Idioma original: inglésTítulo original: Absalom, Absalom!
Año de publicación: 1936
Valoración: Imprescindible
Que después de más de 150 reseñas todavía no hayamos incluido ninguna de una novela de Faulkner es una omisión imperdonable, que asumo como propia y que me propongo reparar inmediatamente. Porque Faulkner es sin duda uno de los escritores más influyentes en la novela del siglo XX, tanto por sus innovadoras técnicas narrativas como por su creación de un complejo mundo de ficción: sus ecos pueden observarse en el Macondo de García Márquez,en la "Región" de Benet, o en mucha de la narrativa estadounidense contemporánea.
¡Absalón, Absalón!, que no es la novela más conocida de Faulkner (suelen citarse Mientras agonizo o El ruido y la furia como sus obras maestras), es sin embargo un ejemplo paradigmático de su obra: situada en el sureño Condado de Yoknapatawpha, en el que se desarrollan la mayoría de sus novelas, narra la historia (primitiva y brutal) de la familia Sutpen, desde su instauración como dinastía terrateniente hasta su desaparición en la infamia y el olvido después de la Guerra de Secesión. El título de la novela, como varios otros de Faulkner, procede de la Biblia: hace referencia a Absalón, hijo de David, quien se rebeló contra su padre y rey y ordenó asesinar a su hermanastro por violar a su hermana Tamar -hechos que tendrán un paralelo simbólico en la novela-.
Esta novela fue la primera que leí de Faulkner, y además de la fuerza de la historia (que tiene algo de mitológico o bíblico en su primitivismo) me impresionó la técnica con la que está escrita. Porque la historia de los Sutpen no nos llega a través de la voz de un único narrador autorizado, sea este un personaje o un ente narrativo externo, sino, fundantalmente, a través del diálogo entre Quentin Compson (personaje central de El ruido y la furia) y su compañero de cuarto en Harvard, Shreve. A este diálogo, en el que son constantes las rectificaciones, las interrupciones y las incoherencias, se añaden además las voces de otros personajes, como Rosa Coldfield, o el padre y el abuelo de Quentin, con lo que la historia no se desarrolla en orden cronológico, sino más bien en espiral, volviendo una y otra vez sobre los mismos hechos terribles hasta alcanzar su centro en forma de una comprensión más o menos coherente de los historia.
El efecto de ¡Absalón, Absalón! en el lector es profundo: la sensación de vorágine narrativa que te arrastra y te engulle la logran muy pocas novelas, y la intensidad de la historia contribuye a la sensación de estar en presencia de una obra magnífica, poderosa. Eso sí, como la mayoría de las novelas de Faulkner, no es de fácil lectura: exige paciencia, esfuerzo, concentración; no es extraño que haya quienes, a pesar de su grandeza, hayan decidido abandonar a Faulkner por imposible.
1 comentario:
"ABSALON, ABSALON!" DE WILLIAM FAULKNER
William Faulkner es la sombra que aclara y oscurece la obra muchas veces impar de algunos de los más grandes escritores latinoamericanos de nuestros días.
La raíz es el árbol? Dejemos estas preguntas para un inocente mañana.
La prosa escrupulosamente enrevesada de "Absalón, Absalón!" alcanza la cima de la llanura en las "Palmeras salvajes" y el prodigio de un silvestre cactus en "Luz de agosto".
A Vargas Llosa lo salvó Manuel Puig. A García Márquez el inefable Cervantes. Juan Carlos Onetti fue derrotado por William Faulkner. Derrotas y victorias que son fantasmas distraídos que si tropiezan con los muebles también se asustan ante los espejos que no los reflejan.
Un largo monólogo que es un río que se enreda en el ovillo de sus afluentes es esta novela que es una cabellera que una muchacha desnuda interminablemente cepilla con indolencia de diosa.
La prosa busca su perfección cuando la encuentra: siempre beligerante, su serenidad es la de la luna.
No busquemos en esta prosa la perfección sino el olvido de su simulacro. No hay arte sin parte ni todo al que no le falte todo para ser todo.
Leer a Faulkner es descubrir a Shakespeare, pero para leer a Faulkner no es necesario haber leído a Shakespeare. No sólo no es necesario sino que es inevitable leer a Shakespeare para comprender a Faulkner. Porque para comprender a Faulkner hay que leer a Shakespeare pero también a Homero. Lo que estoy queriendo decirles es que a Shakespeare y a Homero para leerlos antes hay que leerlos después.
Conformarse con "Absalón, Absalón!" es como renunciar a la literatura que ya está toda entera en "Absalón, Absalón!".
constantino mpolás andreadis
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