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sábado, 25 de abril de 2009

F. Scott Fitzgerald: Hermosos y malditos

Idioma original: inglés
Título original: The Beautiful and Damned
Fecha de publicación: 1922
Valoración: Muy recomendable

A la hora de acometer la tarea de enfrentarse a una crítica literaria hay que evitar caer en la tentación de dedicar buena parte del espacio concedido a narrar la vida y milagros del escritor de turno, algo muy complicado cuando la vida de éste es especialmente digna de contar. Y con F. Scott Fitzgerald, más en boga que nunca gracias a la adaptación cinematográfica de uno de sus cuentos (El curioso caso de Benjamin Button), es difícil no irse por las nubes dando a conocer su biografía.

Fitzgerald, estadounidense, y miembro de la llamada “Generación Perdida”, fue un apuesto cachorro de las altas esferas de los “felices años veinte”, que pronto se enamoró de la bella (y también escritora, y también niña almidonada) Zelda Sayre. La pareja se casó con poco más de veinte años, bien pertrechada de toda clase de comodidades, bailes al ritmo del mejor jazz y glamourosas amistades. Sin embargo, el matrimonio no cumplió con las edulcoradas expectativas que desprendía: el inesperado descenso de Zelda al infierno de la locura, y el alcoholismo de Scott, unidos a sus apuros económicos, terminarían sumiéndoles en la desgracia. Él fallecería, ahogado en copas y deudas, a la edad de cuarenta y cuatro años a causa de un paro cardíaco; ella lo haría ocho años después, víctima de un incendio en el psiquiátrico donde estaba ingresada.

Tras conocer a vista de pájaro semejante contexto existencial, los lectores de Hermosos y malditos, podrán comprender mejor por qué el escritor tenía material de sobra para narrar el enamoramiento/matrimonio/desmoronamiento protagonizado por dos jóvenes de la alta sociedad: Anthony Patch, obsesionado por heredar la fortuna de su moribundo abuelo, y Gloria Gilbert, cuyo único mérito consiste en ser una caprichosa belleza que deja un reguero de corazones rotos a su paso.

La trama discurre a un ritmo pausado que jamás tedioso: a Hermosos y malditos no le sobra ni una sola línea. Todos los acontecimientos a los que el lector asiste son necesarios para llegar a paladear la repelente burbuja de falsedades y penalidades camufladas en la que el propio autor vivió atrapado.

Uno de los mayores atractivos de este libro (además de una encomiable capacidad de describir las sorprendentes psicologías de sus protagonistas, frívolos por convicción) es el abanico de impagables personajes secundarios que ofrece: desde las amigas serviles (pero en nada ingenuas) de la todopoderosa Gloria, pasando por el particular criado japonés que la pareja contrata durante una temporada, hasta los dos compañeros de fatigas de Anthony. Estos últimos son dignos de una mención especial: Dick Caramel, escritor mediocre y encantado de haberse conocido, que acabará ganando una fortuna con su primera novela pese a su escaso talento, y el cínico Maury Noble, lúcido y afilado personaje que se convertirá en un rico hombre de negocios.

En cuanto a pasajes para recordar, apuntaré como especialmente brillantes las líneas en las que Fitzgerald narra cómo una improvisada y desangelada fiestecilla regada de alcohol y estupidez en casa de los cada vez más arruinados Patch, acaba costando un duro precio al joven matrimonio. También encuentro muy atractivas las líneas en las que se cuentan los infructuosos intentos de Anthony por convertirse en escritor o comercial para lograr engrosar sus depauperadas cuentas corrientes. Aunque nada puede superar a ese capítulo que despierta una extraña sensación de compasión/patetismo, en el que Gloria trata de trabajar como actriz de cine alentada por uno de sus ex enamorados. El error de la mujer es que lo intenta demasiado tarde: a las puertas de los treinta años.

¿Son Anthony Patch y Gloria Gilbert, Scott y Zelda Fitzgerald? Si es así, al escritor de esta historia debemos reconocerle, al menos, el don de anticiparse a la realidad, a su propia realidad, en la que fue su segunda novela.

También de Scott Fitzgerald en ULADEl gran GatsbyUn diamante tan grande como el Ritz

viernes, 7 de mayo de 2010

Colaboración: Un diamante tan grande como el Ritz , de F. Scott Fitzgerald

Idioma original: inglés
Título original: A Diamond As Big As the Ritz
Fecha de publicación: 1922
Valoración:
muy recomendable

Para mi reciente viaje en tren a Francia decidí llevar conmigo París era una fiesta, de Ernst Hemingway. Me parecía una lectura ideal para las casi seis horas de camino que se me venían encima y, como finalmente pude comprobar, resultó ser una obra genial, directa, personal y tremendamente acertada, en la inigualable línea de su autor, vaya. Es en este libro (así como en Fiesta) donde este ganador de los Premios Nobel y Pulitzer empieza a popularizar la expresión “Generación Perdida”, utilizada por su íntima amiga Gertrude Stein para definir al conjunto de escritores estadounidenses que vivieron en la capital francesa, así como en otras zonas del viejo continente, durante el período que abarca desde el fin de la Gran Guerra hasta la también Gran Depresión (también conocidos como la Generación de Fuego). Fitzgerald, Dos Passos, Hemingway, Faulkner y Steinbeck son algunos de estos portentos creativos, quienes vivieron de primera mano, como en el caso del expatriado Hemingway (no dejéis de leer Por quién doblan las campanas o Adiós a las armas), los horrores de la guerra y a quienes Stein espetó: “You are all a lost generation”.

No nos dispersemos, no obstante, y retomemos la cuestión que nos ocupa. La librería Shakespeare & Co. debe ser siempre una visita insoslayable en la ciudad de las luces, un establecimiento muy cercano a Notre Dame supuestamente regentado por el nieto de Walt Whitman, que Hemingway menciona una y otra vez en París era una fiesta. Haciendo una asociación de ideas de lo más freudiana, pensé que sería muy especial adquirir allí una novela de F. Scott Fitzgerald, “Scotty”, amigo del anterior y protagonista de muchas de las vivencias que se narran en dicha obra. Así, como llevada por una corriente cósmica, llegó a mis manos Un diamante tan grande como el Ritz. De todos es sabido que Fitzgerald es un tremendísimo escritor de relatos cortos. Forzado por circunstancias vitales, se vio en la necesidad de escribir para publicaciones como Saturday Evening Post, Collier's Magazine y Esquire dejando a un lado su producción novelística en más de una ocasión, también magnífica. A caballo entre el cuento y la novela corta, esta cautivadora historia fue publicada en el año 1922 en la revista The Smart Set y posteriormente incluida por el creador en su colección de historias breves Tales for the Jazz Age (un término acuñado por él mismo en referencia a su producción literaria durante los años 20).

