lunes, 3 de octubre de 2011

Gabriel Chevallier: El miedo


Título original: La peur
Idioma original: francés
Año de publicación: 1930
Valoración: Recomendable

Editada por primera vez en España hace un par de años, casi ochenta después de su polémica aparición, esta novela, cuyo principal protagonista no es otro que la Primera Guerra Mundial, analiza a través del propio Chevallier (al que se tachó de antipatriota en la época) convertido en narrador/protagonista, el belicismo en general, relata en primera persona los acontecimientos que presenció el autor, sin paños calientes, intentando reflejarlos en toda su crudeza, y señala cómo, inevitablemente, el frente transforma a las personas. Resalta también la conducta arbitraria de los altos mandos – un nivel jerárquico donde los sentimientos no parecen contar – la insensible crueldad, los desproporcionados castigos y un fanatismo que lo domina todo mientras, en el otro extremo, a medida que el rango desciende, se deja más espacio a lo humano.

Su originalidad radica en que, si bien respeta el orden cronológico, no otorga protagonismo a ningún personaje en particular, los que aparecen suelen ser circunstanciales. De este modo consigue sumergirnos en cada uno de los escenarios sin hacernos perder la visión de conjunto. La técnica utilizada está a medio camino entre el ensayo, la novela y la crónica periodística.

Con un lenguaje expresivo y contundente, desde el primer capítulo, El anuncio, hasta ¡Alto el fuego!, pasando por El bautismo de fuego, Treinta grados bajo cero o El hospital, Chevallier nos va mostrando el conflicto bélico que vivió para llegar a la conclusión de que ninguna guerra supone una experiencia grandiosa como muchas veces se nos quiere hacer creer, sólo un triste y miserable subsistir con hambre, sueño, sed y frío, criando parásitos y destrozando las vidas de unos desconocidos que no nos han hecho nada ni nosotros a ellos. Como indica la cita de Pascal, que se incluye al principio, “¿Cabe imaginar algo más chusco que el hecho de que un hombre tenga derecho a matarme porque vive en la otra orilla del río y su príncipe tiene una disputa con el mío, aunque yo no tenga ninguna con él?”. Pero ante todo, para el autor, la guerra significa sentir un miedo atroz y permanente. La tan pregonada heroicidad no es más que una etiqueta que se aplica a posteriori: uno se deja arrastrar por las circunstancias cuando ya es demasiado tarde para escapar y sobrevive un día tras otro, sin más, como buenamente sabe y puede, anhelando la paz si reúne las fuerzas suficientes o intentando mantener la mente en blanco.

Crónica antibelicista que critica con dureza la idealización que el poder hace de la guerra y el calado que esta idea tiene en la sociedad – afortunadamente, cada vez menos – por desconocimiento, inercia, autocomplacencia, comodidad o todo a la vez; considerándola una ocasión para manifestar la valentía de los llamados a filas y no lo que es en realidad, una burda utilización de la gente joven de un país a quien se condena a la muerte, la invalidez o, en el mejor de los casos, a una existencia marcada por el trauma de una experiencia terrible. El autor critica esa propaganda pero se ve obligado a transigir con la ideología de su tiempo cuando, como explica en su prefacio a la edición de 1951, el libro “tuvo la mala fortuna de encontrarse una segunda guerra en su camino. En 1939, su venta fue libremente suspendida de mutuo acuerdo entre el autor y el editor. Cuando la guerra está ahí, ya no es el momento de avisar a la gente de que se trata de una siniestra aventura de consecuencias imprevisibles. Eso habría que haberlo comprendido antes y actuar en consecuencia.” Hay una frase, insertada en una posición clave del libro, que resume perfectamente esta idea: “¿Tú no crees – dice un hombre – que nos han calentado la cabeza con eso del «odio de las razas»?”.

2 comentarios:

raynel carderon dijo...

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raynel carderon dijo...

mi anerior comentario no quiere decir que haya golpeado aleatoriamente las lettras del teclado. No, lo anterior, queridos lecttores de este blog, os cueste o no creerlo es un idioma. Sí, el idioma de mi país, un país olvidado por muchos pero que siempre estará en mi memoria, y lo que es mas impotante, en mi corazon. Po r eso queridos amigos, hoy y aqui os invito a que no dejeis morir lo que tan importtante es para mi, yy hago un llamamiento qa todos para que os intereseis por el ñckfhgsñia y decidais aprender este gran yy bonito idioma, que me gustaria mucho revivir, sin embargo esto sol es posible con vuestrta inestimnable ayuda y colaboracion. Gracias por leeerme y gasttar vuesttro tiempo en escuchar las aspiraciones de un pobre viejo nostalgico. de todo corazon os deseo que seais felices