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lunes, 12 de diciembre de 2011

James M. Barrie: Peter Pan en los Jardines de Kensington

Idioma original: inglés
Título original: Peter Pan in Kensington Gardens
Fecha de publicación: 1906
Valoración: recomendable

Ya avisé hace poco en otra entrada del blog de que ando algo obsesionado últimamente con Peter Pan. Bueno, pues vuelvo a la carga. En esta ocasión os quiero hablar de una de las versiones menos conocidas del relato. Y es que no se trata sólo de que la historia de Peter Pan haya sido adaptada y versionada en infinidad de ocasiones desde que James M. Barrie la imaginara, es que ella misma es una versión desde su inicio.

En efecto, ya reseñé aquí la novela titulada Peter and Wendy, de 1911, avisando de que había una obra de teatro siete años anterior en la que Barrie contaba la misma historia. Pero es que el personaje de Peter Pan nació algo antes, en 1902 para ser exactos. Fue entonces cuando Barrie publicó una novela titulada El pajarillo blanco, en la que un tal Captain W. se dedicaba a contarle cuentos a un niño llamado David. En realidad, esta novela no hace sino ficcionar la relaciónd de amistad del autor con George Llewelyn Davies, el niño para quien Barrie imaginó el personaje de Peter Pan a lo largo de sus paseos conjuntos por los Jardines de Kensington.

Dentro de El pajarillo blanco, varios capítulos se dedican íntegramente a contar la historia de Peter Pan, pero, eso sí, de un Peter Pan que a muchos resultará desconocido. Para empezar, no se trata de un niño casi pre-adolescente, como en todas las versiones posteriores, sino de un bebé de siete días, un bebé que escapa volando de su casa al saber que algún día crecerá. Así llega a la isla del lago de la Serpentina en los Jardines de Kensington, habitada sólo por pájaros y hadas. Cuando, tiempo después, se cansa de jugar con sus nuevos amigos, decide volver a casa volando, sólo para descubrir que la ventana por la que escapó está cerrada y que su madre abraza a un nuevo bebé. Desolado, vuelve a su isla para vivir allí como un niño para siempre.

Por supuesto, las diferencias con la versión final son muchas (nada de indios ni piratas, por ejemplo), pero también son numerosos los elementos que aparecen ya en este relato germinal (la isla, las hadas, la imposibilidad de crecer...). En general, el relato carece del atractivo que alcanzaría más tarde, pero creo que sirve sobre todo como contrapunto para indicar por dónde iban las intenciones de Barrie. Aquí quedan mucho más claras algunas de las referencias mitológicas, sobre todo en lo referente al apellido del protagonista... En esta versión primera Peter Pan todavía tiene una cabra (que perderá más tarde) y gusta de tocar el caramillo para entretener a las hadas; ambos claros atributos del dios griego Pan. También es un Peter algo más macabro, puesto que se dedica a enterrar a los bebés que mueren al caer de sus carritos.

Se me olvidaba añadir que, para complicar aún más esto de las versiones, los capítulos sobre Peter Pan de El pajarillo blanco se publicaron de manera autónoma en 1906 bajo el título Peter Pan en los Jardines de Kensington. Para entonces los niños londinenses ya llevaban dos años acudiendo en masa a ver las representaciones teatrales de Peter Pan, donde este aparecía algo más crecidito y luchando ya con piratas en la Isla de Nunca Jamás. Ya sé, ya: un lío.

También de James M. Barrie en ULAD: Peter Pan

viernes, 31 de julio de 2009

James M. Barrie: Peter Pan

Idioma original: inglés
Título original: Peter and Wendy
Fecha de publicación: 1911
Valoración: Muy recomendable

Supongo que si nos preguntaran a cualquiera de nosotros, en principio todos responderíamos que sí, que claro que conocemos la historia de Peter Pan, el niño que no quería crecer. Y quizá no estemos del todo desencaminados. Ha habido tantas versiones y adaptaciones de esta historia, que es difícil, casi imposible, que no hayamos oído hablar de Wendy, Campanilla o el temible Capitán Garfio. Yo empecé a leer el libro convencido de que reconocería cada giro de la historia, y más bien temiendo que sería empalagosa, inocentona y cursi. Un cuentecillo para niños, vaya; aún peor, un cuentecillo para niños victorianos.

Pues bien, me equivocaba en todo. La lectura de Peter Pan ha sido una gran sorpresa. Y no sólo porque no recordara el argumento en todos sus detalles, sino porque la narración se mantiene en un nivel muy alto en todo momento, es cualquier cosa menos cursi y tiene una carga simbólica que ya la quisiera mucha literatura "de adultos". Así que vaya por delante mi agradecimiento a Santi, que hizo que me picara la curiosidad y me dejó el libro. Su edición, por cierto, está traducida por Leopoldo María Panero. Supongo que no será la única traducción disponible y, desde luego, me temo que tampoco será la más fiel, pero eso importa bien poco. No he leído el original inglés, así que no puedo apreciar del todo el trabajo de Panero, pero, en general, creo que logra dar con un tono inmejorable para la atmósfera del libro y además tiene algunos pasajes bellísimos.

El texto es una novelización de la obra de teatro que escribió Barrie en 1904, con el título Peter Pan, el niño que no quería crecer. Pero parece que la primera aparición del personaje es aún algo anterior. A partir de entonces, las versiones literarias, teatrales, cinematográficas, etc. se han sucedido hasta hoy. Aquí podéis ver la lista de adaptaciones que recoge la Wikipedia. No es de extrañar, desde luego, porque los personajes que inventó Barrie tienen un algo de arquetipo moderno que nos atrapa.

