lunes, 18 de agosto de 2014

Colaboración: Diez negritos de Agatha Christie


Idioma original: Inglés.
Título original: Ten Little Niggers
Año de publicación: 1939
Valoración: Está bien (mis disculpas a los adictos).

Ocho personas desconocidas entre sí son invitadas a pasar unos días en una minúscula isla privada, en la que hay un bonito caserón, dos sirvientes (que completan la decena de negritos) y una enorme roca que semeja la cabeza de un gigantesco indígena africano. Después de la cena, la voz procedente de una grabación los va culpando uno a uno de haber cometido un crimen que en el pasado quedó sin castigo. A renglón seguido, los invitados asisten atónitos a la muerte inexplicable del primero de los acusados. ¿Hay alguna novela que pueda sobrevivir a este poderoso inicio?

Les confesaré mi problema fundamental con Diez negritos, la narración de misterio más leída de la historia: ese principio tan avasallador, magistralmente planteado, incluyendo la exposición sucinta de cada personaje, integrándolo a la acción (la forma de presentarlos, todos ellos en movimiento hacia su destino, es un truco maestro para capturar la atención) debería tener mucho más recorrido que el de un problema aritmético, por muy ingeniosa que sea la solución. Agatha Christie mueve con elogiable carpintería narrativa los tipos y las situaciones, pero en definitiva –con algún matiz importante- confecciona un crucigrama de misterio, uno más, siendo así que en ese arranque se escondía el germen de una historia de terror puro.

De los libros de Dame Agatha que he leído, éste es el más arriesgado, el menos pudoroso…, y sin embargo sigue siendo demasiado pudoroso, literariamente hablando. Pónganse en el lugar de los invitados, que ven desaparecer a sus compañeros de mesa al compás de una macabra canción de cuna. ¿Ustedes se preocuparían por organizar el desayuno a falta de los criados? ¿Se retirarían a descansar a sus habitaciones individuales al final de un día cuyo balance se eleva a tres fiambres? ¿Prepararían el té? Y, como cuestión mayor, ¿pasarían el tiempo divagando sobre quién o qué provoca tal pandemia mortuoria en vez de concentrarse en, simplemente, salvar el pellejo? Comprendo lo que todo esto tiene de juego, y aún así, echo de menos una buena dosis de transgresión. El lector debería removerse en su sofá no por la inquietud que provoca el desafío algorítmico en los invitados, sino por lo que éstos –y el mismo lector- puedan descubrir acerca de sí mismos.

Esa es la razón por la que lo mejor de Diez negritos –al margen del formidable arranque- está en la parte final, cuando la autora se ha deshecho con precisión criminal de los personajes que le sobraban y puede concentrarse en los que le interesan. Aquí, el pudor se abandona felizmente para rozar y casi alcanzar la línea del horror.

La traducción de Orestes Llorens parece ser la única en español. A pesar de que en la prosa de Agatha Christie no suelen aparecer escollos semánticos, encuentro desconcertante toparme –aunque sea muy ocasionalmente- con términos como “chinchorrerías” o “cuchufletas”. En cambio “anfractuosidades” me pareció muy hermoso, pero confieso que tuve que consultar su significado en el diccionario. A pesar de todo, la versión posee ese aire anticuado propio para leer a Agatha Christie, imprescindible para escandalizarse porque unos educados huéspedes condenados a muerte se vean en la atroz obligación de comer su almuerzo directamente de la lata.

Firmado: Talibán

2 comentarios:

Montuenga dijo...

Bueno, es que la historia pilla un poco lejos, tanto en tiempo como en espacio. Pero siempre he creído que esa aparente tranquilidad, ese salvar las apariencias a costa de todo, es de lo mejor (y más divertido) que tiene lady Christie en su haber. Se le reprocha, y con razón, que su intriga es un poco tramposa porque suele sacarse al final cosas de la manga, y que, una vez cogido el tranquillo en un par de novelas, es muy fácil encontrar a sus asesinos.

En cambio -corregidme si me equivoco- el efecto que dices está totalmente calculado. Es ironía y sátira. Se critica la flema británica, ese salvar las apariencias por encima de todo de la buena sociedad de entonces, hacer como si no pasase nada aunque se esté con el agua al cuello. Y, claro, exagera tanto como en cualquier sátira porque de lo que se trata es de eso: sorprender al lector, hacerle sonreír.

Talibán dijo...

Posiblemente tengas razón, ya dije que mi comentario se basaba en un problema personal con esa novela. Mejor dicho, con la expectativa creada al inicio y su posterior desarrollo.

Habré leído unas veinte novelas de Agatha Christie (la mayoría en mi adolescencia) y todas eran en el fondo un juego mental que se proponía de manera más o menos descarada al lector. Sin embargo creo que aquí, sin dejar de ser ella, intenta hacer otra cosa, algo que me cuesta explicar sin desvelar cuestiones esenciales de la trama.