miércoles, 26 de agosto de 2009

Gonzalo Armero: Vida y hechos de Arthur Rimbaud

Idioma original: español
Año de publicación: 2002
Valoración: Muy recomendable

Aviso importante: el libro cuya crítica están a punto de leer no ha sido "escrito", tal y como indico en el título, por un tal Gonzalo Armero, sino que éste es el nombre de su editor, ya que Vida y hechos de Arthur Rimbaud es un compendio de toda clase de documentación, materiales gráficos y escritos del poeta francés y su entorno, cuya recopilación quizás haya corrido a cargo de una servil horda de becarios y "negros" esclavizados por una pérfida editorial sedienta de trabajadores jóvenes a los que maltratar y malpagar. Sólo quizás...¡no acuso a nadie!

Crítica propiamente dicha: tras varias reseñas escritas y publicadas en este blog, aún no me he atrevido con Rimbaud, alguien más que mi poeta preferido (es que decir "X es mi Y preferido" suena a confesar un color/plato/animal preferido): es mi poeta adorado; mi profeta de las letras; mi oasis en áridas épocas de confusión existencial; el príncipe de los simbolistas franceses; el eterno y tormentoso amante de Verlaine; el que escribía en latín siendo un mocoso; el que dejó los versos a los veinte años, y el mundo de los vivos, a los treinta y siete.

Mi problema es que no sé cómo adentrarme desde la orilla de la crítica en la obra de Rimbaud.
Para empezar, me negaría a destrozar tan mágica textura desmenuzándola a base de palabrejas secas y sesudas como "ritmo", "rima" o "endecasílabo".

Pero dejando a un lado el punto de vista técnico del análisis de una obra poética, me pasa que me siento incapaz de explicar por qué desde que Una temporada en el infierno, su poemario más célebre, cayó en mis manos fui otro, aunque parezca una exageración. Porque hasta entonces, hasta que Rimbaud entró en mi vida, no sabía que era posible crear algo tan bello y lúcido a base de semejante torbellino de imágenes, proclamas y anhelos en apariencia febriles y demenciales.

Arthur Rimbaud logró enternecerme, fascinar mi sentido de la estética y hacerme sentir comprendido en el lado más incomprensible de mi persona cuando leí cosas como: "una noche senté a la Belleza sobre mis rodillas, y la encontré amarga, y la injurié", o "no se es serio a los diecisiete años", o "¿tuve alguna vez una juventud amable, heroica, fabulosa, como para ser escrita en páginas de oro?".

Fascinaciones personales aparte, he de decir que Vida y hechos de Arthur Rimbaud constituye un documento excepcional para todo aquel que desee conocer la apasionante obra de un rebelde adelantado a su tiempo que, tal como indican unas palabras de Paul Verlaine en el lomo trasero del libro, "fue fiel a su deseo perfectamente formulado de independencia y a su absoluto desprecio por cualquier compromiso con todo aquello que no le gustara hacer o ser".

Aunque, si he de ser sincero, al leer esta obra también se puede llegar a odiar a ese guapo y soberbio chaval de diecisiete años que llegó a París desde su Charleville natal dispuesto a comerse el mundo después de recibir halagos sobre sus versos provenientes de personas tan autorizadas en la materia como el propio Verlaine, con el que mantuvo cierta relación epistolar que acabaría cuajando en lo que cuajó. Rimbaud pronto se introdujo en la bohemia parisina y se convirtió en uno de sus malditos preferidos, codeándose sin complejos con los grandes nombres de las letras francesas de la segunda mitad del siglo XIX.

Pero no nos distraigamos...Volvamos a lo que iba a decir: que es fácil que el lector coja ojeriza a Rimbe (como le llamaban cariñosamente sus íntimos) o A.R (¡no confundir con Ana Rosa Quintana!), cuando conozca detalles, de todo tipo, de cómo el adolescente invadió como un malévolo diablo el matrimonio de Paul Verlaine con la joven Mathilde Mauté, ambos padres de una criatura de corta edad. Lo hizo hechizando como hombre y como creador al poeta, y abusó sin límites de su hospitalidad y gentileza.

Las cartas y testimonios escritos que este libro recoge de la pobre y resignada Mathilde contando parte de los atrevimientos del caradura de Rimbaud, dejan claro el fatídico papel que el chico jugó en la vida del hasta entonces sereno matrimonio; un chico que, pese a su juventud, era una maligna influencia para Verlaine. Le llevaba sin esfuerzos por el mal camino (a saber: absenta, relaciones homosexuales, vida desordenada, deficiente higiene) y terminó por precipitarle a un abismo de desencanto y confusión que culminó con una pistola en la mano de un enajenado Verlaine y un balazo en la muñeca derecha de Rimbe, durante una acalorada discusión en Londres.

