domingo, 26 de junio de 2011

Zoom: "El hombre que pudo reinar" de Rudyard Kipling

Idioma original: inglés
Título original: "The Man Who Would Be King"
Año de publicación: 1888
Valoración: Está bien

Después de leerme el libro y de empezar a informarme para escribir la reseña, descubro que hay algunas similitudes entre Naipaul, autor de Miguel Street o El sanador místico, y Rudyard Kipling, autor de "El hombre que pudo reinar" o de El libro de la selva: los dos recibieron el Premio Nobel; los dos nacieron en una colonia británica (el primero, en Trinidad y Tomago; Kipling, en la India); después, los dos se instalaron en la "metrópoli", Inglaterra, y viajaron por el mundo a lo largo de su vida. Pero por supuesto estas similitudes son superficiales, y de hecho casi se podría considerar a los dos escritores como opuestos, o complementarios: Kipling era un británico nacido, casi accidentalmente, en la India, y sus narraciones son por lo tanto las de un "occidental" que observa asombrado y algo desorientado un mundo al que no pertenece. Naipaul, quizás a su pesar, es un "indígena" reconvertido en metropolitano que retrata el mundo en el que nació con cierto aire de superioridad.

"El hombre que pudo reinar" (quizás una traducción más acertada habría sido "El hombre que iba a ser rey") es un ejemplo de este eurocentrismo narrativo típico de Kipling, y de muchos otros autores como él: se trata de un relato largo, o una novela corta, que cabría en el género de aventuras, aunque con tintes de farsa trágica. Se sitúa en la India de mediados del siglo XIX, y presenta la historia de un triángulo de personajes: el narrador, un periodista afincado en la India, y dos pícaros y aventureros, Daniel Dravot y Peachey Carnehan, quienes le piden ayuda en su plan para convertirse en reyes de un lejan (y real) reino de Kafiristán. Meses despúes, Carnehan vuelve, enloquecido y deshecho, y le cuenta el relato de su afortunada conquista del trono y su posterior caída en desgracia.

Aunque basada en la historia real de James Brooke, un británico que consiguió convertirse en Rajá de Sawarak, el relato resulta a veces demasiado inverosímil o paradójicamente irreal, por la sucesión de casualidades y buenas fortunas que acompañan a los personajes en su ascensión. La última parte, donde se relata la caída y desaparición del fugaz reinado, y la suerte de sus protagonistas, es más oscura, más interesante, más humana. Más cruel, también. Todo el tono comico que pudiera existir en la primera parte, se evapora. Al final, queda una sensación extraña, como de haber asistido a una broma que se ha salido de madre y que ha terminado pasando factura a sus protagonistas.

Por supuesto, muchos conoceréis la adaptación cinematográfica de 1975, con Sean Connery y Michael Caine en los papeles principales. Yo no la he visto, pero la veré en breve.

1 comentario:

Salvador Cerdá dijo...

Ese tono irreal, es interesante. Parece como si Kipling quisiera decir te voy a contar una historieta. Esto es ficción. Y sin embargo te va a parecer que detrás de todo ello hay algo de verdad. Es algo así como el "negativo" del realismo. Ojo que la novela es de 1888.