El Peter Pan original tiene muy poco que ver con el niño simpático y travieso que nos presentó Disney. Es un niño, sí, pero un niño que destripa piratas con gran satisfacción. Cae simpático, pero es bien consciente de ello, y exige de cuantos le rodean una sumisión sin resquicios a su carisma. Sus travesuras le absorben de tal manera que es capaz de arriesgarlo todo (y a todos) en el éxtasis de la acción. Barrie presenta a un Peter Pan tiránico y alegre, obstinado y olvidadizo, adorable y cruel. Es decir, un Peter Pan que es niño en un sentido mucho más real que el de Disney. Aquí la infancia es ese estado de exuberancia de las fuerzas que se vive más acá del tiempo; y no el tema para ilustrar una caja de galletas.

Y digo más acá del tiempo con toda intención, porque creo que eso es algo que cobra especial importancia en la versión de Barrie. En la novela, Peter Pan no recuerda nada, y tampoco espera ni teme nada. Para él no existen el pasado ni el futuro, sólo un presente infinito, un constante equilibrio sobre el destello que existe entre lo que aún no vino y lo que ya se fue. No está más allá del tiempo, en una quieta eternidad desde la que se divisaran todos los instantes. No: está cautivo por completo de su propia acción, sumido todo él en el vértigo de su propia existencia, hasta el punto de ser, en la práctica, actividad pura. No hay en él casi conciencia de si, ni tampoco, por tanto, verdadero afecto ni verdadera inteligencia.

Peter es un personaje-idea, sin duda genial, pero con el que resulta difícil empatizar. El Capitán Garfio, en cambio, es un ser humano. Él sí vive en el tiempo: recuerda su aristocrática educación, teme al cocodrilo y espera acabar algún día con Peter Pan. Por eso hay en él verdadero afecto (maldad y compasión) y verdadera inteligencia. Y por eso, también, es un personaje trágico, porque él, que está hecho de tiempo, no puede sino verse perdido, como nos veríamos todos, en una isla llamada de Nunca-Jamás.

También de James M. Barrie en ULAD: Peter Pan en los jardines de Kensington

domingo, 13 de noviembre de 2011

Silvia Herreros de Tejada: Todos crecen menos Peter

Idioma original: castellano
Fecha de publicación: 2009
Valoración: recomendable

Pues lo siento, pero me vais a tener que aguantar. Resulta que estoy inmerso en una obsesión algo preocupante en torno a la figura de Peter Pan. Es, en parte, trabajo, pero también una de esas felices ocasiones en las que el trabajo te da la oportunidad de ocuparte de lo que te apasiona. El caso es que preveo unas cuantas reseñas en las que flotará la sombra rebelde del niño que nunca crece. Esta es una de ellas.

Hace más de dos años (¡por todos los garfios: dos años ya!), os hablaba de cuáles fueron mis impresiones tras la lectura de la novela original de J.M. Barrie: Peter Pan y Wendy (de 1911). Ya entonces explicaba por encima que Peter Pan y el resto de personajes tienen muy poco que ver con la versión light, plana y manipulada que nos ha vendido Disney. Ni Peter es (sólo) el niñito encantador de la película, ni el capitán Garfio es ningún risible patán. Lo curioso es que no resulta tan fácil buscar una "historia original" y echar la culpa a todas las adaptaciones que la falsearon, porque, en realidad, lo que tenemos desde el mismo principio es una sucesión de adaptaciones: la novela de la que hablé es una versión de la obra de teatro de 1904 (que, por otro lado, Barrie cambiaba cada año), y la obra de teatro tiene un antecedente en un cuento publicado en 1902, y este cuento no hace sino fijar los relatos que el propio Barrie contaba a George y Jack Llewelyn Davies en los jardines de Kensington, y estos relatos se alimentaban de las novelas feéricas y de aventuras que leía su autor...

Precisamente para orientarse en este constante círculo narrativo de cuyo centro emerge la figura mítica de Peter Pan, el libro de Silvia Herreros de Tejada resulta muy útil. La autora investiga en profundidad las sucesivas versiones del personaje, a lo largo de las cuales cambia muchísimo. Así, por ejemplo, el Peter Pan de 1902 es mitad bebé mitad pájaro, y tiene apenas unas semanas de vida. A medida que evoluciona la relación de Barrie con los niños Llewelyn Davies (de quienes acabó siendo tutor, a la muerte de sus padres) cambia también el personaje, hasta el punto de que resulta imposible ignorar el humus biográfico del que emerge la historia. Quedarnos ahí, sin embargo, nos haría incapaces de explicar la altura mítica que ha alcanzado Peter Pan con el paso del tiempo, y este es un error que Herreros de Tejada evita cuidadosamente.

