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sábado, 2 de agosto de 2014

William Faulkner: Luz de agosto

Idioma original: inglés
Titulo original: Light in August
Año de publicación: 1932
Traducción: Enrique Sordo
Valoración: muy recomendable

¿Y por qué leo en mayo- para que salga en agosto- este libro?

Bueno: algo tendrá que ver que sea la novela de Faulkner que más le gusta a Stephen King, por lo que describe en Mientras escribo. Y Faulkner siempre es Faulkner. Como el fútbol, pero en Faulkner. Y hay que acudir a sus obras: la amiga Deborahlibros lo hace de trompazo y se embute al Condado de Yoknapatawpha hasta que está que no cabe en sí de gótico sureño. Yo lo voy haciendo con más sutileza. Sorbo a sorbo. Nada más revelador de su panorámica influencia que el abanico de ediciones, traducciones y comentarios que abarcan sus obras. Nada más revelador que el hecho de que, en la ya mencionada aquí lista de los libros favoritos de 100 autores en español, sea de los que se menciona más a menudo, pero sin un solo libro que polarice los votos. Quizás eso lo convierta en un novelista de novelistas, pero da la impresión de que, a la hora de pensar en un autor de referencia, muchos han querido nombrarlo y han optado por elegir alguna de sus novelas.
¿Qué nos depara Luz de Agosto?
Pues varias cosas notables. Queridos, esto es Faulkner.
Un estilo florido pero árido. Una capacidad descriptiva minuciosa en detalles y en metáforas. Sentimientos que se tocan. Formas que se huelen. Brillos que ensordecen. En especial, ya que estamos, al hablar de sensaciones de los propios protagonistas. Que hay varios, y que sepa el lector que Faulkner ahí nos sorprende. Pues si hay que relatar los orígenes de una familia y la infancia del abuelo de alguien, porque el autor lo cree relevante en sus actos finales, en la configuración de su personalidad, o en los detalles que condicionan su proceder, Faulkner lo hace. Habrá quien diga que se trata de desorientar al lector, de plantearle un reto; aquí bien pronto el autor procede a demoler un desarrollo convencional. Lena Grove acude a Jefferson a la búsqueda del padre del hijo que está creciendo en su vientre. Andando desde su pueblo de origen, en una travesía que parece no tener retorno. El padre, un rufián de medio pelo, anda en tratos, bajo nombre falso, con otro curioso personaje, de nombre Joe Christmas.
Desde esa premisa, Faulkner explosiona hacia todos lados. Y va adelante y atrás conforme la novela lo requiera. Un entorno hostil, inicios de siglo XX, (marcado por unos aún candentes vestigios de la esclavitud, un racismo arraigado hasta el tuétano, la vigencia de la ley seca, la educación estricta basada en integrismos religiosos) en el que ciertos individuos de mala calaña, pero peor fortuna, son hostigados por una sociedad rural, conservadora, beata, con un estricto sentido moral y unos mecanismos que condenan de antemano cualquier comportamiento anómalo.
Queda por saber si esa cierta confusión a que induce Faulkner (nombres similares, extrañas relaciones, equívocos respecto a la condición racial) es voluntaria o es simplemente una extraña cualidad de la novela.
La influencia de Faulkner va más allá de que nos sintamos perturbados por sus historias oscuras, llenas de misterio, de rincones y cabañas y miseria de todas las naturalezas. Yo la percibo en series como Twin Peaks o Carnivále y en músicos como Bon Iver o Will Oldham. La puramente literaria ya es simplemente incalculable.
Una inmersión en una sociedad turbia y asfixiante, un viaje no siempre agradable. Como siempre, eso sí, contado con un magistral sentido literario.

También de William Faulkner en UnLibroAlDía: ¡Absalón, Absalón!Mientras agonizoEl ruido y la furiaSantuario

domingo, 9 de agosto de 2009

William Faulkner: ¡Absalón, Absalón!

Idioma original: inglés
Título original: Absalom, Absalom!
Año de publicación: 1936
Valoración: Imprescindible

Que después de más de 150 reseñas todavía no hayamos incluido ninguna de una novela de Faulkner es una omisión imperdonable, que asumo como propia y que me propongo reparar inmediatamente. Porque Faulkner es sin duda uno de los escritores más influyentes en la novela del siglo XX, tanto por sus innovadoras técnicas narrativas como por su creación de un complejo mundo de ficción: sus ecos pueden observarse en el Macondo de García Márquez,en la "Región" de Benet, o en mucha de la narrativa estadounidense contemporánea.

¡Absalón, Absalón!, que no es la novela más conocida de Faulkner (suelen citarse Mientras agonizo o El ruido y la furia como sus obras maestras), es sin embargo un ejemplo paradigmático de su obra: situada en el sureño Condado de Yoknapatawpha, en el que se desarrollan la mayoría de sus novelas, narra la historia (primitiva y brutal) de la familia Sutpen, desde su instauración como dinastía terrateniente hasta su desaparición en la infamia y el olvido después de la Guerra de Secesión. El título de la novela, como varios otros de Faulkner, procede de la Biblia: hace referencia a Absalón, hijo de David, quien se rebeló contra su padre y rey y ordenó asesinar a su hermanastro por violar a su hermana Tamar -hechos que tendrán un paralelo simbólico en la novela-.

Esta novela fue la primera que leí de Faulkner, y además de la fuerza de la historia (que tiene algo de mitológico o bíblico en su primitivismo) me impresionó la técnica con la que está escrita. Porque la historia de los Sutpen no nos llega a través de la voz de un único narrador autorizado, sea este un personaje o un ente narrativo externo, sino, fundantalmente, a través del diálogo entre Quentin Compson (personaje central de El ruido y la furia) y su compañero de cuarto en Harvard, Shreve. A este diálogo, en el que son constantes las rectificaciones, las interrupciones y las incoherencias, se añaden además las voces de otros personajes, como Rosa Coldfield, o el padre y el abuelo de Quentin, con lo que la historia no se desarrolla en orden cronológico, sino más bien en espiral, volviendo una y otra vez sobre los mismos hechos terribles hasta alcanzar su centro en forma de una comprensión más o menos coherente de los historia.

El efecto de ¡Absalón, Absalón! en el lector es profundo: la sensación de vorágine narrativa que te arrastra y te engulle la logran muy pocas novelas, y la intensidad de la historia contribuye a la sensación de estar en presencia de una obra magnífica, poderosa. Eso sí, como la mayoría de las novelas de Faulkner, no es de fácil lectura: exige paciencia, esfuerzo, concentración; no es extraño que haya quienes, a pesar de su grandeza, hayan decidido abandonar a Faulkner por imposible.

Otras obras de William Faulkner en ULAD: Aquí

miércoles, 6 de junio de 2012

William Faulkner: Mientras agonizo

Idioma original: inglés
Título original: As I Lay Dying
Año de publicación: 1930
Valoración: Muy recomendable

Faulkner es un mundo. Eso no lo vamos a descubrir ahora. Sus novelas tienen un aire de "algo más grande que la vida", que parece estallar por las costuras del texto: un aire mítico, épico, a pesar de la pequeñez y mezquindad de muchos de sus personajes y situaciones. Será por su estilo, por la abundancia de alusiones y referencias bíblicas y literarias o por el aire primitivo y salvaje que respiran sus obras, o por la creación de un universo narrativo compacto, antecedente (como tantas veces se ha dicho) del Macondo de García Márquez, por ejemplo.

En Mientras agonizo (una obra menos monumental que El ruido y la furia o ¡Absalón, Absalón!, por ejemplo) hay algo de eso: personajes vulgares en casi cualquier sentido del término, enfrentados a unas circunstancias adversas, y que se sobreponen a ellas definiéndose al mismo tiempo a sí mismos (y no siempre para bien). El argumento es simple: cuando muere Addie Bundren, mujer de Anse Bundren y madre de Cash, Darl, Jewel, Dewey Dell y Vardaman, estos emprenden un viaje imprudente en medio de la tormenta para cumplir su voluntad de ser enterrada en Jefferson, junto a sus parientes.

