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martes, 19 de abril de 2016

TochoWeek #2. James Joyce : Ulises

Idioma: inglés
Título original: Ulysses
Año de publicación: 1922
Páginas: 976
Traducción: José María Valverde
Valoración: imprescindible

Permítanme comenzar con una breve digresión sobre lo que es "políticamente correcto" (lo que decimos cuando pensamos que nuestras palabras van a quedar registradas o tendrán alguna repercusión) y lo "socialmente correcto" (lo que pensamos que hay que decir ante la máquina de café de la oficina o acodados en una barra de bar, compitiendo por ser el más "cuñao"). Un ejemplo, para entendernos: políticamente correcto puede ser disertar sobre las vanguardias artísticas, visitar museos de arte contemporáneo y tener una reproducción de un cuadro de Kandinsky en la pared del salón. Socialmente correcto es decir que "eso lo hace mi hijo pequeño" ante el cuadro de Kandinsky o contar la anécdota apócrifa de la limpiadora de ARCO que confundió una obra expuesta con un cenicero... Pues algo así ocurre con el Ulises, uno de los libros más suceptibles -quizá el que más- de ser objeto del postureo gafapástico, por un lado, pero también del desdén y hasta la ira de indignados lectores que no consienten "que se les tome el pelo".
Aunque no sólo indignados pero desconocidos lectores, claro: hay una nutrida lista de escritores, desde D. H. Lawrence al sin par Paulo Coelho... (sí, me duele poner a éste en el misma categoría que los demás, pero es responsable de una frase preclara sobre la novela: "El Ulises de Joyce hizo mucho mal a la literatura, porque nadie lo ha leído y todo el mundo dice que lo ha leído"). Mi opinión favorita, sin embargo, es la de Virginia Woolf: "Es el esfuerzo de un estudiante nauseabundo reventándose los granos". ¡Olé, doña Virgi!
Por supuesto, de igual forma ha habido colegas suyos no menos destacados y agudos  que han admirado y ensalzado la obra de Joyce: T.S. Eliot -que se lo recomendó a la Woolf-, BorgesFaulkner o Nabokov... De entre todas las opiniones, yo me quedo con una sentencia del inteligente y sutil Anthony Burgess sobre Joyce: "... una vez leído y absorbido un solo ápice de la esencia de este autor, ni la vida ni la literatura vuelven a ser las mismas de nuevo".
Tal cual, Mr. Burgess. Porque lo remarcable del Ulises no es la historia que nos cuenta, la de un día determinado (el 16 de junio de 1904, el día que James Joyce tuvo la primera cita con su mujer Nora) en la vida de unos dublineses, por lo demás no demasiado notables: Stephen Dedalus, Leopold Bloom y su esposa Molly. Tampoco es importante que estos personajes sean un reflejo de los protagonistas de la Odisea de Homero: Telémaco, Ulises y Penélope, respectivamente (bien es cierto que alguna interpretación que a mí me parece con bastante sentido considera que Stephen es también un trasunto del Joyce joven y Leopold del Joyce maduro... de la edad a la que acabó este libro). Nada más alejado de lo heroico, sin embargo, que el tono de la novela: el capítulo en el que se nos presenta a Leopold, por ejemplo, acaba con el relato de una de sus evacuaciones  intestinales...
No es lo más destacable que la estructura del libro se base también en la Odisea, con cada uno de sus capítulos avanzando de forma paralela a los cantos de aquella, y traduciendo el mito clásico a la mucho más prosaica Dublín de hace un siglo.
No es lo más importante, aunque quizás sí memorable, que Joyce despliegue una pericia técnica sin igual en la literatura escrita hasta ese momento -no dudo que habrá quien encuentre algún precedente de esto o aquello; ya sabemos cómo son los estudiosos-, todo un derroche de estilo -estilos- que consigue plasmar el continuo flujo de pensamiento de los personajes a través del monólogo interior -"stream of consciousness"-; sin olvidar los juegos de palabras y de imágenes, a todos los niveles, las referencias clásicas y cristianas; sagradas, profanas y mundanas (realmente, la novela merece otra lectura deteniéndose con más sosiego en las anotaciones del traductor, para entender a fondo cada párrafo). Joyce consigue combinar sin complejos lo más soez con lo profundo del pensamiento, lo banal con lo transcendente, lo sexual y lo fúnebre... (¿Eros y Tánatos? Uf... mejor lo dejo aquí).
Lo importante, lo fundamental, es que Joyce puso con este libro punto y final a toda la tradición narrativa occidental, que comienza con Homero. Si la Odisea es el Alfa, el Ulises es el Omega, las columnas de Hércules de la novela; es el Apocalipsis de San James, el diluvio tras de mí, el apaga y vámonos. Hasta aquí hemos llegado y el que venga detrás que arree... Y no es que después de Joyce no se pueda escribir más novela, pero eso ya será -ya ha sido- otra cosa: caminar por senderos explorados; es el ferrocarril, la plantación y el resort con campo de golf, no la selva virgen (e incluyo lo que han hecho muchos epígonos de Joyce, algunos muy aventajados: Gaddis, Pynchon... aunque en este asunto, también quien golpea primero da dos veces). Tenía razón Burgess, desde luego y, maldita sea, aún sin pretenderlo, también Paulo Coelho, en cierto modo...
Pero hay más: Joyce es el niño que grita que no ve el traje del emperador, y desnuda a sus personajes, a sí mismo y a nosotros... señalando lo que de nosotros hay en Stephen, Leopold, Molly... que es mucho, me temo. Joyce no es un escritor simpático -lo que no excluye un peculiar sentido del humor-, no es clemente ni misericordioso, pero dice la verdad.
Último apunte: esta novela, más allá de odios y fervores, postureos y cuñadismos, no se puede calificar de otra forma sino como imprescindible. Pero, siguiendo un criterio contrario al de Los reconocimientos, aún por los mismos motivos, no se la puedo recomendar a nadie. Quien la lea, que sea por su cuenta y riesgo.


Otros títulos de James Joyce reseñados en Un Libro Al Día: DublinesesExiliadosFinnegans WakeRetrato del artista adolescente

lunes, 19 de junio de 2017

Kevin Birmingham: El libro más peligroso


Idioma original: inglés
Título original: The Most Dangerous Book
Año de publicación: 2016
Traducción: Óscar Palmer
Valoración: obscenamente muy recomendable

Este es uno de esos libros que hace que quienes comentamos sobre literatura nos vengamos algo arriba. Una conjunción de factores demasiado tentadora. Un estudio literario sobre una obra cumbre de la literatura (un clásico contemporáneo) que combina elementos diferentes, todos ellos atractivos a priori. Buena escritura, temática con aromas épicos, sentido del suspense, ritmo adecuado en lo narrativo combinado con la oportuna puesta en contexto de todo el entorno que rodeó la publicación de la obra en cuestión. Que es Ulises de James Joyce. La clase de libro cuya reseña, gracias, Juan, uno espera que un blog como el nuestro (conocido en ciertos círculos como blogcillo barato) incluya orgulloso integrando algo parecido a un fondo de armario en lo que a contenidos concierne. La clase de libro a la que tanta y tanta gente ha intentado meterle mano, saliendo escaldada en muchos casos de su difícil lectura y comprensión.
Y en función de lo leído en esta inclasificable obra, más de uno puede preguntarse si el mito que rodea a Ulises, que no es la única obra difícil y extensa de la literatura universal ni mucho menos, hubiera sido tan enorme de no mediar todo lo que El libro más peligroso describe. O, que viene a ser lo mismo, si esta obra no fue una de esas demostraciones fehacientes de que "lo importante es que hablen de uno, aunque sea mal".
Lo que se describe aquí queda en una atractiva confluencia que por momentos me ha recordado aquel magnífico ensayo/biografía sobre Salinger que reseñé aquí, guardando las debidas distancias, pues puede ser que Birmingham se centre algo más en el proceso de un libro en particular, sin ahondar tanto en detalles biográficos. Aunque todo lo que se escribe aquí sobre la vida de James Joyce viene a cuento. Su curiosa historia de amor con su esposa Nora Barnacle. Sus problemas de salud, concretamente los derivados de las enfermedades venéreas (frecuentaba prostíbulos) y los que afectaban a su visión, condicionando la escritura de la obra, un proyecto personal que todas las circunstancias convierten en obsesión.
Y, por supuesto, el centro del libro, la colosal lucha que supuso para él conseguir que Ulises fuera publicado tal como lo concibió, lucha que se hizo titánica a raíz de los sucesivos avances de sus capítulos en revistas cuyas publicaciones iban acompañadas de escándalos, de acusaciones por obscenidad de los respectivos capitostes atrincherados en las rancias y puritanas instituciones de la época, más pendientes de una descripción demasiado minuciosa del deseo sexual que de algo que hoy nos parece tan obvio como permitir que las mujeres votaran. Las maniobras, tanto para evitar su publicación como para conseguirla, convierten esta lectura en un cierto juego de suspense del cual, aunque conocemos el final; no deja de sorprendernos el encono de uno y otro bando. Joyce contó con la ayuda de importantes factores, aunque hubo de recurrir a ciertos entresijos que hoy nos dejan pasmados, apelar a editores, libreros, incluso tuvo que sufrir el veto de ciertos talleres de imprenta que no querían verse relacionados con lo que se consideraba una obra obscena y escandalosa. Cuesta creer que así estuvieran las cosas apenas hace un siglo y que hoy aún haya zonas de nuestro planeta en las que la moral inculcada por la religión y la pura religión coarten de tal manera la libertad de expresión, tanto a nivel personal como en lo que se refiere al proceso de creación artístico. Cuesta creer también que en ese momento algo como la literatura movilizara a la sociedad de la época, cuando a la de la nuestra parece que solo la movilicen pocas cosas, y prefiero no pararme a pensar cuáles.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Santiago Gamboa: El síndrome de Ulises

