lunes, 18 de noviembre de 2013

Paz Cornejo: Desaires metropolitanos

Idioma original: español 
Fecha de publicación: 2013
Valoración: está bien

Desaires metropolitanos (El Gaviero, 2013) de la madrileña Paz Cornejo plantea un viaje de ida y vuelta a través de una gran urbe y su periferia, a la que la autora bautiza en su blog como una corteza-costra que cubre la gran ciudad. Los personajes que viven a las afueras han de realizar ese viaje de retorno, en un constante ida y vuelta. En una efímera lucha de pertenecer y, sin embargo, no ser nunca un ciudadano de pleno derecho de la ciudad que se vende en los souvenirs[1].

El poemario se divide en tres secciones que coinciden, acertadamente, con las fases del viaje, aunque los títulos escogidos para la primera y la última no resulten muy originales; “Estación de origen”, “Es necesario poseer título de transporte válido” y “Final de trayecto”. El comienzo del itinerario viene marcado por una cita de Pablo García Casado, “estar en las afueras también es estar dentro”, que se enlaza con la observación final, rotunda, ofreciendo así una estructura circular, como si de una línea de metro se tratara: “el círculo constata su tiranía:/ o estás dentro o estás fuera,/ a pesar de los esfuerzos burocráticos”. La autora es tajante: en lugar de presentar una odisea en la que desciframos una gran verdad o llegamos al final de un camino determinado, tanto el viaje como el destino en sí (el retorno al extrarradio, a la ciudad dormitorio casi fosas comunes, / con nichos intercambiables/ y muebles de Ikea) nos dejan perplejos, desubicados, sumidos en el desconcierto.

Convertidos en individuos canjeables por otros que corren de manera idéntica en su camino concéntrico, transitamos “lugares no elegidos/ para crear la interminable rutina de los días”. De esta forma, el individuo intenta reconstruir la superficie, unir sus fragmentos, pero la voz de Cornejo dictamina: “Tanta cartografía resulta inútil”, porque los torniquetes del metro y sus escaleras mecánicas nos contabilizan como modernos esclavos. Caemos de manera constante y volvemos a partir, de manera que el viaje carece de sentido en una “urbe que vomita estadística/ engreída en su volumen”.

Y es que “nada extraordinario/ ni auténtico/ a lo que desafiar”. No hay esperanza ni actitud crítica cuando incluso el viaje, convertido en rutina de camino al trabajo, llega a carecer de sentido. Sólo la belleza que reposa en la maraña que apreciamos desde la ventana del cercanías, “Cuatro inodoros como perlas oceánicas. Más de veinte chabolas, refugios de piojos y miseria. Colillas, envoltorios de plástico, litronas: desperdicios de ocio urbano. […] Alguna amapola ruge por florecer.”, el estallido de una amapola que se alza en mitad de un solar o la hierba que se abre paso y agrieta el suelo de un polígono parecen rebelarse y rugir cuando el ser humano no lo hace.

Es así como “Mejestuosas en la nada/ las grúas se erigen como obeliscos/ de una generación perdida./ Hacia el horizonte se descubre/ que los solares,/ sedientos en su aparente apatía,/ rebeldes a pesar de la estadística,/ no han dejado de criar amapolas y anidar a los pájaros./ Sin consagrar hemos dejado/ el testimonio de nuestra torpeza.”

Torpes, con el alma inerte, padecemos la “poética de la elección,/ de la libertad exagerada de las cosas”, el ataque constante de los productos dispuestos en las estanterías del supermercado, de los vasos personalizados del Starbucks o de las múltiples variantes de hamburguesas del McDonald’s, adolecemos “de penumbra periférica” y ya no somos sino diminutos renacuajos en el extrarradio de una charca.

Por último, en cuanto a la unidad del poemario, ésta viene dada por un empleo del verso corto y preciso, así como por la estructura arriba citada. No se trata de un verso revolucionario en el sentido de que no presenta una ruptura formal que podría relacionarse con el estupor o desconcierto experimentado por los individuos de sus poemas y es verdad que imágenes como las de ciudades dormitorio con muebles de Ikea, los chalets adosados o las de poemas más flojos como “Intimidad”, “Holidays” o “Rock Stars” no son muy originales y se pierde un poco la fuerza en el terreno de los lugares comunes. Sin embargo, pese a la irregularidad encontrada en este sentido, en Desaires metropolitanos hay poesía. Hay versos de gran belleza con una voz propia y nada impostada. Paz Cornejo no se queda en el poema efectista. La reflexión y la crítica se combinan con la poesía de una manera inteligente y coherente y es ahí donde algunos de sus poemas vibran.