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jueves, 2 de julio de 2026

Tochoweek VI #4 Daniel Kahneman: Pensar rápido, pensar despacio

Idioma original: inglés

Título original: : Thinking, Fast and Slow

Traducción: Joaquín Chamorro Mielcke

Año de publicación: 2011

Valoración: Imprescindible


Explica Daniel Kahneman nada más iniciarse el libro que el premio Nobel de Economía, que él recibió en 2002, es en realidad de un ámbito más amplio, un premio de las Ciencias Sociales, aunque se denomina ‘de Economía’ porque lo patrocina el Banco de Suecia. Esta curiosidad, que no sé hasta qué punto responde con exactitud a la realidad, explicaría en parte por qué le fue concedido a un psicólogo, aunque ciertamente Kahneman exploró dentro de su disciplina también en dirección a la Economía, lo que se refleja en este mismo libro.

Bajo un título de apariencia trivial el autor desarrolla algunas de las investigaciones llevadas a cabo junto con el fallecido Amos Tversky, otra figura fundamental en el mundo de la psicología cognitiva. A lo largo de sus cerca de setecientas páginas se van desgranando multitud de cuestiones acerca de los juicios y las decisiones en el ser humano, asuntos como la heurística del conocimiento, el efecto ancla, la cascada de disponibilidad, el priming, el efecto ‘lo que ves es lo que hay’, la regresión a la media, o la causalidad frente a la estadística. A Kahneman le mola poner nombre rápidamente a estos sesgos cognitivos, lo que es quizá un tic de investigador creativo, pero son conceptos que entendemos pronto y sin ninguna dificultad.

Esto es lo más llamativo del libro, la capacidad del autor para que todo lo que explica resulte atractivo, comprensible e interesante a partes iguales. Repleto de ejemplos y referencias a experimentos realizados, y con leves pizcas de humor de cuando en cuando, Kahneman consigue transmitir información, que pudo también haber seguido un rumbo más opaco y doctoral, de manera que el lector de a pie no solo capte el contenido sino que se sumerja con gusto en un terreno que enseguida resulta familiar, porque a fin de cuentas hablamos de la propia esencia del ser humano, las debilidades y sesgos que nos afectan al percibir cosas o al tomar decisiones. Especialmente interesante me parece el estudio sobre el ‘yo que experimenta’ y el ‘yo que recuerda’, o por qué las valoraciones que podemos hacer al cabo del tiempo difieren de las inmediatas.

Efectivamente, el autor se interna desde el campo de la psicología hacia materias diferentes, la estadística, el consumo, el juego, la demoscopia o los seguros, terrenos en algunos de los cuales detectamos fácilmente técnicas conocidas o intuidas en torno a trucos publicitarios (aquel viejo clásico de la 'publicidad subliminal') o al mensaje político sesgado, formas de manipulación de la opinión que tiene su raíz en los mecanismos psicológicos que explica Kahneman. 

También hay, como decía antes, una incursión destacada en el mundo de la Economía, en concreto en la toma de decisiones por parte de expertos, hacia los que el autor muestra una notoria desconfianza. En materia de inversiones o de operaciones financieras, dice, las emociones y el consiguiente desenfoque cognitivo condicionan la decisión como en cualquier otra actividad humana, y del texto se deja entrever que es mucho más fiable dejar estos asuntos en manos de sistemas lógicos o matemáticos preestablecidos que en la voluntad de un profesional. Aunque, si no estoy equivocado, la introducción de algoritmos por ejemplo en los mercados bursátiles es bastante anterior a los trabajos de Kahneman, a la vista de sus opiniones no me cabe duda de que el psicólogo israelí estará muy de acuerdo con el uso de estas herramientas.

Parece que, al menos en algunos campos, la objetividad de la máquina debe prevalecer sobre los juicios de los humanos, siempre mediatizados por las trampas o la insuficiencia de nuestra mente, tropiezos que el libro expone de forma clara y amena, limitaciones que en determinadas circunstancias pueden llevar a la decisión equivocada.

De manera que si nos interesa todo ese mundo de la percepción de lo que creemos real, sus condicionamientos y desviaciones, y la toma de decisiones en base a la información que recibimos, es un libro interesante y disfrutable a partes iguales, en los dos aspectos a un nivel muy alto.


jueves, 24 de octubre de 2024

Eva Illouz: La vida emocional del populismo

Idioma original: inglés

Título original: The Emotional Life of Populism

Traducción: Alejandro Katz
Año de publicación: 2023.
Valoración: bastante recomendable.

Atentos al subtítulo del libro: "Cómo el miedo, el asco, el resentimiento y el amor socavan la democracia". Atentos también a la autora, socióloga de moda que, espero no equivocarme pues las consultas en internet pueden llevar a equívoco, es nacida en Marruecos, residente en Israel y escribe este ensayo en inglés. A priori, semejante mezcla de ascendientes culturales debería aportar un plus de credibilidad, pero ya se sabe en qué tiempos vivimos y nada más lejos que la verdad absoluta cuando se afrontan ciertos temas, y mucho más todavía, en estos tiempos inestables y apasionantes. Porque este libro, para empezar, se escribe antes del 7-10-2023 que es, para el pueblo israelí, su particular recreación del 11-9-2001. Cifras que se marcan a fuego en la memoria porque representan finales de era para sus naciones. Úsese el término que uno prefiera, aunque los más usados suelan ser grandilocuentes y con múltiples facetas: ataques al corazón de las naciones, profanaciones de suelo, y un largo etcétera de términos que, usados de manera abierta o subliminal, acaban ejerciendo la misma reacción hipnótica en la masa: se nos ha atacado, debemos defendernos, esa es una reacción natural.

Pero insisto que La vida emocional del populismo no contempla esos hechos, por apenas unos meses, aunque curiosamente leer este ensayo metido de lleno en sus inciertas repercusiones no hace más que sobreexcitar la sensibilidad del lector. Redacto esta reseña sin que se haya producido aún la respuesta israelí al ataque iraní, pequeño detalle que puede condicionar absolutamente cómo se lea esta reseña por parte del lector.

Illouz empieza el ensayo con una extensa introducción, hasta la página 31 no afrontamos el texto en sí y, aunque parezca que el tema vaya a afrontarse de una manera global, la perspectiva va centrándose y prácticamente el texto acaba hablando sobre la situación política de Israel, concretamente todos los resortes políticos y sociales que han acabado convirtiendo a Netanyahu en una especie de líder venerado e incuestionado ante la masa (local y global), cómo se han usado (por parte de él, pero también por la de sus aliados puntuales o más o menos frecuentes) para, a través de la manipulación de los resortes emocionales, erigirse en una suerte de tercer potencia capaz de decidir la suerte planetaria. Un texto claro, estructurado, algo cautivo de las condiciones particulares de la sociedad israelí, pero ejemplar si uno extrapola su influencia y es capaz de trasladarlo a las confrontaciones básicas de nuestra época: Zelenski/Puti, Trump/Harris, etc.

Y sucede lo que pasa con todo ensayo. Al margen de lo lógico y necesario, que es empujar al lector a la reflexión, quien converja más con lo expuesto, Illouz es bastante crítica, sobre todo por las trampas y el apoyo de los medios que ayudan a Netanyahu, encontrará la lectura imprescindible. Incluso percibo que una crítica favorable o desfavorable defina ideológicamente a quien la suscriba. Leed el libro, cuadrad las fechas, ejerced la opción de la duda razonable, buscad las terceras vías, pues el confrontamiento es el territorio favorito de los extremos. 

viernes, 29 de octubre de 2021

Rutu Modan: La propiedad

Idioma original: hebreo

Título original: The Property

Año de publicación: 2013

Traducción: Eulàlia Sariola

Valoración: recomendable

La señora Regina Segal -de soltera Wagman- viaja con su nieta Mica desde Israel a su Varsovia natal, a la que no ha vuelto desde que la abandonó justo antes de la II Guerra Mundial, para investigar sobre una propiedad que, supuestamente, pertenecía a su familia. En realidad, este viaje, que lleva a cabo a los dos meses de la muerte de su hijo y padre de Mica, tiene otro objetivo, pero la abuela no se lo piensa decir a su nieta y mucho menos a Yagodnik, un amigo de su otra hija que, por casualidad, también viaja a Polonia y se les ha pegado. 