Pero como procuro hacer cuando escucho cosas poco bonitas sobre un escritor, actor o músico que admiro, para continuar amando a Rimbaud, he decidido separar al Creador del Hombre y centrarme en el primero. De lo contrario, apenas leería libros, no pisaría el cine, y quemaría el noventa por ciento de mis discos.

Personalmente, creo que lo más atractivo de este libro es que permite conocer la vida del Rimbaud de más de veinte años, es decir: del Rimbaud muerto ya como poeta.

Al final, les contaré a modo de chascarrillo, Rimbe dejó tranquilo a Verlaine y viajó por buena parte de Europa en busca de una ocupación decente hasta que finalmente recaló en Harar, Etiopía, donde dejó la pluma y se obsesionó con algo mucho más material y práctico: hacer dinero a base de negocios; a veces, de dudosa legalidad. Incluso, algunos años más tarde, llegó a confesar en una carta dirigida a su madre sus deseos de casarse y procrear. Pero la conocida relación que mantuvo con una joven abisinia no dejaría descendencia al que una vez había vivido un apasionado y tórrido romance con alguien de su mismo sexo.

Arthur Rimbaud vivió en África hasta que llegó su Horror: primero, la enfermedad; después, la amputación de su pierna, y finalmente, su dolorosa y costosa vuelta a Francia.
Siendo un treintañero, comenzó el descenso irremediable hacia la muerte, escalofriante trance que agotó siempre ayudado por sus abnegadas madre y hermana, testigos de cómo la cercanía de la Dama de la Guadaña puede transformar tanto a un hombre; prueba de ello, el testimonio de un cura que visitó a Rimbaud (el otrora rebelde, nihilista y ácido poeta) antes de morirse, que confesó que nunca había visto a un hombre con una fe religiosa tan apabullante.

Se dice que sus últimas palabras fueron una jaculatoria en árabe.

Y me gustaría seguir escribiendo y escribiendo sobre este hombre, pero creo que ya es hora de terminar. Sólo un par de cositas más:

-para los devotos de Blade Runner: se dice que el monólogo final de Roy Batty se basa en "El barco ebrio", poema de Rimbaud. Yo, personalmente, estoy convencido de ello.

-increíblemente, Leonardo DiCaprio borda el papel de Rimbaud en una película que narra la relación de éste con Verlaine, Vidas al límite.

Y que ya termino, "¡Oh, brujas, oh, miseria, oh, odio!"

11 comentarios:

Jaime dijo...

Seguro que es apasionante sumergirse en los vericuetos de esa vida rápida y extraña. (¿No será Rimbaud el primer exponente de esas existencias fulgurantes que constituyen la moderna mitología del glorioso fracaso?)

Hace poco discutíamos sobre la relación entre vida y obra de un autor, sobre cómo es prudente, honroso o, quizá, necesario para el crítico poner una distancia entre ambas. Ahora me pregunto si de verdad puede hacerse. La cuestión pertinente, creo, no es hasta dónde se cuelan en la poesía de Rimbaud, por ejemplo, las pasiones turbulentas de su corta vida, sino al revés: hasta dónde esa vida no está configurada con la misma lúcida inconsciencia que su obra, y quizá con idéntica intención. ¿No se escenifica la vida muchas veces como una obra de arte? A veces como una Bildungsroman, a veces como un poema simbolista. ¿No estamos, entonces, tan legitimados -o tan poco- a hablar de la vida como lo estamos a hablar de la obra? ¿Qué pensáis?

Ian Grecco dijo...

Yo, la verdad, es que no puedo evitarlo...Sencillamente ¡no puedo! Como hay quien dice que somos lo que comemos, yo diré que escribimos lo que somos.

Clarice Linspector decía que ella sólo existía cuando escribía, y yo (aunque sólo sea un Don Nadie que disfruta escribiendo) en cierto modo comparto dicha reflexión: porque es en la intimidad, serenidad y soledad de la escritura donde me desnudo, donde soy YO realmente, sin censuras, imposturas, corsés ni correas producto de la imperiosa necesidad de interpretar un rol que permita ser aceptado socialmente.

Por eso, creo que es sumamente complicado separar la textura propiamente literaria de una obra de la humana.

