lunes, 27 de junio de 2011

Sergio Oiarzabal: Traductor de sueños por Babilonia

Idioma original: español
Año de publicación: 2010
Valoración: que lo digan los lectores

Sé que muchos de los que hacemos Un libro al día nos hemos estado reprimiendo para no escribir esta reseña para que no se nos acuse de "conflicto de intereses". Porque entre los colaboradores de este blog están los editores de Masmédula, la editorial que lo publica; porque varios de nosotros estuvimos implicados en su publicación; y porque como ya dije cuando reseñé Delicatessen Underground, del mismo autor, Sergio es un gran amigo nuestro, mío y de casi todos. Además, este es un libro muy especial para nosotros, muy emotivo, inesperada y desgraciadamente póstumo, hecho con el apoyo, la colaboración y el cariño de mucha gente, entre ella la familia del propio Sergio.

Sin embargo, no querría que esta carga emotiva, ni esta implicación personal que tenemos muchos de los ULADianos, despistase al lector de una verdad fundamental: este es un libro magnífico, y lo sería igualmente aunque nosotros no hubiéramos tenido nada que ver, si lo hubiera escrito un tal Paco Pérez de Badajoz. Es un poemario incandescente y brutal, porque así era su autor, un creador prodigioso de imágenes oníricas pero al mismo tiempo un meticuloso trabajador incansable de sus versos. Al margen de las tristes circunstancias de su publicación, Traductor de sueños por Babilonia es un libro que merece una reseña, y no dársela habría sido injusto.

Traductor de sueños por Babilonia continúa la línea poética de Delicatessen, que mezcla el surrealismo de estirpe clásica, con la tradición de la lírica amorosa española y europea, y con el personalísimo mundo de símbolos de su autor; aunque entre ambos libros, separados por apenas tres años, se percibe, diría yo, un proceso de decantación y afinamiento de los materiales y del lenguaje poético. Dentro de la habitual fogosidad expresiva de Sergio, Traductor es quizás un libro más contenido y depurado que Delicatessen, aunque no por ello menos conmovedor.

No sorprenden (a quien conozca la obra anterior de Sergio Oiarzabal) ni los temas -el amor, la poesía, la muerte- ni los recursos poéticos; pero eso no significa que se trate de un libro trillado, de una vuelta atrás: los hallazgos lingüísticos y la imaginación desbordada del poeta hacen que leerlo sea una nueva aventura cada vez. Parece un texto inagotable y siempre nuevo. Las prosas poéticas alternan con los poemas en verso; lo luminoso y lo gozosamente érotico, lo oscuro y lo trágico tienen cabida en un mismo volumen, en un mismo poema, en un mismo verso. Aunque uno de los textos se titula "Arte poética", en mi opinión hay otro (que aparece en el libro inmediatamente antes) que expresa mejor lo que la poesía era, lo que debía de ser, para Sergio: "El oficio de lo inalcanzable":

ESCRIBIR ES BESAR LO QUE NO SE AMA
(Dado que amar es casi todo.)
Es despedirse sin querer separarse del abrazo,
querer abrir la mano de semillas en lo que está lejos.

Escribir es amar lo que no se besa
(Dado que besar es ciertamente lo más oscuro.)

Es éste el oficio de lo inalcanzable.

En estos versos, creo ver un estilo nuevo, más puro y más conciso, que podría haber llevado a Sergio a nuevas tierras poéticas. Nos dejó, como obra maestra última, este Traductor de sueños por Babilonia. Leerlo no es solo un placer y un descubrimiento: es una obligación.

1 comentario:

jagirreo.es.tl dijo...

Debo decir que he compartido este libro, que es una maravilla en todos los sentidos, con amigos poetas en Temuco, Chile. Cada verso de Sergio es un reguero prendido de pólvora, un fogonazo, una iluminación. Este libro no merece una, sino muchas reseñas. Es testimonio de un alma entregada a ojos ciegos a la poesía, a su terrible gozo. Pocos como Txiki tan entregados a su arte, con pasión semejante a la de Miguel Hernández, con quien tanto quería. Las letras de Oiarzabal arden, su eco es ancho, su fuego no se apaga, permanece.