Alguien a quien admiro profundamente me dijo sabiamente en una ocasión: “Hemingway es un puñetazo; Fitzgerald provoca el mismo efecto con una caricia”. Y así es, sin duda, como procede en esta historia. Su protagonista, John T. Unger, será enviado a una escuela privada de Boston, en la que conocerá a Percy Washington, quien extrañamente sólo se comunica con él. Con una tensión contenida que aumenta en cada página, su progresiva amistad les permitirá compartir cada vez más confidencias, siendo una de ellas la primera pieza del puzzle: Percy le hará saber a Unger sobre la opulencia de su padre, poseedor de una fortuna y de “un diamante tan grande como el Ritz”. Invitado por la familia de Washington, nuestro protagonista pasará un lujoso verano en Montana, conocerá el amor, la muerte y la decepción, experiencias que le cambiarán radicalmente su vida y que ensombrecerán su visión del género humano.

Crítica, intensa, mordaz, satírica y autobiográfica en muchas ocasiones, este breve escrito describe perfectamente el sentimiento que embargaba a la juventud americana en los años 20: desilusión, desesperanza, indefensión, vacío, desconfianza, nihilismo, destrucción, náusea. Esta oda contra el materialismo perpetrada por Fitzgerald, para quien “el dinero ha aniquilado más almas que el hierro los cuerpos”, retoma tales intereses, recurrentes en las obras de este superdotado de la pluma, un hombre destrozado por una época convulsa y una vida marcada por la enfermedad: su propio alcoholismo y la esquizofrenia de su mujer, Zelda Sayre, también escritora, cuyos delirios hicieron de este matrimonio un nido de celos, aversión y resentimiento, sentimientos que marcarán indeleblemente su trayectoria literaria.

Quizá el sufrimiento es la madre de la creación. El caos en el alma y el dolor siempre han sido grandes afrodisíacos para los artistas. Si es así, Fitzgerald es una confirmación de esta teoría, pero también lo son el resto de genios perdidos con él en aquella generación que todavía hoy nos cautiva y que absolutamente nadie debería dejar de leer.

Firma invitada: Naiara

También de F. Scott Fitzgerald: Hermosos y malditos y El gran Gatsby.

lunes, 21 de febrero de 2022

Francis Scott Fitzgerald: Suave es la noche

Idioma original: Inglés
Título original: Tender is the night
Año de publicación: José Luis López Muñoz
Año de publicación: 1934
Valoración: Muy recomendable alto

En los últimos meses he vuelto a acercarme a la Generación Perdida. La lectura de "París era una fiesta" y de "París siempre valía la pena", así como el revisionado de "Midnight in Paris", han supuesto el retorno a un mundo y a una literatura al que hace tiempo no prestaba atención. Completo, por ahora, este afortunado reencuentro con la lectura de "Suave es la noche", última novela de Francis Scott Fitzgerald y verdadera joya de la corona.

Sí, queridos, "Suave es la noche" es un NOVELÓN que narra, al menos en su principal línea argumental,  la descomposición de la pareja formada por Dick y Nicole Diver, psiquiatra y paciente, respectivamente. Además de lo anterior, "Suave es la noche" es la crónica de una época, un texto dual en el que lujo y miseria, luces y sombras, (en lo exterior y en lo interior) rodean a una serie de personajes que tratan de salvarse a (y de) sí mismos de la mejor manera posible.

De alto contenido autobiográfico (es imposible desligar el personaje de Nicole de Zelda, esposa de Fitzgerald) y estructurada en tres partes que transcurren es diferentes espacios y tiempos, "Suave es la noche" es un compendio de las más variadas pasiones humanas (amor, amistad, odio, celos, culpa, dudas, etc) que tiene como aspectos más destacables los siguientes:
  • El estilo elegante del autor, en el que se combinan a la perfección narración pura y diálogo, belleza y agilidad.
Había agua sucia entre las alcantarillas y entre los desiguales adoquines; un vapor pantanoso de la Campagna, un sudor de culturas agotadas teñía el aire de la madrugada.
  • El tono decadente de la narración, acorde al proceso del derrumbamiento de la pareja. Es necesario destacar aquí la progresividad de la decadencia: lenta y apenas imperceptible en un primer momento; imparable en las páginas finales.
El cambio se produjo ya hace mucho tiempo...pero al principio no se notaba
  • La variedad de registros. Precisamente la anterior elegancia permite al autor pasar de una primera parte más frívola y mundana a una segunda y tercera parte más profunda, del drama más "folletinesco" a la novela psicológica e introspectiva sin que la narración descarrile.
  • La construcción de los personajes, complejos y contradictorios, en la que es fundamental es empleo del flashback como herramienta con la que completar el cuadro. 
  • El tratamiento de la enfermedad de Nicole
Entonces, ¿por qué no un imprescindible? Pues quizá por esas últimas 15-20 páginas que poco aportan, que semejan un epílogo intrascendente y que dejan con un regusto algo amargo después de casi 500 páginas soberbias, pero que no impedirán que más temprano que tarde vuelva a la obra de un autor que debe figurar en la lista de "ilustres sin Nobel".

También de Francis Scott Fitzgerald en ULAD: El Gran GatsbyUn diamante tan grande como el RitzHermosos y malditos

domingo, 14 de marzo de 2010

Colaboración: El gran Gatsby, de F. Scott Fitzgerald

Idioma original: inglés
Título original: The Great Gatsby
Año de publicación: 1925
Valoración: muy recomendable


Hay libros que te enganchan desde la originalidad de su frase inicial, y otros, como éste, que van tejiendo pacientemente una intrincada red hasta que llega la bofetada de su frase final:

"Y así vamos hacia delante, botes contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado" (*)Esta frase, que puede resultar algo vacía fuera del contexto de la novela, cierra de manera formidable la historia sobre Jay Gatsby, un millonario norteamericano, hombre hecho a sí mismo y foco de las luces que, durante los años previos a La Gran Depresión de 1929, hacían pensar en el sueño americano como una realidad alcanzable. Pero detrás de las luces y bambalinas del éxito social y de la posición económica, valores tan respetados en las sociedades occidentales actuales, siempre están las sombras de los temas de siempre, los que nos igualan a ricos y pobres: el amor, la muerte, la amistad. Y son precisamente estos temas los que van tomando relevancia durante el transcurso de la novela, mostrando ésta una doble cara muy interesante, contraponiendo, por ejemplo, el éxito social de su protagonista frente a su fracaso personal.

El autor, Francis Scott Fitzgerald, comentó que con esta novela había tratado de desarrollar un tema sencillo de una manera nueva, con una estructura narrativa compleja. Y está mal, muy mal, contradecir los propósitos del propio autor, pero yo, humildemente, creo que el autor llegó mucho más allá y, por paradójico que parezca, también logró precisamente lo contrario: contar de manera sorprendentemente sencilla un tema complejo. La novela es, al fin y al cabo, una crítica a aquellos valores imperantes de la sociedad moderna (el estatus social y económico, la apariencia física...) , que se muestran insuficientes como vehículo de la felicidad individual del hombre por mucha admiración y respeto que produzcan en los demás. Admiración y respeto que, por otro lado, resultan indudablemente superficiales y efímeros.

Haciendo una valoración personal muy rápida de la novela, he de decir que me ha encantado; está muy bien escrita y su lectura es muy amena sin carecer de la profundidad necesaria para que pueda ser considerada algo más que un simple drama romántico. En definitiva, ¡un libro que hay que leer!