Se trata, en general, de un estudio esclarecedor para los interesados en la intrahistoria de la obra de Barrie. Hay de fondo una paciente investigación de las fuentes originales, y se ofrece también una gran variedad de interpretaciones que proceden de fuentes secundarias. Es aquí, creo, donde más zozobra Herreros de Tejada, que a veces da la sensación de perderse en esa recolección de voces ajenas, sin dejar claro al lector cuál es su propia postura. En cualquier caso, es quizá el mejor estudio sobre Peter Pan accesible en castellano.

martes, 20 de marzo de 2012

Donna R. White y C. Anita Tarr (eds.): Peter Pan dentro y fuera del tiempo

Idioma original: inglés
Título original: Peter Pan In and Out of Time
Fecha de publicación: 2006
Valoración: está bien

Antes que nada tengo que reconocer mi miedo de que Paula quiera cortarme la cabeza con la traducción tan sumamente literal que he hecho del título de este libro. Porque resulta que no, no se ha publicado en castellano, así que la versión de arriba es mía y, me temo, no demasiado buena. Probablemente hay algún tipo de juego de palabras o de connotaciones que no capto en el título en inglés, pero, bueno, hasta ahí he llegado. De hecho, no es casual que el libro no esté accesible en castellano. Para encontrar una publicación como esta, que se encargue con seriedad del análisis crítico de una obra de "literatura infantil", uno tiene que acudir sin remedio a bibliografía en inglés. Ahí nos dan mil vueltas. En concreto, este libro forma parte de una serie, editada por la estadounidense Children's Literature Association, que se ocupa de clásicos de la "literatura infantil" en el momento de su centenario (a El maravilloso mago de Oz le han dedicado otro, por ejemplo).

(Permitidme dos incisos. Y qué ibais a hacer, más que permitírmelos, ¿verdad? ¡Como si pudiérais hacer otra cosa! En fin... Primer inciso: pongo siempre entre comillas la expresión "literatura infantil" porque me parece de lo más ambigua y poco exacta. Desde luego, si algo NO es Peter Pan es literatura escrita para un público infantil o, al menos, exclusivamente infantil. Pero dejémoslo estar. Segundo inciso: sí, sí, la serie irá de centenarios y todo lo que quieran, pero el libro es de 2006 y Peter Pan se estrenó como obra teatral en 1904. Ya está dicho.)

Este libro reúne en un solo volumen un conjunto de estudios de diversos autores que diseccionan la obra maestra de J.M. Barrie desde muy diferentes puntos de vista. Así, por ejemplo, se sitúa el relato de Peter Pan en la tradición de las novelas de piratas o en el contexto de la estética decadentista del fin de siècle, se analiza su relación con la mitología céltica o el tratamiento que hace Barrie de cuestiones como la raza o el género. Todos son estudios bien argumentados y documentados, escritos con rigor académico. Eso significa que no es en absoluto legible como divertimento, pero que es una obra de consulta imprescindible si estás interesado en la interpretación crítica del relato y el personaje de Peter Pan.

Pese a la variedad de temas y enfoques, diría que todos comparten un cierto clima común, explicable por el clima general que prevalece en la crítica académica en estos momentos: ya se sabe, eso que llaman cultural studies, con todas sus variadas secuelas. El tratamiento del sexo, el género, la raza y la clase social en el relato merecen en todos estos estudios una especial atención, y los autores a menudo tratan de determinar (de un modo más o menos explícito) si Barrie trata estos temas de un modo, digamos, reaccionario o progresista (o tradicional y subversivo, como se quiera).

Lo gracioso es que dentro de la amplia bibliografía secundaria sobre Peter Pan uno puede encontrar todo lo que quiera: Barrie es presentado como un infame imperialista que justifica la inferioridad de otras razas o como un osado revolucionario intelectual que mina los cimientos ideológicos del Imperio; para unos es un misógino repugnante y para otros un autor atento a la psicología de las mujeres de su tiempo. Y todo esto con la presencia constante de las mismas citas. No digo que todo valga en la crítica literaria, ni mucho menos. Lo que sucede es que a menudo el crítico pone de su parte en la lectura mucho más de lo que está dispuesto a reconocer. Evitar eso es precisamente el reto.

martes, 1 de octubre de 2013

Jaime Cuenca: Peter Pan disecado

Idioma original: español
Título completo: Peter Pan disecado. Mutaciones políticas de la edad
Año de publicación: 2013
Valoración: Recomendable

Peter Pan  no es un libro cualquiera: es uno de los mitos modernos  más conocidos, comentados y sugerentes, capaz de cautivar la imaginación de escritores, artistas y críticos desde que asomó la cabeza hace ya más de un siglo. Por eso tiene mérito que Jaime Cuenca (nuestro Jaime Cuenca, colaborador de este blog) se hay atrevido a hincarle el diente y, lo que es más importante, que haya conseguido decir algo nuevo y explicar algunas claves del libro desde perspectivas diferentes a las habituales.

Peter Pan disecado no es un análisis filológico, un close reading que se ciña al texto para explicar de dónde viene o que significa cada palabra o cada frase, o cuál fue la génesis del texto o qué influencias literarias lo condicionaron (aunque algo de eso hay en los primeros capítulos del libro); su análisis vincula la obra de Barrie, y sus sucesivas versiones y adaptaciones, con muy diversos aspectos sociales, culturales, ideológicos o filosóficos del momento en el que fue escrita, en particular con el modo en que la edad se construye socialmente en el último siglo y medio. Así, el texto teatral original se relaciona con la configuración de la infancia en el mundo burgués decimonónico; la adaptación de Walt Disney de 1953 con el "miedo al adolescente" durante la Guerra Fría, o la figura del Garfio decadente de Hook con la predominancia de la juventud perpetua en el actual capitalismo seductivo.

