viernes, 17 de julio de 2009

¿Existe la 'buena literatura'?

Como "críticos amateur" que somos los que hacemos este blog, hay una pregunta que debemos intentar contestar, aunque sea imposible dar una respuesta definitiva: ¿existe realmente algo que pueda ser calificado como "buena literatura", opuesto a lo que podríamos llamar "subliteratura"? ¿Son libros como La insoportable levedad del ser, Pedro Páramo o Ficciones inherentemente mejores que El Código Da Vinci, Parque Jurásico o la última novela de Danielle Steel? Dicho en otras palabras: ¿existe algún criterio, aparte del gusto personal, que nos permita calificar determinados libros como "imprescindibles", "muy recomendables" o "repugnantes"?

Tradicionalmente se habla de "alta" y "baja literatura". La distinción puede imaginarse así. De un lado están los autores que continúan formas y géneros heredados adaptándolos a los gustos de la masa, que es perezosa y no quiere complicaciones: eso es bajo. De otro lado están los autores que se preocupan por innovar en su arte, llevan a su perfección formas que ya existían o crean otras nuevas: eso es alto. Por supuesto, decirlo así suena más bien a enseñanza de Barrio Sésamo, pero algo parecido es lo que se tiene en mente cuando se habla de alta literatura (seria, difícil, guiada sólo por criterios estéticos) y baja literatura (superficial, fácil de leer, preocupada por agradar).

Existe desde luego actualmente la tendencia, que no carece de argumentos, a considerar que clasificar así las producciones culturales es un formulismo conservador injustificado que conviene desterrar. Al fin y al cabo, el criterio presenta sus problemas cuando se trata de aplicarlo. Por ejemplo, hay muchos autores que escribían con la clara intención de agradar a su público y ponerles las cosas fáciles, más que nada porque vivían de su aprobación. Según la distinción en "alto" y "bajo", deberíamos condenarlos como mediocres productores de best sellers, pero no, resulta que forman parte del canon. Lope de Vega, sin ir más lejos. Por otro lado, las fronteras entre la alta y la baja literatura, pretendidamente eternas, han demostrado ser bastante cambiantes: escritores saludados en su tiempo como un dechado de originalidad y genio son olvidados poco después y vistos como meros epígonos. ¿Quién recuerda, por ejemplo, a Echegaray, uno de nuestros premios Nobel?

Y no es sólo que el criterio se muestre poco útil, es que puede sospecharse, con motivo, que su verdadera razón de ser tiene poco que ver con la literatura, y mucho con la distinción social. Así, excluir géneros completos del canon literario sería más un gesto de exclusividad aristocratizante que la aplicación de ninguna verdad estética: abajo, la chusma que consume mala literatura; arriba, los lectores selectos que se deleitan con obras de arte. En muchos casos puede aceptarse que es así, y que hay mucho de esnobismo en rechazar, a priori, las posibilidades y los logros de, por ejemplo, la novela policiaca, la novela fantástica o el relato de terror.

Pero, al mismo tiempo, tampoco les falta razón a los críticos que, como Harold Bloom (aunque quizás no con los mismos argumentos que Harold Bloom) defienden la necesidad de mantener una exigencia estética que limite la entrada en el canon: que puede ser histórica y científicamente apasionante estudiar los géneros populares, pero a fin de cuentas existe una diferencia cualitativa entre, por ejemplo, Philip Roth y Stephen King. Es innegable que unos libros son más simples que otros; en su estructura narrativa, en la construcción de personajes y escenas o en el tipo de lenguaje utilizado.

En algunos casos, por ejemplo, bastan un par de rasgos descriptivos para que reconozcamos un tipo de personaje que ya conocemos de sobra de mil películas, cómics, etc. Para no salir del Código Da Vinci (que es una bendición al hablar de estos temas): el protagonista es un profesor universitario, que habla varias lenguas vivas y muertas y es experto en antiguas simbologías, pero que, a la vez, sabe disparar un arma y al que siempre se le ocurre la manera de escapar de la muerte en el último segundo. ¿De qué me sonará...? Ese uso de ciertos clichés facilita la lectura, porque hace que anticipemos en gran parte la acción y no tengamos que detenernos en los detalles para ir completando nuestra imagen del personaje. Por la misma razón, claro, aligera mucho el trabajo del escritor. Podría decirse que muchos libros pecan, por así decirlo, de pereza literaria. ¿Es eso malo? Bueno, todos preferimos una lasagna casera, que tarda horas en cocinarse, a una precocinada y calentada cinco minutos en el microondas. Pues eso.

