sábado, 2 de noviembre de 2013

Semana del terror: "El pozo y el péndulo", de Edgar Allan Poe

Idioma original: inglés
Año de publicación: 1842
Título original: The Pît and the Pendulum
Traducción: Julio Cortázar
Valoración: Muy recomendable

Pues a que vamos a tener más miedo que a lo que nos es cercano y por lo tanto posible. Ejemplos no nos van a faltar. Vecinos que cierran puertas precipitadamente a nuestro paso. Pasos que van tras los nuestros en calles oscuras. Oscuridad: falta del control que nos otorgan nuestros sentidos. Monstruos con aspecto humano, de los que nos fiamos, y lobos con piel de cordero. Hubo un tiempo en que la Inquisición, representante de esa fe que debe proteger al hombre que la tiene y guiarle por el camino del recto proceder, usaba unos argumentos muy eficaces para que nada se escapara a su férreo control. Santa Inquisición, que se denominaba, para más señas. Menuda herencia, la suya, el diseño de torturas y tormentos fruto de la más abyecta sofisticación, del más ajustado de los engranajes de la mente humana al servicio del peor de los sufrimientos.
El otro día leía como las pirañas a las que se entregaban otros peces vivos para su alimento no se limitan a ingerirlos: antes los someten a un proceso de progresivo tormento. Puede ser que la adrenalina que genera la proximidad de una muerte segura sea un ingrediente favorito de los depredadores. Vaya usted a saber.
Pues Poe pone al protagonista de El pozo y el péndulo en el fondo de una mazmorra oscura, húmeda y fétida. De esos escenarios que dan sentido a palabras como lúgubre. Lo pone tras el shock de la lectura de una sentencia, y ahí nos aparece el hombre. Que no sabemos lo que ha hecho, imaginamos que nada grave. Pero que es consciente de que desafiar a la Inquisición y sufrir esa condena no es presagio de otra cosa que de una muerte cruel y dolorosa.
La única duda es cómo ésta va a producirse.

Traducido por Cortázar, que elige para este relato una toma del español particularmente avejentada, este es un relato clásico entre tantos que Poe nos regaló: tantos y tan meritorios todos ellos que no puedo por menos que recomendar su consumo compulsivo. Cualquiera de las guisas en que estas historias han llegado a los lectores son recomendables. Todos los variados compendios en que nos han llegado, casi dos siglos después, desde Narraciones extraordinarias hasta Cuentos completos, son completamente necesarios. El pozo y el péndulo, por la teórica modestia que se desprende de su corto formato (apenas una decena de páginas) merecería análisis que superarían en diez veces su extensión. El individuo ante el poder. El individuo ante el poder absoluto. El individuo ante el poder religioso. El individuo atrincherado en el escaso margen de libertad individual de una celda en la que cada elección es solo un acercamiento a un desenlace trágico u otro. El anonimato del vergdugo. La táctica desesperada, la opresión física y psicológica. Si Poe, que murió con 40 años (por favor, no nos preguntemos qué han dejado muchos autores tras de sí a los 40 años), y dejó este rastro de fabulosos cuentos llenos de simbolismos, hubiera optado por desarrollarlos en profundidad, de indagar hasta el fondo en los entresijos de la maldad humana. Si hubiera extendido estas narraciones (que son, ésta y otras muchas, completamente perfectas), si las hubiese estirado hasta ese formato respetable y canónico que es la novela, puede que hoy estuviéramos preguntándonos quién es ese Camus, quién es ese Kafka.

También de Edgar Allan Poe en UnLibroAlDía: Berenice y LigeiaNarraciones extraordinarias

3 comentarios:

Yemila dijo...

http://www.youtube.com/watch?v=VUVRDJUGdIM

Mariana Eguaras dijo...

Un clásico que es un tesoro de la literatura.
Saludos!

Francesc Bon dijo...

Gracias por leernos y compartir tu opinión, Mariana.