Idioma original: español
Año de publicación: 2007
Valoración: muy recomendable

Una sorpresa este Santiago Gamboa. Dos de dos. Dos magníficos libros, y en breve, lo prometo, voy a por Perder es cuestión de método. Al que puede que le exija abandonar lo relacionado con el exilio voluntario o forzado, pero hasta eso le perdonaré, mientras mantenga el magnífico, estratosférico nivel de las dos novelas que ya he leído. Me da por pensar lo difícil que debe ser para un escritor colombiano desplegar su obra a la sombra de una figura como Gabriel García Márquez. Pero Gamboa es un más que digno contendiente, si es que tiene sentido una contienda, que no. Si dará un país para dos, o más, excelentes escritores, sin el perverso juego de los ránkings y las comparaciones.
El síndrome de Ulises es una novela protagonizada por un narrador del que pasamos casi todo el libro sin saber su nombre. Y llegamos a saberlo a pocas páginas del final, casi de casualidad. Un aspirante a escritor que malvive en París, encallecido él de dar clases de español en horarios terribles, y de lavar restos de comida picante de los platos, en el sótano de un restaurante asiático. Esa es su mísera existencia de exiliado de Colombia, y ese es su punto de partida. Joven, pobre, lejos del hogar. Bueno, lo de malvivir tiene sus matices: escaso de dinero, su nevera siempre patéticamente vacía, pero sobreviviendo de lo más entretenido. Para lo cual son claves sus conocidos en París. Mujeres y hombres, la mayoría jóvenes en circunstancias parecidas a las suyas. Un compañero norcoreano con un pasado turbio y doloroso, una colombiana de buena familia con gustos sexuales extremos, un escritor marroquí bien relacionado, entre muchos otros. Todos ellos, elementos que son presentados a lo largo de la primera parte de la novela, único tramo en que el narrador no es siempre el propio escritor. Cada persona, una historia diferente de circunstancias que  determinan su presencia en la ciudad francesa. Elemento común en la novela, gente que está atrapada en una ciudad maravillosa para ser turista, pero dura para vivir en ella. La novela transcurre en París pero nadie menciona Tour Eiffel, Trocadero o los bateaux mouches. Es París pero podría ser Berlín, Barcelona o Londres. Ciudades donde gente de los más diversos orígenes se reúne y, donde se produce esa especie de entente cordiale por su condición de inmigrantes.
De ese nudo de relaciones van naciendo las tramas: el escritor y sus relaciones de pareja, en diferentes grados de compromiso, sus relaciones con amigos de diversas nacionalidades, su constante ir de aquí para allá, y los pequeños misterios que se presentan a su paso. Nada complejo pero todo fascinante gracias a la magnífica manera de narrar de Gamboa, capaz de dibujar sus personajes con cuatro conceptos y darles su lugar en esta historia.
El síndrome de Ulises es una novela sobre inmigrantes que no acude a nostalgias ni a lagrimeos para calar en el lector. Es una de esas inexplicables conjunciones de factores que arrojan un resultado casi perfecto, sin efectismo ni trampas inverosímiles. Escrito con sobriedad, con oficio, y con una estructura muy adecuada. No soy capaz de verle un solo defecto.

También de Santiago Gamboa en Unlibroaldía: Plegarias nocturnasPerder es cuestión de método

lunes, 31 de mayo de 2021

Rodrigo Blanco Calderón: Simpatía

Idioma original: Español 
Año de publicación: 2021
Valoración: Bastante recomendable

Todas las familias felices se parecen unas a otras, pero cada familia infeliz lo es a su manera. Algo así, dependiendo de la traducción, viene a decir el comienzo de Ana Karenina. Ese parece ser, al menos en un primer momento y debido a un matrimonio que se derrumba y a una herencia cuanto menos extraña, el camino que va a seguir este Simpatía: el de una crónica familiar a las que tan acostumbrados nos tiene la literatura latinoamericana. Algo de eso hay, pero la cosa no es tan sencilla porque lo que se derrumba no es solo un matrimonio; tanto lo individual como lo colectivo, lo personal como lo nacional se vienen abajo y flota en el ambiente un aire de desastre y locura, de miedo y absurdo que todo lo impregna.  
Aquí, en cambio, uno siente una guerra pero no la ve. Y son los mismos desplazados, la gente misma, los que abandonan a sus perros. Eso es peor que colgarlos de un poste. Los abandonan para anunciar que se marchan de este infierno
Así que lo que en un primer momento puede ser una crónica familiar con toques de picaresca se complica. Surgen varias subtramas en las que nada es lo que parece, en las que los hechos van enredándose y entrelazándose,  y que convierten Simpatía en un "thriller político" o en una "novela de misterio", aunque no creo que el libro pueda o deba encuadrarse en una casilla determinada ya que Rodrigo juega con lo géneros como ya lo hicieron algunos de los nombres que aparecen en el texto (Borges, Bolaño, etc). Ese giro, ese convertir la novela en algo diferente y salir airoso del paso, especialmente en su parte final, es uno de los aspectos más significativos del texto. 

Otro punto favorable: el engarce entre la historia individual y la historia colectiva, entre la trama personal de Ulises y compañía y la historia reciente de Venezuela. Nuevamente la novela como metáfora de la sociedad del país.

Más: los personajes. Toca regresar al texto de la novela (a la página 178). Si algo te enseña Francis Ford Coppola es que en una buena película no hay personajes secundarios. Todos sus personajes, en caso de emergencia, por decirlo de alguna manera, deberían poder cargar con el peso de la historia. Estas frases vienen como anillo al dedo a Simpatía. La acción recae en Ulises Khan (o Kan) pero la casi totalidad de los personajes "secundarios" podrían ocupar ese lugar central. Serían novelas diferentes, claro, pero serían novelas tan interesantes o más que esta. El ejemplo más claro, para mi, es el del General Ayala, suegro de Ulises. Pero no es el único: los Aponte, Nadine...tienen enjundia más que suficiente para ser protagonistas absolutos.

Volviendo a Bolaño (¿otra vez? - sí), podría ocurrir algo así como el caso de Auxilio Lacouture. De todas formas, ya encontramos algo de esta autorreferencialidad en Simpatía cuando aparece, en una breve pero fundamental escena, el psiquiátra forense Miguel Ardiles, uno de los protagonistas centrales de The Night.

Y hablando de The Night, y aunque sé que las comparaciones son odiosas, creo que Simpatía es un pelín inferior a aquella. O, si no inferior, sí menos arriesgada, menos atrevida en el aspecto formal. Esto no quita que Simpatía, historia de orfandades, sospechas y pasadizos ambientada en un mar de mierda, sea una novela más que recomendable y que Rodrigo Blanco Calderón sea un autor de referencia del que, por edad y por lo ya leído hasta ahora, oiremos hablar mucho y bien en el futuro. Eso espero.

También de Rodrigo Blanco Calderón en ULAD: Los terneros y The Night

domingo, 25 de junio de 2017

Alison Bechdel: Fun Home

Idioma original: inglés
Título original: Fun Home
Año de publicación: 2006
Traducción: Rocío de la Maya
Valoración: Muy recomendable

El apellido de la autora de este libro, Alison Bechdel, quizás sea célebre, sobre todo, por dar nombre al recurrente "test de Bechdel", por el que se determina si una película (o novela o serie de TV...) logra evitar la brecha de género y que apareció en una tira cómica escrita y dibujada por ella, allá por el lejano 1985 (*). Pero también es más que conocida como una de las historietistas que más han aportado para que el cómic, en su variante como "novela gráfica" haya conseguido el reconocimiento e incluso la equiparación con la literatura más convencional y destinada al público lector adulto.

Hace ahora  ya tres años que nuestra compañera Izas reseñó otra obra de Bechdel, ¿Eres mi madre?, en la que la autora indagaba, al parecer con una gran influencia del psicoanálisis, sobre su relación con su madre. En esa reseña Izas recordaba que había una novela gráfica anterior de Bechdel, que consideraba de mayor calidad aún (yo no puedo comparar, pero me fío aojos ciegos) en la que lo que exploraba era la figura de su padre, un tipo de lo más impenetrable, laberíntico y obsesivo; profesor de inglés, funerario, restaurador compulsivo de un pasado idealizado, homosexual oculto y posible suicida. Se trata, claro está. de este libro, Fun Home (que tras habérmelo encontrado mencionado últimamente en diversos lugares, me decidí por fin a leer).

