martes, 4 de octubre de 2011

Zoom: "Historia de macacos", de Francisco Ayala

Idioma original: español
Año de publicación: 1955
Valoración: Muy recomendable

A Francisco Ayala le hemos dedicado por ahora dos entradas (una a su novela Los usurpadores y otra como homenaje tras su fallecimiento), pero quizás deberíamos haberle dedicado más. No cabe duda de que es uno de los narradores esenciales del siglo XX en la literatura española; ni de que La cabeza del cordero o Muertes de perro son obras magníficas, maestras, que ya les gustaría tener en su haber a la gran mayoría de escritores actuales. Para mi gusto, solo tiene una pega: su estilo, demasiado cuidado, demasiado "literario", por no decir pedante en ocasiones, se ha quedado algo anticuado, y lo aleja de los lectores actuales. Nada que ver con la prosa de otros escritores del siglo XX, como Gabo o el mismo Delibes, que pueden ser perfectas, cuidadas, magistrales, pero siguen siendo perfectamente fluidas, casi transparentes.

"Historia de macacos" es una muestra, creo que bastante representativa, de las mejores dotes de Ayala: construcción narrativa, creación de personajes, ironía y sutileza en la creación de connotaciones y segundas lecturas. Situada en una colonia africana de la que no sabemos el nombre, cuenta una historia burlesca, en torno a las aventuras eróticas de la supuesta mujer del director de Expediciones y Embarques, que resulta ser una prostituta "contratada" por dicho director para sacar los cuartos a todos los funcionarios de la colonia.

Los "macacos" del título pueden ser, efectivamente, los monos que comparten hábitat con los colonos y los indígenas, uno de los cuales, además, se convierte en objeto de una apuesta gastronómica; pero también pueden ser, muy probablemente, los otros macacos: los humanos, libidinosos, primitivos, instintivos, brutales. Los hombres (porque la colonia es casi como una cárcel, compuesta fundamentalmente por hombres) se comportan como seres desconfiados, traicioneros, viciosos, perezosos, marrulleros. Hay pocos espacios para la compasión o la piedad: el personaje del viejo Martín, o el propio narrador (pero solo en esa escena, excepcionalmente humana, en que desnuda su alma ante la prostituta-amante).

Que esa pequeña crítica mía al estilo de Ayala no se entienda mal: no es, ni mucho menos, que escriba mal, sino todo lo contrario, que escribe demasiado bien. Pongo como ejemplo la frase que inicia el relato:
Si yo, en vista de que para nada mejor sirvo, me decidiera por fin a pechar con tan inútil carga, y emprendiera la tarea de cantar los fastos de nuestra colonia —revistiéndolos acaso con el purpúreo ropaje de un poema heroico-grotesco en octavas reales, según lo he pensado alguna vez en horas de humor negro—, tendría que destacar aquel banquete entre los más señalados acontecimientos de nuestra vida pública.
Creo que está claro: esa frase es irreprochable, sintáctica, morfológica, léxica, semántica, pragmáticamente. Perfecta, redonda. Demasiado redonda, para mi gusto: esa construcción "para nada mejor sirvo"; ese inusual "pechar", el epíteto "purpúreo ropaje"... Todo ello le dan un aire arcaizante al texto, que podría pensarse que es deliberado si no fuera porque es también el estilo de otras obras del escritor.

Otras obras de Francisco Ayala en ULAD: Los usurpadores