domingo, 17 de noviembre de 2013

Henrik Ibsen: Un enemigo del pueblo

Idioma original: noruego
Título original: En folkefiende
Año de estreno: 1883
Valoración: Muy recomendable

Hay mucho más Ibsen además de la Casa de muñecas: estamos hablando de uno de los dramaturgos más influyentes de Europa en la segunda mitad del siglo XIX, autor entre otras de Peer Gynt (la obra de teatro para la que Grieg escribió su famosa suite), Hedda Gabler, El pato salvaje o Espectros. Un autor que, aunque ya no nos lo parezca, en su época fue polémico tanto por sus posturas políticas o morales como por sus opciones estéticas o literarias. Un enemigo del pueblo es, precisamente, una obra decididamente política y decididamente polémica. Fue escrita, a decir de los críticos, como respuesta a la mala acogida que había tenido la anterior obra de Ibsen, Espectros, que trataba crudamente el tema del adulterio; así que no parece fuera de lugar pensar que Ibsen pensaba en sí mismo, al menos parcialmente, cuando creó el personaje del doctor Stockmann.

La obra tiene un aire casi de parábola moral, con elementos cómicos y trágicos, casi melodramáticos. La acción comienza cuando el buen doctor Stockmann, un amante de la ciencia y la verdad, descubre que las aguas del balneario de su pueblo, del que depende la supervivencia de casi todos sus habitantes, están contaminadas por aguas fecales y son, por lo tanto, peligrosas para la salud pública. Su informe es inicialmente recibido como un gran hallazgo magnífico por algunos elementos más o menos liberales del pueblo, que ven la posibilidad de usarlo para oponerse y derrocar a las fuerzas más conservadoras, que son las que gobiernan paralelamente el balneario y la localidad. Sin embargo, ante las presiones del alcalde (el propio hermano del doctor Stockmann) y en vista de los intereses económicos implicados, terminarán por darle la espalda al científico y declararle "enemigo del pueblo".

Hay en la obra una escena clave: en ella, el doctor Stockmann se dispone a mostrar sus hallazgos científicos ante la asamblea de sus conciudadanos. Sin embargo, ante las presiones del alcalde, del periodista o del representante de los pequeños propietarios, cambia de opinión y lanza un encendido discurso contra las mayorías, manipulables e ignorantes, y se proclama a sí mismo como hombre superior que ve más allá que la masa. Este discurso puede resultar ahora chocante, y hacer a más de uno revolverse en su asiento, pero hay que recordar que esta obra es contemporánea de los textos fundamentales de Nietzsche, y que aún quince años antes Dostoievski creaba al Raskolnikov de Crimen y castigo, que también se pensaba superior al común de los mortales. No puede descartarse, tampoco, que aquí Ibsen estuviese gritando a sus compatriotas y coetáneos, mediante personaje interpuesto: "¡Vosotros no entendisteis Espectros y la calificasteis de inmoral por hablar abiertamente del adulterio, pero eso es porque vosotros sois una masa manipulada, y yo soy un individuo superior y más adelantado!".

Sea como sea, la obra es sin duda interesante en su retrato del modo en que los "poderes fácticos" -el poder económico aliado con el poder político- controlan cualquier intento de subversión, con la complicidad de los "moderados". (El personaje más memorable de la obra es sin duda Aslaksen, el representante de los pequeños propietarios del pueblo, siempre partidario de "la sensatez moderada y la moderación sensata", y autoproclamado representante de la "mayoría sólida"). Es por lo tanto una obra muy actual, lamentablemente actual, aunque los poderes fácticos se llamen de otra forma...