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martes, 15 de noviembre de 2016

Antón Chéjov: La gaviota / El jardín de los cerezos

Idioma original: ruso
Título original: Чайка (Chayka) / Вишнëвый сад (Vishniovy sad)
Traducción: Augusto Vidal
Año de publicación: 1.896/1.904
Valoración: Recomendable


Empieza uno leyendo ‘La gaviota’ y de golpe aparecen unos diez personajes con nombres como Iliá Afanásievich Shamráiev, Nina Mijáilovna Zariéchnaia, o Yevgueni Serguiéievich Dorn, a los que Antón Pávlovich Chéjov llama casi siempre (tampoco siempre) por el apellido, pero que a veces (la mayoría) se llaman entre ellos por el nombre de pila, cuando no mediante diminutivos. O sea, todo un currelo para el lector abrirse paso en ese galimatías eslavo. Pero no importa. Dejamos la marca en el dramatis personae y con paciencia vamos consultando quién es quién. De momento, las sensaciones no son demasiado buenas: la primera impresión es la de unos individuos de clase acomodada, dedicados a las artes o a profesiones liberales, y de rasgos predominantemente anodinos. Vamos, que prometen pocas emociones.  

Pero los libros tienen a veces sus misterios. Porque a lo largo del segundo acto, o sea, más o menos a mitad del libro, sin darnos cuenta esos personajes parecen volverse nítidos, y ya casi los distinguiríamos en caracteres cirílicos. El grupo se ha reunido para presenciar el estreno informal de la obra teatral del joven Trépliov. Tras el rotundo fracaso, los asistentes mantienen charlas cruzadas, en las que distinguimos dos líneas principales: la de los amoríos más o menos soterrados y nunca correspondidos, y las conversaciones sobre literatura, que enfrentan a Trépliov con el reconocido escritor Trigorin.

Es llamativa la naturalidad con que se expresan los personajes, mostrando en conjunto un ambiente ligeramente decadente bajo el que discurren pasiones que casi siempre parecen pequeñas, propias de seres aburridos y velados por el cinismo. Pero lo más llamativo es la habilidad con la que Chéjov presenta la corriente argumental, incluso los sucesos más relevantes de la historia, no en escena, sino en un segundo plano. De hecho, el citado Trépliov, sobre el que pivota el resto del elenco, es seguramente el personaje que menos interviene, e incluso creo que ni siquiera llega a aparecer en el segundo acto.

Por lo demás, esos personajes que empezaron por parecer insípidos, acaban por constituir un cuadro interesante de su segmento social (que veremos mejor dibujado en el siguiente drama), y apuntan algunos elementos del ideario creativo de Chéjov.

Más interesante me resulta ‘El jardín de los cerezos’, donde se muestra a una familia aristocrática arruinada. Al hermano mayor, Gáiev, se le empieza a ir un poco la olla, y su hermana Liubov Andriéievna Raniévskaia acaba de regresar de París sin un céntimo. Así que, ante la inminencia del embargo, el comerciante Lopajin les propone algo tan moderno como una operación inmobiliaria: construir casas de veraneo para alquilar, en el jardín donde languidecen los viejos cerezos a los que nadie hace caso desde hace décadas. Sí amigos, no se trata de la España de principios del siglo XXI; esto es Rusia, y estamos en 1.904. 

La grieta económica define la crisis del viejo sistema y el choque con la llegada de los nuevos tiempos: mientras nuestros aristócratas hacen equilibrios para no perderlo todo, la burguesía –muchos de ellos descendientes de los mujiks- muestra su pujanza, y algunos de sus miembros se convierten en banqueros y prestamistas de sus antiguos amos. Entretanto, el estudiante Trofímov (un personaje ligeramente bohemio, que tiene que ver con el Trépliov antes comentado) elucubra sobre Rusia, critica sin piedad a sus intelectuales y clama por romper con su pasado, su brutalidad, su ignorancia.

De esta forma, el planteamiento queda mucho más patente que en ‘La gaviota’ –tal vez es también más simple-: el tal Trofímov es una especie de faro que, en una época donde se ponen en tela de juicio los fundamentos del sistema, intenta guiar hacia el camino correcto. A diferencia de sus amigos, parece haber entendido la situación, e intenta afrontarla sin verse superado. 

Como digo, las dos obritas constituyen dos retratos de esa sociedad rusa de principios del siglo XX en que las cosas parecen llamadas a cambiar, aunque las resistencias son poderosas y muy arraigadas. En ese contexto, personajes sumamente humanos intentan conservar sus sueños, alcanzar sus amores o hacer valer sus opiniones literarias o artísticas. El mundo se mueve, pero sus protagonistas están todavía perplejos y descolocados, deseando creer que pueden conservar algo de su antiguo estatus.

Otras obras de Anton Chejov en ULAD: Tres años

domingo, 24 de enero de 2010

Miguel Ángel Muñoz: El síndrome Chéjov

Idioma original: español
Fecha de publicación: 2006
Valoración: Muy recomendable

Este libro lo componen once relatos con los que el lector pasará un buen rato de la mano de (según mi opinión) uno de los mejores cuentistas jóvenes españoles: Miguel Ángel Muñoz.

“El mundo del relato es el del atajo, y para desbrozarlo no sirve el machete, sino la navaja”, dice el autor en un acertadísimo prólogo en favor del relato que les pido que no se salten; merece la pena, sobre todo si son de los que piensan que el cuento es un género tan estimable como la novela. Aprovecharé este punto para señalar otra reflexión de Muñoz que comparto al cien por cien: que en España el relato es un género respetado pero no admirado. Pero no teman, amantes del buen elixir en frasco pequeño: aquí llega un sensato, talentoso, fresco y sugerente escritor dispuesto a acabar con semejante injusticia.

El estilo de Muñoz es ágil, directo, respetuoso con el lector y donatario de una indudable capacidad de sugerir sin marear al personal que muy pocos escritores contemporáneos poseen. Normalmente, cuando leo obras de escritores recién salidos del horno, compruebo que los neófitos se mueven entre dos tierras: la de los demasiado cargantes y la de los demasiado frugales.

Pero El síndrome Chéjov es la excepción que confirma la regla: sin despeinarse, su creador nos regala once historias muy diferentes que, sin caer en el realismo mágico, el surrealismo o esa manía de salpimentar las hojas con insinuaciones dejando al lector la tarea de "armar", deleitan.

