jueves, 15 de octubre de 2009

John Steinbeck: De ratones y hombres

Idioma original: inglés
Título original: Of mice and men
Año de publicación: 1937
Valoración: Muy recomendable

1.- Crítica unlibroaldiense
De ratones y hombres es una de las obras más conocidas de John Steinbeck, junto con Las uvas de la ira o La perla. Es también una de las mejores, en mi opinión. De argumento sencillo y estructura teatral, cuenta la historia de George Milton y Lennie Small, dos jornaleros que van de rancho en rancho en la California de la Gran Depresión buscando trabajo. George es inteligente y suspicaz; Lennie es fuerte y bonachón, pero sin un gramo de inteligencia. Ambos sueñan con comprarse un terreno y montar una granja de conejos; pero hay un aire de tragedia en toda la novela que presagia lo inevitable. Contada con trazos rápidos y sin rodeos (excepto por algunas descripciones prescindibles), es una novela conmovedora y sutil, de técnica tan admirable como invisible.

2.- Crítica feminista
De ratones y hombres es sólo un ejemplo más de la mentalidad masculina hacia la sexualidad femenina, no sólo en los puritanos Estados Unidos de entreguerras, sino en cualquier país, en cualquier momento. El sistema social de los hombres se presenta como un paraíso cerrado, violento pero sostenible, que sólo se ve trágicamente alterado cuando se interpone la figura sensual, y por lo tanto pecaminosa y amenazante, de una mujer. De esta manera, Steinbeck -portavoz del patriarcado más radical- retoma el viejo motivo bíblico de la perdición de lo masculino por lo femenino: el Edén (mito muy steinbeckiano) en el que Eva, la serpiente y la manzana son una misma cosa. Realmente repugnante.

3.- Crítica marxista
Admirable crítica, en una lectura superficial, del estado de alienación y deshumanización al que llegan los hombres a causa de la opresión de un sistema capitalista en crisis (y cuándo no lo está) como el estadounidense de los años 30, De ratones y hombres ofrece además una posible lectura suplementaria e igualmente interesante: Lennie, el auténtico protagonista trágico de la novela, representa al proletariado adormecido y desorientado por la superestructura, que posee la fuerza necesaria para escapar del yugo del capital, pero no hace uso de ella, sino de manera puntual y descaminada. El desenlace de la novela, además, nos recuerda que en demasiadas ocasiones no es la clase dominante la que descabeza la revolución, sino las propias clases obreras las que se autofagocitan atrapados en los ingenuos sueños de propiedad infundidos por la superestructura.

4.- Crítica queer
No es de extrañar que, con la excusa del lenguaje obsceno o impropio, De ratones y hombres se haya convertido en uno de los libros más censurados del siglo XX. Pero la razón hay que buscarla en otro lugar, y de hecho es una razón bastante evidente: en realidad, lo que De ratones y hombres narra es la historia de una relación homosexual encubierta -puesto que no habría sido aceptable una sociedad machista como la de los ranchos californianos- entre sus dos protagonistas. Los signos de esta lectura son abundantes en la novela: el misterio con el que ambos hombres envuelven su origen y el motivo por el que están juntos; sus sueños de un futuro compartido; su rechazo de las propuestas sexuales del personaje femenino... El desenlace de la novela se llena así de un nuevo significado; la carga mítica de la novela se agranda, y el poder de su ascendencia trágica resulta aún más conmovedor.

5.- Crítica afroamericanaEn De ratones y hombres sólo hay un personaje negro. Trabaja en el establo, tiene la espalda tan destrozada que no puede ni mantenerse erguido, y nadie le hace ni puñetero caso. No creo que haga falta decir más...

14 comentarios:

Jaime dijo...

Gran ejercicio de crítica pluriparadigmática, Santi. Al fin y al cabo, tras la quiebra de los grandes relatos, los tiempos demandan una crítica heterogénea y multifocal. La preponderancia de un solo punto de vista es, sin duda, reveladora de una abyecta mentalidad fascista y, peor aún, cutre. ¡Así que demos la bienvenida al post-crítico!

