miércoles, 12 de agosto de 2009

Sylvia Plath: La campana de cristal

Idioma original: inglés
Título original: The Bell Jar
Fecha de publicación: 1963
Valoración: Muy recomendable

"La locura no tiene cura", decían en una de sus bromas televisadas un popular dúo cómico español. Y qué razón tenían...Es que la locura no tiene solución, que sí alivio.

La locura no entiende de sexo, ni de belleza, ni de bondad, inteligencia o posición social. La locura ataca sin mirar a quién, no necesita motivos. Más que a las enfermedades físicas (porque, al fin y al cabo, la locura es una enfermedad mental), la locura se parece a la muerte. Atrapa y hace daño a cualquier tipo de persona, sin favoritismo de ninguna clase (aunque sea cierto que los más adinerados posean más vías e instrumentos para contenerla y encauzarla).

En la Antigua Roma, a los locos se les llamaba los furiosos, un curioso dato que cuando mi profesora de latín del instituto nos contó hizo que la gente se riera mucho, aunque yo no le encontré la menor gracia, la verdad. Los furiosos. Los locos. Ambos me dan respeto y lástima; más los segundos que los primeros.

Y tras estas líneas, llego al fin a Sylvia Plath, una loca que poseía un físico envidiable, una cara angelical, una gran inteligencia y una escalofriante creatividad, y que además, era hija de un prestigioso profesor de origen alemán especialista en insectos (cuyo único "defectillo" era que le hacía tilín el nazismo) y de una bondadosa ama de casa.

Y sí, pese a tener tanta suerte en tantas cosas, sucedía que Sylvia estaba loca.

Su cuadro psiquiátrico era muy variado: depresión, neurosis, trastorno obsesivo-compulsivo, coqueteos con la anorexia (derivados de su ansia de perfección física)...Aunque ahora, nuestros sesudos psiquiatras resumirían semejante crisol de desgracias mentales así: trastorno bipolar de la personalidad.

A la chica le pasaba que quería ser la mejor en todo, y cuando llegó a la conclusión de que tenía talento de sobra para ser escritora, quiso ser la mejor escritora. Por eso, su rígida persona, poseedora de una autoestima pendular (que cambiaba en base al reconocimiento y halagos que recibía) no toleraba el menor menosprecio, como podía ser que una revista rechazara uno de sus cuentos o poemas, o que no se le concediera una beca (esto último la llevó a los veinte años a su primer intento de suicidio, del que sobrevivió gracias a que la encontraron inconsciente tras una sobredosis en un rincón casi oculto de su sótano).

Muchos de los que estén leyendo esto sabrán que Sylvia Plath escribió sobre todo poesía, y que acabó sus días malamente, cuando su marido, el poeta Ted Hughes, la abandonó por otra poetisa y la dejó sola y casi arruinada, al cuidado de sus dos hijos de corta edad.
Sylvia se suicidó con treinta años metiendo su rubia cabecita en el horno de su casa tras dejar el desayuno preparado a sus niños.

Y aún hay más acordes suicidas rodeando la triste leyenda de esta dama: la poetisa con la que Hughes la traicionó también se suicidó; y me quedé de piedra cuando supe, a primeros de 2009, que su hijo, un tímido profesor de Alaska, también se fue de este mundo como su célebre mamá.

Lo dicho: la locura no tiene cura.

Ah, se me olvidaba...: La campana de cristal cuenta en primera persona el testimonio de Sylvia, llamada en esta ocasión Esther, y su descenso al infierno de la Furia.

Los primeros capítulos hacen que este libro parezca una obra en la que se narra la vida de una chica que está empezando a vivir y a despuntar como escritora, pero enseguida llegaremos al dolor, el desequilibrio, la institución mental de rigor, y la lenta y costosa operación de salir a flote, de romper esa "campana de cristal" macabra e inclemente que los locos llevan a todas partes con ellos, doloridos y desesperados por no poder librarse de ella.

PD: no merece la pena ver "Sylvia", con la sosa de la Paltrow. Con Kate Winslet (es mi opinión) hubiera sido otra cosa...

13 comentarios:

Jaime dijo...

Jajajaj, "la locuggga no tiene cuggga", qué grandes Martes y Trece... No estaría nada mal, Ian, que nos regalaras una meta-entrada sobre autores que terminaron suicidándose;).

Ian Grecco dijo...

¡Jejeje...! Pues sí, la verdad, ya tengo ganas de escribir una meta-entrada, y esa idea es muy buena.