Como otras veces, no quiero dar muchos detalles de las tramas de las once historias; me gustaría que este buen libro fuera una sorpresa para los que se decidan a leerlo tras esta reseña. De todos modos, he de decir que "El rapto de Woody Allen" me pareció una lograda golosina agridulce; "La hija única", una dura y pérfida fábula con niña mala de manual; "Antón Chéjov, médico", que inspira el título de la obra, una deliciosa historia inspirada sin complejos en el glorioso costumbrismo ruso que roza el clímax estético y argumental cuando narra cierto episodio en una playa con un espejo de por medio...

Y el lector también se topará en estas páginas con un Homer Simpson más patético que nunca, y la desintegración tranquila y sosegada de una pareja muy ocupada.

Muy recomendable.

Por cierto: el escritor tenía un blog con el mismo título del libro, pero creo recordar que ha finalizado su andadura no hace demasiado...

jueves, 13 de enero de 2011

Colaboración: Raymond Carver: ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?


Idioma original: inglés
Título original: Will You Please Be Quiet, Please?
Año de publicación: 1976
Valoración: Muy recomendable

Cuentan que una vez le preguntaron a Raymond Carver si sus cuentos eran minimalistas, y su respuesta fue: "Yo no sé qué es eso del minimalismo. Yo sólo quería escribir como Chéjov". A pesar que su obra no tiene comparativa con la de Chéjov, parece que esta particular forma de ver (y crear) el relato breve fuera parte de su sello como escritor.

Prolífico autor de varios cuentos y poemas, Raymond Carver, uno de los referentes indiscutidos del denominado "realismo sucio", tardó muchos años en escribir su primer conjunto de relatos: ¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? Cuando empezamos a leerlos, podemos darnos cuenta de que sus palabras están escritas con una armonía especial, que nos obliga a adoptar un cierto ritmo de lectura, para después, sentarnos a disfrutar la tirada de páginas que siguen. Porque Carver tuvo esa pericia de usar pocas y precisas palabras para describir una situación, dejando que el contexto hablara por sí sólo y permitiera adentrarnos en el nudo de sus historias. ¿Son acaso extravagantes, violentas o espectaculares? No. Son la vida misma de la sociedad norteamericana, según cómo la vio Carver.

Son 22 historias que revelan con ironía y con mucha frialdad cierta clase de prejuicios y valoraciones de aquella época. Sin ir más lejos, podemos ver algo de ello en el relato "Vecinos": para una pareja de novios, cuidar la casa de sus vecinos amigos mientras estos se van de vacaciones es la excusa perfecta para satisfacer sus deseos, de todo tipo, en casa ajena. Porque siempre van a gozar mejor su vida de pareja de la misma forma que lo hacen sus vecinos que a su manera. Por eso, la novia señala: "Me gustaría que fuéramos nosotros quienes saliéramos de viaje". O en el relato "No son tu marido": un hombre se empeña en hacer que su mujer luzca más esbelta a los ojos de cualquier hombre, para luego hacerse pasar por otro y decirles: "¿Qué le parece la chica? ¿No le parece una preciosidad?"

En general, a lo largo de este conjunto de relatos, Carver utiliza historias aparentemente triviales para dar a conocer (muchas veces a través del plano psicológico) particulares perspectivas de vida, de relaciones con la familia o con la sociedad misma, que escritas con una prosa muy lacónica y fragmentaria, una vez que las agarras, no las puedes soltar.

Otras obras de Raymond Carver en ULAD: De qué hablamos cuando hablamos de amorCatedral

Firma invitada: Ismael

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Joe Hill: Cuernos


Idioma original: inglés
Título original: Horns
Año de publicación: 2010
Traducción: Laura Vidal
Valoración: recomendable, por lo menos...

¿Recordáis aquellos libros de Crea tu propia aventura que hacían las delicias de los chavales (de algunos) en la era pre-internet? Pues imaginemos por un momento que estamos leyendo/jugando con uno de ellos:

-Eres un joven escritor de cierto talento que quieres dedicarte a la literatura fantástica y de terror, pero con la buena o mala suerte de que tu padre es EL PUTO REY del género. ¿Qué haces?:

A/ Dejarlo y dedicarte a profesiones alejadas de los libros, como analista financiero, carpintero de ribera o profesor de literatura comparada.
B/ Aceptar con orgullo tu apellido y escribir novelas como Barrie (la historia de un adolescente con poderes telepáticos que se venga de sus compañeros de high-school publicando sus más oscuros secretos en el grupo de whatsapp de la clase) o Pufo, sobre un caniche endemoniado.
C/ Matar a tu padre, enterrarlo en el jardín y suplantar su personalidad, poniéndote unas gafas de culo de vaso y una astrosa gorra de béisbol.
D/ Utilizar otro apellido y escribir las novelas más originales que puedas.

Por suerte, Joe Hill escogió esta última opción y. al menos en esta su segunda novela, se atrevió con una historia que muy bien podía haber imaginado un escritor ruso del XIX o incluso del XX (mientras les dejara el padrecito Stalin)... ¿Que no? Pues me permito transcribir el primer capítulo, para que os hagáis una idea (tranquis, que es cortito):

"Ignatius Martin Perrish pasó la noche borracho y haciendo cosas terribles. A la mañana siguiente se despertó con dolor de cabeza, se llevó las manos a las sienes y palpó algo extraño: dos protuberancias huesudas y de punta afilada. Se encontraba tan mal -débil y con los ojos llorosos- que al principio no le dio mayor importancia, tenía demasiada resaca como para pensar en ello o preocuparse.

Pero mientras se tambaleaba junto al retrete se miró al espejo situado sobre el lavabo y vio que por la noche le habían salido cuernos. Dio un respingo, sorprendido y, por segunda vez en doce horas, se meó en los pies."

