viernes, 16 de septiembre de 2016

Isaac Rosa: La mano invisible

Resultado de imagen de la mano invisible isaac rosa amazonIdioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: Está bien

Comenzaré por el final. En las páginas que cierran la novela –tan teatrales como cualquiera de las otras–  tiene lugar una escena muy fin de fiesta, especie de recapitulación de lo leído a cargo de uno de los coprotagonistas, el vigilante de la nave, donde viene a decirse que, por mucho que el trabajo se sublime, nadie se prestaría a realizarlo si no necesitase el sueldo. Una obviedad, sí, pero relativa. Porque detrás de ese monólogo de clausura podemos imaginar a Isaac Rosa escribiendo con rigor y paciencia, documentándose a base de bien, incluso exprimiendo sus neuronas –con poco éxito, por cierto–para aflojar la tirantez del ambiente a base de monólogo interior y momentos de agresividad más o menos soterrada entre personajes, pero sin pasión, obligado por la necesidad de ganarse, él también, las lentejas. Algo que nota el lector desde esas primeras líneas en que un albañil, del que no sabemos nada, detalla con una minuciosidad y parsimonia irritantes cada uno de los movimientos necesarios para levantar una pared de ladrillos. Y, créanme, son bastantes, tantos y tan aburridos que dan ganas de arrojar el libro al mar y rezar para que alimente a las ballenas.  Porque yo en eso soy tajante: o leo o no leo. Jamás he practicado lo que llaman lectura en diagonal, entre otras cosas porque distorsionaría radicalmente la opinión que voy a formarme de un texto; imposible saber cuánto puede aburrirnos si lo leemos a saltos. De ahí que me lo trague todo, palabra por palabra, incluidas digresiones –que en este caso, como digo, amenizan un poco el conjunto–, momentos bajos y hasta posibles incongruencias. Hace falta dar oportunidades al cabreo. O a lo que sea, pues si hacemos trampas perdemos la posibilidad de enfadarnos más de la cuenta, pero también de reflexionar con los pensamientos que nos salgan al paso o de saborear hallazgos impactantes.
El autor experimenta con las perspectivas de su idea original y ese experimento tiene por objeto otro: un montaje o performance donde varias personas ejercen su oficio en un escenario con público. Algo ciertamente inusual, pero no demasiado sorprendente después de lo que llevamos visto. Cada capítulo refleja los pensamientos de uno de estos trabajadores en un estadio concreto del proyecto, de forma que cada punto de vista hace avanzar la acción un poco más, hasta el desenlace, tan coherente como previsible, incluso un puntito irónico.
La plantilla –donde, por cierto, se oculta un esquirol– está constituida por carnicero, operaria, informático, administrativa, teleoperadora, mecánico, costurera, limpiadora, camarero y mozo –inmigrante por más señas–además de los dos mencionados, y hasta una prostituta ocasional fuera de nómina. Tampoco faltan los merodeadores y vagabundos que visitan la instalación de incógnito para aliviarse, consumir o desfogar sus ánimos con un poco de vandalismo.
El título no se ha puesto al azar: se entiende por “mano invisible” el mecanismo espontáneo que caracteriza a toda sociedad capitalista haciéndola progresar por el simple impulso de sus leyes internas. De ahí que la novela, desde su planteamiento hasta el último detalle, contenga una carga crítica implícita, un guiño irónico sobre la cacareada utopía de que el trabajo realiza y pone en marcha una sociedad (casi) perfecta. Se trata por tanto de una sátira, del retrato de un estrato social y de una indagación sobre la experiencia laboral, sus posibilidades, frustración, reglas y límites, entendiendo por tales las condiciones de cualquier tipo que alguien, el que sea, está dispuesto a soportar a cambio de un salario. Límites que no son homogéneos, pues, como se demuestra a lo largo de la trama, dependen de la experiencia, capacidad crítica, espíritu de sacrificio, ideología, inteligencia, docilidad, resistencia, penosidad de las tareas, vocación, ambiciones, rebeldía, conciencia de clase, naturaleza reivindicativa etc. de cada uno de los individuos.
Eso en cuanto al fondo. El estilo, como es lógico, tiende a la monotonía y, en sus momentos más logrados, recuerda mucho al Saramago de Ensayo sobre la ceguera, tanto que somos incapaces de disfrutar unos párrafos más agradables que la media pero que se intuyen calcados de otro sitio.

En pocas palabras, novela con protagonista coral, bienintencionada y bastante trabajada, pero carente de chispa debido a la rigidez de planteamientos consustancial al subgénero de tesis.

3 comentarios:

Koldo CF dijo...

Coincido en un alto porcentaje con la reseña, aunque la valoración me parece un poco generosa.
El planteamiento, muy de Saramago, es lo más interesante del libro. El resto, para mí, decepcionante. Sobre todo, personajes estereotipados, situaciones estiradas en exceso, páginas que sobran, etc.
Fue lo primero que leí de Isaac Rosa y, hasta ahora, lo último.

Un abrazo

Juan G. B. dijo...

Gracias por reseñar este libro, compañera: yo llevaba un tiempo planteándomelo, pero no me acababa de decidir... ¡ahora ya no tengo dudas!

Montuenga dijo...

Hombre, Koldo, un "Está bien" es entre cinco y seis, creo. y se lo ha ganado por las buenas intenciones y la exhaustiva documentación, porque estamos de acuerdo en que de literario, nada. (¡Qué susto! al leer lo de valoración generosa pensé que me había confundido y le había puesto un "Recomendable". :)

No hay de qué, Juan. Supongo que no tener dudas, en este caso, significa que desistes. Te vas a perder un buen ladrillo, aunque es cierto que su análisis del mundo del trabajo sería interesante si lo hubiese expuesto de otra forma.