Pero en Faulkner no vale con contar el argumento para hacerse una idea. En él, la técnica es tan importante como el objeto sobre el que se aplica. En este caso, la novela está narrada desde diversos puntos de vista alternantes (hasta 15 narradores distintos en los 59 fragmentos en que se divide el texto) que muestran, a través de monólogos interiores, la personalidad y las preocupaciones de cada personaje (Anse es egoísta y materialista; Cash es pragmático; Darl, sensible y soñador; Jewel, impulsivo y agresivo; Dewey Dell, ingenua en su desesperación...). También Addie Bundren, la fallecida, muestra en un fragmento abrumador la tragedia de su vida: casarse con un hombre al que no quería y darle hijos que no deseaba.

Y tampoco el estilo de Faulkner puede transmitirse contando solo el argumento de la novela: un estilo que puede ser intrincado y poético, o cortante y vulgar, según las necesidades de cada situación y la personalidad de cada narrador; así, después de leer los insultos de Jewel o las frases inconexas de Vardaman, te encuentras con frases como estas: "I feel like a wet seed wild in the hot blind earth" ("me siento como una semilla fresca y salvaje en la tierra caliente y ciega"); o "My father said that the reason for living is getting ready to stay dead." ("Mi padre decía que el sentido de la vida es prepararse para estar muerto").

Mientras agonizo no es probablemente la obra maestra de Faulkner, honor que corresponde seguramente a El ruido y la furia; pero sigue siendo una novela magnífica y terrible. Y para quienes no hayan leído nada de él, puede ser una buena manera de empezar: en ella encontrarán, en una versión condensada, los recursos, imágenes, espacios y personajes que conforman el conjunto de la obra de Faulkner.

Otras obras de William Faulkner en ULAD: Aquí

martes, 16 de julio de 2013

William Faulkner: Santuario

Idioma original: inglés
Título original: Sanctuary
Año de publicación: 1931
Traducción: Lino Novás Calvo
Calificación: imprescindible

Seamos sinceros: cuando uno se enfrenta a un libro tras el cual se encuentra una leyenda como la que rodea a Santuario lo hace con algunas actitudes muy definidas. Uno: la de poner en duda constantemente esa leyenda y abrazar el noesparatantismo. Dos: el total positivismo y el constante hallazgo de la genialidad, que creemos oculta hasta en la más nimia de las pausas.
Lo que sucede, cuando hablamos de obras maestras de la narrativa, de las de verdad, es que el libro arrasa con cualquiera de esas dos opciones y se apodera del lector, de su voluntad, de su escepticismo, de sus dudas, de sus prejuicios positivos o negativos, y lo neutraliza todo de golpe.

Pues sí: este es el caso de Santuario. Nada sencillo llegar a ese estado, lo aviso. Más de uno perderá la paciencia ante la errática narración inicial, con elipsis que son cráteres y silencios que son largas noches a la intemperie. Adivinamos una casa al final de un camino, vemos gente entrar y salir, errar por ella. Vemos hombres y mujeres,a Popeye, a Temple Drake,  senderos en medio de la nada; y mucha oscuridad, física y psicológica. El prostíbulo de Memphis. Un coche volcado junto a un árbol, alcohol, una joven de buena familia, gentuza de la que justifica el término. Vaya si Faulkner (que dicen, renegaba de esta novela pues la había escrito por dinero) se esmera en esbozarlo todo a base de brochazos de prosa densa y de escasa concesión hacia el lector.  
Y no solo es que haya que estar atento: es que Faulkner ha dispersado cualquier cosa parecida a una estructura lineal en varias millas a la redonda. Sobre todo al principio más de uno puede sentirse huérfano ante la sucesión de situaciones aparentemente inconexas y poco coherentes. Pero es que lentamente sale el sol: un sol resplandeciente que empieza a otorgarle sentido a tanto preliminar. Los arañazos pasan a ser heridas y el dolor deja de ser una punzada para ser la duradera sensación de un golpe bien propinado. O varios: hígado, riñones, sí, las partes nobles. Faulkner enfila la segunda mitad del libro con mucha mayor claridad, no diáfana, no, pero sí progresiva, con la convicción solo posible en los grandes de verdad. Esta historia es dura, cruel, con muy poco resquicio para sonrisa o confort de ningún tipo. Nada de corriente empática subterránea con los personajes más deleznables, como Capote. Ni un segundo de descanso. El mundo, sobre todo el de Faulkner, es un lugar con algunos rincones muy poco aconsejables y Santuario es la crónica de un garbeo por unos cuantos de ellos. 

Otras obras de William Faulkner en ULAD: Aquí

sábado, 17 de diciembre de 2011

William Faulkner: El ruido y la furia

Idioma original: inglés
Título original: The Sound and the Fury
Año de publicación: 1929
Valoración: Imprescindible

En caso de duda, a veces es bueno recurrir a los clásicos. Andaba yo algo decaído (lecturalmente hablando) porque hace tiempo que no acertaba con una lectura de esas que aquí en ULAD catalogamos de "Imprescindibles", así que decidí ir a lo seguro y releerme El ruido y la furia, una novela que si en su tiempo no me impresionó tanto como ¡Absalón, Absalón!, fue solo porque habiendo leído ya antes ¡Absalón, Absalón! ya tenía una idea más precisa de lo que me esperaba.

El ruido y la furia (el título, por supuesto, viene de Macbeth, "la vida es un cuento contado por un idiota lleno de ruido y furia y que nada significa") y se relaciona especialmente (aunque no únicamente) con la primera sección de la novela, narrada por un personaje autista: Benjy, el hermano más joven de la familia Compson. Los otros hermanos, alrededor de los cuales gira a acción, son Quentin -quien también aparecía en ¡Absalón, Absalón!-, hermano sensible, intelectual y enfermizo; Caddy (el único personaje que se preocupa verdaderamente por Benjy, y cuya promiscuidad producirá conflictos familiares y acelerará la decadencia de la familia), y Jason, el más duro, materialista y desapasionado de los hermanos.

Pero la historia en sí no es lo esencial -aunque, ojo, los confictos, pecados y perdiciones de la familia Compson tampoco son moco de pavo como material-: lo que es fundamental y magnífico en esta novela (como en otras de Faulkner) es el modo en el que la historia es presentada, empleando diversas técnicas narrativas y estilísticas que se adaptan a la voz de los personajes-narradores (Benjy en la primera sección; Quentin en la segunda; Jason en la tercera; un narrador en tercera persona en la cuarta y última). La libertad y maestría con la que Faulkner emplea el stream of consciousness en varios apartados de la novela, el desorden cronológico en que está contada la historia o el juego de perspectivas que se construye (un mismo hecho puede aparecer contado varias veces desde varios puntos de vista distintos) si bien pueden oscurecer y dificultar la comprensión de la historia (lo que puede hacer que muchos lectores decidan abandonarla), crea al mismo tiempo un universo lingüístico-narrativo único, y subyugante para quien aprecie este tipo de técnicas.

La conclusión es necesariamente semejante a la que ya puse al final de ¡Absalón, Absalón!: no es una novela fácil; no es una novela para todos los gustos; no es una novela para leer mientras se ve el partido del Athletic. Pero si se coge con calma, con ganas y con tiempo, y sobre todo si se disfruta como un enano con las maravillas de la técnica narrativa en estado puro, es uno de los mayores placeres lectores que uno puede llevarse a los ojos.

Ah, qué a gusto se queda uno...

Otras obras de William Faulkner en ULAD: Aquí

viernes, 16 de diciembre de 2016

Ramiro Pinilla: Las ciegas hormigas

Idioma original: Español
Año de publicación: 1960
Valoración: Bastante recomendable

Ramiro Pinilla reconoció abiertamente en varias entrevistas la admiración que sentía por Faulkner y la influencia que éste tuvo en su obra. El mayor ejemplo de esta influencia lo encontramos en "Las ciegas hormigas", que bebe directamente de las fuentes de "Mientras agonizo" (carreta con cadáver incluido). 