¿Qué, no podría ser el comienzo de un cuento de Gogol, o incluso un cuento entero de Chéjov? ¿De Bulgakov, Bábel? Bueno, da igual; el caso es que esto es lo que le ocurre al protagonista de Cuernos: de la noche a la mañana le crecen un par de ellos en la cabeza. Y no sólo eso, tales cuernos acarrean además el poder de que las demás personas de confiesen exactamente lo que están pensando y cuales son sus verdaderos deseos, así como darle a conocer los secretos más ocultos de la gente. Algo de lo más revelador sobre la naturaleza humana, pero muy duro, puesto que Ig o Iggy es considerado por muchos como el sospechoso principal de la violación de su novia Merrin... Ig, que siempre ha sido un poco lila, se transforma, pues en una especie de demonio (y sin "especie de"), lo que aprovecha para averiguar quién mató en realidad a su novia y buscar venganza. la novela pasa entonces de ser algo parecido a un sátira social -incluso una "fábula moral"- a un thriller con tintes sobrenaturales. Ahora bien, que nadie piense que se trata de un best-seller al uso, con sus cliffhangers y sus red herrings aquí y allá, con un lenguaje sencillito para no espantar a ningún lector. Vale que no es Faulkner (de acuerdo: tampoco Gogol), pero Hill maneja aquí más recursos literarios y un estilo más depurado que muchos escritores modernetes que se marcan el hype de la semana (no digamos si son españoles); ¡caramba, si hay momentos de esta novela que bien podían haber salido de la mano de Eugenides o incluso del mismísimo Raymond Carver!

Bueno, de acuerdo, tampoco me voy a flipar tanto: es cierto que este libro se puede enmarcar dentro de lo que llamamos "literatura comercial" (etiqueta que me resulta tan desconcertante como la de "novela literaria") y no pretende ser otra cosa. No obstante, resulta una novela no sólo entretenida sino de una calidad notable, tanto en lo que respecta a la estructura narrativa y al estilo, como a las sutilezas teológicas que propone  -estupendo el "sermón ante las serpientes" del capítulo 28-; al igual que posee, por qué olvidarlo, un sentido del humor bastante negro, que ayuda a quitarle solemnidad a determinados momentos de la narración, y, por ello, hacer más verosímil una historia ya de por sí nada creíble. Aunque tampoco hace falta creérselo, claro; basta con disfrutar de esta lectura y sentir un poquito de simpatía por el diablo.


jueves, 12 de julio de 2018

Eduardo Halfon: Biblioteca bizarra

Idioma: español
Año de publicación: 2018 (como libro)
Valoración: recomendable

He de confesar que éste es el primer "Halfon" que leo. Y también confieso (o, mejor, prometo) que no va a ser el último. De hecho, la mayor objección que le puedo poner a este librito de poco más de 100 páginas es que me ha sabido a poco.porque se trata de uno de esos libros misceláneos, una recopilación de artículos y otros textos ya publicados aquí y allá, que sirven de perfecto aperitivo, de entrante para abrir el apetito a obras más extensas y con más chicha (lo que no significa con más sabor) a las que hincarle el diente.

No son muchos los capítulos, pues ya digo que el libro no es muy extenso: seis artículos, en principio variados, pero que tienen en común, de una u otra forma, el veneno inoculado de la literatura, tanto en su vertiente lectora como, en su caso,  en la práctica de la escritura. También la memoria, la personal y la familiar, que, me parece, es uno de los motores que mueven la obra literaria de este autor; de hecho, los vericuetos de la memoria son el tema principal -incluso en su título- de uno de los "capítulos" del libro, La memoria infantil.

Los demás textos, pese a su carácter diverso, ya digo que guardan también una relación entre sí, un hilo invisible que los une y que, sin ceñirlos en exceso, sí que les otorga una cierta coherencia: Biblioteca bizarra, que da título al volumen, es un repaso, con un aire algo calviniano, a una serie de bibliotecas personales que el escritor ha conocido -o incluso de ninguna manera ha podido conocer, como ocurre con la última, La biblioteca mojada-; en algún caso la descripción se hace de las bibliotecas de escritores conocidos: reconozco que cuando leí la que dedica a la de Leonardo Sciascia -o más bien a su colección de retratos de otros escritores-, conservada en la fundación que lleva su nombre, Halfon me ganó para la causa...

Los desechables, el segundo capítulo del libro, se refiere a una reunión que tuvo este autor en una biblioteca de barrio de Bogotá con personas que vivían en la calle y trataban de sobrevivir a ésta y al infierno de la adicicón que les había llevado a ella. Halfon, boy es la rememmoranza de la gestación y nacimiento de su hijo, que el autor entrevivió con la traducción de los poemas de William Carlos Williams, lo que le da pie para una nueva reflexión sobre la creación y sus complejidades, tanto referida a la literatura como a la de la vida de una persona. En Saint-Nazaire el escritor que le sirve para llevar a cabo estas reflexiones es Chéjov, cuya correspondencia estudia mientras se encuentra en esa localidad francesa, al tiempo que contempla el mamotreto de la base alemana de submarinos de la II Guerra Mundial (esas megaestructuras nazis, siempre tan sugerentes...).

Dejando aparte la ya mencionada La memoria infantil, el último capítulo del libro es quizás el mejor de todos: un artículo publicado originalmente en inglés titulado Mejor no andar hablando demasiado, en el que Eduardo Halfon va trenzando la historia reciente de su país, Guatemala, con la suya personal y su descubrimiento tardío y abducción por parte de la literatura. un artículo que avanza con una nostálgica suavidad hasta que Halfon, que como narrador no tiene un pelo de tonto (no va con segundas), de pronto incrementa la tensión hasta terminar con un mazazo que te deja sin respiración, pero, sin dudas con ganas de leer más, mucho más , de este escritor.

Termino ya, tranquilos todos, enlazando con la referencia anterior al gran Sciascia. Porque este librito -de apabullante sobrecubierta, hay que señalar- me ha recordado a alguno de este escritor siciliano, como Negro sobre negro, en el que también se aunaban una serie de reflexiones sobre las sutilezas de la vida o sobre las circunstancias histórico.políticas de su país con otras puramente literarias, de una exquisitez y sensibilidad inigualables. Al menos, para mí como lector, inigualables hasta ahora, que he descubierto a Eduardo Halfon.


Otros títulos de Eduardo Halfon reseñados en Un Libro Al Día: MonasterioSignor HoffmanDuelo

jueves, 21 de junio de 2018

Rutu Modan: Jamilti y otras historias

Idioma original: inglés 
Título original: Jamilti and Other Stories 
Año de publicación: entre 1998 y 2007 
Traducción: Lorenzo F. Díaz y Eulàlia Sariola 
Valoración: recomendable

No quisiera ser yo, precisamente, quien ahondase en la idea tópica y espero que ya casi desterrada de considerar el género de la historieta o lo que se conoce como "novela gráfica"  como algo de menor categoría que el de la narrativa tradicional en prosa (o verso, qué caramba). Pero es que leyendo este libro de la israelí Rutu Modan no he podido dejar de pensar que si se tratase de un libro de relatos "clásico", perfectamente se podría alinear junto a los de ....... (poner en la línea de puntos el nombre del cuentista favorito de cada cual... claro, siempre que no sea de Chéjov o alguien así). Se trata, en efecto de un volumen que contiene una serie de historias cortas, publicadas casi todas, entre 1998 y el 2007, por Actus Independt Comics, un colectivo alternativo editorial  y de dibujantes de cómics al que pertenece esta autora.

