miércoles, 2 de marzo de 2011

Antonio Orejudo: Un momento de descanso


Idioma original: español
Año de publicación: 2011
Valoración: está bien

Leyendo Un momento de descanso de Antonio Orejudo, sobre todo la primera de las tres partes que la componen, se percibe claramente la influencia que escritores como Javier Marías o Javier Cercas han ejercido sobre otros escritores más jóvenes; o a lo mejor se podría decir que lo que se percibe es cómo una serie de temas y formas genéricas se han introducido en la novela española actual. Porque en esta novela hay muchísimos elementos comunes con Todas las almas o La velocidad de la luz (sobre todo con la segunda): el narrador/protagonista es-y-no-es el propio novelista, que a la vez es profesor universitario en el extranjero, y se dedica, como en aquellas dos novelas, a indagar en el pasado de un personaje misterioso que quizás no sea lo que parecía ser (en este caso, por persona interpuesta: su colega Arturo Cifuentes, reaparecido después de diecisiete años de ausencia.

Pero es que la segunda y la tercera partes son otra cosa, como si alguien nos hubiera quitado disimuladamente la novela de las manos y nos hubiera dejado otra a cambio, con el mismo título. La segunda parte abandona el subgénero de la "novela de campus" para convertirse en otra cosa, una narración fantasiosa y exagerada sobre experimentaciones farmacológicas, ficción y realidad: una cosa rara. Y la tercera mezcla la novela de intriga (la búsqueda de la verdad en una complicada trama académica) y, como el propio autor dice, la astracanada bufa e inverosímil. Quizás lo más rescatable de esta tercera parte sea su ácida y destructiva crítica de la universidad española, que sin embargo habría sido más sangrante si hubiera sido más contenida.

La novela está escrita con ligereza, con evidente despreocupación (que no es lo mismo que falta de trabajo, claro) y contiene escenas y momentos de humor inteligente, y también otras de humor grueso innecesario, como las referencias al enorme paquete (sic) del hijo de Cifuentes. Se lee fácil, pero no deja poso. Apunta cosas, pero no termina de concretarlas. Dicen que la mejor novela del autor, por ahora, es Ventajas de viajar en tren, o quizás Fabulosas narraciones por historias, la primera que publicó. Habrá que darles una oportunidad, porque Orejudo es claramente un escritor dotado para la narración, aunque en este caso le haya salido una fantasía demasiado desaforada.

5 comentarios:

Ramón dijo...

Acabo de leer esta novela (de un tirón, no hay otra posibilidad con las novelas de este autor) y sigo deslumbrado. En primer lugar, es un placer leer un libro tan bien escrito (totalmente en desacuerdo con lo de "descuidado"), con una estructura compleja en la que las tres partes se compenetran perfectamente a poco que uno se esfuerce (por no decir que la compenetración es obvia), con tantas propuestas de temas (realidad-ficción, desencanto con el mundo, relajación moral, memoria histórica, relaciones con las minorías, situación de la universidad), tratado con humor, con crítica social, que deja huella al terminar porque te hace pensar... En fin, una gran novela, a la altura, una vez más, de las novelas anteriores de Antonio Orejudo.

Santi dijo...

Bueno, siempre hay posibles opiniones y lecturas distintas. Es evidente que hay una relación entre las tres partes de la novela; ahora, que se complementen como tú dices, yo no lo comparto, me parece que la unión de las tres partes chirría un poco.

Yo diría (y creo que así lo apunto en la reseña) que la gran virtud de esta obra es su capacidad creativa; pero para mi gusto le falta profundidad, apunta muchos temas como tú dices, pero se quedan ahí, como pinceladas.

Anónimo dijo...

O la has leído muy rápido o no te has enterado de nada. ¡¡Ah, que le falta profundidad!! Supongo que te referirás a sesudas construcciones gramaticales o sucesión de subordinadas en frases de cinco líneas y un punto y aparte cada veinte páginas. No, Santi, la obra y la crítica que contiene es mucho más "profunda" que la que encierran los libros publicados por autores españoles en los últimos años. Otra cosa es que lo haga con un humor desbordante, a veces corrosivo, y eso no te guste. O que critique algún aspecto que a ti te moleste. Y por favor, el epíteto "inteligente" no lo pongas junto al sustantivo "humor". No es muy inteligente por tu parte.

Santi dijo...

Está claro que Antonio Orejudo tiene fervorosos defensores, la gran mayoría de las críticas que he leído de esta novela son elogiosas hasta el extremo. Bueno, pues a mí tanto elogio me parece exagerado. La novela tiene sus virtudes, ya lo digo en la reseña, pero también le veo defectos o, digámoslo así, aspectos que me gustaría haber visto tratados de otra manera.

Ya digo también en la reseña que la novela hace una crítica corrosiva de la universidad española, una crítica necesaria y justificada en gran medida (te equivocas si piensas que mi reseña está motivada por el corporativismo) pero eso en sí mismo no es bastante para convertirla automáticamente en una gran obra. Sido pensando que es un texto que apunta mucho, ataca muchos elementos distintos, pero no profundiza en ellos.

Y esto no tiene nada que ver con que sea una novela de humor: me encanta el humor en la literatura, y hay novelas llenas de humor y profundidad (La conjura de los necios, Catch 22...). Pero aquí, junto a escenas de humor inteligente ("humor inteligente", sí, lo he vuelto a decir) hay otras de humor bastante más facilón que ya no pueden justificarse por un intento de "epatar", porque ya no epatan a nadie (que hayá leído un poco y tenga dos dedos de frente, claro).

Un saludo.

Anónimo dijo...

Me encantan sus novelas policíacas y el personaje de Kurt Wallander.Sin embargo la novela " El chino" me pareció diferente y francamente pesada.
Otro autor que me gusta actualmente es Adler-Olsen, danés.
He leído Departamento Q: la mujer que arañaba las paredes y francamente meha gustado.