Es "Las ciegas hormigas" un libro oscuro, duro, de un pesimismo brutal, en el que nos hallamos con una familia, los Jaúregui (podrían ser los Bundren), en una situación límite, entre los sentimientos y el puro instinto de supervivencia, en una situación de quiebra. 

Ambientado en una época oscura (no se menciona pero se intuyen los años más negros del franquismo, valga la redundancia), la acción se desarrolla, fundamentalmente, en una noche de terrible galerna, con la lluvia y el viento azotando a los protagonistas. Esa noche un barco cargado de carbón encalla junto a los acantilados de la Galea, el temporal hunde el barco y su carga de desparrama entre las rocas y peñas. Todo Getxo, y entre ellos los Jaúregui, se lanza a recoger el carbón de la playa, pero múltiples desgracias se cebarán con ellos.

Es, por tanto, la historia / tragedia de los Jaúregui en esos días. Pero, sobre todo, es la historia de Sabas Jaúregui, el cabeza de familia. Sabas es el protagonista (sin voz) casi absoluto de este libro. Trabajador infatigable, hombre de voluntad inquebrantable, se verá inmerso en una lucha sin tregua contra los elementos, contra las circunstancias adversas, contra las leyes hechas no en favor de pueblo sino en su contra, en una lucha en la que no importa ganar o perder, sino seguir adelante.

Las similitudes con "Mientras agonizo" son patentes, sobre todo, en la forma elegida por Pinilla para narrar la historia / tragedia de los Jaúregui.

Una figura, Ismael (cuarto hijo de Sabas), asume el papel de narrador que cuenta los hechos desde un futuro indeterminado. En el momento del naufragio, Ismael es un adolescente que, a sus catorce años, idolatra al padre - héroe, aunque la perspectiva que da el tiempo le hace matizar esa opinión. Es Ismael el hijo predilecto de Sabas y el más cercano a él. Es, por tanto, quien tiene una visión más global del conjunto, por lo que su elección como conductor de la historia es de lo más acertada, sobre todo teniendo en cuenta que Sabas, en el libro, no tiene voz. Lo que podemos saber de él, lo sabemos gracias a Ismael.

El resto del libro son monólogos interiores de los diferentes protagonistas del drama, narrados en presente, con algún pequeño flash-back. Cada uno de los personajes nos ofrece una visión parcial de la historia ("su visión") y desempeña un papel simbólico en la misma.
Fermín, el hijo mayor y desafortunado protagonista de la tragedia que precipitará los hechos, está marcado por un sentimiento de inferioridad enfermizo ante el padre. Este sentimiento, acentuado por traumas sexuales, le llevarán a aislarse del resto de la familia hasta el fatídico día del naufragio, en el que buscará una redención mediante el trabajo. Un deslavazado monólogo explicando los motivos de su aislamiento será lo único que oigamos de sus labios. 
Cosme, segundo hijo de Sabas, se enfrenta al padre y a lo que este representa mediante su ruptura con la tradición. La violencia en su relación con el padre está latente en todo momento, aunque no puede ceder al "poder" casi mítico de Sabas.
Bruno, tercer hijo, es, al igual que su padre, otro "macho" dotado de todas las virtudes de la especie, pero sin la voluntad de Sabas. Introduce un elemento desestabilizador en la trama al escaparse del servicio militar el mismo día del naufragio.
Nerea, la hija pequeña, representa una mezcla de inocencia y crueldad, ajena en parte al mundo de los adultos.
Josefa, esposa de Sabas, aparece, al igual que el resto de personajes, subordinada a la voluntad de su marido, pero no por imposición directa de éste, sino por la fuerza que de él mana. Es el personaje que más evoluciona en el libro, hasta el punto de sufrir una revelación de corte existencial.
Por último, Pedro, hermano de Josefa, es la antítesis de Sabas. Todo lo que son virtudes en Sabas son defectos en Pedro. Es un personaje muy importante en el libro ya que estos defectos desencadenan gran parte de los acontecimientos.

Pero la utilización de esta técnica del monólogo interior implica la "desaparición" del autor y eso, en ciertos momentos, es algo que no se consigue. En algunos monólogos se introducen reflexiones en las que se percibe claramente que son más ideas del autor que de los propios personajes.
Por otro lado, los personajes, en teoría, apenas saben leer o escribir pero se expresan con conceptos casi filosóficos que no digo que sean desconocidos para ellos, pero suenan un tanto forzados en sus bocas.
Y, por último, las influencias de Faulkner son tan evidentes que uno tiende a comparar y, aunque Getxo pueda ser nuestro Yoknapatawpha, Faulkner es Faulkner y no hace falta añadir más.

A pesar de estos "peros", la trama es tan poderosa y tiene tanta intensidad que se eleva por encima de sus pequeños errores y convierte a "Las ciegas hormigas" en un libro absolutamente disfrutable y recomendable.


La obra casi completa de Ramiro Pinilla en ULADSenoLa higueraVerdes valles, colinas rojas 1,Verdes valles, colinas rojas 2 y 3Aquella edad inolvidableSolo un muerto másHuesosCadáveres en la playaEl cementerio vacíoLos cuentos

P.S.: Recuerdo cuando, de crío, nos llevaban en el colegio de excursión al molino de Aixerrota, a los acantilados de la Galea o a Arrigúnaga. Obviamente, con 10-12 años no conocía el libro pero, ahora, me puedo imaginar perfectamente los hechos, ver el barco entre las peñas, etc. Ya no es ese lugar semi-salvaje y semi-mítico que uno intuye en los libros de Pinilla, aunque gracias a haberse librado de la especulación urbanística conserva un aura especial. Y las vistas del Abra siguen siendo muy recomendables.

lunes, 3 de septiembre de 2018

J. D. Barker: El Cuarto Mono

Idioma original: inglés
Título original: The Fourth Monkey
Año de publicación: 2017
Traducción: Julio Hermoso
Valoración: se deja leer


¡Anda que no tenía yo ganas de meterme entre pecho y espalda una buena novela de asesinos psicópatas (la última con la que lo intenté, la tuve que abandonar), con su villano chifladísimo pero más listo que un demonio con sobredosis de azúcar y su trama con más giros y recontragiros que la carretera de Sa Colobra! Su poli atormentado de rigor, sus escenas aquero... escabrosas, su sorpresa final... En fin, que, para mí, sin novela de psicópatas no hay verano (que ya sé que lo que hay que hacer es leer a Faulkner y así, pero mirad, hay un momento para cada cosa, lo mismo que no siempre vas a estar comiendo solomillo Wellington con salsa de Pedro Ximénez y patatas soufflé, sino que a veces apetece una hamburguesa con queso y patatas fritas...).

Lo malo, claro, es cuando la hamburguesa no es de la cadena que te gusta, sino de esa otra que ni fu ni fa, por no decir puaggh... Cuando el artífice de dicha hamburguesa o de la novela de psicópatas asesinos (lo de la hamburguesa es una metáfora supercurrada que me había marcado, por si no os habíais dado cuenta) utiliza todos los ingredientes adecuados y sigue el manual de la cadena de fast-food de turno o el de "Cómo escribir su propia novela megaexitosa de psicópatas asesinos" (seguro que existe algo así) y el resultado es, quizá no puaggh pero sí plof... una sosada, una medianía, una decepción... Bueno, decepción a medias, porque tampoco es que uno esperase encontrar aquí un Faulkner, ni un James Ellroy... vamos, ni siquiera un Thomas Harris, por no salir del subgénero de asesinos psicópatas. Pero está claro que a veces no basta con seguir el manual, y por mucho que este Barker meta su asesino más listo que un demonio, su poli atormentado, sus escenas truculentas, sus giros y recontragiros, el resultado se parece más al cubo de cebo de Placton que a una deliciosa burguer Cangreburguer del Crustáceo Crujiente (igual ya se me ha ido un poco de las manos lo de la metáfora, ¿verdad? Sorry...).