El libro está compuesto, ya digo, de siete historias, de variada temática argumental, aunque tienen en común, de forma más evidente o velada, la presencia de la familia como marco en el que se desarrollan -en menor medida, sin embargo, la última, Su mayor fan-; o, mejor dicho, el desencuentro o el encontronazo, con esa familia que condiciona el devenir de los personajes. En el relato que da título al libro, Jamilti y en El rey de las rosas, es la familia que aún no ha sido formada, de la que se podrían guardar las mejores esperanzas y que sin embargo ya auguran las peores decepciones antes de formarse. Cierto es que en El rey de las rosas la delirante historia oculta un poco también otra lectura más feminista de la misma. El primer relato, por su parte, supone una inmersión en la dura realidad de la zona, con el conflicto con los palestinos siempre presente.

El mismo transfondo bélico, en cierto modo, está presente en Vuelta a casa, que se desarrolla en un kibbutz junto a la playa, en el que un avión despierta la esperanza de un padre de volver a ver a su hijo. Los demás relatos, sin embargo, podrían estar ambientados csi en cualquier sitio del mundo; de hecho, El rey de las rosas lo está en la Europa de comienzos del siglo XX y el último del libro, Su mayor fan, en Sheffield, aunque cierto es que la "juidicidad" y sus variantes tiene mucho que ver con el desarrollo -especialmente irónico, hay que decir- de la historia. Las tres restantes, sin embargo, inciden más directamente en ese ambiente familiar que he mencionado, y más en concreto en las relaciones materno (y algo paterno)-filiales: las estupendas Bloqueo de energía y Lo pasado, que se desarrolla en un hotel de veraneo, y la sarcástica y hasta tronchante El asesino de las bragas, que va... pues de eso, de la caza de un asesino en serie que coloca ropa interior en la cabeza de sus víctimas.

En cuanto al estilo gráfico, el dibujo de Modan se caracteriza por una aparente sencillez, utilizando sobre todo líneas  curvas y formas redondeadas que le dan un toque expresionista, e incluso haciendo gala de un cierto feísmo, en algún momento. No obstante, también hay algún ejemplo de dibujo mucho más cuidado -o de apariencia de serlo-, en Su mayor fan (similar al de uno de los cómics más conocidos de esta autora, La cena con la reina), con un estilo que casi se aproxima a la clásica "línea clara" y que nos permite ver sin lugar a dudas que el trazo descuidado de otras ocasiones es una elección estética y hasta un recurso narrativo, más que una carencia.


miércoles, 25 de abril de 2018

Serguéi Dovlátov: La extranjera

Idioma original: ruso 
Título original: Inostranka
Año de publicación: 1986
Traducción: Ricardo San Vicente
Valoración: recomendable

Que no se diga que no cumplo mis amenazas: como comenté en mi última reseña de este autor, mi idea es convertir este blog en Un Dovlátov Al Mes... mientras dure la munición, claro, que ya me voy quedando sin suministro... Da lo mismo: lo importante es reseñar un libro  más de este gran escritor, frecuentar al cual nunca le va a hacer daño a nadie (todo lo contrario). 

En este caso, se trata de una novela escrita ya en EEUU y que se desarrolla entre la colonia de exiliados rusos -quizás sea excesivo llamarlos así- de Nueva York. En la pequeña comunidad que se ha formado en la calle ciento ocho de Queens destaca  la treintañera Marusia Tataróvich; primero por su belleza, que atrae a todos los hombres del barrio; después porque, a diferencia de sus compatriotas, que de una forma u otra se han ido adaptando o al menos buscando la vida en su nuevo país, Marusia no parece encontrar su hueco en América: no sabe muy bien qué hacer ni acaba de encontrarse a gusto en el Nuevo Mundo. Porque -y esa es la tercera diferencia, quizás fundamental- Marusia no es una emigrada al uso, por razones política o económicas; bien al contrario, en la URSS era lo que podríamos llamar una "niña pija" (de buena familia, para que se  entienda desde América) soviética; hija de altos funcionarios con buena posición económica, casada primero con el hijo de un general y después pareja de un cantante melódico de gran éxito. pero como en las postrimerías de la URSS parece que entre la gente de su entorno y que se lo podía permitir lo habitual era emigrar a occidente, ella hace lo mismo, tal vez por aburrimiento, por falta de personalidad o por simple tontería...

En Nueva York, la desubicada Marusia recibe, ya digo, la atención de buena parte de los hombres de su colonia rusa o al menos del divertidísimo despliegue de secundarios que nos ofrece aquí Dovlátov con los Zaretski (supuesto intelectual), Lérner (maestro de ceremonias), Karaváyev (disidente) Drúker (editor calamitoso),  Rubínchik (comerciante), Baranov, Yeselevski y Pertsóvich (taxistas), etc... -en fin, todo un catálogo digno de un Chéjov o, cuando menos, de los Cuentos de Odessa de Isaak Bábel... y hasta aquí llegan mis referencias rusas-, pero ella , al final, sucumbe, bien que más resignada que enamorada-, a los requerimientos de un tipo del todo ajeno a su antigua patria, el latino Rafael González (y, permítanme el toque mitómano, no puedo sino felicitarme al pensar en todas las veces tuvo que escribir Sergéi Dovlátov tan egregio apellido), un galante buscavidas que la encandila en la misma medida que la exaspera.

Aunque se trata, hasta donde yo conozco, de la novela de este autor que más tiene de ficción "pura", aparece también él mismo como personaje, el amigo y hasta certo punto confidente pagafantas de la protagonistas...¡pero tranquilo todo el mundo: esto no tiene nada que ver con la jodi... recurrente autoficción a la que son tan aficionados otros escritores! Dovlátov es otra cosa, qué narices, y más aún aquí: no trata de contarnos su vida, sino de ofrecer un contrapunto, más o menos ecuánime, al desajuste que sufren los personajes principales. Con lo que además se refuerza el efecto cómico, porque, a pesar del poso melancólico, La extranjera es una novela de humor, y de qué manera... Yo, al menos, tuve que parar en más de una ocasión de leer por culpa de la risa. Lo cual, unido a que se trata de una novelita no demasiado larga, convierten la lectura de ésta en una auténtica delicia.