Pero quizás el mayor defecto de Peter Pan disecado (uno de esos defectos-que-no-son-un-defecto) es que Jaime ha sido demasiado modesto en el título y en la introducción, limitando (aparentemente) el tema de su texto a la configuración social de la edad a través del tiempo. En realidad, hay en este libro mucho más: referencias a la conceptualización de la sexualidad y el género; a la evolución del espacio doméstico en la sociedad burguesa; a la substitución de diversos modelos de virilidad; al consumismo seductor y sus fantasmas... todo ello tomando el texto de Barrie como base, que no como excusa.

Sin ser ni banal ni excesivamente erudito, Peter Pan disecado consigue ser original, provocador y al mismo tiempo riguroso en sus lecturas y referencias. Por eso, este es un libro que gustará sobre todo a los fans de la figura de Peter Pan, que quieran ver una lectura diferente de los habituales tópicos biografistas o freudianos, y a mentes curiosas a las que les guste enfrentarse a planteamientos nuevos sobre textos literarios, planteamientos distintos a los habituales en el mundo de la crítica literaria sensu estricto. La edición de Consonni, minimalista pero cuidada, también contribuye a que este sea un libro que apetece tener en la mano...

domingo, 26 de febrero de 2012

Ann Yeoman: Ahora o Nunca Jamás. Peter Pan y el mito de la eterna juventud

Idioma original: inglés
Título original: Now or Neverland. Peter Pan and the Myth of Eternal Youth
Fecha de publicación: 1998
Valoración: está bien

Cuando Peter Pan empezó a ser sometido a una crítica académica, esta echó mano sobre todo de instrumental freudiano. Y es que material hay de sobra. Por ejemplo: Peter dice sentir un visceral rechazo por las madres debido a que la suya supuestamente le abandonó, pero luego se dedica a proyectar el rol maternal sobre toda mujer que se le acerca. Si a esto le sumamos ciertos aspectos algo escabrosos de la personalidad de su autor, Barrie, pues tenemos el panorama perfecto para que un psicoanalista freudiano se ponga hasta las cejas de fijación materna, complejo de Edipo y demás.

Sin embargo, esta no es la única interpretación sobre Peter Pan que puede ofrecer el psicoanálisis. También tenemos a Jung, el alumno díscolo, y su teoría de los arquetipos, que son imágenes que pueblan el inconsciente colectivo y afloran a la conciencia del sujeto a través de sueños y creaciones artísticas para encarnar ciertas tensiones psíquicas. Pues bien, uno de ellos es lo que Jung llamaba el puer eternus, es decir, el niño eterno. Un arquetipo que simboliza en todos nosotros la vitalidad, espontaneidad y el júbilo unidos a la juventud. Poco tardaron los críticos junguianos en ver en Peter Pan un perfecto puer eternus. Ann Yeoman es quien lo ha explicado con mayor empeño y profundidad.

En el libro hace primero una breve revisión sobre lo que se ha dicho acerca del arquetipo del niño eterno, para repasar después diversas encarnaciones del mismo; dioses clásicos, sobre todo: Dioniso, Hermes, Pan. Y es que parece que no, pero no son pocas las coincidencias del personaje de Barrie con estas divinidades. El apellido, para empezar. Pero también la capacidad de volar, o de manifestarse en sueños, por ejemplo. Yeoman hace un pormenorizado análisis de la novela original a la luz de las ideas de Jung. Consigue así ofrecer una lectura reveladora de Peter Pan, aunque, claro, inevitablemente ligada a una teoría psicológica que a mí, al menos, me parece que tiene sobradas debilidades.

Tengo la sensación de que la ambigüedad esencial de los arquetipos junguianos es la excusa perfecta para torcer la interpretación hasta que coincide con lo que uno quiere decir, reclamando además para la misma un carácter trans-histórico que no se sostiene. Eso sí, a Yeoman hay que agradecerle que fuera una de las primeras críticas que decidiera dejar de lado el morbo que acompaña al autor y centrarse sólo en su obra.

jueves, 6 de febrero de 2020

Escritores de película (resopón de la Semana del Cine)

Cine y literatura siempre han tenido una relación estrechísima, no sólo porque muchos autores se han dedicado también a escribir guiones (y guionistas, libros) o porque muchísimas películas, antes del aluvión actual de adaptaciones de videojuegos o series de televisión, están basadas en novelas o relatos; también porque la figura del escritor o escritora ha sido siempre muy atractiva para la cinematografía, puede que incluso más que la de los propios cineastas, y desde luego , mucho más que profesiones como fontanero, tallador de fruta o quiromántico (aunque mucho menos que soldados, policías, gángsters, bibliotecarias de Texas o cualquiera que vaya por la vida con un arma en la mano).

Revirando, pues, el sabio aserto que aconseja no leer libro protagonizados por escritores -misión imposible- ni ver películas sobre cineastas, hago notar que existen un montón de films que tienen a escritores de protagonistas, ya sean como personajes reales o de ficción (mejor dicho: más o menos de ficción). la variante más obvia de este tipo de películas son las llamadas "biopics", es decir, películas biográficas que retratan toda o una parte sustancial de la vida de algún personaje conocido; aunque, ciertamente, en ocasiones resulta difícil saber de antemano quién es la figura biografiada: Capote, Wilde, Tolkien, Dovlatov, Yesenin, Mary Shelley, La joven Jane Austen, Las hermanas Brontë, Mishima, una vida en cuatro capítulos... Se lo han currado a tope, ¿eh? Incluso Miss Potter, encarnada por la simpática Renée Zellweger, resulta fácil de identificar para el público anglófono como la madre de Harry... perdón, de Peter Rabbit. Hay que fijarse un poco más, eso sí, cuando el título de la película es tan sólo un nombre de pila: Iris (Murdoch), Enid (Blyton), Colette... bueno, éste no tanto. Resulta más sugerente -aunque el contenido no tiene por qué ser más interesante- cuando el título es menos obvio: Antes que anochezca, sobre Reinaldo Arenas haciendo de Javier Bardem, Tierras de penumbra, sobre C. S. Lewis o la inefable Ábrete de orejas, acerca del malogrado dramaturgo Joe Orton. Rebelde en el centeno, ni os digo sobre quién trata...