Y el caso es que, a priori, la cosa no pintaba mal, con una premisa interesante: el poli atormentado, Sam Porter, detective de homicidios de Chicago, debe averiguar si un tipo que ha muerto atropellado por un autobús es el Cuarto Mono, el asesino psicópata más listo que etc..., que lleva varios años aterrorizando a la ciudad. Y de paso, tratar de salvar a la que podría ser su última víctima. La narración de la investigación en sí -con sus giros y etc...- se alterna con la transcripción de un supuesto diario, aún más delirante, si cabe, dejado por el supuesto asesino y que constituye en sí mismo casi otra novela, una "narración dentro de la narración", digna por momentos de la literatura pulp más rarita... En fin, tiene su gracia, aunque también ralentiza y entorpece el ritmo de la que sería la línea argumental principal. Tampoco es que se pierda mucho, hay que admitir...

Bueno, tal vez estoy siendo demasiado duro con esta novela. Lo cierto es que, aunque no entusiasma ni sorprende, tampoco despierta el sonrojo y mucho menos, ya digo, la vergüenza ajena (cosa que no ocurre con otras, y bien exitosas, del mismo género). Está escrita con corrección y resulta una lectura ligera y previsible, ideal, supongo, para quien no busca otra cosa que amodorrarse con un libro en la playa o en la piscina. O echar una buena siesta en la hamaca de la terraza en los meses de canícula estival... Eso sí, si, pese a la calor, se quiere leer algo con más sustancia, mejor hacerle caso a Tongoy y dedicarse a Faulkner (Luz de agosto sería lo más adecuado, claro); eso que se habrá ganado.

viernes, 17 de marzo de 2017

Reseña + Entrevista. William H. Gass: En el corazón del corazón del país

Idioma original: Inglés
Título original: In the heart of the heart of the country
Año de publicación: Entre 1958 y 1968
Traducción: Rebeca García Nieto
Valorración: Muy recomendable / Imprescindible

Hay libros que te marcan, que te dejan boquiabierto, que te hacen volver a creer en la (buena) literatura, libros que son como un hook al hígado, que te dejan sin aire, pero con ese punto de placer que en ocasiones trae el dolor, libros que parece mentira que hayan estado años y años olvidados.

Uno de esos libros es "En el corazón del corazón del país". Y lo es, fundamentalmente, por dos de los textos que lo componen.

El primero es "El chico de Pedersen", novela breve que abre el libro. Es un texto, por sí solo, totalmente imprescindible por estilo y por argumento. No voy a destripar nada, solo algunas pistas: novela iniciática, con nieve (mucha, más que en Fargo), violencia (mucha, aunque no necesariamente física), simbología (muchísima, sobre todo referente a la muerte y a la resurrección), ecos de Faulkner (bastantes) y un narrador / personaje principal, unos secundarios (Pa y Big Hans) y una historia de los que se quedan en la cabeza mucho tiempo.

Continúa el libro con "La señora ruin", más breve e inferior a "El chico de Pedersen". Narrado también en primera persona, en él un narrador / voyeur contempla la vida de un vecindario muy "clase media". A diferencia de "El chico de Pedersen", encontramos algo de humor (negro, eso sí) y un final con tintes surrealistas que deja al lector algo descolocado.

El tercer relato, "Carámbanos", se centra en la vida de Fender, un americano medio empleado en una inmobiliaria. Obsesionado con los carámbanos que dan título al relato y con una mente un tanto difusa, asistimos a su progresivo retraimiento, soledad y aislamiento.

El cuarto, "El orden de los insectos", lo situaría prácticamente al nivel de "El chico de Pedersen". Apenas una docena de páginas, en forma de monólogo aparentemente deslavazado, plagadas también de simbología (la muerte está siempre ahí, al acecho), para contarnos el paso del terror o el miedo a la simple curiosidad y de esta a la pura obsesión de un ama de casa por los cadáveres de los insectos que, misteriosamente, aparecen en su salón. Un relato terriblemente perturbador.

Termina el libro con "En el corazón del corazón del país", una especie de cuaderno de bitácora de un poeta retirado en una ciudad anónima y gris del Medio Oeste. Similar a "La señora Ruin" en lo que se refiere a un personaje / narrador / voyeur que observa lo que le rodea, pero completamente diferente en su estructura y desarrollo. Y es que, en este caso, la observación exterior conduce a una observación interior, al corazón del corazón del país.

En pocas palabras: un verdadero descubrimiento. Por un lado, por esos personajes al borde de la locura, ya sea por exceso de lucidez o por problemas "psíquicos", solitarios, individualistas, grotescos, grises, sórdidos, obsesionados con la muerte, etc son de los que dejan huella. Y por otro por ese estilo, que por momentos recuerda a Faulkner y por momentos a Joyce. difícil, exigente con el lector por experimental, por tremendamente personal y por la abundancia de símbolos. 

Sé que habrá más Gass en el futuro y espero que también haya más libros de La Navaja Suiza, editorial que debuta con esta obra.

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Aprovechando la ocasión, nos lanzamos a charlar con La Navaja Suiza. Aquí están nuestras preguntas y sus jugosas respuestas

España, 2017, bajos índices de lectura, libros electrónicos, descargas ilegales, etc. ¿Cómo se os ocurre lanzaros a una aventura como esta?

El paisaje parece desolador, sí, pero somos gente algo insensata y, sobre todo, no hemos perdido la confianza en el valor de la lectura. Hay mucha gente dispuesta aún a seguir disfrutando con un buen libro, lo que no es obstáculo para que no se pueda disfrutar de muchas otras alternativas disponibles, diferentes a la lectura. Pero si hay algo que nos defina a los editores de La Navaja Suiza es que somos lectores, y como tales nos gustaría compartir con los demás los libros con los que hemos disfrutado. Durante tres años lo hicimos con nuestra web Libros Instrucciones de Uso, y ahora hemos dado el salto a la editorial. La Navaja Suiza es, de algún modo, la forma materializada de una conversación de barra de bar en la que le recomiendas a alguien un libro. Proponemos esos libros que ya no estaban disponibles o que son nuevos y que creemos que aúnan ciertas características que los hacen valiosos: ofrecen una propuesta estética diferente, invitan a sumarse a reflexiones que nos parecen necesarias, proponen una determinada visión de la realidad social, ya sea contemporánea o de un tiempo pasado pero que pueda hablarnos del presente… El conjunto de estas cuestiones es lo que nos ha lanzado a la edición.

Hablando de esos datos de lectura y demás, ¿creéis que España se lee poco y mal o sois algo más optimistas?

Desde luego, si no fuésemos optimistas nunca nos hubiésemos lanzado a esta locura. No creemos que ahora se lea poco. De hecho, es posible que se lea más que nunca, o así lo dicen al menos los índices de lectura. Otra cosa es que lo que se lea sea literatura, pues hay muchos otros tipos de lectura. Por otro lado, tenemos que ser conscientes de que en España los índices de lectura nunca han sido buenos, y esa visión, que parece actual, de que ya nadie lee, a nosotros nos parece más un mantra que se ha repetido desde hace un siglo. Hay textos de Larra, por ejemplo, denunciando el poco interés de la gente de su tiempo por la lectura. Por tanto, somos más bien realistas y sabemos que aunque la lectura de literatura no es mayoritaria, la gente interesada por ella es muy fiel y agradecida. Es a esas personas a las que nos dirigimos sobre todo, aunque por supuesto, uno siempre sueña con crear nuevos lectores.

El amado/odiado (me inclino por lo segundo) libro digital: ¿amenaza u oportunidad para editoriales independientes?

Nosotros somos ante todo herederos de lecturas en papel. Sin embargo, alguno de nosotros apenas ha tocado un libro digital en su vida mientras que a otro no le importa demasiado saltar de un formato a otro. En principio, el libro digital no tiene por qué ser una amenaza. La amenaza está más bien en ciertas asunciones que se hacen con respecto al libro digital, como la del precio, que tiene que ser sensiblemente menor que el del papel, y en la entrada en el mundo editorial de ciertos agentes encargados de venderlos y cuyo único interés es el rédito económico, y si con ello arrastran a la bancarrota a las editoriales no les importará lo más mínimo. Aparte de eso, el digital no deja de ser otro formato de lectura, como en su día lo fueron las tablillas o los papiros, por lo que si mañana el formato digital es el mayoritario, habrá que adaptarse a ello. De hecho, pensamos que al papel le queda todavía bastante vida por delante. A pesar de los augurios que se lanzaron hace no demasiado de que para 2020 ya estaríamos todos leyendo prácticamente todos los libros en formato digital, lo cierto es que no es así. Si charlas con editores que publican en ambos formatos la mayoría te dirá que las ventas en digital aún son residuales con respecto a las ventas en formato papel. Esto no quita, sin embargo, para que las editoriales pequeñas pensemos en fórmulas para adaptarnos al cambio y que no nos coja a contrapié. Nosotros estamos barajando la salida en digital pero antes queremos estudiar bien cómo lanzarlos para que resulten atractivos y no una mera oferta más de un producto que a veces se ofrece de forma descuidada y como la alternativa «fea» del libro en papel.