Que nadie se llame a engaño: el título no hace referencia, o sólo de forma irónica, a que en el hogar de los Bechdel se lo pasaran pipa; en realidad, era la manera como llamaban al negocio familiar, una funeraria en un pequeño pueblo de Pennsylvania. Teniendo en cuenta que casa de los Bechdel , de estilo gótico carpintero (sí, ESE gótico...) estaba cuidadosamente restaurada y decorada por Bechdel padre hasta en los más nimios detalles victorianos, no es de extrañar que la pequeña Alice se sintiera dentro de un episodio de La familia Adams. En verdad, parece claro que lo de fun tiene un significado irónico, en este caso: los personajes del libro apenas sonríen  y sólo al final del mismo se les ve más relajados e incluso alguno suelta una carcajada que otra (de ahí, supongo, el epígrafe que sigue: Una familia tragicómica)

Debido al carácter autobiográfico de esta novela gráfica, que, de hecho, abarca desde la primera infancia hasta los años universitarios de la autora, es ella misma la narradora en primera persona, aunque la obra se centra sobre todo en la figura del padre , por más que algunos capítulos estén más dedicados a la madre o la propia Alison (entrañable, para mí, es el que dedica al trastorno obsesivo compulsivo que padeció a los diez u once años, y con lo que no puedo sino identificarme). También hay un paralelismo obvio entre las vivencias de la hija y el padre, puesto que la progresiva asunción que hace ella de su homosexualidad a lo largo de su adolescencia coincide con el descubrimiento por su parte de la homosexualidad de él, que en cambio no la acepta - o a medias- y trata de ocultarla; motivo que, según Bechdel hija, pudo ser la causa -o no- del suicidio -o no suicidio- de Bechdel padre. Debo decir que, de todos modos, el retrato del padre experimenta también una evolución a mejor, pues el irascible cuasi-psicópata de los primeros capítulos acaba presentándose como un a víctima de sus propios secretos y represiones, como un individuo sensible y vulnerable que -y esto es extensible a toda la familia-, sin duda merecía mejor suerte.

Muy interesante resulta el paralelismo que se hace entre la situación del padre -que no en vano también es profesor de inglés- y determinadas obras y figuras literarias. primero, Scott Fitzgerald, el escritor predilecto del padre; luego, Oscar Wilde y su La importancia de llamarse Ernesto (al parecer, una obra que debe interpretarse en clave criptogay) y, sobre todo, la  novela favorita de Bechdel padre, Ulises, a partir de la cual se establecen analogías entre la relación paterno-filial Bloom/Stephen -o Ulises/Telémaco- y la de los Bechdel. Aunque también la autora hace referencia a otra famosa pareja de padre e hijo, Dédalo e Ícaro. La novela resulta, ciertamente, de una complejidad y profundidad más que notables, con una riqueza de análisis excesiva para explicarla aquí de manera pormenorizada  y, desde luego, que acabaría con los prejuicios "intelectuales" que cualquiera pueda tener hacia los cómics o novelas gráficas. Por su parte, el aspecto gráfico de la misma es de lo más detallista y resuelve a la perfección cualquiera de las situaciones narrativas que plantea el guión (cierto es también que han salido de la misma mano). En definitiva, un libro intenso y absorbente -también, en ocasiones, algo deprimente-, y desde luego, de lo más recomendable.

Como colofón a esta reseña, mencionar que a partir de esta novela gráfica (y me maravillo al pensar cómo habrán podido hacerlo) se estrenó en 2013 un musical con el mismo nombre y que en 2015 llegó a ganar un premio Tony. Ahora mismo aún sigue de gira por Estados Unidos, hasta el próximo mes de agosto, por si alguien tiene mucho interés en verlo...

(*) Como curiosidad, hay que decir que este libro de Bechdel sí que pasa el test de Bechdel, aunque, en mi opinión, un tanto por los pelos...




También de Alison Bechdel reseñado en Un Libro Al Día: ¿Eres mi madre?

miércoles, 1 de abril de 2026

Bernhard Schlink: El regreso

 Idioma original: alemán

Título original: Die Heimkehr

Traducción: Rosa Pilar Blanco

Año de publicación: 2007

Valoración: Está bien

Quizás, a primera vista, no les suene a ustedes el nombre del autor de este libro. Para ponerles un poco en contexto, Schlink escribió El lector que, sin duda, muchos de ustedes conocerán, bien por el libro, bien por su exitosa adaptación cinematográfica.

Schlink es escritor y jurista y, sin duda, esta ambivalencia provoca que, en muchos casos, la justicia, la culpa y la lucha entre el bien y el mal impregnen sus novelas, que se editan con regularidad en nuestro país.

En el caso de El regreso nos encontramos con la historia de un niño que, durante unas vacaciones con sus abuelos que se dedican a revisar galeradas para editar novelas baratas, descubre el manuscrito de un texto en el que un soldado alemán, que ha estado prisionero en Rusia, vuelve a su casa después de la guerra y descubre que su mujer tiene un niño y vive con otro hombre. La historia queda grabada en el subconsciente del niño, que crece y se convierte en editor literario. En un momento de crisis vital, puesto que su matrimonio ha fracasado y su trabajo no le motiva, decide agarrarse a la vieja historia y emprende una búsqueda tanto de los protagonistas como del autor de la novela. En ese contexto descubre que los relatos de soldados que vuelven al hogar tras la guerra son un género bastante habitual en la posguerra. Nuestro protagonista nunca conoció a su padre porque murió en la guerra y comienza a encontrar excesivas semejanzas entre lo que sucede en la novela y su propia vida.

Aquí el escritor alemán traza un paralelismo entre las circunstancias de la vuelta de esos soldados a su hogar  y el dilatado regreso de Ulises a Ítaca. Pone en boca del protagonista reflexiones sobre lo que significa el regreso y el deseo de venganza de los soldados que vuelven a su hogar y encuentran que su sitio está ocupado por un intruso, y lo equipara con la venganza que comete Ulises al volver a Ítaca y matar a los pretendientes de Penélope. Siendo estas reflexiones interesantes y oportunas con lo que nos quiere transmitir el autor, suponen un freno en el desarrollo de la historia que hace que nos distanciemos de la misma.

En una búsqueda que se antoja un tanto improbable, puesto que nuestro protagonista localiza de forma un tanto inverosímil tanto documentos como personas que pudieron coexistir con el autor del libro de su infancia,  va descubriendo inquietantes detalles sobre la vida de su padre y entiende que su madre no le ha contado toda la verdad sobre la vida y la muerte de su progenitor. La historia inicia un giro sorprendente, aunque previsible, y desemboca en un  final atropellado que no hace justicia al prometedor inicio de la novela.

Schlink desarrolla una novela de intriga, bien escrita y con una prosa correcta, aunque un poco fría y demasiado analítica. Se deja leer, pero no entusiasma. El autor alemán dilata los acontecimientos en demasía, de tal manera que las continuas reflexiones filosóficas y pseudojurídicas sitúan la novela en muchas ocasiones al borde del ensayo, para al final no ser una cosa ni la otra.  Quizás con cien páginas menos hubiera conseguido concentrar lo que nos quiere transmitir, saldríamos mucho más satisfechos de esta lectura y subiríamos un escalón en la valoración de esta novela.


También en Ulad: El lector


martes, 22 de marzo de 2016

James Joyce: Exiliados

Idioma original: inglés
Título original: Exiles
Traducción: Fernando Toda
Año de publicación: 1.915
Valoración: Está bien 


Entre el repertorio de muy conocidas obras de James Joyce (bueno, conocidas al menos en el título), pasa generalmente desapercibida su única incursión en el mundo del teatro que, como astutamente habrá adivinado el lector, es justo este Exiliados que voy a intentar comentar. Porque, oiga, para eso también está ULAD, para divulgar entre sus parroquianos libros extraños, desconocidos, improbables…, libros que hemos tenido ocasión de conocer y disfrutar (o sufrir, que de todo hay).

El genial irlandés escribió Exiliados al poco de concluir Retrato del artista adolescente y cuando empezaba a construir los cimientos del Ulises. Por lo visto, James era admirador de Ibsen, hasta el punto de que (dicen) aprendió noruego sólo para leer sus obras sin traductor de por medio (o sea, como se cuenta de Unamuno con Kierkegaard). Así que me imagino al Sr. Joyce entre dos fuerzas divergentes igualmente poderosas: por un lado, el hechizo de Ibsen, que quizá le empujaba hacia un modelo dramático más o menos convencional; y por otro, el tsunami creativo que estaba tomando forma en su cabeza, para estallar poco después en sus obras más vanguardistas. 

O puede ser que simplemente utilizó este breve contacto en el teatro para ajustar ciertas cuentas con su vida doméstica, o intentar poner orden en sus ideas. Porque Exiliados tiene un importante componente autobiográfico, como pasamos a contar ahora.

La obra se basa en un triángulo amoroso, lo cual no puede decirse que sea muy original, al menos en principio: el escritor Richard Rowan, que acaba de volver a Irlanda tras varios años en el continente europeo, su pareja Bertha (pareja, que no esposa, lo cual hoy parece irrelevante, pero no lo era en la católica Irlanda de hace un siglo), y Robert Hand, antiguo amigo íntimo del primero, y compañero de correrías juveniles. Vamos, una situación calcada de la del propio Joyce, sobre cuya relación con su compañera Nora se extendieron –quizá interesadamente- rumores de infidelidad con un supuesto amigo común.