Otras películas también se encuadran dentro del biopic, pero circunscribiéndose a un periodo concreto de la vida de los biografiados (a menudo la época en la que estaban escribiendo una determinada obra):

-Shakespeare in love: El joven William se enamora, escribe Romeo y Julieta, afronta con gallardía contratiempos y peligros -como una reina Isabel que bien podría ganar el certamen de drags de Tenerife- para al final encontrarse con que su amada se ha ido con el multimillonario Richard Stark, que además es un superhéroe y mola mil.

-Historia de un crimen: James Bond cae en una trampa de Spectra y es encerrado en una cárcel de Kansas, adonde el MI6 envía a sus agentes Ruiseñor y Gorrión -a.k.a. Harper Lee y Truman Capote- para liberarlo. No lo consiguen y Bond es ejecutado, con lo que ahora se encuentran en el brete de tener que elegir a un nuevo 007.

-The End of the Tour: Precuela de Bienvenidos a Zombieland en la que David Foster Wallace con  sempiterna bandana en la cabeza y un (aún más) imberbe Columbus tratan de sobrevivir juntos al estallido del apocalipsis zombie. Sólo uno lo consigue.

-Remando al viento: Cómo hubiera sido Cuatro bodas y un funeral a principios del siglo XIX en una villa a orillas de un lago suizo, cuando la gente se aburre porque se acaba el bebercio y no disponen aún de Netflix.

-Las horas: Virginia Woolf mete mano en la caja de la editorial Hogarth Press para amueblar a su gusto su habitación, pero cuando le miente al respecto a su socio y marido, le crece la nariz de forma insospechada.



Bueno, vale, lo dejo ya; no hace falta que sigáis enviando más anónimos amenanzantes... Tan sólo dejadme mencionar La importancia de llamarse Oscar Wilde, sobre los últimos días de este escritor; Gringo viejo, sobre la desaparición en México de Ambrose Bierce; Descubriendo Nunca Jamás , con Johnny Depp (con un peinado normal, aunque ya había difrutado lo suyo como Hunter S. Thompson en Miedo y asco en las Vegas) haciendo de J. M. Barrie, el autor de Peter Pan o Carrington, acerca del enamoramiento (fallido) de esta artista hacia el escritor Lytton Strachey. Si se me permite, mi película favorita de esta categoría es una acerca de un escritor mucho menos conocido: La gran estafa (The Hoax), sobre el intento de vender unas falsas memorias de Howard Hugues que hizo Clifford Irving.

Por último, una modalidad igualmente interesante (o más) es la de la ficción con escritores inventados y aasumiendo todo tipo de roles: desde villanos de diferente pelaje -El resplandor, La mitad oscura, Balas sobre Broadway, Insomnio- a víctimas en mayor o menor grado -Misery, Barton Fink, Basada en hechos reales...- pasando por, como no podía ser de otra manera, el papel de testigo de los hechos o de su realidad circundante: La gran belleza, Medianoche en el jardín del bien y del mal... o incluso una mezcla de todo lo anterior, como ocurre en esa película , basada en una novela de Robert Harris y protagonizada por la curiosa figura del escritor "negro o "fantasma": El escritor. Tenemos también al escritor "señor Miyagi" en Descubriendo a Forrester, al aquejado de una curiosa forma de bloqueo consistente en no poder dejar de escribir de Jóvenes prodigiosos y, por fin, al escritor que ha llegado al que se supone es el culmen de su profesión, como Paul Newman en la deliciosa El premio (quizás mi película favorita sobre escritores, NEVER EVER).


Porque curiosamente (y tranquis, que ya acabo) es en el género de comedia donde encontramos gran catidad de películas con escritor incorporado: autores de best-sellers en La selva esmeralda, Mi testigo preferido o Mejor imposible -recordemos al impagable personaje interpretado por Jack Nicholson-; patosos remedadores de Extraños en un tren: Tira a mamá del tren, con Danny de Vito y un Billy Cristal como escritor aquejado, también él , de bloqueo (esta circunstancia aparece mucho en el cine) o enredados en curiosas tramas metaliterarias: Desmontando a Harry o Más extraño que la ficción (en este caso y aunque el escritor sea un guionista, no puedo dejar de mencionar  Adaptation (El ladrón de orquídeas), de Spike Jonze, con un Nicholas Cage que por fin sacó partido a su cara de acelga). Y no puedo dejar de mencionar aquí al auténtico Rey de la Comedia, al escritor/actor que más risas nos ha heho pasar en el cine y que seguro que aún nos deparará monmentos deliciosos: Michel Houellebecq, estrella absoluta -con permiso de Depardieu- de El secuestro de Michel Houellebecq y Thalasso.


Amigos para siempre, lailo-lailo-lailo-lá...