Una última nota sobre su edición en español. Dicen que la traducción de la editorial Debolsillo es muy mala, y que existen otras, como la de Alfaguara, mucho mejores. Yo he leído la de Debolsillo y no me ha desagradado, pero bueno, está bien saber lo que se comenta por ahí.

(*) "So we beat on, boats against the current, borne back ceaselessly into the past." en su versión original en inglés.


Firma invitada: Iñaki

También de Scott Fitzgerald en ULADHermosos y malditosUn diamante tan grande como el Ritz

martes, 5 de noviembre de 2019

Zelda Fitzgerald: La vida moderna

Idioma original de los artículos: Inglés
Año de publicación de este volumen: 2019
Introducción, traducción y notas: Miguel Á. Martínez-Cabeza
Valoración: Recomendable para interesados


La vida moderna reúne once artículos que Zelda Fitzgerald publicó entre 1922 y 1934 en diversas revistas. El volumen, de cuya introducción, traducción y notas se ha ocupado Miguel Ángel Martínez-Cabeza, compila también dibujos, pinturas, figuras recortables y fotografías.

Si bien es cierto que este material gráfico no es necesario para entender los textos a los que acompaña, se agradece su inclusión. A fin de cuentas, visualiza la faceta artística de Zelda, una creadora multidisciplinar en toda regla, y expande la escasa información que de ella tenemos en España.

Porque la figura de Zelda es todo un misterio. Esto se debe a que se han hecho varias lecturas de su persona, a menudo antagónicas las unas con las otras, y a que permanece a la sombra de su marido, Scott Fitzgerald. Fijaos si se encuentra a la sombra del famoso escritor que a la pobre se la incentivó para que le pusiera como co-autor de algunos de sus artículos.

Y ya que mencionamos a los artículos, hablemos de ellos. Los temas que abordan, incluso el registro en que están escritos, pueden parecer frívolos. No obstante, detrás de la superficie ocultan reflexiones muy enriquecedoras. Leídos con detenimiento, nos darán una idea más precisa de su autora. Además, nos permitirán conocer los claroscuros de los locos años 20.

A mi juicio, los más conseguidos del volumen son los que tratan temas sociológicos (contrariamente a los que pretenden pasar por crítica literaria, bastante flojillos); esos que hablan sobre «las modernas» o la generación más joven de posguerra. Otro de los puntos fuertes del libro: la fina ironía que Zelda despliega en estas páginas, de la cual no escapa ni siquiera su esposo, el ya mencionado Scott.

En definitiva, La vida moderna interesará a todo aquel que quiera desentrañar el enigma de Zelda o conocer, desde la perspectiva privilegiada de una de sus participantes más entregadas, qué es lo que hace que la década de los 20 sea tan fascinante.

sábado, 6 de agosto de 2022

Siri Hustvedt: En lontananza

Idioma original: inglés
Título original: Yonder
Traducción: Gian Castelli Gair
Año de publicación: 1998
Valoración: está bien


En el círculo uladiano, bien es sabida mi devoción por Siri Hustvedt, una autora a la que admiro por su inmenso talento literario pero también por su interminable curiosidad por múltiples temas que van desde el arte a la ciencia. Es por ello por lo que me lanzo a leer cualquier ensayo que publique, pues su capacidad para analizar y cuestionarse esferas tan dispares siempre tiene un punto de interés para alguien que comparte las mismas inquietudes. Desgraciadamente, no siempre uno encuentra lo que busca o lo que espera en ellos.

El libro abre con el que, para mí, es el mejor de los ensayos que se incluyen en esta obra y que justamente da título al libro. En «En lontananza», Hustvedt nos habla del concepto de «en lontananza» como el lugar entre el aquí y el allí y, a partir de aquí, Hustvedt abre su reflexión y nos narra el impacto que tiene en nosotros los sitios en los que ya no estamos o a los que estamos a punto de llegar, afirmando que «esos espacios mentales cartografían nuestra vida interior con más precisión que cualquier mapa “real”». La autora enlaza con ello su propia experiencia y la de su familia, y nos narra sus orígenes, a caballo entre Noruega y Estados Unidos, hablándonos de igual manera de su lengua y sus raíces y el impacto que las experiencias causan en nuestras vidas, pues los «lugares que hemos dejado atrás a menudo se tornan emocionalmente simplificados… pulsan una única cuerda de dolor o de placer, lo que quiere decir que nunca son lo que en otro tiempo fueron». Abriendo el abanico reflexivo, Hustvedt extiende su disquisición al campo literario, haciendo un símil con la literatura, pues «el lugar de lectura es una especie de m en mundo en lontananza, un sitio que no está ni aquí ni allí, sino que se compone de retazos de experiencia en todos los sentidos, tanto reales como ficticios».

Ya en el resto de los ensayos, más dirigidos al arte que a la reflexión vital, la autora se centra en la mayoría de ellos en el análisis literario de obras que le entusiasmaron así como de obras de arte que por su impacto o por su enfoque le marcaron. Así, nos habla de Vermeer y su cuadro «Joven dama con collar de perlas», pero también sobre Chardin, Claesz, Cézanne, Matisse y sus cuadros que presentan las naturalezas muertas. Ya en el campo literario, la autora hace una profunda disquisición sobre «El gran Gatsby» de F. Scott Fitzgerald y profesa su admiración por él afirmando que «Fitzgerald supera a cualquier otro escritor que yo conozca en captar la achispada atmósfera de las fiestas». Este análisis sobre la gran obra de Fitzgerald es muy interesante, si bien, de igual manera que me sucedió con Gornick y su «Cuentas pendientes» o también con la propia Hustvedt y su más reciente libro «Madres, padres y demás» estos ensayos incluidos en el libro que hacen referencia a una obra en concreto suscitan interés únicamente en el caso en el que el lector también la haya leído pues de lo contrario no puede contrastarse o enriquecer la propia experiencia lectora de quien lee el ensayo con su lectura previa.

También la autora toca otros aspectos interesantes sobre la vida, como en «Una súplica para Eros», donde nos habla sobre el erotismo, la seducción, las relaciones amorosas y el deseo o su pérdida afirmando que «una combinación de biología, historia personal y caldo cultural de idees es lo que crea la atracción. El amante fantasía siempre está revoloteando detrás o delante del amante real, y necesitamos a ambos. El problema reside en que la alianza de los dos es algo imprevisible. Eros, al fin y al cabo, era un travieso amorcillo armado de arco y flechas, una criatura de sorpresas que se deleitaba en alcanzar a los que menos se lo esperaban».

Ya en su tramo final, y volviendo a un tema que Hustvedt trata en varios de sus libros, la autora habla de la memoria y los recuerdos, afirmando que «Los recuerdos son fragmentos de uno mismo —la misteriosa mescolanza del pasado con el presente (…) El recuerdo debe ser movimiento, suministrando así una concatenación eficaz entre un instante de la vida y el siguiente. Debe ser repetición, pero repetición con diferencia». Una repetición que nos lleva a ser quienes somos pues, en gran parte, somos aquello que recordamos y, a veces, esos recuerdos van ligados a nuestra experiencia lectora pues, como afirma Hustvedt, «cuando recuerdo libros, no recuerdo las palabras sobre la página. Recuerdo lo que vi y oí del mismo modo que recuerdo el mundo real». Y es que, para muchos de nosotros, el mundo real también se encuentra en los libros, en todos ellos.

