viernes, 11 de marzo de 2011

Stéphane Hessel: ¡Indignaos! Un alegato contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica

Idioma original: francés
Título original: Indignez-vous!
Fecha de publicación: 2010
Valoración: Muy decepcionante

Hay mucho que decir en esta reseña, y no sé bien cómo empezar, sobre todo porque tampoco querría extenderme más allá de los límites tácitos de este blog. Pero empezaré por una afirmación personal y radical: menuda tomadura de pelo. Y aún añadiré: una vez más, nos la han metido doblada. Y lo peor es que digo esto, de todo corazón, siendo consciente de que comparto prácticamente al 100% las afirmaciones que el bueno de Stéphane Hessel presenta en este librito.

Hagamos un poco de historia...

Hace unos meses, nos llegó la noticia de que un libro de apenas 30 páginas, publicado por una casa editorial totalmente underground, escrito por un personaje mítico de 93 años y de la intelectualidad progresista francesa, estaba entre los más vendidos, si no el que más, de nuestro querido país vecino del norte. Decir que el título era sugerente era decir poco: Indignaos!. Guau. Menudo título. Zola y su J'accuse...! redivivo. Lo vendían a 3 euros, más o menos. La portada era escandalosamente pobre. Más underground, imposible.

Hace menos meses, llegó la feliz noticia: el libro iba a ser editado en España. Con Destino, nada menos. Sinceramente, lo primero que pensé es que Destino no era exactamente "underground". Pero bueno. Luego supe que en España se vendería por 5 euros, porque incluía un prólogo de José Luis Sampedro y otras cosillas. Sin ánimo de ofender, Sampedro tampoco es que me parezca muy "underground". Pero bueno. Con ese título...

Total, que por fin me lo he comprado y me lo he leído. Y no voy a engañaros: pensaba que sería un impacto REAL en mi vida efectiva, que pondría en forma de frase muchos pensamientos enmarañados de mi cabeza, que, después de leerlo, me sentiría notablemente indignado. Pero no: a la vista está mi valoración.

¿Cómo hostias este libro pudo ser un best-seller en un país tan dado a la afinación editorial como Francia? Fácil: porque ni dios lee la prensa, porque todo el mundo anda atocinado con la tele o con internet, y porque, como se desprende del último Mundial, los franceses ya no son lo que eran. No hay más que ver a su presidente.

Hablemos un poco del contenido, ya que estamos. En la edición española de Destino, después de un cuadro de Paul Klee y del prólogo de José Luis, viene propiamente lo que podríamos llamar el libro, que dura exactamente 27 páginas en formato pequeño. Introduce el autor al lector ibérico con una nota "A los lectores españoles", en la que se aclara que el lector español está en buena posición para asimilar las ideas de las páginas siguientes porque existe una "España rebelde y valiente de siempre [que] puede favorecer este impulso hacia una Europa cultural", y también se nos agradece la postura propalestina general que hemos defendido desde buena parte de la sociedad civil. Y a continuación, entramos en harina. Al final, unas páginas de "Notas del editor de acuerdo con el autor" y un CV de Hessel.

Mi problema fundamental con este libro es que no dice nada extraordinario, ni siquiera nuevo. Ni siquiera lo dice de una forma emocionalmente especial. Y repito: coincido con casi todo lo que en él se dice. Hessel elabora un interesante artículo de opinión al tiempo que se apoya en datos históricos relevantes para el discurso y una aguda esquematización de muchas ideas, por desgracia hoy en desuso, relativas a lo que indica el subtítulo de la obra. Sintetizando quizá demasiado, podríamos decirlo así:

Memoria de la II Guerra Mundial y sus consecuencias, que motivaron la creación de las Naciones Unidas y la Declaración de los Derechos Humanos, así como, en la Francia ocupada durante la Guerra, la aparición del Consejo Nacional de la Resistencia, que "proponía para la Francia liberada un conjunto de principios y valores sobre los que se asentaría la democracia moderna de nuestro país". Estos valores (trato a los inmigrantes, derecho a la seguridad social y a la jubilación, independencia y honestidad de los medios de comunicación, preponderancia de la sociedad civil sobre los valores económicos, etc.) se han perdido. Historia breve de cómo se consiguieron. El Estado, aunque diga lo contrario, sí puede garantizar los costes de estos derechos, y debe hacerlo. ¿Por qué no lo hace? Porque "el poder del dinero, tan combatido por la Resistencia, nunca había sido tan grande, insolente, egoísta con todos, desde sus propios siervos hasta las más altas esferas del Estado. Los bancos, privatizados, se preocupan en primer lugar de sus dividendos y de los altísimos sueldos de sus dirigentes, pero no del interés general". Hay muchos motivos para indignarse: que cada uno busque el suyo; pero, sobre todo, que se indigne. La indiferencia es la peor de las actitudes. Y hay dos "nuevos grandes desafíos" que podemos identificar para indignarnos: "La inmensa distancia que existe entre los muy pobres y los muy ricos, que no para de aumentar" y "los derechos humanos y la situación del planeta". Los Derechos Humanos son "universales", y no "internacionales". Palestina es mi caso personal de indignación. Incluso un juez sudafricano, judío y sionista, ha "acusado al ejército israelí de haber cometido 'actos asimilables a crímenes de guerra y quizás, en determinadas circunstancias, a crímenes contra la humanidad' durante la Operación Plomo Fundido, que duró tres semanas". Una buena frase: "la historia da pocos ejemplos de pueblos que saquen lecciones de su propia historia". Los palestinos usan el terrorismo. La violencia es el resultado de la exasperación. La exasperación es negativa, es "una negación de la esperanza". La no violencia es el camino que debemos aprender a seguir. "Hay que dotar a la esperanza de confianza, la confianza en la no violencia". Una mala frase: "Tanto del lado de los opresores como de los oprimidos, hay que llegar a una negociación que haga desaparecer la opresión". Hay que defender una insurrección pacífica. Crear es resistir. Resistir es crear.

Reconocedme que el resumen os ha impresionado.

A ver: no tengo mucho que objetar a las tesis de este hombre. Su currículo es extraordinario. Su participación en la reflexión, definición, redacción y defensa de muchos de los derechos de los que yo y todos los presentes gozamos en la actualidad quizá fue, en determinados aspectos, decisiva. Su alzamiento en favor de la no violencia, de los derechos fundamentales, del ajuste del mundo, es algo que suscribo totalmente...

- ¿Hay un pero, no?

No, hay DOS peros. El primero es que todo lo que dice ya está muy dicho. Y además, mejor dicho. Incluso por contemporáneos nuestros, no solo por antiguos luchadores de la Resistencia. Obviando las referencias a Martin Luther o Mandela, que incluso se mencionan en el libro, hoy en día, y hasta si me apuras en los últimos pocos años, tenemos tropecientos ejemplos en artículos de opinión, libros o discursos. En España, por ejemplo, Federico Mayor Zaragoza, que acuñó el término "cultura de paz" mientras fue director de la UNESCO, ha publicado varios artículos en El País con tesis semejantes. En el seno de la UNESCO, en Paris, la Embajadora del Reino de Marruecos Aziza Bennani lleva varios años defendiendo programas sobre cultura de paz, educación democrática y diversidad cultural. Entre los escritores, Amin Maalouf ha publicado dos libros fundamentales, Identidades asesinas y, sobre todo, El desajuste del mundo, en el que no solo repite muchos de los argumentos y pensamientos de Hessel, sino que los interroga, los analiza, los pone frente a un espejo y, finalmente, los supera, con una prosa, además, espléndida. Y algunos artículos de Soares. Y el discurso de Obama en El Cairo. Y tantos otros...

El segundo "pero" es que Hessel, o bien peca de ingenuo, o bien tiene algunas fisuras en su discurso. Decir que los bancos son parte del problema es como no decir nada, es una versión beta de wikileaks sin detalles morbosos sobre las operaciones de estética de Gadafi, ese chico de moda. Decir que tenemos que indignarnos es señal de que este buen hombre no ha pisado una tasca de barrio. La pueril defensa que realiza de la no violencia se cae por su propio peso cuando asume que los "opresores" participarán en la "negociación" de un equilibrio universal sin motivos, supongo que por algún sentimiento de culpa o un buen corazón escondido entre fajos de billetes de 500 o minas antipersona o tiros en la nuca. ¡Con dos cojones, Stéphane! Lo que está proponiendo, al final, es que si nos juntamos toda la humanidad indignada en bloque y nos indignamos pacíficamente pero con la suficiente fuerza, nuestra superindignación obligará a los "opresores" a desoprimir a la gente buena del mundo, con lo que recuperaremos la dignidad perdida en estos años de choriceo, medios de comunicación corruptos y violencia. Muy poético. Una versión de Ensayo sobre la ceguera pero con gente indignada, en lugar de gente ciega.