Nota: los títulos de las películas son los que han tenido en su estreno en España, por lo que pueden diferir con respecto a los de otros países y, desde luego, respecto a los originales... Así, por ejemplo, Historia de un crimen es, en realidad, Infamous, y The Happy Prince se tradujo como La importancia de llamarse Oscar Wilde, para sonrojo de todos o al menos del que suscribe.

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Joe Hill: Cuernos


Idioma original: inglés
Título original: Horns
Año de publicación: 2010
Traducción: Laura Vidal
Valoración: recomendable, por lo menos...

¿Recordáis aquellos libros de Crea tu propia aventura que hacían las delicias de los chavales (de algunos) en la era pre-internet? Pues imaginemos por un momento que estamos leyendo/jugando con uno de ellos:

-Eres un joven escritor de cierto talento que quieres dedicarte a la literatura fantástica y de terror, pero con la buena o mala suerte de que tu padre es EL PUTO REY del género. ¿Qué haces?:

A/ Dejarlo y dedicarte a profesiones alejadas de los libros, como analista financiero, carpintero de ribera o profesor de literatura comparada.
B/ Aceptar con orgullo tu apellido y escribir novelas como Barrie (la historia de un adolescente con poderes telepáticos que se venga de sus compañeros de high-school publicando sus más oscuros secretos en el grupo de whatsapp de la clase) o Pufo, sobre un caniche endemoniado.
C/ Matar a tu padre, enterrarlo en el jardín y suplantar su personalidad, poniéndote unas gafas de culo de vaso y una astrosa gorra de béisbol.
D/ Utilizar otro apellido y escribir las novelas más originales que puedas.

Por suerte, Joe Hill escogió esta última opción y. al menos en esta su segunda novela, se atrevió con una historia que muy bien podía haber imaginado un escritor ruso del XIX o incluso del XX (mientras les dejara el padrecito Stalin)... ¿Que no? Pues me permito transcribir el primer capítulo, para que os hagáis una idea (tranquis, que es cortito):

"Ignatius Martin Perrish pasó la noche borracho y haciendo cosas terribles. A la mañana siguiente se despertó con dolor de cabeza, se llevó las manos a las sienes y palpó algo extraño: dos protuberancias huesudas y de punta afilada. Se encontraba tan mal -débil y con los ojos llorosos- que al principio no le dio mayor importancia, tenía demasiada resaca como para pensar en ello o preocuparse.

Pero mientras se tambaleaba junto al retrete se miró al espejo situado sobre el lavabo y vio que por la noche le habían salido cuernos. Dio un respingo, sorprendido y, por segunda vez en doce horas, se meó en los pies."

¿Qué, no podría ser el comienzo de un cuento de Gogol, o incluso un cuento entero de Chéjov? ¿De Bulgakov, Bábel? Bueno, da igual; el caso es que esto es lo que le ocurre al protagonista de Cuernos: de la noche a la mañana le crecen un par de ellos en la cabeza. Y no sólo eso, tales cuernos acarrean además el poder de que las demás personas de confiesen exactamente lo que están pensando y cuales son sus verdaderos deseos, así como darle a conocer los secretos más ocultos de la gente. Algo de lo más revelador sobre la naturaleza humana, pero muy duro, puesto que Ig o Iggy es considerado por muchos como el sospechoso principal de la violación de su novia Merrin... Ig, que siempre ha sido un poco lila, se transforma, pues en una especie de demonio (y sin "especie de"), lo que aprovecha para averiguar quién mató en realidad a su novia y buscar venganza. la novela pasa entonces de ser algo parecido a un sátira social -incluso una "fábula moral"- a un thriller con tintes sobrenaturales. Ahora bien, que nadie piense que se trata de un best-seller al uso, con sus cliffhangers y sus red herrings aquí y allá, con un lenguaje sencillito para no espantar a ningún lector. Vale que no es Faulkner (de acuerdo: tampoco Gogol), pero Hill maneja aquí más recursos literarios y un estilo más depurado que muchos escritores modernetes que se marcan el hype de la semana (no digamos si son españoles); ¡caramba, si hay momentos de esta novela que bien podían haber salido de la mano de Eugenides o incluso del mismísimo Raymond Carver!

Bueno, de acuerdo, tampoco me voy a flipar tanto: es cierto que este libro se puede enmarcar dentro de lo que llamamos "literatura comercial" (etiqueta que me resulta tan desconcertante como la de "novela literaria") y no pretende ser otra cosa. No obstante, resulta una novela no sólo entretenida sino de una calidad notable, tanto en lo que respecta a la estructura narrativa y al estilo, como a las sutilezas teológicas que propone  -estupendo el "sermón ante las serpientes" del capítulo 28-; al igual que posee, por qué olvidarlo, un sentido del humor bastante negro, que ayuda a quitarle solemnidad a determinados momentos de la narración, y, por ello, hacer más verosímil una historia ya de por sí nada creíble. Aunque tampoco hace falta creérselo, claro; basta con disfrutar de esta lectura y sentir un poquito de simpatía por el diablo.


lunes, 10 de septiembre de 2018

David Torres: Palos de ciego

Idioma: español
Año de publicación: 2017
Valoración: bastante recomendable

"Un soneto me manda hacer Violante
y en mi vida me he visto en tal aprieto..."