En Varsovia la historia se enreda bastante, con la aparición de nuevos personajes, pero debido, sobre todo, al importante secreto que la abuela Regina no quiere revelar a su nieta y pretende mantener oculto, aún a costa de mentir como una bellaca. Aunque, claro, como explica la autora por medio de una cita que precede a la novela en sí: "En familia no hace falta decir toda la verdad y a eso no se le llama mentir". Porque, junto con la constatación de los múltiples caminos que puede tomar la vida y la pervivencia de la memoria, individual y colectiva, es la familia y sus vericuetos el gran tema de esta novela gráfica (de hecho, parece que Rutu Modan, según contaba en una entrevista, se había basado para escribirla en historias contadas por sus propios familiares... que luego se habían llevado una decepción a ver que ellos no aparecían en el libro).

En todo caso, pese a que crece sobre elementos bastante trágicos como sustratos - la guerra y el Holocausto, sin ir más lejos-, esta historia no pierde nunca un tono amable, al que ayuda en buena medida el suave humor y un cierto costumbrismo, que podríamos considerar casi internacional -el comportamiento de la abuela en el aeropuerto, al comienzo del libro, por ejemplo, podría ser el de cualquier mujer de su generación que fuera española, coreana o... yo qué sé, armenia-; a esta sensación de amabilidad general contribuye no poco el estilo gráfico, adscribible, aun con las características propias de Modan, a la llamada "línea clara" ("tintinesco", para entendernos): dibujo perfilado con línea continua, ausencia de sombreado, personajes caricaturescos, pero con gran atención a lños detalles y el escenario, etc.

Una historia la de este cómic/novela gráfica, que resulta, a la postre, enternecedora y sensible, pero para nada ñoña -el humor que he mencionado contribuye en gran medida a que no lo sea-, tanto en su aspecto más romántico como en el familiar. E incluso, ¿por qué no? un acercamiento entre judíos y polacos, cuyas visiones sobre lo que ocurrió durante aquella guerra también difieren un tanto, según explicaba Modan en esa entrevista... Todo sea por el amor, la familia... y los buenos cómics, como éste.

También de Rutu Modan y reseñado en Un Libro Al Día: Jamilti y otras historias

jueves, 16 de septiembre de 2021

Yael Tamir: El porqué del nacionalismo

Idioma original: Inglés
Título original: Why Nationalism
Año de publicación: 2019
Traducción: Daniel Esteban Sanzol   
Valoración: Recomendable (especialmente para interesados)

El porqué del nacionalismo es sumamente interesante. Aunque no comparto al cien por cien los diagnósticos expuestos en este ensayo, creo que el pensamiento de su autora, la politóloga Yael Tamir, alberga grandes intuiciones. 

Pero vamos por partes. ¿Cúal es la postura de Tamir con respecto al nacionalismo? Pues bien, ella admite que hay nacionalismos reaccionarios, xenófobos, etnocéntricos o fanáticos, pero también otros de corte liberal, moderados e inclusivos. Es decir: el nacionalismo puede ser una herramienta democrática y modernizadora. Por tanto, los partidos progresistas, socialistas, liberales y democráticos no tendrían que renunciar al enfoque nacional, cediéndoselo así a sus homólogos más extremistas.
 
Afirma Tamir que, en unos tiempos caracterizados por el hiperglobalismo, el nacionalismo mitigará las dinámicas perniciosas del primero. No sólo eso: según la politóloga, el nacionalismo llamémosle beneficioso es contagioso, de modo que además de mejorar las cosas de puertas para adentro, ejercerá su influencia positiva allende sus fronteras y percibirá a otras patrias como preciados aportes a una civilización común.     

En suma, extraigo varias ideas muy valiosas de esta obra (algunas de las cuales cojo, no obstante, con pinzas): 

  • Hay que aprovechar las virtudes del marxismo (la noción de conciencia de clase), el liberalismo o ciertos movimientos sociales, pero criticar al mismo tiempo sus contradicciones y excesos. 
  • Hay que reconocer que la formación de los Estados nación promovió conquistas democráticas importantísimas.
  • Hay que reivindicar la figura del Estado nación (cuya importancia es capital en unos tiempos amenazados por el hiperglobalismo, las crisis migratorias o el cambio climático) en la actualidad, en tanto que mayor fuente de servicios duraderos e intergeneracionales. 
  • Hay que garantizar (e incluso revalorizar) el Estado del bienestar y todo lo público.
  • Hay que trabajar para que el Estado se convierta en patria, un lugar al que nos vinculamos no en virtud de motivos instrumentales, sino debido al afecto y la fortuna, donde los individuos se sienten involucrados en una entidad continua que aviva sus dependencias y responsabilidades mutuas.
  • Hay que celebrar el nacionalismo, cuyas virtudes participativas e igualitarias son deseables, en tanto que fuerza con capacidad aglutinante y emancipadora.
  • Hay que abordar con diplomacia varias problemáticas contemporáneas: las consecuencias del neoliberalismo salvaje, el «largo periplo global» de las élites, la indignación de las masas provocada por su desamparo y la creciente desigualdad, las ínfulas separatistas de ciertas regiones... 
  • Hay que primar la igualdad, incluso cuando ésta pueda socavar en parte lo que algunos entienden por libertad. En ese sentido, hay que restar justicia a actitudes como la defensa del librecambismo o la libertad de tránsito, para sumársela a metas como la lucha contra la pobreza y la superación de las brechas sociales y económicas. 

Llegados a este punto, me gustaría remarcar que el contenido de El porqué del nacionalismo no me parece intachable. Sin ser yo sospechoso de comulgar con la ideología liberal, creo que es a través de ella desde donde se podría criticar con mayor provecho el discurso de Tamir. Por no hablar de que otra pega a formular al discurso de la autora sería la siguiente: ¿acaso refugiarse en el tribalismo (sea éste excluyente o no, beneficioso o no) no ha sido lo que siempre se ha hecho en tiempos difíciles? ¿De veras eso da resultados positivos? 

sábado, 23 de enero de 2021

Etgar Keret: Tuberías

Idioma original: hebreo
Título original: Tzinorot
Año de publicación: 1992
Traducción: Roser Lluch i Oms
Valoración: entre recomendable y está bien

Tuberías es o fue el primer libro de relatos publicado por el escritor, guionista y director de cine israelí Etgar Keret, allá por el fúlgido año de 1992. Escritor, guionista, etc. confieso que desconocido para mí hasta ahora, aunque sí que parece ser un personaje relevante del mundo de la cultura en su país. Los relatos, sin que puedan calificarse de "micro-" son en su mayoría cortitos: en este volumen encontramos más de cincuenta, de ehcho. Como característica común, casi todos tienen un aire o un trasfondo costumbrista (en general, también un toque "surrealista"... siempre entrecomillado, eso sí); en muchos casos se trata de historias de amor y desamor, relaciones familiares, situaciones que se dan entre los alumnos de un colegio o instituto, o en ambientes de cualquier barrio popular... es decir, situaciones que podrían transcurrir, cambiando ligeramente el contexto, casi en cualquier lugar del mundo.

Ahora bien, también hay bastantes de estos relatos que tienen como protagonistas a soldados, a veces en labores de patrulla o incluso en situación de combate abierto, otras, realizando la instrucción... Estos relatos digamos que bélicos, también se pueden calificar como "costumbristas", en realidad, pues no hará falta recordar la peculiar situación del estado de Israel y la aún más peculiar de los territorios palestinos ocupados por el estado de Israel -en 1992 aún daba coletazos la primera Intifada, a la espera de la segunda-; recordemos también que las y los jóvenes israelíes están obligados a servir en su ejército durante al menos dos años... excepto los llamados "ultraortodoxos", facción o grupo religiosos hacia el que Keret lanza más de uno de los dardos de su ironía.

