sábado, 10 de septiembre de 2016

Ramón J. Sender: Réquiem por un campesino español

Idioma original: español
Año de publicación: 1.953
Valoración: Recomendable

La muerte como sublimación de la conciencia política o de clase, o de las pasiones humanas, es una constante en la literatura española de principios/mediados del siglo XX. Todo parece conducir a ella en un país y una época donde la ‘lucha a garrotazos’ es ya todo un tópico. Por su parte, el réquiem constituye la máxima solemnidad, no sólo vinculada al hecho mortuorio –más aún si ha mediado violencia- sino, sobre todo, a la figura del difunto, sus méritos y valores, su vida interrumpida, a todo lo cual se rinde homenaje a la vista del Altísimo. Es decir, escenificación y semblanza ajustados a las formalidades de la liturgia, con el cadáver todavía tibio. Lo que no está tan lejos de algunas costumbres recientemente importadas, cosa curiosa.

Pero lo decisivo es que el réquiem añade al deceso el componente religioso, fundamental en la cultura española hasta tiempos no lejanos, y asumido, manejado y presentado –con todas sus contradicciones- por la mayoría de autores. Si a la muerte le sumamos por tanto una figura clerical como catalizador, e insertamos todos los elementos en un ambiente rural, dominado por la desigualdad, el atraso y la pobreza, tenemos todos los ingredientes de 'Réquiem... '

Mientras Mosén Millán prepara la misa por el joven Paco el del Molino, el cura va hilvanando sus recuerdos sobre el difunto, de cuya vida completa fue espectador y también un poco protagonista. Paco era un joven campesino, desenvuelto y un punto arrogante, que pronto demostró cierta capacidad para pensar por sí mismo, y en los primeros años 30 (parece que con la llegada de la República, aunque el escenario temporal no termina de estar claro) pasó con toda naturalidad a convertirse en uno de los nuevos dirigentes locales, elegidos democráticamente. No seguiré para no incurrir en espoiler, pero todo huele enseguida a tragedia: los nuevos tiempos políticos vs. los poderes tradicionales, el pueblo inculto y tornadizo, el sacerdote pillado por la Historia en fuera de juego.

La figura del religioso y el entorno áspero de una perdida aldea española hacen pensar inmediatamente en 'San Manuel Bueno, mártir'las semejanzas no van más allá, aunque volvemos a detectar el gusto de muchos autores por poner a los curas en situaciones complicadas: Manuel Bueno tenía un problema de fé, y Mosén Millán lo tiene de conciencia. 

Tampoco vamos a negar que, como les ocurre a muchas otras obras, esta novela es un producto inseparable de su época. No diré que ha envejecido mal –que creo que no-, pero sí que, transcurrido cerca de un siglo desde el tiempo en que se sitúa, en esta etapa de internet y globalización resulta algo difícil identificarse con la situación que propone Sender. De forma que, dentro de lo escueto que es el libro, quizá nos cueste unas cuantas páginas hacernos con ese escenario que nos resulta tan ajeno -aunque puedan no serlo tanto los conflictos que se plantean.

Pero el relato está bien construido y facilita la tarea, manteniendo la apuesta por el realismo y la dialéctica social. Aunque de antemano conozcamos lo que ocurre al final, la narración no pierde el interés, va cambiando poco a poco de tono –del sombrío inicial al mucho más sombrío del final- y la prosa sobria y contundente de Sender no deja que nos alejemos del objetivo. Todo lo que se cuenta tiene un sentido, y no hay nada que sobre.

Y, por si fuera poco, el autor deja algunas imágenes excepcionales, como cuando relata cómo Paco, de chico, salía ‘de la Semana Santa como convaleciente de una enfermedad’. O esa extrañísima aparición de una mula dentro de la iglesia justo antes de la misa, algo que seguro habrá fascinado a otro aragonés ilustre como don Luis Buñuel.

Otras obras de Ramón J. Sender en ULAD: El bandido adolescente


5 comentarios:

Koldo CF dijo...

Novelas reflejo de esa España negra, ignorante y manejada por nobleza y clero como si fuesen su cortijo o su parroquia.
Gran reseña!

Carlos Andia dijo...

Efectivamente, es ese entorno, tan manejado por la literatura de la época, que puede resultarnos hoy día un tanto lejano. Pero que planteaba cuestiones de mucho calado en el ámbito social.

Saludos!

anton corderí dijo...

Lejano?

anton corderí dijo...

Lejano?

Carlos Andia dijo...

Perdona, Anton, igual no me he explicado bien. Quiero decir que hay entornos que nos resultan lejanos geográfica, cronológica o culturalmente, no sé, la Edad Media, el Africa negra o el Asia central en tiempos de Marco Polo. Eso es completamente natural. Pero una historia situada en España hace menos de un siglo quizá debiera ser algo con lo que fuese fácil identificarse. Al calificarlo de 'lejano' o 'ajeno' quiero decir que, no obstante estar hablando del mismo país y un tiempo no demasiado remoto, los cambios tan profundos y acelerados en nuestro modo de vida en las últimas décadas hacen que esa identificación sea bastante más difícil de lo que se pudiera suponer.

Vaya, no sé si lo he aclarado o lo he liado todavía un poco más.

Un saludo.