Pero este punto de partida –como digo, nada novedoso- se utiliza para explorar en terrenos menos habituales. Para no desvelar más de lo debido, diré que los papeles de engañador y engañado van trasladándose de un personaje a otro, no en forma de simple enredo, sino en un nivel intelectual, que constituye el auténtico eje de la obra: la tesis consiste en que no son la fidelidad o la confianza los pilares sobre los que se sostiene la pareja, sino justamente la duda, el mantenimiento (o incluso la creación artificial) de cierto grado de incertidumbre. Se estimula así el poder de un vínculo espiritual, que no obstante tampoco queda claro si domina al carnal, lo presupone o simplemente es ajeno a él. 

Ese es el estrés en que se sumergen los personajes, unos de forma voluntaria, otros convertidos en mero instrumento de ese mecanismo, tal vez algo perverso. Y el resultado es que reclaman del lector ser escrutados en cada frase y cada gesto, y se muestran llenos de matices, mientras vamos recorriendo sentimientos y conceptos que flotan alrededor de la relación de pareja y la condicionan/definen/delimitan: la amistad, la posesión, la culpa, la admiración, la libertad. Y también la inacción, porque en Richard se dibuja un peculiar tipo de héroe cuyo valor reside precisamente en no hacer nada, para desconcierto de los demás.

Se diría en definitiva que Joyce parte de sus asuntillos particulares, les da forma (no sé si realista o voluntarista) y, ya puestos, se dedica a sondear en diferentes perspectivas de la relación amorosa, puede que buscando respuestas para sí mismo. El libro no es desde luego lo que uno espera encontrarse cuando tiene entre manos algo de Joyce, sobre todo en el aspecto formal. Es tal vez una obra menor, un material atípico y quizá prescindible, pero elaborado con inteligencia y que no deja de tener su interés.

Otras obras de James Joyce en Un Libro Al Día: DublinesesUlisesFinnegans WakeRetrato del artista adolescente

viernes, 22 de abril de 2016

TochoWeek #5. Thomas Mann: La montaña mágica

Idioma original: alemán
Título original: Der Zauberberg
Traductor: Isabel García Adánez
Año de publicación: 1924
Número de páginas: 936
Valoración: Imprescindible, pero empachoso

En su magnífica reseña del Ulises de Joyce de hace unos días, Juan decía que "Joyce puso con este libro punto y final a toda la tradición narrativa occidental". Con permiso de Juan, me permito ampliar un poco esta afirmación para decir que, tras la Primera Guerra Mundial, una serie de autores llevaron la tradición literaria y narrativa europea hasta sus límites, por caminos distintos. Joyce publicó el Ulises en 1922; En busca del tiempo perdido se editó entre 1913 y 1927; Thomas Mann, que había publicado La muerte en Venecia en 1912, dedicó más de diez años a dar forma a su gran obra, La montaña mágica, que supone la culminación y el cierre de la novela como narración totalizadora, explicativa del mundo y del tiempo en el que fue escrita.

La estructura narrativa de La montaña mágica es la del Bildungsroman o novela de aprendizaje: el protagonista, Hans Castorp, llega a un entorno extraño y misterioso (un centro balneario para tuberculosos en la cumbre de las montañas suizas en el que su primo está ingresado) y durante su estancia allí, cada vez más prolongada, se verá expuesto a experiencias e influencias que contribuirán a formar su carácter y su pensamiento. En este proceso de aprendizaje tienen especial importancia el humanista Settembrini y el jesuita Naphta, que luchan por convertirse en los tutores o consejeros privilegiados del joven.

Son muchos los temas que esta novela tiene en común con La muerte en Venecia; de hecho, el plan inicial del autor era que La montaña mágica fuera una novela corta de carácter cómico que sirviera de contrapunto a la anterior. En ambos casos nos encontramos en un entorno enfermizo (la Venecia putrefacta, el sanatorio para tuberculosos), en el que la presencia de la muerte es constante e inminente. También el deseo, como fuerza vital opuesta a la muerte, tiene su lugar en la novela, personificado en este caso en Clawdia Chauchat, una joven rusa de rasgos exóticos, pero también en las crecientes aventuras lujuriosas del resto de los pacientes del sanatorio.

Más aún que un bildungsroman, La montaña mágica es una novela sobre el tiempo, y una novela de su tiempo. El tema del tiempo, y la forma en la que lo percibimos, atraviesa toda la novela, no solo en las discusiones del protagonista y en las digresiones del narrador, sino en la propia estructura de la novela: el primer capítulo narra las primeras tres semanas de estancia de Hans Cartop en el sanatorio; el segundo capítulo ya cubre algunos meses, y los dos últimos narran casi seis años de estancia. Las teorías de Bergson acerca de la relación entre tiempo y conciencia, y entre tiempo y acción, tienen aquí una aplicación directa.

Pero esta también es una novela sobre su tiempo, o sea, sobre el periodo de entreguerras. El limbo de lujo e inactividad en el que viven los personajes ha sido interpretado como una parodia de la burguesía europea de entreguerras, una burguesía diletante, improductiva, enfermiza. Y la lucha entre el humanismo idealista de Settembrini y el fanatismo de Naphta sería también la lucha entre el liberalismo y los crecientes extremismos que amenazaban con asolar Europa (y que, quince años más tarde, dieron lugar a la Segunda Guerra Mundial).

Es más fácil admirar La montaña mágica que disfrutarla, sobre todo si se intenta leer seguida. Por su complejidad, su densidad y el juego de temas y variaciones que propone, ha sido comparada a una sinfonía, y de hecho, como hablaba al principio, este es quizás el último intento de escribir una novela totalizadora, que contenga todo un mundo y al mismo tiempo la explicación (o explicaciones) de ese mundo. Pero casi mil páginas son muchas páginas, y como suele pasar en estos casos (como pasa en Moby Dick, como pasa en Guerra y paz), no todas son geniales. Hay escenas y personajes brillantes, y la ironía del narrador ayuda a disfrutar muchas de ellas. Pero no todas.

Confieso por eso sin ninguna vergüenza que he leído por encima unas cuantas páginas (las dedicadas a un repaso de la ciencia de la época, o varias de las discusiones entre Settembrini y Naphta) para evitar el empacho. Saltarse páginas es uno de los derechos del lector; y además Rosa Montero me comprende.

También de Thomas Mann en ULAD: La muerte en VeneciaViaje por mar con Don Quijote

viernes, 1 de febrero de 2019

Homero: Ilíada y Odisea, el manga


Idioma original: griego antiguo / japonés
Título original: Manga de dokuha. The Iliad and the Odissey
Año de publicación: 2011
Traducción: Marta E. Gallego Urbiola
Valoración: entretenido (imprescindible para el postureo intelectual)


Pues sí, lectores y lectoras de ULAD y, sin embargo, amigos: hay que reconocer que en los ya casi diez años  (¡¡¡10!!!) y entre las tropecientas mil reseñas publicadas en este apabullante y augusto blog, no ha habido aún ninguna dedicada al padre fundador, al MasterChef and Commander de la literatura occidental, al coloso de la lírica y la narrativa, el mismísimo Homero, el inmortal bardo ciego (¡bieeen, bravo... aplausos!). Ahora bien, no os llaméis a engaño: lo siento si pensáis que me voy a tragar los 27784 versos de la Ilíada y la Odisea en griego antiguo, o incluso en castellano moderno, para que luego vosotros leáis la reseña en diagonal y con un click, a otra cosa, mariposa... Pues de eso nada; por suerte, siempre podemos con la colección de mangas de la otra h, que junto con el Rincón del Vago, son los mejores amigos de los alumnos de ESO poco motivados y de los reseñistas displicentes. 

Así encontramos aquí, en un solo librito de 200 páginas y sin el menor rebozo, los dos pilares maestros de la narrativa occidental desde hace 29 siglos.Y con unos dibujicos la mar de resultones, qué caramba... Como es de suponer, ninguna de las dos obras se cuentan con todo detalle, pero sí con la suficiente claridad para ser entendidas por un lector aún ajeno a ellas, como puede ser, en un primer lugar, un adolescente japonés, supongo yo. Faltan episodios especialmente amenos, como el intento de las sirenas de atraer a Ulises o cuando Circe convierte a sus compañeros en simpáticos cerditos, pero sí están, claro, el del Cíclope y, desde luego, la disputa con los pretendientes de Penélope.

En el caso de la Ilíada, la narración se centra, como no podía ser de otra forma, en las vicisitudes de los diversos héroes y otros personajes principales: Aquiles, Héctor, Paris, Patroclo, Agamenón, etc... , pero también, de manera significativa, en las disputas y encaprichamiento de los distintos dioses a los que se hace responsable, de forma más explícita que implícita, en realidad, del desastre de aquella guerra. Por lo que respecta a la Odisea, hace hincapié, más que en el viaje de Ulises,que es lo que le mola al lector moderno (quizá por culpa de Joyce y de Kavafis), en lo que sucedía mientras en Ítaca, con los dependientes gorrones, las tribulaciones de Telémaco y luego, sobre todo, lo que sucede al regresar por fin el héroe, cual caballero oscuro, pero sin traje de murciélago, sino con pintas de pobretón. En fin, no me extiendo más , porque si luego no leéis la monumental obra de Homero diréis que es por culpa mía... (guiño - guiño - codazo).