Porque ésa es otra de las características -incluso más definitoria- de estos cuentos. la casi permanente presencia del humor, la ironía, el sarcasmo o lo que se tercie... Excepto en tres o cuatro de ellos -alguno de los mejores, como Terminal, sobre la relación entre dos enfermos con tumor cerebral-, este humor lo podemos encontrar, en mayor o menor medida, en todos, con alguna de sus variantes... Por mencionar sólo algunos de los mejores cuentos, tenemos desde la amable y sentimental ironía, aunque no poco absurda, de Pegamento loco o Tuberías -sobre un tipo que construye una tubería y llega al Paraíso-, a su revés sarcástico en Anette y yo follamos en el Infierno, que trata justamente de eso, un pareja que fornica en el Infierno como parte de su castigo eterno... Del costumbrista pero surreal humor (un poco "a lo Cortázar", para entendernos, de Sólo por 19'99 shekels (IVA y gastos de envío incluidos) al no menos divertido pero más exótico (para un israelí, se entiende) de Relato traducido: "El vampiro o el señor McTaggarth", uno de los pocos que no está ambientado en Israel o aledaños, sino en el Tennessee redneck... También encontramos el socorrido y socarrón humor de las historias de cuernos en el matrimonio, como en Búmeran y La plaga de los primogénitos (spoiler: no todos los  que se suponía eran primogénitos). El tema religioso lo encontramos de nuevo en Dios el enano...Y, por supuesto, los que tiene como protagonista a soldados, como los tres cuentos de humor absurdo de Koji y el  protagonizado por un nieto con una exigente abuela, que conocemos en Nísperos, uno de los mejores relatos, para mi gusto.

Entre los cuentos que no tienen esa vena humorística predominan, como es lógico, aquellos que hacen alusión a la situación político-bélica de la región o a la pérdida de seres queridos por culpa de la misma: Julia, Como murciélagos, Arcadi Hilweh coge el autobús 5, Un árabe bigotudo, No son personas...  Aunque también otros que tocan temas como el bullying -Shlomo homo cara de mono- o tienen un carácter más "metafísico", por decirlo así: El problema con la hybrys, Gulliver en islandés...

En suma, un libro de relatos bastante recomendable para hacer se una idea de lo que es y ha sido la vida en el reciente y conflictivo Israel (ya que estamos, recomiendo también el cómic Jamilti y otras historias, de Rutu Modan, que yo diría que tiene bastante en común con los cuentos de Keret). bastante más parecida a lo que ocurre en nuestros lares (y supongo que en cualquier otro) de lo que pensamos, por cierto...

lunes, 27 de julio de 2020

Amos Oz: La caja negra

Idioma original: hebreo
Titulo original: קופסה שחורה
Año de publicación: 1987
Valoración: muy recomendable

Aclaración técnica: interpreto, del hecho de que la entrada en Wikipedia sobre Amos Oz hable de él como escritor en hebreo, que este libro fue escrito en tal idioma y traducido de alguna versión en inglés, incluyendo por tanto, el título original, expresión relativa a los registros de vuelo aéreos, y para cuya transcripción al hebreo he tirado de Google translate. Mis disculpas si en este proceso he cometido algún error.

Más que nada, porque mi sensación tras leer esta novela es la de absoluto respeto y admiración por su autor, fallecido en 2018 integrando esa larga lista (Philip Roth sería otro) de autores que desaparecen siendo candidatos de largo recorrido al Nobel. Bueno, aquí siempre hemos alardeado de que esto no nos preocupa mucho, ¿verdad?

En todo caso, por novelas como esta, Oz debería ser, haber sido, candidato a muchos premios, tanto más si estos consideraran aportaciones reales a géneros literarios relacionados con narrativa de ficción, porque aquí Oz experimenta con brillantes resultados, y esos experimentos son los que hacen avanzar las manifestaciones culturales y esos experimentos son los que generan lectores satisfechos, críticos, reflexivos, a veces exhaustos, claro, cierto nivel de experiencia requiere no esfuerzo sino superación de la pereza, vencimiento de la inercia, por lo cual mis respetos absolutos a quienes se atreven a plantear desafíos. 

La caja negra es una fascinante novela epistolar. No os asustéis, el nombre del género suena algo rancio. Solo recuerdo haber leído una novela anterior de este tipo: 84 Charing Cross Rd. Pero nada que ver: aquí Oz dispone un triángulo amoroso, las ruinas de un matrimonio: Ilana, mujer que ha cometido infidelidades a manta; Alec, marido que ha triunfado en la vida pero ha fracasado en casa;  y añade a Michel, segundo marido que ha vivido bajo la sombra perniciosa de la relación anterior de su esposa. Las cartas entre ellos van mostrando lo que ha pasado, bien a las claras vemos que el matrimonio ha saltado por los aires por infidelidades repetidas e indiscriminadas por parte de ella, pero no se trata aquí de limitarnos a las cuestiones domésticas. Alec es un estudioso de los fanatismos y ha abandonado Israel para establecerse en Chicago, desde donde ha triunfado y ha adquirido un enorme prestigio como autoridad en la materia. Ilana se dirige a él en escritos floridos, insinuantes, llenos de ironía y de frases que lanza con agudeza, Ilana se defiende de sus reconocidos adulterios pero desvía sus causas. Michel es el hombre justo que ha acogido a Ilana en su corazón, que ha asumido la educación de un díscolo hijo adolescente que no es su hijo carnal, que se dedica a la docencia pero que tiene ambiciones políticas, que ejemplifican justo el colectivo ortodoxo que ha sido objeto de los estudios de Alec. Alec interpone a Manfred Zackheim, veterano abogado establecido en Jerusalén, administrador de su patrimonio, el cual media cuando esa correspondencia cruzada entra en temas económicos: Michel, de modestos ingresos, reclama a Alec involucración en el futuro de Sohan, que acumula problemas de todo tipo mientras, aún menor de edad, busca su sitio en el mundo.

Una estructura narrativa ante la que muchos podrían arredrarse: apenas hay diálogos, apenas hay acción, los personajes no suelen compartir planos o escenas sino asomar tras las percepciones que sus escritos, sean sus redactores o sus destinatarios, filtran sobre ellos. Por eso es tan brillante que de ello surja una novela espléndida, potente, que trasciende a sus personajes e incluso retrata una época, una situación social (los territorios ocupados, la personalidad colectiva judía, la visión del resto del globo del conflicto con Palestina). Todo ello sin salirse de esa estricta estructura, los escritos que van y vienen entre sus personajes principales (un matrimonio que juega con las ruinas de su relación destruida) y los falsamente secundarios (el entorno que contempla estupefacto).

lunes, 10 de febrero de 2020

Yuval Noah Harari: 21 lecciones para el siglo XXI

Idioma original: inglés
Título original: 21 Lessons for the 21st Century
Año de publicación: 2018
Valoración: Bastante recomendable



