domingo, 5 de julio de 2009

Farid Uddin Attar: El lenguaje de los pájaros

Idioma original: persa
Título original: Mantic uttair
Año de publicación: 1986 (traducción al español de Josefa García)
Valoración: Recomendable

Si he de ser sincero, no me apetecía mucho leer El lenguaje de los pájaros, uno de los poemas filosófico-religiosos más famosos del mundo musulmán. Alguna vez sí que me había molestado en echarle un fugaz vistazo a aquel libro que lucía en la cubierta un rechoncho pajarito sosteniendo una carta en el pico, y que rondaba por casa desde hacía años. Y estas torpes e instantáneas catas literarias me habían bastado para emitir apresurados juicios sobre la obra, a saber: que era un tostón, que era una simple versión (más docta y enriquecida, eso sí) de la obra esotérica-naïf de Paulo Coelho, o que sólo podrían disfrutar de algo semejante eruditos de espíritu afilado y/o sabios e intelectuales expertos en el Islam. Vamos, que pensaba lo mismo que del Corán: que me encontraba ante algo majestuoso e infinitamente valioso desde múltiples puntos de vista, sí, pero que se me antojaba harto farragoso y aburrido de leer. Y cómo me equivocaba…

Al final, lo leí, no sé por qué, ni qué clase de provocadora tenia me mordió, pero lo hice: y desde entonces, El lenguaje de los pájaros constituye en mi mitología literaria particular una pieza no imprescindible, pero sí hermosísima e inolvidable, como la belleza y la riqueza de Oriente Medio, no apto para ser contemplado por ojos perezosos e ignorantes, acostumbrados a dejarse embaucar por las injustas dentelladas de las falsas apariencias. A nuestra caldeada actualidad sociopolítica me remito.

Pero sigamos hablando de libros...

El lenguaje de los pájaros fue escrito en Persia, allá por el año mil ciento y pico, por un perfumista reconvertido en sabio sufí —el sufismo es la corriente esotérica del Islam—, Farid Uddin Attar, y narra, a través de un sinfín de leyendas y fábulas donde se citan príncipes, maestros, discípulos y fakires, el largo viaje que emprenden todos los pájaros del mundo en busca del rey que no tienen y que tanto ansían: el llamado Simorg, en realidad, el nombre de una criatura mitológica con cuerpo de ave, dragón y pez, y dotada además de patas para caminar sobre la tierra, lo que hace de dicho ser un claro compendio de los cuatro elementos esenciales.

La abubilla, el ave más cercana a Dios, será la escogida para dirigir a los pájaros en su doloroso viaje. Muchos de ellos irán pereciendo progresivamente, mientras sobrevuelan los siete valles que han de dejar atrás para llegar al Simorg. Así, Uddin Attar teje una metáfora sincera del sacrificado y valiente camino espiritual que todo religioso debe agotar para alcanzar la fusión con su Dios.

Sólo llegarán unos pocos pájaros a su destino, con las alas mutiladas y sus hermosos plumajes ausentes, y entonces se darán cuenta, al fin, de quién se trata el Simorg. Pero no diré nada más. Dejo al lector que acompañe a estas aves en su descubrimiento.

4 comentarios:

Jaime dijo...

Borges habla a menudo de este poema. Y, si no recuerdo mal, también de quien lo tradujo al inglés, dándolo a conocer a Occidente. He olvidado su nombre, pero al parecer hizo una bella y libérrima traducción, prácticamente una recreación.
Siempre me ha dado mucha curiosidad, pero neutralizada por los mismos prejuicios de los que hablas. Tendré que vencerlos...

Lo de los siete valles del viaje me ha recordado a la ascensión que debía completar el creyente gnóstico, a través de los cielos de los siete planetas, hasta alcanzar al Dios verdadero. En cada cielo se despojaba de un pecado capital, relacionado con el arconte que guardaba ese cielo: un planeta, o sea, un dios pagano. Así, Venus se relaciona con la lujuria, Marte con la cólera, etc.

También las Moradas de Santa Teresa, otro recorrido de purificación con meta mística, tienen una división séptuple. Es curioso cómo la tradición esotérica de las diversas religiones puede llegar a borrar todas las diferencias de rito, credo, etc. El problema, como bien dices, es que entre esas tradiciones y nosotros se interpone la sombra infame de Coelho: ¡sea anatema!

Ian Grecco dijo...

¿Borges lo conocía y admiraba? Pues no tenía ni idea.

Lo del número siete en la historia de la religión y el esoterismo es ya inquietante.

Y pensar que estuve años rechazando este libro...
A ver si me pasa lo mismo con el Ulises de Joyce.

PD: Coelho antes de escribir le daba a las drogas y a la mala vida. Ahora se/nos redime...

Edgar Valdés. dijo...

Precisamente he llegado a este artículo investigando las citas literarias que Borges intercala en su libro Ficciones.

Interesante página. Un saludo.

leperlupues dijo...

Borges habla sobre el Simurg en el libro "Manual de zoología fantastica".