Momento "primera referencia de la editorial". Elección del autor. ¿Qué os lleva a elegir a Gass, un autor semidesconocido y no precisamente fácil?

Ante todo las ganas de recuperar a un autor, como bien dices, poco conocido pero valiosísimo para el devenir de la literatura estadounidense, ya que sirvió de puente entre el modernismo y el posmodernismo en ese país. Aunque a él lo relacionan habitualmente con otros autores algo más conocidos en España de su generación y enmarcados en el posmodernismo como Gaddis, Barth o Coover en realidad Gass tiene una forma de narrar más clásica que ellos y sobre todo se centra en sacar todo el partido posible al lenguaje. En su literatura está claramente Faulkner pero también puede uno ver a Joyce, a Gertrude Stein o incluso a Rilke. Sabíamos que se trata de un autor al que hay que leer con todas las expectativas abiertas, sin ningún tipo de prejuicios sobre qué es o no es difícil, y precisamente por el carácter de los relatos que componen En el corazón del corazón del país, en los que hay una clara vocación estética pero también reflexiva nos llevó a pensar que esa era el título idóneo para empezar con la editorial, algo así como una declaración de principios de lo que queremos publicar.

Momento "primera referencia de la editorial". Elección de diseño del libro, traducción, corrección, etc. Me da la impresión de que las editoriales independientes, en general, estáis haciendo un gran esfuerzo en estos temas de cara a ofrecer un "producto" (palabra odiada, por cierto) identificable y de calidad. ¿Hasta qué punto es importante de cara a vosotros?

Tal vez esto tenga relación con lo que preguntabas antes acerca del libro digital. Si se quiere hacer atractivo el libro de papel, tiene que ser a partir de un diseño atractivo, que lo convierta en un objeto que uno desea tener, frente a la naturaleza líquida del libro digital. Es algo que hemos tratado de hacer cuidando el diseño de las cubiertas e incluyendo un retrato del autor en el interior al modo de las antologías clásicas. Aunque lo fundamental, y en eso hacemos mucho hincapié, es el cuidado del texto: que las traducciones sean buenas, que el libro no tenga erratas, que la lectura sea cómoda, placentera para quien se gasta el dinero en él. Como te comentábamos antes, somos ante todo lectores, y, aunque suene a tópico de editor, tratamos de hacer los libros que a nosotros nos gustaría leer y tener.

Pero aparte de esta visión romántica no olvidamos que aunque el libro es un producto cultural también es un producto de consumo y que se establece una lucha entre esas dos naturalezas de la que es imposible abstraerse. Es obvio que cuanto más cuide uno su producto, más atractivo será para el comprador y eso nos ayudará a seguir publicando libros e incluso a mejorarlos con el tiempo. Del próximo libro que publiquemos vamos, por ejemplo, a numerar los 250 primeros ejemplares, para que aquel que lo compre tenga la sensación de que se trata de un objeto único.


De cara a próximos lanzamientos, ¿nos podéis adelantar algo? ¿Seguiréis rescatando clásicos semiolvidados o habrá también autores "actuales"? ¿Españoles, extranjeros o una sabia combinación de ambas?

Haremos honor a nuestro nombre y trataremos de configurar un catálogo heterogéneo pero que con el tiempo se verá que obedece a una idea unificadora. Los tres editores tenemos gustos literarios diversos pero coincidimos en algunos aspectos esenciales y eso se irá viendo a medida que publiquemos más títulos. Sacaremos recuperaciones pero también autores inéditos, no necesariamente contemporáneos, aunque también habrá algunos de estos últimos en nuestro catálogo.
Sí podemos avanzar que el próximo título, que saldrá a finales de este mes o comienzos de abril es "La casa grande", del colombiano Álvaro Cepeda Samudio, publicado originalmente en 1964, una novela que su gran amigo García Márquez calificó como un experimento arriesgado y que cumple con muchas de las características que tenían los libros del famoso boom latinoamericano, en las que prima la búsqueda de nuevas formas y también una necesidad casi irremediable de narrar la realidad de su país. "La casa grande" fue la gran obra de Cepeda Samudio –que por desgracia murió pronto aunque muchos consideraban que era el autor más prometedor de esa generación–, una novela en la que se mezclan, de forma fragmentaria, diferentes estilos y que narra la llamada Masacre de las Bananeras, en la que el Estado colombiano ajustició a los recolectores del banano, que se habían declarado en huelga en contra de las condiciones de trabajo que había impuesto la United Fruit Company estadounidense. Para nosotros es un libro imprescindible de esa época y estamos asombrados de que nunca haya tenido en España el reconocimiento que merece.


Por último, si os dejaran editar solo un libro, cualquier libro, ¿cual elegiríais?

Una de las aspiraciones que tenemos y que no ocultamos es convertir a William Gass en el autor insignia de la editorial porque estamos enamorados de su literatura. Por eso, un libro que nos gustaría mucho publicar es "The Tunnel", por el que recibió el National Book Award y cuya escritura le llevó veinticinco años, una obra maestra. Publicarlo, desde luego, sería darnos un gustazo.

martes, 1 de enero de 2019

Ron Rash: Un pie en el paraíso

Idioma original: Inglés
Título original: One foot in Eden
Traducción: Pablo González-Nuevo
Año de publicación: 2002
Valoración: Recomendable

“Un pie en el paraíso” es una novela "tramposa". Ambientada en los años 50 y 70 en el sur profundo de los Estados Unidos (concretamente, en Carolina del Sur), en sus primeras páginas parece la clásica historia de intriga con su misteriosa desaparición, su triángulo amoroso, su sospechoso y su consiguiente investigación, pero hacia la página 70 el misterio se desvela, conocemos la identidad del asesino y lo que parecía una novela negra se convierte en una novela más psicológica.

En el aspecto formal, se trata de una novela "puzzle" compuesta por cinco capítulos, narrados cada uno de ellos por un personaje diferente (el sheriff, la esposa, el marido, el hijo y el ayudante del sheriff).

Los tres primeros capítulos, que transcurren en las semanas inmediatamente anteriores y posteriores a la desaparición y asesinato de Holland Winchester, cumplen una doble función: la construcción de los tres principales protagonistas a partir de sus situaciones personales, motivaciones, miedos, temores y secretos y la confección de un completo cuadro de los hechos a través de los puntos de vista e informaciones fragmentarias aportadas por los propios narradores / protagonistas.

En los dos últimos capítulos, que trascurren dieciocho años después y que son narrados por el hijo y el ayudante del sheriff, asistimos a la vuelta de un pasado del que resulta imposible escapar. Los acontecimientos que parecían sepultados vuelven a salir a la superficie, al mismo tiempo que el valle en el que trascurre la acción es inundado por la construcción de una presa (bonita imagen), y hacen que los protagonistas deban enfrentarse a los mencionados secretos y temores, siempre con un propósito de redención en el fondo.

Pese a que “Un pie en el paraíso” dista de ser una novela original (Faulkner asoma por todas partes) y a que ciertas reiteraciones, producto de la propia estructura de la novela, entorpecen en algunos momentos la narración, estamos ante una lectura de lo más entretenida y recomendable en la que destacan, fundamentalmente, la capacidad de Rash para transmitir en las descripciones de ambientes y paisajes la opresión y asfixia que ahoga a los protagonistas de la novela, su habilidad para mantener el interés y la tensión del relato a pesar de haber desvelado rápidamente el aparente misterio inicial y la construcción de unos buenos personajes, con mención especial para el de “el marido”.