También de Siri Hustvedt en ULAD: El hechizo de Lily DahlLa mujer que mira a los hombres que miran a las mujeresEl verano sin hombresLa mujer temblorosa o la historia de mis nerviosLos espejismos de la certezaMadres, padres y demás, Recuerdos del futuroUna súplica para ErosHistorias de fantasmas

lunes, 19 de diciembre de 2022

Lo mejor de 2022

Un año más nos obstinamos en ir contracorriente, en llegar de los últimos para desmentir a muchos de los medios cautivos de jamones, lotes de Navidad y transferencias a cuentas cifradas en paraísos fiscales. También aclaramos que estas son nuestras lecturas durante el año, y que si se nos cuela algún libro inencontrable de hace cuatro décadas, seamos o no conscientes de ello, no nos culpéis. Es el amor a la literatura, que nos ciega con sus fogonazos.

Dicho ello:

La lista de Juan

Año de muchas y buenas lecturas, aunque quizás pocas que hayan destacado del resto. Por eso, me vais a permitir que desgrane mis mejores lecturas a base de tríos...


La lista de Koldo

Curiosamente o no, pocas novedades de 2022 en mi lista de mejores lecturas del año:


La lista de Santi

Año de muy pocas lecturas, pero algunas que me han hecho disfrutar soberanamente:


La lista de Oriol


La lista de Marc

Un año irregular en cuanto a lecturas, que no contaría entre mis mejores. Mejor en ensayo que en ficción, en líneas generales. Aún así, hay libros y autores a destacar en todos los géneros:
Propósitos para el 2022: más poesía, (aún) más ensayo y más literatura infantil


La lista de Montuenga

Lo mejor

Lo peor


La lista de Carlos

Entre medio, algunas cosas que han quedado cerca de esta lista de destacados, y otras inevitablemente prescindibles, regulares o más o menos decepcionantes. Como siempre, vaya. Veremos lo que está por venir.


La lista de Nieves J.

Destaco dos novelas: Josefine y yo (intimista) de Hans Magnus Enzensberger y El tren de la última noche (género histórico) de Dacia Maraini

La lista de Francesc Bon

Confirmando que las situaciones personales afectan a las lecturas, no recuerdo año en que haya leído tan poco y peor. Así que mis referencias del año serán pocas y al ralentí:

Tostonazo, de Santiago Lorenzo, me confirmó en los términos que esperaba, más o menos, que sigue siendo, con su estilo naïf y pasota, de los pocos escritores locales capaces de definir una carrera. No me hagáis mencionar todos los que no, por favor.

Si digo que acusé la falta de munición de alto calibre en Aniquilación, igual soy un poco injusto, pero es que venimos de cotas muy altas (ejem, casi siempre) con Houellebecq. Sigue siendo un placer y un autor único, pero, a lo mejor, se nos está ablandando. Será como el del dicho. - ¿Cree Vd. en Dios? - Cuando estoy enfermo.

Demasiado terreno conocido: reseñar a Kapuscinski, Foster Wallace, Vila-Matas o Philip Roth (otra vez) es demasiado indicativo de que la cosa no ha ido como debía.

Como, a veces, la ficción se espesa en un cerebro algo angustiado, los ensayos o crónicas de corte investigador me han resultado (aunque acusé su extensión) muy útiles: El Imperio del Dolor o Solo la verdad obraban a distintos niveles su efecto: hay que controlar los poderes, manifiestos u ocultos, que nos rodean.
Y me han dicho que no tiene sentido comentar tanto abandono. Por este año, obedezco.



jueves, 5 de enero de 2017

Peter Stamm: Noche es el día

Idioma  original: alemán
Título original: Nacht ist der Tag
Año de publicación: 2013
Traducción: José Anibal Campos
Valoración: decepcionante


A menudo ocurre que uno se deja guiar por la intuición y por lo que ha leído acerca de un libro. En este caso, fue a raíz de una serie de entrevistas que hicieron al autor para promocionar este libro que provocaron que me atrajera la atención. El autor hablaba de una novela donde se pretendía reflejar cómo los cambios que experimentan las personas a nivel externo se traducen en un cambio también en la personalidad. El concepto de cómo está relacionado el exterior con el interior y la evolución de la identidad acorde con los cambios físicos (por motivos de la edad u otros) me interesó. Además, el hecho de ser  una novela escrita por Peter Stamm, autor finalista el 2013 del Man Booker International Prize, hizo que acabara de convencerme. ¿Valió la pena? Vamos a verlo.

Tenemos un personaje principal, Gillian, famosa presentadora de televisión que a raíz de un accidente de coche (no os desvelo nada, el libro empieza cuando el accidente ya ha ocurrido) sufre la muerte de su marido así como lesiones graves en su cara que alteran su parecido. A partir de aquí, el libro inicia una serie de flashbacks para ver la relación que tenía con su marido y cómo era su vida en las semanas anteriores al accidente cuando conoció a un artista que dedicaba su obra al retrato de mujeres desnudas. Hasta aquí, aunque la historia puede prometer, no es nada que no hayamos visto antes.

Sin querer revelar más acerca de la trama del libro, es sorprendente observar, a medida que avanzamos páginas, como un escritor tan altamente promocionado puede construir una novela tan vacía de contenido. Repleta de tópicos, de frases vacías sin sustancia ni relevancia y de párrafos que no aportan absolutamente nada, vamos avanzando en la lectura  de la novela esperando que algo nos sorprenda, no ya de la historia en sí (cosa harto difícil visto el argumento) sino al menos en su estilo. Lamentablemente no ocurre.

Las expectativas del escritor en lo referente a la motivación de la novela quedan claramente diluidas en una historia inverosímil, donde la transformación interna de la protagonista ya empieza antes del accidente con lo de que el cambio de identidad debido al accidente pierde su significado. Si hubiera seguido la trama argumental de la relación con el artista aún podría haber despertado algún interés pero justo cuando tiene definido el escenario de la trama, habiendo presentado los personajes, pega un salto temporal al futuro que acaba por echar por tierra cualquier atisbo de solidez. A modo de ejemplo, el autor opta porque el personaje de Gillian cambie de nombre para aumentar esta sensación de cambio como persona, en un intento que parece a la desesperada para conseguir credibilidad.

Si queremos historias donde se mezcle el arte, las relaciones y los deseos (correspondidos o no) entre artista y modelo, seguro que hay infinidad de libros netamente superiores (se me ocurre "Los ojos vendados" de Siri Hustvedt, por ejemplo). Si queremos historias sobre la capacidad de superación después de un hecho traumático, las hay a montones. Pero intentar mezclar las dos cosas, presentando primero a la protagonista en un primer tercio de libro, luego al artista en un segundo bloque y además jugar con dos momentos temporales en una novela de poco más de 160 páginas es harto complicado ya que se corre el riesgo de desdibujar la historia y no poder darle la solidez que requiere. O haces una novela extensa otorgando matices a los personajes y dándoles una personalidad definida y rica en detalles donde sí que la historia podría haber tenido margen de crecimiento, o te quedas en una novela corta que poco te aporta. De todos modos, no parece que una novela extensa hubiera sido mejor, visto el estilo de escritura del autor quien, además, declaró en una de las múltiples entrevistas promocionales que le hicieron, que el editor le pidió recortar algunas páginas. A saber qué contenían, visto lo visto.