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
izas dijo...

Anónimo:

Haya paz. Me parece muy bien que no estés de acuerdo con lo que se dice en la reseña, que quieras completarla o corregir datos que no sean correctos, pero, por favor, no insultes a nadie al hacerlo.

Anónimo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Un libro al día dijo...

Se han borrado los comentarios insultantes redactados por un anónimo. La crítica, la discrepancia y la diversidad de opiniones son bienvenidas en este blog. Los insultos, no. Cualquier comentario del tenor de los anteriores será borrado de nuevo.

Anónimo dijo...

No comprendo su actitud con borrar el comentario que hice que no tenía insulto alguno. Por lo menos el mío. Solamente sugería de una forma civilizada y respetuosa que quién hubiera hecho esa crítica sobre el libro en cuestión no me parece que esté en disposición de decir cosas que no conozca y por eso dije que volviera a leer desde el principio el libro porque pensaba que quizás no lo había leído bien o no estaba muy bien informado del tema. En verdad, y con todo respeto, me parece mucho mas insultante el comentario con el que se comienza el artículo en cuestión diciendo cosas que no conoce para nada de como ni quién hizo lo que hizo y como lo hizo,vertiendo sobre el tema calumnias y mentiras que eso, si de verdad es una página seria, debería tener una rectificación por parte de quién lo haya escrito.

Un libro al día dijo...

Hola, Anónimo. Ambos comentarios borrados (que supusimos que pertenecían al mismo anónimo, aunque en vista de tus palabras tal vez no fuera así) eran claramente insultantes hacia Ian, por lo que decidimos borrarlos. Ahora bien, estás en tu derecho de solicitar una rectificación si no estás de acuerdo con el contenido de la reseña, y el autor de la reseña decidirá si cree que corresponde o no.

Anónimo dijo...

Pues, efectivamente ha habido una confusión por vuestra parte, aunque siendo anónimos quizás os haya hecho incurrir en dicho error.Si me parecería bien que intentase documentarse sobre dicho libro el que afirma dichas cosas sobre el el que firma la edición de dicho libro,(que no tiene nada que ver con el editor, por eso he dicho que lo volviera a leer porque quizás no lo ha leido correctamente)y que de no estar seguro de sus afirmaciones sobre ello lo rectificara y al menos pidiera disculpas por lo dicho. Ya que puedo asegurar que dichas afirmaciones son falsas.

Ian Grecco dijo...

Lo que saco en claro tras "esto":

1- Una cosa es un editor, otra una editorial, y otra quien "firma la edición" (sic)

2- Insultar por Internet es fácil y barato

3- Hay personas que no entienden que aludir en una crítica literaria a "hordas de becarios esclavizados" es una broma, sólo una broma.
Y señalar "quizás me equivoque" es una fórmula cuidadosamente escogida para desvirtuar la potencial acusación de calumnias que una crítica en un tono tan bruto puede despertar en lectores, digamos, sensibles...

4-Rectificar es de sabios, sí, pero basta que alguien se me ponga chulesco y prepotente para que no me salga de mis...narices rectificar.

5-Esta noche me tomaré una absenta a la salud de todos los implicado en esta historia cibernética que pronto se perderá en el tiempo como lágrimas en la lluvia...(¡frase de Blade Runner, no mía! ¡No me acusen de plagio, tengan piedad de su humilde Ian!)

Ian Grecco dijo...

Datos objetivos:

Portada en color crema con un ojo en blanco y negro (de Rimbaud, se entiende) donde sólo aparece el título del libro ("Vida y hechos de Arthur Rimbaud" 1854-1891) y la palabra "poesía" debajo; en la contraportada, una cita de Verlaine; en ninguna de las dos partes, niguna indicación sobre su autor...

Pasamos a su primera página, donde pone: "Edición a cargo de Gonzalo Armero con la colaboración de Lola Martínez de Albornoz", y luego a la siguiente página, titulada NOTA PREVIA. POSOLOGÍA Y USO cuyas líneas 5 y 6 dicen:

"El editor se ha limitado a seleccionar y ordenar estos fragmentos, acotándolos con los textos editoriales necesarios para el seguimiento de la narración, y a acompañarlos de una completa iconografía",

y cuya línea 8 dice:

"Nuestra intención es la de ofrecer en estas páginas un Rimbaud total, sin interpretaciones ni intermediarios, en el que el lector sea el que saque sus propias conclusiones".

Firmado: G.A (Gonzalo Armero)