- Empecemos por crear un evento en facebook, a ver si llegamos a seis mil millones.
- Pero Manolo, que una sexta parte de la población mundial vive con menos de un euro al día. Y una tercera parte está sometida a violencias y peligros diarios.
- ¿Me estás diciendo que hay gente que NO tiene facebook?

Mira que no quería extenderme. Pero ya está hecho.

Una engañifla, este libro. Un ejercicio impresionante de márketing editorial. Una soberana exposición de ideas y temas que abundan en los periódicos progresistas de medio mundo. Una obsesión propalestina sospechosamente lejana a muchas de las injusticias (Directiva del Retorno, por ejemplo) diarias que tienen lugar en Francia hoy, ahora. Unos argumentos sin argumentar, unas tesis hermosas pero infantiles, una falta de profundidad vergonzosa. Un libro, en definitiva, innecesario.

31 comentarios:

Jaime dijo...

Joder, Iván, me has quitado una reseña que tenía pendiente, pero casi que me alegro, porque la mía hubiera sido bastante menos contundente. Bien pensado, tienes razón. Lo que pasa es que cuesta atizarle a un superviviente de la resistencia y redactor de la Declaración de DD.HH. del 48... No creo que sea una estrategia editorial intencionada (o sea, las expectativas creadas antes del lanzamiento en español sí, pero digo la publicación original), pero, incluso aunque así fuera, no podría haberse buscado mejor fachada para cubrir tales arteros intereses. El perfil de Hessel lo convierte en lo más parecido a un santo laico. ¿O es que hay algo más parecido a un demonio laico que Hitler y sus secuaces? Pues eso.

Y esto me lleva a algo que hubiera querido decir en mi reseña hipotética. Lo que más me ha rechinado en el libelo de Hessel es la continuidad que establece entre el totalitarismo nazi y la situación actual. Es cierto que hace algún matiz, pero en lo esencial viene a decir que hoy seguimos viviendo bajo una dictadura, sólo que los que mandan son financieros globales. De acuerdo: gran parte del poder que decide nuestras vidas se halla al margen de cualquier control democrático, como en una dictadura. Pero la diferencia es clara: la situación actual de dominio es mucho más compleja que la que se daba en la Europa ocupada. Entonces podían descarrilarse trenes, o planear matar a Hitler, muy bien. Vive la France libre. Pero hoy eso no cambiaría nada. No puede señalarse a un puñado de super villanos, no hay una bastilla que tomar.

Que nos indignemos, dice Hessel, y motivos sobran. Pero no contra el super-villano en la sombra de las teorías conspiranoicas, sino contra nuestros propios hábitos internalizados. Si la dictadura es la del capitalismo global, pensemos que no hay capitalismo sin la extensión de un ethos propio (Weber). Pagamos hipotecas desorbitadas y nos quejamos por ello, pero luego queremos que el plan de pensiones produzca, sin que nos importe que los intereses vengan de esa misma política hipotecaria. Condenamos las consecuencias éticas y ecológicas del consumo, pero luego compramos el producto más barato sin atender a cómo se produce. Etc, etc.

En fin, que no sé si es justo una insurrección lo que hace falta, como en la India colonial o en el África del apartheid. Probablemente es algo más profundo, más difícil y más lento.

Iván dijo...

Jaime, desde el principio he querido dejar clara mi admiración por el autor y mi suscripción a la mayor parte de sus ideas. Como dices, es difícil "atizarle" a un personaje tan especial como este, pero mi crítica no va especialmente contra él, sino contra la pobreza del texto.

Respecto a lo que comentas, él mismo reconoce que en su época era mucho más fácil identificar "al enemigo", por decirlo de algún modo, y es precisamente la correspondencia que establece con los tiempos actuales una de sus más frágiles reflexiones. Desde mi punto de vista, este hombre vive sin duda en una torre de cristal, alejado de muchas cosas que están sucediendo en su propio país. Al menos, esa sensación me da.

Por último, yo añadiría, de modo totalmente personal, que la indignación acaso funcionó en otro tiempo, incluso podría funcionar hoy en determinados países (basta observar los acontecimientos del mundo árabe), pero no creo que sea ua estrategia en modo alguno válida para Occidente. No, el mal llamado "primer mundo" necesita otro tipo de ajuste, otro tipo de acción específica, coherente con su problemática, que no es de ninguna manera la de la Europa del 48, ni la del Egipto de ayer, ni la de la India de Ghandi. No. Mi opinión es que la única forma posible de detener esta carrera imparable hacia el abismo al que se refiere Hessel (y en el que creo, ciertamente) pasa por tesis más cercanas a una educación democrática. Porque vivimos en una democracia sin demócratas, y aunque muchos de nosotros ya estemos resignados a lidiar con la mezquindad, los prejuicios y la cultura de la violencia, creo que nunca será tarde para enseñar que otro mundo es posible, y que nuestros hijos o nietos tienen la oportunidad de aprender lecciones de todos nuestros errores. O algo así. ;)

Jaime dijo...

Sí, totalmente de acuerdo. ¿Qué, Iván, escribimos una respuesta al alimón?;)

Iván dijo...

¿Por ejemplo, "¡Espabilaos!" o "¡Educaos!" (este último queda muy Paco Martínez Soria, viéndolo escrito...)?

Yemila dijo...

Bufff...
Tenía intención de leer este libro, pero después de conocer vuestras opiniones veo que mis sospechas eran ciertas. Y, la verdad, pocas ganas me quedan de leerlo...

Antonio dijo...

Al igual que Yemila,iba a comprarme el libro para leerlo, pero, tras vuestros comentarios, no sé si lo haré. La duda persiste por una razón que paso a exponeros y que tiene que ver con vuestras conclusiones: ¿podría servir el libro para educar a jóvenes que están estudiando y que -desgraciadamente es así- no conocen lo que sucede en el mundo porque están demasiado ocupados con sus pobres vidas de consumidores alienados?
Soy profesor de secundaria y bachillerato de adultos y me gustaría saber vuestra opinión al respecto.

Jaime dijo...

Pues lamentablemente, Antonio, creo que la respuesta es no. No se trata de que queramos hundir las ventas de este libro, a ver si esto va a parecer una campaña en contra en toda regla... Pero creo que no sería muy útil para lo que quieres. Yo doy clase a chavales sobre temas de globalización y ética, y me lo compré pensando que me resultaría útil para alguna actividad. Pero no, no lo voy a usar. Es demasiado vago, y demasiado, podemos decir, nostálgico en sus planteamientos de resistencia. Yo no te lo recomendaría.

Iván dijo...

Coincido con Jaime. Me parece que perderían el interés desde la segunda página...

Alba dijo...

"Hay muchos motivos para indignarse, que cada cual busque el suyo" me parece una buena frase para empezar una actividad con alumnos de secundaria, lo dice un señor que participó en la Declaración universal de los derechos humanos (buen tema para indignarse).

Lamento que el libro os haya defraudado, que sea un super-ventas en Francia no quiere decir que contenga tesis reveladoras o un análisis novedoso de la situación social y política mundial.
Yo lo recomiendo, el libro me ha hecho recordar que es necesaria la indignación (ese sentimiento humano que despiertan las injusticias)como combustible para generar acciones y cambiar.

Anónimo dijo...

Dirás lo que gustes sobre el libro, pero propone mucho más de lo que tu blog hace... que de hecho no porpone nada, solo tu particular opinión, que sin ofender, no es ni mínimamente comparable a la de Hessel. Que Hessel tenga que dcir lo que ya sabemos, pues que lo digan, él y miles más, porque precisamente la indiferencia y la apatía han causado los problemas de este mundo... y luego tú que no ayudas en nada. ¿Ya te hace sentido o seguirás encerrado en tu pequeño mundo burbuja?

Iván dijo...

Jopé Anónimo, qué mala leche tienes... Y además sin fundamento ninguno. No sabría por donde empezar a decirte cosas, pero sí, al menos, comentarte que, primero, el blog no "es mío", sino de todos, los que lo hacemos (11) y los que lo leen (seis mil millones, o sea, todos menos Hessel); segundo, que el blog no "porpone" (sic) nada, sino que presenta amenas reseñas literarias sobre libros, y cada uno de los "reseñistas" da su opinión crítica sobre el libro reseñado, y nada más: ni ideologías ni ideolatrías; tercero, que la indiferencia y la apatía NO son las causas de los problemas del mundo (qué estupidez); y cuarto, que tú no puedes saber si yo "ayudo" o no, porque evidentemente mi labor en este blog es solamente comentar libros, no es mi profesión. Y opinar con libertad sobre un texto, sin censuras y sin presiones, es una hermosa victoria democrática. Hessel estaría orgulloso, al contrario que tú. Qué cosas.

Ni puta idea de a qué te refieres con lo del mundo burbuja, por cierto. No suelo ver Bob Esponja.

Santi dijo...

Bueno, a lo mejor es que el anónimo ha leído el libro, ha hecho caso del título y se ha indignado.

Jaime dijo...

Sólo una pequeña nota sobre el comentario de Anónimo. Para que salgas de esto con algo productivo. Verás, Anónimo, lo que tú haces se llama falacia ad hominem, y es una muestra de cinismo o de confusión en el razonamiento. Ninguna cualidad de Iván afecta a la verdad (o falsedad) de sus juicios sobre Hessel. Tú usas esta falacia para atacar un argumento, pero no es menos errónea cuando se usa en sentido contrario. En ese caso (que también se deja intuir en tu comentario), se convierte en "argumento de autoridad": ciertas cualidades de un sujeto determinan la verdad de los juicios que emite. Pues no, Anónimo, eso es otro absurdo: la opinión de Iván, y la mía y la tuya, y cualquier otra son perfectamente comparables a la de Hessel. Sólo faltaba. Afirmar lo contrario es signo de un fetichismo del emisor contra el que la modernidad (política y filosófica) lleva luchando unos cuantos siglos.
¿Ves cómo sí que servimos de ayuda, Anónimo?

Arthur dijo...

El caso es que leyendo vuestras opiniones he de decir que siento lo mismo que leyendo el libro, que no leo nada nuevo.
Ya se que lo que dice es lo de siempre, pero es que igual necesitamos que alguien nos lo diga constantemente para espabilar. O igual es que el libro pretende despertar mentes que nunca despertaron porque no tuvieron necesidad. Si sirve para tal fin, bienvenido sea.
Lo único nuevo, por llamarlo de algún modo, que puedo ver en vuestras reflexiones es el intento de acallar lo que el libro busca y ni aun así.
Aunque sea inevitable que existan personas que digan "como vosotros opináis eso del libro, ya no lo leo". No quita para que esos comentarios sean motivo de satisfacción para mí, ya que eso solo demuestra la linea de los lectores de este blog y me tranquiliza.
Un saludo.

Ian dijo...

Arthur, dos cosas sobre lo que has dicho:

1- Creo que no has captado muy bien la esencia de las críticas vertidas contra este libro. En vez de estar centradas en lo que es su contenido ideológico, van dirigidas en línea recta a lo que es el "envoltorio" en sí. Creo que me explico...

2-Aunque se diera el caso (que no se da) de que el autor de la reseña y/o los que la comentan estuvieran en contra de lo que piensa Hessel,la acusación de monogamia ideológica en ULAD continuaría siendo intolerable.

Tras dos años de andanzas, los que aquí escribimos hemos dejado claro en numerosas ocasiones que cada uno de nosotros es de su padre y de su madre, vulgarmente hablando.

Iván dijo...

Pues nada, Arthur. Si realmente crees que de mi crítica se desprende un intento de "acallar" los planteamientos éticos del libro, o tú lo has leído muy mal, o yo lo he escrito muy mal (cosa probable: estaba bastante borracho cuando la escribí). Lo de que "nuestros lectores" tienen una "línea" que por lo visto identificas negativamente y eso te "tranquiliza" ya me parece, eso sí, una tontada. Debe ser muy dificil escribir todo el rato con el puño en alto, no?

pamrosbar dijo...

no he leido el libro indignaos,pero me atrevo a decir por los distintos articulos que he leido,que es muy importante que el unico superviviente de la declaracion universal de los derechos humanoos, y un largo etc de actividades en su vida que muchos nos hubiera gustado tener, no,me parece que decir que es un panfleto, y en suma que todo eso no tiene validez en este mundo actual.es de tener poco cerebro cosa que es muy importante cara a, como se presenta la sociedad mundial solo con ver la cantidad de problemas que tenemos, y que ya deberiamos estar pensando en como hacerles frente,termino, cuando lea a stephane hessel,dare mi opinion.

Santi dijo...

Esta argumentación me parece la más curiosa de todas. "No he leído el libro, pero sé más que tú porque a) este tío es muy importante y b) otra gente ha dicho que este libro es bueno". Para qué formarse un criterio propio, sí señor...

la ladilla gitana dijo...

Pues yo no considero que Hessel ande desacertado. Y asé que la tentación ante una injusticia es la rebelión directa y abierta, pero aquí en España podemos decir con "relativa" seguridad que ello implica cizalla en la sociedad: hay que depurar los sistemas internamente, sin revoluciones y con más transiciones. Quizá si queremos moderar este país y evitar la polarización de la sociedad deberíamos leerlo más de lo que creemos.

Anónimo dijo...

Me dejas con la duda de que si la editorial y Sampedro hubiesen sido más "underground", tu crítica igual hubiese sido diferente..

Y también tengo la duda de si el término "underground" ha degenerado en un movimiento elitista de cultos gafipastas vestidos de hippies, eso sí, de diseño.

Claro que Hessel no da ninguna clave, ni ninguna revelación, ni tan siquiera es un texto muy elaborado... Creo que de hecho, su éxito se basa en la brevedad y su "mensaje fácil" (de muy fácil lectura, es decir, Hessel no quiere convencer a los ya convencidos, a los instruidos, a los cultos, sino a esos otros a los que leer un libro les parece un castigo. En los tiempos que corren yo sí que se lo haría leer a los estudiantes.

Iván dijo...

Pues supongo que la reseña habría sido igual, porque es el texto lo que he querido valorar todo el tiempo.

En cuanto a lo de los gafapastas, no lo creo.

En cuanto a los estudiantes, pues no estoy de acuerdo. Porque de las 27 páginas que tiene el texto, al menos 15 son "memoria" de las actividades de Hessel, contadas por él mismo, y suenan bastante a cursillo acelerado de historia. Y sobre las otras 10 páginas, proipamente, de discurso, no lo veo como algo que pueda calar y revolucionar "la mente de los hombres" (como se dice en el texto fundacional de Naciones Unidas), ni de los jóvenes, claro, a quienes creo que sería más útil mandarles mensajes más contundentes y más cercanos. Pero bueno, es mi opinión, claro.

Anónimo dijo...

Raúl Ibáñez Martínez ya estaba ndignado mucho antes de leer a Hessel.
Ver: Y Raúl cogió la pancarta... Diario de Burgos digital.

Anónimo dijo...

Raúl Ibáñez Martínez ya estaba ndignado mucho antes de leer a Hessel.
Ver: Y Raúl cogió la pancarta... Diario de Burgos digital.

Raúl Ibáñez Martínez dijo...

EL CRISTIANO DEBE INDIGNARSE...

José Serafín Béjar Bacas, profesor de Cristología, Antropología Teológica e Historia de la Teología Contemporánea de la Facultad de Teología de Granada, ha realizado un profundo análisis del cristianismo a través del tiempo y visto desde distintas perspectivas filosóficas e ideológicas. Da comienzo a su exposición citando a filósofos de la talla de Nietzsche, Kant o Hegel, quienes a través de sus ensayos han atacado a la teología o han cuestionado el binomio fe-razón.

De esta forma, Béjar Bacas ha concluido afirmando que el cristianismo va más allá del libro, “no es por lo tanto la religión del libro, sino la religión que confiesa el acontecimiento de Dios”. Así, asegura que ” EL CRISTIANISMO ES ANTISISTEMA ” y que no puede encerrarse en ningún libro, ni siguiera en la Biblia o en el catecismo”. El profesor de Cristología ha llegado a afirmar que en ocasiones “la teología no ha dejado a Dios ser Dios”.

Anónimo dijo...

Si es el texto lo que has querido valorar todo el tiempo sobra la opinión sobre lo mucho o poco underground que son la editorial y Sampedro. Es un comentario que ya intenta posicionar al que lee tu crítica.

En cuanto a la frase "cambiar la mente de los hombres" sí que suena a marketing estratégico, pero a mí me parecen ajenos a Hessel y Sampedro.

He leído el libro y el mensaje es más simple que un llamamiento a una revolución a escala mundial. Hessel viene a decir que tu propio motivo de indignación y actues contra él. Es decir: indígnate contra tu empresa que tiene trabajadores de segunda clase (inmigrantes), indígnate por el escaso interés real de evitar el calentamiento de la Tierra, indígnate con los medios de comunicación que sólo informan de sucesos en vez de noticias, indígnate porque hay millones de seres humanos a los que no se les respeta la Declaración Universal de Derechos Humanos. "Piensa globalmente, actúa localmente". Conclusión: Enseñad a la juventud a ser críticos y a dejar de ser amebas consumistas y desinformadas.

Todo lo demás que rodea a Hessel y a su libro es pura paja y lo que es criticable a mi modo de ver.

¡Ah! Y nunca me cansaré de leer a Hessel o cualquier otro sus memorias sobre las atrocidades cometidas en cualquier tipo de guerra causadas por el aboguerramiento del pueblo muerto de miedo y convertido en masa sin capacidad para pensar.

Anónimo dijo...

"Callaos!" si no se os ocurre una manera mejor de espabilar a esta sociedad.

Iván dijo...

Ese ha sido uno de los daños causados por el imperio de las ideologías, con sus catecismos opuestos a cualquier reflexión dialéctica. Pensar en soluciones categóricas y aplicables, en la misma hora, a un mundo que empezamos a aceptar como diverso, carece de sentido. Y esto vale tanto para el FMI como para Hessel, aunque le den el Nobel de la Paz (como se está rumoreando)

Anónimo dijo...

La llamada a la indignación de Hessel se basa en argumentos que no son ciertos: simplemente comprueben cómo evolucionan los Objetivos del Milenio de la ONU y verán que la pobreza, el hambre, la educación, el SIDA, la malaria, la mortalidad infantil, la materna, el acceso a agua potable, la igualdad hombre-mujer, el peso de los intereses de la deuda externa sobre los paises pobres... TODO mejora en lo últimos años. Sería más motivos para la esperanza. El informe Goldstone que cita para denunciar a Israel contra Palestina, tiene el problema de la reciente retractación del mismo Goldstone. Y lo peor de todo, es que Hessel no ha sido, ni ha participado en la redacción de la Declaración de Derechos Humanos. Es todo un montaje.

Anónimo dijo...

Hola! Me han gustado vuestras resenas, y el libro no lo comprare, lo leere en la biblio. Yo os recomiendo otro, mucho mas practico para cambiar el mundo y que va mas lejos de la indignación, vamos para no quedarnos en la pataleta "consumir menos, vivir mejor" , a mi me ha hecho reflexionar mucho....quizás ya lo conocéis, os acabo de descubrir. Buen blog, si Sr.!!

Anónimo dijo...

Suscribo al 100% esta reseña. Lo peor de todo es que hoy intentan vendernos un nuevo libro (su continuación), diciendo cosas como que "¡Indignaos!" ha sido la chispa que ha producido el 15M. Como no será de extrañar, los periodistas se entregarán a esta deplorable simpleza y harán el juego mercantil a los editores. Lo que más temo es que la historia del 15M quede grabada con una mentira tan grande como esa. ¡Combatámosla insistentemente desde internet, nuestro medio de expresión más libre!

Anónimo dijo...

Cuales son las ideas principales de este libro?