Si los referentes de Peter Stamm son Hemingway, Scott Fitzgerald y John Williams como él mismo afirma, le queda aún mucho camino por recorrer. A menos que cambie mucho el estilo, no estaré pendiente de que esto ocurra.

domingo, 25 de junio de 2017

Alison Bechdel: Fun Home

Idioma original: inglés
Título original: Fun Home
Año de publicación: 2006
Traducción: Rocío de la Maya
Valoración: Muy recomendable

El apellido de la autora de este libro, Alison Bechdel, quizás sea célebre, sobre todo, por dar nombre al recurrente "test de Bechdel", por el que se determina si una película (o novela o serie de TV...) logra evitar la brecha de género y que apareció en una tira cómica escrita y dibujada por ella, allá por el lejano 1985 (*). Pero también es más que conocida como una de las historietistas que más han aportado para que el cómic, en su variante como "novela gráfica" haya conseguido el reconocimiento e incluso la equiparación con la literatura más convencional y destinada al público lector adulto.

Hace ahora  ya tres años que nuestra compañera Izas reseñó otra obra de Bechdel, ¿Eres mi madre?, en la que la autora indagaba, al parecer con una gran influencia del psicoanálisis, sobre su relación con su madre. En esa reseña Izas recordaba que había una novela gráfica anterior de Bechdel, que consideraba de mayor calidad aún (yo no puedo comparar, pero me fío aojos ciegos) en la que lo que exploraba era la figura de su padre, un tipo de lo más impenetrable, laberíntico y obsesivo; profesor de inglés, funerario, restaurador compulsivo de un pasado idealizado, homosexual oculto y posible suicida. Se trata, claro está. de este libro, Fun Home (que tras habérmelo encontrado mencionado últimamente en diversos lugares, me decidí por fin a leer).

Que nadie se llame a engaño: el título no hace referencia, o sólo de forma irónica, a que en el hogar de los Bechdel se lo pasaran pipa; en realidad, era la manera como llamaban al negocio familiar, una funeraria en un pequeño pueblo de Pennsylvania. Teniendo en cuenta que casa de los Bechdel , de estilo gótico carpintero (sí, ESE gótico...) estaba cuidadosamente restaurada y decorada por Bechdel padre hasta en los más nimios detalles victorianos, no es de extrañar que la pequeña Alice se sintiera dentro de un episodio de La familia Adams. En verdad, parece claro que lo de fun tiene un significado irónico, en este caso: los personajes del libro apenas sonríen  y sólo al final del mismo se les ve más relajados e incluso alguno suelta una carcajada que otra (de ahí, supongo, el epígrafe que sigue: Una familia tragicómica)

Debido al carácter autobiográfico de esta novela gráfica, que, de hecho, abarca desde la primera infancia hasta los años universitarios de la autora, es ella misma la narradora en primera persona, aunque la obra se centra sobre todo en la figura del padre , por más que algunos capítulos estén más dedicados a la madre o la propia Alison (entrañable, para mí, es el que dedica al trastorno obsesivo compulsivo que padeció a los diez u once años, y con lo que no puedo sino identificarme). También hay un paralelismo obvio entre las vivencias de la hija y el padre, puesto que la progresiva asunción que hace ella de su homosexualidad a lo largo de su adolescencia coincide con el descubrimiento por su parte de la homosexualidad de él, que en cambio no la acepta - o a medias- y trata de ocultarla; motivo que, según Bechdel hija, pudo ser la causa -o no- del suicidio -o no suicidio- de Bechdel padre. Debo decir que, de todos modos, el retrato del padre experimenta también una evolución a mejor, pues el irascible cuasi-psicópata de los primeros capítulos acaba presentándose como un a víctima de sus propios secretos y represiones, como un individuo sensible y vulnerable que -y esto es extensible a toda la familia-, sin duda merecía mejor suerte.

Muy interesante resulta el paralelismo que se hace entre la situación del padre -que no en vano también es profesor de inglés- y determinadas obras y figuras literarias. primero, Scott Fitzgerald, el escritor predilecto del padre; luego, Oscar Wilde y su La importancia de llamarse Ernesto (al parecer, una obra que debe interpretarse en clave criptogay) y, sobre todo, la  novela favorita de Bechdel padre, Ulises, a partir de la cual se establecen analogías entre la relación paterno-filial Bloom/Stephen -o Ulises/Telémaco- y la de los Bechdel. Aunque también la autora hace referencia a otra famosa pareja de padre e hijo, Dédalo e Ícaro. La novela resulta, ciertamente, de una complejidad y profundidad más que notables, con una riqueza de análisis excesiva para explicarla aquí de manera pormenorizada  y, desde luego, que acabaría con los prejuicios "intelectuales" que cualquiera pueda tener hacia los cómics o novelas gráficas. Por su parte, el aspecto gráfico de la misma es de lo más detallista y resuelve a la perfección cualquiera de las situaciones narrativas que plantea el guión (cierto es también que han salido de la misma mano). En definitiva, un libro intenso y absorbente -también, en ocasiones, algo deprimente-, y desde luego, de lo más recomendable.

Como colofón a esta reseña, mencionar que a partir de esta novela gráfica (y me maravillo al pensar cómo habrán podido hacerlo) se estrenó en 2013 un musical con el mismo nombre y que en 2015 llegó a ganar un premio Tony. Ahora mismo aún sigue de gira por Estados Unidos, hasta el próximo mes de agosto, por si alguien tiene mucho interés en verlo...

(*) Como curiosidad, hay que decir que este libro de Bechdel sí que pasa el test de Bechdel, aunque, en mi opinión, un tanto por los pelos...




También de Alison Bechdel reseñado en Un Libro Al Día: ¿Eres mi madre?

lunes, 14 de febrero de 2022

Marina Amaral & Dan Jones: El mundo en llamas

Idioma original: inglés

Título original: The World Aflame. The Long War, 1914-1945

Año de publicación: 2020

Traducción: Javier Romero Muñoz

Valoración: de lo más recomendable (sobre todo para interesados)

No solemos reseñar en este blog libros de fotografía y quizás deberíamos hacerlo más. En el caso que nos ocupa hoy he de aclarar (sobre todo para los desconfiados que puedan pensar que ésta es una forma facilona de cubrir una reseña) que no se trata "tan sólo" de una compilación de fotografías, pues cada una de las doscientas que aparecen viene acompañada de un prolijo texto explicativo. Y, además, tampoco se trata de unas fotografías "normales", sino de fotos en blanco y negro adecuadamente coloreadas -casi "resucitadas", diría yo- por la artista especializada en la coloración digital Marina Amaral, de quien quizás nuestros lectores ya conozcan su obra; junto con el historiador y periodista británico Dan Jones, con quien también elaboró un libro anterior, El color del tiempo, la brasileña Amaral firma aquí un libro extraordinario; que recoge imágenes de la primera mitad del siglo XX, desde los años que precedieron a la Primera Guerra Mundial a los juicios de Núremberg que saldaron cuentas -pocas- tras la Segunda. Por supuesto, también las de los decisivos años del periodo de entreguerras... El criterio para concebir el libro ha sido, como recoge el subtítulo, considerar ambas guerras mundiales como dos actos de una sola, como pensaban Churchill y De Gaulle, aunque sea un criterio que no hayan seguido la mayoría de los historiadores. En todo caso, creo que se trata de una elección "artística" o literaria más que historiográfica, a pesar de que  tiene su sentido. Tranquilos, en todo caso, los fans de la Historia militar, porque en este volumen se recogen las batallas y acciones más destacadas de estos conflictos.