Por cierto, no lo comenté en la última reseña, pero en "Un tal Lucas" Cortázar hace también una ejercicio parecido, inventando seis diversas interpetaciones que parten de un mismo texto y vuelven a él. Cada crítico critica al anterior desde escuelas sucesivas: fenomenología, estructuralismo, marxismo, postmodernismo... No tiene desperdicio.

Santi dijo...

Que conste que estas poli-críticas están escritas medio en serio, medio en broma. Es decir: tienen algo de exageración, pero en varios casos (no diré en cuáles, para dejarlo en plan adivinanza), me parecen lecturas válidas de la novela. Un amigo mío de Granada, del área de Teoría de la Literatura, sostenía que no hay lecturas correctas o incorrectas de una obra literaria: que lo importante es que se puedan argumentar a partir del texto y sin forzarlo. Yo no llegaría a tanto, y siempre he defendido que sí se puede decir que hay "lecturas incorrectas" de una obra.

Precisamente, diría yo, el problema con muchas corrientes críticas posmodernas es que fuerzan el texto para adaptarlo a los prejuicios (hola, Urantia) del crítico. Mientras no se haga eso, creo que está claro que una obra literaria, sobre todo si es una gran obra literaria, ofrece la posibilidad de multitud de interpretaciones.

-- marcaching -- dijo...

Genial. Ya decía yo que por aquí se puede aprender.

Muy interesante también lo que decís en los comentarios.

Jaime dijo...

¡Gracias por pasarte, marcaching!

Pero, Santi, tu amigo ya da el criterio, ¿no? Se trata de que la interpretación respete el texto. Que dé razón de todo lo más importante sin añadir ni quitar nada. Ya sabemos, claro, que es bastante peliagudo decir qué es "importante" en un texto, pero en fin, a la hora de la verdad todos somos más o menos conscientes de lo que es un abuso.

No sé, por ejemplo, hay muchas interpretaciones válidas de La metamorfosis: desde una perspectiva política (aislamiento de una minoría étnica), psicoanalítica (sujeción a un padre castrador), religiosa (consciencia de la insignificancia de la creatura), etc. Ahora bien, lo que no puede hacer ninguna de ellas es pasar por alto que Gregor Samsa se convierte en una gigantesco bicho.

Cumpliendo ese requisito, ¿cómo decidir que una es incorrecta? O al revés, ¿qué haría a una interpretación más correcta que otra? ¿No esperamos, de algún modo, una vinculación causal con la obra? Por ejemplo: Kafka era judío y hablaba alemán, se sentía despreciado como un bicho por una sociedad cristiana y checoparlante, y por eso escribió esa obra. ¿Pero hasta qué punto se sostienen esas vinculaciones causales? ¿Hay que suponer siempre que el autor es consciente del "mensaje" cifrado que está lanzando? Y si no, ¿no nos obliga eso a comprometernos con una concepción de la escritura-trance, dependiente de un concepto de subconsciente del que se abusa con facilidad?

¿Y si admitimos que la interpretación misma es un ejercicio creativo y muy similar al de la escritura literaria? Un crítico sólo necesita hacer creíble su interpretación y debe cumplir ciertas reglas para ello, pero exactamente lo mismo debe hacer un novelista con la trama de su novela. Por supuesto que no vale cualquier cosa, pero lo que restringe las opciones no son tanto las cualidades "objetivas" de la obra, sino las interpretaciones previas (o el marco teórico disponible de interpetación). Es decir, ya no puede publicarse una lectura psicoanalítica de La metamorfosis, pero no porque sea incorrecta, sino porque ya se ha hecho, y no sería nueva. El crítico, como el escritor, está condenado a buscar la novedad. Sólo que esto no es una tarea fácil, y tiene sus propias reglas.

Santi dijo...

Sí, es una cuestión de grado, supongo. Hay lecturas que no traicionan al texto pero que están "traídas por los pelos"; por ejemplo, es corriente ver en comentarios de textos poéticos cómo se extraen las conclusiones más extravagantes a partir de elementos a mi entender prácticamente insignificantes. Lo mismo pasa con el arte contemporáneo, como hemos hablado otras veces.

