sábado, 2 de agosto de 2014

William Faulkner: Luz de agosto

Idioma original: inglés
Titulo original: Light in August
Año de publicación: 1932
Traducción: Enrique Sordo
Valoración: muy recomendable

¿Y por qué leo en mayo- para que salga en agosto- este libro?

Bueno: algo tendrá que ver que sea la novela de Faulkner que más le gusta a Stephen King, por lo que describe en Mientras escribo. Y Faulkner siempre es Faulkner. Como el fútbol, pero en Faulkner. Y hay que acudir a sus obras: la amiga Deborahlibros lo hace de trompazo y se embute al Condado de Yoknapatawpha hasta que está que no cabe en sí de gótico sureño. Yo lo voy haciendo con más sutileza. Sorbo a sorbo. Nada más revelador de su panorámica influencia que el abanico de ediciones, traducciones y comentarios que abarcan sus obras. Nada más revelador que el hecho de que, en la ya mencionada aquí lista de los libros favoritos de 100 autores en español, sea de los que se menciona más a menudo, pero sin un solo libro que polarice los votos. Quizás eso lo convierta en un novelista de novelistas, pero da la impresión de que, a la hora de pensar en un autor de referencia, muchos han querido nombrarlo y han optado por elegir alguna de sus novelas.
¿Qué nos depara Luz de Agosto?
Pues varias cosas notables. Queridos, esto es Faulkner.
Un estilo florido pero árido. Una capacidad descriptiva minuciosa en detalles y en metáforas. Sentimientos que se tocan. Formas que se huelen. Brillos que ensordecen. En especial, ya que estamos, al hablar de sensaciones de los propios protagonistas. Que hay varios, y que sepa el lector que Faulkner ahí nos sorprende. Pues si hay que relatar los orígenes de una familia y la infancia del abuelo de alguien, porque el autor lo cree relevante en sus actos finales, en la configuración de su personalidad, o en los detalles que condicionan su proceder, Faulkner lo hace. Habrá quien diga que se trata de desorientar al lector, de plantearle un reto; aquí bien pronto el autor procede a demoler un desarrollo convencional. Lena Grove acude a Jefferson a la búsqueda del padre del hijo que está creciendo en su vientre. Andando desde su pueblo de origen, en una travesía que parece no tener retorno. El padre, un rufián de medio pelo, anda en tratos, bajo nombre falso, con otro curioso personaje, de nombre Joe Christmas.
Desde esa premisa, Faulkner explosiona hacia todos lados. Y va adelante y atrás conforme la novela lo requiera. Un entorno hostil, inicios de siglo XX, (marcado por unos aún candentes vestigios de la esclavitud, un racismo arraigado hasta el tuétano, la vigencia de la ley seca, la educación estricta basada en integrismos religiosos) en el que ciertos individuos de mala calaña, pero peor fortuna, son hostigados por una sociedad rural, conservadora, beata, con un estricto sentido moral y unos mecanismos que condenan de antemano cualquier comportamiento anómalo.
Queda por saber si esa cierta confusión a que induce Faulkner (nombres similares, extrañas relaciones, equívocos respecto a la condición racial) es voluntaria o es simplemente una extraña cualidad de la novela.
La influencia de Faulkner va más allá de que nos sintamos perturbados por sus historias oscuras, llenas de misterio, de rincones y cabañas y miseria de todas las naturalezas. Yo la percibo en series como Twin Peaks o Carnivále y en músicos como Bon Iver o Will Oldham. La puramente literaria ya es simplemente incalculable.
Una inmersión en una sociedad turbia y asfixiante, un viaje no siempre agradable. Como siempre, eso sí, contado con un magistral sentido literario.

También de William Faulkner en UnLibroAlDía: ¡Absalón, Absalón!Mientras agonizoEl ruido y la furiaSantuario

11 comentarios:

Toni Solano dijo...

Justamente acabo de leerlo y coincido plenamente contigo. Una joya de lectura. Había empezado varias veces "El ruido y la furia" y no acababa de engancharme, así que decidí dejar pasar el tiempo y elegir otro título. He disfrutado mucho y me ha animado a seguir con novelas de Faulkner.

Germán Martínez dijo...

Faulkner, probablemente el narrador más importante del siglo XX.
Mientras otros luchaban por exprimir el lenguaje, el norteamericano se esforzó en seguir contando historias y leyendas de un condado inexistente, pero cuyo sentido moral siempre se queda en el lector.

Francesc Bon dijo...

Gracias por los comentarios, parece que la cuestión con Faulkner es bastante unánime, cosa que, por cierto, a veces resulta algo incómoda. ¿Nadie va a disentir?

Germán Martínez dijo...

Es que el tío se salía... tanto escribiendo de manera "normal" como con el monólogo interior. ¿Cómo vamos a poner en tela de juicio el talento de Faulkner? Pocos pueden meterte en el torrente verbal que es ¡Absalón, Absalón! Es como entrar en un tornado, todo se repite y todo es redundante (y maravilloso).

Cdg dijo...

Una obra maestra, unos personajes más vivos que nosotros mismos. Faulkner, una vez más, dejando en pañales lo convencial, sin ser más real que el estiercol.

Francesc Bon dijo...

Gracias, CDG, hay que ir volviendo a Faulkner, a medida que uno se distrae con otros autores y se va, a veces, demasiado lejos, hay que acordarse de su condición de centro de mucha de la narrativa actual.

jose angel dijo...

Pues Luz de agosto yo aun no la he leido, en cambio he disfrutado con dos obras de Faulkner que, aunque requieren esfuerzo, son dos novelas imprescindibles. Me refiero a El ruido y la furia y ¡ Absalon, Absalon!

Francesc Bon dijo...

Seguro que caen más libros de Faulkner. Gracias por el comentario.

Ariel Avakian dijo...

Mientras agonizo es excelente y no es difícil

Valdemar Quijano dijo...

No entiendo la comparación de Faulkner con el fútbol: porque no me gusta en lo más mínimo, el fútbol, por supuesto.

Francesc Bon dijo...

Buenas: gracias por los comentarios y perdón porque ciertos problemas técnicos (discos duros vitales que se niegan a funcionar) me hagan tener los comentarios un poco abandonados. Aludía al axioma "fútbol es fútbol".