viernes, 2 de septiembre de 2016

Colaboración: Zorba el Griego de Nikos Kazantzakis

Idioma original: griego
Título original: Βίος και πολιτεία του Αλέξη Ζορμπά
Año de publicación: 1946
Traducción: Selma Ancira
Valoración: muy recomendable

Pese a que la figura del escritor griego Nikos Kazantzakis no había tenido apenas presencia y atención en España, en los últimos tres años este vacío se está corrigiendo gracias a la recuperación de buena parte de sus novelas con traducciones y ediciones rigurosas y atractivas. Por un lado, la editorial Cátedra nos ha rescatado El capitán Mijalis, Informe al Greco y La última tentación. Por otro, Acantilado hizo lo propio con Lirio y Serpiente y ahora con Zorba el Griego (Vida y andanzas de Alexis Zorba), quizás la historia que más popularidad deparó a Kazantzakis debido a la versión cinematográfica que el chipriota Mihalis Kakogiannis realizó en 1964 y que se hizo su sitio en el imaginario occidental por la interpretación de Anthony Quinn como Zorba y la melodía del sirtaki compuesta por Mikis Theodorakis.

Para desmentir la máxima de que cine y literatura son lenguajes imposibles o malos de casar, conviene decirlo rápido: si Zorba es una buena y (bastante) fiel película, la novela es aún mejor. En Zorba está por supuesto la gran obsesión de Nikos Kazantzakis, el asunto que soba, muñe, acaricia y amasa una y otra vez: la lucha inagotable del hombre con Dios, la pelea encarnizada de los minúsculos seres humanos por la libertad y el perfeccionamiento personal sin temor, ni esperanza, ni afán de reconocimiento. De esa obsesión moral, metafísica, surge la tenacidad literaria de Kazantzakis, “la tenacidad de la pequeña Chispa que trata de penetrar y vencer la inmensa Noche eterna” en sus propias palabras. Y en este escenario es donde Kazantzakis juega con la amistad, el deseo, el valor, las derrotas –dolorosas y memorables-, las creencias y el relato de las andanzas de Alexis Zorba se nos encarna lúcido y entrañable.

Nikos Kazantzakis conoció a Georges (no Alexis) Zorba en 1917 en Proastio, un villorrio en la costa de Mani (la singular comarca en el sur del Peloponeso donde hizo su morada y nos dejó su memoria en libros Patrick Leigh Fermor) y mantuvieron la amistad de por vida. Escribió la novela en 1944, en la isla de Egina, cerca del puerto del Pireo, frente a Salamina, en plena II Guerra Mundial y con Grecia ocupada por la Alemania nazi, y la ambientó en su Creta natal; la novela desprende, pues, aroma de salvia, menta, romero y ajedrea. La peripecia está fabulada, los personajes y el contexto son reales: “dentro del barco estaban los astutos griegos, las miradas rapaces, las mentes cicateras, la politiquería, un piano desafinado, honradas marujas de lenguas viperinas, la insidiosa y monótona mezquindad provinciana” (pág. 31)

Zorba es minero, buscavidas, curtido en mil batallas y tajos, veterano y vital: “la vida es un lío –siguió Zorba-, la muerte no lo es. Estar vivo, ¿sabes lo que quiere decir? Aflojarte la faja y buscar pelea”. (pág. 135) El coprotagonista, el propio narrador, tiene el perfil contrapuesto; escritor, reflexivo, cerebral, idealista, pusilánime, prefiere pasar la noche con un buen libro de amor antes que buscando el amor; “Nadie puede saberlo con certeza, pensaba: el viejo mundo es tangible, sólido, lo vivimos y lo combatimos en todo momento, existe: el futuro no ha nacido todavía, es inaprensible, huidizo, está hecho del material con el que se forjan los sueños, es una nube expuesta a fuertes vientos –el amor, la fantasía, la suerte, Dios- se dispersa, se compacta, se transforma…” (pág. 87)

Del pulso entre ambas personalidades, de su profundo y visceral desacuerdo, de la disparidad de sus orígenes y anhelos pero también de la fascinación mutua, recíproca y de su capacidad por acompasar sus pasos para perseguir juntos una quimera -¿acaso no son así las amistades, bellas, inasibles, perennes?-, de esa sustancia humana, mágica y fascinante, es de lo que está empastada la trama de Zorba. Por eso, cuando los proyectos ya se han venido abajo, el fracaso se ha impuesto rotundo y la realidad golpea acerba e irrefutable, uno le puede pedir a su amigo que le enseñe a bailar: “Alargó un pie, rozó ligeramente el suelo, alargó el otro, los pasos se entrelazaron salvajes, alegres, la tierra retumbó.” (pág. 350)

Podría ser que en algún lance, Kazantzakis nos quede un pelín grandilocuente, espiritual, misógino. Pero Zorba envuelve, atrapa y arrastra y nos ofrece una visión de la vida, del comportamiento humano y del destino con la que discrepar o coincidir pero que al menos se antoja genuina y ambiciosa, lo que no es poco como experiencia lectora para los desabridos tiempos que corren. El cretense Nikos Kazantzakis, al igual que el siciliano Leonardo Sciascia o la sarda Grazia Deledda, forman parte desde luego de una estirpe de escritores que con un firme anclaje en sus roquedales insulares mediterráneos fueron capaces de contarnos historias sugestivas y universales. Nikos Kazantzakis nunca abandonó su fe cristiana, pese a haber sido excomulgado de la Iglesia Ortodoxa Griega por sus popes; hoy sus restos yacen con hermosa modestia en el Bastión de Martinengo, uno de los más altivos de la muralla que todavía protege Heraklion, capital de Creta, con una vista magnífica sobre el mar Mediterráneo, la vieja ciudad y su puerto y las afiladas montañas que la rodean. Junto a una humilde cruz de madera, su sucinto epitafio: “¡Nada espero, nada temo, soy libre!”

Firmado: Carlos Ciprés

3 comentarios:

Carlos Andia dijo...

Excelente reseña!

Anónimo dijo...

Buena reseña, si señor! Aparte de esta obra y de la poesía de Cavafis, qué obras notables hay en la literatura helena del S. XX? Gracias y saludos!

Anónimo dijo...

La poesía es de Iannis Ritsos es impresionante. Especialmente los monólogos dramáticos de "la cuarta dimensión", que constituyen un ejemplo de la poesía menos política y quizá también menos conocida del autor -a destacar especialmente los monólogos de Helena, Ismene i Crisóstemis-. También Seferis es genial y el malogrado Karyotakis,

Personalmente, Kazantzakis me cuesta un poco más... ¡Ánimo con la literatura griega moderna y contemporánea, de verdad que vale mucho la pena y todavía es una gran desconocida! Muy buena reseña!