Sin ir más lejos, mi reportaje final para el master de periodismo que hice trataba sobre el suicidio, así que tengo una buena lista de escritores suicidas de los que hablar. A ver cuándo saco un ratín.

Aunque he de decir que yo no soy como el personaje de Tobey Maguire en "Jóvenes prodigiosos" (gran película sobre el mundo de los escritores), que puede recitar como el Padre Nuestro una lista cronológica de suicidas célebres...¡pero poco me falta!

Santi dijo...

Mmmmh, no es por poner la nota discordante, pero no sé si me convence eso de la metaentrada sobre "escritores suicidas". En general, no me suele interesar la vida de los escritores, pero es que en este caso, ¿añadiría algo el agrupar en una misma entrada a un conjunto de escritores que sólo tienen en común el haber acabado con su vida? ¿Qué une, por ejemplo, a Virginia Woolf, Larra y Yukio Mishima? No sólo sus obras son dispares e incomparables, ni siquiera sus suicidios pueden explicarse conjuntamente.

El tema de la locura, con toda su complejidad humana y artística, me parece más interesante, aunque terrible: la relación entre los desequilibrios o disfunciones que genéricamente llamamos "locura", y la creación artística, es un tema que ha interesado a especialistas de muchos campos, aunque por ahora, creo, sin que se haya llegado a ninguna sistematización definitiva...

Jaime dijo...

Vaya, Santi, qué aguafiestas, con lo que me gustaba la idea... No sé qué decirte sobre eso de que los autores suicidas no tengan nada en común: al fin y al cabo, etiquetamos a los autores por su lengua o su nacionalidad, dos cosas que habitualmente no se suelen elegir. Tomar la decisión de quitarse la vida, en cambio, es la elección más radical que puede tomar un ser humano, y no es desdeñable la idea de que todos los suicidas deben de tener algo que los una y los lleve a esa determinación. ¿No debería verse, como poco, en la obra de muchos de ellos un hondo descontento con la propia vida? Las razones de unos y otros, claro, serán muy distintas, según lo que se haya considerado valioso en cada época y lugar, pero, en el fondo, su actitud ante la vida quizá fuera la misma. Schopenhauer decía que el suicida amaba terriblemente la vida, y sólo le disgustaban las condiciones que le habían tocado en suerte. ¿No surgirá de ese amor radical a la vida un cierto tono literario?

Santi dijo...

Pues no lo sé, Jaime, sigo sin verlo. Al fin y al cabo, qué quieres que te diga, el suicidio me parece un elemento bastante accidental (y no intento hacer un juego de palabras) como para caracterizar a un escritor a partir de ese último momento de su vida.

Fíjate en los ejemplos que mencionaba antes: podemos pensar que Virginia Woolf se suicidó porque no podía soportar la idea de caer definitivamente en la locura; Larra, porque le abandonó su mujer; Mishima, por cumplir el código de honor japonés del guerrero derrotado. Por supuesto, puedes encontrar una forma de relacionarlos (Woolf no podía vivir sin cordura; Larra, sin su mujer; Mishima, sin honor), pero esta es una relación, me parece, superficial, que no va más allá de la manera de formularla, y que no implica nada con respecto a su forma de ver la vida ni la literatura.

De hecho, por seguir con estos tres autores, es muy difícil encontrar elementos comunes entre ellos que no sean tan generales como para ser inútiles (por ejemplo, se podría decir que los tres tienen una visión muy crítica con respecto a la sociedad que los rodea... pero lo mismo podría decirse de centenares de escritores que no se suicidaron...)

Ian Grecco dijo...

Bueno, es interesante este debate: muy interesante.

Supongo que soy una de esa clase de personas a las que les atráe demasiado el lado morboso de la creación (entiéndase música, literatura, pintura)como para plantearse que, quizás así, se está desprestigiando el "producto final", porque ¿hasta qué punto el interés en un arte o materia debe justificar el obcecarse en desmenuzar el alma del creador/autor de turno?

El otro día vi un documental sobre la vida de la actriz Sharon Tate (el 9 de agosto hizo cuarenta años de su salvaje asesinato a manos de la Manson Family,un suceso que despierta el lado más oscuro de mi curiosidad)y cuando salió su pobre hermana hablando, me avergoncé; porque la mujer decía con una mezcla de tristeza y rencor que no entendía cómo cuarenta años después de su muerte, aún había fans de su hermana, pero no interesados en la carrera cinematográfica que tuvo, sino en cómo había sido asesinada, algo incomprensible y horroroso. Y yo, que siempre pensé que me gustaba la Actriz Sharon Tate, me di cuenta de que en realidad era una de esas personas de las que hablaba aquella mujer...