Otros títulos de Sergéiv Dovlátov reseñados en Un Libro al Día: La maletaEl compromisoLa zonaRetiro

domingo, 11 de marzo de 2018

Serguéi Dovlátov: Retiro

Idioma original: ruso
Título original: Zapovednik
Año de publicación: 1983
Traducción: Tania Mikhelson  y Alfonso Martínez Galilea
Valoración: más que recomendable

Ya sé lo que parece: que mi ambición consiste en convertir este blog en Un Dovlátov Al Mes... ¡Pues eso es exactamente lo que ocurre! Lástima, sin embargo, que no vaya a poder hacerlo: antes o después se me acabarán los Dovlátovs y como el bueno de Serguéi pasó a mejor vida en 1990, difícil va  a estar el reabastecimiento... (aprovecho para brindar una idea a los muchos emprendedores del sector del MDMA: ¿por qué no ponerle a sus pastillitas el nombre de "dovlátovs", en vez de "teslas" o, como antaño, "mitsubishis"? Yo les aseguro que como adictivos, estos libros también tienen los suyo...

Y eso que la trama de esta novela no es que pueda calificarse de trepidante: el protagonista, Boris -no demasiado diferente del propio Dovlátov, por lo visto- es un periodista que ha fracasado como tal, como escritor y en su matrimonio, más los previsibles problemas con el alcohol, que acude para trabajar como guía al llamado Parque o Reserva Nacional Pushkin, un complejo turístico-cultural soviético en la finca familiar del gran escritor decimonónivo en la loclidad de Mijailovskoye, en Pskov (sea donde sea que esté eso). De ahí viene el título de Retiro, ya que el escritor decide tomar su estancia allí como una oportunidad para superar el desastre de vida que ha llevado hasta entonces. Hasta que esa vida de la que trata de retirarse va a buscarlo de nuevo...

Así contado quizás no lo parezca, pero este es un libro lleno de humor, descacharrante incluso en algunos momentos, como las descripciones de personajes insólitos: ¡ese Mitrofánov, que parece sacado de un Borges pasado de vueltas! ¡Ese inepto y fatuo Pototsky, que pretende compararse con Chéjov! ¡Ese casero del protagonista, tan... inenarrable! Ahora bien, como ocurre con el resto de la obra de Dovlátov (incluso cuando se trata de un libro con un carácter más ominoso, como es La zona, hay momentos para ello) el humor lo impregna todo con un sabor agridulce, aunque, por otra parte,, sin pretender arrogar ninguna superioridad moral al narrador, que sabe perfectamente que cualquier retrato que se hiciera de él daría un  resultado no menos (tragi-) cómico.

Porque, en realidad, esta no es una novelita tan ligera como puede parecer a primera vista, sino, aunque a la manera guasona y melancólica de Dovlátov (tan rusa, diría uno sin saber muy si no es un tópico), se trata el relato de un fracaso,  la disección anatómíca de cómo se puede echar todo a perder, sin siquiera ser consciente de lo que se había ganado, de la desesperación que el ansia de vivir puede producir cuando no se tiene la suficiente paciencia o talento para ello... Dovlátov, aunque quizás él no estuviese seguro de ello, sí que lo tenía, sin embargo.

Una última observación, a partir de un diálogo que mantiene el protagonista de la novela:

"- ¿Los objetos personales de Pushkin? El museo fue inaugurado decenas de años después de su muerte...
- Así es -dije- como se hacen siempre estas cosas. Primero lo liquidan a uno, y luego se ponen a rebuscar entre sus objetos personales. Ocurrió con Dostoyevski, con Yesenin... Ocurrirá con Pasternak. Y en cuanto caigan en la cuenta, se pondrán a buscar entre los objetos personales de Solzhenitsyn."

No sé si a Dovlátov le habría hecho gracia la ironía (sospecho que sí), pero su misma figura parece estar siendo objeto de este proceso: de momento, en el pasado festival de Berlín se presentó una película titulada, precisamente Dovlátov -y existen planes para llevar al cine también Retiro-; en su ciudad natal, San Petersburgo, el escritor ya tiene una estatua muy resultona y en Queens le han puesto su nombre a la calle donde vivió después... No sé si acabaremos viendo algo así como un "Parque Dovlátov"... pero por si es así  yo (que, he de confesar, también tengo alguna experiencia en la "gestión del patrimonio cultural" , por utilizar un eufemismo), me ofrezco para mi propio "retiro" en él. Incluso en Pskov, donde diablos esté eso...


Otros títulos de Serguéi Dovlátov reseñados en Un Libro Al Día: La maleta, El compromiso, La zona, La extranjera

martes, 6 de diciembre de 2016

Nikolái Gogol: Tarás Bulba

Idioma  original: ruso
Título original: Тара́с Бу́льба
Año de publicación: 1842 (versión definitiva)
Traducción: José Fernández Sánchez
Valoración: recomendable

Reconozco mis carencias como lector en lo que a literatura rusa se refiere (excepto en lo que atañe a mi admirado Chéjov); es más, durante bastante tiempo solía confundir a unos escritores con otros... no a Tolstoi o Dostoyevski, que conste, pero sí a Pushkin, Gorki, Gógol... De este último, además, sólo había leído, hace ya tiempo, un divertido cuento, La nariz, en el que un tipo peersigue a su propia nariz fugitiva por todo San Petersburgo; a pesar de esa grata lectura, no había vuelto a repetir con este autor, hasta que por fin,  impelido por mi mala conciencia, pero también por las elogiosas reseñas de otras de sus obras que han escrito mis compañeros, decidí ponerme con esta novela, que lleva el nombre de un legendario cosaco del Niéper.

