martes, 16 de diciembre de 2014

Colaboración: La niebla, tres veces de Menchu Gutiérrez

Idioma original: español
Año de publicación: 2.011
Valoración: Imprescindible

El relato corto es un género que permite fórmulas que son difíciles de manejar en la novela de mayor extensión. Y la autora de la que ahora nos ocupamos deja claro que domina los secretos del género con maestría inusual.

La niebla, tres veces reúne tres de estos relatos en un volumen que nadie debería dejar de leer.

"Viaje de estudios" abre el fuego y nos sorprende, porque estamos ante algo totalmente nuevo y desacostumbrado: una narración construida entre sombras, atmosférica, en la que parece que busquemos sin querer algo de alma escondida entre bultos que se mueven entre agujeros negros. El relato nos deja una especie de aroma, la sensación de que entre las brumas y la nieve sucia había algo ¿maravilloso? ¿aterrador? La poética de Menchu Gutiérrez es omnipresente, y el efecto del lenguaje sobre un relato sombrío parece invocar demonios antiguos. Algo me hace pensar en Francis Bacon.

Cierra el volumen "La mujer ensimismada", donde la capacidad descriptiva de la autora se convierte en arte. Descubrimos cómo la belleza del lenguaje reside más en la precisión que en el amaneramiento, que emociona más la sencillez que la grandilocuencia. Apenas encontramos un adjetivo, pero Menchu prueba que tampoco son necesarios. La peculiar estructura del relato lo aleja de una narración al uso, es un ejercicio arriesgado, innovador, que nos cautiva con una perspectiva múltiple, espejos que reflejan cosas diferentes, pero que forman parte de una misma unidad.

Y a propósito hemos dejado para el final el segundo de los relatos, "La tabla de las mareas". Pocas veces he leído algo tan turbador. Cada palabra se va clavando como un estilete, generando sólo un poco de dolor, pero una gran estupefacción.

El cuento es inquietante, y produce cierto desasosiego, por sí mismo le hace a uno sentirse incómodo; pero Menchu lo presenta en pequeñas dosis, como un veneno de acción lenta que resulta devastador. Y lo peor es que lo sabemos, lo notamos a cada línea, pero no queremos dejarlo. La descripción quirúrgica, forense, de los objetos; el ritmo, enloquecidamente regular y frío, que subraya el carácter inexorable de lo que va ocurriendo; la media distancia, el silencio perpetuo, las veladuras que se suceden sin previo aviso y se van levantando a jirones… una locura y una delicia.

Sólo por "La tabla de las mareas" el libro sería ya imprescindible. Pero si le añadimos los otros dos relatos, resulta que tenemos entre manos algo que nadie debería dejar de conocer. A pesar de todo, en el siglo XXI la Literatura existe.

Y todo esto lo decimos sin cobrar.



Firmado: Carlos Andia

1 comentario:

Santi dijo...

Me leí este libro a raíz de esta reseña, y bueno, yo habría sido algo menos generoso en la clasificación (entre "recomendable" y "muy recomendable", le habría dado), aunque desde luego me alegro de haber descubierto a esta autora, que no conocía, porque tiene un estilo muy personal y muy peculiar.

Este estilo es en mi opinión su gran baza, pero también su mayor problema: tiene una tendencia a la abstracción, a la descripción casi metafísica, a la contraposición de elementos (blanco y negro, diablo y diabla, virtud y vicio) que llega a resultar demasiado barroca en ocasiones.

El mejor relato del volumen en mi opinión es el primero, por la construcción de un mundo angustioso, misterioso y opresivo que construye.

También me compré otro libro suyo, Araña, cisne, caballo, a ver si sigue en la misma línea o no...