miércoles, 26 de octubre de 2011

Jorge Semprún: La escritura o la vida

Idioma original: francés
Título original: L'écriture ou la vie
Año de publicación: 1994
Valoración: Imprescindible

He estado dudando si poner un "imprescindible" a este libro (hace meses que no pongo la máxima categoría a ninguna de mis reseñas) porque la segunda mitad me había parecido de menos mérito que la primera; pero al final me he decidido, porque este es un libro que, a pesar de sus posibles defectos, merece ser leído, y su autor, Jorge Semprún, desaparecido este mismo año, merece un reconocimiento que, al menos en España, no ha recibido por algún motivo, quizás político (Semprún fue Ministro de Cultura en uno de los gobiernos de Felipe González), o quizás estrictamente -estrechamente- lingüístico: la obra de Semprún está mayoritariamente escrita en francés.

Sea como sea, La escritura o la vida es una de las obras más densas que he leído sobre la memoria, un tema que ahora está tan de moda. No es que el libro sea interesante porque la vida de Semprún fuera intensa (que lo fue: juventud en París, Resistencia, internamiento en Buchenwald, clandestinidad en España, expulsión del PCE, éxito literario, implicación política...); sino por la densidad con la que la inteligencia y la sensibilidad de Semprún se aplica sobre esa materia prima resbaladiza que es el recuerdo.

Una de las tesis fundamentales del libro (sobre todo en su primera mitad, que como decía es la que más me ha impresionado) es que la vivencia de los campos de exterminio nazis no puede ser contada como testimonio: solo a través de la recreación artística -ficcional- puede comunicarse la experiencia de Auschwitz, Buchenbald o Dachau. Ese programa que llevó a cabo Semprún en sus primeras obras (El largo viaje, El desvanecimiento, La montaña blanca...), lo traiciona hasta cierto punto aquí, al hablar con su propio nombre, en primera persona, desde su propia experiencia.

Pero que se hayan levantado algunos velos de la ficción (pueden quedar otros, nunca lo sabremos) no quiere decir que no haya recreación artística: el autor reconstruye su vida a través de hechos que le recuerdan a otros hechos, de manera que la narración se establece en un triple tiempo (el tiempo de la vida, el tiempo de la memoria, el tiempo de la escritura) de apariencia caótica. Pocas obras he leído donde los meandros de la consciencia (lo que se recuerda, lo que se olvida, lo que se quiere olvidar, lo que surge del inconsciente, la caótica maraña de relaciones que teje nuestra consciencia) aparezcan tan claramente retratados y analizados.

Me he decidido a ponerle un "imprescindible" a la obra a pesar de ciertos defectos, efectivamente: algunas repeticiones, no solo de temas, anécdotas o reflexiones, sino incluso de palabras exactas; y algún desánimo en la segunda parte de la obra. Pero esos defectos son compensados con creces por la densidad, intensidad y humanidad de la obra, que a mi parecer está a la altura de Sin destino de Imre Kertesz o de Si esto es un hombre de Primo Levi. Y eso son palabras mayores...

P.D.: Si no os fiáis de mí, fiaos de Carlos Fuentes...

1 comentario:

Montuenga dijo...

Lo terminé ayer. A mí me ha gustado mucho menos; me recuerda a Canetti, pero en peor.