¿Conocen ustedes la expresión "beber como un cosaco"? Pues a tenor de esta novela, no sólo tiene razón de ser, sino que se queda incluso corta: los cosacos de la época en que está ambientada (siglo XVIII), además de que se pasaban el tiempo más mamados que el mosquito del tonel de vino de los versos quevedianos, -excepto cuando se dedicaban al nobel arte de la guerra, hay que decir, momento en el que la embriaguez era castigada con la muerte-, parece que consideraban el de la borrachera como el estado ideal del hombre comme il faut, esto es, del cosaco (el otro momento ideal para ellos era el de estar destripando enemigos, claro). Borrachos y orgullosos, pues, aunque no fuesen seguidores del Oi! ochentero. Borrachos y exaltadores de la más indestructible fraternidad masculina, aunque no fueran una cuadrilla de txikiteros vascos. Borrachos y defensores a ultranza de la fe cristiana, sin ser una cofradía de "capillitas" ahítos de rebujito (por otro lado, hay que aclarar que para los cosacos la verdadera iglesia cristiana era la ortodoxa, considerando a los católicos como perros herejes). Borrachos y más patriotas que una caterva de neonazis hispánicos entonando el Deutschland Über Alles... Borrachos, valientes, crueles, generosos, anárquicos y libres.  Así eran los cosacos, según los pinta Gógol, además de fanáticos la virilidad más militante -de hecho, las pocas mujeres que aparecen aquí no son más que un estorbo para ellos o una fuente de problemas-; la testosterona les sale por las orejas, a esta gente...

Tampoco es que Gógol haga un panegírico, sin más, del mundo cosaco; es evidente que era demasiado inteligente y buen escritor para caer en eso. De hecho, buena parte de la novela trasluce un humor socarrón -en especial en la relación entre Tarás y el judío Yárkov-, hasta el punto de dar la impresión, a veces, de que el autor se trae una buena coña a costa de sus cosacos. Lo que no significa, por supuesto, que no admire al tiempo su valentía y su entrega. Gógol tiene la suficiente sabiduría y talento literarios para plasmar estas legendarias cualidades del alama cosaca, así como su amor por la libertad, pero también sus defectos, y dar buena cuenta de las tropelías que iban perpetrando a su paso, al igual que nos narra su sufrimiento, pero también el de sus víctimas, tanto "liajes" -o sea, polacos- como judíos. También, al parecer, en la primera versión, de 1835,  el tono de la narración exaltaba más lo ucraniano, llegando a considerarse incluso "antirruso", por lo que Gógol lo corrigió en la versión definitiva.

Ahora bien, aparte del retrato entre guasón y descarnado de la beodez y la brutalidad que se lee en la novela, ésta tiene un trasfondo de más enjundia: Tarás Bulba, en realidad, es una historia sobre la paternidad, sus obligaciones, cuitas y, sobre todo, sus limitaciones -la novela, olvidaba decirlo, comienza cuando los dos hijos de Tarás vuelven a casa después de haber estudiado en Kiev-; los problemas vienen a ser los mismos que han tenido todos los padres a los largo de la Historia con sus hijos, desde el pobre Adán, que ya sabemos la que liaron sus vástagos. Claro, que no es lo mismo que tu retoño se pegue con otro niño por un columpio en el parque y tengas que poner orden, que te salga díscolo en mitad de una guerra contra el reino de Polonia. Aquí Tarás, que aunque taimado no dejaba de ser más bien bruto, tiene una reacción algo desaforada y la cosa acaba como el rosario de la aurora... Pero no quiero adelantar nada y destriparle la novela a alguien: lo que hay que hacer es leerla; como mínimo, pasarán ustedes un buen rato, porque Gógol sabía escribir de maravilla, de eso no cabe la menor duda. y en el mejor de los casos, se quedarán prendados de una historia que transcurre en el tiempo en que las guerras se hacían a caballo y a golpe de espada, en que los hombres se dejaban arrastrar por sus pasiones y sus principios, y el mundo resultaba mucho más grande y hermoso de lo que al final ha resultado ser. Que aquello tampoco fuese sino una ilusión, no nos debe de importar demasiado, que al fin y al cabo -y por suerte- nosotros somos lectores.

Nota: no he podido encontrar la cubierta de la edición del libro que yo he leído (bastante sosa, además), así que he colocado la de una de la editorial Alianza. En compensación, pongo aquí  el cartel de una de las películas basadas en la novela, con Yul Brinner y Tony Curtis dándose mutuamente estopa. Canelita en rama.




Otras obras de Nikolái Gógol reseñadas en Un Libro al Día: El capoteAlmas muertasEl inspector

viernes, 9 de octubre de 2015

Colaboración: La Oculta de Héctor Abad Faciolince

Idioma original: español
Año de publicación: 2014
Valoración: muy recomendable

Héctor Abad es colombiano, como García Márquez. Fue periodista antes que escritor, como García Márquez, y en su última novela, La Oculta, escribe la historia de una familia y una casa, imbricadas en un cambio de época en donde sigue persistiendo lo viejo en la mentalidad de las gentes.

Descripción de un mundo tropical, de un mundo de contrastes, de un mundo de sonoros topónimos de civilizaciones desaparecidas (Jericó, Antioquía), de un mundo que se acaba, La Oculta enlaza con el Chéjov de El jardín de los cerezos, con el Lampedusa de El gatopardo, con el Bassani de El jardín de los Finzi-Contini y con el propio Márquez en Cien años de soledad.

La Oculta es también la historia de una colonia, y parte de la historia de Colombia, recreada a través del mito del éxodo, del paraíso perdido y del jardín del Edén. No en vano los padres se llaman Joaquín y Ana, como una versión previa de la Sagrada Familia.

La Oculta comienza precisamente con la muerte de Ana, la madre, y las reacciones que provoca en sus tres hijos, Eva, Pilar y Antonio. A partir de ahí, cada uno de ellos narra su historia en relación con la finca familiar. Tres personajes, tres voces. Pilar, la sensatez, la continuidad, la cordura, la tradición, que ejerce, como su propio nombre indica, de sostén de la casa. Eva, la fuerza, la pasión, la experimentación y la insatisfacción continua. Antonio, el cronista, el escribano de la genealogía familiar, la visión desde la marginalidad que le da su condición de homosexual, la visión desde fuera, desde Estados Unidos, en donde el cordón umbilical se resiste a ser cortado.

Los tres experimentan la contradicción de amar y odiar a una tierra donde vivieron los momentos más felices de sus vidas pero también la violencia y el dolor. Tres voces que van del pasado al presente, que tejen recuerdos, complicidades de hermanos, pero también disputas por sus formas distintas de entender la vida.  El imperativo telúrico del poeta vasco Gabriel Aresti de "Defenderé la casa de mi padre" es asimilado al comienzo por los tres hermanos, aunque al final tienen que escoger entre seguir los deseos de sus padres o soltar amarras.

