jueves, 7 de agosto de 2014

Carson McCullers: El mudo y otros textos

Idioma original: inglés
Año de publicación: 1971
Traducción: José Luis López Muñoz
Valoración: muy recomendable

No existe una equivalencia del título en inglés para este libro: sus artículos se publicaron integrados en una recopilación llamada The mortgaged heart. Puestos a aclarar aspectos técnicos y a ser coherente con la lógica de este blog, el muy recomendable podría quedarse corto o ser generoso en función de su repercusión final sobre el lector. Pues lecturas como esta actúan como anzuelo o tirador hacia otras. 
En particular, su texto de referencia, El mudo, es una especie de diario de a bordo, de anotaciones, guión, informe de trabajo en progreso, comentarios, sobre El corazón es un cazador solitario, novela de referencia de la autora y, pero esto espero confirmarlo en muy poco tiempo, obra maestra del realismo sucio o del gótico sureño o de vayan a saber que género. El mudo aporta el valor de la excitación hacia la lectura, de la explicación del proceso creativo, de la planificación del ensamblaje de las tramas y el ahondamiento en la definición de los personajes, de sus interacciones (cuidado, algunos de los hechos fundamentales que sucederán se adelantan aquí) y de su importancia y sentido en el conjunto. Y esto, para los que aquí escribimos y, espero, que para los que nos leen, es de enorme valor.
A este texto se acompañan artículos variados en los que se hace mención a otras obras de la autora, no tan meticulosa en estos casos en cuanto a su proceso (la autora ya se encuentra ensalzada por la repercusión de su obra), a algunos de sus autores favoritos (Chéjov, Dostoievski, Faulkner, Dinesen), a una vida ya marcada por su condición de joven talento (publicó El corazón es un cazador solitario a los 23 años), y en todos ellos nos encontramos con esos trazos que se nos hacen, en pocas páginas, curiosamente familiares: cercanía narrativa, consciencia del pulso creativo, sensibilidad social. Quepa una pequeña recriminación por mi parte: no sé distinguir en la autora al escritor porque no puede dejar de escribir del escritor porque puede permitirse escribir. Esa esporádica mención religiosa, ese recato en entrar en detalles sobre lo lúbrico es lo único que me descoloca. Aunque hay que situar la obra en su contexto temporal y social, el de unos Estados Unidos en la década de los 40-50 metidos en plena consciencia de su pujante importancia, una nación orgullosa de lo que la había llevado allí y sin dudar un instante sobre las condiciones en que ese ascenso se había sustentado. Pero esta es una apreciación muy particular.
Quede constancia, entonces, de que, si apenas cien páginas, que se leen en menos de dos horas, nos llevan a tal reflexión, estamos ante una autora poco común.

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