domingo, 19 de julio de 2009

Carmen Martín Gaite: Entre visillos

Idioma original: español
Año de publicación: 1957
Valoración: Muy recomendable

Escogí este libro de la biblioteca de mi casa un verano de hace muchos años porque su edición y su longitud me lo hicieron ver apetecible. Y en cuanto comencé a leerlo, el lenguaje fácil y preciso, sin florituras ni devaneos, me indicó que no me había equivocado: que era una idónea lectura estival, época en la que el cerebro se ocupa, quién sabe por qué, en asuntos más urgentes, como puede ser el preparar apresuradamente citas en la playa.

Pero poco de soleada o frívola tiene la atmósfera que transmite aquí la salmantina Carmen Martín Gaite.

Entre visillos se sitúa en una vulgar ciudad de provincias de posguerra que sufrirá una suave revolución con la llega de Pablo Klein, el nuevo profesor de alemán del instituto. El hombre, culto, reservado y sensato, acudirá a la casa del fallecido director del instituto, y se enamorará casi instantáneamente de la abofeteable hija del difunto, la inestable Elvira, que un día parece corresponderle y otro no, volviéndole loco con sus dudas, que más bien parecen las calculadas estratagemas de una chica débil y vanidosa que no sabe cómo aceptar el afecto de un hombre al que considera de demasiada talla para ella. La que sí se enamorará de él sin artificios (aunque ella no lo sepa hasta el final) será una de sus jóvenes alumnas, la tímida Natalia, preocupada por su futuro académico (estudiante brillante, Natalia se atreve a plantearse estudiar una carrera) y por su hermana, cuyo novio le ha ofrecido casarse e irse a vivir con él pese a que el inflexible progenitor de las hermanas amenace con abortar su proyecto.

Me gustó mucho aquella primera Carmen Martín Gaite que leí, la cual, pese a su sencillez, no dejaba ni un cabo suelto en su desasosegante visión de ese lugar, un rincón de la Castilla profunda donde reinan las costumbres férreas e inamovibles, alicatadas a base de padres sátrapas y vecinos cotillas, una tierra yerma para los sueños e ilusiones que alimentan a cualquier jovencita inquieta que ve en el porvenir la posibilidad de colmar sus expectativas existenciales.

El Pablo Klein de Martín Gaite es la novedad, la sensatez, la apertura a una nueva dimensión, y el pueblo donde va a parar es la cruda y áspera realidad contra la que chocará su elevado espíritu, simbolizando Elvira, en mi opinión, la lucha de antemano perdida que es tratar de hacer entrar en razón y amar a algo escurridizo e irremediablemente insulso.

La escritora salmantina, que fue esposa de Rafael Sánchez Ferlosio, ganó el premio Nadal con esta novela, aunque no alcanzó el gran reconocimiento que se merecía hasta mucho después, con El cuarto de atrás.

3 comentarios:

Paula dijo...

Ésta ha sido una de mis lecturas académicas este año (de hecho, fue la pregunta del examen). Me encanta esta escritora. Cada letra que escribe transpira sensibilidad; sobre todo, a la hora de reflejar el mundo y la psicología femenina. En esta novela, el diminuto mundo doméstico en el que vivían enclaustradas.

Ian Grecco dijo...

Completamente de acuerdo, Paula: pocas escritoras hablan tan bien de lo femenino sin caer en los tópicos injustos y el aburrimiento más pasteloso.
"Nubosidad variable" me gustó casi tanto como el libro que hoy comento; en otra ocasión hablaré de él.

Federico Escudero dijo...

Para mi gusto ha envejecido mal. Es cierto que su lectura consigue reproducir la asfixia de la sociedad provinciana de posguerra pero me parece demasiado costumbrista para mi gusto.