Supongo que a todo el mundo le sonará este ingeniosos y excelso truco de Lope de Vega (ignoro si existen antecedentes) de componer un soneto explicando cómo se hace, precisamente... un soneto. La idea nos será aún más familiar, quizás, porque en estos tiempos de autoficción y metaliteratura -de la buena y de baratillo-, es un recurso al que han acudido muchos escritores, con resultados apreciables, en algún caso -HHhH, por ejemplo- o previsiblemente plúmbeos en otros -Hombres buenos de Pérez-Reverte, que yo recuerde-; pues bien, es el mismo que utiliza David Torres, e incluso de forma más descarada (o desenvuelta, si se prefiere) en este Palos de ciego: escribir un libro explicando cómo escribió -o, en este caso, no escribió-, un libro.

No lo escribió porque el libro que el pretendía hacer, desde más de veinte años atrás, no era éste, sino una novela titulada Borrón, sobre -o alrededor de- un episodio confuso, casi desconocido, de la época estalinista: la supuesta matanza en Ucrania, de cientos de músicos ambulantes ciegos, los conocidos como kobzari -también lirniki o banduristi, según el instrumento que tocaran-, para evitar que continuaran cantando por las calles y plazas sus canciones tradicionales, no demasiado acordes con el espíritu soviético revolucionario. Torres nos cuenta cómo va tirando del hilo de esta historia, a partir de una mención en las supuestas memorias de Shostakóvich, cómo va recopilando los escasos datos que puede y, sobre todo (y a pesar de) una gran bibliografía acerca de la época; sus intentos de urdir una ficción con tan frágiles mimbres, sus desánimos y abandonos, los intentos renovados... Alternando, además, esta narración de un libro fantasma con el descubrimiento de su fantasma particular: la figura (o no figura) de su hermano muerto al nacer un año antes que él y que llevó su mismo nombre -o es el escritor el que heredó el nombre de su hermano, más bien-; ambas existencias truncadas, novela y hermano, articulan todo el libro, aunque no son los únicos espectros presentes en sus páginas: están, por supuesto, los personajes ficticios de Borrón, pero también figuras reales, incluso notorias, ya desaparecidas... Grandes músicos como Shostakóvich, Prokófiev o la pianista María Yúdina (genial la historia sobre el Concierto para piano nº 23 de Mozart); escritores como  James Barrie o el poeta Osip Mandelshtam; alpinistas británicos o alemanes que perecieron en su asalto a los ochomiles... Y la presencia más  ominosa de todas, la de Iósif Stalin, el dictador soviético al que presuntamente -o no- se le puede hacer responsable de la matanza de los juglares ciegos, aunque fuera sólo una gota en el océano de muertes a su cargo (algo que, de todas formas, matiza bastante Torres).

También están, por supuesto, los fantasmas que pueblan la propia memoria y que solemos llamar recuerdos. los de la infancia o de la juventud letraherida, en este caso... Aquí, Palos de ciego comparte cierta actitud "autoficcional" e incluso telón de fondo, con los últimos libros de otro escritor madrileño de su generación, Antonio Orejudo. Aunque en el caso de éste la autoficción no es más que, creo, una excusa irónica o juguetona para revirar hacia la ficción sin más adjetivos, mientras que en el libro que nos ocupa, se trata de la argamasa que une elementos, componentes que, en principio, se diría que difícilmente iban a ligar entre sí. Si David Torres lo ha conseguido o no, lo debe decidir cada lector. Yo digo que sí.


Otros títulos de David Torres reseñados en Un Libro Al Día: Punto de fisión

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Quién participa en el sorteo de tres libros

Salvo error nuestro (que puede pasar, no somos infalibles aunque lo parezcamos), esta es la lista de las personas que han participado a través del blog, de twitter o de facebook, en el sorteo que propusimos para conmemorar nuestras 1000 entradas, diciéndonos cuál era su favorito de entre los libros que hemos reseñado, y que por lo tanto pueden ganar un ejemplar de Loca Novelife, de Elvira Rebollo; Belfondo, de Fusa Díaz, o Quédense dentro y cierren las ventanas, de Iratxe Jaio y Klaas von Gorkum (ed. Consonni):
  1. @LucioRecalde (Twitter) votó por La maravillosa vida breve de Oscar Wao de Junot Díaz
  2. Irene (blog) votó por El viento de la luna de Antonio Muñoz Molina
  3. Beatriz Alday (blog) votó por Las uvas de la ira de John Steinbeck
  4. Miguel Yuste Ayarzaguena (facebook) votó por La insoportable levedad del ser de Milan Kundera
  5. @ComprensLectora (twitter) votó por Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello
  6. Yessica del Amo Sánchez (facebook) votó por El viento de la luna de Antonio Muñoz Molina
  7. Luisa (blog) votó por El bosque animado de Wenceslao Fernández Flores 
  8. Palimp (blog) votó por Shaun Tan
  9. Koldo (blog) votó por La higuera de Ramiro Pinilla 
  10. @RIC5AN (twitter) votó por La escritura o la vida de Jorge Semprún
  11. Josep M. Maya (blog) / @Mayaestudi (Twitter) votó por Aullido de Allen Ginsberg 
  12. Aída (blog) votó por Rebelión en la granja de George Orwell
  13. Marta Graupera Sanz (blog) votó por Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello
  14. mientrasleo (blog) votó por Novela de ajedrez de Stefan Zweig
  15. Juan Cruz López (blog) votó por Los detectives salvajes de Bolaño
  16. toni_mp (blog) votó por Africanus, el hijo del cónsul de Santiago Posteguillo
  17. Gallo (blog) votó por La Tregua de Benedetti 
  18. Natalia M. (blog) votó por 13,99€ de Frederic Beigbeder 
  19. Escanyabruixots (blog) votó por La conjura contra América de Philip Roth
  20. NoPuedoConMiVida (blog) votó por Metrópolis, de Ferenc Karinthy
  21. Itzitxu (blog) votó por Seda de Alessandro Baricco
  22. Avellaneda (blog) votó por Ayer, de Agotha Kristof
  23. Joss Nieve (twitter) votó por El pirata garrapata
  24. Ayudante (blog) votó por Peter Pan de James M. Barrie
  25. AnnaMaria (blog) votó por ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? de Philip K. Dick
Si nos hemos olvidado de alguien, que hable ahora, porque una vez que hagamos el sorteo y enviemos los libros ya no hay vuelta de hoja. Y como no somos un organismo oficial, las reclamaciones, al maestro armero. El sorteo se celebrará la semana que viene en Bilbao, y a falta de notario, será documentado con abundantes y absurdas fotografías, que se publicarán junto con el resultado del sorteo.

