lunes, 31 de agosto de 2009

Juan Antonio Vallejo-Nájera: Yo, el Rey

Idioma original: español
Fecha de publicación: 1985
Valoración: se deja leer

He aquí el premio Planeta de 1985. Estaba convencido de que este galardón había ido perdiendo fuelle y altura con los años, hasta convertirse en lo que es hoy: una mera excusa de contracubierta como "anunciado en TV" o "descuento del 15%". Pensaba que bastaría con retroceder un par de décadas para encontrar jurados intachables que premiaran obras maestras. Bueno, pues he empezado a dudar de mi cuento de hadas. Habrá buenas novelas, no lo niego: si 50 años de paripé no dan para un par de buenas novelas, es para pegarse un tiro. Pero ésta, en fin, no es una de ellas. Cuenta la historia de José I, hermano de Napoleón que reinó oficialmente en España desde 1808 a 1813. O más bien el comienzo de su historia: desde que aceptó la corona en Bayona de manos del Emperador hasta que llegó a Madrid. Al parecer, el resto se narra en una continuación titulada Yo, el intruso.

El autor desaprovecha una materia que es novelesca por méritos propios. Los meses de mayo a julio de 1808 son de los más intensos en la historia de España. Gran parte de la novela transcurre en Bayona, hasta donde se trasladó la familia real española al completo para someterse al arbitraje de Napoleón. Vallejo-Nájera describe con todo lujo las veladas de la corte imperial y las interminables jornadas de trabajo de los Bonaparte y sus mariscales. Comenta por encima, es cierto, la situación de Carlos IV y Fernando VII, pero desaprovecha lo principal: los príncipes de una antigua dinastía se rebajan hasta el polvo para mendigar de un plebeyo extranjero los derechos a su propio trono. Si a esto sumamos el odio recíproco entre padres e hijo y el triángulo amoroso entre Carlos IV, la reina y Godoy obtenemos un cuadro cómico insuperable. Los siniestros acontecimientos que comienzan a sucederse entonces en España, al inicio de la insurrección popular contra los franceses, darían pie de sobra para la tragedia.

Pero Vallejo-Nájera parece que no quiere caer ni en lo trágico ni en lo burlesco. A cambio, se queda en una de esas hagiografías que vendían hace tiempo en cuadernitos ilustrados a todo color. Grandiosidad como de cromos y poco personaje de verdad. A este paso en falso colabora, y mucho, la elección del punto de vista, ya que toda la novela está escrita en forma de diario del propio José Bonaparte. Al parecer, el autor investigó a fondo la correspondencia del rey, y está claro que no cabe esperar de tal fuente más que una imagen heroica y romántica. La responsabilidad del novelista tendría que haberle obligado a corregir el tono engolado y la visión cesárea de la situación, y no haberlo hecho (o no haberlo sabido hacer) es su peor falta.

Dicho esto, añadiré que a mí me encantaban esas hagiografías a todo color. Por eso he seguido leyendo, mordiendo el cebo de las paradas militares y las recepciones con mucho candelabro y mucho viva el rey. El autor, en cambio, da la sensacion de sentirse incómodo con esta solemnidad de opereta (que se encuentra con más abundancia y calidad en muchos otros libros) y por eso añade aquí y allá un par de melancólicas meditaciones de José I sobre lo poco que le quiere su hermano pequeño. Este parche psicológico no hace sino empeorarlo todo: ¿es eso lo que merece la pena narrar en pleno estallido de la guerra de independencia? Es una pregunta retórica.

6 comentarios:

Flora dijo...

No he leído este premio Planeta, pero sí muchos otros, porque había una colección en mi casa (desde el principio del premio hasta los primeros 90). Habrá alguno con calidad aunque sólo sea por la ley de probabilidades pero la política del premio siempre ha sido la misma.
La novedad de la última década es que esa misma filosofía de no complicarse la vida y vender a toda costa, aunque rebajemos las expectativas de calidad del lector, ha contagiado: primero al resto de los premios y luego al grueso de lo que se publica en el país.
Esto da lugar a que mucha gente crea que lee literatura cuando antes ese tipo de libros (e incluso mejores) los vendían sólo en quioscos y todos sabíamos a qué atenernos.

Paula dijo...

Ahí, sin piedad, Jaime. Voy a proceder a buscar y vomitar sobre los Premio Planeta que encuentre por mi casa ;)

Sonia dijo...

Otro Planeta para el olvido, La tempestad, de Juan Manuel de Prada. Plagio sin tapujos a la Tabla de Flandes de Reverte, y es columnista!!!!!!

Paula dijo...

No conozco el libr pero el título si que es plagio, ¿no? De una obra de Shakespeare. ¿O sí es lícito plagiar títulos? Yo creo que no debería serlo, ¿no? Puede dar lugar a confusiones y desde luego estas dos obras en cuestión no creo que tengan nada que ver...

Jaime dijo...

Jajaj, hombre, tampoco pretendía reunir una muchedumbre enfurecida, con horcas y antorchas, para amontonar premios Planeta y quemarlos (¿o sí?)... Aunque es verdad que en muchos casos sí que hay motivo para la cólera: no dudo de que el plagio y la comodidad campen a sus anchas en esa colección que también hay en mi casa, Flora. Si os digo la verdad, creo que volveré a rebuscar entre esos volúmenes: no sé si es un voto de confianza desesperado o puro masoquismo.

txerren dijo...

El lector es un poco masoca por naturaleza, yo creo.

Cuando el libro es bueno porque sabes que antes o después se va a terminar, y cuando es malo, porque está esa parte de nosotros que nos obliga a seguir leyendo...

Ánimo con la búsqueda Jaime, si es infructuosa siempre podrás contribuir a la hoguera de los planetas ;)