puede extenderse tanto como la propia reseña.

Por otra parte, cuando contemplamos la cubierta de un libro (nos parezca más o menos llamativa o bonita) esperamos que nos transmita algo de lo que vamos a encontrarnos en las páginas siguientes, ya sea una sensación, un lugar, un personaje, la atmósfera… y esa información bien conjugada con el título (otro gran temazo, damas y caballeros) influye mucho en el hecho de que ese libro sea finalmente abierto o no. Luego están las predilecciones personales: unos prefieren una imagen literal, otros se decantan por algo más simbólico o sensitivo, pero lo que desde luego no gusta es una cubierta que no tiene ABSOLUTAMENTE NADA QUE VER —ni por negación— con el contenido de la obra que precede.

Y por todo lo dicho, me llena de orgullo y satisfacción (¡je!) inaugurar esta serie sobre CUBIERTAS.

Marianela se publicó por primera vez en 1.878 y se considera un clásico de nuestra literatura, lo cual es motivo suficiente para que haya sido editada hasta la extenuación en diferentes momentos y bajo diferentes parámetros de mercado (no es lo mismo una edición escolar que una para un coleccionable de clásicos que una conmemorativa). No obstante, en mi ardua peregrinación me he encontrado tal variedad de cubiertas que me he visto obligada a su clasificación por estadios, partiendo de las que me parecen menos acertadas hasta llegar a aquellas en las que finalmente se percibe que sus creadores SÍ conocían esta obra de Galdós y a su entrañable protagonista, la Nela.

ESTADIO 1: WTF
Porque la contemplación de estos cuatro rostros femeninos con esos estilismos tan de su época (la que sea en cada caso) me sugiere cualquier cosa menos a la Nela que, de tan sencilla y montaraz, no llevaba ni zapatos. Y qué me sugiere, de izquierda a derecha:
  1. Biografía de María Antonieta.
  2. Lucy (natural de Nueva Jersey) mandó hacerse esta bonita fotografía para que su prometido Billy, alistado en la Guerra del Pacífico, la llevara siempre consigo y no la olvidara.
  3. Poetisa maldita que vivió —aunque muy poco— inmersa en la bohemia parisina de finales del siglo XIX.
  4. Una de las niñas de El sí de las niñas de Leandro Fernández de Moratín, le dijo «sí» a Jack Nicholson y hete aquí la terrible consecuencia.
ESTADIO 2: LA QUE SA LIAO 
Porque seguro que en el seno de todas las editoriales se cometen errores y, por qué no, se edita una novela con una cubierta que pertenece claramente a otra:
  1. Salomé de Oscar Wilde.
  2. La gitanilla de Juan Ramón Jiménez. Tiene a su favor ese aire de marginalidad del personaje de Galdós, pero hasta vista de perfil ya se percibe en esta gitanilla bastante más carácter del que se puede esperar de la dulce Nela.
  3. Jane Eyre de Charlotte Brontë o Agnes Grey de Anne Brontë o cualquier sensible dama envuelta en serias tribulaciones que amenazan su salud moral y física.
  4. Un hombre que camina en la oscuridad de un territorio inhóspito bajo la atenta mirada de una mujer fantasmal. Cumbres Borrascosas (y con esto ya cumplimos la cuota Brontë hasta el año que viene).
ESTADIO 3: PASTORCILLAS
A alguien se le ocurrió que tal vez la Nela fuera algo así como una virginal pastorcilla y eso desenterró todos los clichés del ideario ñoño. Valoremos al menos el conocimiento de que la historia transcurre en un entorno rural, que es un elemento determinante en Marianela. Así que nos vamos acercando:
  1. Pastorcilla full equip (canesú, flores en el pelo, etc) de las fábulas de Esopo y Lafontaine.
  2. Pastorcilla de pesebre en momento adoración del niño Jesús.
  3. Pastorcilla/doncella/ninfa de pintura renacentista.
  4. Primerísimo plano de pastorcilla (obsérvese qué serenidad y qué cutis, propio de la vida idílica de la que se pasa el día a la intemperie cuidando del ganado).
  5. Pastorcilla asilvestrada. Es menuda, prácticamente una niña, y está como engullida por la vegetación. Se acerca a la figura de la Nela algo más que las anteriores aunque el entorno parezca la verde Irlanda y no una población minera del norte de España.
ESTADIO 4: SI NON E VERO E BEN TROVATO
Y es que quien ha leído Marianela (o la reseña) sabe que se trata de un personaje de difícil catalogación, al que Galdós siquiera describe físicamente, y que pretender retratarla y captar además su mundo interior es meterse tontamente en un fenomenal aprieto. Por ello las cubiertas que desde mi punto de vista más se ajustan al espíritu de la novela, o bien se valen de una ilustración intencionada de la protagonista o bien buscan otro posible leitmotiv:
  1. Pablo y su lazarillo Marianela, una estampa característica de la novela en la que se percibe que Pablo está pero no ve y que Marianela ve pero no acaba de estar.
  2. Una niña/adolescente rodeada de oscuridad (simboliza la falta de cultura y de horizontes) que vive con un tormento interior (quizá demasiado a juzgar por su expresión pero me parece más acertado que la vacua serenidad de pastorcilla).
  3. La pequeña que se arropa con semblante triste transmite muy bien la soledad y la vulnerabilidad del personaje de Galdós (aunque estoy segura de que la pobre Nela nunca tuvo esos mofletes).
  4. El territorio agreste de la zona minera en el que transcurre la historia y que es casi un personaje más de la novela.
  5. Una flor silvestre arrancada y abandonada. A mi parecer, el modo más simbólico, emotivo e inteligente de captar la singularidad y el conflicto de la protagonista.
De todas maneras (y más allá de mis muy científicas elucubraciones) en asuntos así prima la sensibilidad de cada lector, a la que no deberíamos desoír porque, si bien se dice que no se debe juzgar al libro por la cubierta, no se ha dicho nada sobre juzgar a la cubierta por el libro.