Parece evidente que, por el mero hecho de escribir críticas literarias, y por calificar a los libros en una escala de gusto, en este blog nos estamos situando más cerca de esta segunda postura que de la primera. Sí, hay razones por las que, como novela, El Código Da Vinci es inferior a El nombre de la rosa, e intentamos explicarlos en nuestras reseñas. ¿Significa esto que no se deban leer libros como Crepúsculo, Harry Potter o cualquier novela de Camilleri? En absoluto. De hecho, todos los que hacemos este blog las leemos -cada cual tiene sus géneros favoritos- y las disfrutamos. Pero esto no nos impide afirmar que al mismo tiempo, leyendo otro tipo de literatura (sí, vamos a decirlo claramente, "otros libros mejores") se pueden tener experiencias lectoras más profundas y enriquecedoras.

8 comentarios:

Paula dijo...

Qué gran entrada. Y qué buena -y graciosa- la comparación con la lasagna casera vs. lasagna precocinada. Es bastante elocuente.

Por cierto, hace poco compré, por vosotros, "Novela de ajedrez". Y me gustó mucho :D. Así que gracias.

Jaime dijo...

Gracias a ti por leernos, Paula.
Lo de este blog con Stefan Zweig está alcanzando proporciones preocupantes. Acabaremos fundando un club de fans...

Guillermo Gómez dijo...

Me alegro de que te gustara. A mí me encantó cuando la leí y luego en clases de literatura me ha venido genial como lectura para mis alumnos porque suelen disfrutar mucho con ella.

A ver cuándo abrimos ese club de fans. Ahora con Facebook está fácil. :-)

Magaby dijo...

Hola! me han gustado las reflexiones de este artículo, especialmente la analogía de la lasagna, fue genial. Estoy haciendo una investigacion sobre estética en la literatura, y quisiera saber qué opinion tienen acerca de eso. Ustedes tienen algun criterio para determinar que cosa es estéticamente bello literariamente?gracias :)

VINTAGE dijo...

el post estuvo exelente, al igual que ustedes concuerdo con que la literatura toma la calidad de buena o mala, segun los criterios i las ideas preconcebidas con las que se leen, en mi caso prefiero mil veces leer un libro de lovercraf (aunque se que no es muy enriquecedor) a uno de la sags de harry potter... trato de escribir, lo hago emdianamente, tocando el tema que le parece mi leteratura? es lasagna cosida o casera?. http://letrasmalsanas.blogspot.com/

Salustiano dijo...

El simple hecho de preguntarse si existen unos libros más excelentes que otros y de si todo no deja de ser relativo en literatura, ya me dice por sí mismo cuál es el criterio estético y cultural de la persona que la pregunta: esto es, nulo.

Don Nadie dijo...

¿Que el criterio no sirve? ¿Que leer buenos libros tiene más que ver con la presunción y la distinción social? Por favor... Qué defensa más burda del relativismo y del egocentrismo más falaz.

Leer malos libros siempre nos hace peores y más zoquetes que quien los lee mejores. Ninguna ventaja tiene leer si se lee basura. Para eso, mejor mirar cómo crece la hierba.

Bayrolles dijo...

No sé ni cómo pueden surgir dudas respecto a este tema para alguien que ya esté bastante leído. Los best-sellers y demás no son más que subcultura para apesebrados y el que lo niegue es que aún es "un pequeño saltamontes" en lo que a cuestiones literarias se refiere. No tiene más explicación.

Habiendo tan buenos autores y libros, ¿por qué malgastar nuestro valioso tiempo con obras mediocres o de dudoso valor para nuestras vidas? No tiene ningún sentido, es algo oligofrénico, demencial, de un patetismo extremo. Vale que la literatura no es para todo el mundo, pero si uno se considera un buen lector tiene que esforzarse siempre en exigirse más a sí mismo y no conformarse con el más bajo común denominador.