miércoles, 29 de julio de 2009

Alan Bennett: Una lectora nada común

Idioma original: inglés
Título original:
The Uncommon Reader
Fecha de publicación: 2007
Valoración:
Está bien

Una lectura nada común es una broma bien llevada, una sátira bastante blandita sobre la figura de la Reina de Inglaterra, con el poder de la lectura como tema central. Una novelita de apenas 120 páginas para llenar de manera agradable una tarde al sol.

El punto de partida de la novela es casi un ejemplo de "historia alternativa" o "ucronía" de esas que parecen estar de moda últimamente: ¿qué habría pasado si la Reina Isabel II de Inglaterra se hubiera convertido en una lectora voraz ya en sus años adultos? Pues según Alan Bennett ocurriría que la reina se convertiría en una persona más reflexiva y solitaria; que comenzaría a descuidar sus obligaciones como monarca; que la lectura llevaría a la introspección y a la escritura.

Por el camino, Una lectora nada común critica a la reina y a todo lo que simboliza; ataca el absurdo del protocolo, el aislamiento cerril de la corte y el servilismo de lacayos y súbditos. Critica también, indirectamente, a la reina, a la que, por oposición con su "yo lector", viene a caracterizar como a una persona desconectada de la realidad, aburrida y profundamenta clasista (aunque, dice en un párrafo bastante divertido, el concepto de clase le resultaba difícil de entender, porque "había tal abismo entre la monarca y hasta el más ilustre de sus súbditos, que las otras diferencias sociales en cierto modo no le eran perceptibles").

En abstracto, el librito presenta una cuestión interesante, y de respuesta no tan sencilla como nos gustaría: la de si leer (literatura, se entiende) nos convierte necesariamente en mejores personas. A los que hacemos este blog, como leemos (literatura) nos gustaría decir que sí; pero dudo mucho que haya pruebas empíricas al respecto, y en cambio, sí estoy seguro de que se podría escribir una larga lista de lectores voraces que se comportaron o comportan como auténticos hijos de puta.

Más de Alan Bennett en ULAD: Smut

3 comentarios:

Jaime dijo...

Sí, esa es una de las grandes preguntas modernas. Y digo modernas porque, por ejemplo, un ateniense del siglo V a.C. no habría dudado en decir que sí, que la belleza y el bien y la verdad suelen ser vistos de la mano paseando por el ágora. (Recuérdese aquel abogado de la Antigüedad que convenció al jurado de la inocencia de su representada arrancándole la ropa y mostrando su bella desnudez.)

Ser moderno, en cambio, es ser un politeísta del valor, si queremos decirlo bellamente con Weber; o, sin tanto paño, un esquizofrénico. Sabemos que el arte tiene sus deberes y sus premios, y la moral los suyos. En este punto siempre hay que acabar en Hitler, y recordar que pintó unas acuarelas bastante armoniosas y que solía llorar con la obertura de Lohengrin.

Borges trata el tema, cómo no, de forma genial, en su cuento "Deutsches Requiem", en el que un nazi recuerda sus delicados gustos estéticos la noche antes de ser ajusticiado.

Y ahora, por favor, que alguien defienda la postura contraria, o nos sumiremos para siempre en la desesperanza.

Santi dijo...

Pues Jaime, me temo que o a) no nos lee nadie; o b) todo el mundo piensa que la literatura no te hace mejor persona; o c) ambas.

Yo sí creo que leer te puede ayudar a empatizar, que estimula la imaginación, el sentido crítico, etc.; pero sinceramente, no creo que la lectura pueda transformarnos radicalmente más allá de despertar lo que ya llevábamos dentro de nosotros mismos.

Anónimo dijo...

Sí, yo les leo. Y me encanta su blog.