jueves, 14 de agosto de 2014

César Aira: Los fantasmas

Idioma original: español
Año de publicación: 1990
Valoración: muy recomendable

A pesar de mi promesa de no volver a leer a César Aira en una temporada, para no saturarme de su estilo personalísimo, no he podido evitarlo y he vuelto a caer con esta, Los fantasmas, y menos mal que la cosa ha salido bien, porque podía haber sido mi última oportunidad con César Aira (o la última oportunidad de César Aira conmigo, según cómo se mire...). Así que Los fantasmas me ha gustado bastante, quizás porque es una de las novelas más "contenidas" de un autor que cuando se desboca, se desboca de verdad, a veces incluso en perjuicio de una buena obra (como le pasaba, creo, en Las noches de Flores).

Los fantasmas se sitúa en un universo relativamente cerrado, aunque densamente poblado. Se trata de un bloque de apartamentos en construcción, en el día en el que supuestamente debería ser entregado a sus propietarios (un 31 de diciembre), aunque en realidad todavía no está terminado. En este bloque vienen a coincidir tres grupos de personajes: los futuros dueños de los apartamentos, que van a visitar sus propiedades para planear reformas, mobiliarios, decoraciones; los obreros que están construyendo el edificio, junto con el portero que ya ha sido precariamente alojado en uno de los pisos; y un tercer grupo, el de los fantasmas, que son seres incorpóreos e ingrávidos sobre los cuales nunca se da demasiada información.

El narrador de la historia va saltando de un grupo de personajes a otro, creando una visión coral y multifocal sobre la vida conjunta del edificio. Sin embargo, a partir de la mitad del texto aproximadamente la mirada se centra, ahora sí, definitivamente, en la familia del portero chileno, y en el modo en que preparan la celebración de Nochevieja. Las relaciones entre ellos y el resto del mundo, su carácter de emigrantes y el aprendizaje de una de sus hijas adolescentes son algunos de los hilos que construyen la trama a partir de entonces.

Los fantasmas, a pesar de su título, no es una novela de terror, y solo de una forma muy particular es una novela fantástica. Los fantasmas del título no son seres aterradores, sino más bien molestos. Algunos personajes pueden verlos e incluso interactuar con ellos (usándolos como enfriadores para el vino o jugando con sus pollas como si fueran mangueras, en fin, cosas de Aira). Aunque tienen la costumbre de reírse a carcajadas de todo lo que ocurre, al final descubrimos que los fantasmas también saben ponerse serios; y casi es mejor que no lo hubiéramos descubierto.

De una forma no demasiado sencilla de definir, creo que esta novela habla de nuestra relación con el espacio urbano: de hecho, el centro exacto de la novela está formado por una interesante, aunque algo caótica, reflexión sobre lo construido frente a lo no-construido, en nuestra cultura y en otras. Podría ser solo un juego más de Aira para despistar al lector, pero creo  que no, creo que ahí hay algo; y creo que alguien más inteligente que yo podría sacarle de ahí un sentido a esta novela, e incluso una explicación, que a mí se me escapa, a la existencia y al significado de los fantasmas.

1 comentario:

Eussebio Medina dijo...

Te comento porque me pareció una lectura interesante la del libro y de tu comentario. Mi lectura se centró en la niña púber que se comunica con los fantasmas y su suicidio. COmparé la gran obra negra del edificio con una arquitectura de la formación adolescente, su vínculo con el sexo en ese punto entre la niñez y algo que todavía no es la pubertad como un proyecto hueco y ardiente. Quien ha habitado una casa vacía no vuelve nunca atrás. Siempre termina masturbándose con los fantasmas.