En definitiva, "Un pie en el paraíso" es una novela muy cinematográfica, sólida y efectiva, en la línea de la tradición sureña de Faulkner, O'Connor y compañía. Aunque estas sean palabras mayores, claro.

domingo, 24 de diciembre de 2017

El libro y su momento

Como seguramente he comentado alguna vez, creo que el libro tiene interés desde varios puntos de vista. Por ejemplo, como objeto físico, con su formato y peso determinados, el ejemplar que tenemos entre manos, junto con la forma en que ha llegado a nosotros (compra, regalo, préstamo), posee sustantividad propia, que forma una unidad con su contenido. Quizá por eso tengo tan poca afición al el libro electrónico, en el que todo esto queda bastante diluido, y solo el texto en sí conserva su importancia.  

De la misma forma, tal vez con mayor intensidad, el hecho de leer en un momento y lugar determinados le añade al libro características subjetivas que, si son suficientemente potentes, quedan fundidas con aquello que recibimos del autor. A veces tanto reseñistas como visitantes del blog hemos aludido a alguna de estas circunstancias, y se ha recordado la ocasión, el lugar o el momento
preciso en que se ha leído un libro concreto. Son recuerdos muchas veces intensos y nítidos que siempre me traen a la memoria situaciones similares que he vivido, libros leídos en circunstancias singulares, que han quedado para siempre indisolublemente unidas a aquellas lecturas. Y me voy a permitir contar algunas de ellas. 

Sin lugar a dudas, mi experiencia más intensa con un libro tuvo como protagonista 'El ruido y la furia' de William Faulkner. Edición Bruguera de bolsillo, en color gris, titulada más literalmente ‘El sonido y la furia’. Lo leí en lo que probablemente era el entorno menos apropiado, o tal vez todo lo contrario: acompañando a una persona muy querida durante interminables noches en un hospital. Yo era muy joven, y la combinación de la atmósfera irrespirable de los pueblos polvorientos y los personajes desquiciados de Faulkner con la angustia ante la enfermedad y el dolor, resultó demoledora. Muchos años después me siento estremecer con el recuerdo, y hoy es el día en que soy incapaz de volver a abrir aquel libro, casi de tocarlo. La idea de releerlo me atrae, pero estoy seguro de que nunca lo haré.

En un tono desde luego mucho menos dramático, me viene a la memoria otro par de títulos directamente asociados a algunas otras dolencias, esta vez propias: 'El nombre de la rosa' (virus pillado por una imprudencia en la ruta del Cares) y una parte de la Biblia, leída a trozos durante bastante tiempo. En este último caso, no es tanto la enfermedad en sí lo que asocio al libro, sino la presencia de mi padre durante horas, en silencio, en un sofá junto a mi cama. Entiéndase que nuestra peculiar relación no daba mucha ocasión a escenas semejantes y, mientras leía los Salmos o las atrocidades de la época de David, no sé, me sorprendía en aquel cuadro familiar tan insólito.

A veces el libro adquiere ese estatus especial no por una sino por varias circunstancias anecdóticas que, todas juntas, forman un pequeño itinerario que se prolonga en el tiempo y hace que ese título, aunque de forma intermitente, mantenga una especie de presencia constante. Así me ocurre con 'Amaya o los vascos en el siglo VIII'. Era uno de los muchos volúmenes que lucían en la biblioteca de mis tíos que a mí, no sé si acertadamente, me parecía soberbia. En su momento no me atreví con aquel tocho, pero la renuncia quedó por ahí flotando, como una pequeña mancha. Bastantes años después me decidí, fue quizá el primer libro que leí en formato electrónico y tuvo además el honor (más bien lo tuve yo) de ser la primera colaboración que me publicaron los amables redactores de ULAD. Finalmente, como para completar el círculo, acabé comprándolo en papel en la honorable librería de viejo donde busco suministros desde hace mucho tiempo. 

Libros leídos durante enfermedades propias o ajenas, o cuando alguien se nos va, pero también en la playa, quizá durante un verano solitario, o no tanto, regresando en un tren de un viaje muy especial o coincidiendo con algún acontecimiento social o político, quizá en un país extranjero, cuando nos quedamos en paro o cambiamos de empleo, o de casa, o simplemente un fin de semana lluvioso que por alguna razón desconocida asociamos para siempre a aquella lectura. Libros dejados a medias, perdidos, robados o recuperados de un préstamo que parecía sin retorno. O, por qué no, un libro leído en una Nochebuena diferente. 

A veces el libro tiene un efecto medicinal, contrapesando un momento de dolor o de soledad, o puede sumar a la realidad amargura o desasosiego, quizá entusiasmo o tranquilidad. La mayor parte de las veces esas pequeñas historias pasan al olvido por intrascendentes, pero como lectores, queramos o no, algunos de esos libros no serán nunca solamente aquello que nos contaba su autor, sino ese mismo texto enredado para siempre con un trozo de nuestra vida, el objeto y la lectura que nos acompañó justamente en aquel momento. Seguro que nos ocurre a todos.

sábado, 21 de octubre de 2017

Bandi: La acusación


Idioma original: coreano
Título original:  고발 [Gobal]
Año de publicación: 2017
Traducción: Hye Young Yu , Héctor Bofill
Valoración: bastante recomendable

Emitir una valoración sobre un libro como este, más cuando uno se obliga a que ésta sea inteligible, es una tarea que requiere una puesta previa en contexto.
Para ello, basten un par de detalles. Ni la etiqueta "escritores norcoreanos" ni "libros bajo pseudónimo" habían sido activadas a lo largo de los ocho años largos de historia de este blog. El motivo es sencillo: el hermetismo de la dictadura hereditaria del país asiático actúa de manera contundente como barrera y obstaculiza la difusión de sus autores, y éstos solo pueden publicar sus obras de forma clandestina y a costa de exponerse (a ellos, a sus familias actuales, a generaciones venideras) a duras represalias. Y Bandi es, claro, un pseudónimo, porque lo que se explica aquí, incluso eludiendo detalles,  me parece tan verdadero como terrorífico, aunque surja el impresentable de turno que se obstine en negarlo y en achacarlo a una especie de conspiración, no creo que tanta coincidencia obedezca a la fantasía. Ya es el cuarto libro que leo sobre este país y he intentado compensar las fuentes y, el camarada Cao de Benós me perdonará, aunque está claro que la temática dispone (vía morbo o vía lo que sea) de un innegable atractivo comercial, lo que denuncian los siete relatos de este libro parece ser cierto, y si es cierto yo no puedo calificar al régimen de Corea del Norte como otra cosa que una perversa organización criminal amparada bajo el pretexto de proteger a un pueblo al que oprimen y martirizan de forna cruel y sistemática. Mala gente, esta dinastía de tiranos que aislan a su pueblo pretendiendo que se trague la sarta de tonterías que se les atribuye a abuelo, padre e hijo. 
Pero claro: la mano levantada. La mano en forma de sistema de información y de traición y de maquinación cuyos extremos, relatan estos cuentos, son terroríficos. De forma perversa, sin nada que envidiar a lo más nauseabundo del nazismo. Familias represaliadas por las acciones o las sospechas de las acciones de uno de sus miembros. Menudo acto de justicia sería que semejante alimaña, la cosa suprema o como esté disponiendo ser denominado, fuera descabalgado del poder junto con sus secuaces y tuviera que responder algún día de sus tropelías crueles y caprichosas.
Una cuestión que también manifiesta esta lectura es el difícil acceso del lector norcoreano a la obra narrativa actual. Estos cuentos mantienen una tonalidad algo naif, alejada de los complejos mecanismos de las obras de hoy en día, mostrándose a la vez "pura" por su condición de intento de comunicación como por su falta de adulteración de algunas de las manías en boga en la literatura, en esa literatura en que muchos se creen que leer mucho a Faulkner es ser Faulkner. Es decir: son historias lineales y comprensibles y eso las humaniza aún más, les dota de una pátina ingenua y escalofriantemente cercana. A pesar de que respondan a los estereotipos que vienen publicitándose, rehuyen lo truculento para abordar más lo psicológico. Seres que han de habilitar permisos para desplazarse dentro del país ante el anuncio de una madre agonizante. Burocracia en todos los grados de la crueldad más arbitraria. Personas marcadas por hechos de sus conocidos o familiares. Hambre, cómo no, reeducación, delación, purgas, el individuo asediado a la vez por lo absurdo y lo criminal. Menuda pandilla de gobernantes, la aristocracia falsamente proletaria que se ha montado Kim Jong Un y su séquito de impresentable, que queda descrita aquí con la suficiente claridad y sutileza como para no dejar dudas sobre su veracidad.

