sábado, 4 de julio de 2009

Joseph Conrad: El corazón de las tinieblas

Idioma original: inglés
Título original: Heart of Darkness
Año de publicación; 1899
Valoración: Muy recomendable

El corazón de las tinieblas es ya una novela de culto en todo el mundo, un hito innegable del canon occidental, adoptado como propio por T. S. Eliot y adaptado para el mundo post-Segunda Guerra Mundial por Francis Ford Coppola en su obra maestra Apocalipsis Now. Pero, mirado de cerca e intentando abstraerse de su monumentalidad canónica, El corazón de las tinieblas es una novela rara. Fascinante, pero rara.

La novela se divide en tres partes, y cada una de ellas tiene un tono y casi un género distinto. La primera parte presenta el marco narrativo (Marlow cuenta su historia a un grupo de marineros en las estribaciones del Támesis, en Londres) e introduce el comienzo de su odisea, hasta que alcanza el puesto colonial al que ha sido destinado para servir de piloto fluvial; la segunda narra el viaje remontando el río Congo, hasta alcanzar otro puesto, escondido en el medio de la selva, en el que se encuentra Kurtz, el misterioso agente europeo que ha logrado cautivar a los nativos y enviar cantidades ingentes de marfil de vuelta a la colonia; la tercera parte está dominada por Kurtz, que se agiganta hasta adquirir proporciones míticas: cercano a la muerte, se niega a abandonar la selva, aunque finalmente Marlow y sus acompañantes consiguen embarcarlo, aunque no salvarlo.

El corazón de las tinieblas es uno de los más clarividentes descensos literarios al mundo de lo irracional, de la locura. Kurtz, capaz de cautivar con su voz y su carisma tanto a blancos como a nativos, es un símbolo ambiguo -como suelen ser los símbolos- de la dominación europea del continente o del retorno al hombre primitivo. La lectura, que comienza con una poética descripción del río Támesis, se oscurece cuando se traslada al río Congo, como se oscurecen también las experiencias y los pensamientos del narrador, cada vez más seducido por la figura de Kurtz. La luz y la oscuridad se alternan y se disputan su espíritu, que sin embargo consigue mantener su cordura en medio de la vorágine.

La obra de Conrad ha sido vista a veces, al menos parcialmente, como una crítica al Imperialismo británico -y desde luego, poco se ve en la novela del "esfuerzo civilizador" de los europeos en el continente africano-. Pero también se ha leído en ella una novela racista, que identifica la luz y la razón con el hombre blanco; la oscuridad y la irracionalidad con el hombre negro. Para un lector actual, en cualquier caso, lo fundamental sigue siendo la experiencia de lo que está más allá de las fronteras de la cordura y la razón (en las últimas palabras de Kurtz: "El horror, el horror"); y para encontrar eso no es necesario irse a África: está dentro de Marlow, como está dentro de cada uno de sus lectores.