lunes, 24 de noviembre de 2014

Alexis Ravelo (M. A. West): El viento y la sangre

Idioma original: español
Año de publicación: 2013
Valoración: Recomendable




Contundente, escabrosa, construida según los esquemas del pulp, El viento y la sangre de M. A. West no escatima detalles, aunque solo en escenas clave que, verdaderamente, no abundan.

Al comienzo de la acción contemplamos la huida de un delincuente de poca monta, Daniel Morton, que pretende traspasar la frontera con Canadá acompañado de una antigua novia y respaldado por un botín reciente. Pero Lorna –cuya decepción viene de atrás– solo accede a entrevistarse con él por temor a su mal carácter. Un secuestro y varios asesinatos más tarde se empieza a vislumbrar la verdad de los hechos, el responsable no es un detective al uso sino Rudy Bambridge, un sicario del crimen organizado, excepcionalmente lúcido, que acabará imponiendo su propia ley, en realidad la de su jefe, con la mayor rapidez y eficiencia.

Y estas son, precisamente, las cualidades que encontramos en la prosa. M. A. West nos presenta los hechos de forma escueta, evitando perderse en descripciones, con la precisión de cualquier thriller que se precie. Los personajes, de una sola pieza, construidos sin fisuras, se reconocen a través de sus actos y de la opinión que los demás tienen de ellos. El capo, el matón con sentimientos, el hombre de negocios, la miembros de la banda que da el golpe, la víctima, la mujer rehabilitada, el matrimonio convertido en su protector. Y poco más.

¿M. A. West o Alexis Ravelo?

En el prólogo se explican las circunstancias que condujeron al novelista a publicar con nombre ficticio. Se disculpa, pero no tendría por qué hacerlo. Como él mismo señala, se trata de un juego y de un experimento, y eso cualquier lector de ficción lo entiende. O debería entenderlo, porque la literatura es eso, un engaño convenido, un juego de espejos, la realidad filtrada y convertida en mera verosimilitud. La treta exige, a su vez, más ficción añadida: una biografía del supuesto autor, la trayectoria profesional, el recorrido editorial de su obra y las circunstancias de la actual traducción, como mínimo. Estos datos aparecían en ese primer prólogo que, naturalmente, no se incluye en esta segunda edición y que, lo confieso, me hubiese encantado leer. La pena es que tanta explicación solo un año más tarde y la inclusión del verdadero nombre del autor junto al inventado destruyen el misterio, y el encanto obtenido se diluye ante tanta objetividad.

Cuando estaba en la facultad aprendí que el mismo texto adquiere un sentido radicalmente distinto según el momento y lugar donde fue escrito. Que Hamlet, por ejemplo, publicado hoy, palabra por palabra sin que falte ni sobre una coma, por –pongamos– una escritora californiana que realice la proeza de imitar fielmente el inglés de hace cuatro siglos, no sería el drama clásico que conocemos y que, sin entrar en valoraciones, su posición en la historia de la literatura sería, sencillamente, otra.

En eso consiste, nada menos, la aventura iniciada por el novelista canario que, decidido a no encasillarse, abandonó sus hábitos creativos hasta el punto de que el resultado ni siquiera pareciese salido de su pluma. Supongo que  no ha sido nada fácil ponerse en la piel de un narrador americano de los años cincuenta, adoptar su (posible) mentalidad, pautas de escritura y tics diversos, concebir un lenguaje que hiciese creíble el inexistente trabajo de traducción, idear una trama que pudiese llevar a cabo sin abandonar esos requisitos y, así y todo, conseguir un efecto más que digno y tan atractivo como el que más para el lector de hoy.

3 comentarios:

Juan Peregrina dijo...

Gran blog. Muy entretenido, variado y trabajado. No estoy de acuerdo con algunas críticas, pero eso es lo bueno de la literatura: diferencia de pareceres. Enhorabuena.
Yo empiezo uno, ahora, a los años de haber abandonado otro. Un saludo y mucho ánimo, gente.
Por si les apetece:
www.menoknownothing.wordpress.com

pipo dijo...

Alexis Ravelo es lo mejor que ha tenido Canarias, en literatura, desde Benito Pérez Galdós.No se lo pierdan.Haganme caso.

Montuenga dijo...

Pues sí, tendré que seguir leyendo a Ravelo. El asunto este del falso escritor americano, ya fallecido y olvidado por la crítica me interesó mucho, como juego, claro, porque cuando lo leí ya sabía que era él. Estaré atenta a las novedades.