miércoles, 6 de agosto de 2014

Antonio Garrido: El lector de cadáveres

Idioma original: castellano
Año de publicación: 2011
Valoración: entre recomendable y está bien

En la China del siglo XIII, en plena época de la dinastía Tsong
(cuyo territorio había quedado limitado a menos del cuadrante sureste de la China actual), la administración del Estado estaba perfectamente reglamentada y dotada de una eficaz y muy jerarquizada burocracia. El ejercicio de la judicatura, en concreto, estaba muy desarrollado, con jueces de instrucción que, además de aplicar las leyes, ejercían de detectives, pero también de forenses, y que se formaban para ello en prestigiosas academias. 

El protagonista de esta novela es uno de estos jueces-forenses; de hecho, el que se considera como primer forense de la Historia, autor, en 1247,  de un tratado de cinco volúmenes sobre el tema: el... ejem... afamado Song Cí (el apellido va delante del nombre). Ahora bien, este libro es una novela propiamente dicha, no una biografía novelada (aparte de que se sabe más bien poco sobre su vida), así que lo que hace Antonio Garrido es imaginar una vida para este personaje, pero una vida previa la del desarrollo pleno de su carrera: sus años de juventud y aprendizaje, desde que, acuciado por las desgracias familiares, sale de la aldea donde su padre, antiguo funcionario judicial, se ha refugiado y se dirige con su hermana a la entonces capital del Imperio Tsong, Lin'an (actual Hangzhou). Allí, tras múltiples vicisitudes y avatares (llega a trabajar como ayudante de enterrador y falso hechicero), acaba por entrar, merced a sus excepcionales dotes de observación y deducción, en una de esas academias para formar funcionarios, donde debe enfrentarse además a envidias y calumnias.

El joven Cí se ve envuelto, por si fuera poco, en la resolución de un misterioso asesinato que ha tenido lugar en el propio palacio Imperial, y al que no son ajenas las intrigas palaciegas y políticas (era la época en la que el norte de China estaba bajo el poder de la dinastía Jin, de origen manchú o yurchen, que amenazaban al Imperio Tsong del sur). En fin, todo un festival de peripecias en una época lejana y un ambiente supongo que exótico para la mayoría, y que puede hacer las delicias de los amantes de este género híbrido entre la narrativa policíaca y la histórica propiamente dicha. Contando además, con que la novela está muy bien escrita y la documentación, aparentemente (ya que mis conocimientos sobre la historia de China son más bien escasos), de lo más exhaustiva. Desde luego, si la ambientación peca de algo es de detallista: si todo es correcto, como parece, el autor debe de haber llevado a cabo un esfuerzo ímprobo para conseguirla. Y consigue el milagro, además, de que las obligatorias explicaciones de todo tipo que requiere la historia que nos cuenta no ahoguen la trama ni la humanidad de los personajes, a los que reconocemos como cercanos a pesar de las diferencias culturales, geográficas y cronológicas.

De hecho, lo único que para mí ha restado algo de placer a la lectura de este libro ha sido la empatía que he sentido con el protagonista, al que el autor le hace sufrir sinsabores y padecimientos sin fin. Llega un momento en que uno ya tiene ganas de que las tornas cambien y el pobre Cí empiece a disfrutar de un poco de suerte, la verdad.... y tarda bastante en llegar ese momento.

En cualquier caso, que nadie dude de que, a pesar del rigor con que ha sido escrita, se trata de una lectura de lo más entretenida y lúdica, bastante más, desde luego, que muchos best-sellers al uso de este peculiar género (o de cualquier otro). De lo más adecuada para disfrutar de ella en las tardes estivales.