En todo caso, la de este manga es una lectura amena y rápida, que incluso se puede considerar imprescindible para todo "cultureta" (no os ofendáis) que pretenda lucir un barniz clásico pero sin el excesivo esfuerzo de desentrañar los interminables hexámetros que componen estas obras y perder un tiempo que bien se puede dedicar a ver series de Netflix. Vaya, pues ahora que lo pienso, ya podían hacer una serie con esto, en plan Juego de Tronos... o por lo menos alguna peli, así como de acción, ¿no? A ver si en Hollywood toman nota y se ponen a ello... ; )

viernes, 25 de septiembre de 2020

Eduardo Lalo: Los países invisibles

Idioma original: español
Año de publicación: 2016
Valoración: entre recomendable y muy recomendable

«El mundo ya no es el mismo porque ya no es diferente».

Con esta potente primera frase, arranca este libro de Eduardo Lalo en el que nos habla de la invisibilidad, de aquello que queda fuera de lo conocido, de lo imperante, de lo que rige el mundo. Una invisibilidad que viene de la mano de la globalización y su uniformización, a nivel urbanístico, pero también cultural. Una globalización voraz y sin escrúpulos.

Con esa prosa finísima, precisa y delicada que caracteriza al escritor puertorriqueño nacido en Cuba, Lalo estructura este libro en tres capítulos claramente diferenciados, pero relacionados entre ellos, en esa idea global recogida en el concepto de invisibilidad. Y parte, como elemento indiscutible de la invisibilidad, la globalización, un movimiento arrollador e imparable que diluye culturas, que uniformiza detalles, una globalización que queda patente al viajar; Lalo lo expone de manera elocuente al afirmar que «el viaje empieza a ser imposible (…) el contenido del mundo, la posibilidad de ver “algo” queda rezagada. Acaso solo quede ver a los países invisibles».

Lalo es consciente de ello, como portorriqueño y, por tanto, ciudadano de un país invisible y analiza el avance, que no progreso, de un mundo que parece mirar sólo hacia adelante, abordando la invisibilidad de los lugares, de esos países invisibles, poniendo como ejemplo Venecia que‪ «ha muerto (…) al hacerse hipervisible. Hay tantos ojos en la ciudad, que la mirada se hace imposible» y que «tanto el exceso, como la falta de mirada y discurso, crean la condición invisible». «El mundo avanza hacia la exclusión del acto de mirar», avanza de manera inexorable hacia confirmación de sus ideas más que hacia el análisis o la observación. ‬‬

Esa globalización, esa universalidad, afecta a los países y, por extensión, a sus culturas, en claro peligro de extinción a manos de intereses de los grandes países que imponen la suya y que el autor expone afirmando, sabiamente, que «los dueños del gran capital componen una suerte de nacionalidad universal, en la que las diferencias culturales y lingüísticas cuentan poco». Para luchar contra ello, hay que tener una actitud activa, una toma de consciencia de la situación y una reflexión que impida que esa invisibilidad se lleve por delante aquello que nos diferencia y, por tanto, nos enriquece.

Lalo ha escrito, en esta primera parte, un libro de viajes, físicos, pero también mentales, en los que recorre algunas grandes ciudades y observa sus cambios, las contempla a través de la invisibilidad a la que la globalización las ha empujado, de cambios que hacen que «la población se piense desde un lugar que más tiene que ver con Otros Grandes que consigo misma». Una invisibilidad que no sólo afecta a las ciudades a nivel arquitectónico, sino también a nivel cultural. Y critica a su vez la falsa seguridad y acomodamiento de las grandes sociedades, extendiendo la crítica a su cultura. Así, Lalo critica fuertemente la poca ambición de la literatura española del siglo xx, que vive de su esplendoroso pasado que contribuye a crear «un ámbito que se ilusiona con bastarse a sí mismo».

Y, hablando de España (país que conoce bien, pues vivió en él y en él nació su padre) también apunta a la invisibilidad de Valencia, oculta tras la potencia de Madrid o Barcelona, quienes «tienen la capacidad de hablar en nombre de los que no representan, pueden convertir un elemento local en una parte de la cultura de España, Europa o incluso del mundo, mientras que Valencia, y tantas otras ciudades como ella, aparentemente sólo pueden permitirse ser versiones de los gestos de otros. Existe también una geopolítica de la ceguera».

De esta manera, el viaje que emprende Lalo en este libro es un viaje a una tierra y un tiempo que añora, un viaje con la mirada puesta en un pasado que apenas se asoma por las ventanas acristaladlas de la deslumbrante fugacidad de una globalización mal entendida y peor interpretada. Los restos de una ciudad antes con vida reposan ahora en medio de una modernidad que borra su pasado y entierra los recuerdos. Sin importarle. Lalo construye así una obra a medio camino entre memorias y reflexión, entre añoranza y tristeza, y la reivindicación siempre necesaria de quien ha visto con sus ojos cómo desaparece una ciudad bajo los edificios que se alzan majestuosos sobre las ruinas de quien no las echa en falta, sino simplemente las echa.

Ya en el segundo capítulo de este libro, o segunda parte, Lalo nos habla de la sociedad y su cultura, y expone que la cultura dominante en Estados Unidos es «la cultura blanca, europea, etc. Todos los demás (afroamericanos, hispanos, asiáticos) tendrán para siempre el adjetivo identitario atado a sus esfuerzos». Y nos habla de la Odisea y la Ilíada, de Ulises y el viaje como experiencia, no por su vivencia en el mundo sino por «su capacidad de escapar de él: no el viaje, sino la travesía y sus peligros hasta la liberación final». Hablando de la sociedad, Lalo también critica la estigmatización de la sociedad rural «que queda como un estigma en la memoria de tantos pueblos» para concluir, acertadamente, que «una sociedad que ha sido modernizada en apenas una generación, se convierte en un espacio paranoico que teme perder todo lo que tenga un motor. Así se construye un nuevo estado natural que se define por la separación extrema de la tierra».

Finalmente, en el tercer y último capítulo del libro, Lalo nos narra el experimento que quiso llevar a cabo: dejar de comprar libros, salir de las novedades, leer lo pendiente y, si cabe, releer. Siendo consciente de la dificultad para llevarlo a cabo, sabiendo además que «existe la posibilidad además de abandonar el mundo de la literatura porque éste también es el mundo. Esto lo descubro con dolor, pero también con alivio, aun si sé que probablemente esta paz no solamente nunca podrá ser mía, sino que, de tenerla a mano, la rechazaría». Una autocensura en comprar libros que le abre un espacio, para explorar, para evaluar, para «entender, reflexionando sobre el mundo desde cierto lugar y deseo, exhibiéndome en la vitrina de este texto».

Lalo viaja a través de esos libros almacenados y en algún caso olvidados en su biblioteca, y recorre ese viaje hablando de diferentes autores orientales que invitan a la reflexión de otros tiempos y también de los nuestros, claro reflejo de un pasado que se parece más a nuestros días de lo que aceptamos creer. Reivindicando la literatura como parte de uno mismo, como espacio de reflexión, porque «‪el pensamiento es un acto de supervivencia: le permite a ciertos hombres y mujeres vivir hacia dentro en un mundo en el que apenas pueden encontrarse». ‬‬‬‬‬

En mi opinión, este tramo final es el menos logrado, entrando en reflexiones filosóficas vinculando esa invisibilidad del autor y las letras a textos que el autor lee al escribir las últimas líneas del libro. Así, entra en exceso en disquisiciones sobre la literatura y la invisibilidad, pero ubicando el marco mental en Ulises, en Sísifo, En Diógenes, pero también en obras de Cioran, Kertész, Kapuscinsky o Sloterdijk. Demasiado denso y filosófico, excesivo, el autor intercala textos para que sustenten sus reflexiones, que gira y extiende en torno a ellos.

En resumidas cuentas, un libro recomendable, pues la prosa de Lalo y sus reflexiones siempre merecen una lectura, ya que además de disfrutar con su estilo delicado nos invita a cuestionarnos los efectos de la globalización y qué significa y nos aporta la cultura y, especialmente, la literatura, afirmando en su caso que su «despropósito inevitable» ha sido «escribir desde el lado oscuro de la geografía, que quizá significa estar aún más lejos que en el lado oscuro de la vida». Es posible que sea así, pero a pesar de esa oscuridad de la lejanía, de la invisibilidad desde la que parte, sus textos arrojan una luz que puede que lo aparten de su propósito, pero no del nuestro: dar visibilidad a los buenos libros, porque, tal y como dice Lalo citando a Piglia, «el crítico es aquel que encuentra su vida en el interior de los textos que lee». Creo que gran parte de los que aquí estamos podríamos subscribir esta afirmación. Y este libro es un claro ejemplo de ello.