A veces un título es el peor enemigo del escritor. Así que aclaro, aunque este ensayo del historiador Yuval Harari tiene un carácter didáctico, tanto por su carácter divulgativo como por la claridad de exposición; no está aleccionando a los lectores y –en absoluto– contiene el discurso plomizo que podría esperarse del término lección. Al contrario, se trata de disquisiciones muy personales -en las que ideas y trayectoria del autor sobrevuelan cada frase y acaban enganchándonos- expuestas de forma muy amena y repletas de sugestivos ejemplos. Aunque no sea un texto de ficción, se lee casi como un relato de intriga, pues implica al lector en su propio futuro con una empatía nada frecuente en el género. En estos 21 capítulos –que es lo que son, realmente–Harari pretende (y consigue) condensar las preocupaciones del hombre contemporáneo. Empezando por el aspecto más aparatoso: la tecnología, que a pesar de algunas previsiones más que discutibles, tanto su audacia como el hecho de que se centre en los peligros potenciales, resulta apasionante y nos mete de cabeza en el texto.
Desde luego, parte de una ideología concreta e intenta cuestionarla planteando todos los factores que, a su entender, han quedado obsoletos. O sea, desde el principio, las cartas están boca arriba: escuchamos la voz de un amigo, con el que podemos o no estar de acuerdo, que ofrece su visión del mundo con total sinceridad, o eso parece. Quizá consideren que, por obvios, sobran algunos párrafos, pero como no serán los mismos para todos los lectores, deducimos que el autor ha intentado ponerse en la piel de un número lo más amplio posible de personas: de los que saben más y los que saben menos, de los que opinan una cosa y su contraria.
Se plantea, por ejemplo, que quizá no sea tan conveniente como parece el afán por globalizar a toda costa, reflexiona sobre el desempleo masivo o la disminución del libre albedrío con que amenazan los adelantos tecnológicos. Y, siempre que entendamos por humanos el grupo más hegemónico del planeta, no se puede negar que:
“En 1938 a los humanos se les ofrecían tres relatos globales entre los que elegir, en 1968 solo dos y en 1998 parecía que se imponía un único relato, en 2018 hemos bajado a cero”. 
O bien: “El sistema democrático todavía está esforzándose para comprender qué le ha golpeado”.
Eso sí, encuentro que todas esas reflexiones sobre nuestro futuro tecnológico simplifican demasiado. Harari habla de la Inteligencia Artificial, por un lado, y de los seres humanos, por otro, como si la primera procediera de algún germen extraterrestre que hubiese aterrizado aquí sin previo aviso. Además, se refiere a ciertas redes sociales o a generadores de algoritmos como si fueran eternos. Pero la IA –como todo– se construye progresivamente, y es, como sabemos, el resultado de objetivos, trabajo y talento exclusivamente humanos. Es decir, la deriva que tome no es inevitable. Las oportunidades laborales serán distintas, pero estarán ahí, es verdad que la IA expulsará a mucha gente no cualificada del mercado laboral, pero podría no ser así, depende de cómo se gestione. Si el reparto fuese más equitativo –algo poco probable pero no imposible– podría suponer mayor tiempo de ocio para todos. En conjunto, ese apartado resulta impactante, aunque demasiado centrado en las circunstancias actuales y bastante apocalíptico. Recordemos que estas predicciones suelen equivocarse porque no tienen en cuenta innumerables factores imposibles de predecir en su momento.
Sobre la cuestión de las identidades, Harari sostiene que, en estos tiempos cada vez más globales, los humanos nos parecemos más entre nosotros que a nuestros antepasados de una zona concreta, y es el famoso relato, es decir, la forma en que cada grupo se percibe a sí mismo, donde tenemos que buscar las diferencias. (“Insistimos en que nuestros valores son una herencia preciosa de antiguos antepasados. Pero eso solo podemos decirlo porque nuestros antepasados hace mucho que murieron y no pueden hablar por sí mismos”). Lo que nos acerca –siempre según el autor– es afrontar desafíos comunes y discrepar sobre ellos. Como en este momento, las tres grandes cuestiones del futuro son: el calentamiento global, la biotecnología y la inteligencia artificial, sobre ellas nos pelearemos y estableceremos consensos, ya que somos una gran familia. Sin olvidar la vieja amenaza nuclear, que nos obliga a no fragmentarnos demasiado y a mantener el equilibrio por la cuenta que nos tiene. Todo ello se ve afectado por terrorismo y contra-terrorismo, con el coste económico y humano que ambos suponen, así como por los movimientos migratorios, que plantean debates como la tolerancia y sus límites o el mito de la superioridad cultural.
Frente a las éticas religiosas, que pretenden mejorar la convivencia y acaban produciendo más perjuicios que bondades, sobre todo los monoteísmos, la ética laica se apoya en valores como compasión, igualdad, valentía,  libertad y responsabilidad, de modo que no necesitamos dioses. Aunque, cuidado, tampoco somos tan racionales como creemos, tendemos a mimetizarnos con el grupo, que es, en realidad, quien piensa por nosotros por medio de los mitos colectivos, que existen desde siempre, se transforman con el tiempo y son transmitidos por el poder de cada época y lugar. (“Cuando mil personas creen durante un mes algún cuento inventado, esto es una noticia falsa. Cuando mil millones de personas lo creen durante mil años, es una religión y se nos advierte que no lo llamemos “noticia falsa” para no herir los sentimientos de los fieles (o provocar su ira)”. ¿A qué es genial? Y, sin embargo, las religiones son un elemento de cohesión social, como las ideologías, las marcas comerciales o el dinero. Como necesitamos creer en algo, habitualmente mantenemos varios relatos entrecruzados que a veces son incompatibles, pero los guardamos en compartimentos cerrados y no nos damos cuenta. Cuando la religión ya no sirve y hay personas que sienten terror ante la incertidumbre, surgen los totalitarismos modernos.
Conclusión, no hay que buscar ningún sentido a la vida porque la vida es un conjunto accidental de elementos muy variados y no tiene sentido en sí misma. Por lo demás, esta búsqueda de sentido suele tener un fondo egoísta. Lo fundamental es conocernos, aprender a convivir y no dejar que piensen por nosotros. 
A pesar de cierta dispersión y de algunas reiteraciones casi obsesivas, este ensayo es un buen pretexto para replantearnos algunas certezas y abrir la mente a nuevos enfoques. Pero, muy especialmente, se lo recomendaría a los jóvenes y a todos los que se inician en el género ensayístico.

 Traducción: Joandomènec Ros

jueves, 21 de junio de 2018

Rutu Modan: Jamilti y otras historias

Idioma original: inglés 
Título original: Jamilti and Other Stories 
Año de publicación: entre 1998 y 2007 
Traducción: Lorenzo F. Díaz y Eulàlia Sariola 
Valoración: recomendable

No quisiera ser yo, precisamente, quien ahondase en la idea tópica y espero que ya casi desterrada de considerar el género de la historieta o lo que se conoce como "novela gráfica"  como algo de menor categoría que el de la narrativa tradicional en prosa (o verso, qué caramba). Pero es que leyendo este libro de la israelí Rutu Modan no he podido dejar de pensar que si se tratase de un libro de relatos "clásico", perfectamente se podría alinear junto a los de ....... (poner en la línea de puntos el nombre del cuentista favorito de cada cual... claro, siempre que no sea de Chéjov o alguien así). Se trata, en efecto de un volumen que contiene una serie de historias cortas, publicadas casi todas, entre 1998 y el 2007, por Actus Independt Comics, un colectivo alternativo editorial  y de dibujantes de cómics al que pertenece esta autora.

El libro está compuesto, ya digo, de siete historias, de variada temática argumental, aunque tienen en común, de forma más evidente o velada, la presencia de la familia como marco en el que se desarrollan -en menor medida, sin embargo, la última, Su mayor fan-; o, mejor dicho, el desencuentro o el encontronazo, con esa familia que condiciona el devenir de los personajes. En el relato que da título al libro, Jamilti y en El rey de las rosas, es la familia que aún no ha sido formada, de la que se podrían guardar las mejores esperanzas y que sin embargo ya auguran las peores decepciones antes de formarse. Cierto es que en El rey de las rosas la delirante historia oculta un poco también otra lectura más feminista de la misma. El primer relato, por su parte, supone una inmersión en la dura realidad de la zona, con el conflicto con los palestinos siempre presente.


El mismo transfondo bélico, en cierto modo, está presente en Vuelta a casa, que se desarrolla en un kibbutz junto a la playa, en el que un avión despierta la esperanza de un padre de volver a ver a su hijo. Los demás relatos, sin embargo, podrían estar ambientados csi en cualquier sitio del mundo; de hecho, El rey de las rosas lo está en la Europa de comienzos del siglo XX y el último del libro, Su mayor fan, en Sheffield, aunque cierto es que la "juidicidad" y sus variantes tiene mucho que ver con el desarrollo -especialmente irónico, hay que decir- de la historia. Las tres restantes, sin embargo, inciden más directamente en ese ambiente familiar que he mencionado, y más en concreto en las relaciones materno (y algo paterno)-filiales: las estupendas Bloqueo de energía y Lo pasado, que se desarrolla en un hotel de veraneo, y la sarcástica y hasta tronchante El asesino de las bragas, que va... pues de eso, de la caza de un asesino en serie que coloca ropa interior en la cabeza de sus víctimas.