En estas fotos, restauradas, por decirlo así, con gran rigor histórico, las hay de todo tipo, desde retratos de personalidades de la época: Churchill, Scott Fitzgerald, Trotsky, Atatürk, Alan Turing, Lawence de Arabia... o, cómo no, los inevitables Hitler y Mussolini, a personas corrientes, víctimas de las trágicas circunstancias que les tocó vivir... Vemos  también momentos que reflejan, de forma más o menos representativa, sucesos de aquellos añor. revueltas y revoluciones, crisis económicas, etc. pero, como es lógico, predominan las fotografías  de tema bélico, y no sólo sobre las dos conflagraciones mundiales, sino también de otras más locales: la guerra del Rif, la chino-japonesa o, por supuesto, la Guerra Civil española. Debo decir que, lógicamente, encontramos aquí fotos de muertos o heridos por la guerra, pero en general no son demasiado truculentas, salvo alguna excepción... tampoco se han seleccionado para este libro las fotos más célebres o emblemáticas de cada suceso, sino otras menos conocidas, aunque igualmente representativas; así, por ejemplo, no aparece la icónica fotografía de los marines alzando la bandera estadounidense en Iwo Jima, sino una posterior, en la que esa primera bandera es sustituida por otra más grande. tampoco la conocida foto de la bandera soviética sobre las ruinas de Berlín, sino otra similar, etc. Por otro lado, se recogen varias fotografías que atestiguan la labor de las mujeres en aquellos turbulentos tiempos y sus progresos en el campo político y laboral. 

Hay además un reconocimiento constante, en cualquier caso, a los y las fotógrafas que tomaron estas imágenes, contándonos en ocasiones sus peripecias y las circunstancias en que se tomó cada fotografía: desde el escritor y activista por los derechos humanos alemán Armin T. Wegner, que atestiguó el genocidio de los armenios del Imperio Otomano a los norteamericanos Ralph Morse, que se chupó toda la II G. M. para la revista Life, John Florea o Robert F. Sargent, de la Guardia Costera, que desembarcó y tomó fotos en Omaha Beach el Día D... Un lugar destacado tiene un retrato del mítico Robert Capa, junto a Hemingway y el chófer que les llevó a París durante la liberación de la ciudad.

Entre todas esas fotografías, ¿cuáles pueden ser nuestras favoritas? En mi caso, creo que dos que retratan a unas niñas: la de Ángeles González, refugiada madrileña de 7 años que protege son gesto airado sus pobres alimentos de la cámara de la norteamericana Margaret Boarke White, durante nuestra Guerra Civil (y que sale en la cubierta de la edición original, por cierto) y las creo que bastante conocidas fotografías de ingreso en Auschwitz de la joven polaca Czesława Kwoska, asesinada en ese campo en 1943.; ambas fotos no pueden sino despertar la ternura y conmiseración de cualquiera que las contemple. Por otro lado, no sé cuáles serán las favoritas de los autores del libro, pero sospecho que la de Marina Amaral podría ser ésta que retrata a Anna Coleman Ladd, una pintora de máscaras protésicas para los soldados que habían sufrido desfiguraciones faciales durante la Gran Guerra, de cobre esmaltado y pintado con colores naturales e incluso vello facial. Lo digo porque es una actividad que guarda alguna concomitancia con la que hace ella...


No puedo resistirme a finalizar esta ya larga reseña reproduciendo unas palabras del prólogo del libro, que quizás no plazcan a todos quienes las lean, pero que me parecen de lo más pertinentes:

"Este libro también es una advertencia. Mientras escribimos estas líneas, vuelven a marchar en todo el mundo el fascismo, el nacionalismo, el populismo, el antisemitismo, el odio, los prejuicios y las políticas de exclusión, división y aislamiento. Que lo que ven aquí sea recordatorio de adónde conduce todo eso. El mundo es frágil. hace falta menos de los que pensamos para sumirlo en llamas."

lunes, 3 de julio de 2023

Hernán Díaz: Fortuna

Idioma original: inglés
Título original: Trust
Traducción: Josefina Caball (en catalán, para Edicions del Periscopi) y Javier Calvo (es castellano, para Anagrama)
Año de publicación: 2022
Valoración: recomendable


Tenía ganas de leer la nueva novela de Hernán Díaz después de las buenas sensaciones que me produjo la lectura de su anterior obra; más aún después de las buenas críticas que ha recibido este libro y premiado además con el premio Pulitzer. Pero, como sucede en algunas (demasiadas) ocasiones, si bien el libro está bien y es interesante, creo que no alcanza la altura de tanto elogio. 

Planteado con una estructura y contenido multicapa, este es uno de esos libros en los que cada uno de los lectores apreciará más una parte que otra, le encontrará significados diferentes y probablemente aún más en el caso una posible (y recomendable) relectura, pues se trata de esas novelas en las que una vez terminada la sensación que emana es una voluntad (casi un ansia) revisionista para atar cabos, para discernir entre las diferentes realidades que el autor nos brinda sobre una mismo tema: el poder de las grandes fortunas y su legado, no únicamente económico, sino también histórico a través del recuerdo, la memoria y la posible trascendencia.

Estructurado en cuatro grandes bloques firmados y narrados por otros tantos personajes, el libro analiza desde cuatro ángulos diferentes la vida, auge y evolución de un poderoso matrimonio en la Nueva York de finales de la década de los años 20 en el antes y el después del crac del 1929. Con este enfoque, el libro empieza de manera en que un tal Harold Vanner nos narra la vida de Benjamin Rask a modo de biografía desde sus orígenes y que resume, de manera sintáctica, afirmando que «en 1662 sus antepasados emigraron de Copenhague a Glasgow, donde empezaron con comerciar con tabaco procedente de las colonias». Estos son las raíces de la familia Rask, en un momento histórico marcado por el comercio y la explotación y que la familia supo aprovechar, pues en el siglo XVIII el negocio prosperó tanto que una parte de la familia se fue a América para controlar proveedores y la producción hasta que, tres generaciones más tarde, Solomon, el padre de Benjamin, adquirió la parte de todos los orientes e inversores externos consiguiendo que la empresa prosperara hasta convertirse en uno de los comerciantes de tabaco más prominentes de la Costa Este. Sabemos también que la mujer de Solomon, Willie, apenas se veía con su marido pues este viajaba a menudo (teniendo incluso una hacienda en Cuba donde pasaba largas temporadas) y cuando volvía ella hacía lo imposible para escaparse a Nueva York con sus amigas o a Washington, Boston o incluso Chicago. Así que Benjamin, que creció entre cuidadoras y la soledad de su habitación, ve como muy pronto se muere primero su padre de un ataque al corazón y poco después su madre de un enfisema con lo que, al empezar sus estudios universitarios, se queda solo con su gran fortuna heredada. Pero el negocio del tabaco no le atrae, así que se lo vende al mejor postor y dedica a incrementar su fortuna volcándose al mundo de las finanzas, su gran pasión. 

