domingo, 24 de agosto de 2014

Colaboración: El hombre del salto de Don DeLillo

Idioma original: Inglés
Título original: Falling Man
Año de publicación: 2007
Valoración: está bien

El reto al que se enfrentan las novelas que pivotan alrededor de un acto terrorista es doble. Existe, por supuesto, la dificultad de representar mediante palabras una explosión y lo que ocurre posteriormente. Pero el problema axial, el que determina la contribución del autor al archivo cultural que versa sobre el acontecimiento la histórico, está en si el autor concibe el acto terrorista como una exageración estética -inasumible e incomprensible en su magnitud- o en si el autor muestra cierta voluntad continuista en la narración y sitúa el acto en una narrativa histórica (1). En El hombre del salto DeLillo apuesta por la segunda opción.

Sirviéndose de Keith, un oficinista en una de las torres del World Trade Center que después del desastre vuelve a casa de Lianne, su ex-mujer, para retomar la convivencia con ella, Delillo nos introduce en un nivel personal del trauma histórico. La madre de Lianne, enferma de alzhéimer y novia de un antiguo militante de la RAF reconvertido a marchante de arte, o Justin, hijo de Keith y Lianne, que escruta los cielos en busca de más aviones y conspira con sus amigos sobre un tal Bill Lawton (que es cómo los niños pronuncian Bin Laden) completan el cuadro familiar. Por último, el autor incluye a Hamad, un integrante del comando que derriba las torres.

El entramado teórico que se esconde tras El hombre del salto es digno de alabanza. La narración integra en su análisis elementos como la representación artística del falling man (un artista que en sus happening se cuelga de edificios imitando a aquellos que se lanzaban al vacío desde las torres en llamas) evidenciando hasta qué punto nuestra interpretación del terrorismo depende de ficciones, de narrativas o de mitos (2). El retrato humanizado del sujeto "otro", de Hamad, representa una voluntad del autor de terminar con el clásico discurso de la otredad con la cual ningún entendimiento es posible. También es destacable la voluntad de DeLillo de ofrecer al lector una breve -aunque insuficiente- mirada hacia las estructuras del orden político global al relacionarlas con los sucesos del 9 de septiembre de 2001 y con las vidas de los personajes arriba mencionados.

Con todo, El hombre del salto falla en lo esencial: en dar una unidad y en proveer un revestimiento narrativo a la altura de dichas ideas. La narración, probablemente en un intento de representar la parálisis post-traumática, peca de excesiva frialdad. Incluso la trama, tal vez queriendo representar el giro narcisista de los personajes, se desdibuja según avanza la narración convirtiendo el final en poco más que anti-climático.

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(1) Literature and Terrorism. Comparative Perspectives. Editado por Michael C. Frank y Eva Gruber (2012).
(2) Como explican Joseba Zulaika y William Douglas en Terror and taboo (1996).


Firmado: Paulo Kortazar


1 comentario:

Anónimo dijo...

A mí no me gustó un pimiento. De hecho, supongo que es una mala suerte que haya sido el primero que leo de Don DeLillo.