En cuanto al estilo gráfico, el dibujo de Modan se caracteriza por una aparente sencillez, utilizando sobre todo líneas  curvas y formas redondeadas que le dan un toque expresionista, e incluso haciendo gala de un cierto feísmo, en algún momento. No obstante, también hay algún ejemplo de dibujo mucho más cuidado -o de apariencia de serlo-, en Su mayor fan (similar al de uno de los cómics más conocidos de esta autora, La cena con la reina), con un estilo que casi se aproxima a la clásica "línea clara" y que nos permite ver sin lugar a dudas que el trazo descuidado de otras ocasiones es una elección estética y hasta un recurso narrativo, más que una carencia.



miércoles, 6 de septiembre de 2017

Amos Oz: Contra el fanatismo

Resultado de imagen de contra el fanatismoIdioma original: inglés
Título original:The Tubingen Lectures
Año de publicación: 2003 (Conferencias: 2001-2002)
Valoración: Recomendable

Cuando se trata de cuestiones como esta, justo es recordar un aforismo tan obvio como “ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio”. Obvio, siempre que uno no sea el de la viga. Nadie ve su propia viga, de lo contrario la habría extirpado hace tiempo.
La personalidad del escritor y activista israelí, su carácter conciliador y su actividad en pos de la paz (incluso antes de fundar la polémica ONG Paz Ahora en 1978) no le impiden atribuir un poco más de razón a los suyos, como él mismo señala, y por mucho que intente mantenerse equidistante. Este volumen –que ocupa solo unas cien páginas– recoge tres conferencias impartidas en el transcurso de un año en Tubinga (Alemania). En la primera, titulada Sobre la naturaleza del fanatismo, reconoce que este (la viga) puede estar en todas partes. Me preocupa particularmente esto que dice porque es algo que escucho a menudo:
“Se trata de una lucha entre los que piensan que la justicia, se entienda lo que se entienda por dicha palabra, es más importante que la vida, y aquellos que como nosotros, pensamos que la vida tiene prioridad sobre muchos otros valores, convicciones y credos”.
Ese “como nosotros” me resulta más que familiar. Y no es que esté en desacuerdo con lo de dar prioridad a la vida, pero ¿la vida de quién? porque cuando se habla de vida todos pensamos en la nuestra.
Oz reconoce –aquí y en otros escritos suyos, sobre todo en la magnífica autobiografía novelada Una historia de amor y oscuridad– que fue un niño fanático y que si algo caracteriza a los habitantes de Jerusalén es su tendencia a opinar de todo y a no escuchar a nadie. Según dice, ambos factores –su experiencia de “fanático rehabilitado” y el hecho de convivir con la polémica–  ha acabado convirtiéndole en un experto en “fanatismo comparado”. Y es cierto que se anda con mucha cautela a la hora de identificar el problema, reconociendo que, aparte del evidente, existe otro fanatismo más sutil, menos identificable. Y tan pegajoso que, es sorprendentemente fácil contraerlo, incluso cuando se está intentando combatirlo. Es como un virus, y aunque el hecho de inventar historias añade cierta perspectiva y capacidad de sintonizar con el prójimo, nadie, ni el propio escritor está inmunizado por completo.
Estoy de acuerdo. El fanatismo no admite vacunas, la mayoría mostramos un exceso de querencia por lo nuestro, incluso –y esto es fundamental– los que no tratamos de imponerlo por la fuerza. En cualquier caso, exceso de sentimentalismo, falta de imaginación y de sentido del humor (me sorprende que no cite aquí la ignorancia), conformismo y necesidad de pertenencia al grupo son los rasgos que, en su opinión, distinguen a un fanático, pero lo que de verdad le caracteriza es su deseo de cambiar al otro.
En cuanto al conflicto palestino-israelí –asunto en torno al cual giran estas reflexiones y gran parte de su obra– el autor asegura que, contra lo que pueda parecer, no tiene carácter religioso: se trata de un combate feroz por un territorio que ambos consideran suyo. Sorprende la seguridad con que Oz sostiene que existe una solución, teóricamente sencilla, consistente en que nadie pretenda echar a nadie y ambos se avengan a repartir el terreno y a convivir pacíficamente. Una idea que en la primera conferencia solo esboza y desarrollará ampliamente en la segunda. Esto no es nuevo, él  lleva décadas afirmando lo mismo, y si al principio podía parecer una locura, ahora está convencido de que la opinión pública ha ido virando lentamente y el tiempo le acabará dando la razón.
De eso tratará la segunda, cuyo título, Sobre la necesidad de llegar a un compromiso y su naturaleza, la resume perfectamente. Para él este conflicto es más complejo que otros (cita a Vietnam y el apartheid) y se lamenta de la simplificación que suele hacerse en Europa. (Eso ocurre porque él lo ve desde cerca, para los implicados lo que él ve tan simple no lo es en absoluto). Sin embargo, y aunque no pueda ser neutral del todo, hay que reconocer sus intentos:
“… muchos judíos israelíes no se dan cuenta de lo profunda que es la conexión emocional de los palestinos con la tierra. Igual que muchos palestinos no consiguen darse cuenta de lo profunda que es la conexión judía con la misma tierra. Pero para llegar a comprenderlo, ambas naciones tienen que atravesar un doloroso proceso que pasa por prescindir de los sueños, de las ilusiones, de las esperanzas y de los viejos eslóganes del pasado en ambos bandos.”
En resumen, la única solución posible consistiría en repartir el territorio entre ambos estados y tratar de convivir respetándose mutuamente en términos de “buena vecindad”. 
Esta actitud suya se refleja en el tercer título: Sobre el goce de escribir y el compromiso. Un compromiso que no exige el amor –entendido como el sentimiento incondicional que sus padres tenían hacia la Europa de su juventud–. El amor no es necesario, vivir en paz es más que suficiente. Pensando en los hechos históricos anteriores a su nacimiento o en situaciones que ha vivido “en las que el ocupado se convierte en ocupante, el oprimido en opresor”, “la víctima de ayer puede fácilmente convertirse en verdugo” el relativismo es, sin duda, la postura más sensata. También la más peligrosa, pues sirve para crear enemistades en uno y otro bando. Pero no se siente tan incómodo en ese campo intermedio. Su condición de novelista le ha habituado a ponerse en la piel de los personajes más diversos y esto le convierte en un mediador muy adecuado. “¿Por qué no yo?” se pregunta. Para muchos, el compromiso significa traición y deshonestidad, una postura que Amos Oz considera fanatismo y que solo conduce a la muerte. Por el contrario, para él “compromiso es sinónimo de vida”.
Es verdad, ¿por qué no él?

miércoles, 9 de agosto de 2017

Ida Fink: Huellas

Idioma original: polaco
Título original: Slady
Año de publicación: 1996
Traducción: Elzbieta Bortkiewicz
Valoración: recomendable

Resulta algo complicado, incluso incómodo, realizar la reseña de este libro de relatos. La razón es que éstos, en el mejor de los casos, producen una gran tristeza y desazón, cuando no resultan estremecedores y hasta espeluznantes. Todos ellos se refieren a la Shoah, el Holocausto que sufrieron los judíos (y no sólo ellos, ya sabemos) durante la II Guerra Mundial; ahora bien, aunque éste es el tema central, el único del libro, no resulta explícito en todos los relatos (imposible denominarlos "cuentos").

De hecho, son pocos los  que narran directamente las atrocidades cometidas por los nazis, como ocurre en La resurrección del panadero o en La mesa (narración hecha a través de la investigación posterior sobre la matanza llevada a cabo en un pueblo del este de Polonia o de Ucrania). la mayoría de los relatos, sin embargo, transcurren en las épocas anteriores o posteriores de los crímenes en sí o a ese desasosegante tiempo de espera, cuando aún las víctimas no estaban al tanto (o trataban de obviarlo) de cual sería su destino: Alina y su derrota, Zygmunt o Una tarde en el campo; incluso cuando, sabiendo lo que les esperaba, había muchos que se ocultaban, buscando escapar de sus verdugos: El umbral y La descripción de un amanecer.

Ahora bien, casi todos los relatos se refieren a la época posterior a la tragedia y de ahí el título genérico de Huellas  que tiene el libro, pues son los supervivientes los que buscan las huellas de lo sucedido, de sus seres queridos desaparecidos o recuerdan los tiempos felices en que aún no se había desencadenado la barbarie. Es el caso de Ya hemos ido a la ópera, La dirección, La huella o En la infancia, al anochecer. otro grupo de relatos, titulados de forma genérica Apuntes para una biografía, relatan las vidas y el final de una serie de mujeres: Eugenia, Julia, Sabina... Por último, hay un par de relatos que nos explican cómo, por una parte, el hecho de ser víctimas no excluye el envilecimiento de éstas -o que ellas se sientan envilecidas-, como ocurre en La mano; en el segundo caso, son los verdugos los que envilecen no sólo a sus persona sino a todo lo que les rodea, por bueno que pueda ser (Ascenso).

Lo que tienen todos los relatos en común es el miedo: en todos ellos se respira, se mastica, se exuda miedo, por más que en alguno esté escondido, agazapado aún... Miedo por lo que va a pasar, por lo que está pasando o por lo que se recuerda que pasó. Y, sin embargo -y quizás por ello resulta tan eficaz-, el tono de la narración es tranquilo, casi monocorde, sin que ni siquiera se ponga un especial énfasis cuando se nos cuentan las escenas más violentas. en cambio, abundan las descripciones de paisajes, de lugares, atmosféricas; se incide en los detalles domésticos cotidianos, lo que provoca un contraste perturbador con la brutalidad que sabemos se encuentra al fondo pero que en cualquier momento puede pasar al primer plano.

