lunes, 15 de diciembre de 2014

Jonathan Lethem: Chronic City

Idioma original: inglés
Título original: Chronic City
Año de publicación: 2009
Traducción: Cruz Rodríguez Juiz

Vaya: pues vista de lejos, la portada de Chronic City empieza a tomar sentido. Vaya: foto con grano, aromas warholianos, luego el tigre, cuyos colmillos vienen representados por rascacielos. Manhattan, ya sabéis. 
De cerca, esos aromas son parecidos. Un par de capítulos nos introducen en la disipada vida de Chase Insteadman, antigua figura infantil de una serie de TV cuya vida a costa de las rentas obtenidas se desarrolla en medio de la sociedad neoyorquina, en desplazamientos pendulares entre pisos millonarios de diseño, y de antros cuyos amigotes inquilinos son candidatos a la imagen de Wikipedia para Diógenes. Y Chase Insteadman dobla apuestas en una descabellada ruleta cuyo premio es el alejamiento del anonimato: si por sí solo ya es una celebridad, resulta que su novia, Janice Turnbull, astronauta, se encuentra orbitando a la deriva, alrededor de la Tierra, en una misión acompañada de cuatro rusos. Se ha perdido el control de su nave, que gravita rodeada de minas chinas, con sustanciales problemas técnicos. Desde ella, Janice le envía escritos de nostálgico romanticismo que son la sensación entre un público ávido de culebrones de la vida real. En un control médico que se autopractica, descubre que tiene un cáncer. Ahí abajo, Insteadman, muy solidario, ha sucumbido a los encantos de Oona Laszlo, extraña e intrigante empleada del mundo literario a la par que componente de una troupe de residentes en Manhattan que comparten camello, que comparten extrañas amistades, que comparten extrañas sensaciones de desarraigo, que comparten visitas al piso de Perkus Tooth, una especie de líder en la sombra.

Valoración - hasta aquí (unas 120 páginas): muy recomendable

No lo negaré: el tramo central resulta prolongado. Frente a un recorrido inicial en aceleración, que promete acontecimientos, que aventura una especie de progresivo encaje de piezas que, de repente, tanto se ralentiza que, como lectores, nos tememos que esa vaya a ser otra de esas extrañas piezas literarias cuyo mérito no estriba en su resolución redonda al uso. Porque lo que sucede deja de ser trascendente para la novela. Empieza a ser, simplemente, acumulativo. Entramos en un ciclo, los personajes empiezan a mostrar sus vínculos, empiezan a pasarles cosas, averiguamos que no todas sus relaciones son claras y transparentes.

Valoración - hasta aquí (unas 100 páginas más): recomendable

Conforme van surgiendo personajes, cada vez las circunstancias se hacen más extrañas. Llega un punto en que todo el panorama de concreción que se adivina en un inicio bastante prometedor empieza a desmoronarse (como los edificios que menciona) o a precipitarse por un pozo (como los pozos que menciona). En ese punto concreto, un lector paciente, como juro que procuro ser y consigo ser a menudo, empieza a preguntarse si en alguna página, o grupo de cinco páginas, se ha perdido algún detalle importante, alguna especie de pista que nos prepare o nos aclare lo que se produce a continuación que es - abróchense el cinturón y tengan la biodramina a mano-

Que la salud de la novia que orbita a la deriva ha entrado en un empeoramiento repentino que hace aventurar un mal desenlace. 
Que no nos queda muy claro si lo que se pasea por Manhattan y trae de cráneo a la policía es un tigre escapado del zoológico o una máquina tuneladora que se ha revelado contra su futuro.
Que Perkus Tooth ha salido huyendo tras un conato de delito para hospedarse de ocupa humano en un hotel canino.
Que Watt, el camello común a toda la troupe, confiesa que vende la misma droga bajo distintos nombres para crear entre sus clientes una expectativa de novedad.