Hernán Díaz va directo al grano (esta parte del argumento lo narra en las primeras veinticinco páginas) para ubicarnos rápidamente en la historia y nos traslada, cuál Scott Fitzgerald en el Gran Gatsby (libro que por cierto se menciona y con el que guarda ciertas similitudes), al distrito financiero de Nueva York, cerca de donde se mueve el dinero. Benjamin, alguien que «sentía aversión tanto por el dramatismo como por las muestras excesivas de alegría»; alguien huraño, de vida casi monacal, a pesar de ser miembro de los grandes clubes y círculos sociales para disimular, que «vivía la mayor parte de lo que sucedía en Nueva York a través de los periódicos». Asimismo, nos narra la vida de Helen Brevoort, proveniente de una familia rodeada de cultura. Helen, alguien a quien «la soledad la estimulaba» y quien, a través de un conocido común conoce a Benjamin en una fiesta en su casa a la que han estado invitados ella y sus padres. Helen, que justo al verlo y en la clara idea de matrimonio a la que sus padres la empujaban «decidió que aceptaría. Porque vio que, en el fondo, ese hombre estaba solo. En la vasta soledad de él, ella encontraría la suya; y con la soledad, la libertad que sus padres, autoritarios como eran, le habían negado siempre». Helen, quien tras casarse en una ceremonia extremadamente íntima «hacía todo lo posible para disipar los miedos de Benjamin» en un momento vital boyante, donde «todo el mundo, tanto hombres como mujeres, se sentía con derecho a participar de la prosperidad que reinó durante los diez años posteriores a la guerra (…) y Rask intento ayudar a alimentar la sensación de posibilidades ilimitadas creando nuevas instituciones y bancos que ofrecían créditos en condiciones tentadoras». Así, Rask incrementaba la fortuna y Helen la distribuía en funciones filantrópicas convirtiendo la pareja «en unos seres míticos de la alta sociedad neoyorquina (…) de la cual ellos prescindían completamente»; «un matrimonio cuyo legado filantrópico continúa influyendo en la vida cultural y pública de los Estados Unidos», aunque su relación no era harmoniosa, pues «la admiración que Benjamin sentía por Helen era cercana a un temor reverencial (…) sentía por ella una especie de deseo místico, casi casto». Pero, con el crac del 29 todo cambió y la sociedad que creía en un futuro lleno de ilusión y dinero cayó y se hundió con la bolsa a excepción de Rask, que había cambiado sus negocios financieros dejando las inversiones monetarias por la inversión de oro. Rask emergía entre los escombros más rico, más poderoso, pero también más solo pues la alta sociedad le culpaba de ser el hombre que les había hundido a todos.

En el segundo bloque, el autor cambia completamente la historia y abre una segunda trama desde cero. En ella sitúa a su personaje principal, quien narra a modo autobiográfico mirando a su pasado, William, en Nueva York, el bisnieto de un hombre que hizo fortuna como comerciante y explica la historia de la estirpe familiar hasta llegar a él mismo, hombre acaudalado que se dedica a la inversión financiera y se casa con Mildred Bevel, gran amante del arte, literatura, música, y constituye junto a ella su gran imperio financiero. 

Para no desvelar más la trama, el tercer y cuarto bloque narran la misma historia desde ángulos diferentes, uno a través de una visión externa y el último a través de la mirada de uno de sus protagonistas de manera que completamos la mirada poliédrica del mismo matrimonio ligado y protagonista de un momento histórico que encumbró a unos y hundió a otros. Cabe decir, que en el tercer bloque (para mí el mejor de los cuatro) la perspectiva social se amplía pues se introduce la visión de la mirada femenina al relato y, de la misma manera, al mundo capitalista y depredador que la figura de los grandes magnates financieros imponen (aún ahora) al mundo bursátil y, por extensión, al resto de la sociedad que baila a su son. Además, introduce de manera acertada la mirada desde las clases bajas de la sociedad, con una protagonista con un padre anarquista italiano aunque su padre «nunca se consideró un inmigrante. Él era un exiliado» porque «él no había decidido irse; lo habían expulsado» y, por ello, tenía sobre su tierra natal opiniones contradictorias, «una amalgama de resentimiento y añoranza, de gratitud y de antipatía» pero que «menospreciaba la gente imbécil que se había rendido a Mussolini y sus matones, los camisas negras». Él era alguien que «no soportaba el capital financiero, que consideraba el origen de todas las injusticias sociales». Y, a pesar de las reticencias del padre y su posición política, ella empieza a formar parte del mundo que su padre menosprecio, introduciendo al relato a la lucha de clases y, por ende, las discrepancias ideológicas así como la pasión por la escritura y el mundo que la rodea. 

De esta manera, en una narración fragmentaria aunque bien estructurada, Hernán Díaz teje un retrato social desde distintos ángulos que permite al lector ser testigo de una misma historia, aun y sabiendo que la historia no es única, pues las diferentes narraciones se complementan aunque también se contradicen en algún momento confirmando de esta manera que es difícil saber cuál es la historia verdadera, pues siempre está basada en opiniones y apreciaciones. El mérito del autor consiste en, no únicamente demostrar este hecho sino también en hacernos testigos de la importancia de poder implantar el relato deseado, de cómo el poder lucha también en la esfera de la pugna por vencer en la imposición de una historia a costa de los hechos, de las opiniones y, en ocasiones de la verdad. Este es el verdadero aporte del autor y el principal punto fuerte del relato.

Es curioso que, de manera paradójica, los bloques menos conseguidos o interesantes son aquellos en los que los propios protagonistas nos narran su vida, confirmando la máxima que pide que la realidad no te estropee una buena historia. Hernán Díaz hace lo propio, convirtiendo las vidas de sus protagonistas en auténticas leyendas, lo sean en realidad o solo en la imaginación dudosamente bienintencionada de quien construye los mitos. Así, el libro (o libros) narra las diferentes versiones que una misma historia puede tener y quien realmente tiene el poder de imponer su relato por encima de los demás. Con ello, el autor analiza y explora la eterna cuestión de si la verdad real existe, si es un conjunto de versiones que en ocasiones se complementan pero en otras se contradicen o simplemente cada uno tiene su relato sobre el cual afianzar su legado genealógico e histórico. Hay versiones que justifican su ambición afirmando que sus beneficios también lo son para la sociedad, que su ambición está justificada. En otros, por contra, relata la vida de los millonarios culpándolos de la crisis y sus consecuencias, de manera que crean admiración y recelos a partes iguales tejiendo de esta manera un texto en el que cada uno deberá discernir la realidad si es que hay algo que podemos considerar como completamente verdadero.