La Oculta es la finca familiar arrancada a la selva, amenazada al principio por la naturaleza, después por la guerra y la violencia y al final por la codicia y la especulación, amenazada al comienzo por las fuerzas primitivas que provienen del exterior, a continuación por los impulsos más oscuros del corazón humano y finalmente por las pasiones más vulgares que la convierten en una casa sin fantasmas donde solo quedan las leyendas de los ahogados en el lago.

Con un castellano sinestésico que se oye, que se ve, que se huele, que se palpa y que se gusta, lleno de nombres de flores y de plantas, de comidas y de objetos dispares, Héctor Abad construye una novela bella, telúrica, mágica.

Una novela absolutamente recomendable de un autor que buceó en sus fantasmas familiares en El olvido que seremos y que nos presenta de nuevo un libro fascinante.

Firmado: Federico Escudero

jueves, 7 de agosto de 2014

Carson McCullers: El mudo y otros textos

Idioma original: inglés
Año de publicación: 1971
Traducción: José Luis López Muñoz
Valoración: muy recomendable

No existe una equivalencia del título en inglés para este libro: sus artículos se publicaron integrados en una recopilación llamada The mortgaged heart. Puestos a aclarar aspectos técnicos y a ser coherente con la lógica de este blog, el muy recomendable podría quedarse corto o ser generoso en función de su repercusión final sobre el lector. Pues lecturas como esta actúan como anzuelo o tirador hacia otras. 
En particular, su texto de referencia, El mudo, es una especie de diario de a bordo, de anotaciones, guión, informe de trabajo en progreso, comentarios, sobre El corazón es un cazador solitario, novela de referencia de la autora y, pero esto espero confirmarlo en muy poco tiempo, obra maestra del realismo sucio o del gótico sureño o de vayan a saber que género. El mudo aporta el valor de la excitación hacia la lectura, de la explicación del proceso creativo, de la planificación del ensamblaje de las tramas y el ahondamiento en la definición de los personajes, de sus interacciones (cuidado, algunos de los hechos fundamentales que sucederán se adelantan aquí) y de su importancia y sentido en el conjunto. Y esto, para los que aquí escribimos y, espero, que para los que nos leen, es de enorme valor.
A este texto se acompañan artículos variados en los que se hace mención a otras obras de la autora, no tan meticulosa en estos casos en cuanto a su proceso (la autora ya se encuentra ensalzada por la repercusión de su obra), a algunos de sus autores favoritos (Chéjov, Dostoievski, Faulkner, Dinesen), a una vida ya marcada por su condición de joven talento (publicó El corazón es un cazador solitario a los 23 años), y en todos ellos nos encontramos con esos trazos que se nos hacen, en pocas páginas, curiosamente familiares: cercanía narrativa, consciencia del pulso creativo, sensibilidad social. Quepa una pequeña recriminación por mi parte: no sé distinguir en la autora al escritor porque no puede dejar de escribir del escritor porque puede permitirse escribir. Esa esporádica mención religiosa, ese recato en entrar en detalles sobre lo lúbrico es lo único que me descoloca. Aunque hay que situar la obra en su contexto temporal y social, el de unos Estados Unidos en la década de los 40-50 metidos en plena consciencia de su pujante importancia, una nación orgullosa de lo que la había llevado allí y sin dudar un instante sobre las condiciones en que ese ascenso se había sustentado. Pero esta es una apreciación muy particular.
Quede constancia, entonces, de que, si apenas cien páginas, que se leen en menos de dos horas, nos llevan a tal reflexión, estamos ante una autora poco común.

También de Carson McCullers en ULADReflejos en un ojo doradoEl aliento del cieloEl corazón es un cazador solitario

jueves, 8 de agosto de 2013

Alice Munro: Demasiada felicidad

Idioma original: inglés
Título original: Too much happiness
Año de publicación: 2010
Traducción: Flora Casas
Valoración: Muy recomendable

Comparar una autora con Chéjov es mucho comparar. Muchísimo. Y también lo es pretender, a la vez, que la narración corta sea considerada al nivel de las grandes obras, a pesar del respeto que generan autores como Carver. Con la veneración que solemos destinar a los autores de novelas de más 400 páginas, repletas de tramas y de historias meticulosamente detalladas. Parece que la narrativa corta sea una canción pop al lado de una sinfonía en ocho movimientos. Y no. 
Alice Munro, canadiense superados los 80 de edad, podría pasar por una respetable señora residente en Miami y apuntada a un club de bridge en el que pasar las tardes. En vez de eso, resulta ser como una profesora de instituto que se niega pertinazmente a jubilarse mientras prefiere emplear las tardes en pertrechar relatos como los diez incluidos en este Demasiada felicidad. No cuentos. Los cuentos, al menos los cuentos al uso, no se reservan bazas perversas, siniestras, retorcidas, como las que van salpimentando cada historia. Dimensiones, por ejemplo, hubiera dado para una entrada zoom de rabiosa actualidad con la sentencia Bretón de por medio. Primer relato, primer dardo a la yugular, primera demostración de que Alice Munro tiene más que ver con Donald Ray Pollock que con, erm, María Dueñas. Aquí la amabilidad y las maneras y la aparente aura de sosiego son solo pieles de cordero en las historias. Hasta el título es puro atrezzo. O la portada, que aporta, junto al titulo, una impresión errónea, demasiado cercana a la novela romántica. Pues no hay mucho romanticismo aquí. En estas historias hay brechas abiertas y hay rabia; no de la superficial sino de la que sale de bien adentro. Las heridas de los personajes son profundas y se abren de vez en cuando. Munro sólo se reserva escribirlas con excelente estilo como baza de empatía hacia el lector. Sin tomar partido alguno, y con una imaginación desbordante, su elegante prosa es un excipiente que acompaña dosis de amarga medicina. No hay ligereza ni más licencias que las necesarias para que el lector resulte convulso, cosa que siempre acaba sucediendo. Radicales libres, o cómo la vejez y la enfermedad son una perspectiva idónea frente a los imprevistos. El filo de Wenlock, tan sutil como perverso y perturbador. Madera, veinte páginas casi faulknerianas. O, en otro registro, el cuento que da título al libro, el último y más prolongado, especie de narración biográfica de regusto clásico.
Sí, Munro es una narradora de primera, y la entusiasta recomendación en la contraportada, del mismísimo Jonathan Franzen, un acertado consejo a tener muy en cuenta.