viernes, 23 de septiembre de 2016

Sherwood Anderson: Winesburg, Ohio

Idioma original: inglés
Título original: Winesburg, Ohio
Año de publicación: 1919
Traducción: Miguel Temprano
Valoración: muy recomendable

Para los que se quejan de lo fácil que nos la cuelan los autores (y las editoriales y las promotoras y los periodistas) norteamericanos, voy a empezar aclarando que Sherwood Anderson es un escritor nacido en el siglo XIX y que me fue "presentado" en un párrafo de "El rey pálido" de DFW. Lo que tienen esas lecturas que alternas cuando andas sumergido en algo gordo. Y espero que sea "este" Anderson, pero me da que sí. 
Porque algo me sonaba eso de Winesburg, Ohio, y desde luego más me sonará si puedo ir indagando más. Porque ver que hablamos de principios de siglo XX y ver que es tan fresco, tan eficaz. No os extrañe que se le otorgue alguna condición que os sorprenda; como ser una muy probable influencia para la creación del universo de Faulkner. Porque yo ignoro si existe un pueblo de verdad con ese nombre. Wikipedia dice que sí, pero que no era el que Anderson describia. De no haberlo, de no existir uno solo de esos personajes, estamos ante un precedente del condado de Yoknapatawpha y estamos ante un precedente de ese modo de narrar basado en la exigencia al lector: crónica emitida a varias voces, esta colección de relatos/recortes/piezas que  se van a ensamblar, pero no por que haya sensación de suspense o de pura proximidad de la tragedia. Es más una demostración de que las pequeñas comunidades siempre tienen que contar con la presencia de un testigo que de todo da fe,y  que es cronista de todas las cuitas y los encuentros furtivos y los deseos reprimidos, a la vez que el contrapunto necesario y el conocedor de motivos y causas y consecuencias.
Éste es George Willard, periodista del diario local, testigo y partícipe. Aportando cohesión a veintidós relatos que van encajando, participando desde una inalterable coherencia profesional solo interrumpida por su cercanía a los personajes. Todos ellos desfilan en distintos escenarios, y pronto descubriremos cosas de ellos, que no viene a cuento detallar demasiado, pues aconsejaría a todo el mundo que se haga con el libro y lo disfrute. Sabrá por qué alguien tuvo que salir huyendo del pueblo a los quince años. Sabrá de los paseos furtivos de las chicas, de la gente que vive sola, de los poderosos y de los desahuciados.
Fascinante descubrimiento: ver que hace casi un siglo un libro empieza a sembrar simiente que aún crece descontrolada: muchos deben a estos relatos, y por motivos muy variados. Lynch, Faulkner, Ray-Pollock, Munro. No es una mala cohorte de seguidores, desde luego.

domingo, 31 de julio de 2016

Semana del best-seller #7: La chica del tren de Paula Hawkins

Idioma original: inglés
Título original: The Girl on the Train
Año de publicación: 2015
Traducción: Aleix Montoto
Valoración: inexplicable (en todas sus acepciones)

A ver. Barcelona a finales de julio. Calor pegajoso y húmedo y ni una pizca de viento. Da pereza. Hasta escribir da pereza, pero esta gente del blog insiste e insiste en que despachemos al menos tres o cuatro párrafos para que algo pueda considerarse una reseña. Cuando yo esto lo hubiera zanjado ya en una frase.

El asesino es el mayordomo.

Mirad qué bonita y apañada hubiera quedado. Cinco palabras y listos, de cabeza a la playa o a la piscina o a Collserola a buscar sombra en algún pino. Pero no es posible. No se la cuelo. Is very difficult todo esto, como diría cualquier tonto ávido de ser investido. Pero vamos a probar. Uy, la reseña sale el 31 de julio. Tendré el honor de cerrar un mes de récord y de actuar de broche oficioso de la temporada. Pero, ay, no habrá tiempo para que toda la gente que ha salido de vacaciones se acerque a la tienda (no necesariamente una librería; este tipo de libros se apila en cualquier tipo de comercios) y se haga con un ejemplar que encajar en un rinconcito de la maleta.
Probemos alguna otra frase lapidaria, a ver si me ahorro alargarme demasiado.

Se puede prescindir perfectamente de leer esta novela. 
(Iba a decir "novelita", pero pasa de las 400 páginas, que el verano es muy largo).

¿Tampoco? Pero vamos, ya empiezo a notar humedad en las sienes, ni a la sombra se puede estar. OK. sigamos. El ejemplar que leo, prestado por una amable compañera de trabajo a sabiendas de que yo no tramaba nada bueno, lleva la fecha de puesta en estante de la tienda: Julio de 2015. Un año después, las listas de libros más vendidos en el suplemento Cultura/s de La Vanguardia aún lo muestra en primeros lugares. No es el libro del verano sino el libro de dos veranos. Con lo cual estamos ante eso que tanto gusta a los contables de las editoriales (imagino que a los de Planeta también) llamado fenómeno editorial. Sí, Paula, eres un fenómeno.
Pues lo de enfocar la narración desde la perspectiva de diferentes personajes (tres mujeres, dos en primer plano y una tercera) está ya algo visto. Lo de complicarla dejando huevos de Pascua, también. Fechas atrás, fechas adelante, este número de la calle, este otro. Lo de exigir al lector atención, no sea que pierda algún detalle capital, ídem de ídem. Lo del testigo ocasional, muy cinematográfico. Todo está hecho ya y desde luego La chica del tren no va a ser el libro que aporte nada nuevo.

La historia es difícil de explicar sin espoilear. Otro de los ganchos comerciales, supongo. "No te puedo contar nada, ya tú lo lees y me explicas". Pero es que aquí lo de las sinopsis lo tenemos bastante autoimpuesto. Hay una chica y hay un tren, que toma cada día de ida y de vuelta. Wow. Hay un cierto guiño al voyeurismo, a imaginar la vida de los demás en función de lo visto desde la ventanilla de un vagón. Pero es que la chica tiene una vida hecha un desastre. Parece que bebe bastante. Que está sin trabajo, que se ha divorciado. Pero no me preguntéis su nombre ni el de su marido. Porque ese es uno de los trucos (jugarretas) del libro. Que la narración va de un lado a otro, de un nombre al otro y de un momento del presente a un momento del pasado reciente. Que hay infidelidad, un asesinato, pasados oscuros y turbios, episodios distorsionados por la alteración de los sentidos por el alcohol. Casi 500 páginas que se hacen largas, pues parecen un redoble eterno, que pronto aporta pistas de por dónde va a ir la resolución. Yo me he puesto muy nervioso. Porque no entiendo qué tiene de disfrute para el lector esa prolongación artificiosa del suspense salvo el alcanzar el número de páginas suficiente para dar cierta "entidad". Mirad, a mí estos libros que obligan a quien los lee (so pena de sentirse tonto) a poco menos que llevar un cuadrito con lo que pasa, pues qué queréis que os diga. Cosa inúsita en mí; perdido en la página 100 vuelvo a empezar desde el principio, de lo confuso que ando. Si fuera Faulkner, sabéis, pero esta Paula Hawkins no va a ser la nueva Faulkner, casi me apuesto un par de cervezas. Ya me gustaría que su prosa se se acercara a la de Lemaitre, por ejemplo. Que aportara algo más que escritura plana, fría y funcional, rozando lo mojigato. Tanto emparejamiento, tanta infidelidad y qué poca pasión. Los tres personajes que toman la narración no son distinguibles entre sí. Puede ser un recurso, pero permitid que lo dude. Porque, descanso un poco de la sinopsis, el futuro de esta escritora es escribir La chica del tren 2 o cualquier libro que su editorial pueda vender acompañado de frases como Paula Hawkins vuelve a poner a prueba la atención de los lectores en un nuevo thriller escalofriante. En fin. 
Santi, ¿hay que seguir?. (Santi: "SIGUE"). 
En menos de cien páginas ya estamos viendo que tanto cambio de escenario, tanta obsesión con un pasado mejor y tantas adicciones con lapsos de memoria van a cuadrar en algo. Nos quedan casi 400 de puros nervios (la editorial dirá fascinante intriga) para constatarlo y pensar que cerca de 500 paginas para qué. Pues para salir de dudas y comprobar cómo se resuelve la maraña. No hay más estímulo que ese. Un asesinato, cinco candidatos, y las trampas de este tipo de libros: los detalles escondidos que son la clave. Como el Cluedo.