Tal y como hizo en su anterior libro, Díaz imprime un ritmo alto en la narración, acompañado de episodios cortos que ayudan a que la lectura sea ágil y el libro se lea de manera placentera, aunque su irregularidad hace que en ocasiones uno se encalle en algún bloque, no únicamente por lo contado sino por el estilo con el que lo hace (que cambia también según quien sea el protagonista de la narración) convirtiendo de esta manera la lectura en un disfrute más cercano al ejercicio metaliterario que al de una narración convencional. 

En una suerte de confesión, uno de los protagonistas afirma y se lamenta de que «los hechos imaginarios de esta obra de ficción ahora tienen una presencia más fuerte en el mundo que los hechos reales de mi vida». Y, lamentablemente, creo que es algo que podemos compartir y constatar todos y cada uno de nosotros, también en nuestro mundo de revisionismo constante.

También de Hernán Díaz en ULAD: A lo lejos

lunes, 22 de noviembre de 2021

Alejandro Padrón: París siempre valía la pena

Idioma original: Español
Año de publicación: 2021
Valoración: Recomendable

¿Habéis leído "París era una fiesta (A moveable feast)", las memorias parisinas de Hemingway? O,al menos, ¿os acordáis de "Midnight in Paris", la película de Woody Allen en la que Owen Wilson viaja en el tiempo y se encuentra con el propio Hemingway, el matrimonio Zelda y Francis Scott Fitzgerald, Gertrude Stein, etc? 

Opción A: habéis leído el libro y habéis visto la película.

Opción B: habéis leído el libro pero no habéis visto la película.

Opción C: habéis visto la película pero no habéis leído el libro.

Opción D: ni habéis leído el libro ni habéis leído la película.

Si tu respuesta es la A (y en menor medida la B o la C), quizá "París siempre valía la pena" no descubra nada nuevo pero servirá para imaginar, a través de la ficción o de la novelización de hechos reales, episodios apenas sugeridos o ignorados por Hemingway en sus memorias.

Si tu respuesta es la B o la C, el libro de Alejandro Padrón funcionará y tendrá su mayor valor como puesta en contexto de una generación y unos autores fundamentales en la literatura del siglo XX.

Si tu respuesta es la D (mal, muy mal), lee "París siempre valía la pena" porque ese compendio entre lo real, lo ideal y lo legendario será una lectura, al mismo tiempo, entretenida y didáctica. Además, ahora que se acercan la cenas y comidas familiares, podréis presumir ante vuestros cuñados de vuestros conocimientos sobre la bohemia parisina de los años 20.

Todo esto gracias a un texto que es, obviamente, un homenaje a la figura de Ernest Hemingway y que parte de una premisa si no 100% novedosa sí muy atractiva: la supuesta novela / memorias de Max Sterling, compañero de fatigas de Hemingway en sus años parisinos. 

Además de esta premisa, Padrón opta por una estructura audaz, con mucho de juego borgiano, en la que se juntan 3 narradores y 3 tiempos para una triple búsqueda (real, ideal y legendaria) de la figura del autor estadounidense. Lo anterior hace que el texto pueda ser leído, casi a partes iguales, como novela, diario o guía de viajes. Y aunque esta triple elección sirve adecuadamente al objetivo de ofrecernos una visión global del Hemingway persona(je) y demuestra un atrevimiento por parte del autor que es de agradecer, creo que una de esas tres patas flojea ligeramente. En concreto, me refiero al juego que se establece con uno de los narradores / personajes (Nicka Dams). Me da la impresión de ser un recurso algo trillado y que se estira de forma algo innecesaria. 

Pese a esto, he disfrutado de "París siempre valía la pena" y recomiendo su lectura acompañada, si es posible, de un acercamiento previo a las memorias del autor de "El viejo y el mar". Por eso de completar huecos, vaya.

P.S.: Me encanta la cubierta del libro, que incluye un fragmento de Paris by night (Konstantin Korovin)

viernes, 19 de junio de 2009

Azar Nafisi: Leer Lolita en Teherán

Idioma original: inglésReading Lolita in Tehran

Título original:

Fecha de publicación: 2003
Valoración:
Está bien

Ahora que Irán vuelve a estar tristemente de actualidad por las revueltas que han seguido a la (discutida) victoria en las urnas de Mahmud Ahmadineyad, parece aconsejable informarse, aunque sea superficialmente, de cómo hemos llegado hasta aquí, y para eso quizás nada mejor que leer algunos de los libros que han narrado la complicada historia del Irán moderno en los últimos años. Entre ellos están la famosa novela gráfica Persépolis, de Marjane Satrapi (de ella hemos reseñado aquí Pollo con ciruelas) o esta novela, Leer Lolita en Teherán, que nos acercan a la época de la Revolución iraní de 1979, la guerra Iraq-Irán y la instauración de la República Islámica actual.

Leer Lolita en Teherán es, como Persépolis, una historia autobiográfica escrita por una mujer, en este caso Azar Nafisi, una profesora de literatura inglesa de la Universidad de Teherán que actualmente reside en Estados Unidos. Ilusionada inicialmente por la Revolución, que anunciaba tiempos de libertad y apertura, Nafisi pronto se vio decepcionada por el giro islamista y autoritario del régimen, bajo el ayatollah Jomeini, y en 1981 tuvo que abandonar sus clases en la Universidad por negarse a llevar velo. Es entonces cuando decide montar un "club de lectura" con siete de sus mejores alumnas, con las que comentará las obras de Scott Fitzgerald, Henry James, Nabokov o Jane Austen que sirven de contrapunto e hilo conductor de la narración.

Lo más interesante de Leer Lolita no es, por lo menos para mi gusto personal, la anécdota individual de la autora, sino la ambientación histórica, la presentación de los conflictos de las mujeres y los jóvenes protagonistas en la República Islámica. A ratos, el libro resulta algo lento, y al comienzo recuerdo que me costó engancharme, pero la descripción de la revolución, la guerra y la instauración de la República Islámica me parecieron apasionantes.

Naturalmente, tratando de un tema tan candente, la obra de Nafisi no ha escapado a la polémica. De hecho, ha sido acusada de ser una obra colonialista (aunque de origen iraní, como Pastrani, Nafisi estudió en el extranjero, concretamente en Reino Unido y Estados Unidos, antes de volver a Irán) y neoconservadora. Incluso, un furibundo crítico de la Universidad de Columbia la acusó de ser un instrumento de propaganda de la administración Bush en preparación para su invasión de Irán. Estas críticas, que en mi opinión son exageradas e injustas, sí encierran en cambio una verdad: el que la novela estuviera durante más de 100 semanas (casi dos años) en la lista de los más vendidos del New York Times se debe sin duda, al menos en parte, al hecho de que la novela -escrita originalmente en inglés, por cierto- ofrece una visión que encaja perfectamente con la concepción occidental del régimen de Ahmadineyad en concreto, y del islamismo radical en su conjunto.