Estoy de acuerdo contigo en que no existe una única lectura correcta de cada obra -no creo que haya nadie que defienda eso seriamente-; pero eso no significa que de todas las obras se puedan extraer prácticamente todas las lecturas, siempre que se sepa argumentar -que es, en el fondo, lo que venía a decir mi amigo, o yo lo entendía así... Por seguir con el mismo ejemplo, una lectura psicológica de La metamorfosis es bastante evidente, aunque como tú dices ya esté hecha. En cambio, una lectura marxista de La metamorfosis sería a mi entender una manipulación del texto, por muy bien que se argumentase, porque creo que el texto no da ninguna pista para suponer esa lectura política, y que sería el crítico el que superpusiera sus propios intereses a la hora de hacer esa lectura.

Por supuesto que es peligroso buscar causalidades simplificadoras, del tipo "el padre de X lo trataba mal, y por eso X escribió la novela Y". Cuanto más conozcamos sobre el contexto biográfico, cultural, histórico y literario de la obra, mayor riqueza podrán tener nuestras lecturas, pero siempre huyendo de mecanicismos fáciles.

Y otro punto -y ya lo dejo- es el de si interpretar una obra significa, necesariamente, intentar averiguar qué es lo que quiso decir el autor cuando la escribió, o si es más bien interpretar qué es lo que dice la obra como objeto independiente; o precisamente, en la línea de lo anterior, qué lectura(s) se le ofrecen al lector en la obra, y por qué...

Hector dijo...

Creo que no estoy de acuerdo contigo Santi, toda lectura bien argumentada de una obra debe ser, a mi juicio, admitida.

Mi postura en este aspecto proviene mas de la intuición que de un proceso de reflexión, así que antes de construir una argumentación a posteriori para justificarla prefiero preguntarte por las razones que te impulsan a calificar una lectura como no aceptable y también me gustaría que me dijeras a que te refieres cuando hablas de “lectura correcta” o "lectura válida"(no vaya a ser que tengamos en mente cosas diferentes).

Un saludo,

Santi dijo...

Ejemplos de lecturas inválidas, a mi parecer:
*La Metamorfosis de Kafka es una defensa de los derechos de los animales
*El Quijote presenta la lucha entre las clases bajas (Sancho) y las clases medias (Alonso Quijano) por hacerse con el control de las tierras de La Mancha
*De ratones y hombres es una defensa de las relaciones homosexuales enmascarada
*Leer Lolita en Teherán es una justificación de la guerra de Afganistán y la invasión de Iraq

Estoy seguro de que todas estas lecturas pueden argumentarse con citas sesudas de filósofos, críticos, teóricos de la literatura... además de citas literales extraídas de los textos a los que se refieren.

En realidad, supongo que el debate está en la línea que separa la interpretación de la sobreinterpretación: según algunos teóricos, la sobreinterpretación no existe (todo texto es en realidad pura potencialidad en espera de su realización, así que no hay ninguna "verdad del texto"), mientras que para otros (entre los que me encuentro) sí que hay una diferencia entre extraer los posibles significados de un texto, y torturar al texto para que diga lo que a nosotros nos apetece que diga.

Hector dijo...

No me queda claro lo que consideras una lectura válida; creo que no lo asocias a la intención del autor al escribir el texto, ni a lo que pretendía dar a entender con el mismo.

A mi modo de ver si disociamos al autor del texto, cualquier lectura argumentada es aceptable.

¿Por qué no aceptar una postura argumentada?


¿Donde ubicas la línea que separa la extracción de significados por las buenas, de la extracción de significados por tortura?

Un saludo,

Santi dijo...

Evidentemente, es muy difícil (por no decir imposible) dar una fórmula que distinga automáticamente las lecturas válidas de las inválidas. Yo diría que todo texto ofrece unas posibilidades de significación (que a mi parecer no son infinitas); lecturas válidas son las que capten y presenten alguna(s) de esas posibilidades, y las no válidas son las que pretendan ver en el texto posibilidades que este no tenía, o que no hay motivos para ver en el texto, porque este no contiene ningún indicio que las justifique.

