jueves, 9 de junio de 2011

Alejandro Dumas (hijo): La dama de las camelias


Idioma original: francés
Título original: La Dame aux camélias
Año de publicación: 1848
Valoración: recomendable

Esta novela de amor, a caballo entre las corrientes romántica y realista, se encuentra seguramente alejada del gusto del lector actual. Aún así, la trama típica de chico-conoce-chica no deja de ser curiosa, ya que la chica en cuestión no es una joven pura y virginal, digna de todas las alabanzas de su amado, sino una mujer de vida entretenida. De vida alegre. Una mujer pública.

Y es que, hablando en plata, Margarita Gautier es una prostituta. Las camelias del título hacen referencia al ramo de flores que la dama llevaba consigo en todas sus apariciones públicas: cinco días al mes, las camelias eran rojas; el resto del tiempo, blancas. (Y, aunque ahora, al leer esta reseña, podáis pensar "Buah chaval qué obvio", la consigna aparece tan velada en el texto que habría mucha gente que no la pillara... como de hecho le ocurrió al amigo que me recomendó la novela).

No obstante, el punto de vista desde el que se nos refiere esta triste historia no es el de Margarita sino el de su amante, Armando Duval (al loro con los nombres telenovelescos). Todo ello, enmarcado a la vieja usanza por un narrador al que el propio protagonista confía los hechos y que se decide a ponerlos por escrito para dar cuenta del excepcional ejemplo de esta cortesana que fue capaz de renunciar a su vida de lujos, deudas y orgías por amor a un hombre.



Por eso, yo diría que la novela es romántica no solo en su temática sino en su conclusión: el amor es, para Margarita Gautier, una fuerza redentora capaz de lavar de un plumazo los pecados de toda una vida de excesos.

En mi opinión, lo que Dumas hace con esta novela es humanizar la figura de la cortesana. Critica la hipocresía y la falsa amistad que se les prestaba a estas mujeres, que podían vivir rodeadas de admiradores y morir en la más absoluta soledad una vez perdida la belleza que las dotaba de valor.

La sencilla prosa de Alejandro Dumas, hijo del afamado Alejandro Dumas autor de Los tres mosqueteros o El conde de Montecristo, es cautivadora: el lector sabe desde la primera página el final de la historia y aún así necesita seguir leyendo para desentrañar el cómo y el por qué de semejante término.