Como hay tres libros para sortear entre 25 personas, la probabilidad de ganar uno de ellos es (si no me equivoco) de cerca del 12%. Mucho mejor que la lotería de Navidad. Seguro que los que no participasteis en el sorteo estáis ahora tirándolos de los pelos...

Por cierto que, entre los libros por los que han (habéis) votado los lectores, los sorprendentes ganadores, con dos votos cada uno, son Seis personajes en busca de autor de Luigi Pirandello y El viento de la luna de Antonio Muñoz Molina.



viernes, 8 de octubre de 2010

Grandes villanos literarios en el archivo ULAD

Durante esta semana hemos hablado de algunos grandes villanos literarios de hoy y de siempre (Satán, Daniel Quilp, Heathcliff, Briony), pero sería injusto no hacer mención a otros, a los que no hemos dedicado una entrada por el simple hecho de que ya hemos hablado de los libros en los que aparecen. Estos son algunos de nuestros "malos favoritos":

-El Capitán Garfio, en Peter Pan, de James Barrie. Uno de esos villanos a los que es imposible odiar. Torturado por Peter Pan y sus Niños Perdidos, perseguido por el cocodrilo y su reloj, el Capitán Garfio es un malvado carismático que despierta nuestra simpatía y nuestra comprensión; sobre todo por contraposición con el niño-eterno, que es sencillamente insoportable.

-Jean-Baptiste Grenouille, en El Perfume de Patrick Süskind. Con su nariz todopoderosa, su espíritu de supervivencia y su absoluta falta de escrúpulos, este perfumista/asesino es uno de los personajes más originales e inquietantes de la narrativa del siglo XX.

-Domingo, en El hombre que fue jueves, de G. K. Chesterton. Pero ¿es Domingo verdaderamente un villano? ¿Es un héroe? ¿Es un diablo? ¿Es un semidiós? Es necesario leer la novela para poder contestar a esa pregunta. E incluso, después de leerla...

-Eso en It, de Stephen King. No sabemos qué es, cómo nació, de qué está hecho. Lo conocemos sencillamente como "eso", o, en su encarnación de payaso, como "Pennywise". Lo que sí sabemos es que nos da miedo. Mucho miedo. Ah, y que aquí todos flotamos.

-Annie Wilkes, en Misery, por seguir con Stephen King. Una voraz lectora de ideas fijas e higiene difusa: alguien que no quisiéramos tener como vecina. La gran pantalla ha hecho célebres algunos de sus peculiares métodos de enfermería.

-Dorian Gray, en El retrato de Dorian Gray, de Oscar Wilde. El perfecto dandy inglés seducido por la tentación de la eterna juventud, cuya degeneración moral y física se van reflejando en su retrato y no en su cuerpo, es ya un mito moderno de la literatura universal. Y además, con el incomparable estilo de Wilde.

-Dexter Morgan, en El oscuro pasajero (y los demás de la serie), de Jeff Lindsay. Porque antes de ser una serie de éxito, Dexter fue un personaje literario.

-El Coronel Kurtz en El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad. Otro de esos villanos enigmáticos, complejos, hipnóticos, capaz de dominar una novela en la que solo aparece en el último tercio, y de despedirse con una de esas frases memorables y mil veces repetidas y parodiadas: "¡El horror! ¡El horror!".

-Sauron, en El Señor de los Anillos, de J. R. R. Tolkien. Como no necesita presentación, pasemos al siguiente.

-El padre de Kafka, en Cartas al padre, o lo que es lo mismo, esa forma inaprensible y opresiva del poder que torturó al pobre Franz toda su vida, y sin la cual nunca habríamos tenido obras maestras como La metamorfosis, El castillo o El proceso. (Vale, igual es un poco excesivo llamar villano al pobre hombre, pero ya se entiende...)

-Voldemort en la heptalogía de Harry Potter, de J. K. Rowling. El reverso tenebroso del héroe, el lado oscuro de la magia, el-que-no-debe-ser-nombrado, que fue adquiriendo relevancia (y poder) a medida que los libros avanzaban y la serie iba volviéndose más adulta y más oscura. Hasta el gran enfrentamiento final...

Seguro que nos hemos olvidado de muchos otros, pero así os dejamos opción a vosotros, los lectores, para que nos habléis de vuestros "villanos de cabecera". Así que adelante, los comentarios son vuestros: ¿quiénes son vuestros malos favoritos?