miércoles, 17 de diciembre de 2014

Hillel Halkin: ¡Melisande! ¿Qué son los sueños?

Idioma original: inglés
Título original: Melisande! What Are Dreams?
Año de publicación: 2012
Traducción: Vanessa Casanova
Valoración: recomendable (imprescindible solo para románticos empedernidos)

Debo ser yo, la verdad: debe de ser cosa mía, que me he vuelto cínico o descreído o duro, o algo. Debe ser que he perdido la capacidad de emocionarme con las historias bonitas sin poner algún tipo de distancia. Porque a todo el mundo le ha encantado este libro, todo el mundo lo recomienda con grandes muestras de emoción, lo mismo libreros que críticos que lectores. Y a mí, pues sí, me ha gustado, sí, pero no me ha encantado, por motivos que luego explicaré.

Es verdad que ¡Melisande! ¿Qué son los sueños? es un libro bonito: es una historia de amor y amistad, un triángulo amoroso entre dos amigos, Ricky y Hoo, y una mujer, Mellie (la "Melisenda" del título) que tiene algo de Manic Pixie Dream Girl, un término polémico nacido en la crítica cinematográfica para definir a "esa criatura chispeante y superficial que existe solo en la imaginación febril de escritores y directores sensibles, para enseñar a taciturnos hombres jóvenes los infinitos misterios y aventuras de la vida." Es verdad que Melisande no es una cáscara vacía, sino que tiene su propia evolución, sueños y esperanzas, pero sigue existiendo (o eso me lo parece a mí) como objeto del amor y el deseo de los personajes masculinos.

Es innegable que la historia está bien contada, con sensibilidad, interés y una técnica bien escogida: el narrador, ya mayor, regresa a los recuerdos de su adolescencia, en que conoció a Ricky y a Mellie; narra después el proceso de colapso mental de Ricky, su acercamiento a Mellie y (la parte más bonita del libro) su larga relación y su matrimonio lleno de todas las cosas buenas y malas de la vida. Algunos pasajes (como cuando Ricky quiere deshacerse de su dinero, dólar a dólar, o cuando Hoo encuentra las notas domésticas de Mellie escondidas en medio de sus libros) son realmente memorables.

Y sin embargo la pega mayor que yo le pongo a este libro es que cada cierto tiempo cae en lo cursi, que sé que es un término y un límite difícilmente objetivable pero que también creo que es indudable que existe. Cuando Mellie cuenta un cuento de hadas y "una solitaria lágrima rueda por su mejilla", eso es para mí el epítome de lo cursi; o cuando en el día de su boda Mellie y Hoo se encuentran bajo la "lluvia lunar"; la nota que Hoo le envía a Mellie antes de casarse con ella, a muchos lectores les habrá parecido deliciosa, pero a mí también me ha parecido cursi, y bastante tópica además.


En un párrafo de La insoportable levedad del ser que me viene a la memoria a menudo, Milan Kundera define así lo kitsch:


El kitsch provoca dos lágrimas de emoción, una inmediatamente después de la otra. La primera lagrima dice: ¡Qué hermoso, los niños corren por el césped! La segunda lágrima dice: ¡Qué hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad al ver a los niños corriendo por el césped! Es la segunda lágrima la que convierte el kitsch en kitsch.
Si se sustituye la palabra kitsch (que entre tanto se ha pasado de moda) por la palabra "cursi", y así es como yo veo esta novela. Si entras en el juego y te emocionas con el resto de la humanidad, entonces la disfrutarás hasta el infinito y más allá. Pero si eres como yo y esos momentos particularmente empalagosos te provocan escalofríos, entonces le pondrás algún pero al bueno de Halkin. Y eso a pesar de que, como digo, me sigue pareciendo una novela bonita.

4 comentarios:

David Villar Cembellín dijo...

Amén, una novela bonita. No es la gran novela de amor que quizá yo esperaba encontrar, pero se lee con candidez y amabilidad. Y deja un poso agradable al final. Un poso... bonito también.

Roberto Hasting dijo...

No puedo estar más de acuerdo en todo.
Cuando la leí yo también pensé que cómo era posible esa unanimidad en vitorear un libro tan flojete.
Bueno, flojete a lo mejor es excesivo. No está tan mal pero en mi opinión no merece tanto halago.
Estoy de acuerdo en que es bonita, pero también levas razón en lo de cursi. Es más cursi que Doris day haciendo un pastel de frambuesas.
¡Esos troncos titilantes descendiendo hacia las ramas!
¿Y lo del cuadro de Van Gogh? Eso sí que es un exceso.
Bueno, lo has explicado tú mejor.
Sólo añadir que también da dentera algún toque pedante innecesario, de infantil lucimiento personas. Estoy pensando en el detalle de poner el título y el autor del cada libro en el que encuentra una nota de la chica.

Otra cosa que no me gusta es

Roberto Hasting dijo...

Eso de "otra cosa que no me gusta es" no sé de dónde ha salido. Juraría que yo no lo he escrito.

Anónimo dijo...

Acabo de terminar de leer este libro y no estoy de acuerdo con la crítica del blog.
Me parece una obra muy bien escrita, que analiza de forma inteligente la complejidad de los sentimientos amorosos. Quizá en algún momento roce la "sensiblería", pero no es eso lo esencial en el libro. Para que te entusiasme esta historia, no es necesario ser un romántico; basta con que te gusten los libros donde los sentimientos y el análisis de los personajes sean lo que conduce la trama. Me parece, en resumen, una obra de calidad y de lectura más que agradable.