Me ha quedado un paralelismo un poco rarito, pero creo que me explico.

Así que, puedo llegar a entender lo que planteas, Santi.

Y es verdad que si queremos hablar de libros de forma más...,digamos, aséptica, no tiene mucho sentido ponernos en plan "paparazzi" con la vida del escritor atormentado de turno.

Aunque confieso: me seduce irremediablemente escribir la que desde ahora puede ser etiquetada como la Meta-entrada Maldita.
Si algún día la engendro, uno de sus protagonistas indiscutibles será Cesare Pavese, que me puso bastante enfermo con "El oficio de vivir". ¿Oficio? Digamos que el autor italiano dimitió antes de ser despedido...Me callo que me pongo otra vez morboso.

Dulces sueños.

Jaime dijo...

O sea que dimitió, ¿eh? Jajaaj! En fin, creo que tienes bastante razón, Santi. En realidad, a mí no me gusta nada cuando algún crítico se pone a husmear en la vida privada del autor. Pero no lo puedo evitar, yo también siento esa morbosa atracción de la que habla Ian..

Paula dijo...

¡Qué divertido leer todo vuestro debate! Lo primero, Ian, que al hacer que me imaginase a la -para mí- gigantesca actriz Kate Winslet en el papel de Sylvia Plath, me he puesto a descargar todas las películas en las que aparece que me quedaban sin ver. Yo ya vi "Sylvia", y la verdad es que el papel le pega mucho más a ella que a la Paltrow...
Aunque al principio a mí también me parecía buena idea esa meta-entrada Maldita, la verdad es que Santi me ha convencido... Más interesante sería sobre los "autores-locos": parece que muchos grandes genios tenían ese puntito o puntazo de desequilibrio mental...
¿Habría seguido escribiendo Plath de esa manera si la hubieran medicado contra el trastorno bipolar? Seguramente no...

Ian Grecco dijo...

Al final...¡me estáis provocando para que la escriba! Jejeje...
Todo se andará...

Por cierto, Paula, he estado curioseando en Internet y he descubierto que no somos los únicos en pensar en Winslet/Plath:

http://layoder.wordpress.com/2009/01/10/in-which-i-kind-of-ramble-and-blame-it-on-insomnia/

Bueno, pues a ver si creamos más debates de estos, que dan vidilla al blog (mientras no nos pongamos en plan Parlamento surcoreano).

Sed felices.

Anónimo dijo...

Nunca he entendido el valor que se le da a esta obra de Sylvia Plath. La encuentro sobrevalorada y el lenguaje es gris, carente de destellos de grandeza. Siempre fue mucho mejor Ted Hughes en mi modesta opinión y pienso (habiendo leído la obra completa de ambos) que la percepción colectiva de sus obras se ha visto afectada en demasiadas ocasiones por su trágica historia de amor y el hecho que diferentes ´´núcleos literarios´´ tomaron bandos desde un principio y han ´´seguido´´ empujando su agenda. Siempre es mucho más fácil sentir empatía hacía la víctima (obviamente) que hacia el que se consideraba su verdugo emocional. Me pareció siempre curioso que en el Reino Unido aún hoy en día este tema se discute largo y tendido en los clubs de lectura y charlas entre escritores ¿aquí en España es algo que también se hace ó los dos autores no han dejado tanta mella? Hace poquito que regresé a nuestro país así que no sé aún lo que se ´´cuece´´ en las charlas literarias.Por cierto he descubierto el blog esta noche y lo seguiré leyendo :) críticas muy interesantes. Buen trabajo, os mando un saludo. worldcitizenyes@gmail.com

Anónimo dijo...

Ven todo desde una perspectiva normal de la química cerebral, mas cuando está alterada, lo está la realidad, y la vida en general se circunscribe a ello. La locura no es mas que un desequilibrio neuroquimico, y quienes no lo padecen, están lejos de entender, los abismos a los que conduce, pues la realidad es más densa y siempre cargada de desafíos imposibles.

Anónimo dijo...

Aguante Paltrow,manga d envidiosos !!

izas dijo...

Yo leí La campana de cristal hace mucho tiempo y, aunque me gustó, reconozco que tampoco me pareció nada del otro jueves.