También de Eduardo Lalo en ULAD: Simone

viernes, 1 de marzo de 2019

ULAD cumple 10 años: La Génesis


Resultado de imagen de gente leyendoPues bien: hemos cumplido ya una década y eso, en estos tiempos convulsos y acelerados, debe ser una eternidad. Acostumbrado a ciertos vecinos que te hablan de la equivalencia en edad de los perros, yo diría que, aplicando un cálculo muy sui generis, nuestro blog es ya no mayor de edad, por supuesto (digamos que a partir del cuarto año o así debió ser), sino que ahora afronta las situaciones propias de la media edad. Una mirada hacia el pasado con la dosis justa de nostalgia y un decidido y firme aplomo por disfrutar de lo que nos tiene preparado el futuro. 
O traducido a un lenguaje menos cursi: que estamos bastante decididos a no dejar a nadie tranquilo con nuestra insistencia en que leáis, que leáis buenos libros (o que sean tan malos que nos podamos reír un poco despedazándolos), y que tengáis en cuenta la opinión de este grupúsculo de aficionados que empezó hace diez años (espacio reservado para lagrimitas emocionadas) y que ahora ya parece ser algo más : reseñistas, prescriptores, lectores que hacen de cuñados, divulgadores, glups, críticos, aconsejadores: así es como surgió la cosa entre los que hacemos esto. Por estricto orden de aparición, señores, aquí está nuestro staff actual, contestando unas preguntitas proclives al auto-bombo y al graciosillismo. Una simple exhibición de debilidades para provocar a los trolls.

SANTI

1. ¿Y tú por qué estás en ULAD? ¿No será solo por el dinero?
Por el jamón que envían los patrones por Navidad (aunque los últimos 10 se han extraviado, ya es casualidad...). Más en serio, porque como dice la descripción del blog, es bonito y divertido hablar de libros con gente a la que le apasionan los libros, con libertad, con honestidad y con sentido del humor.

2. ¿Te ves aquí en diez años?
Pues la verdad... no lo creo. El blog ha cobrado vida propia, ha entrado gente nueva con muchas ganas, y por eso cada vez hago menos falta por aquí. El día que me decida a dejarlo definitivamente me dará pena, claro, pero también me sentiré orgulloso y feliz por no ser necesario para que ULAD siga adelante.

3. Pega el link de tu reseña de que te sientas más orgulloso.
Por motivos sentimentales, esta es una reseña muy especial para mí: http://unlibroaldia.blogspot.com/2011/06/sergio-oiarzabal-traductor-de-suenos.html

4. Y aquí pega el link de la que te guste más de las que no son tuyas.
Me voy a dejar llevar otra vez por lo emocional: las reseñas de Ensada de su querido Eduardo Mendoza: http://unlibroaldia.blogspot.com/2011/01/eduardo-mendoza-el-misterio-de-la.html

5. Contesta: ¿qué libro o género o autor no reseñarías jamás?
Creo que no hay ningún género que no lea o reseñe por principio, ya he reseñado novela policiaca, rosa, de ciencia ficción, de terror, teatro, poesía, cómic... El género en el que me siento más inseguro par reseñar es la poesía, por eso casi nunca lo hago. Ah, y nunca reseñaría un libro mío, por motivos obvios...


MONTUENGA

1. ¿Y tú por qué estás en ULAD? ¿No será solo por el dinero?
Por el dinero que me reporta el blog directamente está claro que no, porque no cobramos un céntimo, pero desde noviembre de 2009 que me incorporé a ULAD he ascendido como la espuma en mi empresa. Pienso que se han olido algo.

2. ¿Te ves aquí en diez años?
Nunca se sabe, pero yo tengo diseñado mi proyecto hasta noviembre de 2043.

3. Pega el link de tu reseña de que te sientas más orgulloso.
En fin, tampoco voy a buscar una por una. Pero este libro fue uno de los más largos y complejos que he reseñado para el blog y por alguno habrá que decidirse.
http://unlibroaldia.blogspot.com/2017/05/tochoweek-ii-5-el-hombre-sin-atributos.html

4. Y aquí pega el link de la que te guste más de las que no son tuyas.
Mis compañeros han escrito decenas de reseñas magníficas, así que me decido por una que destaca entre todas ellas porque quien firma es autor de la reseña (completa y muy bien fundamentada), del libro, la portada, de parte de la historia y la literatura españolas, el universo y todo lo demás.
http://unlibroaldia.blogspot.com/2015/12/rufus-t-firefly-el-gran-engano.html

5. Contesta: ¿qué libro o género o autor no reseñarías jamás?
En la mesa dedicada a los best-sellers no me he parado nunca, tampoco me interesan las aportaciones que tenga que hacer el famosete de turno al acervo cultural de nuestro tiempo.


FRANCESC BON

1. ¿Y tú por qué estás en ULAD? ¿No será solo por el dinero?
Estoy en ULAD porque tenía un blog personal donde hablaba de libros entre otro montón de cosas, y empecé a indagar por otros blogs que hablaban de libros, y creo que fue a través de Deborahlibros que llegué a este, así que envié una reseña de prueba, atroz, que supongo que publicaron por lástima, y luego un par, algo menos vergonzosas. Los lié de mala manera y debe haber llegado el punto en que no saben cómo echarme. A mí, por cierto, no hay dinero que pueda pagarme.

2. ¿Te ves aquí en diez años?
Habría que preguntarles a ellos. Yo, por si acaso, le he dicho al portero de mi casa que no acepto burofaxes. Bueno, si mi estado mental no empeora, y resuelvo algunos problemas puntuales, por qué no.

3. Pega el link de tu reseña de que te sientas más orgulloso.
Esta siempre me ha gustado por el juego de cómo quedó.
Un libro al día: Mark Z. Danielewski: La casa de hojas (Segunda aproximación)

4. Y aquí pega el link de la que te guste más de las que no son tuyas.
Un libro al día: William Gaddis: Los reconocimientos

5. Contesta: ¿qué libro o género o autor no reseñarías jamás?
Bueno, deberíais saber que no suelo negarme categóricamente a nada, que más bien soy de tragarme más de alguna cosa que no cualquier estómago toleraría. Me repugna particularmente la novela romántica, si he de decidirme por algo.


JUAN G.B.

1. ¿Y tú por qué estás en ULAD? ¿No será solo por el dinero?
Sólo por el dinero, claro. Yo estoy esperando a que llegue una oferta de Zuckerberg o uno de esos y le vendamos el blog por una morterada de pastizara. Si no, de qué...

2. ¿Te ves aquí en diez años?
¿Cómo que diez años? Y veinte y treinta y los que hagan falta. Mi ambición es poder contarles batallitas de los tiempos heroicos a los reseñistas pipiolos para los que el Rubius o Defreds ya sean autores clásicos.

3. Pega el link de tu reseña de que te sientas más orgulloso.
Ésta, por razones obvias:
https://unlibroaldia.blogspot.com/2015/07/carlos-hernandez-de-miguel.html


4. Y aquí pega el link de la que te guste más de las que no son tuyas.
No sé si es la que más me ha gustado, pero con esta me partí la caja de risa:
https://unlibroaldia.blogspot.com/2016/01/semana-de-la-autobiografia-7-la-muerte.html

5. Contesta: ¿qué libro o género o autor no reseñarías jamás?
Me prometí que jamás de los jamases reseñaría mi género favorito, el de la novela romántica de highlanders, porque no soportaría tener que leer los comentarios crueles que tal vez algún desalmado nos enviaría. Pero después de años de terapia ya me siento más fuerte, así que es posible que caiga pronto alguna reseña de Monica McCarty, por ejemplo...


KOLDO CF

1. ¿Y tú por qué estás en ULAD? ¿No será solo por el dinero?
Por el dinero, por la fama, por las fans y porque soy un puto “friki” (como vosotros)

2. ¿Te ves aquí en diez años?
Pues si no hemos sido sustituidos por el Uber de las reseñas, ¿por qué no? Ya os he cogido cariño

3. Pega el link de tu reseña de que te sientas más orgulloso.
Pegaría las siete más una de “En busca del tiempo perdido”, pero pego esta de “El águila y la gallina”, de Leonardo Boff, porque es un libro que se sale de mi “zona de confort” y creo que no quedó nada mal https://unlibroaldia.blogspot.com/2016/05/leonardo-boff-el-aguila-y-la-gallina.html

4. Y aquí pega el link de la que te guste más de las que no son tuyas.
Pondría cualquiera que de las muchas que me han hecho descubrir autores gracias a ULAD, pero puestos a elegir una me quedo con esta
https://unlibroaldia.blogspot.com/2016/10/juan-jose-saer-la-pesquisa.html

5. Contesta: ¿qué libro o género o autor no reseñarías jamás?
No sé si jamás, pero no me atrevo con la novela gráfica. Mezclar literatura y dibujo se me escapa


CARLOS ANDIA

1. ¿Y tú por qué estás en ULAD? ¿No será solo por el dinero?
Para ser sincero, empecé a escribir reseñas para uso propio, para que las sensaciones de lo leído quedasen de alguna forma registradas. De ahí a ULAD me llevaron algunas casualidades. Y el dinero. El dinero no es nada. Yo tenía mucho y renuncié a él, ahora soy pobre pero soy más feliz.

2. ¿Te ves aquí en diez años?
No me planteo las cosas ni a una semana vista, así que si hablamos esos plazos, yo me pongo de perfil. De momento, aquí estoy, y estoy genial.

