miércoles, 5 de noviembre de 2014

John Kennedy Toole: La Biblia de Neón

Idioma original:  inglés
Título original: Neon Bible
Año de publicación: 1989 (escrita en 1952)
Traducción: Jordi Fibla
Valoración: muy recomendable

Preconcepciones: al que no le gusten que se aleje de esta reseña, porque traigo unas poquitas. Desde que los Arcade Fire emplearan el título de este libro para bautizar su segundo disco. Hasta todas las relacionadas con ese perfil de autores menospreciados en vida, solamente recuperados gracias al tesón de familiares, allegados, editores, o hasta la diosa Fortuna. Lo de Kennedy Toole lo relaciono mucho con Salinger: artistas de poquísima obra, pero de gran calado. Y prematuramente dada por acabada. Por motivos bien diferentes, por eso. Que Kennedy Toole pusiera fin a su vida es trágico. Los motivos, si tuvieron que ver con la frustración que podía sentir como escritor inédito, descorazonadores. Porque el mero cálculo de su edad al escribir La Biblia de Neón es suficiente para deprimir a unos cuantos: 16 añitos. Tierna edad tanto hoy como por aquel entonces, pero escandalosa ya si establecemos comparaciones de capacidad narrativa. Porque no hay indicio de esa edad en esta excepcional novela. Hay todo un tratado casi doctoral de corriente de conciencia, la que sirve para situar al protagonista en una sorprendentemente lúcida secuencia desde los tres o cuatro años hasta esa mayoría de edad en que lo dejamos allí, en un tren que parece llevarlo tanto a ningún lado como a todos los posibles.
Pocas veces, y repetiría la mención a Salinger, todo lector acabará encontrando algún detalle que le acerque o le haga sentir reflejado en la resignada vida de David, eternamente acompañado por tía Mae en su infancia en una población de aires faulknerianos, con putrefactas raíces hundidas por igual en racismo, clasismo, integrismo religioso, manipulación social, y todas esas lindezas del Sur profundo que convierten en irrespirable el ambiente para cualquiera que ose marcar cualquier diferencia. Aquí se paga al predicador, se lleva una vida recta, se sigue una estricta moral, y se lava la ropa sucia (sucísima) en casa. Y David, junto a tía Mae, hermana de su madre y cuarta habitante (el tercero, un padre con puntuales y capitales presencias)  de una miserable vivienda en la falda de un monte: una casona de endebles cimientos, iluminada raquíticamente, sucia, indigna, David ve su vida pasar por delante: ve como una sociedad donde es débil entre los débiles le rechaza y le estigmatiza por todas las diferencias de las que él no es responsable sino víctima. Que tía Mae sea una señora entrada en años de escaso talento y pésima reputación. Que el padre se quede sin trabajo y se embarque en extraños proyectos, para acabar alistándose voluntario acabando en la Italia de la II guerra mundial. Que su madre quede tocada y su carácter se vuelva inestable. David es un niño en crecimiento que brega con todo ello y mira adelante. Pero no jodamos con que esto sea una fábula o una historia de superación. La Biblia de Neón es una exhibición de atrocidad; un portento de capacidad narrativa y de sentido de la progresión que tanto fascina como hace palidecer a tantos impostores y pretendientes de medio pelo a los que esta lectura hace saltar las entretelas.
Kennedy Toole: no aceptéis imitaciones.

De Kennedy Toole en ULAD: La conjura de los necios

1 comentario:

Anónimo dijo...

El gran Pedro ya está redactando su contrarreseña. Vamos, campeón!