martes, 7 de julio de 2009

Henrik Ibsen: Casa de muñecas

Idioma original: noruego.
Título original: Et dukkehjem.
Año de publicación: 1879
Valoración: Muy recomendable.

Recuerdo el momento exacto en que terminé de leer esta obra de teatro.

Recuerdo que estaba en un autobús, cerré el libro (que tenía que leer para mi clase de Teatro del s.XIX) y pensé algo así como: ¿cómo es posible que un hombre escribiera esto?¿y en la época en la que lo hizo?

El personaje de Nora, la protagonista, resultó muy polémico desde el estreno de la obra en 1879 y su portazo final (que Ibsen llegó a cambiar para el estreno de la obra en Alemania) se convirtió en algo así como un símbolo de la liberación femenina.

A través del matrimonio de esta mujer, que arrastra una existencia vacía de sentido (como la que podría darse dentro de una caja de muñecas), el autor muestra su percepción sobre la relación entre los dos sexos; quizá sería más correcto decir "entre dos roles de género bien diferenciados".

Según las propias palabras del autor (extraídas de su obra teórica Notas para la tragedia actual) en la época en que vive, y que es también en la que trascurre la historia de ficción:

“Existen dos códigos de moral, dos conciencias diferentes, una del hombre y otra de la mujer. Y a la mujer se la juzga según el código de los hombres. [...] Una mujer no puede ser auténticamente ella en la sociedad actual, una sociedad exclusivamente masculina, con leyes exclusivamente masculinas, con jueces y fiscales que la juzgan desde el punto de vista masculino.”

En varios países europeos, Casa de muñecas supuso un escándalo para ciertos sectores de la sociedad, que opinaban que la rebeldía de Nora ante su inevitable destino de mujer casada y decorosa, suponía "un ataque a los fundamentos de la familia."

Dejando a un lado su contenido (que más que feminista yo definiría como liberal), ésta es una obra de indudable calidad literaria, en la que el diálogo logra plasmar de forma brillante la psicología de los personajes.

El vacío existencial de Nora no es sólo suyo, también envuelve a su esposo y al resto de los que, sumidos en prejuicios y convenciones sociales que son incapaces de cuestionar, viven en función de "lo que los otros esperan de ellos", sin buscar dentro de sí mismos su camino, único e irrepetible, hacia la felicidad.

Otro clásico, francamente recomendable, para los amantes del teatro.