3. Pega el link de tu reseña de que te sientas más orgulloso.
Difícil, porque no estoy del todo satisfecho con ninguna, y además no me acuerdo de la mayoría. Pero pongamos el Quousque tandem…! De Oteiza, un poco como rareza:
http://unlibroaldia.blogspot.com/2015/11/jorge-oteiza-quousque-tandem.html

4. Y aquí pega el link de la que te guste más de las que no son tuyas.
Todavía más difícil, porque sois todos muy buenos, y hay montones de reseñas que me parecen fantásticas (todo dicho sin ironía). Quizá la que más recuerdo es esta de Juan sobre el Ulises:
http://unlibroaldia.blogspot.com/2016/04/tochoweek-2-james-joyce-ulises.html

5. Contesta: ¿qué libro o género o autor no reseñarías jamás?
Creo que reseñaría cualquier cosa. Pero, pensándolo mejor, preferiría evitar a Paulo Coelho: no me importaría reseñarlo, pero para eso tendría que leerlo.


CARLOS CIPRÉS

1. ¿Y tú por qué estás en ULAD? ¿No será solo por el dinero?
¿Qué otro aliciente cabría esperar? ¿Fama? ¿Reconocimiento? ¿Prestigio social? ¿Autoestima? Bahhh, no, definitivamente soy un tipo discreto y muy muy humilde

2. ¿Te ves aquí en diez años?
Soy un tipo humilde pero muy muy veleta. Mis planes a diez años pasan por regentar una librería en Fernando de Noronha. No sé que tal estarán allí las conexiones a Internet.

3. Pega el link de tu reseña de que te sientas más orgulloso.
Orgullo y satisfacción… de la primera que el exigente comité de selección tuvo a bien colgarme.
http://unlibroaldia.blogspot.com/2016/09/colaboracion-zorba-el-griego-de-nikos.html

4. Y aquí pega el link de la que te guste más de las que no son tuyas.
Un excelente ejemplo de opinión razonada, escueta y emocionada, del compañero Carlos Andia
http://unlibroaldia.blogspot.com/2014/12/colaboracion-la-niebla-tres-veces-de.html

5. Contesta: ¿qué libro o género o autor no reseñarías jamás?
Nunca digas jamás. Uno de los mayores atractivos de leer es que siempre encontrarás algo que no te imaginabas.


MARC PEIG

1. ¿Y tú por qué estás en ULAD? ¿No será solo por el dinero?
Por supuesto que no es por el dinero, iríamos apañados :-( Además, ¿qué importa el dinero teniendo visibilidad y repercusión mediática, y también la posibilidad de convertirse en un influencer y poder algún día publicar un libro biográfico que narre la vida apasionante que nos ofrece ULAD?

2. ¿Te ves aquí en diez años?

Eso espero, aunque no descarto que alguna reseña polémica acabe con mi vida uladiana. Ganas de seguir, hay; tiempo, hay menos. Pero, mientras los comentaristas y uladianos sigan siendo buenos conmigo, ¡aquí seguiremos!

3. Pega el link de tu reseña de que te sientas más orgulloso.Esta es difícil, pues confieso que siempre pienso que hubiera podido escribirlo mejor, pero, puestos a destacar una, la primera que escribí para ULAD y que abrió la puerta a que me ofrecieran formar parte definitivamente del equipo: http://unlibroaldia.blogspot.com/2016/11/colaboracion-jr-moehringer-el-bar-de.html

4. Y aquí pega el link de la que te guste más de las que no son tuyas.
Creo que esta la tengo bastante clara. La reseña estupenda de “El ala izquierda. Cegador I” hecha por Koldo, no únicamente por la calidad de la reseña sino porque gracias a ella me permitió entender mejor un libro bastante complejo: http://unlibroaldia.blogspot.com/2018/09/mircea-cartarescu-el-ala-izquierda.html

5. Contesta: ¿qué libro o género o autor no reseñarías jamás?
Pues es algo difícil, aunque es posible que alguno de los escritos por cierto miembro de la RAE, pues no me interesa ni el argumento habitual de las novelas ni comulgo generalmente con la mentalidad del autor.


BEATRIZ GARZA

1. ¿Y tú por qué estás en ULAD? ¿No será solo por el dinero?
Lo hago por el prestigio que me proporciona cuando lo menciono en una barbacoa con amigos y alguien me acaba preguntando si quiero otra chuleta. O por el orgullo que sienten mis padres cuando piensan que todo el tiempo que le destino al blog no lo destino a recoger el escenario post-apocalíptico que es mi casa. ¡Eso no se paga con dinero!

2. ¿Te ves aquí en diez años?
¡Y tanto!, aunque también sería bueno que se produjera un cambio generacional que nos asegurara ULAD hasta que Blogger (o un estado dictatorial) nos separe.

3. Pega el link de tu reseña de que te sientas más orgulloso.
Quizá por lo novedoso, porque fue divertido escribirla y porque fue muy bien recibida:
http://unlibroaldia.blogspot.com/2018/11/malditas-cubiertas-marianela-de-benito.html

4. Y aquí pega el link de la que te guste más de las que no son tuyas.
Me gustan mucho varias reseñas y por diferentes motivos. Valoro especialmente la concreción analítica y una exposición sencilla y ordenada. Pero tampoco puedo resistirme a las reseñas gamberras e irreverentes o a las que tienen un planteamiento ingenioso. Basándome en esto último, diré:
http://unlibroaldia.blogspot.com/2016/12/resena-y-contrarresena-patria-de.html

5. Contesta: ¿qué libro o género o autor no reseñarías jamás?
No puedo decir "de este agua no beberé" porque, en primer lugar, "reseñar" no significa que tenga que ser para bien y también forma parte de ULAD alertar a nuestros lectores sobre los peligros de la basurilla editorial. En segundo lugar, he descubierto que si está bien escrito, mi cerebro y mi corazón lo reciben con gusto aunque no sea un género que de entrada me atraiga.


ORIOL VIGIL

1. ¿Y tú por qué estás en ULAD? ¿No será solo por el dinero?
Bueno, es cierto que empecé por el dinero, pero debo reconocer que eso no lo es todo. También está la fama, las "groupies", los contactos que estoy haciendo en determinados sectores de dudosa reputación, el poder corruptor que me permite hundir las carreras de los juntaletras que me caigan mal...

2. ¿Te ves aquí en diez años?
¿Tanto tarda Babelia en reclutar a nuevos talentos? Pues no sé si aguantaré tanto tiempo rodeado de estos reseñistas de tres al cuarto, la verdad.

3. Pega el link de tu reseña de que te sientas más orgulloso.
http://unlibroaldia.blogspot.com/2018/04/verity-bargate-no-mama-no.html

4. Y aquí pega el link de la que te guste más de las que no son tuyas.
http://unlibroaldia.blogspot.com/2018/07/ciudades-de-libro-5-pekin-pekin-en-coma.html

5. Contesta: ¿qué libro o género o autor no reseñarías jamás?
Al paso que voy, no creo que reseñe nunca un libro de poesía. No porque no me guste, aunque reconozco que es un género literario al que no acudo con asiduidad; más bien, porque me veo incapaz de acercarme críticamente a él con unas mínimas garantías de éxito.

viernes, 28 de agosto de 2020

Theodor Kallifatides: El asedio de Troya


Idioma original: sueco
Título original: Slaget om Troja
Año de publicación: 2018
Valoración: Está bien