Así que ya está: el libro vende montones (la de julio 2015, proclama orgulloso el fajín, es la octava edición), se lee vorazmente (en mi caso, sin placer, sólo impaciente por abordar lecturas siguientes mucho más estimulantes) y se olvida en un plis-plas, limitándose su disfrute a "saber qué pasó " y dejar el libro en la estantería "ad eterno". Todo un best-seller.

Y acerca del motivo por el que éste, y no otro de los montones de libros parecidos que se escriben cada año, es el que vende centenares de miles, ya hablamos otro día.
Que hoy estoy un pelín mareado.

sábado, 4 de enero de 2014

Colaboración: El halcón maltés de Dashiell Hammett



Idioma original: inglés
Año de publicación: 1930
Título Original: The Maltese Falcon
Traducción: Fernando Calleja
Valoración: Recomendable

Sam Spade y Miles Archer son los propietarios de una prestigiosa agencia de detectives en San Francisco. Un día reciben la visita de una tal Miss Wonderly, quien, preocupada por el paradero de su hermana, les pide que sigan la pista de un matón llamado Floyd Thursby. Esa misma noche, alguien asesina al detective Archer y, poco después, al tal Thursby.

La novela negra tradicional, que ha bebido durante décadas del influjo británico, desde Conan Doyle hasta Agatha Christie, solía basarse en la elaboración más o menos artificiosa de uno o varios cadáveres y en la inaudita resolución de los hechos por parte de un individuo prodigioso, de admirable capacidad deductiva, de aceleradísima materia gris, de intelecto e imaginación desbordantes. Dime a quién matas, o a quién no, y te diré quién eres. Todo, absolutamente todo, se basa en ese cuerpo sin vida, que de vez en cuando yace en mitad de la calle, pero que las más de las veces es descubierto en su propio dormitorio, o en un vagón de tren, o mejor aún: en una biblioteca de la campiña inglesa. Hasta tal punto había llegado, y quizás siga llegando, esta obsesión por construir la intriga en torno a cadáveres aún calientes, que el famoso escritor Raymond Chandler llegó a revestirla de tintes metafísicos al afirmar en su ensayo El simple arte de matar que el asesinato es una «frustración del individuo y por consiguiente una frustración de la raza». Pues bien, esto es precisamente lo que hace que leer El halcón maltés sea casi reconfortante. Pese a que la novela abre con dos asesinatos, en las primeras páginas da un giro de ciento ochenta grado y hace que la muerte del detective Archer, socio de Sam Spade, y del matón Floyd Thursby, sean poco más que accidentales. Lo importante, queda claro desde el principio, es encontrar el halcón, una pieza de oro macizo recubierta de valiosísimas pedrerías que los caballeros de la Orden de Malta elaboraron como tributo para el rey Carlos V. Después de siglos rondando en torno al Mediterráneo, de Malta al norte de África, de África a París, de París a Estambul —a la que, curiosamente, Hammett continúa llamando Constantinopla; probablemente el último escritor del siglo XX en hacerlo para una trama moderna—, el halcón habría acabado en Hong Kong, y estaría a punto de llegar a San Francisco.

En San Francisco se reúne una tropa de personajes dispuestos a echarle el guante a la estatuilla: un supuesto griego llamado Joel Cairo, rimbombante, afeminado; un cazador de sueños con ínfulas de arqueólogo frustrado, rechoncho y bonachón, que responde a la inicial G; la propia Miss Wonderly —también conocida como Miss Leblanc o Miss O'Shaughnessy—, quien es la culpable de involucrar al detective Sam Spade en la historia, y este último, que en el transcurso de sus labores acaba siendo el primer interesado en sacar provecho del misterioso halcón. Vestíbulos y habitaciones de lujosos hoteles, callejones oscuros y casas envueltas en penumbra son los escenarios por los que van desfilando los personajes de esta historia, en un despliegue de intriga que empieza para no terminar nunca. O para terminar en la página 263, cuando ya no queda ni la información de la imprenta (que, al menos en mi edición, aparece apretujada en las primeras páginas).
En El simple arte de matar, esa joyita en la que Raymond Chandler hace apología por la novela de misterio «realista», o sea, una novela en la que los autores no escriban bagatelas ni tonterías indocumentadas, se insinúa que El halcón maltés no está a la altura de las circunstancias. ¿La razón? Que se margina al crimen. Que el crimen no es el elemento central. Que la estatuilla elaborada para Carlos V importa más que los asesinatos de Archer, Thursby y el capitán Jacobi. La verdad es que, con perdón para los seguidores del de Chicago, la insinuación es completamente ridícula. Hablo como lector cansado de que me mareen la perdiz con pirotecnias narrativas falsamente habilidosas, en las que nadie, ni el propio autor, sabe lo que está ocurriendo. Recuerdo la sensación que me dejó leer El sueño eterno, de Chandler. No me enteré de casi nada. Y lo mismo al ver la adaptación cinematográfica de Howard Hawks, cuyo guionista fue ni más ni menos que el premio Nobel de literatura estadounidense William Faulkner. Alguien comentó una vez que ni Raymond Chandler, el autor, ni Howard Hawks, el director, ni Faulkner, el guionista, supieron jamás quién había cometido los asesinatos de turno. Felizmente, Dashiell Hammett se libra de esta intolerable costumbre de rizar el rizo más allá de lo que un lector medio, o incluso uno atento, está dispuesto a tolerar. (Si solo tienen tiempo para un clásico del cine negro les recomiendo que dejen de lado El sueño eterno de Hawks para deleitarse con la adaptación que hizo John Huston de la novela reseñada en estas líneas. Los papeles de Humphrey Bogart y Peter Lorre son sencillamente estelares).
Sin embargo, hay algo que no diferencia a Dashiell Hammett de Chandler, ni del resto de la cohorte de escritores hardboiled, a saber: el machismo. Sam Spade, al igual que Philip Marlowe y tantos otros, es un detective que besa a las mujeres cuando quiere, que las trata como carne fresca, que las provoca y que, lamentablemente, no recibe más que adulaciones por el camino. Cuando a Effie, la secretaria de Spade, se le ocurre demostrar su astucia y dejar claro que es más que un cuerpo bonito, Spade le dice lo siguiente: «¿Sabes lo que te digo, chica? ¡Que eres todo un hombre!». Es la época del machismo a rajatabla, de la denigración constante hacia las mujeres. Las y los feministas deberían leer la novela con un grano de sal, riéndose con las ocurrencias de un ideario que por fin empieza a revelársenos como lo que es, i.e. estúpido. En cuanto a los demás, lean El halcón maltés con ganas de entretenerse, con la certeza de que —machismo aparte— estamos ante una literatura de calidad razonable y con la tranquilidad de saber que, por una vez, un buen escritor norteamericano de la primera mitad del siglo XX decidió dejarnos un relato detectivesco que puede ir descubriéndose con expectación y sorpresa, sin necesidad de lamentarse al final de que nos estén tomando el pelo. 

Firmado: Jose Serralvo

También de Dashiell Hammett: Cosecha roja