Por ejemplo, la lectura "ecologista" de La metamorfosis podría argumentarse diciendo que, claro, Kafka pretende demostrarnos que también los animales sufren y tienen sentimientos, mediante la argucia de transformar a un ser humano en un animal y manteniendo su conciencia humana, etc. Pero no hay absolutamente nada en el texto que nos indique esa lectura ecologista, más bien todo lo contrario.

Otro tipo de lecturas "inválidas" muy habituales, a mi parecer, son esas críticas (psicoanalíticas o no) que ven penes y vaginas en cada página, cada vez que se menciona un objeto alargado o redondo.

En fin, tampoco quiero pasar por un talibán de la ortodoxia interpretativa: no digo que haya 1 sola lectura correcta de cada texto; ni que yo sea quien deba decir qué lecturas concretas son válidas o no en cada caso concreto; ni tampoco niego la posibilidad de descubrir lecturas nuevas a textos clásicos. Sólo digo que en mi opinión los textos (literarios, pero no solo) son polisémicos, pero no omnisémicos, y que a los críticos a veces se les va la pinza.

Jaime dijo...

Vale, ahí sí que estoy plenamente de acuerdo contigo. El dogma de la "interpretación infinita" se ha vuelto un tópico de la teoría literaria y de la filosofía de los últimos tiempos (que casi son sinónimos, porque el post-estructuralismo hizo de la deconstrucción su divisa y ésta, al fin y al cabo, es una especie de crítica textual a lo bestia). A este respecto se cita a menudo, como un mantra, la aseveración de Nietzsche según la cual "no hay hechos, sino interpretaciones". Y que conste que yo la comparto. Delimitar qué sea un hecho (incluso para la ciencia pura y dura) es, después de todo, un acto interpretativo.

Ahora bien, de ahí no se sigue que las interpretaciones sean infinitas e inagotables. Ni que todo fenómeno despliegue la misma potencialidad de interpretaciones posibles o, mejor, de interpretaciones "válidas" posibles. Porque, por supuesto, uno puede decir lo que quiera de cualquier obra, pero para que sea una interpretación válida, ésta tiene que poder recabar al menos cierto respeto por parte del público lector (o, no sé, del Colegio Universal de Críticos). Si no es así, se queda en parida o, menos cáusticamente, en interpretación "no válida".

Y resulta que no es tan fácil recabar ese cierto respeto que da validez a una crítica. Deben cumplirse una serie de normas no escritas, que la comunidad lectora acata secretamente. De hecho, no sólo no es fácil hacer una crítica válida de cualquier texto, sino que, a más críticas válidas escritas sobre un texto, más difícil se vuelve. Porque toda crítica válida debe añadir algo nuevo: debe dar una lectura del texto que aporte algo a su significado que 1. no haya sido dicho aún, y 2. se siga del texto mismo. Y a estos dos puntos deben asentir todos los lectores cuyo respeto se busca.

De lo que se sigue, que de interpretaciones infinitas nada de nada. Y por si esto no convence, añadiré un argumento que escuché a Groys: "¿cómo puede hablarse de infinita interpretación, si hay un número finito de hojas de papel?". La capacidad de los servidores de internet, recordémoslo, con ser grande, tampoco es infinita.

izas dijo...

¡Por fin he leído este libro! Mea culpa, ya me ha costado. Pero, eh, me ha encantado. Apenas 100 páginas y Steinbeck te deja con la boca abierta, todo un maestro.

Y lo peor es que coincido con todas las críticas que hace Santi en su reseña. Puede que sean un poco exageradas, pero todas tienen un fondo de verdad.

Dorian dijo...

No estoy muy de acuerdo con las críticas. No creo que el autor porque lo escriba necesariamente esté de acuerdo con ello, si no que realmente ÉL está criticando estos hechos desde la novela.

Yo no podría entender la crítica a otra crítica bien construida.

Un saludo.
Dorian.

PD: Gracias por darme otra visión del libro, me gusta mucho este blog.

galgata dijo...

LA MEJOR CRÍTICA QUE HE LEÍDO DEL LIBRO, JAJAJA. Me hiciste pensar y reír. Gracias.

Santi dijo...

¡Muchas gracias! La verdad es que no me acordaba de haber escrito esta reseña, ni de haberla escrito así. Qué jóvenes éramos hace cinco años... :P