No es fácil desarraigarse. Por muy importantes que sean los motivos que obligan a abandonar el lugar de origen, los testimonios indican que el trauma no se resuelve nunca, queda un poso de tristeza, tendencia a la soledad, inadaptación o cualquier otra clase de herida. Me dirán que algunos no sienten esa nostalgia, y es que la clave está en la palabra obligación. Hay quien necesita cambiar de aires, en ese caso lo doloroso sería no moverse del sitio.
Hace poco que supe de este escritor y fue gracias al volumen de memorias titulado Otra vida por vivir. Un texto singular una especie de testamento vital y literario donde el autor hace recuento ante sí mismo y sus lectores de su trayectoria e inquietudes presentes y pasadas. En el mismo sentido habría que entender El asedio de Troya, la novela –si es que puede llamarse así– de un escritor nacido en Grecia, que vive y escribe en Suecia desde hace muchos años, que adoptó el sueco como idioma literario y sigue usando ese vehículo para resucitar los mitos ancestrales de su país de origen. Dos países, idiomas y culturas tan lejanos como es posible, que el autor relaciona, opone y compara. Esa (amable) confrontación entre culturas, difícil de calibrar desde fuera, constituye una de sus señas de identidad, a través de ella, Kallifatides expresa las paradojas de su vida, el eterno rescoldo que mantiene durante las décadas que vivió inmerso en una realidad muy diferente. Ese es uno de los aspectos destacables de El asedio de Troya, que presenta/interpreta/enaltece a Grecia ante los suecos en sueco y desde Suecia. Yo lo veo como autoafirmación, incluso como confidencia en voz alta: “Sabed que yo todo el tiempo he sido este”. Algo así, no sé si me explico.
Queda el otro aspecto fundamental. El asunto (contenido, tópico) que elige el escritor para su particular epifanía es algo tan recurrente en la historia universal como la guerra. Y, a través de ella, la paz. Podríamos hablar entonces de un alegato antibélico, que –siento reconocerlo– resulta algo fallido, pues tanta violencia y dolor puede producir rechazo o todo lo contrario: afición por las escenas macabras. Mientras leía me planteé si un relato tan sencillo, directo y poco sutil podía servir de artefacto didáctico. Pero el mensaje es ambiguo para los muy jóvenes y su desarrollo excesivamente plano para mentes más adultas.
El argumento se desarrolla en dos planos muy alejados en el tiempo: la guerra de Troya, tal como la narró Homero en su Ilíada y un momento muy concreto de la Segunda Guerra Mundial cuyo escenario es un pueblo de Grecia. Estos episodios tienen una extensión mucho más reducida y constituyen la porción novelada del texto. Lo demás no es más que un resumen, más o menos detallado, de esa gran epopeya, donde se echa en falta el lenguaje, la grandeza, la épica, descripciones, momentos dramáticos del original. Pienso yo que, antes de que alguien nos cuente lo que dijo Homero, mejor leemos a Homero. De acuerdo que el autor necesitaba expresarse después de tantos años y que muchos que jamás se acercarían a La Ilíada estarán dispuestos a leer este libro, pero ¡cómo lo diría! En mi opinión sabe a poco, y no una sino dos veces.
Sabe a poco porque las incidencias y escaramuzas de la guerra de Troya nos quedan ya muy lejos, y la guerra sigue y sigue, y los episodios se suceden, y se nos muestran una y otra vez las decisiones de Hector, Paris, Ulises, Aquíles, Menelao y los sentimientos que los guían. Pero de forma paralela palpita el otro relato, el que nos interesa de verdad, y avanzamos en la historia remota con la esperanza de saber más de esa villa griega, de esos vecinos sometidos por un destacamento alemán, de una guerra europea que agoniza, de esa historia de amores cruzados, de las primeras experiencias juveniles.
Día tras día, la profesora va narrando lo que sucedió a griegos y troyanos. Pero las bombas caen, todos tienen que correr al refugio, los invasores maquinan detrás del telón, las miradas se cruzan, y de todo ello no vemos más que el desenlace: los últimos coletazos del terror. Todo sucede fuera de nuestra vista mientras estábamos distraídos escuchando a Homero, pero a quien oímos no es a él sino un eco de sus palabras. Por fin, se produce el vuelco que esperábamos –porque, a grandes rasgos, este otro argumento también nos lo sabíamos– la suerte cambia de manos pero no se nos explica cómo ni por qué, los amores prohibidos por la diferencia de bando o de edad se resuelven entre bambalinas y la vida real queda reducida a un puñado de escenas bastante tópicas, apenas esbozadas y aisladas entre sí que nos dejan bastante fríos. Entendemos las razones del autor, pero querríamos haber leído una auténtica novela, que Kallifatides hubiese conseguido salir de la Grecia clásica y nos hubiese contado una historia.

Del mismo autor: Otra vida por vivir

sábado, 7 de noviembre de 2009

250 entradas - 250 años (y II)

Y aquí, la segunda parte de la lista de "los mejores libros escritos en los últimos 250 años", con los 14 libros que aparecen en más de una lista, y que por lo tanto son, a juicio de los que hacemos este blog, "lo mejor de lo mejor":

Con 2 votos:

  • Crimen y Castigo, de Dostoievski
  • Esperando a Godot, de Samuel Beckett
  • Fundación, de Isaac Asimov
  • La peste, Albert Camus
  • Las flores del mal, Baudelaire
  • Maus, de Art Spiegelman
  • Pedro Páramo, de Juan Rulfo
  • Ulises, de James Joyce

Con 3 votos:
  • Cuentos de Edgar Allan Poe
  • Ficciones, de Jorge Luis Borges
  • La casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca
  • La metamorfosis, de Franz Kafka
  • Madame Bovary, de Gustave Flaubert
Y con 4 votos, y por lo tanto elegido como "el mejor libro publicado en los últimos 250 años", Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.

Enhorabuena a los premiados, y como siempre, se abren los comentarios para aplaudir, completar o criticar nuestro particular "canon".

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Juan José Saer: La grande

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2008
Valoración: Muy (pero muy, muy) recomendable

Un hombre abandona la ciudad y no se sabe de él durante treinta años. Al cabo de ese tiempo vuelve, busca a uno de sus antiguos amigos y charla con él en un bar. Para contar esto, Juan José Saer emplea unas cincuenta páginas. Como emplea grandes párrafos o varias páginas para describir cómo alguien abre un paraguas plegable o cose un botón, o la búsqueda de una pauta para consumir un plato de aceitunas verdes y negras en función de la potencia de su respectivo sabor. Qué quieren que les diga, son muchas, sí, pero qué páginas. La prosa de Saer puede parecer excesiva, con su frase demorada, sinuosa, en la que una subordinada se descubre en el interior de otra subordinada, y así sucesivamente, como matrioshkas o pequeños puzles, oraciones interminables que son como un eco de pensamientos no errantes sino, al contrario, de una precisión mareante. Frases que requieren leerse un poco hacia delante y hacia atrás, que necesitan reconstruirse, que se inflan como una burbuja creciente e impredecible y terminan estallando en un verbo solitario. Pero nada es gratuito, todo está donde debe estar y en su dosis exacta. Si encima sabemos –luego diré por qué- que este caballero, Saer, apenas corregía nada de sus escritos, lo que sugiere que todo ese torrente le salía con naturalidad, llegamos a la conclusión de que era un monstruo.

Pero vayamos por partes. ‘La grande’ es de alguna manera una novela coral sin más hilo argumental que el retorno a que me refería al principio, y que desemboca en una reunión de amigos en torno a un asado, un día de verano. De forma que las cuatrocientas y muchas páginas se dedican a explorar, a veces en el pasado de alguno de los personajes, otras veces en su personalidad, o en aspectos sociales o literarios. Así nos enteramos de que Gutiérrez, el retornado, fue pasante de un despacho de abogados que uno de sus socios, Mario Brando, utilizó como sala de máquinas de un movimiento literario local conocido como precisionismo. La peculiar personalidad de Brando y su contacto con la élite social y militar del país provocan la agitación del ambiente cultural, y suscitan el estudio del fenómeno por parte de alguno de los personajes, al mismo tiempo que el desprecio de otros. En contacto con ese entorno por diferentes vías se encuentra Nula, un joven vendedor de vinos con aspiraciones intelectuales y la autoestima en posición cenital, que a su vez tuvo una relación poco común con la hija de aquel Gutiérrez. Teniendo como fondo, como transparentándose, la pequeña historia del singular movimiento literario, se van superponiendo diferentes planos temporales de todos estos personajes, descritos con calma, de forma pausada y concienzuda, entreverados con la climatología cambiante, paisajes fluviales o ligeras inmersiones en los aconteceres políticos.

Como decía, la prosa de Saer no se parece a nada corriente, cuesta asimilar su envergadura en un primer momento, incluso puede resultar pesada cuando hemos consumido digamos un cuarto, o un tercio, y vemos lo poco que hemos avanzado si atendemos a un modelo argumental preconcebido. Pero en mi opinión, y sin pretender pontificar, cuando uno se enfrenta a textos así, tan poderosos o tan alejados de lo convencional –en ritmo, en forma, en perspectiva-, la clave está en dejarse llevar, no pretender dominar el trabajo del autor sino sumergirse en la corriente que propone. En este caso al menos, el resultado es reconfortante.

Con todo lo dicho hasta ahora, descripciones que rozan el hiperrealismo, manejo mágico del lenguaje, encaje perfecto de las diversas líneas del relato, por supuesto humor fino, inteligente, sin rehuir la crudeza en su momento justo, con todo ello ¿le podemos pedir más, algo que nos moviese a ponerle el cartelito de Imprescindible? ¿Tal vez un argumento de mayor recorrido, más visual o estimulante para el lector? ¿Personajes algo más humanos, menos sutiles, o que a veces no parezcan algo plastificados? ¿Quizá Leopold Bloom podía haber sido un tipo un poco más interesante, o podía haber ocurrido algo menos vulgar aquel 16 de junio en el Dublín del 'Ulises'? Pues tal vez, nada es perfecto, pero si escrutamos un poco más, tras la aparente linealidad de esos personajes encontraremos siempre algunos misterios, zonas de sombra a veces importantes y otras veces nimias, que quedarán en ocasiones desveladas y otras ocultas para siempre. Y para eso hay que mirar con atención, con pausa.

El caso es que después de esa inmensa marea de literatura con mayúsculas que contiene el libro, tras el memorable (y esta vez breve) cuadro de un colibrí que aparece en el jardín y deja petrificados a los presentes, el relato queda cortado de cuajo. Saer murió justamente cuando se encontraba a punto de terminar el libro y, según la nota del editor que se incluye al final (por ella sé lo de las correcciones), tenía proyectado un capítulo final mucho menos extenso que los anteriores, de forma que nos queda la clara sensación de quedarnos al borde de algo, una sensación que hace de la novela, por inconclusa, algo todavía mucho más grande. Maldita sea.


Unas cuantas obras de Juan José Saer reseñadas en ULADaquí