Una serie de relatos, ya digo, perturbadores, tremendos, más aún cuando no hacen un especial énfasis en el horror. No hace falta: éste se encuentra siempre presente, en cada uno de ellos.


miércoles, 17 de diciembre de 2014

Hillel Halkin: ¡Melisande! ¿Qué son los sueños?

Idioma original: inglés
Título original: Melisande! What Are Dreams?
Año de publicación: 2012
Traducción: Vanessa Casanova
Valoración: recomendable (imprescindible solo para románticos empedernidos)

Debo ser yo, la verdad: debe de ser cosa mía, que me he vuelto cínico o descreído o duro, o algo. Debe ser que he perdido la capacidad de emocionarme con las historias bonitas sin poner algún tipo de distancia. Porque a todo el mundo le ha encantado este libro, todo el mundo lo recomienda con grandes muestras de emoción, lo mismo libreros que críticos que lectores. Y a mí, pues sí, me ha gustado, sí, pero no me ha encantado, por motivos que luego explicaré.

Es verdad que ¡Melisande! ¿Qué son los sueños? es un libro bonito: es una historia de amor y amistad, un triángulo amoroso entre dos amigos, Ricky y Hoo, y una mujer, Mellie (la "Melisenda" del título) que tiene algo de Manic Pixie Dream Girl, un término polémico nacido en la crítica cinematográfica para definir a "esa criatura chispeante y superficial que existe solo en la imaginación febril de escritores y directores sensibles, para enseñar a taciturnos hombres jóvenes los infinitos misterios y aventuras de la vida." Es verdad que Melisande no es una cáscara vacía, sino que tiene su propia evolución, sueños y esperanzas, pero sigue existiendo (o eso me lo parece a mí) como objeto del amor y el deseo de los personajes masculinos.

Es innegable que la historia está bien contada, con sensibilidad, interés y una técnica bien escogida: el narrador, ya mayor, regresa a los recuerdos de su adolescencia, en que conoció a Ricky y a Mellie; narra después el proceso de colapso mental de Ricky, su acercamiento a Mellie y (la parte más bonita del libro) su larga relación y su matrimonio lleno de todas las cosas buenas y malas de la vida. Algunos pasajes (como cuando Ricky quiere deshacerse de su dinero, dólar a dólar, o cuando Hoo encuentra las notas domésticas de Mellie escondidas en medio de sus libros) son realmente memorables.

Y sin embargo la pega mayor que yo le pongo a este libro es que cada cierto tiempo cae en lo cursi, que sé que es un término y un límite difícilmente objetivable pero que también creo que es indudable que existe. Cuando Mellie cuenta un cuento de hadas y "una solitaria lágrima rueda por su mejilla", eso es para mí el epítome de lo cursi; o cuando en el día de su boda Mellie y Hoo se encuentran bajo la "lluvia lunar"; la nota que Hoo le envía a Mellie antes de casarse con ella, a muchos lectores les habrá parecido deliciosa, pero a mí también me ha parecido cursi, y bastante tópica además.


En un párrafo de La insoportable levedad del ser que me viene a la memoria a menudo, Milan Kundera define así lo kitsch:


El kitsch provoca dos lágrimas de emoción, una inmediatamente después de la otra. La primera lagrima dice: ¡Qué hermoso, los niños corren por el césped! La segunda lágrima dice: ¡Qué hermoso es estar emocionado junto con toda la humanidad al ver a los niños corriendo por el césped! Es la segunda lágrima la que convierte el kitsch en kitsch.
Si se sustituye la palabra kitsch (que entre tanto se ha pasado de moda) por la palabra "cursi", y así es como yo veo esta novela. Si entras en el juego y te emocionas con el resto de la humanidad, entonces la disfrutarás hasta el infinito y más allá. Pero si eres como yo y esos momentos particularmente empalagosos te provocan escalofríos, entonces le pondrás algún pero al bueno de Halkin. Y eso a pesar de que, como digo, me sigue pareciendo una novela bonita.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Amos Oz: Una pantera en el sótano

Título original: Panter va-martef
Idioma original: Hebreo
Fecha de publicación: 1995
Valoración: recomendable

Más efectos colaterales del último Nobel: el tesón de muchos en defender la candidatura de Amos Oz, que me inunda de curiosidad por su obra y me empuja a buscar sus referencias. Del resto se encarga la casualidad, que es la que hace que Una pantera en el sótano sea la novela elegida. En cualquier caso, si un escritor merece tal aclamación, cualquiera de sus libros debería ser válido para la iniciación.

Libros narrados por niños. Debo reconocer que sufrí una mala experiencia con el último que leí (un, lo siento, muy aburrido El niño perdido de Thomas Wolfe) y que, como consecuencia, uno a veces toma cierta predisposición. O llamémosle prejuicio. Que si una narrativa algo ingenua, que si un punto de vista algo forzado, que si ciertos temas escabrosos propios de adultos quedan, en principio, salvo sorpresa, descartados. Afortunadamente, Amos Oz me contradice, para empezar, porque el narrador es un adulto que recuerda, tan detallada y vívidamente que parece que estén en el presente, episodios de la niñez. Esta condición no está presente de una manera constante; son detalles concretos y aislados las menciones más cercanas al presente del narrador, los que nos van recordando que los hechos ya cuentan con el tamiz de la perspectiva de un adulto. Bravo por Oz, que sabe conservar cierto sentido de la inocencia sin rozar la cursilería.

La acción se ubica en el último tramo del Mandato de Palestina por los ingleses, en 1947. Previo a la creación del estado de Israel, los judíos establecidos, muchos de ellos huyendo del holocausto, tienen un enemigo que ahora nos parece algo inusual. Son los ingleses los que detentan ese Mandato en el período que va de 1917 a 1948, como consecuencia de la derrota del imperio otomano. En medio de una población sujeta al toque de queda, un niño judío de 12 años, pre-adolescente, ha organizado, en medio del conflicto que acabaría con la próxima liberación del territorio, un grupo a medias con otros dos amigos, entre el juego y el escarceo bélico, que se dedica a recoger información para facilitarla a los judíos miembros de la resistencia. Una comunidad cohesionada, consciente de que vienen de un enemigo alemán, y de que su enemigo inglés dará paso rápidamente a un multi-enemigo árabe. En cualquier caso, atemorizados por las patrullas y los registros, los habitantes tienen desplegada una extensa red solidaria de resistencia al invasor, y Profi, que es el nombre del niño, y sus dos amigos, participan en juegos en esa red, en lo que es una especie de fantasía infantil que pretende interactuar con la realidad. Profi, quebrantando el toque de queda, es interceptado por un soldado inglés del área administrativa, el cual, interesado en el idioma y la cultura hebrea, propone al niño, como pacto para dejarlo ir, un intercambio de clases de idiomas. El niño lo enfoca como la posibilidad de obtener información del enemigo y pasarla a su organización, pero sus compañeros desconfían de la relación y pasan a considerarlo un traidor.
Esta situación es usada como pretexto por el autor tanto para hablar de la situación del pueblo judío a dos años del final de la II Guerra Mundial, como para situar esa sociedad ante el advenimiento de la proclamación del estado de Israel. El sentir del pueblo judío a través de las opiniones de los miembros de la familia va manifestándose a lo largo del libro.
Excelente estilo el de Oz, al que creo que la traducción debe ser fiel, pues el espíritu poético mantenido en castellano es muy logrado. Un magnífico pasaje comparando el contenido de la biblioteca paterna a un ejército me resulta muy destacable. Y las sensaciones desasosegantes de ocupación, de soldados patrullando y practicando registros, muy fielmente descritas. Lástima que sepamos, desde el momento en que notamos al narrador en flash-back, que cierto desenlace trágico queda descartado. Seguro que la intención del autor no era componer un thriller en modo alguno, pero uno se queda, al final, con cierta sensación de que la historia y la trama podrían haber dado algo más de sí.