También de Alice Munro en ULAD: Las lunas de Júpiter, Mi vida querida

lunes, 20 de febrero de 2012

Colaboración: Compro oro de Harkaitz Cano

Idioma original: castellano.
Año de publicación: 2011.
Valoración: está bien.

Compro Oro es diferente. Diferente porque es el primer libro en castellano de un autor que escribe en euskera. Y diferente respecto a sus anteriores poemarios. Queda lejos el estilo surrealista y la tendencia barroca a recargar el lenguaje de Kea behelainopean bezala (1994). Respecto al realismo sucio de Norbait dabil sute-eskaileran (2001), es verdad que Harkaitz Cano no ha agotado del todo esa vía si bien se mueve en otros parámetros: más distanciado de la visión de lo cotidiano. En Compro oro puede constatarse una muy pequeña presencia de estos dos libros anteriores: el poema “Volver” en el caso de Kea behelainopean bezala y “Encendida” en el caso del segundo. Pero sin duda la expresión que emplea el autor es mucho más sencilla en este libro que nos ocupa, donde predomina la descripción y la sucesión de imágenes sobre la metáfora. Como consecuencia, se repite la tendencia al aforismo y a lo que él denomina ‘falsos haikus’.

Las citas que prologan los poemas revelan la importancia de la ventana como símbolo que articula el discurso del libro. Para empezar, la ventana física o la idea del poeta como voyeur que comprime lo sublime del instante en el poema: "Busco en ventanas incandescentes/ una sugerencia salvadora" (“La ventana discreta”). Como esta última, el segundo uso que hace Cano de la ventana es recurrente en su literatura. Se trata, como bien apunto Izas en su reseña sobre La voz es la cocina de los hombres, de la importancia de las referencias al mundo del celuloide en el imaginario del autor. La ventana como pantalla y la realidad hecha cine (que no grabada): "Ella descorría las ventanas y empezaba el espectáculo/ 'Es la Metro, es la Goldwyn, es la Mayer'" (“Llegar y besar el santo”). Habría que añadir que Harkaitz Cano acaba de participar en un libro de artículos sobre teleseries titulado Telezailak. Nork esan zuen telebistak tontotu egiten duela? (2011).

El tercer significado del símbolo de la ventana aparece como el más novedoso: la ventana como pantalla de ordenador. De este modo, Cano presenta un ejercicio de reflexión en torno a la poesía en la era digital. Principalmente, formula la pregunta sobre la durabilidad de los sentimientos, de lo poético, ante el excesivo número de textos y su obsolescencia (“Compro Oro 3”). Pero también subyace el problema de un cambio en los referentes de la hermenéutica (“Chéjov vs. Yahoo”), la intromisión del spam (“Promiscuidad”) o la inclusión de índices en la poesía (como ocurre con “Introducción al mundo cárnico”, una enumeración de temas que emulan un curso a distancia de carnicería). También cabe destacar una meditación sobre el proceso de construir una expresión poética, incluso sobre el yo-lírico, a través del procesador de texto (“Trazabilidad de los tachones”).

La profusión de referentes cinematográficos, la apuesta por la sencillez de la expresión y la reflexión sobre lo digital me llevan a considerar Compro Oro como un ejercicio de poesía-pop. Como proyecto, las unidades que lo componen se muestran muy cohesionados. La intención de Harkaitz Cano no ha sido crear un poemario con mucho peso lírico, más bien presentar una escritura y reflexiones novedosas, y ahí es donde radica su valor. Ahora bien, hay que dejar claro que si bien Compro Oro no es su obra más importante, Cano no es un autor ligero como ha demostrado con Twist (2011), su última novela.

También de Harkaitz Cano en ULAD: Aquí

Firmado: Paulo Kortazar

domingo, 7 de noviembre de 2010

Raymond Carver: De qué hablamos cuando hablamos de amor

Idioma original: inglés
Título original: What we talk about when we talk about love
Fecha de publicación: 1981
Valoración: Muy recomendable

Que no nos engañe el título. Este compendio de 17 relatos del estadounidense Raymond Carver tiene poco o nada de romanticismo y glucosa, no posee ni por asomo el perfume dulzón y engañabobos de los libritos de Federico Moccia, y tampoco adolece de la la inocente superficialidad de filmes como Love actually. No, amigos míos: en esta obra de Carver, uno de los abanderados del realismo sucio, no vamos a leer una serie de historias con el padre de todos los sentimientos como hilo conductor. El título del libro es el de uno de los cuentos que contiene, un cuento que de cursi, rien de rien...Ya les digo: que esto es realismo sucio del bueno.

Carver fue un escritor alcohólico con vida de telefilme desapasionado y un autodestructivo de manual. Colega de Tobias Wolff y Richard Ford, se dedicó principalmente a la poesía y al relato, ya que enseguida comprendió que era incapaz de atreverse con textos largos como los que exigen las novelas. Fue en el relato donde plasmó todo su talento a base de frases secas y efectivas, y logró ser considerado un maestro en la materia. Su corte de fans fue y es interminable, desde Baricco hasta el malogrado Roberto Bolaño, que le consideraba el nuevo Chéjov.

El libro que hoy reseño nos sumerge a lo largo de 17 historias en una Norteamérica de road movie dramática; de maridos maltratadores y camareras que sirven tortitas con sirope en tascas de carretera; de requiems por el sueño americano entre cenizas de Malboro; de conversaciones amargas y afiladas como cuchillos de matadero texano; de marginación y soledad sucia made in el país de las barras y las estrellas. Dejo al lector que descubra por sí mismo las historias: en esta ocasión no ofreceré ninguna sinopsis. Merece la pena chocarse con Carver de frente, sin ninguna clase de aviso previo.

Y por cierto: tras la muerte del escritor, un artículo en el New York Times Magazine armó la de San Quintín: en él se decía que el editor de Carver, el terrible Gordon Manostijeras Lish, se dedicó sin pudor a retocar, cortar hasta la mínima expresión e incluso cambiar los finales de un buen puñado de relatos del escritor, incluidos los de De qué hablamos cuando hablamos de amor. En la Red hay mucha información sobre esta polémica e incluso ejemplos de cuentos carverianos "antes y después de Lish". Juzguen ustedes mismos. De todos modos, no son pocos lo que agradecen a Lish sus tijeretazos y atrevimientos varios: lo consideran corresponsable del inigualable estilo de Carver.

Otras obras de Raymond Carver en ULAD: Catedral¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor?