lunes, 28 de marzo de 2011

Zoom: "La leyenda del caballero sin cabeza", de Washington Irving

Idioma original: inglés
Título original: The legend of Sleepy Hollow
Año de publicación: 1820
Valoración: Recomendable

Con La leyenda del caballero sin cabeza (o La leyenda de Sleepy Hollow) pasa como con El retrato de Dorian Gray: que casi todo el mundo cree conocerlo, porque conoce alguna de sus adaptaciones o simplemente la versión simplificada que forma parte de la cultura popular, pero muy poca gente realmente conoce o ha leído el original. No estoy diciendo que estas transformaciones o popularizaciones sean malas en sí mismas: solo que suceden, y que es un fenómeno curioso. Y también en este caso, como pasaba con El retrato..., la visión popularizada ("cuento romántico de terror sobrenatural") tiene poco que ver con lo que en realidad es el relato de Washington Irving.

Porque lo que prima en el relato, en realidad, más que el terror, es el humor. Y yo afirmo (de vez en cuando me da así por afirmar cosas, es una manía que tengo) que el terror y el humor son como el agua y el aceite, pueden estar en el mismo recipiente pero sin mezclarse. No sé si la metáfora es del todo acertada, pero lo que sí sé es que este relato, por su argumento, su tono y su estilo entraría mejor a formar parte de El Decameron o Los cuentos de Canterbury que de un volumen de cuentos de Poe.

En realidad, lo sobrenatural (ni siquiera lo llamaré terrorífico) ocupa muy poco espacio en el relato: el caballero no hace su aparición hasta las últimas páginas, y antes el autor se limita a realizar ciertas vagas referencias a las extrañas características del "Valle Dormido" (Sleepy Hollow, ¿lo pilláis?). El resto, el 75% de la novela, está ocupado por una novella humorística, con un personaje ridículo (Ichabod Crane, maestro crédulo y algo quijotesco) enamorado de una dama apetecible (rolliza y heredera) y que compite por sus favores con un hombre mucho más joven y rudo que él. Creo que la mayoría de los lectores se harán ya una idea de cómo acaba la historia, sin necesidad de que yo la cuente.

En realidad, probablemente es de agradecer esta elección de Irving por el humor en vez del terror: los relatos terroríficos del siglo XIX, con pocas excepciones (Poe, quizás E.T.A. Hoffman, algunos de Maupassant...) han envejecido muy mal, y ahora resultan recargados, retóricos y casi ridículos. En cambio, la ironía y el humor salvan a esta novela de esos peligros, y hacen que siga siendo una lectura entretenida y con un punto atractivo. No es lo que pensamos que es, pero es. Afirmo.

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