Otras obras de Amos Oz en Un libro al día: Una historia de amor y oscuridadDe repente en lo profundo del bosque

lunes, 26 de septiembre de 2011

Guy Deutscher: Through the Language Glass


Idioma original: inglés
Título original: Through the Language Glass. Why the World Looks Different in Other Languages
Año de publicación: 2010
Valoración: recomendable

—Aquí dice que Homero dijo que la miel era de color verde, el buey del color del vino y el hierro de color violeta...
—¿Era daltónico?
—No, para nada. En tiempos de Homero no existía una terminología fija del color. Cada poeta se encargaba de seleccionar la palabra que se adecuara mejor a lo que quería expresar.
—Ya. También dice que hay tribus que afirman que el cielo es de color negro...
—Porque en muchos idiomas el azul está considerado como una variación del negro.
—O sea, que no distinguen el azul del negro.
—Sí, sí los distinguen, pero no tienen una palabra para cada uno. Que un idioma no tenga ciertos términos no quiere decir que sus hablantes no comprendan el concepto que esos términos designan. Simplemente, los expresan de otra manera.
—Pero eso no quiere decir que todos veamos los mismos colores...
—Mmmm... pues no. De hecho, se han hecho muchos estudios sobre el tema.
—Claro, porque tener nombres sólo para algunos colores da que pensar.
—Claro.
—Aunque también es interesante la cuestión del género. ¿A qué se debe que algunos idiomas distingan el masculino, el femenino o el neutro y otros no?
—La verdad es que hay idiomas que distinguen esos tres géneros, idiomas que distinguen sólo femenino y masculino e idiomas casi completamente neutros.
—Pues eso. ¿Qué pasa, que los que distinguen los géneros son más sexistas que los otros?
—No tiene nada que ver. Además, los idiomas que distinguen los géneros rara vez coinciden en el género que se le otorga a las cosas. Por ejemplo, en español, "tenedor" es masculino, en inglés ("fork") es neutro y en alemán ("Gabel") es femenino.
—Fffff... vaya lío. ¿Y dices que todo eso se explica en este libro?
—Más que explicarse, se plantean ciertos dilemas lingüísticos y el autor trata de averiguar sus orígenes, haciendo además un repaso a los estudios que se han realizado antes sobre ellos. Y también explica un montón de cosas curiosas...
—¿Cómo cuál?
—Como que hay idiomas que utilizan las coordenadas egocéntricas e idiomas que utilizan las coordenadas geográficas.
—¿Per-do-na?
—Por ejemplo, si yo digo "muévete hacia la derecha", estoy utilizando coordenadas egocéntricas. Si digo "muévete hacia el sur", estoy utilizando coordenadas geográficas.
—Ya, bueno, ¿qué tiene eso de especial?
—Si utilizas las coordenadas geográficas, tienes que tener una conciencia espacial extraordinaria, porque nunca estás en la misma posición. Dependiendo de dónde estés, nuestro "muévete a la derecha", puede traducirse como "muévete hacia el norte, el sur, el este, etc.". Hay un millón de posibilidades.
—Arrea. Creo que este libro va a ser demasiado para mí.
—Qué va, qué va, si es muy entretenido. Las teorías sobre los colores que explica el autor son interesantísimas. Y llega a ciertas conclusiones que, oye, te hacen pensar.
—¿Como cuál?
—Como que así como nuestra cultura determina cómo es el idioma que hablamos, el idioma que hablamos también determina la manera en la que pensamos.
—Ajá. Y tú te lo crees.
—Yo, de momento, me lo planteo. Y tú deberías leer este libro y después decirme qué opinas. Puedes no estar de acuerdo con lo que dice Deutscher, pero sin duda te va a hacer pensar al respecto.
—Sí, me lo leeré, supongo. Pero ahora tengo que irme. ¿Dónde he dejado mi abrigo?
—Un par de metros al sur.
—Bueh.

viernes, 26 de agosto de 2011

David Grossman: La vida entera


Título original: Ishah borahat mi-bsora
Idioma original: hebreo
Año de publicación: 2010
Valoración: Está bien


Con este libro me ha pasado algo curioso, hasta más o menos una cuarta parte de sus 807 páginas me parecía un relato de lo más atractivo – los episodios del hospital y del taxista son espléndidos – pero la intensidad desciende tanto a medida que se pasan las hojas, se hace tan repetitivo, se va tanto por las ramas que según avanzaba mi valoración iba bajando, digamos que cada 150 páginas perdía un punto. Hay novelas extensísimas a las que no sobra ni una letra, pero si la densidad se convierte en relleno acaban resultando pesadas y cuanto más se avanza más aumenta el fastidio. Para rematar, el desenlace resulta decepcionante pues no revela por qué hombre se decide finalmente la protagonista y tampoco lo que le ha ocurrido al hijo. Sabemos que Grossman tiene que callar este segundo aspecto pues no puede salvar al ajeno habiendo perdido el propio ni desvelar un desastre que es el suyo y que acaba de suceder; sin embargo, después de haber visto desmenuzar el viaje y las peripecias de los personajes hasta la extenuación (sin que tanto detalle les preste excesiva consistencia) mi único aliciente era la intriga.

No voy a quitar a Grossman los méritos de su profundo conocimiento del ser humano ni de una maestría narrativa fuera de toda duda que se concretan en una ágil narración y un manejo impecable del diálogo, incluyendo ademanes y silencios, que la traducción se encarga de resaltar. Reconozco que me he encariñado con Sami, el taxista musulmán que sintiéndose en campo ajeno aguanta estoicamente, con el entrañable Abram y a veces también con Ofer, el hijo menor de Ora, pero el atractivo que parecía tener ésta, va diluyéndose a medida que naufraga su largo testimonio. Una novela debe imitar a la vida real sin tratar de reproducirla, ya que los momentos insignificantes forman parte de la experiencia vital pero si aparecen descritos con la misma minuciosidad resultan insoportables.

El objetivo es de lo más atrayente: mostrar en qué se convierte la vida después (y durante) los conflictos bélicos, cómo estos desgastan la amistad, cómo desconciertan a los que creen que se aman, cómo angustian a unos padres que no dejan de imaginar lo que puede estar pasando en el frente, cómo destrozan el futuro de los que vuelven siendo otros. Sin olvidar uno de los momentos más logrados: el esbozo que hace al principio de la difícil convivencia entre vecinos, del absurdo que se vive a diario entre personas que se conocen bien y se aprecian aunque su pertenencia a bandos distintos les impida demostrarlo, de la ambivalencia de sentimientos, la culpabilidad, la conciencia del peligro y la sensación de incomodidad que se presentan en situaciones lamentablemente demasiado comunes.

Recuerdo una frase de Bécquer que venía a decir: hay que dejar pasar el tiempo para hablar de las vivencias que más nos han impresionado pues si escribimos bajo su efecto el resultado necesariamente flojea. No puedo estar más de acuerdo, y estoy segura de que el mayor escollo que encuentra el autor – y que no consigue salvar – es precisamente el viaje (interior y exterior) que Ora lleva a cabo en la novela y que se aproxima bastante al que Grossman mismo ha debido realizar para escribirla. Ambos pretenden desafiar a la suerte, envolver al hijo que está en el frente con una especie de hechizo a base de palabras y esto nunca es garantía de éxito. El soldado no por ello queda a salvo, la hebra invisible que ella sujeta por un extremo para proteger al hijo que hay en el otro probablemente no exista, y la literatura se convierte en palabrería desde el momento en que novelista y personaje pretenden alargar el discurso indefinidamente como si fuera un infalible talismán.

lunes, 3 de mayo de 2010

Amos Oz: Una historia de amor y oscuridad

Idioma original: hebreo
Título original: Sippur al’abavab ve-bosvek
Fecha de publicación: 2003
Valoración: Imprescindible

Este imponente testimonio, visto a través de los ojos extrañados y todavía sin filtro deformante del niño Amos, nos habla del descubrimiento maravillado de la vida y del amor profundo por cosas y personas de una mente despierta, capaz de registrar lo que le rodea con total fidelidad.

Obra densa, de imágenes potentes, que disfrutará todo el que no tenga reparo en sumergirse literalmente en un estanque repleto de recuerdos. El lector, arrastrado por el torrente verbal de Oz, compartirá sus vivencias, sentirá lo que él sintió y hará suyas las peripecias que vivieron los que llegaron antes que él a este mundo. Es éste un pedazo de historia personal pero también universal que, podemos compartir con el autor por obra y gracia de sus dones literarios, incluso si su perspectiva no coincide del todo con la nuestra, ya que los recovecos del corazón humano suelen ser parecidos.