Que, y esto es definitivo en la toma de una decisión mía que ya os vais imaginando, uno de los personajes resulta ser el creador de la web Otro Mundo Más, trasunto, imagino, de aquella cosa llamada SecondLife que tanto conmovió al mundo hace unos años y de la que tan pocos se acuerdan o, ya no digamos, usan. Sí, aquello de los avatares. Va, haced memoria.
Y que, por tanto, la prosa, buena prosa, sí, bien escrito lo que está escrito, sí,  precipita la trama por las simas de los misterios, de si acaso todo lo relatado no es un cruce entre realidades y virtualidades, de si ahora me conviene cerrar esto así y esto otro asá. Así lo solucionamos todo: lo incomprensible es que es inventado o es onírico, o es producto de la percepción bajo ciertas substancias o va, averigua dónde te perdiste, seguro que no quieres volver allí, ¿ya dejaste las miguitas de pan?

Valoración- hasta aquí (unas 120 o 130 larguísimas páginas más): estoy, ya, muy mareado

Y ya está: ¿no son casi 350 páginas suficientes? Para qué, ¿las 90 o 100 que me faltan?, ¿para precipitarme aún más hacia abajo en la valoración de algo que me pareció, al principio, un muy buen libro? ¿Para constatar que estoy de acuerdo con el varapalo que le arreó Michiko Kakutani? ¿o para ver cómo esos dos protagonistas acaban fundiéndose en uno solo, que está, el pobre, más desorientado que el protagonista de La casa de hojas cuando se pierde en el laberinto? ¿Para verificar por qué se considera en ciertos círculos a Lethem como un escritor de ciencia-ficción? O quizás para completar una reseña que ya tenía ganas de afrontar, y emplear en ella el tiempo que me ahorro en terminar esta sumamente irregular novela, la mejor, dicen, de su autor.
Acepten mis más sinceras disculpas.

5 comentarios:

Pablo G dijo...

Y todo ello sin nombrar los calderos. Para mí de lo mejor del libro, que yo calificaría de recomendable aunque he de reconocer que le sobran unas 100 páginas hacia la mitad, pero el resto me parece tan bueno que me hace olvidar esta circunstancia.
Un saludo.

Cities: Moving dijo...

Vaya, vaya, vaya. La de tiempo que llevo yo queriendo leerla. De hecho la pillé por amazon pero en inglés, por despiste mío, así que la devolví. Gñ!

marianore dijo...

Hola.
Es la primera vez que escribo en el blog. Lo hago sobre todo porque Jonathan Lethem es uno de mis autores preferidos y me gustaría que no lo dieran por perdido. Es verdad que a mi Chronic City me gustó, aunque tengo que reconocer que le sobran páginas. Además se han topado con la que, en mi opinión, es su novela más complicada. Me gustaría recomendarles (si es que no las han leído ya) La Fortaleza de la Soledad -probablemente su mejor novela-, y Huérfanos de Brooklyn, que también es excelente.
Me atrevo con este comentario porque desde hace tiempo sigo el blog y siempre esperé ver alguna entrada sobre este autor. No lo den por perdido, por favor.
Muy bueno el blog. Saco muchas lecturas de aquí desde hace tiempo.
Un saludo.

Il Gatopando dijo...

Sí, Huérfanos de Brooklyn y La fortaleza de la soledad son muy buenas novelas. Y Los jardines de la disidencia, su última obra, cuya lectura tengo en espera, también promete.

Francesc Bon dijo...

Gracias a todos por los comentarios. Lethem tendrá una segunda oportunidad, claro. Aunque sea porque las primeras páginas me hicieron pensar que, sin la deriva forzadamente pynchoniana, la novela podría ser muy brillante.
Uh, los calderos. Eso de la compra de los calderos por internet me recuerda a las abusivas subastas de jugadores del FIFA15 Ultimate Team. Los que tengan hijos adolescentes ya me entenderán.