domingo, 7 de diciembre de 2014

Colaboración: En mares salvajes de Javier Reverte

Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: Recomendable

En mares salvajes es un título engañoso, como muchas veces ocurre. Parece que nos van a contar alguna gran travesía, que nos adentraremos en esa literatura oceánica que siempre aporta emociones al límite. Pero el libro se subtitula Un viaje al Ártico, que resulta mucho más descriptivo. Y lo sería más aún si rezase Un viaje al Ártico canadiense, que es realmente el objeto del libro. Aunque, claro, con ese título vendería bastante menos.

Javier Reverte, reconocido autor de libros de viajes, inicia su recorrido visitando algunas pequeñas localidades del levante ártico canadiense, y nos introduce así en ese mundo peculiar de las regiones boreales: sus núcleos urbanos, definidos por la meteorología hostil, su población, donde se mezclan funcionarios blancos e inmigrantes de todo el mundo con los nativos inuit (esquimales), la idiosincrasia y agitada historia de estos últimos en su encuentro con la civilización occidental.

Parece quedar claro que lo que busca Reverte no es la erudición, ni desde el punto de vista sociológico ni tampoco literario. Aporta información digamos general, claro está, pero su experiencia personal la transmite como lo haría un amigo, contaándonos cómo son los bares (acabamos conociendo unos cuantos), lo áspero del paisaje o las peculiaridades de un hotel; pero todo ello desprovisto de adornos o aspiraciones estéticas.

Pasamos después a embarcar, ahora sí, en un buque oceanográfico ruso reconvertido para el turismo (una cosa muy post-soviética, desde luego), para navegar el llamado Paso del Noroeste, es decir, la conexión marítima entre el Atlántico y el Pacífico por el norte de Canadá. A causa del calentamiento global, estos mares resultan ahora navegables durante la mayor parte del año, algo insólito en la historia conocida.

La singladura marítima propiamente dicha es en realidad parcial, porque recorre la parte central del Paso, aunque sin llegar a completarlo entre ambos océanos. Según nos la va contando Javier, nos queda la sensación de un viaje bastante menos intenso de lo esperado, la cosa queda un poco en el típico viaje turístico ‘de aventura’ para ricos, y tampoco parece que al autor le impresionase demasiado.

Pero aprovecha Reverte para ir relatando la extenuante búsqueda del Paso durante varios siglos, a través de sucesivas expediciones, patrocinadas casi todas el Almirantazgo del Imperio británico, entonces dominador casi absoluto de los mares. Vamos conociendo historias, a veces apasionantes, de intrépidos marinos que con medios rudimentarios desafían las terribles condiciones del entorno (temperaturas extremas, violentas tempestades, el hambre y la soledad de los parajes árticos) para ir descubriendo, palmo a palmo, los entresijos de ese inmenso laberinto blanco, la mayor parte de las veces a costa de su propia vida. Se nos presentan algunos nombres famosos, como Hudson, Parry, Franklin y por supuesto, Amundsen (sí, el del Polo Sur), junto a otros muchos que van jalonando la epopeya.

De forma que, si el relato del viaje en sí no nos transmite una emoción especial, es en la vertiente histórico-didáctica donde el autor se luce realmente. No sólo va desgranando las diferentes aventuras con buen sentido y de forma amena y clara, sino que tiene la habilidad de ir incrustando las sucesivas historias en los momentos adecuados de su propio viaje.  Como además dosifica con acierto los dos itinerarios narrativos, sin que nos cueste trabajo pasar de uno a otro, se puede decir que la composición le sale perfecta.

Por lo demás, se diría que al propio Reverte la travesía también le supo a poco, como le ocurre al lector. De forma que, una vez finalizada y ya en el continente, decide continuar, explorando por su cuenta parte de los vastos territorios que rodean el curso del río Mackenzie, en los Territorios del Noroeste. Aquí recuperamos al viajero independiente, que se busca sus propios puntos de interés y nos habla de lo que va viendo: remotas y minúsculas poblaciones, minas abandonadas, carreteras que cuadrarían bien al concepto de lost highway, ríos que hay que atravesar en transbordadores… y, sobre todo, hoteles y bares donde charlar con la gente.

Así que la prometedora travesía por mares salvajes se nos queda un poco mustia, no disfrutaremos de descripciones épicas o grandes aventuras. Pero tenemos a cambio un relato, más bien sencillo, bien construido y sin pretensiones, de un tipo que simplemente se gana la vida así: viajando y contando lo que ha visto.

Firmado: Carlos Andia

3 comentarios:

Herschel dijo...

Posiblemente habría mejores títulos pero a mi no me parece desacertado y en absoluto engañoso. Es más que obvio que el Océano Ártico es salvaje y mucho más para los marinos y expediciones que lo navegaron en los siglos XVII y XVIII

Anónimo dijo...

Cierto Herschel. A lo que me refería es a que el relato no responde a la epopeya marítima que se podría esperar del título, sino que es más bien un recorrido, incluso mayoritariamente terrestre, por esas inhóspitas regiones.

En todo caso, el tema del título no pasa de mera anécdota.

Gracias por el comentario y un saludo.

Carlos Andia.

pipo dijo...

javier reverte es un buen escritor de viajes y en ese registro, papel, tesitura o como se diga es un escritor honesto. A mi, que tampoco soy muy exigente, me gusta mucho.