Aunque están narradas como propias, sus páginas recogen sucesos relevantes de la primera mitad del siglo XX – que se integran perfectamente en el relato como parte de la tradición familiar, aunque es obvio que ha habido una labor de documentación previa – y de la segunda mitad de ese siglo a través de sus vivencias infantiles. Vivencias que acaban bruscamente, decapitada la infancia de un tajo, abriéndose a partir de entonces una brecha a la que, ahora lo sabemos, el autor se sobrepuso dignamente, si bien el precio que tuvo que pagar por ello no deja de intuirse.

La prosa es sencilla, los términos, exactos, las descripciones, certeras; la información, bien dosificada. Sin embargo, a pesar de su tono intimista, poético a veces, Oz consigue evitar la sensiblería haciendo algo tan difícil como presentar su realidad ante el lector sin disfraces ni adornos. De este modo, ponerse en su piel es casi inevitable.

Estamos ante una autobiografía novelada que contiene pinceladas de reportaje, indagación histórica, ensayo, poesía en prosa y confesión personal. Pero también podría clasificarse como la obra cumbre de un autor maduro que tuvo que gestarse a fuego lento durante más de cincuenta años hasta llegar a adquirir, por fin, su extraordinaria forma final.

Otras obras de Amos Oz en Un libro al día: De repente en lo profundo del bosqueUna pantera en el sótano

jueves, 3 de diciembre de 2009

Amos Oz: De repente en lo profundo del bosque

Idioma original: hebreo
Título original: Pit’om be’omek haya’ar
Año de publicación: 2007
Valoración: Se deja leer


De repente en lo profundo del bosque es la historia de un pequeño pueblo de montaña del que han desaparecido todos los animales. No hay perros, gatos, vacas... ni siquiera insectos, pero no se habla de ello. Casi todos los adultos se esfuerzan por ignorar la situación y olvidar los hechos que causaron la huida de todos los animales, aunque hay algunos que, a pesar de todo, recuerdan. Como la maestra Emmanuela, el viejo pescador Almón o la panadera, que a diario esparce migas de pan en el patio de su casa, por si a los pájaros se les ocurre volver.

Hasta que el pequeño Nimi desaparece en el bosque y regresa enfermo de relinchitis y se convierte en diana de las burlas y el miedo. Entonces, Maya y Mati, dos niños empeñados en descubrir la verdad, deciden romper la ley del silencio establecida en el pueblo y se adentran en la espesura.

Cargada de simbolismo, esta fábula de Oz es una buena historia para pasar el rato. Pero que nadie se llame a engaño. A pesar de estar bien escrita, hay pasajes que rechinan, y en ocasiones da la sensación de que al autor se le ha ido la mano en su intención moralizante. Si a eso le sumamos un final un tanto flojo (que yo achaco a un esfuerzo demasiado grande e innecesario por quedar bien con todo el mundo y no mojarse), lo que nos queda es un cuento simpático que se podría haber narrado en menos páginas. Una pena, porque su punto de partida prometía más.

Otras obras de Amos Oz en Un libro al día: Una historia de amor y oscuridadUna pantera en el sótano

martes, 4 de agosto de 2009

Gershom Scholem: El misticismo extraviado

Idioma original: inglés, hebreo, alemán
Fecha de publicación: 2005
Valoración: Muy recomendable

Gershom Scholem (1897-1982) fue el principal impulsor de los modernos estudios sobre la Cábala. Influido por Martin Buber y gran amigo de Walter Benjamin, se sitúa en esa órbita de intelectuales de habla alemana y origen judío que supieron hacer de su ambivalencia una fuente de aguda e innovadora reflexión. En este libro se reúnen, directamente para la edición española, diversos textos extraidos de las contribuciones de Scholem a la Encyclopedia Judaica, así como ponencias y artículos. Todos tienen un denominador común: Sabatai Sevi.

Es probable que este nombre os diga más bien poco. Yo, desde luego, no lo había oído nunca antes de leer este libro. Pero cuando conozcais la historia de Sabatai Sevi, no podréis volver a sumirlo tan fácilmente en el olvido. Para contarla, Scholem retrocede hasta mediados del siglo XVII. La diáspora judía vivía entonces sumida en el miedo. Su actividad religiosa estaba impregnada por las creencias de la Cábala, que habían dado una interpretación esotérica al tradicional mesianismo judío. Estas expectativas místicas hallarían en Sabatai Sevi un foco de intensidad inigualada a lo largo de la historia. Nacido en Esmirna en 1626, sus dotes para el estudio y su religiosidad pronto fueron reconocidas. Antes de los 20 años era ya seguido por otros jóvenes que compartían sus rigores ascéticos y reverenciaban sus conocimientos sobre el Talmud y los escritos cabalísticos. Su carácter inestable le hacía oscilar entre periodos de abatida melancolía y momentos de exaltación espiritual, en los cuales pronunciaba el nombre prohibido de Dios y transgredía las prescripciones rituales.

Esta conducta blasfema hizo que las autoridades rabínicas le desterraran, lo que le obligó a peregrinar entre diversas comunidades de Grecia y Oriente medio. A medida que su erudición y su carisma atraían nuevos seguidores, crecía la audacia de sus transgresiones: comía alimentos impuros, bendecía en nombre de "Aquel que permite lo prohibido" e incluso desposó a la Torá en una blasfema ceremonia nupcial. Su existencia, sin embargo, pasó más o menos desapercibida hasta 1665, cuando un sabio palestino, Natán de Gaza, tuvo una visión en la que Sabatai Sevi se le aparecía como Mesías. Tras el encuentro de ambos en Gaza, los acontecimientos se dispararon y comenzó a extenderse una fiebre mesiánica por toda la diáspora judía. En Amsterdam, Praga, Salónica, Venecia y el Yemen las comunidades se sumaron a una oleada de penitencia, en espera de la restauración del Reino. Ésta llegaría cuando Sabatai Sevi arrebatara la corona del Sultán turco y reuniera al pueblo judío en Tierra Santa.

De ahí que la euforia alcanzara el máximo grado de expectación cuando las autoridades turcas, inquietas por los desórdenes, arrestaron finalmente a Sabatai Sevi, aunque sin hacerle ningún daño y permitiéndole conservar una especie de corte real en prisión. Sus seguidores, sumidos en un estado de exaltación y ascetismo, estaban convencidos de que todo estaba a punto de decidirse. Y, en efecto, así fue, aunque en un sentido que nadie esperaba: el 15 de septiembre de 1666 Sabatai Sevi abjuró del judaísmo y se convirtió al Islam. La primera reacción, claro, fue de estupor, pero los creyentes habían depositado demasiada confianza en el Mesías para admitir ahora la vanidad de su fe. De modo que Natán de Gaza dio un paso decisivo: proclamó que la apostasía de Sabatai Sevi no era ninguna traición, sino un paso necesario para la redención final y la prueba definitiva de su condición mesiánica. Las chispas de divinidad cautivas bajo el dominio de los gentiles sólo podían ser liberadas por el Mesías, que se aventuraba así como un espía en campamento enemigo. La apostasía era sólo la más extrema de sus "acciones extrañas", transgresiones cuyo sentido final era la restauración del Reino y de la divinidad desperdigada.

A partir de entonces, la secta sabateísta se mantuvo fiel a esta paradoja del Mesías apóstata. El propio Sabatai Sevi conservó hasta el final una doble vida, observando los rituales musulmanes y manteniendo su heterodoxa fe mosaica. Después de su muerte, sus seguidores imitaron este ejemplo durante generaciones. En Polonia surgió en el XVIII una secta similar, aunque exteriormente católica, y en Salónica pervivió el sabateísmo hasta comienzos del siglo XX.

A primera vista, el objeto de estudio es en este caso apenas una anécdota histórica. Esta apreciación puede cambiar, sin embargo, si pensamos que el clima espiritual en que vivieron los primeros sabateístas no puede ser muy distinto del de los primeros cristianos, igualmente defraudados en su fe mesiánica e igualmente dispuestos a reinterpretarla en forma paradójica. El perspicaz tratamiento que hace Scholem del tema nos hace reflexionar sobre la tensión inevitable entre los sistemas normativos que surgen de la fe y las violentas fuerzas antinómicas que esta alimenta. Un tema que es, también, el de nuestro tiempo.

Otros libros de Gershom Scholem en ULADWalter Benjamin. Historia de una amistad